Concilio de Jerusalén
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El Concilio de Jerusalén es el nombre dado a la primera reunión normativa de la Iglesia cristiana primitiva (hacia el año 50 DC), según se relata en el capítulo 15 de los Hechos de los apóstoles. Existe controversia si llamarlo o no Concilio, normalmente no se le incluye dentro de los concilios de la Iglesia Católica aunque en la mayoría de las ediciones católicas de la Biblia sale con este título.
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[editar] Antecedentes
Fue solicitada por la iglesia de Antioquía luego de que llegaran cristianos provenientes del Judaísmo que se escandalizaron al ver que los miembros conversos no habían sido circuncidados ni cumplían otros preceptos de las leyes judías. Estas personas, que no aparecen determinadas mayormente en el texto de los Hechos, comenzaron a predicar que era necesaria la circuncisión y la asunción de toda la ley de Moisés causando un gran estupor entre los primeros cristianos griegos. Por esta razón, los discípulos de Antioquía encomendaron a Pablo y Bernabé junto a 'algunos de ellos' a acudir hasta Jerusalén para zanjar la situación.
[editar] Objetivo
El principal objetivo era determinar si para ser cristiano se debía primero ser circuncidado y seguir todos los preceptos de la Ley de Moisés o bastaba con creer en Jesucristo y ser bautizados.
[editar] Participantes y Proceso
Además de los mencionados Pablo, Bernabé y miembros de la iglesia de Antioquía, participaron los Apóstoles, presididos por Pedro, y presbíteros (ancianos) de la iglesia de Jerusalén. Primero expusieron los farisaicos que proponían mantener intacta la ley de Moisés, luego Pablo y Bernabé explican sus posturas, pronuncian dos importantes discursos Pedro y Santiago
[editar] Documentos
Al final del concilio se escribe el 'decreto de Jerusalén' que luego de exponer la situación determina que los conversos de otras razas sólo deben evitar comer carne sacrificada a los ídolos y deben tratar a los otros como quisieran ser tratados ellos. El texto de esta carta es el que sigue:
La Biblia de Jerusalen dice textualmente y añadiendo el mandato expreso de no consumir sangre:
Se repite la idea bíblica de abstenerse de sangre, de igual modo, que Dios le dijo a Noé y su familia (toda la humanidad) después del Diluvio, en Genesis 9
4 Sólo dejaréis de comer la carne con su alma, es decir, con su sangre,
5 y yo os prometo reclamar vuestra propia sangre: la reclamaré a todo animal y al hombre: a todos y a cada uno reclamaré el alma humana. (Biblia de Jerusalen)

