Costumbres de Tuxtla Gutiérrez

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La última teja[editar]

Antes de terminar el techado de una casa, los propietarios repartían tejas a sus amistades, quienes las devolvían adornadas con papel de china con dibujos o con figurillas de barro adheridas. En cada teja había una cruz o imágenes toscas de santos que según protegían esa casa de una tempestad. Las tejas de santos y las más bonitas se colocaban en el caballete.

En el momento que se colocaban las últimas tejas se realizaba una fiesta. Empezaba embriagando a una cabra o una oveja, que inmediatamente se sacrificaba y quemada después bailaban en sus cenizas, sino se sacrificaba a un gallo. El sacrificio era por la creencia de que el primer difunto de la casa fuera un animal y no un habitante. El cadáver se enterraba en el centro de la sala. Después se hacía un baile en aquella sala.

En la puerta se enterraban trece monedas, cigarros y botellas de licor por la creencia de que así nunca faltarían esos artículos en el hogar.

Coronación onomástica y cumpleañera[editar]

Practicada por los totonacas y los zoques. Cuando los familiares o amistades querían darle una muestra de afecto al festejado, le ceñían una corona de flores en la cabeza. Si el cumpleañero no era coronado se decepcionaba. 00ooioooo

Cura de espanto[editar]

El curandero se llenaba de agua y con cinco granos de maíz colorado la boca. Procedía a chupar la piel del espantado en la mollera, nuca, pecho, palma de la mano y, a veces en el codo.

Después de chupar, el curandero le colocaba cruces de ramitas de cuchunuc en varias partes del cuerpo, empezando por la mollera, mientras invocaba los nombres de Dios y de muchos santos. Según la creencia, las hojas absorbían el mal de espanto del enfermo.

Posteriormente, le untaba una pócima hecha de alcohol etílico y varias hierbas en donde hubo succionado. Finalmente, arrojaba las ramas y hojas a mitad de la calle para que el viento dispersara ese mal.

Cura de azar[editar]

Según la creencia, el mal de azar lo sufría alguien avergonzado que por casualidad se le hinchaba la cara por alguna infección y le surgía un edema.

Para curarlo se le pedía a cualquier persona que llegara de la calle que al enfermo le frotara su pañuelo o rebozo sudoroso en todo el cerebro.

Cura de antojo[editar]

Según la creencia, el mal de antojo lo sufría alguien quien se antojó de algún alimento que no comió y por casualidad unos días después le aparecieron granos o escoriaciones en la boca o en la cara.

Para curarlo, se le conseguía el alimento antojado y se lo frotaban en sus granos o escoriaciones y se lo daban de comer.

Cura de ojo[editar]

Según las creencias, la enfermedad de ojo la sufría un niño enfermo con un ojo irritado, con fiebre, diarrea u otro padecimieto repentino y la adquiría al ser visto por alguien enfermo con un ojo irritado.

Para detectarlo, el curandero le frotaba la cabeza con un huevo y después el cuerpo junto con ruda, hierbabuena y alcohol etílico. Después se rompía el huevo, su contenido se depositaba en un plato hondo y si al día siguiente aparecía un punto grande (el nucléolo) se interpretaba que el niño padeciá mal de ojo.

Cuando una familia sufría un desceso o epidemia y tenían un bebé o enfermo grave, se esparcía cal o ceniza en el hogar y se suponía que aquellos padecían el mal de ojo. Esta costumbre fue practicada por algunas familias hasta hoy en día.

Bibliografía[editar]

  • Monografía del Municipio de Tuxtla Gutiérrez. (1988). IDEART Ediciones y publicaciones. México, D.F., México.

Véase también[editar]