Conquista y colonización española de la Argentina

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La conquista y colonización española en el territorio de la actual Argentina tuvo lugar entre los siglos XVI y XIX. Incluye desde el descubrimiento por parte de los españoles de los territorios, la conquista de los mismos, su colonización y su organización política, incluyendo su unificación en el Virreinato del Río de la Plata en 1776. El período se extiende hasta la Revolución de Mayo de 1810, en la cual fue expulsado el virrey español y nombrada una junta de autogobierno; en cambio, la guerra de Independencia Argentina es citada usualmente como parte de la historia de la Argentina.

La época colonial en la Argentina se divide en tres períodos: el descubrimiento y conquista, durante el cual se llevaron a cabo las exploraciones del territorio y la fundación de las ciudades mayores; el período de las gobernaciones, durante el cual el territorio luchó por su supervivencia y crecimiento con pocos cambios territoriales y económicos; y el período virreinal, durante el cual la Corona produjo una serie de cambios en busca de la racionalización administrativa y de una mayor dependencia de las colonias respecto de su metrópoli que —paradójicamente— provocaron la revolución que llevaría a la independencia absoluta de la Argentina y sus países vecinos.

La conquista española (1516-1593)[editar]

El descubrimiento[editar]

Planisferio de Cantino (1502), muestra la Línea de Tordesillas con la que se dividió el mundo en 1494. Sería aproximadamente el meridiano 60 en medidas actuales. En su extremo inferior izquierdo puede verse en blanco la zona (aún ignota por entonces) en la que se encontraba el actual territorio argentino.

Los primeros europeos que llegaron al área en donde está situada la Argentina, lo hicieron buscando un paso hacia Asia: por entonces, América era sólo un obstáculo entre España y las riquezas de Catay y Cipango en Asia. La zona, además, estaba ubicada aproximadamente sobre la Línea de Tordesillas, la división del mundo que estableció el Papa entre España y Portugal y, por lo tanto, tenía para ambos países la condición de frontera aún no ocupada.

En una carta referida a una expedición portuguesa de 1502 en que habría participado, Américo Vespucio describió

...un río de mas de veinte leguas de ancho, a do hay gentes que comen carne humana.

Por su ancho, ése no pudo haber sido otro que el Río de la Plata, de lo que varios historiadores han deducido que esa fue la primera expedición europea en llegar a las aguas del Río de la Plata y a la Patagonia. No obstante, el hecho de que se guarde registro del nombre de ningún otro expedicionario —con excepción de Vespucio— ha generado una controversia historiográfica sobre la veracidad de ese viaje de Vespucio; así, mientras algunos historiadores ponen en duda la identidad del río descrito por Vespucio, otros —basándose en las inconsistencias en la misma y la falta de otras fuentes referidas a esa expedición— califican las cartas como apócrifas.[1]

En cambio, es seguro que el navegante Juan Díaz de Solís arribó en 1516 al estuario del Río de la Plata, al que denominó Mar Dulce; desembarcó primeramente en la isla Martín García[nota 1] y luego en algún punto de la costa del Río Uruguay, donde fue muerto y comido por un grupo de indígenas charrúas, o —más probablemente— los guaraníes.[2]

En 1519 y 1520 Hernando de Magallanes, en el primer y famoso viaje de circunvalación del mundo, recorrió toda la costa de la actual Argentina, hasta el estrecho que lleva su nombre al que llegó el 21 de octubre de 1520. En su viaje, durante el cual recorrió la totalidad del litoral argentino, se encontró con los Tsonk, a los que por su altura denominó como Patagones —en base a un personaje de ficción de la época— y descubrió el estrecho que lleva su nombre. Se cree que naves de su expedición, desviadas por causa de un temporal, podrían haber llegado a las islas Malvinas; en su expedición viajó Antonio Pigafetta, autor de las primeras descripciones geográficas del país.[3] En 1525 fray García Jofre de Loaísa dirigió una expedición que recorrió la Patagonia, e incluso se estableció brevemente en Puerto Santa Cruz para reparar dos naves.[4]

En 1526, el italiano Sebastián Gaboto zarpó de España para dirigirse a las islas Molucas en Oceanía, con el objeto de repetir el viaje de Magallanes y Elcano. Al llegar a la isla de Isla de Santa Catarina tomó contacto con los guaraníes que habían pertenecido a la expedición de Alejo García. Éste había sido un náufrago de una de las naves de Solís, que había hecho una expedición hacia el oeste, llegando hasta cerca del Perú y regresando con un enorme tesoro de piezas de plata, aunque había sido muerto por los indígenas. Los guaraníes le informaron de la leyenda del Rey Blanco, un monarca de un país tan rico en plata que estaba recubierto en él. Según los mismos indígenas, se podía llegar a las tierras del Rey Blanco por el ancho río que había descubierto Solís, ya que éste se internaba hacia una tierra llamada "Sierra de la Plata".[5]

En abril de 1527 Gaboto ingresó al Río de la Plata y el 6 de abril estableció una pequeña fortaleza llamada San Salvador, cerca de la actual ciudad de Carmelo (Uruguay). Allí encontró a Francisco del Puerto, sobreviviente del grupo de Solís, quien vivía con los charrúas y le confirmó la existencia de un Imperio de Plata, aguas arriba. El 9 de junio de 1527 Gaboto ordenó establecer un fuerte al que llamó Sancti Spiritu, primer asentamiento europeo en el actual territorio argentino, cerca de la actual ciudad de Coronda, en la boca del río Carcarañá, en la actual provincia de Santa Fe. Desde el fuerte, Gaboto mandó tres expediciones; de dos de ellas nada se supo, pero la tercera, comandada por Francisco César, llegó a una sierras (probablemente las Sierras de Córdoba) donde encontraron un pueblo [probablemente los henia-kamiare, o "comechingones"] que «cuidaban carneros de la tierra de cuya lana hacían ropas bien tejidas», posiblemente también obra de diaguitas. Recogieron también piezas de plata provenientes del norte.[5]

Gaboto remontó el río Paraná, llegando hasta Itatí. Luego remontó el Río Paraguay, ingresando aguas arriba por el Río Bermejo, pero debido a la resistencia de los payaguás volvió a Sancti Spíritu. Allí se encontró con otro expedicionario español: Diego García de Moguer, que había hecho la misma ruta que Gaboto; éste había sido el primero en denominar al estuario Río de la Plata. García tomó prisioneros a gran cantidad de indígenas —posiblemente charrúas— y los mandó como esclavos a España, siguiendo viaje aguas arriba con un pequeño bergantín, hasta llegar a Sancti Spíritu.[5]

Inicialmente, Alejo García y Gaboto discutieron sobre quién de los dos tenía derecho de conquista. Pero poco después, ante la resistencia de los timbúes, ambos volvieron a San Salvador, dejando una pequeña guarnición en Sancti Spíritu; la misma fue destruida por los timbúes en septiembre de 1528. García y Gaboto decidieron retirarse definitivamente a España, donde difundieron las noticias sobre el Rey Blanco y el Río de la Plata. Portugueses y españoles aceleraron entonces los planes para tomar posesión de esa región, que ambos consideraban estaba de su lado de la Línea de Tordesillas.[5]

En 1531 Portugal envió una gran expedición al mando de Martín Alfonso de Souza para tomar posesión del Río de la Plata y expulsar a los españoles. Llegó hasta la Isla Martín García, que rebautizó Santa Ana, y se internó por el río Uruguay. Enterado de que los españoles de San Salvador habían sido derrotados, decidió retirarse al cabo de Santa María —donde actualmente se encuentra La Paloma. Allí tomó medidas astronómicas y llegó a la conclusión que estaba del lado español de la Línea de Tordesillas, por lo que volvió a Portugal sin realizar fundación alguna.[6]

Conquista del Río de la Plata[editar]

Buenos Aires, 1536.

Luego de la Conquista del Perú, la corona entregó títulos sobre las tierras de Sudamérica en "capitulaciones": en 1534, el territorio sudamericano al sur del Ecuador fue dividido en cinco secciones: el primero, al norte de Cuzco, a Francisco Pizarro; el segundo, al sur de la misma ciudad —e incluyendo al extremo noroeste de la actual Argentina— a Diego de Almagro; el tercer sector —que incluía la mayor parte del actual norte argentino, la mitad norte de la región pampeana y las provincias de Cuyo— a Pedro de Mendoza, al sur de este otro a Simón de Alcazaba; y por último un sector asignado a Pero Sancho de la Hoz, que incluía la mitad sur de la actual provincia de Santa Cruz y proseguía hasta el cabo de Hornos.[7]

En la práctica, los españoles nunca tomaron control de amplios territorios sudamericanos, entre los que se encontraban la Patagonia, la mayor parte de la llanura pampeana, y el Gran Chaco.

Pedro de Mendoza llegó al Río de la Plata en febrero de 1536 y fundó el Real y Puerto de Santa María del Buen Ayre, en honor a la virgen de Bonaria, patrona de los navegantes. Oficialmente se ha establecido que la ciudad se habría asentado en el actual Parque Lezama de Buenos Aires, aunque la exactitud de la información no es segura.[8] El trato con los pampas y querandíes que habitaban el área fue al comienzo cordial, abasteciéndose la expedición de víveres gracias a ellos; pero estos pueblos eran nómadas y llevaban una economía de subsistencia, por lo que pronto las relaciones se tensaron, debido a que los españoles demandaban lo que los "indios" no tenían para dar. Así, mientras los capitanes de la expedición recorrían la región en busca de oro y plata, quienes se quedaron en la ciudad guerreaban constantemente con los locales. En esta situación tras una cruel matanza de aborígenes, éstos cercaron la ciudad, llevando a sus ocupantes a la hambruna y el canibalismo.[9]

Un lugarteniente de Mendoza, Juan de Ayolas, remontó el río Paraná, a orillas del cual fundó el fuerte Corpus Christi, cerca de las ruinas de Sancti Spiritus. En el norte del Paraguay, sobre el río del mismo nombre, fundó Candelaria, desde donde saldría en dirección al Alto Perú como gobernador delegado.[10]

Mendoza partió de regreso a España, muriendo de sífilis en el trayecto. Por su parte, Ayolas llegó al Alto Perú, descubriendo la ansiada "Sierra del Plata" —en realidad el Cerro Rico de Potosí— a la que otra expedición española había arriba con anterioridad. Por su extraordinaria riqueza en plata, Potosí se convertiría en el centro económico de la dominación española en América del Sur. En el camino de regreso, Ayolas fue muerto por indígenas del gran Chaco, posiblemente payaguás.[11]

Mientras Ayolas estaba ausente, Domingo Martínez de Irala y Juan de Salazar de Espinosa continuaron la exploración del territorio que rodeaba a Candelaria, poblado de guaraníes sedentarios, donde fundaron la ciudad de Asunción en 1537.[12] El cabildo de la ciudad eligió gobernador de Asunción a Irala, cuya autoridad fue discutida por Francisco Ruiz Galán, que gobernaba Buenos Aires como comisionado de Pedro de Mendoza. La llegada de una real cédula que daba al cabildo la potestad de elegir a los sucesores de Mendoza fortaleció el poder de Irala, que ordenó el despoblamiento de Buenos Aires en el año 1541. La población se concentró en el Paraguay, donde los guaraníes eran numerosos y sedentarios, pasibles de ser encomendados.[13]

Las capitulaciones habían tenido pobres resultados, ya que apenas habían logrado la fundación de Asunción. Pero esta ciudad perduraría, y se constituiría en la principal base española para la conquista y colonización de casi toda la cuenca del Plata:[14] desde ella se fundarían las ciudades de Villa Rica del Espíritu Santo (fundada inicialmente por Juan de Salazar de Espinosa), Ontiveros y Santa Cruz de la Sierra, fundada por Ñuflo de Chávez.[15]

Luego del largo gobierno de Irala, el gobernador Juan de Garay marchó hacia el estuario del Río de la Plata, para fundar un puerto que permitiera comunicar el Paraguay con España. A la vera del Paraná se encontró con Jerónimo Luis de Cabrera, gobernador del Tucumán, quien le discutió su derecho sobre la zona. Entonces Garay decidió fundar cerca de allí un puerto intermedio: Santa Fe de la Vera Cruz, fundada en 1573.[16] La tarea de Garay se completó en 1580, cuando fundó la ciudad de Trinidad y Puerto de Santa María del Buen Ayre, que con el tiempo sería conocida como Buenos Aires.[17]

En 1585, Alonso de Vera y Aragón fundó Concepción del Bermejo, en el centro de la región chaqueña, y en 1588, Juan Torres de Vera y Aragón —último adelantado del Río de la Plata— fundó San Juan de Vera de las Siete Corrientes.[18]

Conquista de Cuyo[editar]

La región de Cuyo fue explorada por primera vez por Francisco de Villagra, que traía expedicionarios desde Cuzco hacia Chile; se supone que cruzó las Sierras de Córdoba y pasó por el valle del río Mendoza. En su camino descubrió la existencia de los indígenas huarpes, de carácter menos belicoso que la mayoría de sus vecinos.[19]

Tras el traspaso de la provincia del Tucumán a la dependencia directa del virrey del Perú, los gobernantes de Chile no renunciaron a extenderse al este de los Andes: en marzo de 1561, Pedro del Castillo fundó la ciudad de Mendoza, que tres años más tarde fue nombrada capital del recién creado Corregimiento de Cuyo, dependiente de la Capitanía General de Chile. En junio de 1562, Juan Jufré fundó San Juan de la Frontera,[20] y su hijo Luis Jufré de Loaiza y Meneses fundó San Luis de Loyola Nueva Medina de Rioseco en 1594; la ciudad fue pronto abandonada y refundada en 1596. Poco tiempo después pasaría a llamarse "San Luis de la Punta de los Venados".[21]

Durante más de un siglo, la región de Cuyo vivió una vida aislada de sus vecinas; su principal función era proveer de indígenas huarpes mansos para trasladarlos a Santiago de Chile, donde eran sometidos en encomienda. Diversas fuentes atestiguan que esa fue una de las etnias más duramente tratadas por los conquistadores, que los trataron prácticamente como esclavos.[22] Para la época de la independencia de la Argentina, los huarpes se habían extinguido como etnia, aunque algunos pobladores de las lagunas de Guanacache y algunas otras zonas conservaba ciertas formas de vida relacionadas con esa etnia, y en su mayoría conservaban apellidos de ese origen.[23]

Exploraciones en la Patagonia[editar]

Simón de Alcazaba también viajó al actual territorio argentino, acompañado de un grupo denominado "los leones"; a principios de 1535, la expedición llegó al golfo de San Jorge —actual provincia de Chubut— donde fundó el fuerte denominado Nueva León, desde el cual realizaron varias expediciones. Sin embargo, debido a las inclemencias del clima y el terreno, los pocos sobrevivientes se amotinaron, mataron a Alcazaba y se dedicaron a la piratería.[24]

Pero Sancho de la Hoz jamás llegó al territorio que le había sido asignado: fue ajusticiado en 1547 en Santiago de Chile.[25]

En 1578 bordeó la Patagonia el pirata inglés Francis Drake, que logró cruzar el Estrecho de Magallanes y asoló las costas de Chile y el Perú. En respuesta, el virrey Francisco Álvarez de Toledo encargó al navegante Pedro Sarmiento de Gamboa fortificar el Estrecho y evitar que en el futuro pudiera ser cruzado por navegantes extranjeros; Sarmiento de Gamboa llegó a principios de 1580 al Estrecho, fundando allí dos precarias fortificaciones, pomposamente denominadas Ciudad del Nombre de Jesús —junto al cabo Vírgenes— y Ciudad del Rey Felipe. Pero las poblaciones no tenían medio alguno de subsistencia; Sarmiento de Gamboa fue arrastrado muy lejos de allí, donde fue tomado prisionero por buques ingleses. La población de las dos localidades del Estrecho fallecieron de hambre, con la sola excepción de un único marino, que fue tomado prisionero por el pirata Thomas Cavendish, de quien huyó frente a las costas peruanas.[26]

La Patagonia no volvería a ver intentos de poblamiento hasta el último cuarto del siglo XVIII.

Conquista del Tucumán[editar]

El interior argentino comenzó a ser explorado poco después de la conquista del Perú: en 1535 Diego de Almagro recorrió el norte en busca de un paso hacia Chile, pero no dejó ninguna fundación ni descripción de lo que recorrió.

En 1543, Diego de Rojas ingresó a la región por la Puna, iniciando lo que se conoce históricamente como la Gran Entrada; luchando frecuentemente con los indígenas que hallaba a su paso, recorrió las actuales provincias de Salta y Santiago del Estero. Los juríes de esta última región causaron su muerte, pero la expedición continuó al mando de Francisco de Mendoza, llegando al río Paraná. Los propios expedicionarios asesinaron a Mendoza, acusándolo de tratarlos despóticamente, y regresaron al Perú.[27] Fueron estos expedicionarios quienes llamaron a la región "Tucumán", quizá combinando dos nombres indígenas —Tucma y Tucumanaho— ubicados en distintos lugares de la región.

En 1549 llegó una expedición enviada por el "pacificador" Pedro de la Gasca, al mando de Juan Núñez de Prado. En 1550 realizó su primera fundación: la ciudad de El Barco, al pie de la Sierra de Aconquija, en la actual provincia de Tucumán. Poco tiempo después, llegó a la región Francisco de Villagra, lugarteniente del adelantado de Chile, Pedro de Valdivia, alegando que esas tierras correspondían a la jurisdicción de Chile; por lo cual Núñez del Prado trasladó la ciudad a los Valles Calchaquíes. Allí se habían instalado varias parcialidades aborígenes de la etnia diaguita, huyendo de la persecución española; los mismos atacaron repetidamente la ciudad, obligando a Núñez del Barco a trasladarla nuevamente hacia el este en 1552, estableciéndose a orillas del río Dulce. Enterado de esto, Valdivia envió a Francisco de Aguirre para remplazar a Núñez del Prado, a quien arrestó y envió prisionero al Perú. A continuación ordenó a la población de la ciudad trasladarse dos km al sur, donde fundó la ciudad de Santiago del Estero (1553).[28]

Durante diez años, el Tucumán siguió siendo una dependencia de Chile; en ese período, Juan Pérez de Zurita fundó las ciudades de Cañete en el lugar llamado Ibatín, cerca de la primera El Barco; Londres, al oeste de la actual Catamarca; y Córdoba del Calchaquí, en el valle del mismo nombre.[28]

En 1560 se produjo un alzamiento generalizado de los diaguitas en los Valles Calchaquíes, dirigido por Juan Calchaquí; el gobernador Castañeda ordenó despoblar todas las ciudades, con excepción de Santiago del Estero.[29]

El virrey del Perú decidió entonces separar la provincia del Tucumán de Chile, y envió como gobernador a Gregorio de Castañeda; éste fundó la ciudad de Nieva en el sur de la actual provincia de Jujuy.[30]

En 1563, el rey Felipe II decretó la formación de la gobernación del Tucumán; que pasaba a depender de la Audiencia de Charcas. Nombró gobernador de la misma a Francisco de Aguirre, que derrotó y ejecutó a Juan Calchaquí y refundó Londres; no obstante, los españoles se mantuvieron alejados de los Valles Calchaquíes.[31] En 1565, Diego de Villarroel fundó la ciudad de San Miguel de Tucumán en Ibatín, donde antes había existido Cañete.[32] En 1567, un grupo de españoles rebeldes fundaron la ciudad de Nuestra Señora de Talavera, también llamada Esteco.[33]

El sucesor de Aguirre, Jerónimo Luis de Cabrera, buscó desprenderse de la tutela de Charcas, orientando la colonización hacia el Océano Atlántico para relacionarse directamente con España. Así, en 1573 fundó la ciudad de Córdoba de la nueva Andalucía. A continuación se trasladó al río Paraná; al llegar a sus orillas se encontró con el teniente de gobernador Juan de Garay, proveniente de Asunción, con quien discutió sobre los límites del Tucumán; viendo la superioridad numérica de la gente que traía Garay, regresó a Córdoba sin hacer ninguna fundación en el Paraná.[34] Dos años más tarde fundó San Francisco de Álava, pero ésta fue incendiada por los indígenas Omaguacas.[35]

El sucesor de Cabrera, Gonzalo de Abreu y Figueroa, ejecutó a Cabrera y arrestó a Garay, a quien obligó a acompañarlo para enfrentar a los calchaquíes. Tras fracasar dos veces en la fundación de una ciudad llamada San Clemente en el Valle de Lerma, debió abandonar nuevamente esa región. Su sucesor, Hernando de Lerma, fundó finalmente la ciudad de San Felipe de Lerma del Valle de Salta, a mitad de camino entre los belicosos diaguitas y los también peligrosos omaguacas.[36]

En 1591, el gobernador Juan Ramírez de Velasco fundó Todos los Santos de la Nueva Rioja.[37] Al año siguiente fundó Madrid de las Juntas, a orillas del río Pasaje, cerca de Salta, y ordenó trasladar allí la totalidad de la población de Esteco.[33] En 1593, su subordinado Francisco de Argañaraz y Murguía fundó San Salvador de Jujuy, en el mismo sitio que anteriormente habían ocupado Nieva y San Francisco de Álava, en el extremo sur de la Quebrada de Humahuaca.[38]

El siguiente gobernador, Fernando de Zárate — primer gobernador del Tucumán nacido en América— debió enfrentar el alzamiento generalizado de los omaguacas, dirigidos por el cacique Vitilpoco, que fueron muy difícilmente vencidos. Al finalizar el siglo, sólo los Valles Calchaquíes seguían siendo inexpugnables para los españoles, e incluso se había logrado iniciar la conquista del Chaco; durante el siglo siguiente, la primera de estas regiones sería finalmente ocupada, y la segunda se tornaría imposible de colonizar durante casi tres siglos.[39]

En 1679 se había fundado la Diócesis del Tucumán, cuya sede residiría en Santiago del Estero hasta 1699, en que fue trasladada a la ciudad de Córdoba.[40]

Como un hecho simbólico que marcaba un cambio de época, en el mismo año de 1593 en que Zárate era nombrado gobernador del Tucumán, otro nacido en América —Hernandarias— era también nombrado gobernador del Río de la Plata.

Entre la conquista y el virreinato (1593-1776)[editar]

La represión de los indígenas de los valles Calchaquíes, la entrega en mita de muchos de ellos para trabajar en las minas del Potosí, el proceso de mestizaje y la gran aculturación hicieron que las encomiendas que alguna vez florecieran en el Tucumán fueran reemplazadas por un campesinado relativamente libre.

El contrabando[editar]

Los habitantes de Buenos Aires y del litoral fluvial necesitaban comprar bienes que sólo podían ser provistos por mar desde Europa: muebles, ropa, papel, y muy especialmente objetos de hierro y bronce; pero no disponían de ningún bien exportable a ultramar, de modo que sólo los podían pagar con moneda. En cambio, la llanura pampeana producía bienes apreciados en el Perú: el ganado en pie —caballos, mulas y vacas— al cual pasaban cruzando el Tucumán. De modo que comenzó a formarse un circuito comercial, en que el ganado viajaba a pie hasta el Alto Perú, donde era pagado en plata, que a su vez viajaba hacia el litoral y a Buenos Aires; allí era utilizada para comprar mercadería de ultramar. Pero este circuito nunca llegó a establecerse de forma normal: significaba una competencia para los comerciantes de Lima, que por ser a la vez puerto[nota 2] y capital del Virreinato del Perú pudieron obtener la protección real. Apenas esbozado el circuito comercial y salidos algunos embarques de plata, en 1594 obtuvieron la prohibición real de exportar metales preciosos desde Buenos Aires, con algunas excepciones para evitar el desabastecimiento de la población: la autorización de fletar dos embarcaciones anuales con productos de la zona, principalmente cueros.

La mercadería que llegara al litoral debía cruzar el Atlántico, el istmo de Panamá y parte del Océano Pacífico, antes de recorrer más de 5000 km por tierra, con el resultado de que su precio se multiplicaba varias veces en el camino. En cambio, si se lograba sortear la prohibición, se obtenía un beneficio económico enorme; de modo que la ciudad de Buenos Aires se especializó sistemáticamente en el contrabando. Éste sería la principal actividad económica de Buenos Aires colonial, y varios de sus gobernantes fueron cómplices del mismo, beneficiándose económicamente.[41]

El contrabando se realizaba en forma bastante abierta: generalmente un barco portugués, holandés o francés declaraba falsamente una avería en las cercanías de la entonces pequeña pero estratégica ciudad de Buenos Aires —una aldea, aunque con puerto de ultramar— y solicitaba las reparaciones necesarias, las cuales pagaba con parte de la carga que llevaba. Otro sistema similar era anclar sin declarar la carga que llevaba, para que la misma fuera decomisada y rematada en pública subasta; el capitán del buque negociaba en secreto la mercadería, y repartía la carga entre los comerciantes locales, cobrando de los mismos su valor real. A continuación, los compradores se presentaban en la subasta, donde cada uno compraba lo que cada uno había ya comprado por un valor mínimo, sin competir entre ellos; ese fue el llamado "contrabando ejemplar".[41]

Muchos comerciantes hicieron grandes fortunas en Buenos Aires, debido a la necesidad de bienes materiales e insumos que eran necesarios en Tucumán y el Alto Perú, que se hacían innecesariamente onerosos a través del sistema de flotas y galeones, que debía atravesar el istmo de Panamá, embarcados hasta Lima y luego cruzar los Andes, pagando derechos de paso en varias localidades.[42]

Por otro lado, la resistencia real al comercio con los extranjeros —franceses, holandeses e ingleses— llevó a repetidos ataques al pequeño puerto de Buenos Aires y a los buques que partían de allí; por eso se hizo necesario concentrar grandes esfuerzos en la defensa de la ciudad. El primer esfuerzo en ese sentido lo inició Fernando de Zárate —que por breve lapso ocupó simultáneamente las gobernaciones del Tucumán y el Río de la Plata— al construir el Fuerte de Buenos Aires.[cita requerida]

La mayor parte de los gobernantes del Río de la Plata fueron cómplices del contrabando. No obstante, algunos se esforzaron por cumplir las ordenanzas reales, para evitar la generalización de la corrupción que el conrabando generaba; el más destacado de éstos fue Hernandarias, que luchó durante dos décadas contra los contrabandistas. A largo plazo, sin embargo, su lucha fue en vano.[42]

Gobernación del Río de la Plata[editar]

Preocupado por no poder controlar simultáneamente la situación política en Asunción —y su zona de influencia— y a los contrabandistas de Buenos Aires, Hernandarias solicitó y obtuvo en 1617 la división de su provincia en dos: la Gobernación del Paraguay, con sede en Asunción, y la Gobernación del Río de la Plata, con sede en Buenos Aires. Esta última incluía las ciudades de Corrientes, Santa Fe y Concepción del Bermejo y sus respectivas zonas de influencia.

Concepción del Bermejo había ejercido hasta entonces como nexo entre el Paraguay y el Tucumán. Su inclusión en la zona gobernada por Buenos Aires —en la que quedaba como un enclave excéntrico— y la modificación en la forma de vida de los indígenas del Chaco —con el predominio de los guaycurúes, que habían adoptado el caballo para sus ataques a las poblaciones españolas— determinó la rápida decadencia de la ciudad, que terminó por ser abandonada en 1631.[43]

Para intentar aumentar los costos y disminuir la demanda de bienes contrabandeados, en 1622 se estableció una aduana seca en la ciudad de Córdoba. No obstante, el contrabando continuó.

Las Guerras Calchaquíes entre españoles y diaguitas[editar]

Durante todo el período de la conquista los españoles no habían logrado penetrar en los Valles Calchaquíes, donde se habían refugiado la cultura diaguita (o pazioca), una avanzada confederación de señoríos agroalfareros independientes perteneciente a la Cultura Santa María, unidos por una lengua común, el cacán y parte a su vez del gran grupo de la civilización andina. Los españoles se refirieron a sus integrantes, incorrectamente, como calchaquíes, nombre correspondiente a uno de los señoríos diaguitas. Los señoríos diaguitas estaban reunidos en tres grandes naciones: pulares al norte, diaguitas al oeste y calchaquíes el este. Una antigua tradición de independencia de los diaguitas y la escasa cantidad de invasores españoles en el Tucumán, permitió una serie de actos de defensa de su territorio por parte de la confederación Pazioca. Estas luchas han sido históricamente conocidas como las Guerras Calchaquíes que se extendieron por más de un siglo y que comenzaron en 1562.

La Primera Guerra Calchaquí se desató en 1562 y fue conducida el cacique Juan Calchaquí, curacas Quipildor y Viltipoco. La confederación logró mantener a los invasores fuera de su territorio, arrasando las tres ciudades nuevas fundadas por los españoles: Cañete (Tucumán), Córdoba de Calchaquí y Londres (Catamarca). La historiografía hispano-americana considera a esta guerra como "una de las mayores tragedias de nuestra historia".[44] Esta guerra provocó la decisión del Rey español en 1563 separar el Tucumán de Chile para crear una gobernación dependiente del virrey de Perú.

En Segunda Guerra Calchaquí duró 7 años (1630-1637) y fue dirigida por el Curaca Chalamín. Los diaguitas volvieron a destruir las ciudades instaladas por los invasores, Londres II (Catamarca) y Nuestra Señora de Guadalupe (Calchaquí). En 1637 el ejército español atrapó y ejecutó al curaca Chalamín. Los habitantes del señorío diaguita, que condujo la guerra, fueron deportados y reducidos a la esclavitud por los españoles.

La Tercera Guerra Calchaquí se extendió por ocho años (1658-1667). Esta guerra tuvo la particularidad de que, en sus inicios, actuó un aventurero andaluz, Pedro Bohórquez, quien sostenía ser inca, fue aceptado como líder militar por los diaguitas. Bohórquez maniobró con astucia, obtuvo incluso el apoyo de los jesuitas, y organizó un sólido ejército pazioca con el que mantuvo el control de la región durante varios años. Sin embargo en 1659 se entregó a los españoles con la intención de ser perdonado, quienes lo enviaron a Lima y finalmente lo ejecutaron. La confederación continuó la guerra dirigida por José Henriquez. Al ser vencido el señorío de los Quilmes en 1665, que condujo la tercera guerra, los españoles dispusieron su completo desarraigo y deportación a una zona cercana a Buenos Aires, donde finalmente fueron exterminados.[45] En ese lugar hoy se levanta la ciudad de Quilmes. La guerra terminó el 2 de enero de 1667 al ser vencidos el último de los señoríos diaguitas, los Acalianes o Calianos.[46] Los españoles tomaron la decisión de dividir, deportar y reducir a los pueblos pazioca a la esclavitud.

Tras el final de las guerras calchaquíes, el gobernador del Tucumán, Fernando Mate de Luna decidió volver a poblar la región en que había estado la ciudad de Londres, fundando oficialmente la ciudad de San Fernando del Valle de Catamarca en el año 1683.

Las reducciones jesuíticas[editar]

En 1609 se funda la primera de las misiones jesuíticas guaraníes. Las treinta misiones llegaron a ser, en el siglo XVIII, un verdadero emporio comercial, un "estado dentro del estado" como lo denominaban sus detractores, que se estableció como un sistema de organización económica y social distinto al de las colonias que las rodeaban. Su autonomía y la adaptación de la organización social comunitaria de los guaraníes a un nuevo contexto permitió al sistema subsistir y progresar. Las misiones eran pueblos indígenas, administrados por los mismos guaraníes (bajo la mirada paternalista de los misioneros), donde la tierra se dividía en dos: la tupá mbaé (propiedad de Dios), comunitaria, y la avá mbaé (propiedad del hombre), para la explotación familiar. El excedente era comercializado por todas las colonias circundantes (el Plata, Tucumán, el Brasil y hasta el Alto Perú y España) y les proporcionaba medios a los jesuitas para expandir las misiones y mantener sus colegios y universidades (como los que tenían en Córdoba, centro regional de la Compañía de Jesús).

Los principales productos comercializados por las misiones eran la yerba mate, el tabaco, el cuero y las fibras textiles. Sin embargo, las misiones debieron soportar un fuerte asedio de los bandeirantes, partidas de portugueses que se internaban en la selva para "cazar indios" con el objeto de venderlos como esclavos en su base de San Pablo, que irónicamente nació como reducción jesuita). Las Misiones jugaron un papel clave en la defensa del Paraguay y el Río de la Plata de la expansión portuguesa. Justamente, después de la batalla de Mbororé, en 1641 (que duró 10 días), en la que un ejército de guaraníes al mando de los jesuitas (muchos de los cuales habían sido antes soldados) derrotó a una bandeira (un ejército lusobrasileño de bandeirantes) , que se les permitió por primera vez a los indígenas utilizar armas de fuego (si bien sólo las de menor calibre). Estos ejércitos misioneros fueron de gran utilidad durante los enfrentamientos entre España y Portugal en el Río de la Plata.

No sólo a trabajar, rezar y pelear les enseñaron los jesuitas, sino también música y otras artes (de las que aún se pueden admirar se destacan las "barrocas" arquitecturas exornadas con relieves barrocos resaltados en las piedras sillares o tallados en los rojos ladrillos de tipo romano. Es así que, luego de la expulsión de los jesuitas, muchos guaraníes se trasladaron a las ciudades coloniales, como Corrientes, Asunción o Buenos Aires, donde se destacaron como compositores y maestros de música, plateros y pintores. En 1767 España expulsó a la Compañía de Jesús de sus posesiones, con lo cual los pueblos de indios pasaron a depender de gobernadores civiles españoles, que los explotaron impunemente, hasta el punto que a principios del siglo XIX casi todas las misiones estaban despobladas y en ruinas.

Economía colonial[editar]

Durante la era colonial y hasta el Reglamento de Comercio Libre de 1778, la economía del Tucumán y Cuyo estaba dedicada a la producción de insumos y bienes de consumo para los mercados del Alto y Bajo Perú, Buenos Aires y Paraguay. Así, vinos y aguardiente de Cuyo, mulas de Córdoba, tejidos de Salta y Tucumán, carretas de Córdoba y Tucumán, etc., se producían bajo el amparo del proteccionismo español. En el siglo XVIII, bajo los Borbones, la actitud comenzó a variar, buscando proteger los intereses comerciales de los productores peninsulares en los mercados cautivos coloniales.

Organización social[editar]

La sociedad colonial presentó aspectos disímiles de acuerdo a la región. En el interior, se determinó una sociedad de castas fuertemente diferenciadas, los hacendados blancos eran la cúspide de ésta y el poder en las ciudades, eran educados y refinados, mientras que el campesinado mestizo estaba en condiciones cuasi serviles. La población negra era muy escasa, reducida casi en su totalidad al servicio doméstico, salvo en ciudades algo más mercantiles como Córdoba. Al momento de la independencia, existían todavía algunas encomiendas en el NOA.

En cambio, en el Litoral argentino, y especialmente en Buenos Aires, los estancieros, en ese entonces, todavía no representaban la cúspide de la sociedad, sino que eran productores medianos, de carácter rudo debido a la actividad ganadera y que residían la mayor parte del tiempo en la campaña. La élite porteña (es decir los pocos individuos adinerados que residían en la entonces muy pequeña "ciudad" de Buenos Aires, casi en el puerto de esa ciudad) en esos tiempos estaba representada por los comerciantes muchos de ellos dedicados a todo tipo de contrabando, especialmente a lo que irónicamente pasó a ser llamado "contrabando ejemplar" e incluso al tráfico de esclavos capturados en África muchas veces realizado con barcos portugueses e ingleses aunque los dueños "capitalistas" es decir los que "invertían" en el "rentable negocio" de la esclavitud, es decir los dueños de las "empresas" esclavistas pudieran ser de otros orígenes ( Véase: "asiento de negros" y "navío de permiso") .

Sistema de castas[editar]

En el aspecto social, la colonia fue organizada sobre un sistema de castas basado en las nociones de raza e híbrido y de la "pureza de la sangre". Los españoles consideraban la existencia de tres "razas": la "española" o "blanca", la "india" y la "negra". Del mestizaje entre esas tres razas surgían a su vez los siguientes "híbrids":

  • Primer grado:
    • de blanco con negro: mulato.
    • de blanco con indio: mestizo
    • de negro con indio: zambo
  • Segundo grado:
    • de negro con mulato: zambo, grifo o cabro.
    • de negro con zambo: lobo.
    • de blanco con mulato: tercerón o morisco.
    • de blanco con mestizo: cuatralbo, castizo.
    • de indio con zambo: zambaigo.
    • de indio con mestizo: tresalbo.
    • de indio con mulato: mulato prieto.
    • de negro con zambo: zambo prieto.
  • Tercer grado:
    • de blanco con tercerón: cuarterón, albino[47]

En la cúspide del sistema de castas se ubicaban los españoles peninsulares, nacidos en España y los españoles americanos o criollos, nacidos en América y registrados como descendientes legítimos de padre y madre española que gozaban de exactamente los mismos derechos y obligaciones que los "peninsulares". Aunque en la colonia el mestizaje entre las diferentes etnias fue un fenómeno generalizado, el sistema legal español castigaba "la mezcla de sangres" que causaba su impureza o "manchado". Indios, mestizos, mulatos y negros resultaron postergados, ocupando los negros nacidos en África el lugar más bajo.

Los descendientes de padres mezclados de, Español y Negro permanecen manchados por

generaciones incontables y no pueden escapar de su herencia, o perder su calidad primitiva de Mulatos. [...] Pasa lo mismo con la mezcla de sangre Negra con la India [...]. Con la mezcla continua de sangre Española e India hay regresión a los Indios. [...] el Indio puro es de sangre pura, tanto como el Español y los dos no están en conflicto como están los dos con el Negro. Aunque las mezclas de sangre Española e India no pueden escapar de su condición, permanecen incontaminadas, no obstante cuantos grados las separen de la

pureza.[48]

España había impuesto el cristianismo y el idioma castellano en gran parte del actual territorio argentino. Por otra parte, en la América española regían las costumbres y modas españolas, así como las indoamericanas, y en menor medida las francesas y africanas.

Conflictos con Portugal[editar]

La fundación de la Colonia del Sacramento por los portugueses justo enfrente de Buenos Aires en 1680, vino a reafirmar el crecimiento del contrabando. Tomada meses después por el gobernador del Río de la Plata José de Garro con un contingente de indios de las Misiones, fue restituida a Portugal un año después por un tratado. Colonia fue nuevamente tomada en 1705, bajo el influjo de la Guerra de Sucesión Española, para ser devuelta nuevamente en 1715, esta vez bajo el influjo de la Paz de Utrecht. La pelea entre España y Portugal por el Río de la Plata continuó en 1724, cuando el gobernador español Bruno Mauricio de Zavala funda la ciudad de Montevideo para evitar la toma de esa bahía por un contingente proveniente de Brasil. En 1750, España, por el Tratado de Permuta, intercambia Colonia a cambio del Mato Grosso y parte de las misiones guaraníticas, originando una guerra entre bandeirantes y guaraníes. Este tratado fue a su vez derogado en 1761, y en 1762, a causa de la Guerra de los Siete Años, el gobernador Pedro de Cevallos toma por tercera vez Colonia, que es devuelta al año siguiente por España a cambio de La Habana y Manila, tomadas por los ingleses.

El Virreinato del Río de la Plata[editar]

En 1776 España otorga la máxima prioidad a la expulsión de los portugueses del Río de la Plata; por ello es que se decició la creación del virreinato. Así es como Pedro de Cevallos es enviado a cargo de un importante ejército, que fue aumentado con un contingente de guaraníes, acostumbrados a luchar con los portugueses. Cevallos toma Colonia y la destruye, sembrando sal en el lugar de forma simbólica, ya que la ciudad sería luego repoblada por criollos. Mientras preparaba el ataque a la provincia portuguesa de Río Grande del Sur, se firma en 1777 el tratado de San Ildefonso, que repite las cláusulas del de Permuta.

La creación del Virreinato del Río de la Plata trajo un auge a la ciudad de Buenos Aires, donde en pocos años, se instalarían la administración burocrática virreinal, la Aduana (1778), el Consulado (1794) cuya obra fue por iniciativa de Manuel Belgrano, la Audiencia (1785), el Protomedicato, la Academia de Náutica y la Escuela de Dibujo (1798), esta última iniciativa fue también de Belgrano. El primer periódico nace en 1801, El Telégrafo Mercantil, que duraría poco debido a la censura del virrey. El segundo, el Semanario de Agricultura, Industria y Comercio, editado por Hipólito Vieytes en 1802, corre la misma suerte. La población de la ciudad crece de 9.568 en 1744 a 32.069 en 1778 a más de 40.000 en 1797 y a casi 100.000 en 1810.

Con la instalación del virreinato y el comercio libre, se instaló, aún por encima de las clases sociales tradicionales, una burocracia a la que sólo podía acceder los nativos de España y los nobles, incluyendo a los hidalgos americanos, aunque en las posiciones más bajas de esa élite se admitirían a los criollos de origen europeo sin titulación. La multiplicación del comercio con el Reino de España trajo la instalación de varias casas comerciales peninsulares que se instalaron en la ciudad, compitiendo con los comerciantes criollos de origen europeo, de menores recursos. De esta forma, comenzaba así la dicotomía entre ellos.

En Buenos Aires, hacia esa época, un tercio de la población sería negra, y si bien algunos se dedicaban a tareas domésticas y la minoría a tareas agropecuarias, la gran mayoría era instruida en algún oficio (como zapatero, por ejemplo), o se dedicaban al comercio ambulante, trabajabando de esta manera para el beneficio de sus amos.[cita requerida]

Más que cualquier otro, el grupo humano que definió la colonia rioplatense, aunque no estuviera presente en todas las regiones, fue el gaucho. En un ambiente social como el de las pampas, donde el mestizaje fue minoritario y en que el eje estaba centrado hegemónicamente en la ciudad, y no en el campo, fue lo que motivó que el mundo pampeano, previo a la aparición de la estancia, fuera un modo económico productivo paradigmático. Aquéllos que llevaban la marca en el orillo de la sangre indígena, estaban destinados a ser alejados de ese mundo urbano. Nacidos de los encuentros de las vaquerías y las tolderías, su mundo era el campo. El gaucho era un ser seminómade, que en ocasiones mantenía una familia en un lugar fijo, pero que las mayoría de las veces deambulaba, trabajando de a ratos, aún más, después del fin de las vaquerías, para luego partir cuando ya no se necesitaba del mismo para sobrevivir. Desde el siglo XVIII es visto por las autoridades como parte de los "vagos y malentretenidos", criminales a quien hay que combatir.[cita requerida] Pero será más adelante que se planteará el problema del gaucho, en el universo colonial no es un grave problema, ya que es parte del modo de vida tradicional pampeano.[cita requerida]


En un primer momento, la actitud fue eliminar a la competencia: en la localidad riojana de Aimogasta se conserva el "olivo histórico", según la tradición, el único sobreviviente de la tala ordenada por Carlos III para eliminar la competencia de las aceitunas españolas en el Plata (curiosamente, el español Antonio de Alcedo, en su obra Diccionario goegráfico-histórico de las Indias Occidentales o América, de 1786-1789, menciona que La Rioja (Argentina) "tuvo en otro tiempo algunos olivares, y viendo los vecinos las grandes utilidades que les producía el aceyte dieron en economizarlo de modo que ni aun para las lámparas de la Iglesia querían darlo, poniendo sebo en su lugar; desde entonces fuese castigo del Cielo ó casualidad apenas se halla hoy vestigio de ellos"; una visión algo distinta).

El comercio libre tuvo consecuencias desastrosas para la economía del interior de la actual república Argentina, de la que solo algunos sectores, como el aguardiente, las carretas y artículos de montura y transporte, y los tejidos de lana, pudieron sobrevivir. Por el otro lado, los comerciantes de Buenos Aires tuvieron un súbito aumento de su actividad, lo que trajo un auge comercial, poblacional y cultural a la capital del nuevo virreinato. El traslado de la aduana seca de Córdoba a Jujuy en 1696 estableció, para siempre, el área económica bajo dominio porteño y la frontera norte de la futura Argentina. En la Pampa, durante la colonia, la principal actividad económica era la ganadera. En un principio, debido a la existencia de miles de cabezas de ganado cimarrón, esta actividad se efectuaba a través de las "vaquerías", partidas que se internaban en la llanura desolada para capturar y desollar al ganado vacuno, muchas veces dejando la carne atrás, de menor valor económico. Cuando este ganado cimarrón comenzó a disminuir su número, comenzó el momento de las estancias y del ganado marcado, y de una mayor utilización del animal: nacieron entonces las fábricas de sebo y los saladeros.

Notas[editar]

  1. Martín García era un despensero de la expedición de Solís, que falleció y fue enterrado en la Isla que lleva su nombre.
  2. El puerto era el Callao, pero los comerciantes que operaban desde esa ciudad residían en la cercana ciudad de Lima.

Referencias[editar]

  1. Reitano, Emir. «La expedición de Américo Vespucio al Río de la Plata». Asociación de Amigos del Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires "Dr. Ricardo Levene".
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  47. Cfr. Rosenblat, Angel (1954). La Población indígena y el Mestizaje en América, 2 tomos, Buenos Aires: Nova, pp. 175-176. Tomado del cuadro de J.J. Virey en su Histoire naturelle du gente humain, 1ª ed., 1809 (2vol.)
  48. Documento sobre el sistema de castas (1774), citado en Mestizaje biológico: ¿Un concepto en cuestión?, por Tadashi Obara, CIESAS, 2002

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]