Danilo Cruz Vélez

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda

Danilo Cruz Vélez (Filadelfia, Caldas, 1920 - Bogotá, 10 de diciembre de 2008), fue un Filósofo colombiano.

Biografía[editar]

Danilo Cruz Vélez, considerado por muchos como el filósofo colombiano del Siglo XX, nació en Filadelfia (Caldas) en el año 1920 y murió el 10 de diciembre de 2008. Estudió en Bogotá y luego en Friburgo de Brisgovia (Alemania). Fue profesor de la Universidad Nacional desde 1946 hasta 1951, y de la Universidad de los Andes, en donde fue decano desde 1959 hasta 1972. Fue fundador, junto con Rafael Carrillo, del Instituto de Filosofía de la Universidad Nacional. Publicó numerosos artículos y libros filosóficos, entre los cuales, podemos destacar: Nueva imagen del Hombre y la cultura, Aproximaciones a la filosofía, El mito del rey filósofo, Filosofía sin supuestos, Tabula rasa y Misterio del lenguaje.

Con Cruz Vélez, en la época del cuarenta se ve surgir un fenómeno en Colombia: “El cultivo de la filosofía, particularmente de la filosofía contemporánea, actividad enmarcada dentro del cauce cultural y no únicamente como práctica pedagógica o como instrumento con el cual se justifican políticas o se difundían doctrinas religiosas, no se limitó a introducir las corrientes filosóficas del Siglo XX, sino que creó una tradición que no existía en el país”.

Una de las preocupaciones fundamentales de este filósofo colombiano ha sido la de explicar nuestro pensamiento y pasado filosófico desde la filosofía misma, reivindicando el derecho de los pueblos americanos a ser deliberantes, y en especial de Colombia, dentro del marco más amplio del pensamiento occidental. Ello lo acercó a la obra del pensador argentino Francisco Romero, el mayor impulsador de la Filosofía Hispanoamericana en el Siglo XX.


FASE JUVENIL:

“En el hombre hay una misteriosa predestinación originaria, es decir, una especie de fijación en un determinado camino de la vida, y esto es su vocación”. D.C.V.( En: La época de la crisis. Conversaciones con Danilo Cruz Vélez. SIERRA MEJÍA, Rubén. Santiago de Cali. Editorial Universidad del Valle. 1996. P. 62.)

La infancia y los primeros años de juventud de este importante filósofo colombiano transcurrieron en Manizales, Popayán y Riosucio. En Manizales, adonde se traslada en 1937 para continuar sus estudios secundarios, inicia sus primeras lecturas de filosofía moderna y contemporánea, gracias a las traducciones y publicaciones de algunas editoriales españolas.

Aunque sus primeras lecturas eran esencialmente de orden literario, ya empezaba a inquietarse por la filosofía. Los últimos años de sus estudios secundarios en el Instituto Universitario de Manizales fueron decisivos para su orientación literaria y su vocación intelectual. En Manizales, recuerda Cruz Vélez, había unas circunstancias culturales que estimularon fuertemente su vocación y motivaron el desarrollo de su “predestinación”.

En su vida intelectual fue decisivo el encuentro con un profesor en el colegio y un compañero de clases, a los que recuerda con agrado. Rogelio Escobar Ángel era su profesor de Historia y había logrado, sin salir de Manizales, adquirir una información formidable sobre todo lo que estaba ocurriendo en las ciencias de la cultura y en especial de la filosofía; él fue el primero en hablarle de la extensión que estaba desarrollando Ortega y Gasset en España y de sus distintas obras de contenido filosófico, a la vez que le hacia consultar frecuentemente la monumental obra de Historia Universal, que estaba compuesta por diez gruesos volúmenes, en los cuales reunía a los mejores especialistas europeos del momento, dirigida por Walter Gotees, profesor de la Universidad de Leipzig. Las frecuentes lecturas de algunos de sus artículos, despertaron en el futuro filósofo una gran admiración e interés por la cultura y la ciencia alemanas, adquiriendo por primera vez conciencia de la importancia de Alemania en el desarrollo del pensamiento occidental, contacto que influye en la trayectoria posterior de su vida intelectual.

El compañero de clases que menciona Danilo Cruz Vélez y con quien compartió sus primeras inquietudes literarias y filosóficas a través del estudio y lectura de Ortega y Gasset, es Guillermo Arcila Arango, futuro distinguido miembro de la Sociedad Psicoanalítica Latinoamericana.

Su excelente cualidad de escritor, que le ha caracterizado desde siempre, y la cual ha defendido con ahínco, la demuestra en su época juvenil, cuando publicaba sus artículos y comentarios en un periódico local, siempre utilizando un lenguaje pulcro, exacto y entendible.

En 1939, se traslada a Bogotá para continuar sus estudios universitarios, y se decide por la rama del Derecho. Allí “...entra enseguida en relaciones con los círculos de escritores de la capital, en particular con los poetas de Piedra y Cielo, quienes por esos días lanzaban sus primeras publicaciones.

Otras amistades, las de un grupo de jóvenes interesados en la filosofía, le habrían de ayudar a encontrar el camino hacia esta disciplina.” Una de ellas, y, sin duda, de las más importantes y decisivas en su inclinación hacia la filosofía, fue el encuentro y nacimiento de una gran amistad con el maestro Rafael Carrillo, quien todavía era muy joven y también se encontraba absorbido por la obra de Ortega y Gasset y las traducciones, que éste venía publicando en la editorial de la Revista de Occidente, de libros básicos de filósofos alemanes. “Los diálogos cotidianos con Carrillo, primero en el café Martignon y después en el café Lucerna, y la lectura de sus “Lunes”, fueron para mi una ayuda enorme en los primeros pasos hacia una decisión firme por la filosofía”, manifiesta el mismo Cruz Vélez .

Ese mismo año de su llegada a Bogotá, empieza a escribir en El Tiempo artículos de temas literarios, reconociendo siempre su gran pasión por la literatura, especialmente por las novelas: “Cuando me sumerjo en un mundo novelístico, soy capaz de vivir en el completamente olvidando del mundo real, si el autor tiene la fuerza para retenerme en el mundo que ha creado.”

En el año de 1944, escribe un artículo sobre un libro de Francisco Romero acerca de las historias de la filosofía, hecho que dio lugar al nacimiento de una muy buena relación académica entre ambos pensadores latinoamericanos, quienes, a través de diversas correspondencias, intercambiaban ideas y comentarios de temas de índole filosófica. Esta etapa fue, como lo reconoce Cruz Vélez, muy enriquecedora y formativa para él, debido a la valiosa información con la que contaba Romero, acerca de lo que en las últimas décadas se había hecho en materia filosófica.

Francisco Romero no influye únicamente a nivel académico en Danilo Cruz Vélez, como éste lo reconoce, sino también en el aspecto de su vida personal, ya que el pensador argentino, además de su valioso conocimiento filosófico, le transmitía una actitud filosófica y un entusiasmo por las cosas de la filosofía, despertando, así, aún más en él el interés por esta área del saber.

A pesar del desentusiasmo que hacia la obra de Romero le causó su viaje a Alemania, Cruz Vélez siempre conservó la gran influencia que ejerció sobre él, no sólo la obra, sino la amistad del filósofo argentino, a quien describe como la encarnación del entusiasmo por la filosofía y que había entregado su vida a crear lo que él llamaba la normalidad filosófica de América.

Continúa su interés literario con las publicaciones realizadas en El Tiempo, pero aquél es reemplazado por las inquietudes de orden filosófico, aunque no desaparece del todo, como podemos apreciarlo en cada una de sus obras. Este aspecto literario en su obra lo reconocería, años más, tarde en una entrevista concedida a Rubén Sierra Mejía, al expresarle su convencimiento de que la lengua que maneje un escritor de temas filosóficos, se nutre en gran medida del lenguaje literario, a la vez que plantea que ni el pensador ni el científico se deben alejar totalmente de la literatura, porque gracias a ella mantienen una relación con el idioma vigente y con el idioma que se está haciendo: “los pensadores traen nuevas ideas, pero los que mantienen viva la lengua de toda época son los narradores y los poetas”.

Terminada su carrera de Derecho, es llamado como profesor en la Universidad Nacional, en donde se recién fundaba el Instituto de Filosofía (1945). Allí exteriorizó su auténtica vocación por la filosofía. “Fueron siete años de profesorado que, según declarara más tarde, se convirtieron en su verdadero aprendizaje de la filosofía”.

La preocupación fundamental que dirige los inicios y el transcurso de la vida filosófica de Danilo Cruz Vélez, es, sin lugar a dudas, el problema de la esencia del hombre. Dicha inquietud empieza con la lectura de Max Scheler, específicamente, del libro El puesto del hombre en el cosmos, donde vive su primera experiencia filosófica auténtica. “En la lectura de este libro, por primera vez viví, desde lo más profundo de mi ser, un problema filosófico, el problema de la esencia del hombre.”

Danilo Cruz Vélez publica su primer libro en 1948, a la edad de 28 años. Esta etapa de su vida puede denominarse “Fase juvenil”. En esta época, manifiesta preocupación por la “Crisis” del mundo y la humanidad, y así lo manifiesta en su texto Nueva imagen del hombre y la cultura, donde se propone, en palabras de él mismo “dos tareas. Una, de carácter crítico, enderezada a demostrar lo mucho de fantástico, de osadía sistemática, de construcción arbitraria, que hay en las ideas de aquellos filósofos (Max Scheler y Ernst Cassirer). Y otra, de carácter personal, dirigida hacia la conquista de los fundamentos de las disciplinas filosóficas que se ocupan del hombre y la cultura... La última tarea quizás no logre realizarla...”

FASE MADURA. “El camino hacia el campo de la filosofía es, pues, el camino de la reflexión”.D.C.V (En: Filosofía sin supuestos, CRUZ VÉLEZ, Danilo. Buenos Aires. Editorial Sudamericana. 1970. P. 19)

En 1951, a la edad de 31 años, Danilo Cruz Vélez viaja a Alemania con el fin de formalizar sus estudios en aquello que le apasionaba, aquello que se le había metido en el alma: la Filosofía. Llega a Friburgo y se matricula en un seminario dirigido por Martín Heidegger, quien acababa de reintegrarse a la cátedra universitaria luego de su destitución por el gobierno a cargo de Alemania después de la caída del régimen nazi en 1945, debido a su supuesta colaboración con esta administración. (Con respecto a esto, Cruz Vélez publica un artículo en Tabula rasa. Correo de los Andes, titulado “Heidegger en 1933”)

Pero, ¿cómo nace el interés de Cruz Vélez por Heidegger? El primer contacto del pensador colombiano con la filosofía heideggeriana fue a través de un pequeño libro titulado Tendencias actuales de la filosofía alemana, de un profesor de la Sorbona de origen ruso: G. Gurvicht, quien dedica un breve y superficial capítulo a Heidegger, basado únicamente en una lectura rápida de Ser y Tiempo.

La segunda lectura de Heidegger la realiza nuestro filósofo a través de una traducción y publicación en español hecha por Xavier Zubiri en 1933 de ¿Qué es la metafísica?, de Heidegger; dicho tema le apasionó y le interesó mucho, pero no logra aún una comprensión suficiente para hacer una verdadera entrada al pensamiento de Heidegger, como lo reconoce años más tarde.

Ulteriormente se encuentra con un texto que tenía una información más amplia del pensamiento heideggeriano, publicado en 1942, La filosofía de Heidegger, de A. De Waehlens, quien no sólo tuvo en cuenta Ser y Tiempo, sino también La esencia del fundamento, La esencia de la verdad y El origen de la obra de arte. Este libro, manifiesta Cruz Vélez, es una presentación muy clara y elegante del pensamiento de Heidegger, pero quien lo lea “no llega a la almendra del pensamiento de Heidegger”.

Otro contacto con la obra de este filósofo alemán fue la traducción de Hölderlin y la esencia de la poesía y la esencia del fundamento, hecha por García Bacca, quien, según Cruz Vélez, se sirve de un lenguaje muy caprichoso y a veces arbitrario.

Aunque los primeros contactos con Heidegger, confiesa Cruz Vélez, fueron de carácter más bien superficial, éstos bastaron para despertar en él una gran atracción por su obra. Ello explica las razones que lo movieron a dirigirse directamente a Friburgo, cuando decidió viajar a Alemania para continuar sus estudios filosóficos. Cuando yo llegué a Friburgo, en 1961, (Heidegger) comenzaba de nuevo sus clases con el curso Was heisst denken?, que ha sido traducido al español con el título de ¿Qué significa pensar? Yo conocía bastante bien la lengua alemana, y pude seguir las lecciones. Pero en ese momento lo más importante para mí fue la experiencia de estar en un aula viviendo un momento importante de la filosofía del Siglo XX. Fue una experiencia fundamental en mi vida. Yo sentía que después de esa experiencia, ya estaba condenado a seguir el camino de la filosofía, ya que no podía volver a otro tipo de actividad.

Cuando Cruz Vélez inicia el estudio de la obra de Heidegger, lo hace en conjunto con unos estudiantes alemanes y un estudiante norteamericano, quienes trabajaron durante muchos años sobre algunos de sus textos fundamentales, estudiando página por página, línea por línea, su obra cumbre, Ser y tiempo; La esencia del fundamento, y La esencia de la verdad.

El problema del ser del hombre, planteado apasionadamente por Scheler, despertó gran interés en Danilo Cruz Vélez, lo que lo impulsó posteriormente hacia el pensamiento heideggeriano, viendo en él la posibilidad de encontrar mayores claridades sobre ese problema, sobre esa pregunta, que lo ha inquietado siempre y lo sigue inquietando.

Danilo Cruz Vélez dedica siete años al estudio del pensamiento de Edmund Husserl y de Martín Heidegger, pero más de éste último, a quien le estudia directamente y a través de su principal obra, Ser y tiempo, notándose posteriormente una gran influencia de este pensador alemán.

Estos enriquecedores años en Friburgo, al lado de Heidegger, sirvieron para que el pensador colombiano iniciara sus apuntes y planteamientos de Filosofía sin supuestos, libro que terminaría en Colombia y publicaría en Buenos Aires en el año de 1970.

Los antecedentes de Filosofía sin supuestos, como queda dicho, están dados, en gran parte, por la influencia que el “filósofo de la selva negra”, como han denominado a Heidegger, ejerce sobre Cruz Vélez, quien, desde su óptica del pensamiento heideggeriano, plantea le intención de este autor de reorientar, de una manera distinta, el camino filosófico, partiendo de la superación de la metafísica que se había iniciado con Descartes.

En Filosofía sin supuestos, el autor se propone, como bien él lo afirma en el prólogo, exponer una investigación acerca del “ideal de una filosofía sin supuestos”, teniendo como base a dos pensadores que le dan verdadera importancia a dicho ideal: Husserl y Heidegger. “Un ideal siempre buscado, nunca alcanzado, pero nunca abandonado, siempre ha impulsado hacia delante la marcha de la filosofía.”

Husserl es el primero en proponerse la no fácil tarea de construir una filosofía sin supuestos, combatiendo y atacando arduamente los conceptos oscuros, los problemas aparentes, las palabras en el aire, las creencias naturales, las opiniones incontrolables, las hipótesis arbitrarias, las construcciones sistemáticas sin el respaldo de las cosas mismas.

Pero Husserl, según Cruz Vélez, presenta una gran limitación y es que veía los supuestos solamente del lado de la tendencia objetivista del hombre, y restaba importancia, o tenía fuera de su vista, a los supuestos que caen de lado del sujeto. “Él vivía dentro de la metafísica de la subjetividad, y mal podía destruir el suelo de su propia morada.” Heidegger, por su parte, siguiendo los planteamientos de su maestro, traslada la crítica de los supuestos al campo del subjetivismo e intenta una superación de la metafísica de la subjetividad, ampliando así el campo de la destrucción de los supuestos.

Así, los temas centrales sobre los cuales trata Filosofía sin supuestos son, sin lugar a dudas, la pugna entre el objetivismo y el subjetivismo tal como lo ve Husserl y la superación de la metafísica de la subjetividad que intenta Heidegger.

Para el desarrollo de Filosofía sin supuestos, Danilo Cruz Vélez utiliza varios trabajos no publicados de Husserl y Heidegger, ayudado por el Archivo Husserl de Lovaina, que ofrece escritos inéditos de este pensador. En el caso de Heidegger, Cruz Vélez no contó con la misma suerte y tuvo que recurrir a los apuntes de cursos y seminarios tomados por sus alumnos.

En la medida en que realizaba las lecturas de los textos de Heidegger y Husserl e iba penetrando en el mundo del pensamiento filosófico de estos autores, comienza a darse cuenta del punto que desvía a Heidegger de Husserl, y lo comenta con sus compañeros de estudio en Alemania; éstos opinaron que éste era un importante capítulo de la filosofía del primer tercio de siglo, y, quizás, el de más relevancia. Fue entonces cuando empieza a leer toda la bibliografía posible entorno al asunto, y comienza a dar como cosecha unos artículos que publicó en Bogotá poco tiempo después de su regreso de Alemania, y con los cuales compuso posteriormente Filosofía sin supuestos.

Este libro plantea el punto en que se separa Heidegger de Husserl, en la pretensión de hacer una filosofía sin supuestos. Heidegger, quien acepta primeramente semejante planteamiento hecho por Husserl, lleva este radicalismo hasta sus últimas consecuencias, teniendo luego que “despedirse” de su maestro, porque descubre los supuestos con que éste operaba, sobre todo el supuesto de la metafísica de la subjetividad, el cartesianismo. “El eje es ese tema, el eje de todos los capítulos de Filosofía sin supuestos: en cada uno de sus capítulos voy mostrando el punto en que Heidegger se separa de Husserl, en la concepción de la filosofía, en la concepción del hombre, etc. Ése fue propiamente el origen del libro.”

Realizó estudios universitarios en Bogotá y Friburgo (Alemania). Luego fue profesor en la Universidad Nacional de Colombia y en la Universidad de los Andes hasta 1972, donde es reconocido como uno de los filósofos más eminentes de su país.

Su filosofía aborda los problemas de la Antropología filosófica, Filosofía Cultural y Metafísica, abordando autores como Friedrich Nietzsche, Friedrich von Schiller y Martin Heidegger. También introdujo la Fenomenología moderna y analizó el pasado filosófico de Colombia dentro del marco de la disciplina reflexiva, reinvindicando el derecho de los pueblos americanos a ser deliberantes en el marco amplio del pensamiento occidental, aproximándolo a Francisco Romero.

Colaboró en revistas filosóficas como Latinoamericana de Filosofía y Correo de los Andes. Fundó con Rafael Carrillo el Instituto de Filosofía de la Universidad Nacional y es miembro de la Sociedad Europea de Cultura y la Academia Argentina de Ciencias.

Murió el miércoles 10 de diciembre de 2008, víctima de una neumonía.

Obras[editar]

  • Nueva Imagen del Hombre y de la Cultura (1948)
  • Filosofía sin Supuestos: de Husserl a Heidegger (1970)
  • Nietzscheana (1972)
  • El Mito del Rey Filósofo: Platón, Marx y Heidegger
  • Tabula Rasa (1991)
  • El Misterio del Lenguaje (1995):
  • La filosofía como creación intelectual

El Misterio del Lenguaje[editar]

El Misterio del Lenguage (1995) es un análisis del lenguaje desde la perspectiva de la Filosofía del Lenguaje, aplicada al análisis de la poesía colombiana en el contexto hispanoamericano. Adicionalmente en una segunda parte el autor aborda la crisis del mundo actual y su reflejo en la literatura rusa sobre el nihilismo de Turgeniev y Dostoievski, el problema del gigantismo de las ciudades colombianas y latinoamericanas y la desaparición del campo, la ética de Max Scheler y su crítica al Papa Juan Pablo II, un análisis de la contribución de Jean-Paul Sartre a la literatura y la filosofía, y una breve introducción a los planteamientos básicos de Heidegger en la obra Ser y Tiempo y Contribución a la Historia de la Filosofía, donde deja abierta la necesidad de superación de la crisis.

Referencias[editar]

  • CRUZ VÉLEZ, Danilo: Filosofía sin supuestos, Buenos Aires. Editorial Sudamericana. 1970.
  • MARTÍNEZ LÓPEZ, Lorena. TESIS DE GRADO: EL CONCEPTO DE CRISIS EN LA OBRA DE DANILO CRUZ VELEZ. UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO. PROGRAMA DE FILOSOFÍA. 2002.