Copia a la albúmina

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Louis Désiré Blanquart-Evrard
La esfinge de Gizeh en el año 1867, por Félix Bonfils. Copia en papel a la albúmina, 22 x 28,5 cm.
Retrato de Lucio del Valle, hacia 1860. Copia en papel a la albúmina. Formato tarjeta de visita.

La copia en papel a la albúmina era un procedimiento fotográfico de positivado en papel, por contacto directo, a partir de un negativo (generalmente de vidrio al colodión húmedo). Entre los años 1860 y 1890 fue el tipo de copia positiva más utilizada por los fotógrafos. Se empleó mucho para los retratos de estudio, en formato de tarjeta, y también para el tiraje de copias de vistas de ciudades, monumentos y obras de arte.

El papel a la albúmina lo inventó en 1850 Blanquart Evrard. Era preparado con clara de huevo (albumen o albúmina), que se aplicaba al papel, añadiendo también una sal como el bromuro de potasio. Una vez seco, el papel se introducía en una solución de nitrato de plata y se dejaba secar nuevamente. El papel así sensibilizado se ponía en contacto con un negativo dentro de una prensa de contactos, y se exponía a la luz del sol varios minutos, hasta que la imagen tuviese la intensidad deseada. La imagen aparecía por ennegrecimiento directo,[1] sin revelado químico. Seguidamente era necesario su fijado, virado y lavado final en agua.

Las copias a la albúmina correctamente procesadas y viradas al oro se han conservado en muy buen estado, presentando gran intensidad transcurridos más de 100 años. Sin embargo, muchas copias mal procesadas o almacenadas han sufrido una oxidación, que ocasiona desvanecimiento de la imagen. Por otra parte, la mayoría de las copias a la albúmina eran pegadas o montadas sobre cartones.

Para su conservación museística, las copias a la albúmina conviene archivarlas envueltas en papel de pH neutro. Y no deben exhibirse de forma permanente, sino solamente en exposiciones temporales, pues la luz va ocasionando una progresiva pérdida de densidad de la imagen.

Las copias sueltas, sin montar, son muy finas y se arrugan y enrollan fácilmente. Conviene transportarlas y exhibirlas enmarcadas en una orla o paspartú, también de cartón de pH neutro. Es por ello que se crearon formatos como la tarjeta de visita. Muchos museos, bibliotecas, archivos y coleccionistas conservan centenares o miles de copias a la albúmina del siglo XIX. Por ejemplo, la Biblioteca Nacional de España, el Palacio Real de Madrid, o el Archivo fotográfico Ruiz Vernacci.

Referencias[editar]

  1. Kurtz, Gerardo F. (2001). «Origen de un medio gráfico y un arte. Antecedentes, inicio y desarrollo de la fotografía en España». Summa Artis. Historia General del Arte. Vol. XLVII. La fotografía en España: de los orígenes al siglo XXI. Madrid: Espasa Calpe. p. 131. ISBN 84-239-5492-7. 


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