Crisis del siglo XVII

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La crisis del siglo XVII es una crisis general de duración secular que la historiografía aplica, en grado diferente, a la interpretación de la evolución histórica durante ese siglo en toda Europa y la cuenca del Mediterráneo.

Saco de Magdeburgo,1631. Esta ciudad alemana es un ejemplo extremo de la crisis del siglo XVII. Pasó de 30.000 habitantes a menos de 5.000 como consecuencia de esta acción. Al final de la Guerra de los Treinta Años no alcanzaba el medio millar.

Contenido

[editar] Historiografía

Existió en los años 1980 un debate historiográfico sobre la propia existencia de la crisis del siglo XVII. Eric Hobsbawn, Geoffry Parker, Trevor Aston, Lublinskaya, Hugh Trevor-Roper son autoridades que han apostado a favor de la utilización del término; Immanuel Wallerstein, con un provocador artículo en Annales 34 (1979), lidera la oposición. En la actualidad parece que más allá de matices, puede verse una crisis general en todo el siglo (sea siglo largo de 1580 a 1715 o siglo corto), que afecta de un modo muy diferente a cada punto de la geografía europea. La razón puede verse en la sucesión y encadenamiento de toda clase de crisis que se retroalimentan:

[editar] Crisis dentro de la crisis

[editar] Interpretación

La crisis del siglo XVII puede interpretarse (Maurice Dobb) como el momento clave en la transición del feudalismo al capitalismo, puesto que los países que salen reforzados de ella (fundamentalmente Inglaterra) se encaminan al proceso que comienza con la Revolución burguesa y que en el siglo XVIII les llevará a la Revolución Industrial; mientras que los países que salen en peores condiciones de ella (fundamentalmente España o lo que más precisamente podríamos llamar la Monarquía Católica de los Habsburgo) pierden la posición de centralidad que hasta entonces habían tenido en la Civilización Occidental.

[editar] El eje de la civilización se desplaza

El desplazamiento de las rutas comerciales del Mediterráneo al Atlántico no es un proceso nuevo, y podría rastrearse desde la Edad Media, pero el cambio del eje entero de la civilización en beneficio de la Europa Noroccidental queda fijado decisivamente con esta crisis. Es significativo el auge de plazas como Londres y Ámsterdam en perjuicio de Sevilla o Lisboa (también atlánticas y que a su vez habían sustituido a las mediterráneas Génova y Venecia en el siglo XVI). El punto de inflexión quizá fue el saqueo de Amberes de 1576, o la sucesión de victoria en Lepanto ante los turcos y derrota sin paliativos de la Armada Invencible de Felipe II ante Inglaterra.

Lo que hasta entonces había sido la principal amenaza para la Europa cristiana, el Imperio Turco, queda relegado a una posición periférica (en claro retroceso desde el fracaso del sitio de Viena de 1683). Lo que era su centro, Italia y sus rutas hacia Flandes por Alemania, está entre las zonas en mayor declive. La Francia que sale de la Fronda y la minoría de edad de Luis XIV, en cambio, es la potencia emergente en Europa, bien desde el tratado de Westfalia de 1648 (que modernizó las relaciones internacionales), o desde la paz de los Pirineos de 1659. Queda en evidencia la Decadencia española.

Lo que debió ser para los perdedores puede adivinarse sólo con ver que los ganadores han tenido que pasar un siglo temible: Inglaterra sufre mortíferas pestes, guerras exteriores (con Holanda, con Francia, con España...), la guerra civil entre Parlamento y Rey, la ejecución de éste (la primera de un rey por su propio pueblo), la dictadura de Cromwell y las disensiones religiosas (puritanos, anglicanos, católicos...), el Gran Incendio de Londres (1666)..., hasta cerrar el siglo con la Revolución Gloriosa.

[editar] Bibliografía

  • AVILÉS, Miguel (1986). El siglo XVII(Gran historia universal vol XVI). Madrid: Nájera y Club Internacional del Libro. ISBN 8484616700.
  • ASTON, Trevor ed. (1965). Crisis en Europa 1560-1660. Madrid: Alianza. ISBN 84-206-2359-8.
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