Compañía Guipuzcoana

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Edificio sede de la Compañía Guipuzcoana en La Guaira, estado Vargas (Venezuela).

La Real Compañía Guipuzcoana de Caracas fue una figura jurídica legalmente constituida el 25 de septiembre de 1728 en virtud de una Real cédula del rey Felipe V concedida a comerciantes vascos, principalmente de la provincia de Guipúzcoa, y que operó en Venezuela desde 1730 hasta 1785, teniendo gran influencia en el desarrollo económico, social y político de la colonia.

El contrato contemplaba que la empresa fuese la única autorizada tanto a la importación y comercialización de toda clase de mercancías europeas en la provincia de Venezuela como a la fijación de precios y compra de los bienes producidos en Venezuela y su comercialización en España. Luego de abastecida la provincia de Venezuela, la compañía podía comerciar con las provincias de Cumaná, Margarita y Trinidad. Estaba facultada para llegar indistintamente a los puertos de La Guaira o Puerto Cabello, pero en España debía partir de Guipúzcoa y de regreso atracar en Cádiz.

La antigua sede de la Compañía en Venezuela, un hermoso edificio con techo a dos aguas con un pequeño patio interno, típico ejemplo arquitectónico del País Vasco, es en la actualidad un museo. Se encuentra en el puerto venezolano de La Guaira, cercano a Caracas. Afortunadamente, esta reliquia histórica no resultó deteriorada durante las inundaciones ocurridas en el Estado Vargas en diciembre de 1999.

Origen[editar]

Acción de la Compañía Guipuzcoana, Madrid, 1 de junio de 1752.

A comienzos del siglo XVIII, existieron algunas compañías que intervinieron en el comercio de las colonias españolas, como fue el caso de la Real Compañía de Guinea, empresa comercial de origen francés que vendía esclavos; y la Compañía del Asiento inglés, que igualmente debía encargarse del abastecimiento de esclavos.

Estas empresas aprovecharon el asiento para realizar contrabando, lo cual perjudicó en gran medida los intereses económicos del gobierno metropolitano y del rey de España.

Ejemplo de este contrabando es el realizado por los holandeses con relación al tabaco procedente de Barinas. Dicho tabaco se enviaba en jarras de porcelana azul de Delft (Holanda) a través de barcos que remontaban el Orinoco y el Apure hasta la propia provincia de Barinas, mientras que el comercio (legal) del tabaco con España se realizaba mediante recuas de mulas a través de los Andes venezolanos hasta el puerto de Gibraltar, en el sur del Lago de Maracaibo.

El contrabando neerlandés llegó a superar el comercio colonial del tabaco con España, por lo que la Corona española construyó dos fuertes junto al Orinoco para combatirlo, ya en el siglo XVIII. Las jarras neerlandesas de tabaco con las que se comercializaba en Europa llevaban la inscripción Farinas, lo cual identificaba claramente a Barinas como el origen del producto ya que venía a ser una deformación fonética de Varinas (y tanto en neerlandés como en alemán la letra "V" tiene el sonido de la "F" castellana).

Actuación de la Compañía Guipuzcoana[editar]

Cacao (Theobroma cacao), planta cuyo comercio monopolizó la Compañía Guipuzcoana.
Tabaco (Nicotiana tabacum), planta cuyo comercio también monopolizó la Compañía Guipuzcoana.

Las operaciones de la Guipuzcoana se iniciaron a mediados de 1730, fecha en que llegaron a La Guaira los dos primeros barcos de la Compañía. Los resultados de su actividad fueron plenamente satisfactorios, y puede decirse que los comerciantes lograron los objetivos que se habían propuesto al constituir la compañía:

  • Primero: aseguraron el comercio exclusivo con la Provincia de Venezuela, que antes beneficiaba a otros grupos, principalmente a comerciantes ingleses y holandeses.
  • Segundo: aseguraron el envío de frutos a España, regularizando y aumentando los embarques de cacao (véase: Historia del chocolate en España) y tabaco, principalmente, y de esta manera pudieron rebajar los precios de dichos frutos en la Península.
  • Tercero: consiguieron frenar y disminuir el contrabando, persiguiendo y hostigando a los comerciantes extranjeros que venían ejerciendo ilegalmente actividades comerciales en perjuicio de la Corona.
  • Cuarto: influyó decisivamente en la política interna de la Provincia de Venezuela, a través de los gobernadores de origen vasco que dirigieron la provincia y la Capitanía General de Venezuela después de su creación en 1777.
  • Quinto: los navíos de la Compañía Guipuzcoana fueron los responsables de la introducción de las ideas del Enciclopedismo y de la Ilustración en Venezuela, como señala Ramón de Basterra en su obra Los navíos de la Ilustración. Así pues, no es casualidad que las ideas republicanas de Montesquieu (la división de los poderes, etc.) y de otros filósofos y pensadores europeos, encontraran pronta difusión en Venezuela, donde las familias terratenientes caraqueñas conocían y discutían estas ideas (que durante bastante tiempo estuvieron vetadas en la propia España) lo cual fue el origen, a su vez, de los ideales de independencia americanos. Y tampoco es casualidad que estos ideales surgieran originalmente en Caracas, antes que en otras partes de Hispanoamérica, por el mismo motivo. La frase del Himno Nacional "seguid el ejemplo que Caracas dio" hace referencia a este hecho.

Atribuciones de la Compañía Guipuzcoana[editar]

Se estableció que la Compañía Guipuzcoana podía despachar dos barcos anualmente, cargados de todo tipo de mercancías y equipados para la guerra. En Venezuela podían llegar indistintamente a La Guaira o Puerto Cabello y de allí comerciar con el resto de la Provincia. Dentro de las misiones que se asignaron a la Guipuzcoana, la que más le interesó a España fue la relativa a la vigilancia del litoral; para ello debían mantener uno o dos barcos en Venezuela con el fin de evitar la entrada de los contrabandistas extranjeros, y en caso de ser apresados, sus capitanes recibieron patentes de corso, esto es, podían disponer de las mercancías confiscadas y venderlas como si fueran traídas de España.

Reacción desfavorable de la Provincia de Caracas ante la compañía Guipuzcoana[editar]

La Compañía Guipuzcoana obtuvo un trato preferencial, pues Felipe V, para evitar la resistencia que sus gobernadores y oficiales reales habían presentado a las compañías anteriormente fundadas, la puso bajo su protección y despachó instrucciones a todos los funcionarios de las Indias para que no entorpecieran sus labores, sino que, por el contrario, le ofrecieran toda clase de facilidades. Por último, el Gobernador de la provincia de Caracas fue nombrado Juez Conservador de la Compañía. De esta manera fue consagrado el carácter oficial de la empresa, en cuyas manos quedó el control económico de la provincia. La llegada de la Compañía causó una reacción desfavorable, ya que para tal decisión no se había tomado en cuenta al cabildo local.

Además, las acciones de la Compañía encontraron oposición en los hacendados y pequeños propietarios venezolanos, quienes consideraban que la Guipuzcoana lesionaba sus intereses.

La mayoría de los productores y comerciantes coloniales tenían las siguientes razones para oponerse a la Compañía Guipuzcoana:

  • Interrumpía el desarrollo y el control de sus actividades económicas.
  • Atacaba directamente los intereses de los hacendados al tratar de impedir el contrabando.
  • Intentaba apoderarse del comercio entre Venezuela y México, controlado por los productores de cacao.
  • Bajaba los precios de los productos venezolanos.
  • No pagaba sus compras con dinero, sino con mercancía a precios inflados.
  • Usaba métodos arbitrarios en la adquisición de productos venezolanos y en la distribución de mercancías europeas.
  • Desplazaba del comercio a todos los mercaderes, inclusive a los de Cádiz.
  • Quiso controlar el comercio de esclavos.
  • No mantenía abastecida a la provincia, lo cual perjudicaba hasta el comercio al detalle.

Movimientos contra la Compañía Guipuzcoana[editar]

Las acciones de la Compañía Guipuzcoana fueron rechazadas no sólo por los contrabandistas, sino por toda la provincia.

Este malestar se manifestó a través de protestas y conspiraciones como las del zambo Andresote (1730–33), apoyado por hacendados y comerciantes de los valles de Yaracuy y por contrabandistas holandeses; el llamado Motín de San Felipe (1741), que recibió apoyo del Cabildo, terratenientes, comerciantes y "gente del pueblo", y el movimiento de Juan Francisco de León (1749) apoyado por mestizos, mulatos y negros libres y sustentado con armas por los hacendados. Estos movimientos no tenían la intención de romper lazos políticos, pero sí querían debilitar el control excesivo de la Compañía Guipuzcoana.

La revuelta de Juan Francisco de León despertó cierta desconfianza hacia la compañía de parte de la Corona, no sólo por este hecho sino porque no le rendía cuenta de sus operaciones y desde 1741 había suspendido la entrega de dividendos, por lo cual los accionistas estaban descontentos. Se acusaba a los directores de hacer negocios personales. La Corona ordenó la convocatoria de una Junta General que se reunió en la Sala del Consulado de San Sebastián, dictándose un reglamento que estableció severas medidas sobre los llamados «gastos secretos», pues había la sospecha, expresada en el proyecto original de ese documento, acerca de «honorarios» que la compañía le daba al obispo y al gobernador de Caracas. Manuel de las Casas, representante de la Corona en el Consejo de la Compañía expresó: «Su Majestad no está ignorante de esto desde que durante siglos pasados ha visto que quienes van a América con un sueldo que apenas cubre sus necesidades, vuelven con dos, cuatro y ochocientos mil pesos fuertes. Esto es conocido y no le veo remedio».

La asamblea de la compañía optó por enviar a José de Iturriaga a España para defender a la Guipuzcoana, ocasión en la que redactó un Manifiesto que buscaba desvirtuar ante la Corte española los cargos que se le hacían desde Venezuela. Dicho Manifiesto pretendía probar los beneficios traídos por la Guipuzcoana y, al mismo tiempo, la ilegalidad de la rebelión de Juan Francisco de León que se acababa de producir contra ella.[1]

La última rebelión, de 1749, acabó con la captura de Juan Francisco de León y su envío a España. Con su encarcelamiento terminó este movimiento que mantuvo durante más de dos años agitada la provincia de Caracas, y dio origen a acontecimientos políticos muy importantes para la vida de la colonia.

Sin embargo, aunque los rebeldes fracasaron en sus propósitos, ésta tuvo importantes consecuencias:

  • Las autoridades acogieron las acusaciones formuladas contra la Guipuzcoana durante la revuelta, y tomaron medidas para corregirlas.
  • Se creó una junta de precios, formada por el gobernador, un representante del Cabildo y otro de la Compañía, para fijar los precios del cacao.
  • Se aseguró a los hacendados y cosecheros un sexto de la capacidad de los barcos de la compañía para que remitieran por su cuenta frutos a España.
  • Se garantizó a los cosecheros y mercaderes criollos el derecho de seguir comerciando con México y se le negó a la Compañía participar en este comercio.
  • Después de la revuelta mejoraron los precios, del cacao y la compañía incremento sus exportaciones a España.
  • Se permitió a los hacendados y mercaderes criollos adquirir acciones de la Compañía, y de esa manera, tener participación en los beneficios de la empresa.

No hay duda de que esta última consecuencia fue la más importante. Los nobles criollos, que habían luchado contra la Compañía y habían apoyado e incitado a León en su revuelta, eran ahora los que obtenían los beneficios de aquel movimiento. Teniendo de su parte a los nobles terratenientes que ahora eran accionistas suyos, la Guipuzcoana no tuvo ya más problemas serios. Esto explica, en cierto modo, la tranquilidad y la paz en que opera la Compañía en los siguientes treinta y cinco años de permanencia en Venezuela.

Influencia en España[editar]

La Real Sociedad Bascongada de Amigos del País (en euskera, Errege Euskalerriaren Adiskideen Elkartea), también conocida como La Bascongada, pertenece a las Reales Sociedades Económicas de Amigos del País, organismos españoles surgidos en la segunda mitad de siglo XVIII con el fin de promover el desarrollo, en este caso fundamentalmente el cultural.

Palacio de Insausti de Azcoitia sede principal de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País

Nació del grupo «Caballeritos de Azcoitia» o «Triunvirato de Azcoitia», impulsado especialmente por Xavier María de Munibe e Idiáquez, conde de Peñaflorida, junto a José María de Eguía, marqués de Narros, y Manuel Ignacio Altuna. En 1763 presentaron el plan de creación en Vergara, siendo aprobado en 1765. Fue la primera sociedad de este tipo creada en España, extendiéndose posteriormente por todo el país.

Los socios dividieron sus actividades en cuatro secciones: agricultura; ciencias y artes útiles; industria y comercio; y política y buenas letras.

Entre los miembros estarían los reformistas más importantes de la época, como Foronda, Villahermosa, Olavide, Azara, Meléndez Valdés, Samaniego... y notorios científicos extranjeros.

Establecieron una importante biblioteca, en la que figuraban las obras más importantes, y crearon el Seminario de Vergara, donde se enseñaban algunas materias clásicas junto a las nuevas como lenguas vivas, geografía, ciencias experimentales, matemáticas, técnicas, etc.

Véase también[editar]

Bibliografía[editar]

  • AMEZAGA Y ARESTI, Vicente. Hombres de la Compañía Guipuzcoana. Capítulo II: El Director principal: José de Iturriaga". Caracas: 1963 (cit. en GRASES, 1968, tomo I, 91).
  • BAGLIO, Assunta. La Guaira, puerto Comercial de la Colonia. Infometro, XVIII(150): 17-19, 1996.
  • BASTERRA, Ramón de. Una empresa del siglo XVIII. Los Navíos de la Ilustración. Caracas: Imprenta Bolívar, 1925. (Reedición en Cultura Hispánica, Madrid, 1970).
  • RAMOS PEREZ, Demetrio. El Tratado de límites de 1750 y la expedición de Iturriaga al Orinoco. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas; Instituto Juan Sebastián Elcano de Geografía. Madrid, 1946. .l.

Enlaces externos[editar]

  • DICCIONARIO MULTIMEDIA DE HISTORIA DE VENEZUELA., 1995: “José de Iturriaga”. Fundación Polar., Caracas.