Conquistadores españoles

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda
Conquistador español, Pabellón de la navegación de Sevilla, España.

El término Conquistadores se refiere de forma genérica a los soldados y exploradores españoles que desde finales del siglo XV y durante el siglo XVI conquistaron y poblaron grandes extensiones de territorio en América y Filipinas, incorporándolas a los dominios de la monarquía española. La exploración y conquista de América tuvo lugar durante la llamada era de los descubrimientos, la cual siguió a la llegada de Cristóbal Colón en 1492. La 'conquista' como tal fue abolida oficialmente en 1573 mediante un decreto del rey Felipe II, el cual prohibía los actos de conquista, denominándose en adelante de pacificación las campañas llevadas a cabo por las fuerzas hispanas en los territorios indianos.

La conquista española de América[editar]

Fundación de Santiago de Nueva Extremadura, actual Santiago de Chile, por el conquistador Pedro de Valdivia.

Los cronistas de la época suelen describir la Conquista de América como una epopeya heroica. La extensión de territorios que abarcó y el corto espacio de tiempo en el que sucedió, no tienen parangón en la historia de las conquistas europeas. Otras crónicas, como los testimonios de los pueblos indígenas y de algunos frailes españoles, han presentado la Conquista de América como un hecho moralmente cuestionable, movido por la explotación de recursos naturales y caracterizado por una invasión militar y cultural que terminó por extinguir en buena parte las tradiciones vernáculas del continente descubierto.

La conquista sin embargo tuvo motivaciones tanto materiales como espirituales, siendo uno de los grandes objetivos de los monarcas españoles la evangelización de los pueblos indígenas. La Conquista de América también fue distinta a otras conquistas europeas por incorporar, por primera vez en la historia, una legislación para la protección de los pueblos indígenas. Las Leyes de Burgos de 1512 establecieron la condición de hombre libre de los indígenas, con la prohibición expresa de ser explotados, sin perjuicio de la obligación de trabajar a favor de la corona como súbditos de la misma. Más tarde fueron promulgadas las Leyes Nuevas de 1542, unas Leyes y ordenanças nuevamente hechas por su Magestad para la gobernación de las Indias y buen tratamiento y conservación de los Indios que revisaban el sistema de encomiendas concediendo una serie de derechos a los habitantes indígenas para mejorar sus condiciones de vida.[1]

Historiadores de distinta procedencia y época han alabado o criticado la Conquista de América dependiendo de su punto de vista. En contadas ocasiones se ha descrito la Conquista con una visión razonablemente neutral. El periodista estadounidense Charles C. Mann dice:

Cuando me dispongo a escribir para la gente de hoy y del futuro, acerca de la conquista y descubrimientos hechos aquí en Perú, no puedo más que reflexionar que estoy tratando con uno de los asuntos más grandes de los que uno posiblemente pueda escribir en toda la creación en cuanto respecta a la historia secular. ¿Dónde antes han visto los hombres las cosas que ellos han visto aquí? Y pensar que Dios ha permitido que algo tan grande permaneciese escondido del mundo por un tiempo tan largo, desconocido a los hombres, y después dejado para ser hallado, descubierto y ganado todo en nuestro tiempo!

Por su parte, Fray Bernardino Sahagún enunció:

Esto a la letra ha acontecido a estos indios, con los españoles, pues fueron tan atropellados y destruidos ellos y todas sus cosas, que ninguna apariencia les quedó de lo que eran antes.[2]

Fray Bartolomé de las Casas consideraba la Conquista de América como una de las «maravillas» del mundo. Sin embargo, la definía también como «la destrucción de las Indias»:

En estas ovejas mansas, y de las calidades susodichas por su Hacedor y Criador así dotadas, entraron los españoles, desde luego que las conocieron, como lobos e tigres y leones cruelísimos de muchos días hambrientos. Y otra cosa no han hecho de cuarenta años a esta parte, hasta hoy, e hoy en este día lo hacen, sino despedazarlas, matarlas, angustiarlas, afligirlas, atormentarlas y destruirlas por las extrañas y nuevas e varias e nunca otras tales vistas ni leídas ni oídas maneras de crueldad.[3]

Algunos historiadores consideran estas afirmaciones tergiversadas y algo exageradas. Muchos cronistas del norte de Europa, se basaron inicialmente en los escritos de Bartolomé de las Casas para crear una propaganda destinada a ensuciar y menospreciar el nombre de España y de los españoles. Es lo que se conoce como la Leyenda Negra, creada por ciertos países enemigos de España para crear animadversión contra ella.

Factores que favorecieron a la conquista española[editar]

El morrión era el casco arquetípico del conquistador español. Este es un morrión hecho de hierro

La Reconquista española[editar]

Los historiadores John H. Elliot y Francisco Morales Padrón hacen hincapié en el poco aprecio que tenían los conquistadores a su propia vida a la hora de emprender sus campañas militares y la convicción que tenían en el éxito. Tras los ocho siglos de Reconquista cristiana de los territorios musulmanes en España los españoles habían forjado una moral de caballero en post de una misión trascendental.

Antes de entrar en combate con sus 177 hombres contra los 40.000 incas de Cajamarca, el conquistador Pizarro dijo:[4]

Tened todos ánimo y valor para hacer lo que espero de vosotros y lo que deben hacer todos los buenos españoles y no os alarméis por la multitud que dicen tiene el enemigo, ni por el número reducido en que estamos los cristianos. Que aunque fuésemos menos y el enemigo contrario fuese más numeroso, la ayuda de Dios es mayor todavía, y en la hora de la necesidad Él ayuda y favorece a los suyos para desconcertar y humillar el orgullo de los infieles y atraerles al conocimiento de nuestra Santa Fe.

El escritor Juan Sánchez Galera menciona que los españoles estaban también imbuidos en la cultura renacentista europea que dibuja a un hombre como un ser portador de valores y capaz de decidir su propio destino. Esta visión es contraria al materialismo, donde cada cual vale en función de lo que tenga y no de lo que sea como persona.[5]

La religión[editar]

Francisco Morales Padrón destaca la espiritualidad. La cultura de los indios, como la de los españoles, era profundamente teocéntrica. En ese caso, no era fundamental quién poseía más hombres o menos sino a quién beneficiaba más el Cielo. Y es una realidad que los españoles dieron la impresión a los indios de que Dios estaba de parte de ellos y muchos indios perdieron las razones para seguir luchando.[6]

Las religión azteca era fatalista. A los dioses habitualmente se les adoraba para impedir que se enfurecieran y llevaran a cabo miles de desgracias. Para evitar esas desgracias a los dioses les eran realizados sacrificios humanos. Sólo en Tenochtitlán se practicaban anualmente más de 20.000 sacrificios humanos. En 1521, tras la conquista de la ciudad por Hernán Cortés, se encontraron 140.000 cabezas humanas amontonadas en una pila de ofrendas. A la víctima del sacrificio humano se le sacaba el corazón y se embadurnaba con su sangre las paredes del templo y su cadáver era arrojado pirámide abajo para ser comido por los asistentes. El canibalismo religioso estaba tan extendido que estudios antropológicos han demostrado que una parte de la dieta proteínica de los habitantes de Tenochtitlán provenía de ahí.[6] [7]

Además entre los indios existían mitologías a menudo comunes entre distintos pueblos que coindían en que algún día aparecerían desde el otro lado del mar personas sobre casas flotantes con piel blanca y barba que acabarían con sus viejas culturas y crearían una nueva y superior. Entre los aztecas este mito estaba relacionado con Quetzalcóatl, entre los incas con Viracocha y para los de Nueva Granada se relacionaba con Bochica. Otros pueblos llevaron a cabo suposiciones de que los españoles, como sus caballos, eran inmortales.[8]

Los españoles libraron entonces una guerra religiosa convenciendo a los indios de que su Dios era verdadero y que los dioses a los que ellos adoraban no eran más que figuras de piedra. Además les explicaron que más les valía vivir como cristianos españoles que seguir manteniendo sus bárbaras creencias.[6] Cortés subía a los templos delante de los indios y destruía los altares con un martillo e iba destruyendo todos los ídolos de las ciudades por donde avanzaba demostrando que eso no tenía ningún tipo de consecuencia divina. Del mismo modo Pizarro terminó con el santuario de Pachacama. Cuando Hernán Cortés llegó a Teotihuacán, el emperador Moctezuma lo esperaba en lo más alto del la Pirámide del Sol, cuyo perímetro supera los 890 metros. El emperador le ofreció a un grupo de sacerdotes para que lo llevaran a hombros pero Cortés rehusó y subió a pie con sus compañeros los 114 escalones. Cuando Moctezuma le dijo "Señor, estaréis cansado, tras subir a este gran templo nuestro", Cortés contestó "Ni yo ni los que vienen conmigo nos cansamos en cosa ninguna".[9]

Armamento[editar]

En su imprenta de Francfort el protestantante y grabador de Flandes Teodoro de Bry publicó unos grabados de españoles cometiendo atrocidades en América. Los españoles son a menudo mostrados con arcabuces frente a indios que se encontraban prácticamente desarmados y a merced de esas atrocidades. Sin embargo, la mayor parte del continente americano se conquistó contando con tan sólo 16 fusiles: 13 que portaban las tropas de Hernán Cortés y 3 que portaban las tropas de Pizarro cuando entró en Cajamarca.[4]

Los españoles portaban escasas armas de fuego. Sobre todo poseían armas de cuerpo a cuerpo como espadas y alabardas. Los arcabuces no podían ser fabricados por un buen herrero, sino que procedían de una industria y eran caros de producir, por lo que la mayoría de los colonos no podían permitírselos. Los soldados españoles sí poseían armas de fuego, pero se encontraban en Europa cobrando un buen sueldo y muy pocos querían dejarlo todo para ir al Nuevo Mundo.[10] Los españoles que sí llevaron arcabuces pronto se dieron cuenta de que eran completamente ineficaces contra los indios porque estos atacaban por sorpresa y las armas de fuego precisaban de varios minutos antes de realizar el primer disparo, porque aunque en cargar la bala y limpiar el cañón podían tardar sólo 30 segundos hacía falta prender la mecha. Para prender la mecha las veces que se quisiera disparar primero hacía falta tener algo con fuego y entonces no existían las cerillas, por lo que había que hacer fuego con piedras para encender cuerda con la que ir prendiendo la mecha. Es este proceso de obtener fuego antes del primer disparo el que retrasaba el proceso varios minutos. El arcabuz era un arma un tanto pesada y por eso a veces se usaba para un palo de metro y medio para apoyarlo llamado horquilla. Una vez cargado el arcabuz, encima de la horquilla y listo para disparar los hombres se encomendaban a Santa Bárbara para que la pólvora no estuviese húmeda, cosa habitual en las antiguas pólvoras negras con una gran cantidad de sales en su composición.[11]

Las armas de fuego eran eficaces en las batallas europeas del siglo XVI, donde dos ejércitos compactos se enfrentaban en campo abierto.[10] En el tiempo en que un español se preparaba para realizar el primer disparo un indio podía disparar 20 flechas y por todas las razones expuestas ni fueron abundantes ni ayudaron demasiado en la conquista.[10]

Un arma que era bastante habitual entre los soldados españoles era la ballesta. Esta arma fue inventada en el Imperio Romano y perfeccionada en la Edad Media. En los campos de batalla europeos de la primera mitad del siglo XVI era muy común entre los soldados españoles. Sin embargo tampoco era muy frecuente en los españoles en América, porque aunque esta sí podía ser fabricada por un buen artesano y siempre estaba lista para el primer disparo en las batallas en distancias cortas y en las escaramuzas no se consideraba tan útil.[12]

Un arma que estuvo presente en América fue el falconete, que es un cañón de bronce que normalmente se encontraba fijo en el castillo de popa de los barcos y que a veces era desmontado del barco y cargado a lomos de un mulo o en la espalda de una persona y descargado para su uso. Estos cañones disparaban bolas de hierro de unos 3 centímetros de calibre. Fueron usados con éxito y efectividad por Hernán Cortés en Tenochtitlán y por Pizarro en Cajamarca. A veces los españoles cambiaban la bola de hierro por un buen puñado de balas de arcabuz. Eran útiles para disparar contra grupos de indios.[13] En el recuento que hizo Cortés en Cozumel llevaba cuatro falconetes y Pizarro contaba con un falconete en Cajamarca.[14]

Sin embargo, los tres factores que realmente fueron decisivos fueron las espadas, las lanzas, las dagas, los cuchillos, la coraza y el caballo. La coraza daba seguridad al soldado en los combates cuerpo a cuerpo.

Aunque los indios no conocían el acero tenían una gran habilidad para trabajar la piedra, especialmente el ágata y la obsidiana. Una flecha con punta de ágata podía a menos de 30 metros atravesar la coraza de un conquistador. Hacían el filo de sus espadas de madera con lascas de obsidiana y pedernal embutidas y estas, según las crónicas, podían cortar la cabeza de un mulo de un solo tajo. En lugar de corazas, se protegían con "escaupiles", que según describe Hernando Colón eran petos de algodón colchados. La depurada tecnología textil de las civilizaciones andinas, que permitía tejidos de hasta 500 hilos por pulgada estructurados en capas sucesivas, les permitió desarrollar eficientes armaduras de tejido acolchado (el escaupil) que fueron adoptadas finalmente por los españoles, abandonando sus cascos y corazas metálicas,[15] ya que estas no eran adecuadas para climas tropicales, tanto por el calor que daba a los portadores como por la corrosión que sufrían.

El arma principal de los ejércitos andinos era la honda, realizada con tejidos, con la que arrojaban piedras calentadas hasta el rojo vivo, envueltas en algodón y brea. Utilizando estas armas los quechuas arrasaron Cuzco, ocupada por los españoles en 1536.[15]

Los indios tenían más potencial militar del que pudiera suponerse. Las guerras contra los araucanos, en el actual Chile, costaron 30.000 bajas españolas en el primer siglo de conquista.[16]

El caballo y otros animales[editar]

El asalto de caballería venía siendo una técnica militar desde los tiempos de Alejandro Magno. El caballo también permitía entrar al galope entre el grueso de los enemigos dando mandobles y causando un gran número de bajas. De otro lado el caballo aportaba gran facilidad de maniobra y movimiento para retirarse tras la carga. Cortés contaba en Cozumel con 16 caballos y Pizarro en Cajamarca tenía 67 caballos.[14]

La introducción del caballo por parte de los españoles les permitió en algunos casos moverse con rapidez y lanzar rápidos ataques. Sin embargo, en las zonas montañosas y selváticas, los españoles se mostraron menos adaptados tecnológicamente que las culturas indígenas, que utilizaban la llama y técnicas especiales para construir caminos y puentes adaptados a ese tipo de terrenos. En algunos casos los pueblos originarios, principalmente en Norteamérica, la Araucanía, la pampa y la Patagonia, se apropiaron del caballo y desarrollaron técnicas de adiestramiento y monta, y se volvieron un factor decisivo para rechazar a los conquistadores. Los españoles utilizaron también perros de presa para rastrear y atacar indígenas y esclavos en la selva y en los bosques.[17]

Tecnología[editar]

Los aztecas y los incas se encontraban tecnológicamente más atrasados que los españoles. No conocían ni la rueda ni las aleaciones metálicas, aunque posían buenas redes de comunicaciones y eran hábiles en las manufacturas líticas y de metales nobles.[18] Tampoco conocían la navegación a vela.

Este conocimiento del metal se aplicó principalmente para la elaboración de objetos religiosos, artísticos y simbólicos, así como de utensilios domésticos de uso cotidiano. Sólo los quechuas y los purépechas elaboraban armas de cobre, pero estas no alcanzaban el filo y dureza del hierro o del acero.

Recursos humanos[editar]

Hernán Cortés con 508 hombres conquistó Tenochtitlán, una ciudad con un cuarto de millón de habitantes, capital del Imperio Azteca, que contaba con 10 millones de hombres. Pizarro solamente tenía 177 hombres cuando ganó la batalla de Cajamarca contra 40.000 incas, capital del Imperio Inca, que contaba con 16 millones de habitantes. Jiménez de Quesada conquistó Nueva Granada con menos de 700 soldados. Pedro de Valdivia comenzó la ocupación de Chile con 12 hombres y la terminó con unos 150. Álvar Núñez Cabeza de Vaca exploró y sentó las bases para la conquista pacífica de todo el Sur de los actuales Estados Unidos con sólo 2 compañeros.[6]

Por otra parte las civilizaciones originarias tenían la ventaja numérica, si bien las desuniones y enemistades entre los pueblos indígenas jugaron a favor de los españoles. En todos los casos las naciones indígenas cuya conquista pretendían los españoles superaban a estos en número: en promedio los españoles peninsulares nunca superaron el 2% de la población de América. Sin embargo, era habitual que los conquistadores españoles realizaran alianzas para formar ejércitos numerosos. El ejército con el que Hernán Cortés atacó Tenochtitlán estaba integrado por 200.000 soldados,[19] de los cuales menos del 1% eran españoles.[19] Sin embargo, a nivel táctico los españoles eran muy superiores a aztecas e incas. Mientras los indígenas trataban de capturar prisioneros para sacrificar a sus dioses con un objetivo ritual, los españoles solían matar al enemigo en el cuerpo a cuerpo con un objetivo estratégico, lo que unido a su armamento más eficaz causaba gran mortandad entre los indios.

Otro factor fundamental fue la habilidad de los conquistadores de aliarse con pueblos indígenas aprovechando la enemistad existente entre algunos pueblos, bien apoyando a uno de los bandos de una guerra anual, como en el caso del Imperio Inca, o aliándose con los grupos sometidos por el reino que se pretendía conquistar, como fue el caso del Imperio Azteca.

El desconcentento de las poblaciones periféricas indígneas sometidas por las ciudades-Estado y la convicción de que la forma de vida de los españoles era mejor que la que hasta entonces habían tenido dispuso a dichas poblaciones de indios a unirse a los españoles. En algunos casos más del 90% de las tropas con las que contaron los españoles eran indígenas americanos. Entre otros casos, Cortés contó con la ayuda de los totonacas, de Cempoal y los tlaxcaltecas y Núñez de Balboa contó con 12 grandes caciques entre los que se encontraban Dabaibe, Careta, Cheru, Nacarao y Micoya. Pedro de Heredia conquistó Venezuela y Colombia con la ayuda del cacique Hinaldo. Pizarro contó en la conquista del Perú con la ayuda de los huancos. Antes de la llegada de Francisco Pizarro los incas ya se encontraban en una guerra civil. Para la conquista del Río de la Plata se contó con la ayuda de los guaraníes.[20]

La escritura[editar]

Jared Diamond explica que los engaños de los españoles en los que cayeron Atahualpa y Moctezuma se debían a que los españoles pertenecían a una sociedad alfabetizada que, gracias a la escritura, tenía a su disposición un enorme corpus de conocimiento sobre comportamiento humano e historia. Con respecto a las afirmaciones de Jared Diamond, hay que tener en cuenta que las sociedades mesoamericanas habían descubierto la escritura varios milenios antes de la llegada de los españoles, si bien el sistema de escritura era logográmico (a diferencia de los europeos que era alfabético), el cual era más difícil de aprender[cita requerida].

Las enfermedades[editar]

Autores como Jared Diamond resumen las causas de la victoria de Pizarro (paradigma de la conquista española) en «tecnología militar basada en armas de fuego y acero y caballos, enfermedades infecciosas endémicas en Eurasia, tecnología marítima europea, la organización política centralizada de los Estados europeos, y en la escritura».[21]

El escritor estadounidense Charles Mann dice que España «no habría vencido al Imperio (azteca) si, mientras Cortés construía las embarcaciones, Tenochtitlán no hubiera sido arrasada por la viruela en la misma pandemia que posteriormente asoló el Tahuantinsuyu. La gran ciudad perdió al menos la tercera parte de población a raíz de la epidemia, incluido Cuitlahuac».

Algo similar sucedió con el Imperio inca, derrotado por Francisco Pizarro en 1531. La primera epidemia de viruela fue en 1525 y mató entre otros al Emperador Huayna Cápac, padre de Atahualpa. Nuevas epidemias de viruela se declararon en 1533, 1535, 1558 y 1565, así como de tifus en 1546, gripe en 1558, difteria en 1614 y sarampión en 1618.[22] Dobyns estimó que el 90% de la población del Imperio incaico murió en esas epidemias.

Sin embargo, pudo haber habido también enfermedades propias de América que mermaran la población. Un estudio del médico personal de Felipe II de España, Francisco Hernández de Toledo, que realizó autopsias, habla de una epidemia de 1576. En algunas personas había gangrena en el cuerpo y a las víctimas les salía sangre de las orejas. Hernández conocía la viruela y el tifus y cuando llegó al Nuevo Mundo y supo que esa enfermedad no era ninguna de las enfermedades europeas. Dibujos realizados por los propios aztecas revelan los síntomas que producía esa enfermedad, que los propios aztecas llamaban cocoliztli. En 1545 y los años siguientes murieron 15 millones de personas y en 1570 murieron 2 millones, lo que puede corresponder a dos epidemias. Antes de dichos momentos hubo grandes sequías seguido de fuertes lluvias, lo que indica que esa puede ser la condición que se dio para que ese virus prosperara en las poblaciones de ratones y mutara para transmitirse a los humanos. Esa enfermedad no hizo demasiado daño a los españoles, cobrándose sobre todo víctimas entre los sacerdotes, que estaban siempre muy próximos a los indios.

Al igual que muchos indios perceían por enfermedades traídas por los españoles, enfermedades tropicales como la "barquía" o la "modorra" llegaron a causar la muerte de entre el 30% y el 50% de algunas expediciones españolas.[14]

Demografía[editar]

El factor decisivo en la derrota de las civilizaciones americanas fue la caída de sus líderes y emperadores, aunque posiblemente tuvo algún papel el colapso demográfico. Entre los investigadores y sectores sociales no hay consenso sobre las causas de ese colapso, atribuyéndolos unos a un genocidio, otros a la introducción de nuevas enfermedades y un tercer grupo a una combinación de ambas causas. El investigador norteamericano H. F. Dobyns[23] ha calculado que un 95% de la población total de América murió en los primeros 130 años después de la llegada de Colón. Por su parte, Cook y Borak, de la Universidad de Berkeley, establecieron luego de décadas de investigación, que la población en México disminuyó de 25,2 millones en 1518 a 700 mil personas en 1623, menos del 3% de la población original.[24] En 1492 España y Portugal juntas no superaban los 10 millones de personas.[25]

No hay consenso en considerar que el colapso demográfico de la población original de América fue la causa principal de su derrota militar. Cada caso fue particular. Sin embargo Steven Katz ha dicho al respecto:

Muy probablemente se trata del mayor desastre demográfico de la historia: la despoblación del Nuevo Mundo, con todo su terror, con toda su muerte.[26]

Sin embargo, nunca hubo voluntad de realizar un exterminio total de la población indígena por parte de los españoles, sino que inicialmente lo que pretendían era someter a la población para explotar los recursos y su mano de obra. Así fue al menos hasta la promulgación de las Leyes de Burgos y demás derecho indiano, que mostraban una seria preocupación por parte de la Corona por proteger de los abusos a los indígenas sometidos.

La conquista por la paz[editar]

La bula alejandrina de 1493 supuso el reconocimiento papal a la propiedad de las tierras recién descubiertas por los Reyes de España, cosa supeditada a la conversión de los indios al cristianismo. En Europa se creó un concepción de los indios como genus angelicum o "pueblo angelical". Tras los primeros viajes se trajeron a algunos indios a España y su complexión delgada, sus simples formas de vida y su aparente ingenuidad hicieron pensar a todos que en América habría una pronta civilización y evangelización. En España comenzó a crearse una concepción idealizada y dulce de los indios basada en esta primera impresión.[27]

Por supuesto, nada hacía suponer desde el primer momento las costumbres violentas de esos indios, que también se encontraban en América sumidos en guerras y que llevaban a cabo habitualmente prácticas como el canibalismo. De hecho, en 1512 los españoles solamente han podido asentarse en las islas del Caribe debido al belicismo indígena.[27]

Fernando el Católico encarga un estudio teológico y jurídico al dominico Matías de Paz y al jurista Juan López de Palacios, quienes concluyen que es ilícito hacer la guerra a los indios para obligarlos a la conversión pero que esa guerra puede ser justa si los caciques y jefes prohíben la libre conversión de los súbditos o hace falta la guerra para derribar las costumbres inhumanas cuando se negasen a abandonarlas. 20 años después Francisco de Vitoria y Domingo de Soto llegarán a las mismas conclusiones.[28]

A medida que avanza la conquista los indios van abandonando sus viejas costumbres y se inician las conversiones al cristianismo aunque se recurría a la guerra bastante a menudo sin que, a juicio de algunos, esto fuera necesario. Por esto, una Real Orden de 1526 dispone que cualquier expedición militar debe ir acompañada de clérigos legitimados para evitar el abuso. En 1549 se considera ya prácticamente pacificado el continente y se considera que el resto del trabajo ya corresponde casi exclusivamente a los misioneros.[29]

En 1572 Francisco de Vitoria ha escrito su tratado Relecciones sobre los Indios y ha fundado en Salamanca una escuela de juristas y teólogos que afirman "que el indio, para ser cristiano, necesita primero ser hombre y vivir como tal". En 1573 Felipe II prohíbe la conquista armada en América y se confiará la civilización a frailes y maestros.

El reparto de América entre las naciones europeas[editar]

Colonización española de América

La Colonización europea de América se inicia a finales del siglo XV luego de que Cristóbal Colón llegara en 1492 con el mecenazgo de los Reyes Católicos. A partir de ahí, el Imperio español el Imperio portugués, el Imperio británico, Francia y Holanda, conquistaron y colonizaron el continente, siendo el español el imperio más extenso.

El Imperio español fue el primero en realizar la conquista, y se asentaron principalmente en Norteamérica, Centroamérica y en el área andina de Sudamérica (imperios azteca e inca, respectivamente). A España se sumaría poco después Portugal alegando derechos territoriales sobre Brasil en virtud del Tratado de Alcáçovas, de las Bulas Alejandrinas y del Tratado de Tordesillas.

España fue la potencia que mayor presencia colonial impuso en América. Tomó posesión por la fuerza de los dos grandes imperios existentes en América en ese momento. España se apropió de toda la Costa Oeste de Norteamérica hasta Alaska y de territorios en el interior y de la península de Florida, además de toda Centroamérica, el Caribe y toda Sudamérica con la excepción de una zona costera atlántica que luego vino a ser Brasil. En dicha expansión el Imperio Español derrotaría al Imperio Azteca y al Imperio Inca, además de presentar batalla y dominar territorios de distintas tribus americanas.

Inglaterra estableció trece colonias en la Costa Este de Norteamérica y de buena parte de Canadá, además de conquistar a España algunas islas del Caribe, como Jamaica.

Francia ocupó la actual Guayana Francesa en Sudamérica (aún bajo su dominio), Luisiana en el Golfo de México, algunas islas del Caribe, y la región canadiense de Quebec. En el siglo XIX los españoles cederían a Francia la mitad occidental de La Española; el actual Haití.

Holanda estableció colonias en Norteamérica (Nueva Ámsterdam que luego sería Nueva York), el Norte de Sudamérica (Guyana holandesa, hoy Surinam) y algunos asentamientos en islas caribeñas (Antillas Neerlandesas y Aruba).

Diferencias de los conquistadores españoles con respecto a la conquista anglosajona[editar]

La conquista inglesa comienza con un siglo de retraso con respecto a la española. En el siglo siglo XVII el potente mosquete y la llave de chispa suponen una gran mejora de las armas de fuego de la que sacan provecho los ingleses. Las colonias americanas se independizarán de Inglaterra en el siglo XVIII y en el siglo XIX los estadounidenses aniquilarán a los indios fácilmente con sus nuevos fusiles y con revólveres.[30]

Los conquistadores anglosajones lucharon con una ventaja de 2 a 1 para ocupar América del Norte en 200 años y los conquistadores españoles sometieron el triple de territorio en 4 veces menos tiempo y con una inferioridad numérica de 300 a 1.[30]

Los conquistadores anglosajones no crearon nada, porque se limitaron a ejecutar a los indios para posteriormente ocupar sus territorios, donde trasladaron por entero las formas europeas de vida. Los españoles crearían en América un mundo nuevo mediante la fusión de las culturas Europea e indígena, algo que no se había producido en la historia desde el Imperio Romano.[30] La colonización anglosajona estaba formada por expatriados protestantes que no eran tolerados por los anglicanos en Gran Bretaña y que trajeron sus costumbres y sus mujeres, por lo que marcaron sus posesiones y luego expulsaron a los nativos. Por el contrario, los españoles no crearon una sociedad diferenciada por la raza porque apenas viajaban mujeres a América en los primeros tiempos. Los españoles se unieron a las indias y las bautizaron formando un pueblo mestizo.[31]

Para los colonos protestantes los indios no eran almas esperando recibir la fe, sino unos pecadores ingratos que no habían sabido rentabilizar las tierras y talentos que Dios les había dado. De este modo, Dios, dolorido por tan ingrata actitud, habría decidido readjudicarlas a sus fieles hijos anglosajones. El presidente Theodore Roosevelt dijo:[32]

Si se hubieran dejado a los indios por humanitarismo, sus terrenos de caza, ello hubiera significado abandonar amplios contingentes de tierras a disposición de los salvajes, cosa inconcebible. No quedaba otra alternativa; había que desplazarlos

El oficial estadounidense Philip Sheridan dijo:[32]

Los únicos indios buenos son los que están muertos

Los únicos indios en el territorio de los actuales Estados Unidos que no han sido exterminados ni expulsados y que conservan sus tierras son los indios pueblas. La razón es que sus territorios se encuentran en Nuevo México, territorio que perteneció a la corona española y esos indios estuvieron protegidos por las Leyes de Indias españolas. Cuando Nuevo México pasó a formar parte de los Estados Unidos se hizo con la condición de respetar los derechos y libertades de sus habitantes.[30]

A esto hay que sumar el darwinismo social, que es aplicar las teorías evolutivas de Darwin a la sociedad humana situando al indio un escalón por debajo del hombre blanco lo que impedía a los anglosajones el mestizaje y el respeto a sus derechos.[32]

Los anglosajones lograron hacer realidad en América del Norte lo que no pudo lleva a cabo siglos después ni siquiera Adolf Hitler: exterminar razas enteras.[32]

Hasta mediados del siglo XX no les han sido reconocidos derechos civiles a los indígenas de las antiguas colonias anglosajonas de América, Sudáfrica, Australia, etcétera, e incluso hoy día se les sigue sin reconocer el derecho a sus antiguas tierras.[32]

En Australia, por ejemplo, había 3 millones de aborígenes cuando llegaron los primeros ingleses. Un siglo después sólo había 60.000. Los ingleses llegaron a convertir en un deporte matar aborígenes con fusil, espada y a galope. Los aborígenes de Tasmania tuvieron peor suerte pues fueron completamente exterminados con una técnica llamada "Cordón negro" que consistía en una línea de 2.200 soldados que cubría todo el ancho de la isla mientras disparaban contra los aborígenes al avanzar.[32]

Hasta los años 1960 estaba bien considerado y era legal en Australia tomar a los niños de los aborígenes para traerlos a casa a trabajar para tareas domésticas si eran niñas o para trabajar en el campo si eran niños.[32]

El oro[editar]

Recreación de unos lingotes de plata en una caja de caudales. La plata resultó ser el metal precioso más abundante en América. Pabellón de la Navegación de Sevilla.

Se ha relacionado mucho la presencia española en América con la búsqueda de oro de los conquistadores. Ciertamente, las leyendas sobre las Siete Ciudades de oro de Cíbola en América del Norte y El Dorado en Sudamérica motivaron algunas expediciones, como las de Vázquez de Coronado y Francisco de Orellana.

Aunque la realidad más frecuente era mucho más prosaica, porque los conquistadores no buscaban tanto ciudades míticas doradas como la conquista de tierras que pudieran reportarles riquezas: yacimientos mineros, mano de obra, campos... Cristóbal Colón ya logró encontrar oro en La Española y Centroamérica por lo que la existencia de oro era algo constatado. Sin embargo, a posteriori se descubriría que el metal precioso más abundante en América era la plata, y los españoles la extrajeron durante siglos de México, Perú, Bolivia y Chile.[33]

A partir de finales del siglo XV, los españoles (sobre todo andaluces y extremeños), conscientes de que el mundo ahora era más grande decidían emigrar a un lugar que les proporcionara una gran prosperidad. Las pepitas de oro que habían llegado del Caribe fueron suficientes como para alentar una "fiebre del oro" que aumentó el interés en ir al Nuevo Mundo. Bernal Díaz del Castillo, en su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España dijo:

Vinimos aquí por servir a Dios y a su majestad, y también por haber riquezas

Además los metales preciosos no fueron el único negocio posible en el Nuevo Mundo. Por ejemplo, el conquistador Juan Ponce de León logró hacer fortuna comerciando con el pan de yuca.[34]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. García Icazbalceta, Joaquín "Colección de documentos para la historia de México" "Leyes y ordenanzas" (Dada en la ciudad de Barcelona, a veinte días del mes de Noviembre, año del nacimiento de nuestro Salvador Jesucristo de mill e quinientos e cuarenta y dos años) y addenda 4 de junio de 1543; 26 de junio de 1543; 26 de mayo de 1544 texto en la web Cervantes Virtual
  2. Sahagún, Fray Bernardino de, Historia general de las cosas de Nueva España, T I, pag. 29
  3. De las Casas, Bartolomé. Brevísima relación de la destrucción de las Indias. (ver texto)
  4. a b Sánchez Galera, op. cit., p. 176
  5. Sánchez Galera, op. cit., p. 178
  6. a b c d Sánchez Galera, op. cit., p. 188
  7. Ortiz de Montellano, Bernardo Ortiz de Montellano (1993). Medicina, salud y nutrición aztecas. Siglo XXI. p. 114. 
  8. Sánchez Galera, op. cit., p. 190
  9. Sánchez Galera, op. cit., p. 193
  10. a b c Sánchez Galera, op. cit., p. 180
  11. Sánchez Galera, op. cit., p. 181-182
  12. Sánchez Galera, op. cit., p. 184
  13. Sánchez Galera, op. cit., p. 184
  14. a b c Sánchez Galera, op. cit., p. 185
  15. a b Mann, Charles (2006). 1491; Madrid:Taurus, pag. 123
  16. Sánchez Galera, op. cit., p. 188
  17. Bethany Aram, op. cit., p. 51
  18. Sánchez Galera, op. cit., p. 186
  19. a b Mann, Charles (2006). 1491; Madrid:Taurus, pag. 178
  20. Sánchez Galera, op. cit., p. 192
  21. Jared Diamond, Guns, germs and steel, 1997, ISBN 0-09-930278-0, pg. 80.
  22. Mann, Charles (2006). 1491, Madrid, Taurus, pag. 133
  23. Dobyns, H. F. (1983). Their number become thinned: Native American population dynamics in Eastern North America, Knoxville (Tenn.), University of Tennesee Press.
  24. Cook, S. F. y W. W. Borah (1963), The indian population of Central Mexico, Berkeley (Cal.), University of California Press
  25. Mann, Charles (2006). 1491; Madrid:Taurus, pag. 136
  26. Katz, S. T. (1994-2003). The Holocaust in Historical Context, (2 vols.), Nueva York, Oxford Universtity Press
  27. a b Sánchez Galera, op. cit., p. 193
  28. Sánchez Galera, op. cit., p. 194
  29. Sánchez Galera, op. cit., p. 196
  30. a b c d Sánchez Galera, op. cit., p. 197
  31. Sánchez Galera, op. cit., p. 198
  32. a b c d e f g Sánchez Galera, op. cit., p. 199
  33. Sánchez Galera, op. cit., p. 203
  34. Documental del Canal Bio True Story. «Juan Ponce de León. El Primer Conquistador».

Bibliografía[editar]

  • Conquistadores, Michael Wood (BBC Books, 2000).
  • Los Conquistadores, Hammond Innes (Penguin, 2002).
  • Vamos a Contar Mentiras, Juan Sánchez Galera y Jose María Sánchez Galera. (Edaf, 2012)
  • Leyenda negra y leyendas doradas en la conquista de América: Pedrarias y Balboa. Bethany Aram (Ediciones Hitoria, 2007) Libro online

Enlaces externos[editar]