Civilización incaica

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Expansión del imperio Incaico.

La civilización incaica o quechua, fue la última de las grandes civilizaciones precolombinas que conservó su estado independiente (imperio incaico) durante la Conquista de América, hasta la conquista del Perú (1532-1533). Con la extensión del imperio, ésta fue absorbiendo nuevas expresiones culturales de los pueblos anexados y se ubicó en los actuales territorios del Perú, Argentina, Bolivia, Chile, Colombia y Ecuador.

Desde la ciudad sagrada del Cuzco, los quechuas consolidaron un Estado que logró sintetizar los conocimientos artísticos, científicos y tecnológicos de sus antecesores. Basados en un concepto de expansión del Estado, el Tawantinsuyo (Imperio incaico) recogió aquellos conocimientos y los potenció. Actualmente, algunas costumbres y tradiciones de la desaparecida civilización inca prevalecen aún en Bolivia, Ecuador y el Perú.

La conquista del Perú realizada por los españoles encabezados por Francisco Pizarro entre 1530 y 1540 puso fin al imperio, sin embargo, focos de resistencia de los llamados Incas de Vilcabamba se mantuvieron hasta 1572.

La economía inca se basó en la agricultura que desarrollaron mediante técnicas avanzadas, como las terrazas de cultivo llamados andenes para aprovechar las laderas de los cerros, así como sistemas de riego heredados de las culturas preincas. Los incas cultivaron maíz, yuca, papa, frijoles, algodón, tabaco, coca, etc. Las tierras eran propiedad comunal y se trabajaban en forma colectiva. Desarrollaron también una ganadería de camélidos sudamericanos (llama y alpaca). Por los excelentes caminos incas (Cápac Ñan) transitaban todo tipo de mercancías desde pescado y conchas del Pacífico hasta sal y artesanías del interior.

Entre las expresiones artísticas más impresionantes de la civilización inca se hallan los templos (Sacsayhuamán y Coricancha), palacios y los complejos estratégicamente emplazados, como Machu Picchu, Ollantaytambo y Písac.

Si bien no podemos hablar de un imperio monárquico socialista, por la clara diferenciación económica, política y social, el Imperio incaico estableció el sistema de reciprocidad y complementariedad económica.

Organización política[editar]

Detalle de una galería de retratos de los soberanos incas que fue publicada en 1744 en la obra Relación del Viaje a a la América Meridional en la que Jorge Juan y Antonio de Ulloa fueron sus autores.

La organización política incaica fue una de las más avanzadas de la América precolombina. Tuvo una monarquía absoluta y teocrática. El imperio adoptó el nombre de Tahuantinsuyo, es decir, los cuatro suyos o regiones, concordantes con los cuatro puntos cardinales.

La jerarquía imperial[editar]

El Sapa Inca o simplemente, el Inca, era el máximo gobernante, uniéndose en su persona el poder político y el poder religioso, por lo que sus súbditos acataban con sumisión sus órdenes. Símbolo de su poder era la mascapaicha, una especie de borla de lana roja que ceñía en la cabeza. Ejercía las funciones de su gobierno desde el palacio particular que cada uno se hacía construir en el Cuzco. Allí concedía audiencia todo el día y administraba justicia. Pero también viajaba con frecuencia por todo el territorio de su imperio, llevado en andas sobre hombros de cargadores, para atender personalmente las necesidades de su pueblo.

Al Inca le seguían en jerarquía:

  • El Auqui o príncipe heredero. En vida de su padre, ejercía el cogobierno, para ejercitarse en las funciones imperiales.
  • El Tahuantinsuyo Camachic o Consejo Imperial, integrado por cuatro personajes o apus, que tenía a su cargo el gobierno de cada uno de los suyos o regiones. Algunos autores lo denominan Suyuyuc Apu.
  • Los gobernadores o Apunchic, con atribuciones político-militares. Su labor consistía en mantener en orden las provincias.
  • El Tucuirícuc o tocricoc, “el que todo lo ve”, una especie de supervisor imperial, que controlaba a los funcionarios de provincias, y en caso necesario, ejercía las funciones de gobierno. Como símbolo del poder que le otorgaba el Inca, llevaba siempre un hilo de la mascapaicha, que era inconfundible para la gente.
  • El curaca, era el jefe del ayllu o comunidad. Equivalente a cacique. Solía ser el más anciano y sabio de su pueblo, aunque a veces los incas imponían sus propios curacas en las poblaciones recalcitrantes a su dominio. Vigilaba por el orden y aplicaba justicia; también se encargaba de recolectar el tributo para el Inca.

La base decimal de la administración[editar]

Para la mejor administración del imperio, era necesario asegurar que todos trabajaran y cumplieran lo que se les imponía. Con esta finalidad, los incas crearon una organización decimal que consistía en una escuela de funcionarios, cada uno de los cuales controlaba el trabajo de diez que estaban bajo su inmediata autoridad:

  • El Purec o jefe de familia (la base de la sociedad).
  • El Chunca-camayoc, encargado de una Chunca, es decir, el conjunto de diez familias. Mandaba a diez purecs y estaba encargado del censo de las personas correspondientes a su jurisdicción, distribuirles tierras y dirigirles en el trabajo.
  • El Pachaca-camayoc, funcionario al parecer equivalente al curaca, que controlaba una Pachaca o conjunto de cien familias. Estaba encargado de vigilar a los chunca-camayocs en el cumplimiento de sus obligaciones y revisar las decisiones que hubiesen tomado en asuntos de su jurisdicción.
  • El Huaranga-camayoc, a cargo de una Huaranga o conjunto de mil familias. Supervigilaba a los pachaca-camayocs; especialmente debía cuidar la exactitud de los registros censales y la equidad de la distribución de tierras, para evitar que aquellos aprovechasen su autoridad en perjuicio del bienestar del pueblo.
  • El Hunocamayoc, al mando de un Huno o conjunto de diez mil familias, amplitud que hace pensar en una confederación tribal estabilizada por la autoridad del Inca. Supervigilaba a los huaranga-camayocs. Conservaba los registros censales y de acuerdo con ellos dirigía la política agraria y los trabajos artesanales. Se hallaba subordinado al Tucuirícuc y al Suyuyuc Apu.

El sistema vial y el transporte[editar]

Los Incas se preocuparon por tener buenas vías de comunicación y por ello se dedicaron a construir a lo largo y ancho de sus dominios una vasta y compleja red de caminos. Estos tenían la función de integrar y unificar el Imperio.

El Cápac Ñan o camino principal[editar]

Sistema de caminos del imperio incaico.

El Cápac Ñan o Camino Principal, es indudablemente el más imponente ejemplo de la ingeniería incaica. Tiene una longitud de 5.200 km y servía de enlace a una red articulada de caminos e infraestructuras de más de 20.000 km, construidas a lo largo de dos milenios de culturas andinas precedentes a los incas. Todo este conjunto de caminos recorrían sin ser obstáculos los candentes desiertos, ni las montañas, ni las escarpadas cimas, ni las quebradas, ni los ríos, vinculando diversos centros productivos, administrativos y ceremoniales, teniendo como centro a la ciudad del Cuzco, donde, como en la Roma antigua, todos los caminos confluían.

El Cápac Ñan se dividía en dos ramales longitudinales: el camino de la costa y el camino de la sierra. Interconectaba localidades tan distantes como Quito, al norte, y Tucumán, al sur. Los cronistas españoles alabaron no solo su extensión, sino su trazado, anchura y calidad, sobre todo por el esfuerzo que significó su construcción en medios tan agrestes como los Andes y los desiertos costeros; tanto así que lo compararon con la red vial del Imperio romano. Es evidente que la red vial incaica facilitó la conquista española, según lo aseveran los entendidos.

En el año 2014, la Unesco proclamó al Cápac Ñan como Patrimonio de la Humanidad.

Los puentes[editar]

Puente colgante de Q'eswachaca construido según la antigua técnica inca.

Para cruzar ríos, salvar quebradas o desfiladeros, los incas construyeron ingeniosos puentes. Existieron tres clases de estos:

  • Los puentes de piedra o puentes fijos, que se construían en medio de ríos de poco caudal o quebradas angostas.
  • Los puentes colgantes, fabricados de resistentes fibras de maguey, que soportaban el peso de hombres y animales de carga.
  • Los puentes flotantes o de oroyas, constituidos por grandes cestos o balsas sujetas con gruesas sogas, que se extendían de una a otra orilla, donde los cabos se sujetaban a peñascos o pilares. Para cruzar el río el viajante se subía a la balsa y tiraba de la soga, hasta llegar a la otra orilla.

Los tambos[editar]

Un tambo era una construcción que servía de depósito de alimentos, vestidos, herramientas y armas, que los incas hicieron construir a lo largo de los caminos que cruzaban el imperio, a fin de que allí pudiesen descansar y reparar sus fuerzas los funcionarios, los ejércitos en campaña y aun el mismo Inca con su séquito. Los viajeros particulares no podían participar de estos beneficios pues estos estaban obligados a llevar alimentos de su propia tierra. Había tambos aún en los lugares desiertos y cuando estaban cerca de algún pueblo tenían por objeto evitar que el paso del ejército y los funcionarios no aumentara la carga tributaria al mismo. Los españoles admiraron este sistema y lo aprovecharon.

Los chasquis[editar]

Para llevar las órdenes y disposiciones del Inca a todos los confines del Imperio en la menor brevedad posible, existió un sistema de correo de postas denominado de los chasquis. Estos eran jóvenes corredores apostados en los caminos y que se cobijaban en chozas. Cada puesto estaba a una distancia prudencial del otro, aproximadamente de 1.5 km, pues decían que aquello era lo que un joven podía correr con ligereza, sin cansarse. Cuando el encargado de llevar el mensaje llegaba al puesto en donde terminaba, anunciaba su llegada por medio de un pututo (trompeta hecha de concha marina), saliendo a su encuentro otro mozo, que escuchaba el mensaje dos y tres veces, hasta memorizarlo exactamente y, a su turno, salía a la carrera para transmitirlo al próximo puesto. Por ello el mensaje debía ser corto, concreto y muy simple para evitar que se olvidasen. Otras noticias se transmitían por quipus o hilos con nudos, sistema mnemotécnico cuyo significado solo lo podían descifrar las personas entendidas. De ese modo, se llevaba a cabo una gigantesca carrera de postas que permitía que las órdenes, noticias, mercaderías, etc., llegara a su destino con bastante rapidez. Se asegura que así se conocían en Cuzco las noticias de Chile o Quito sólo en el término de 15 días y aún menos; y que el Inca recibía en su palacio cuzqueño pescado fresco desde la costa.

Organización militar[editar]

Los incas formaron un ejército fuerte acorde con las necesidades de su estado expansionista. Se dividía en grupos de guerreros profesionales y soldados reclutados especialmente para cada campaña, y basaba su poder en la cantidad de hombres, la eficiente logística, la férrea disciplina y moral de combate, y la construcción de fortalezas militares. Las acciones bélicas guardaban un carácter religioso.

  • Fortalezas: el Estado Incaico planificó tanto las conquistas de pueblos vecinos como la defensa del territorio propio. Su base fue un ejército bien dotado, una red de caminos que facilitaban su desplazamiento y la construcción de grandes fortalezas que cumplían como principal función la disuasión de posibles ataques y su contención, si se producían.
  • Los soldados: la mayor parte de los soldados eran campesinos (solo la guardia del Inca reinante estaba compuesta por combatientes de oficio, casi todos de origen noble). Cada provincia del imperio debía aportar una cuota de reclutas según su población.
  • Estrategia: el ejército inca arrollaba a sus enemigos por su superioridad numérica. Expertos en el enfrentamiento cuerpo a cuerpo y dotados de armas y defensas, resultaron incontenibles.
  • El armamento: preferentemente utilizaron la maza, confeccionada con una piedra pesada encajada en un palo, también el hacha, la lanza, la honda entre otras.
  • Protección: los guerreros vestían túnicas de algodón reforzado y cascos de madera o de cañas entretejidas con hilos de lana. También se cubrían la espalda con placas de madera, y llevaban escudos.
  • Entrenamiento: los hombres lo recibían como parte de la educación tradicional; en períodos de conflicto,la preparación se realizaba en las fortalezas militares.

Organización social[editar]

El ayllu[editar]

La base de la organización social del Tahuantinsuyo estuvo en el Ayllu, palabra de origen quechua y aymara que significa, entre otras cosas: comunidad, linaje, genealogía, casta, género, parentesco. Puede definirse al ayllu como el conjunto de descendientes de un antepasado común, real o supuesto que trabajan la tierra en forma colectiva y con un espíritu solidario.

En el Imperio todo se hacía por ayllus: el trabajo comunal de las tierras (tanto las del pueblo mismo como las del Estado); las grandes obras públicas (caminos, puentes, templos); el servicio militar y otras actividades.

El jefe del ayllu o curaca era el anciano más recto y sabio, asesorado por un grupo de ancianos. Sin embargo, cuando el peligro amenazaba, el mando militar lo ejercía un sinchi, guerrero aguerrido y prudente elegido entre los más fuertes del ayllu.

Clases sociales[editar]

El Inca Pachacútec y su hijo, el príncipe heredero Túpac Yupanqui (dibujo de Martín de Murúa).

La sociedad en el Incanato estuvo organizada a base de clases sociales. Existían dos clases muy diferenciadas: la Nobleza y el Pueblo. En cada una de estas clases había diversos niveles.

  • Nobleza:

La realeza o la corte imperial, conformada por el Inca (el monarca o rey), la Coya (esposa principal del Inca) y los príncipes legítimos o auquis.

    • Nobleza de Sangre, conformada por los descendientes de cada Inca, quienes integraban los ayllus reales o panacas. Ejercían las más altas funciones, como funcionarios imperiales, gobernadores, generales, sumos sacerdotes, etc.
    • Nobleza de Privilegio, cuyos miembros no pertenecían a la familia real, sino que eran nacidos del pueblo, pero que por sus grandes servicios prestados al Estado (en las guerras, en el culto religioso, en las obras públicas, etc.) habían alcanzado tal jerarquía. Tal era el caso de los jefes militares, los sacerdotes y las acllas o escogidas.
  • Pueblo:
    • Hatunrunas, conformada por la gran masa del pueblo. Dedicábanse a las labores agrícolas, aunque también prestaban su trabajo en las obras públicas. Vivían agrupados formando parte de los ayllus. Eran los verdaderos forjadores del imperio.
    • Mitimaes o Mitmaqkunas, eran aquellos pobladores que, habiendo demostrado fidelidad al Inca y asimilado la cultura quechua, eran enviados a colonizar los nuevos territorios conquistados. Había otro tipo de mitimaes, que, como castigo a su rebeldía, eran enviados a zonas distantes de su lugar de origen. Tal fue el caso de los aymaras del altiplano, que fueron trasladados a diversas regiones del Imperio, como a la actual provincia de Aymaraes, en Apurímac.
    • Yanacunas o yanaconas, eran personas que no pertenecían a ayllu alguno y oficiaban de criados perpetuos al servicio del inca y de los grandes señores.

Economía[editar]

La economía inca estaba basada en la previsión y planificación de todas las etapas del proceso productivo. En el Tahuantinsuyo, nada estaba fuera del control permanente y directo del Estado, que, haciendo suyas las experiencias tecnológicas y culturales desarrolladas por las culturas preincas, organizó un aparato productivo, fundamentalmente agrícola, que dio solución a los problemas de alimentación, vestido, vivienda y seguridad social de una población cada vez más numerosa. Se estima que a la llegada de los españoles, esta ascendía de 6 a 10 millones de almas.

El trabajo[editar]

El trabajo era considerado como una función social de la que no podía eximirse ningún individuo; era pues obligatorio. Todos los habitantes del Imperio, hombres y mujeres, debían trabajar, pero no era igual para todos sino que se asignaba a cada individuo según sus capacidades. «A nadie se le exigía más de lo que podía dar; así, el niño trabajaba mucho menos que el joven y éste menos que el adulto, edad en la que se exigía el máximo esfuerzo, descendiendo después la exigencia a medida que iba descendiendo la edad». (Luis E. Valcárcel).

El trabajo era colectivo, pues siempre lo hacían con la intervención de todos los miembros de la comunidad o ayllu, los mismos que se ayudaban mutuamente unos a otros. Modalidades de trabajo comunitario eran la mita, el ayni y la minca.

División de las tierras[editar]

Las tierras del Imperio se dividían en tres sectores:

  • Tierras del Sol, destinadas a la obtención del alimento necesario para la ofrenda de los dioses y para el sustento de la clase sacerdotal encargada del culto.
  • Tierras del Inca o del Estado, destinadas a proporcionar alimento al Inca, su familia, la nobleza y los funcionarios. De estas tierras se sacaba también alimento para la gente que trabajaba al servicio del Inca, para los ejércitos en campaña y para ayudar a los pueblos que por alguna catástrofe perdían sus cosechas. Estos alimentos se guardaban en los graneros. Tanto las tierras del Sol como las del Inca eran trabajadas en comunidad por el pueblo.
  • Tierras del Pueblo, eran de mayor extensión destinadas a los ayllus para que obtuvieran su sustento. Cada año se hacía el reparto de estas tierras entre los hombres y mujeres aptos para realizar las labores agrícolas. Cada hombre casado recibía un tupu (o topo), otro por cada hijo varón y medio tupu por cada hija mujer. De acuerdo a las informaciones del Inca Garcilaso, un tupu era igual a una fanegada y media (2.880 m2) y representaba una extensión de tierra donde se podía sembrar un quintal de maíz (46 kg). En realidad, según la opinión de Baudin, un tupu era el lote de terreno necesario para cultivar lo suficiente para una familia sin niños. Su extensión debía variar según la clase de tierra.

Agricultura[editar]

Los incas fueron un pueblo esencialmente agrícola; sin embargo, tuvo su asiento en un territorio falto de tierras cultivables. Para superar tal deficiencia aplicaron técnicas agrícolas, las principales de las cuales fueron las siguientes:

  • Andenes o terrazas, para evitar la erosión y aprovechar las laderas de los cerros.
  • Waru waru, técnica heredada de las poblaciones del altiplano, en la que se araban surcos alrededor de los cultivos y se les llenaba de agua para crear un microclima más estable que el ambiente.
  • Pozas secas que se llenaban en época de lluvias. Era muy empleado en la costa. Se les llamaba simplemente lagunas o cochas.

También tuvieron sistemas de riego mediante acueductos o canales y utilizaron abonos (excrementos de camélidos, de cuyes, y el guano de islas). Se debe resaltar además su técnica de mejoramiento de especies, como al parecer lo atestigua el sitio de Moray, conformado por una serie de andenes circulares, que simula un anfiteatro, sitio que posiblemente fue un centro de investigación agrícola, donde se llevaron a cabo experimentos de cultivos a diferentes alturas. La disposición de sus andenes produce un gradiente de microclimas teniendo el centro de los andenes circulares concéntricos una temperatura más alta y reduciéndose gradualmente hacia el exterior a temperaturas más bajas, pudiendo de esta forma simular hasta 20 diferentes tipos de microclimas.

Se estima que los incas cultivaron cerca de setenta especies vegetales, entre ellas, papas (cerca de 200 variedades), camotes, maíz, ajíes, algodón, tomate, maní, coca y quinua.

Ganadería[editar]

Los camélidos fueron un recurso esencial del Tahuantinsuyu. El Estado inca se preocupó de abastecerse tanto de la carne como de la fibra de estos animales.

La ganadería, a diferencia de la agricultura, fue menos favorecida. Esto se debió a la escasa fauna andina. Aún así, constituyó la única ganadería existente en la América precolombina, constituida por los dos camélidos sudamericanos, que domesticaron: la llama y la alpaca, de los que aprovechaban tanto su carne para alimento, como su fibra o lana para sus vestimentas. La llama también fue utilizada como medio de transporte de carga. Antiguamente, a los camélidos sudamericanos se les denominaba auquénidos, término erróneo que ya no debe usarse pues corresponde científicamente a un grupo de insectos de la familia de los Curculiónidos (gorgojos). Si bien no domesticaron la vicuña y el guanaco, aprovecharon también la carne y la lana de estos camélidos, para lo cual organizaban cacerías llamadas chacos o chakus.

Criaron también el cuy, roedor andino que hasta hoy es la base de muchos potajes de la gastronomía andina.

La ganadería se relacionaba estrechamente con la agricultura. Los incas no concebían una sin la existencia de otra. Al igual que la agricultura, la ganadería estaba distribuida entre el Sol, el Inca, la nobleza y el pueblo.

Pesca[editar]

Los habitantes de las costas del Pacífico y de las riberas del lago Titicaca se dedicaban a la pesca. De ella obtenían alimento, material para fabricar objetos como peines y agujas y abono para la tierra. Para pescar usaban anzuelos, redes, canastas y arpones. En la costa usaban desde remotos tiempos el famoso caballito de totora, que era un haz de juncos dispuestos en forma de cigarro, sobre el cual montaba el pescador, que para impulsarse usaba un pequeño remo. Para la pesca más prolongada usaban balsas de madera impulsadas por una vela de fibra de algodón, con las que se atrevían a incursionar más adentro del mar. Se dice que el “caballito de totora” fue trasplantado por orden del inca Pachacútec a las orillas del lago Titicaca, donde a partir de entonces se usan las ya tradicionales balsas de totora.

Comercio[editar]

Entre los incas, y en general en todas las culturas andinas se empleó el comercio de trueque, que consiste en el cambio que hace un individuo de los productos que le sobran por otros que, a su vez, necesita. Así, por ejemplo, los habitantes de la costa intercambiaban sus productos (pescado seco, conchas, etc.) con el de los habitantes de la sierra (alimentos, lana, etc.).

Sin embargo, se tiene evidencia de que algunos productos aprovechados por todos hacían las veces de moneda, como por ejemplo, el ají, la sal, el maíz, el algodón, la coca, plumas de aves y conchas marinas. Se mencionan también hachas pequeñas o tumis. El que vendía recibía en pago cualquiera de estos productos. Cuando compraba, pagaba a su vez con los referidos productos.

No existió el oficio de “comerciante” como hoy lo conocemos, sin embargo, sabemos que la administración inca, al conocer que el valle de Chincha se hallaba tan superpoblado al punto que no podía satisfacer la alimentación de todos sus habitantes, decidió dividir a su población económicamente activa en tres grupos: agricultores, pescadores y “comerciantes”.

Arte[editar]

Arquitectura[editar]

Machu Picchu
Muro inca en la ciudad del Cuzco.

Los ejemplos más típicos de la arquitectura inca se encuentran en la ciudad que fue su capital, Cuzco, donde destaca Sacsayhuamán, mal llamada “fortaleza”, pues en realidad es un templo, rodeado de tres murallas en zig zag, formadas por bloques ciclópeos, que se conserva todavía en muy buen estado. Otros complejos importantes fueron las de Písac, Ollantaytambo y Machu Picchu, que son, junto con Cuzco, los principales centros arqueológicos de la cultura inca.

La ciudadela de Machu Picchu fue descubierta científicamente en 1911 por el estadounidense Hiram Bingham. Está ubicada a casi 2400 metros de altura, en la provincia de Urubamba, departamento del Cusco, en pleno Andes Amazónicos. Se trata de un conjunto de palacios, torreones militares (sunturhuasis) y miradores, que se elevan entre los picachos Machu Pichu (cumbre vieja) y Huayna Pichu (cumbre joven). Es sin duda una de las realizaciones más impresionantes de la ingeniería a nivel mundial. Pocas obras como esta muestran tanta armonía con el entorno natural. Fue construido, según todas las probabilidades, en el reinado de Pachacútec, en el siglo XV. Actualmente es uno de los sitios arqueológicos más importantes del mundo y el principal destino turístico del Perú. En 1983, fue incluida por la Unesco en la lista del Patrimonio de la Humanidad.

Entre los templos más importantes que se conservan de esta civilización, cabe citar la de la Casa del Sol en la isla del lago Titicaca; el templo del Sol o Coricancha en el Cuzco; y el templo de las Tres Ventanas en Machu Picchu. En cuanto a los palacios, se destaca el de las Ñustas, también localizado en Machu Picchu; el Amarucancha y el Colcampata, en el Cuzco.

También es representativa de la arquitectura inca el complejo de Tambo Colorado en Pisco y el sector Inca de la Huaca "La Centinela" centro administrativo de los chinchas en Chincha, ambas en departamento de Ica.

Los Incas desarrollaron un estilo altamente funcional de arquitectura pública que se distinguió principalmente por sus técnicas avanzadas de planificación territorial, y refinada arquitectura de piedra.

El plano de sus ciudades estaba basado en un sistema de avenidas que convergían en una plaza abierta rodeada de edificios municipales y templos, también se usaban ladrillos de adobe y paja, la construcción de grandes complejos tales como la hoy denominada fortaleza de Sacsayhuamán cerca de Cuzco, que en realidad fue un extenso complejo inca de naturaleza religiosa y científica, y de gestión del territorio, de acuíferos para abastecer al valle de Huatanay.

Enormes edificios con mampostería de piedra encajada cuidadosamente sin argamasa (simulando una mazorca de maíz), como el Templo del Sol en el Cuzco, fueron edificados con una eficaz técnica constructiva.

Otros logros destacables incluyen la construcción de puentes colgantes a base de sogas (algunos de casi cien metros de longitud), los extensos caminos empedrados que comunican la variada geografía andina, los canales para regadío y acueductos.

Escultura[editar]

Piedra de Saywite.

En escultura, los incas hicieron muchos trabajos bien elaborados. En su mayoría fueron hechos en piedra, pero también lo hicieron en metales como el oro y plata, así como en madera. Representaron figuras antropomorfas (humanas), zoomorfas (animales) y fitomorfas (vegetales), de diversos tamaños, desde miniaturas hasta representaciones en tamaño real.

Algunas representaciones escultóricas están talladas sobre la roca madre (como en Machu Picchu) o sobre grandes piedras (Saywite); es decir se hallan asociadas a las grandes construcciones arquitectónicas. En algunos casos se ven representaciones de cerros, escalas y acueductos, de posible simbolismo ritual.

Otras piezas escultóricas simulan formas de tableros o maquetas, cuyo uso no ha sido precisado aún.

Cerámica[editar]

Aríbalo. Museo de Arte Precolombino, Cuzco, Perú.

Se pueden distinguir dos tipos de cerámicas, la utilitaria y la ceremonial. La cerámica utilitaria era la de uso doméstico, por lo general hecho de manera simple y tosca. La cerámica ceremonial, mucho más elaborada y decorada, era enterrada con los difuntos, llenos de alimentos o bebidas que servirían a los muertos en su camino hacia el otro mundo. Son estos ejemplares los que se conservan en los museos y por eso lucen en perfecto estado.

La cerámica inca se caracteriza por sus superficies pulidas, su fina decoración pictórica de tendencia geométrica y el uso de los colores amarillo, negro, blanco, rojo y anaranjado. Solían pintar rombos, líneas, círculos, animales y frutos estilizados, así como plantas y flores.

Ejemplares típicos de la cerámicas inca son el aríbalo (cántaro) y el quero (vaso).

El prestigio alcanzado por la cerámica inca hizo que en muchos lugares conquistados se copiara sus formas y decoraciones. Generalmente se producía una mezcla de los estilos locales con el estilo inca, y se encuentran piezas Chimú - Inca, Chancay, etc. Cuando llegaron los españoles, la alfarería inca perdió su función mágica y ceremonial y se volvió utilitaria.

Pintura[editar]

La pintura como expresión estética se manifestó en murales y mantos. Duccio Bonavia señala la diferencia entre paredes pintadas de uno o varios colores y los murales con diseños o motivos representando escenas diversas.

Los murales pintados se aplicaban sobre paredes enlucidas con barro empleando pintura al temple, técnica diferente a la utilizada para las pinturas rupestres. Hacia el Horizonte Temprano, la pintura era aplicada directamente sobre la pared enlucida, mientras que durante el Período Intermedio Temprano, se cubría el muro enlucido con pintura blanca para luego aplicarle el dibujo deseado. Otro medio usado en la misma época consistía en trazar motivos incisos sobre el barro húmedo para luego rellenarlo con pintura.

En la época moche se utilizaron pinturas murales y de alto relieve de barro como los descubiertos en la Huaca de la Luna y en la Huaca del Brujo, en Chicama.

La técnica y el uso de mantos pintados sobre telas de algodón ya no era costumbre de toda la costa, con mayor énfasis en el norte. Todavía por los años de 1570 a 1577 existían artistas especializados en el arte de pintar mantos que ejercían su oficio trasladándose de un lugar u otro. En aquel tiempo estos artesanos pedían licencia ante el oidor para usar de su arte e ir libremente por los valles sin ser estorbados.

En los museos y colecciones privadas se pueden apreciar estos mantos, empleados quizá para cubrir paredes desnudas o servir de vestimenta a los señores importantes.

Otro renglón dentro del arte pictórico fue la realización de una suerte de mapas pintados que representaban un lugar o una región. El cronista Betanzos cuenta que después de la derrota de los chancas infligida por el príncipe Cusi Yupanqui, los dignatarios cusqueños se presentaron ante él para ofrecerle la borla y lo encontraron pintando los cambios que pensaba introducir en el Cuzco.

Esta noticia no sería suficiente para confirmar tal práctica si no fuese apoyada por otra referencia la afirmación en el juicio sostenido por las etnias de Canta y de Chaclla en 1558 - 1570. Uno de los litigantes presentó allí ante la Real Audiencia de los Reyes los dibujos de su valle indicando sus reclamos territoriales, mientras los segundos exhibieron una maqueta de barro de todo el valle. Sarmiento de Gamboa decía que al conquistar un valle se hacía una maqueta y se le presentaba al Inca, quién delante de los encargados de ejecutar los cambios se informaba de sus deseos de todo tipo.

Metalurgia y orfebrería[editar]

Metalurgia incaica.
Lámina gruesa de oro para revestimiento de muro. Museo del oro. Lima-Perú.

En el campo de la metalurgia, los incas se colocaron a la cabeza de los pueblos precolombinos, perfeccionando las técnicas heredadas de las culturas preincas. Conocieron y trabajaron el oro, la plata y el cobre, y aún obtuvieron la aleación del bronce (cobre y estaño). No conocieron el hierro.

Los metales los obtenían de los botines de las conquistas y de las explotaciones mineras organizadas, que pertenecían tanto al Inca como a las comunidades, obteniéndolas sin cavar muy profundamente la tierra. El oro lo sacaban mayormente de las arenas de los ríos.

Los minerales los fundían en crisoles de tierra cocida, que colocaban en las altas cumbres, y cuyo fuego avivaban soplando con canutos de cobre.

Los metales de mayor dureza lo utilizaban en las puntas de sus instrumentos de labranza, en sus armas, y en instrumentos para tallar piedras durísimas como el granito.

En cuanto a los metales preciosos (oro y plata), los utilizaron para labrar bellos objetos de orfebrería. En realidad, quienes realizaban estas obras artísticas eran los pueblos sometidos, como los chimúes, cuyos orfebres fueron trasladados al Cuzco para ejercitar su arte al servicio del Inca. Es fama que los conquistadores españoles encontraron cantidades ingentes de objetos artísticos labrados en oro y plata, como aquellos que fueron ofrecidos para el rescate del inca Atahualpa y los hallados en el Coricancha; sin embargo, todos ellos fueron fundidos y transformados en lingotes para ser transportados a España como riquezas.

Textilería[editar]

Arte textil inca con tocapus. Túnica.

La textilería estuvo muy desarrollada, aunque sin llegar a la belleza desplegada por algunas culturas preincas costeñas, como la nazca y la paracas.

Los incas conocieron los telares verticales y horizontales con los que crearon variados tejidos de lana y algodón. Los tejidos finos que se han conservado son motivo de admiración por su colorido y finura en la confección. Este tejido, llamado cumbi o cumpi, estaba hecho de lana de vicuña, y cuando se le quería dar calidad especial o aspecto vistoso, se le mezclaba con hilos de oro, pelos de lana y murciélago, o se le recubría con plumas multicolores, o se adornaban con cuentas. Estaba decorado con hermosos dibujos geométricos y naturales (tocapus). Los elementos decorativos y el color realzaban la fineza y suavidad del tejido.

También crearon tejidos decorados con plumas de colores vivos, de los que se conservan bastantes muestras en el ajuar de sus momias.

Debido a la organización clasista de la sociedad inca, los trajes finísimos estuvieron destinados al Inca y a la nobleza, mientras que las simples gentes del pueblo vestían trajes simples y burdos. Pese a ello, los habitantes del Perú antiguo fueron los mejores vestidos de América.

Música y danza[editar]

Los incas conocieron solo los instrumentos musicales de viento. Usaron flautas en diversas variedades, como las quenas, antaras y otras, así como los pututos (trompetas hechas de conchas marinas). También instrumentos de percusión como las tinyas o tambores. La música incaica era de cinco notas fundamentales, es decir, era pentatónica, en vez de la música de siete notas que hoy usamos.

Las labores agrícolas se hacían generalmente al son de la música y canto para darles ritmo y compás. La danza era ejecutada por grandes masas humanas y tenía preferentemente un carácter religioso. Había danzas totémicas destinadas a dar culto a los tótems u antepasados epónimos; danzas solemnes como las realizadas en las grandes fiestas religiosas como el Inti Raymi; danzas dedicadas a los muertos; danzas en conmemoración de hechos históricos; danzas guerreras y danzas de alegría (Kashua).

Literatura[editar]

Los cronistas de la conquista y de la colonia han dado fe de la existencia de una literatura quechua o incaica, que se transmitió de manera oral, siendo su principal vehículo de transmisión el idioma quechua o runa simi, que los incas impusieron como lengua oficial en todo el imperio. Se suele dividir en literatura cortesana y literatura popular.

Literatura cortesana[editar]

Llamada así por haberse realizado en la corte de los Incas, era la literatura oficial y su ejecución estaba encargada a los amautas o profesores y a los quipucamayos o bibliotecarios, que usaban el sistema mnemotécnico de los quipus o cordones anudados. Tres fueron los géneros principales que cultivaron: el épico, el didáctico y el dramático.

  • El género épico está representada por los poemas que expresaban la cosmología del mundo andino (mitos de la creación, el diluvio, etc.), así como las que relataban el origen de los incas (leyendas de los hermanos Ayar, de Manco Cápac y Mama Ocllo, etc.).
  • El género didáctico abarcaba fábulas, apólogos, proverbios y cuentos, ejemplares de los cuales han sido recogidos modernamente por diversos estudiosos.
  • El género dramático, que a decir del Inca Garcilaso, abarcaba comedias y tragedias (obviamente, buscando sus equivalentes en la cultura occidental). En realidad eran representaciones teatrales en donde se mezclaban danza, canto y liturgia. Se afirma que el famoso drama Ollantay, cuya versión escrita data de la época colonial, tendría un núcleo fundamental de origen incaico y una serie de interpolaciones posteriores enderezadas a amoldarla al teatro hispano.

Literatura popular[editar]

Es la que surgió espontáneamente en el pueblo y en el campo. Abarca masivamente el género lírico, es decir, composiciones poéticas que estaban unidas a la música y la danza, y que por lo general eran entonadas en grandes masas corales, alternándose hombres y mujeres. Estas manifestaciones formaban parte del quehacer cotidiano. Funerales, fiestas, nupcias, peleas, guerras, etc. estaban enmarcados en una ritualización expresada a través del arte. Son dos sus manifestaciones principales:

  • El harawi, canción de diversos tipos (de amor, de arrepentimiento, de alegría, etc.). Tenía un carácter intimista y estaba a cargo de un aedo, denominado harawec o haravicu. En la época colonial derivó en el huayno y en el yaraví.
  • El haylli, himno de alegría, se entonaba en las fiestas religiosas o en celebraciones de triunfos.

Muchas de estas creaciones han llegado a nuestros días de forma diferida, plasmadas en los trabajos de los primeros cronistas (el Inca Garcilaso de la Vega recupera poesía quechua, mientras que Felipe Guaman Poma de Ayala relata el mito de las cinco edades del mundo).

Ciencias[editar]

Intihuatana en Machu Picchu.

Los Incas no desarrollaron mucho las ciencias. Las que cultivaron tuvieron un carácter práctico, pues sus conocimientos los aplicaron a la mejor obtención de sus productos naturales.

Medicina[editar]

La medicina que se practicó en el incanato, estaba íntimamente ligada a la magia y la religión. Todas las enfermedades se suponían provocadas por el desprendimiento del espíritu del cuerpo, a causa de un maleficio, un susto o un pecado. El doctor Hermilio Valdizán ha determinado una serie de enfermedades que conocieron los incas y los tratamientos que aplicaron a cada una de ellas

Los curanderos incaicos llegaron a realizar intervenciones quirúrgicas, como trepanaciones, con el propósito de eliminar fragmentos de huesos o armas, que quedaban incrustadas en el cráneo, luego de accidentes o enfrentamientos bélicos. Uno de los instrumentos utilizados en la cirugía incaica, fue el tumi o cuchillo de metal en forma de "T". Como anestesia se usaba la coca y la chicha en grandes cantidades y también conocieron el uso de vendas. El Inca Garcilaso de la Vega asegura que efectuaban la sangría para curar diversas dolencias, así como las purgas para la expulsión de parásitos y otras enfermedades.

Su farmacopea contaba con numerosas hierbas medicinales y plantas alucinógenas. Particularmente muy estimadas fueron las hojas de la coca y el tabaco. También usaron medicinas de origen animal (como el sebo) y mineral (como el mercurio).

En muchos lugares del Perú todavía existe la figura del curandero y el hierbero, que siguen utilizando los tratamientos heredados de la época prehispánica, a base de hierbas y otros productos, lo que constituye la llamada medicina folklórica.

Matemáticas[editar]

Conocieron el sistema decimal, que lo aplicaron a la estadística de los quipus y a la organización. También tuvieron algunas nociones de agrimensura, es decir, la medición de tierras. En el arte de construir debieron también aplicarse conocimientos científicos, si se tiene en cuenta los imponentes y bien ensamblados que son algunos edificios, como Sacsayhuamán y Machupicchu, que indudablemente requirieron de una cuidadosa programación y cálculos físicos y matemáticos.

Astronomía[editar]

La astronomía mereció especial atención porque se relacionaba con las labores agrícolas y su división se marcaba con una fiesta especial. Observaron pacientemente al Sol y determinaron los solsticios y los equinoccios. Para tal efecto utilizaron columnas de piedra levantadas en las partes altas del Cuzco. Al observatorio solar llamaron Intihuatana (quechua: inti watana, “donde se amarra al Sol”), que consistía en una columna de piedra levantada sobre un círculo de este material, que se hallaba en algunos lugares destacados, tales como los patios de los templos o edificios religiosos, y siempre expuestos a la proyección de la luz del solar.

El año estaba dividido en 12 lunas de 30 días cada una, más una serie de días complementarios. A cada luna o mes correspondían festividades religiosas acompañadas de ceremonias específicas. Según Guaman Poma de Ayala, el calendario de ceremonias y festividades se dividía de la siguiente manera:

Geografía[editar]

Tuvieron amplios conocimientos de geografía y a base de ellos dividieron al Imperio en cuatro suyos. Sabían perfectamente cuál era la naturaleza física del territorio que dominaban y lo plasmaron en mapas en relieve, elaborados de arcilla, marcando todos los accidentes geográficos.

Diferenciaron las diversas regiones naturales y la clasificaron según la altitud. A la costa la llamaron Yunga. A la sierra la dividieron en cuatro altitudes: Quechua, Suni, Puna y Jalca. A la selva Rupa rupa y Omagua. Todos estos conceptos los aprovechó el geógrafo Javier Pulgar Vidal para hacer su célebre clasificación de las regiones naturales del Perú.

Los quipus y otras formas de comunicación[editar]

Quipu incaico

Los incas contaron con un ingenioso registro numérico a base de cuerdas y nudos llamado quipus. Los nudos indicaban los números, del uno al diez, y el color del cordón u otros detalles indicarían el tipo de bienes registrados, aunque hay que destacar que esto último no era una regla común sino que tendía a variar. El encargado de elaborar e interpretar el quipu era el quipucamayoc. El quipu es una herencia cultural milenaria, pues en Caral se descubrieron quipus de 5.000 años de antigüedad.

Dos probables formas de comunicación ideográfica fueron los tocapus y los quillcas:

  • Los tocapus o tocapos son recuadros en sucesión, cada uno de los cuales tienen un diseño particular, a manera de figuras heráldicas. Suelen aparecer pintados en los vasos o queros y en los tejidos incas. Se ha postulado que se traten de signos de una escritura fonética, aunque otros consideran que son de la época colonial, y por tanto, serían solo diseños artísticos influenciados por la cultura occidental.
  • Quillca es una palabra quechua que indicaría un diseño pintado. Los españoles lo tradujeron como escritura, aunque en realidad se tratarían de diseños pictográficos realizados sobre peñas (petroglifos), pero no de símbolos fonéticos.

Religión[editar]

Los incas adoraban al dios sol al que llamaban Inti, así como a la luna y a los fenómenos naturales.

La cosmovisión andina fue de carácter politeísta, animista y totémica. En los andes vivieron gran cantidad de creencias, cada cual con un componente étnico. Se creía en la existencia de tres mundos: superior (Hanan Pacha), medio (Kay Pacha) e inferior (Uku Pacha); y en un dios creador Viracocha.

El culto quechua, era presidido por el Inca, considerado hijo del sol y asistido por los siguientes personajes:

  • El Sumo sacerdote inca, llamado Willaq-Uma o Huíllac-Uma (en quechua: “cabeza de los presagiadores o adivinos”), tenía entre sus funciones: presidir las ceremonias religiosas, velar por la ortodoxia del culto, aconsejar al Inca, etc.
  • Las acllas: fueron mujeres separadas de sus familias y dadas como tributo por las diversas regiones del Tahuantisuyo. Por lo general realizaban labores al servicio del Estado y la religión. Vivían en los Acllahuasis, edificios ubicados en diferentes regiones del Perú. Destacan los acllahuasis del Cuzco y de Pachacámac.

Divinidades[editar]

Cabeza inca de piedra con llauto y mascapaicha. Representa probablemente al dios Viracocha.
  • Wiracocha (Viracocha): fue una divinidad panandina, de origen preinca. Era un dios adorado por la nobleza cusqueña.
  • El Sol (Inti): fue el dios oficial en el Tawantinsuyo, difundido por el inca Pachacútec.
  • La Luna (Mama Killa): la luna. Diosa del cielo y las estrellas, protectora de las mujeres (collas y acllas) y esposa del dios Inti.
  • Pachacámac: fue el dios más importante de la costa central.
  • Illapa: dios del rayo.
  • Pachamama: madre tierra.
  • Mama Cocha: madre de los lagos.
  • Coyllur: diosa de las estrellas.
  • Apus: dioses de las montañas, los montes tutelares.

Festividades[editar]

Bibliografía[editar]

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]