Década perdida de América Latina

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La Década perdida de América Latina es un término empleado para describir las crisis económicas en América Latina durante la década de 1980 (y para algunos países hasta bien entrada la década siguiente). En general las crisis se componían de deudas externas impagables, grandes déficit fiscales y volatilidades inflacionarias y de tipo de cambio, que en la mayoría de los países de la región era fijo. A veces el término se utiliza en referencia exclusiva a México.

México[editar]

Concretamente, la famosísima década pérdida, se explica desde el comienzo del default mexicano en el año 1982, cuando no pudo afrontar definitivamente los pagos de la deuda externa, con los organismos internacionales y otros entes. Ésta fue consecuencia de que, en primer término, los países industrializados decidieron, por distintos problemas económicos, aumentar la tasa de interés, ocasionando que los capitales fluyan hacía mejores posibilidades de rentabilidad a corto plazo.

Así, dentro de éste marco coyuntural de la economía internacional, debemos distinguir al menos cuatro momentos, los cuales vamos a desarrollar a continuación. Siendo cada uno de estos, esencial en el transcurso de la historia política, económica, institucional y social de los países con problemas de desarrollo.

Los cuatro momentos, con sus particularidades, son los siguientes:

La Antesala de la Crisis (donde se expondrá los problemas que vinieron a ser de causa de la posterior crisis de la deuda en el año 1982); Semejanzas de las Décadas (se hará una comparación entre las dos crisis, hasta ese momento, más graves de la economía internacional: La Gran Depresión y La Crisis de la Deuda); Inflación apremiante (se verá concretamente las cuestiones que suscitaron, a fines de la década, originando la tan peligrosa inflación); y Plan Brady (observamos como, desde el norte, se intentó salvaguardar a los países en vías de desarrollo, mediante este plan de canje y recorte de deuda). De esta manera, seguidamente nos comprometemos a desarrollar cada punto antes especificado, para dejar sentado visiblemente estos momentos. Después del auge petrolero previo al Gobierno del presidente mexicano José López Portillo (desde 1976 a 1982), el Gobierno mexicano empezó a depender en gran medida de la exportación de barriles para apoyar las necesidades financieras en el país. Estas exportaciones se dirigieron sobre todo hacia los Estados Unidos, aprovechando los altos precios del petróleo debido principalmente a la crisis del petróleo de 1973.

Cuando el mercado finalmente se estabilizó, reduciendo así los altos precios del barril, la estabilidad financiera del país estaba en peligro. La diversificación de los ingresos habría evitado el problema, pero debido a la incapacidad de otros sectores productivos para compensar la reducción de esta ganancia, México tuvo que inflar la moneda que para entonces alcanzó niveles históricos. El peso mexicano se devaluó entonces en un 500%. Dadas estas circunstancias, López Portillo nacionalizó todas las instituciones financieras en 1982, y durante su último discurso público a la nación dijo: "Voy a defender el peso como un perro".

Durante el próximo período, el presidente Miguel de la Madrid trató de atraer la inversión extranjera y nuevos acuerdos comerciales, que culminó con el ingreso de México en el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) en enero de 1986, y propuso su "Pacto de Solidaridad Económica" en 1987, el cual finalmente pudo controlar la inflación, que alcanzó un promedio del 100% hasta esa fecha.

Venezuela[editar]

La economía venezolana, al igual que la de México, se aprovechó de los precios del petróleo durante la crisis petrolera de la década de 1970 y del superávit que esta le proveía; esto fue el detonante para que el Gobierno se endeudara con el exterior. Cuando la deuda externa se tornó impagable en 1983 se tuvo que devaluar la moneda en el episodio conocido como el Viernes Negro. Desde ese momento y hasta finales de la década de 1990, la crisis económica fue una vorágine de sucesivas devaluaciones y una volatilidad inflacionaria, lo que llevó a que se perdieran miles de empleos y el país cayera en una grave situación de pobreza, de la cual algunos economistas y políticos creen que el país no se ha recuperado completamente.