Congreso de Gniezno

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Conmemoración hecha en el año 2000 en Kołobrzeg.
Reliquia de plata de la tumba de Adalberto de Praga en la Catedral de Gniezno.

El Congreso de Gniezno (en polaco: Zjazd Gnieźnieński) tuvo lugar el 11 de marzo de 1000, y es uno de los eventos más relevantes de la historia de Polonia. aunque algunos expertos no coinciden sobre los detalles de las decisiones tomadas en aquella reunión, especialmente en lo referente a la promesa hecha al príncipe de Polonia para recibir la corona real.

Tras su muerte, Adalberto de Praga fue santificado gracias a los esfuerzos de Boleslao I el Bravo y Otón III, convirtiéndose así en el primero de origen eslavo. Su cuerpo, recomprado por Boleslao I a los prusianos por su peso en oro se depositó en la tumba de Gniezno, por aquel entonces capital de los Polanos y después de Polonia.

Otón III se comprometió a peregrinar a la tumba del santo Adalberto en Polonia en un intento por extender la influencia del cristianismo en Europa del Este. En seguimiento a su política fue él quien invistió a Esteban el Grande de Hungría con la corona real. El piasta Miecislao I había recibido previamente el título y la posición de duque del imperio bajo el margrave Gero I el Grande y de los emperadores Otón I y Otón II. Durante su peregrinación, Otón III invistió a Boleslao I con el título Frater et Cooperator Imperii ("Hermano y compañero del Imperio") en 1000. Durante la misma visita Otón III ascendió a Gniezno a la categoría de arzobispado. Con esta nominación Polonia fue separada del obispado de Magdeburgo, la provincia eclesiástica alemana, lo que le ayudó a mantener una semiindependencia del Sacro Imperio Romano Germánico en la Edad media. Al final, Polonia se mantuvo a parte del Sacro Imperio Romano Germánico, mientras que, por ejemplo, Bohemia se adjuntó en 950 d. C.

Se crearon tres nuevas diócesis subordinadas a Gniezno: Cracovia, Wrocław y Kołobrzeg. El hermano de San Adalberto, Radzim Gaudenty, fue el primer arzobispo de Gniezno. Otón III dio a Boleslao una réplica de su Lanza Lagrada, y Boleslao entregó al emperador como reliquia a cambio un brazo de San Adalberto.

El evento es descrito por el cronista alemán Thietmar y Gallus Anonymus, el primer autor de Historia polaca.

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