Conquista y colonización española de Argentina

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Este artículo trata de las acciones de conquista y colonización por parte de los españoles en parte del territorio de la actual República Argentina, entre los siglos XVI y XIX, incluyendo la creación del Virreinato del Río de la Plata en 1776, hasta la Revolución de Mayo sucedida el 25 de mayo de 1810, en la cual fue expulsado el virrey español y nombrada una junta de autogobierno.

La conquista española (1516-1665)[editar]

Expediciones iniciales[editar]

Planisferio de Cantino (1502), muestra la Línea de Tordesillas con la que se dividió el mundo en 1494. Sería aproximadamente el meridiano 60 en medidas actuales. En su extremo inferior izquierdo puede verse en blanco la zona (aún ignota por entonces) en la que se encontraba el actual territorio argentino.

Los primeros europeos que llegaron al área de América en donde está situada Argentina, lo hicieron buscando un paso hacia Asia. Por entonces, América era sólo un obstáculo entre España y las riquezas de Catay y Cipango en Asia. La zona, además, estaba ubicada aproximadamente sobre la Línea de Tordesillas, la división del mundo que estableció el Papa entre España y Portugal y, por lo tanto, tenía para ambos países la condición de frontera aún no ocupada.

Aunque existen muchas discusiones sobre la autenticidad de los viajes de Américo Vespucio, conocidos por sus famosas seis cartas o mapas (en la cuarta, llamada Mundus Novus, es donde denomina "Nuevo Mundo" a la tierra a la que llegó Colón), varios historiadores defienden que participó de la primera expedición europea (portuguesa) en llegar al actual territorio argentino o más bien a las aguas del Río de la Plata y a las de la Patagonia, en 1502. De esa expedición no se guarda registro del nombre del capitán, ni del piloto, ni de ninguno de los expedicionarios con excepción de Vespucio. En una de sus cartas Vespucio describe un río que, por su ancho, no puede ser ningún otro que el Río de la Plata:

Pasado este cabo entra un río de mas de veinte leguas de ancho, a do[nde] hay gentes que comen carne humana.

No obstante existe una controversia antigua y aún no resuelta en la tradición historiográfica, sobre la veracidad o no de los viajes de Vespucio al territorio rioplatense, dudando ciertos historiadores en la identificación de lo descrito supuestamente por Vespucio o incluso dudando de la autoría de las cartas referidas al Río de la Plata, considerándolas apócrifas.[1]

En 1516 el navegante Juan Díaz de Solís visitó lo que actualmente se conoce como Argentina, navegando el actual Río de la Plata, al que denominó Mar Dulce, llegando hasta la isla Martín García[2] y navegando un breve trecho del Río Uruguay, donde murió en un combate con los charrúas. Es por tanto el primer europeo del que tengamos constancia segura en pisar suelo de la actual Argentina.

Al regresar a España una de las carabelas naufragó frente a la Isla de Santa Catalina (actual Brasil), quedando abandonados allí 18 náufragos. Uno de ellos Alejo García fue el primero en conocer la leyenda del Rey Blanco, un monarca de un país tan rico en plata, que estaba recubierto en él, origen a su vez del término Argentina. Alejo García realizó una excursión a las tierras del Rey Blanco, con un grupo de guaraníes, llegando hasta zonas cercanas al cerro Potosí, donde se hizo de un enorme tesoro de piezas de plata. Al volver murió en un combate con los indios payaguás.

En 1519 y 1520 Hernando de Magallanes, en el primer y famoso viaje de circunvalación del mundo, recorrió toda la costa de la actual Argentina, hasta el estrecho que lleva su nombre al que llegó el 21 de octubre de 1520.

Hernando de Magallanes recorrió la totalidad del litoral argentino en 1520, se encontró con los Tsonk, a los que por su altura denominó como Patagones, en relación a un personaje de ficción de la época, y descubrió el estrecho que lleva su nombre. Se cree que naves de su expedición, desviadas por causa de un temporal, habrían llegado a las islas Malvinas; en su expedición viajó Antonio Pigafetta, autor de las primeras descripciones geográficas del país.

En 1525 fray García Jofre de Loaísa dirige una expedición que recorrió la Patagonia e incluso se establecen brevemente en el puerto Santa Cruz para reparar dos naves.

En 1526 Sebastián Gaboto (italiano), zarpó de España para dirigirse a las islas Molucas en Oceanía, con el objeto de repetir el viaje de Magallanes y Elcano. Al llegar a la isla de Isla de Santa Catarina, tomó contacto con los guaraníes que habían pertenecido a la expedición de Alejo García y llevado los tesoros de plata. También supo que se podía llegar a las tierras del Rey Blanco por un ancho río, el río de Solís, que se internaba hacia una tierra llamada "Sierra del Plata".

En abril de 1527 Gaboto ingresó al Río de la Plata y el 6 de abril estableció una pequeña fortaleza llamada San Salvador, cerca de la actual ciudad de Carmelo (Uruguay). Allí encuentra a Francisco del Puerto, sobreviviente del grupo de Solís, quien vivía con los charrúas y le confirma la existencia de un Imperio de Plata, aguas arriba. El 9 de junio de 1527 Gaboto ordenó establecer un fuerte al que llamó Sancti Spiritu, primer asentamiento europeo en el actual territorio argentino, cerca de la actual ciudad de Coronda, en la boca del río Carcarañá, en la actual provincia de Santa Fe. Desde el fuerte Gaboto mandó tres expediciones; de dos de ellas nada se supo, pero la tercera, comandada por Francisco César, llegó a una sierras (probablemente las Sierras de Córdoba) donde encontraron un pueblo [probablemente los henia-kamiare, o "comechingones"] que «cuidaban carneros de la tierra de cuya lana hacían ropas bien tejidas», posiblemente también obra de diaguitas. Recogieron también piezas de plata provenientes del norte.

Gaboto remontó el río Paraná, llegando hasta Itatí. Luego remontó el Río Paraguay, ingresando aguas arriba por el Río Bermejo, pero debido a la resistencia de los payaguás volvió a Sancti Spíritu. Allí se encontró con otro expedicionario español: Diego García de Moguer.

García y Gaboto habían competido entre sí desde su salida simultánea en España. Ambos tenían como misión dirigirse a las Molucas. Diego García se demoró en Santa Catalina, pero decidió, al igual que Gaboto, alterar sus planes para internarse en el continente americano en busca del Rey Blanco y sus riquezas en plata. Al entrar por el río de Solís , lo denominó por primera vez Río de la Plata, asociándolo inconfundiblemente con la razón de su expedición. García tomó prisioneros a gran cantidad de indígenas, posiblemente charrúas y los mandó como esclavos a España en la carabela, siguiendo él y algunos de sus hombres, viaje aguas arriba con un pequeño bergantín, hasta llegar a Sancti Spíritu.

Inicialmente, Alejo García y Gaboto discutieron sobre quien de los dos tenía derecho de conquista. Pero poco después, ante la resistencia de los timbúes, ambos volvieron a San Salvador, dejando una pequeña guarnición en Sancti Spíritu al mando de Gregorio Caro. En septiembre de 1528 los indios timbúes atacaron a la pequeña guarnición de españoles y les derrotaronn a los españoles. Aunque García y Gaboto, pensaron inicialmente en refundar Sancti Spíritu, finalmente decidieron retirarse definitivamente a España, donde difundieron las noticias sobre el Rey Blanco y el Río de la Plata. Portugueses y españoles aceleraron entonces los planes para tomar posesión de esa región, que ambos consideraban estaba de su lado de la Línea de Tordesillas.

En 1531 Portugal envió una gran expedición al mando de Martín Alfonso de Souza para tomar posesión del Río de la Plata y expulsar a los españoles. Llegó hasta la Isla Martín García, que rebautizó Santa Ana. Se internó por el río Uruguay y se enteró que los españoles del fuerte San Salvador habían sido derrotados. Decidió entonces retirarse al cabo de Santa María (donde actualmente se encuentra La Paloma, Uruguay). Allí tomó medidas astronómicas y llegó a la conclusión que estaba del lado español de la Línea de Tordesillas, por lo que volvió a Portugal sin realizar fundación alguna.

Buenos Aires, 1536.

En 1536 Pedro de Mendoza fundó el Puerto de Santa María del Buen Ayre (luego acortado a Buenos Aires). Sin embargo, el asentamiento fracasó debido a las hambrunas y los conflictos con los indígenas. Algunos de los habitantes de la población, privados de alimentos y sitiados por los indígenas, se vieron llevados al canibalismo. La ciudad fue abandonada, y sus pobladores se establecieron en la Casa Fuerte de Asunción del Paraguay.

Luego los españoles, tras haberse fortalecidos en un lugar tan dentro del Interior de América del Sur como lo ha sido y aún lo es Asunción, lograron reanudar sus conquistas fundando varias otras ciudades en la Cuenca del Plata: Corrientes, Santa Fe, Villa Rica del Espíritu Santo (fundada inicialmente por Juan de Salazar de Espinosa), Ontiveros, Buenos Aires (IIa fundación) debida a Juan de Garay, Santa Cruz de la Sierra (por parte de Ñuflo de Chávez) etc.

Luego de la conquista del Perú, la corona entregó títulos sobre las tierras de Sudamérica en " capitulaciones", concedidas al mejor postor. En 1534 La parte norte de la actual Argentina se entregó a Pedro de Mendoza y la mayor parte de la Patagonia le fue concedida a Simón de Alcazaba. Con posterioridad la región que se extiende desde el estrecho de Magallanes hasta el Polo Sur fue otorgada a Pedro Sarmiento de Gamboa. En los hechos, los españoles nunca tomaron control de amplios territorios sudamericanos, entre los que se encontraban la Patagonia, la mayor parte de la llanura pampeana, y el Gran Chaco.

Pedro de Mendoza llegó al Río de la Plata en febrero de 1536 y fundó el Puerto de Santa María del Buen Ayre, en honor a la virgen de Bonaria, de la ciudad de Cagliari, en Cerdeña, patrona de los navegantes. Oficialmente se ha establecido que la ciudad se habría asentado en el actual Parque Lezama de Buenos Aires, aunque existen serias dudas.[3] El trato con los pampas y querandíes que habitaban el área fue al comienzo cordial, abasteciéndose la expedición de víveres gracias a ellos, pero como estos pueblos eran nómadas y llevaban una economía de subsistencia, pronto las relaciones se tensaron debido a que los españoles demandaban lo que los "indios" no tenían para dar. Así, mientras los capitanes de la expedición recorrían la región en busca de oro y plata, quienes se quedaron en la ciudad guerreaban constantemente con los locales. En esta situación tras una cruel matanza de aborígenes, éstos cercaron la ciudad, llevando a sus ocupantes a la hambruna y el canibalismo.

Mientras tanto Juan de Ayolas remontó el río Paraná, a orillas del cual fundó el fuerte Corpus Christi, cerca de las ruinas de Sancti Spiritus. En el norte del Paraguay, sobre el río del mismo nombre, fundó Candelaria, desde dónde saldría en dirección al Alto Perú como gobernador delegado desde que Mendoza volvió a España debido a su salud, muriendo de sífilis en el trayecto.

Desde Candelaria, Domingo Martínez de Irala y Juan de Salazar de Espinosa continuaron la exploración, cuyos resultados fueron la fundación de Asunción (1537) y la llegada a la ansiada "Sierra del Plata", en realidad el cerro Potosí, a la que otra expedición española había arriba con anterioridad. Por su extraordinaria riqueza en plata Potosí se convertiría en el centro económico de la dominación española en América del Sur.

En 1537, a raíz de la muerte de Pedro de Mendoza, la corona dictó la real cédula del 12 de septiembre de 1537, que determinaba que, en caso de la muerte de Ayolas, quedaría a cargo un gobernador elegido por el voto de los habitantes. Tras la muerte de Ayolas, Irala fue elegido gobernador y entró en conflicto con Francisco Ruiz Galán, comisionado por Pedro de Mendoza a cargo de Buenos Aires. Al frente del gobierno, Irala ordenó el despoblamiento de Buenos Aires, lo cual ocurrió en 1541.

En el caso de la otra capitulación que cubría el actual territorio argentino, a cargo de Simón de Alcazaba y un grupo denominado "los leones", tuvo destino trágico. A principios de 1535 la expedición llegó al golfo de San Jorge, actual Chubut, donde fundó el fuerte denominado Nueva León, desde el cual realizaron varias expediciones. Sin embargo, debido a las inclemencias del clima y el terreno, los pocos sobrevivientes se amotinaron, mataron a Alcazaba y se dedicaron a la piratería.

En cuanto a Sarmiento de Gamboa, logró fundar Filipolis (o Real Felipe) y Nombre de Jesús en el estrecho de Magallanes (actualmente jurisdicción chilena), pero estas fundaciones fracasaron por el clima y -sobre todo- por la actividad de corsarios ingleses (Sarmiento de Gamboa fue secuestrado por éstos).

De este modo puede decirse que las capitulaciones tuvieron pobres resultados, con excepción de la fundación de Asunción del Paraguay, conocida como "Madre de Ciudades", pues se constituyó en la base española para la conquista y colonización de la mayor parte de lo que luego sería la Argentina, Paraguay y Uruguay y el sector oeste de Bolivia (Santa Cruz de la Sierra).

La fundación de Santiago del Estero y la conquista del reino de Tucma o Tucumán[editar]

El interior argentino comenzó a ser explorado poco después de la conquista del Perú. En 1535 Diego de Almagro recorrió el norte en busca de un paso hacia Chile. Fue Diego de Rojas el primero en realizar una exploración con destino al territorio entonces conocido como Tucumán (Entrada de Diego de Rojas al Tucumán). Entrando por la puna jujeña en 1543, Rojas fue muerto en una reyerta con los indígenas en Santiago del Estero. La expedición continuó al mando de Francisco de Mendoza, con quien llegaron al río Paraná. Sin embargo Mendoza fue muerto por sus hombres debido a su trato despótico y los sobrevivientes volvieron al Perú. El gobierno peruano, a cargo del "pacificador" Pedro de la Gasca, encomendó una tercera expedición al mando de Juan Núñez de Prado, quien comenzó su marcha en 1549 con el objetivo de colonizar el territorio. La "entrada" de Núñez del Prado consiguió su objetivo en 1550 con la fundación de la ciudad de El Barco al amparo de la sierra del Aconquija (actual provincia de Tucumán). Poco tiempo después llegó al lugar Francisco de Villagra, lugarteniente del adelantado de Chile, Pedro de Valdivia, alegando que esas tierras correspondían a la jurisdicción de la Capitanía General de Chile. Núñez del Prado decidió trasladar la ciudad más al norte, en los Valles Calchaquíes, de difícil acceso y dónde se habían refugiado varias tribus aborígenes de la persecución española. La hostilidad de los diaquitas determinó que la ciudad del Barco se trasladase una segunda vez, nuevamente al sur, estableciéndose a orillas del río Dulce (actual Santiago del Estero). Enterado de esto, Valdivia envió a Francisco de Aguirre para remplazar a Núñez del Prado, a quien despachó al Perú apresado. Ya en posesión de la ciudad, decidió un tercer traslado, dos km al sur, a un lugar más elevado, renombrándola Santiago del Estero (1553).

La provincia del Tucumán siguió dependiente de Chile por diez años. En ese período se fundaron tres ciudades como defensa de Santiago del Estero, Cañete, Londres y Córdoba del Calchaquí, pero la hostilidad del gobernador Castañeda hacia los indios determinó un alzamiento de éstos bajo la dirección de Juan Calchaquí, cacique de los Omaguacas, quienes destruyeron las ciudades establecidas como defensa. Cuando en 1563 Felipe II decretó que el Tucumán dependería de la Audiencia de Charcas, fue nombrado gobernador nuevamente Francisco de Aguirre. Éste decidió reconstruir las ciudades que habían sido destruidas, y, en 1565 Diego de Villaroel fundó San Miguel de Tucumán dónde antes había existido Cañete. El sucesor de Aguirre, Jerónimo Luis de Cabrera, busco desprenderse de la tutela de Charcas, orientando la colonización hacia el Atlántico para relacionarse directamente con España. Así, en 1573 fundó la ciudad de Córdoba de la nueva Andalucía.

La refundación de Buenos Aires desde Paraguay[editar]

En el Río de la Plata, la colonización se había concentrado en el Paraguay, donde los guaraníes eran numerosos y sedentarios, pasibles de ser encomendados. Luego del largo gobierno de Irala, el gobernador Juan de Garay tenía la misma idea que Cabrera, de manera que en 1573 marchó a repoblar Buenos Aires. En el camino a la vera del Paraná se encontró con Cabrera, quien le reconoció el derecho sobre la zona. Garay entonces decidió fundar en el lugar una ciudad intermedia: Santa Fe de la Vera Cruz. La tarea de Garay se completó en 1580, cuando fundó la ciudad de Trinidad y Puerto de Santa María del Buen Ayre, que con el tiempo sería conocida como Buenos Aires.

Fundación de ciudades que serían las semillas de las futuras provincias[editar]

Desde los distintos centros españoles instalados originalmente en territorio argentino, la colonización continuó de manera paulatina, mediante la fundación de ciudades que siglos más tarde serían origen de las provincias argentinas: Hermando de Lerma funda en 1582 la ciudad de San Felipe de Lerma en el Valle de Salta, en 1588 el licenciado Juan de Torres de Vera y Aragón, 4º Adelantado del Río de la Plata, culmina el proceso en la provincia del Río de la Plata con la fundación de San Juan de Vera de las Siete Corrientes, en 1591 Juan Ramírez de Velasco funda la ciudad de Todos los Santos de la Nueva Rioja, y en 1593 es fundada San Salvador de Jujuy por Francisco de Argañaraz. La última de las ciudades argentinas es San Fernando del Valle de Catamarca, fundada en 1683 por Fernando Mate de Luna.

Las Guerras Calchaquíes entre españoles y diaguitas[editar]

Durante todo el período de la conquista los españoles no habían logrado penetrar en los Valles Calchaquíes, donde se habían refugiado la cultura diaguita (autodenominada pazioca), una avanzada confederación de señoríos agroalfareros independientes perteneciente a la Cultura Santa María, unidos por una lengua común, el kakán y parte a su vez del gran grupo de la civilización andina. Los españoles se refirieron a sus integrantes, incorrectamente, como calchaquíes, nombre correspondiente a uno de los señoríos paziocas. Los señoríos paziocas estaban reunidos en tres grandes naciones: pulares al norte, diaguitas al oeste y calchaquíes el este. Una antigua tradición de independencia de los paziocas y la escasa cantidad de invasores españoles en el Tucumán, permitió una serie de actos de defensa de su territorio por parte de la confederación Pazioca. Estas luchas han sido históricamente conocidas como las Guerras Calchaquíes que se extendieron por más de un siglo y que comenzaron en 1562.

La Primera Guerra Calchaquí se desató en 1562 y fue conducida el cacique Juan Calchaquí, curacas Quipildor y Viltipoco. La confederación logró mantener a los invasores fuera de su territorio, arrasando las tres ciudades nuevas fundadas por los españoles: Cañete (Tucumán), Córdoba de Calchaquí y Londres (Catamarca). La historiografía hispano-americana considera a esta guerra como "una de las mayores tragedias de nuestra historia".[4] Esta guerra provocó la decisión del Rey español en 1563 separar el Tucumán de Chile para crear una gobernación dependiente del virrey de Perú.

En Segunda Guerra Calchaquí duró 7 años (1630-1637) y fue dirigida por el Curaca Chalamín. Los diaguitas volvieron a destruir las ciudades instaladas por los invasores, Londres II (Catamarca) y Nuestra Señora de Guadalupe (Calchaquí). En 1637 el ejército español atrapó y ejecutó al curaca Chalamín. Los habitantes del señorío diaguita, que condujo la guerra, fueron deportados y reducidos a la esclavitud por los españoles.

La Tercera Guerra Calchaquí se extendió por ocho años (1658-1667). Esta guerra tuvo la particularidad de que, en sus inicios, actuó un aventurero andaluz, Pedro Bohórquez, quien sostenía ser inca, fue aceptado como líder militar por los paziocas. Bohórquez maniobró con astucia, obtuvo incluso el apoyo de los jesuitas, y organizó un sólido ejército pazioca con el que mantuvo el control de la región durante varios años. Sin embargo en 1659 se entregó a los españoles con la intención de ser perdonado, quienes lo enviaron a Lima y finalmente lo ejecutaron. La confederación continuó la guerra dirigida por José Henriquez. Al ser vencido el señorío de los Quilmes en 1665, que condujo la tercera guerra, los españoles dispusieron su completo desarraigo y deportación a una zona cercana a Buenos Aires, donde finalmente fueron exterminados.[5] En ese lugar hoy se levanta la ciudad de Quilmes. La guerra terminó el 2 de enero de 1667 al ser vencidos el último de los señoríos paziocas, los Acalianes o Calianos.[6] Los españoles tomaron la decisión de dividir, deportar y reducir a los pueblos pazioca a la esclavitud.

La colonia y el Virreinato (1665-1810)[editar]

La represión de los indígenas de los valles Calchaquíes, la entrega en mita de muchos de ellos para trabajar en las minas del Potosí, el proceso de mestizaje y la gran aculturación hicieron que las encomiendas que alguna vez florecieran en el Tucumán fueran reemplazadas por un campesinado relativamente libre. En la segunda mitad del siglo XVI, tanto el Alto Perú y el Tucumán, como el Paraguay exigían la creación de un puerto en el Atlántico sur para poder establecer lazos de comercio más cercanos con España y a la vez disminuir su aislamiento. Es por estos motivos, y por la amenaza de incursiones extranjeras en el Río de la Plata que la Corona española autoriza la segunda fundación de Buenos Aires. Desde entonces se convirtió en la salida natural de los productos altoperuanos (entre ellos la plata) y del Paraguay. Se estableció entonces, en la década de 1580, un lucrativo comercio entre el Tucumán y el Brasil, a través de la ciudad. Sin embargo, debido a la salida no autorizada de metales precisos por esta vía, en 1594 la corona prohíbe el comercio en el puerto de Buenos Aires, con algunas excepciones para evitar el desabastecimiento de la población: la autorización de fletar dos embarcaciones anuales con productos de la zona (cueros, principalmente), y una cierta tolerancia al contrabando.

El contrabando[editar]

Es justamente esto último (el contrabando) lo que sería la principal actividad económica de Buenos Aires colonial pre-virreinato, y un constante objeto de persecución de algunas autoridades. Entre éstos se destacó Hernando Arias de Saavedra (Hernandarias), primer gobernador del Río de la Plata nacido en América y fue uno de los más destafadores del mundo. Su constante lucha contra los contrabandistas criollos y portugueses en el Plata fue, sin embargo, en vano. Es por ello que, en 1617, obtiene la división de la provincia en dos: el Paraguay y el Río de la Plata (territorios de las ciudades de Buenos Aires, Santa Fe y Corrientes).

El contrabando se realizaba en forma bastante abierta: generalmente un barco portugués, holandés o francés declaraba que se averiaba (aunque esto fuera una falsedad) en las cercanías de la entonces pequeña (una aldea aunque con puerto de ultramar) pero estratégica ciudad de Buenos Aires y solicitaba las reparaciones necesarias, las cuales pagaba con parte de la carga que llevaba. Muchos comerciantes hicieron grandes fortunas en Buenos Aires, debido a la necesidad de bienes materiales e insumos que eran necesarios en Tucumán y el Alto Perú, que se hacían innecesariamente onerosos a través del sistema de flotas y galeones, que debía atravesar el istmo de Panamá, embarcados hasta Lima y luego cruzar los Andes (y varias aduanas secas). Una aduana seca establecida en Córdoba en 1622 fue la reacción para detener la demanda de bienes contrabandeados.

La fundación de la Colonia del Sacramento por los portugueses justo enfrente de Buenos Aires en 1680, vino a reafirmar el crecimiento del contrabando. Tomada meses después por el gobernador del Río de la Plata José de Garro con un contingente de indios de las Misiones, fue restituida a Portugal un año después por un tratado. Colonia fue nuevamente tomada en 1705, bajo el influjo de la Guerra de Sucesión Española, para ser devuelta nuevamente en 1715, esta vez bajo el influjo de la Paz de Utrecht. La pelea entre España y Portugal por el Río de la Plata continuó en 1724, cuando el gobernador español Bruno Mauricio de Zavala funda la ciudad de Montevideo para evitar la toma de esa bahía por un contingente proveniente de Brasil. En 1750, España, por el Tratado de Permuta, intercambia Colonia a cambio del Mato Grosso y parte de las misiones guaraníticas, originando una guerra entre bandeirantes y guaraníes. Este tratado fue a su vez derogado en 1761, y en 1762, a causa de la Guerra de los Siete Años, el gobernador Pedro de Cevallos toma por tercera vez Colonia, que es devuelta al año siguiente por España a cambio de La Habana y Manila, tomadas por los ingleses.

Es finalmente en 1776 que España se da cuenta de que debe actuar para echar a los portugueses del Río de la Plata, cuando decide la creación del virreinato. Así es como Pedro de Cevallos es enviado a cargo de un importante ejército, que fue aumentado con un contingente de guaraníes, acostumbrados a luchar con los portugueses. Cevallos toma Colonia y la destruye, sembrando sal en el lugar de forma simbólica, ya que la ciudad sería luego repoblada por criollos. Mientras preparaba el ataque a la provincia portuguesa de Río Grande del Sur, se firma en 1777 el tratado de San Ildefonso, que repite las cláusulas del de Permuta.

Las reducciones jesuíticas[editar]

En 1609 se funda la primera de las misiones jesuíticas guaraníes. Las treinta misiones llegaron a ser, en el siglo XVIII, un verdadero emporio comercial, un "estado dentro del estado" como lo denominaban sus detractores, que se estableció como un sistema de organización económica y social distinto al de las colonias que las rodeaban. Es por esto, por el respeto que los jesuitas tuvieron por la organización social comunitaria de los guaraníes, en lo que se basó el crecimiento de ellas. Las misiones eran pueblos indígenas, administrados por los mismos guaraníes (bajo la mirada paternalista de los misioneros), donde la tierra se dividía en dos: la tupá mbaé (propiedad de Dios), comunitaria, y la avá mbaé (propiedad del hombre), para la explotación familiar. El excedente era comercializado por todas las colonias circundantes (el Plata, Tucumán, el Brasil y hasta el Alto Perú y España) y les proporcionaba medios a los jesuitas para expandir las misiones y mantener sus colegios y universidades (como los que tenían en Córdoba, centro regional de la Compañía de Jesús).

Los principales productos comercializados por las misiones eran la yerba mate, el tabaco, el cuero y las fibras textiles. Sin embargo, las misiones debieron soportar un fuerte asedio de los bandeirantes, partidas de portugueses que se internaban en la selva para "cazar indios" con el objeto de venderlos como esclavos en su base de San Pablo, que irónicamente nació como reducción jesuita). Las Misiones jugaron un papel clave en la defensa del Paraguay y el Río de la Plata de la expansión portuguesa. Justamente, después de la batalla de Mbororé, en 1641 (que duró 10 días), en la que un ejército de guaraníes al mando de los jesuitas (muchos de los cuales habían sido antes soldados) derrotó a una bandeira (un ejército lusobrasileño de bandeirantes) , que se les permitió por primera vez a los indígenas utilizar armas de fuego (si bien sólo las de menor calibre). Estos ejércitos misioneros fueron de gran utilidad durante los enfrentamientos entre España y Portugal en el Río de la Plata.

No sólo a trabajar, rezar y pelear les enseñaron los jesuitas, sino también música y otras artes (de las que aún se pueden admirar se destacan las "barrocas" arquitecturas exornadas con relieves barrocos resaltados en las piedras sillares o tallados en los rojos ladrillos de tipo romano. Es así que, luego de la expulsión de los jesuitas, muchos guaraníes se trasladaron a las ciudades coloniales, como Corrientes, Asunción o Buenos Aires, donde se destacaron como compositores y maestros de música, plateros y pintores. En 1767 España expulsó a la Compañía de Jesús de sus posesiones, con lo cual los pueblos de indios pasaron a depender de gobernadores civiles españoles, que los explotaron impunemente, hasta el punto que a principios del siglo XIX casi todas las misiones estaban despobladas y en ruinas.

Las verdaderas "misiones"[editar]

Los españoles no solamente les hicieron la guerra a los aborígenes. Entre ellos había muchas discusiones y diferentes opiniones sobre cómo tratarlos. Así, surgieron también organizaciones que, si bien tenían como objetivo colonizarlos y a menudo colaboraron con este fin, también propiciaron experiencias de integración pacífica. Las misiones eran establecimientos de órdenes religiosas de la Iglesia Católica, cuyo objetivo fundamental era evangelizar a los pueblos originarios, es decir convertirlos al cristianismo. Además, en ellas se procuraba agrupar a los aborígenes en un sitio fijo, educarlos en los conocimientos de los europeos, y acostumbrarlos a la disciplina y técnicas del trabajo occidental. Esta acción educativa y disciplinaria de las misiones tuvo un doble papel: por un lado, la colaboración en algunos aspectos con los objetivos de la conquista; por el otro, la parcial protección a los pueblos originarios respecto de la violencia militar típica de los conquistadores. Las misiones, entonces, mitigaron la voracidad de quienes sólo querían esclavizarlos, sin que les importaran sus vidas. Sin embargo, también ellas se beneficiaban del trabajo aborigen, y en muchos casos contribuyeron a sujetar por la vía pacífica a aquellos grupos no sometidos por la fuerza militar. Como una consecuencia menos inmediata de su paso por las misiones, la experiencia de los aborígenes en las mismas produjo importantes transformaciones culturales entre algunos grupos. Muchas lenguas americanas fueron volcadas a la palabra escrita, y se compusieron varios diccionarios y catecismos en idiomas originarios, cuya finalidad era facilitar la evangelización.

Economía colonial[editar]

Durante la era colonial y hasta el Reglamento de Comercio Libre de 1778, la economía del Tucumán y Cuyo estaba dedicada a la producción de insumos y bienes de consumo para los mercados del Alto y Bajo Perú, Buenos Aires y Paraguay. Así, vinos y aguardiente de Cuyo, mulas de Córdoba, tejidos de Salta y Tucumán, carretas de Córdoba y Tucumán, etc., se producían bajo el amparo del proteccionismo español. En el siglo XVIII, bajo los Borbones, la actitud comenzó a variar, buscando proteger los intereses comerciales de los productores peninsulares en los mercados cautivos coloniales.

En un primer momento, la actitud fue eliminar a la competencia: en la localidad riojana de Aimogasta se conserva el "olivo histórico", según la tradición, el único sobreviviente de la tala ordenada por Carlos III para eliminar la competencia de las aceitunas españolas en el Plata (curiosamente, el español Antonio de Alcedo, en su obra Diccionario goegráfico-histórico de las Indias Occidentales o América, de 1786-1789, menciona que La Rioja (Argentina) "tuvo en otro tiempo algunos olivares, y viendo los vecinos las grandes utilidades que les producía el aceyte dieron en economizarlo de modo que ni aun para las lámparas de la Iglesia querían darlo, poniendo sebo en su lugar; desde entonces fuese castigo del Cielo ó casualidad apenas se halla hoy vestigio de ellos"; una visión algo distinta).

El comercio libre tuvo consecuencias desastrosas para la economía del interior de la actual república Argentina, de la que solo algunos sectores, como el aguardiente, las carretas y artículos de montura y transporte, y los tejidos de lana, pudieron sobrevivir. Por el otro lado, los comerciantes de Buenos Aires tuvieron un súbito aumento de su actividad, lo que trajo un auge comercial, poblacional y cultural a la capital del nuevo virreinato. El traslado de la aduana seca de Córdoba a Jujuy en 1696 estableció, para siempre, el área económica bajo dominio porteño y la frontera norte de la futura Argentina. En la Pampa, durante la colonia, la principal actividad económica era la ganadera. En un principio, debido a la existencia de miles de cabezas de ganado cimarrón, esta actividad se efectuaba a través de las "vaquerías", partidas que se internaban en la llanura desolada para capturar y desollar al ganado vacuno, muchas veces dejando la carne atrás, de menor valor económico. Cuando este ganado cimarrón comenzó a disminuir su número, comenzó el momento de las estancias y del ganado marcado, y de una mayor utilización del animal: nacieron entonces las fábricas de cebo y los saladeros.

Organización social[editar]

La sociedad colonial presentó aspectos disímiles de acuerdo a la región. En el interior, se determinó una sociedad de castas fuertemente diferenciadas, los hacendados blancos eran la cúspide de ésta y el poder en las ciudades, eran educados y refinados, mientras que el campesinado mestizo estaba en condiciones cuasi serviles. La población negra era muy escasa, reducida casi en su totalidad al servicio doméstico, salvo en ciudades algo más mercantiles como Córdoba. Al momento de la independencia, existían todavía algunas encomiendas en el NOA. En cambio, en el Litoral argentino, y especialmente en Buenos Aires, los estancieros, en ese entonces, todavía no representaban la cúspide de la sociedad, sino que eran productores medianos, de carácter rudo debido a la actividad ganadera y que residían la mayor parte del tiempo en la campaña. La élite porteña (es decir los pocos individuos adinerados que residían en la entonces muy pequeña "ciudad" de Buenos Aires, casi en el puerto de esa ciudad) en esos tiempos estaba representada por los comerciantes muchos de ellos dedicados a todo tipo de contrabando, especialmente a lo que irónicamente pasó a ser llamado "contrabando ejemplar" e incluso al tráfico de esclavos capturados en África muchas veces realizado con barcos portugueses e ingleses aunque los dueños "capitalistas" es decir los que "invertían" en el para ellos "rentable negocio" de la esclavitud, es decir los dueños de las "empresas" esclavistas pudieran ser de otros orígenes ( Véase: "asiento de negros" y "navío de permiso") .

Sin embargo, con la instalación del virreinato y el comercio libre, se instaló, aún por encima de aquéllos, una burocracia a la que sólo podía acceder los nativos de España y los nobles, incluyendo a los hidalgos americanos, aunque en las posiciones más bajas de esa élite se admitirían a los criollos de origen europeo sin titulación. La multiplicación del comercio con el Reino de España trajo la instalación de varias casas comerciales peninsulares que se instalaron en la ciudad, compitiendo con los comerciantes criollos de origen europeo, de menores recursos. De esta forma, comenzaba así la dicotomía entre ellos.

En Buenos Aires, hacia esa época, un tercio de la población sería negra, y si bien algunos se dedicaban a tareas domésticas y la minoría a tareas agropecuarias, la gran mayoría era instruida en algún oficio (como zapatero, por ejemplo), o se dedicaban al comercio ambulante, trabajabando de esta manera para el beneficio de sus amos.[cita requerida]

Más que cualquier otro, el grupo humano que definió la colonia rioplatense, aunque no estuviera presente en todas las regiones, fue el gaucho. En un ambiente social como el de las pampas, donde el mestizaje fue minoritario y en que el eje estaba centrado hegemónicamente en la ciudad, y no en el campo, fue lo que motivó que el mundo pampeano, previo a la aparición de la estancia, fuera un modo económico productivo paradigmático. Aquéllos que llevaban la marca en el orillo de la sangre indígena, estaban destinados a ser alejados de ese mundo urbano. Nacidos de los encuentros de las vaquerías y las tolderías, su mundo era el campo. El gaucho era un ser seminómade, que en ocasiones mantenía una familia en un lugar fijo, pero que las mayoría de las veces deambulaba, trabajando de a ratos, aún más, después del fin de las vaquerías, para luego partir cuando ya no se necesitaba del mismo para sobrevivir. Desde el siglo XVIII es visto por las autoridades como parte de los "vagos y malentretenidos", criminales a quien hay que combatir.[cita requerida] Pero será más adelante que se planteará el problema del gaucho, en el universo colonial no es un grave problema, ya que es parte del modo de vida tradicional pampeano.[cita requerida]

La creación del Virreinato del Río de la Plata trajo un auge a la ciudad de Buenos Aires, donde en pocos años, se instalarían la administración burocrática virreinal, la Aduana (1778), el Consulado (1794) cuya obra fue por iniciativa de Manuel Belgrano, la Audiencia (1785), el Protomedicato, la Academia de Náutica y la Escuela de Dibujo (1798), esta última iniciativa fue también de Belgrano. El primer periódico nace en 1801, El Telégrafo Mercantil, que duraría poco debido a la censura del virrey. El segundo, el Semanario de Agricultura, Industria y Comercio, editado por Hipólito Vieytes en 1802, corre la misma suerte. La población de la ciudad crece de 9.568 en 1744 a 32.069 en 1778 a más de 40.000 en 1797 y a casi 100.000 en 1810.

Sistema de castas[editar]

En el aspecto social, la colonia fue organizada sobre un sistema de castas basado en las nociones de raza e híbrido y de la "pureza de la sangre". Los españoles consideraban la existencia de tres "razas": la "española" o "blanca", la "india" y la "negra". Del mestizaje entre esas tres razas surgían a su vez los siguientes "híbrids":

  • Primer grado:
    • de blanco con negro: mulato.
    • de blanco con indio: mestizo
    • de negro con indio: zambo
  • Segundo grado:
    • de negro con mulato: zambo, grifo o cabro.
    • de negro con zambo: lobo.
    • de blanco con mulato: tercerón o morisco.
    • de blanco con mestizo: cuatralbo, castizo.
    • de indio con zambo: zambaigo.
    • de indio con mestizo: tresalbo.
    • de indio con mulato: mulato prieto.
    • de negro con zambo: zambo prieto.
  • Tercer grado:
    • de blanco con tercerón: cuarterón, albino[7]

En la cúspide del sistema de castas se ubicaban los españoles peninsulares, nacidos en España y los españoles americanos o criollos, nacidos en América y registrados como descendientes legítimos de padre y madre española que gozaban de exactamente los mismos derechos y obligaciones que los "peninsulares". Aunque en la colonia el mestizaje entre las diferentes etnias fue un fenómeno generalizado, el sistema legal español castigaba "la mezcla de sangres" que causaba su impureza o "manchado". Indios, mestizos, mulatos y negros resultaron postergados, ocupando los negros nacidos en África el lugar más bajo.

Los descendientes de padres mezclados de, Español y Negro permanecen manchados por

generaciones incontables y no pueden escapar de su herencia, o perder su calidad primitiva de Mulatos. [...] Pasa lo mismo con la mezcla de sangre Negra con la India [...]. Con la mezcla continua de sangre Española e India hay regresión a los Indios. [...] el Indio puro es de sangre pura, tanto como el Español y los dos no están en conflicto como están los dos con el Negro. Aunque las mezclas de sangre Española e India no pueden escapar de su condición, permanecen incontaminadas, no obstante cuantos grados las separen de la

pureza.[8]

España había impuesto el cristianismo y el idioma castellano en gran parte del actual territorio argentino. Por otra parte, en la América española regían las costumbres y modas españolas, así como las indoamericanas, y en menor medida las francesas y africanas.

Referencias[editar]

  1. La expedición de Américo Vespucio al Río de la Plata, Emir Reitano, Asociación de Amigos del Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires "Dr. Ricardo Levene"
  2. Martín García era un despensero de la expedición de Solís, que falleció y fue enterrado en la Isla que lleva su nombre
  3. Primera fundación de Buenos Aires, sus verdades y sus mentiras, por Martín Cagliani, sitio personal
  4. Jornada histórico-genealógica del Tucumán y Cuyo, 2002
  5. Las ruinas de los Quilmes, una historia de heroísmo y destierro
  6. Tres Guerras, Equipo Nacional de Pastoral Aborigen (ENDEPA)
  7. Cfr. Rosenblat, Angel (1954). La Población indígena y el Mestizaje en América, 2 tomos, Buenos Aires: Nova, pp. 175-176. Tomado del cuadro de J.J. Virey en su Histoire naturelle du gente humain, 1ª ed., 1809 (2vol.)
  8. Documento sobre el sistema de castas (1774), citado en Mestizaje biológico: ¿Un concepto en cuestión?, por Tadashi Obara, CIESAS, 2002

Véase también[editar]