Corneta de posta

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Para la serenata de Mozart, véase Serenata "Trompa de postillón".

Corneta de posta.

La corneta de posta, también conocida como trompa de postillón, corneta de postillón, trompa de posta o cornamusa, es un instrumento de viento-metal usada inicialmente para anunciar las salidas y llegadas de los transportes postales. Fue muy utilizada por los postillones en los siglos XVIII y XIX. Normalmente tiene forma circular o en espiral, aunque existen modelos rectos, por lo que es un ejemplo de trompa natural. La corneta fue desarrollada a partir de la adición de válvulas o pistones a este instrumento.[1]

Historia[editar]

Logotipo del servicio de Correos de Suecia.

Los ejemplares más antiguos tenían forma de arco pero fue en el siglo XVII cuando adquirió su característica forma circular. La primera corneta medía unos 7 cm de diámetro aproximadamente y tenía un número limitado de notas. Fue utilizada por compositores barrocos como Johann Sebastian Bach y Georg Philipp Telemann.

A finales del siglo XVIII tenía tres vueltas y una mayor variedad de notas; algunos de estos instrumentos utilizaban llaves para el si (bemol) y el fa. En el siglo XIX se añadieron llaves, válvulas y tubos de diferentes longitudes que se podían intercalar para facilitar la interpretación de melodías. Gustav Mahler introdujo una corneta de posta con válvulas en su Sinfonía nº 3 en re menor. Debido a que es un instrumento poco común, la música escrita para ella es ejecutada, por lo general, por una trompeta o fliscorno.

El instrumento sigue siendo utilizado como logotipo nacional de servicios postales en muchos países.

Motivo en una hoja bloque de la URSS, 1958.

En La Repetición (Gjentagelsen,1843) [2] de Søren Kierkegaard, la Corneta de posta o "Corneta de postillón" adquiere un valor simbólico. "Viva la corneta del postillón! Este es mi instrumento favorito. Por muchas razones, pero especialmente porque con este instrumento no se puede estar nunca seguro de lograr dos veces seguidas el mismo sonido. Sus posibilidades son infinitas y quien lo sopla, por mucho que sea el arte que ponga en ello, no incurrirá jamás en una repetición. Por eso el que, en lugar de aconsejar y responder a las preguntas de un amigo perplejo, le ofrece una corneta de postillón para que la toque a su gusto, no le dice nada, absolutamente nada, pero se lo explica todo.

¡Viva la corneta del postillón! Este es mi símbolo. De la misma manera que los antiguos ascetas tenían siempre una calavera sobre la desnuda mesa de su celda y la contemplación permanente de la calavera era su misma concepción de la vida, así yo también tendré colocada siempre sobre mi mesa de trabajo una corneta de postillón, que me recuerde sin cesar cuál es el sentido de la vida.

¡Viva la corneta del postillón! Ella me representa la fugacidad de la vida sin ninguna necesidad de molestarme viajando por esos caminos de Dios. Porque realmente no es necesario moverse del sitio para comprobar que no se da ninguna repetición. Al revés, cuando todo es vanidad y pasa como el humo, lo mejor es estarse sentado en la propia habitación y así, perfectamente inmóviles, sentimos la impresión de que viajamos más de prisa que si lo hiciéramos en un vagón del ferrocarril. De mí puedo decir que para que todo, a la par que la corneta del postillón, me recuerde que estoy siempre de viaje en la vida, he ordenado a mi criado que siempre que vaya vestido como los que corren la posta y yo mismo, para dar ejemplo, cuando tengo que salir de casa, aunque sólo sea para asistir a una cena entre amigos en un restaurante céntrico, siempre hago mis desplazamientos en una diligencia especial, muy parecida a las de la posta.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Curt Sachs, The History of Musical Instruments (Nueva York: W. W. Norton & Company, Inc., 1940), págs. 428.
  2. http://imago.yolasite.com/resources/Kierkegaard,%20Soren%20-%20La%20Repeticion.pdf

Enlaces externos[editar]