Coaching coercitivo

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Los cursos de coaching coercitivo son seminarios de entrenamiento que afirman lograr un cambio profundo en la actitud de sus participantes. Este cambio es usualmente descrito como la adquisición de la capacidad de "lograr cosas extraordinarias" o como un "desarrollo de la conciencia".

Historia[editar]

Los programas de coaching coercitivo se originaron en Estados Unidos en la década de los sesenta. Uno de los primeros ejemplos fue el creado por Werner Erhard, a partir de mezcla de doctrinas con los más diversos orígenes, como enseñanzas de la New Age y de la Iglesia de la Cienciología.

Controversia[editar]

Los programas de coaching coercitivo han resultado ser controvertidos por diversas razones. Por otro lado, los métodos utilizados por estos programas también son objeto de crítica:

  • El enrolamiento al programa se realiza exclusivamente por invitación a través de los graduados de los diferentes niveles, quienes son presionados psicológicamente para cubrir una cuota de enrolados.
  • Algunas técnicas utilizadas tienen como propósito el fatigar mental y físicamente a los participantes: sesiones maratónicas que usualmente terminan pasada la media noche, asignación de tareas para llevar a cabo entre sesión y sesión, cambios de temperatura ambiental (de frío extremo a calor dependiendo la dinámica que se está realizando), y asientos muy juntos para los participantes.
  • Los programas de coaching coercitivo hacen uso de ciertas técnicas para generar un estado de confusión emocional (presión de grupos, confesiones públicas). Este abuso es alternado con actividades orientadas a inducir un estado eufórico en los participantes.

El coaching coercitivo, coaching ontológico o coaching de vida –que son los nombres con los que suele llamarse a estos entrenamientos– nació en Texas en 1962, gracias a un pastor protestante de origen británico llamado Alexander Everett, quien desarrolló un programa llamado Mind Dynamics basado en diversas corrientes sicológicas como la Programación Neurolingüística, la teosofía, el rosacrucianismo y el Método de Control Mental de Silva. Posteriormente, un hombre llamado William Penn Patrick tomó algunas de las ideas del Mind Dynamics y fundó su propio programa al que tituló Leadership Dynamics. A diferencia del programa fundado por el pastor británico, Leadership Dynamics se caracterizó por la brutalidad empleada en sus entrenamientos, manifiesta en abusos físicos y sicológicos hacia sus participantes. Incluso a este programa llegó a conocérsele con el nombre de “The pit” (La fosa). Leadership Dynamics no duró mucho tiempo a raíz de las múltiples demandas por abuso a las que se tuvo que enfrentar. Sin embargo, la semilla de estos programas había sido sembrada y uno de los hombres que recibieron el primer entrenamiento, Jack Rosenberg, vendedor de enciclopedias de puerta en puerta, decidió abandonar a su esposa para viajar a California y fundar su propio programa al que además combinó con una seudo disciplina espiritual más: la Cienciología. Rosenberg, que se cambió el nombre a Werner Erhard, fundó su propio entrenamiento al que llamó Erhard Seminars Training o “est” (así en minúsculas), y que durante 5 años rindió cuantiosas ganancias al ex vendedor de puerta en puerta, hasta que en un reportaje hecho por el programa “60 minutos” salieron a la luz todos los abusos a los que sometía a los participantes, además de imputaciones de delitos graves hacia su persona como incesto y violencia doméstica. Así pues, el líder espiritual tuvo que huir de los Estados Unidos para viajar primero a Costa Rica, luego a la Unión Soviética, posteriormente a las Islas Caimán y finalmente a México. Era 1991. En México, como en muchos otros países de América Latina, los programas de coaching coercitivo tuvieron rápida aceptación y difusión, haciendo que Landmark Education (que era el nombre con el que ahora se había bautizado al entrenamiento) rápidamente se ramificara en muchos otros grupos y grupitos que eran fundados por los mismos participantes. Tal es el caso de Gabriel Nossovitch, argentino que luego de ser descubierto y evidenciado en su país por el programa de periodismo de investigación “Telenoche Investiga”, viajó a tierra azteca para fundar el grupo MexWorks que ha logrado gran aceptación en la ciudad de México y Guadalajara. Sin embargo, Nossovitch no estaba solo. Uno de sus más acérrimos competidores, Esteban Garbino, se dio cuenta de que nuestro país ofrecía un muy jugoso mercado para estos temas, y decidió venir en el año 2002 para fundar Grupo México Humano (GMH).

MexWorks, GMH y Landmark Education no son los únicos en su tipo. Decenas de grupos han sido fundados por quienes se gradúan de estos programas, permitiendo la proliferación de estas sectas en muchas ciudades mexicanas, tal es el caso de Desafío Monterrey, en esa ciudad; NXIVM en León, Guanajuato; y Grupo Psyke, en el oriente de la zona metropolitana del Valle de México.  
Las prácticas utilizadas para que este lavado de cerebro ocurra son las mismas que en todos los países y en todos los grupos existentes hasta el momento. Los entrenadores aplican una manipulación metal con base en agresiones verbales, insultos, humillaciones e incluso golpes leves, que inmediatamente cambian por un lenguaje amoroso y reconfortante. A esto se llama terapia de choque y si bien ha sido aceptada por los científicos en diversas situaciones concretas como son los casos de las personas con traumas severos y adicciones profundas, también han recibido serios cuestionamientos por la comunidad académica en todo el mundo. 

Otra de las características de estos grupos es que todos sus miembros se niegan a contar qué pasa dentro de los entrenamientos y alegan que es necesario tomar el curso para no tener una actitud de predisposición. Para ingresar, la persona debe ser enrolada por otro de los miembros que ya cursaron uno o varios de los niveles que comprende el entrenamiento completo (tradicionalmente son tres niveles, pero pueden ser cinco o incluso seis). Los costos de cada nivel son variados y usualmente aumentan en varios miles a medida que son más avanzados. Constantemente escuchamos: “mi amigo había acudido a uno de estos entrenamientos, a mí me llamó la atención que me invitara con tanta insistencia, al grado que llegó a ser molesto. Me decía que tenía que acudir porque era una experiencia magnífica, no entendía por qué era tan importante que yo asistiera”. Y es que otra de las características de estos entrenamientos, es que las personas que se gradúan de ellos terminan siendo tan manipulables, que los líderes los convencen de que tienen que hacer que sus amigos tomen el curso para que ellos puedan gozar de los beneficios que estos ofrecen. “Es un regalo que te quiero hacer, es para tu beneficio, quiero verte pleno”, son las palabras que suelen utilizar los recién graduados para convencer a familiares y conocidos de tomar el curso. Lo cierto es que los egresados son obligados por medio de técnicas de manipulación a cumplir con ciertas cuotas de personas que tomen el curso para que el negocio siga siendo eso: un negocio bastante redituable que hace millonarios a los dirigentes. Sobre lo que ocurre dentro de los cursos y a pesar de que pocos se animan a hablar, hay información precisa sobre las técnicas ocupadas para ir ablandando el cerebro de los participantes.

Las jornadas de trabajo suelen ser excesivas y agotadoras, pasando incluso de la medianoche y con tareas extracurriculares entre sesión y sesión. 

Constantemente los participantes son sometidos a cambios bruscos de temperatura. Se les llega a prohibir la salida para hacer del baño, e incluso puede que sean acompañados por otras personas que fungen como vigilantes. Está enteramente prohibido el uso de teléfonos celulares u otros aparatos de comunicación durante el curso. Los participantes son sometidos a técnicas que lejos de desarrollar una conciencia individual, los privan de esta para hacer nacer una conciencia colectiva (todos deben pensar por el grupo y no por ellos mismos). También es restringida la ingesta de alimentos y líquidos. Las técnicas usadas por los entrenadores provocan un estado de confusión mental, diciéndoles cosas que luego negarán para llegar a generar un estado de euforia involuntario. Los espacios en los que se desarrollan estos entrenamientos son usualmente pequeños para el número de personas que ingresan, por lo que la incomodidad, el calor y la cercanía entre uno y otro participante es extrema. Los participantes quedan sometidos a voluntad del entrenador, ya que una de las principales condiciones para entrar al curso es que el alumno acepte sin rechistar lo que el líder le diga, por lo que el aprendiz queda disponible a totalidad de la voluntad del coach, quien hará de él lo que le vengan en gana. Además de lo anterior, el coaching coercitivo se vale de vocabulario clave y específico por el que los miembros del grupo se identifican entre sí, y que además suelen utilizar en otras esferas de su vida diaria. Palabras como “maneras de crear”, “feedback”, “requerimiento”, “tú te lo generas”, “no cedas al odio” u otras son usuales entre los participantes. A pesar de que los miembros no aceptarán ningún cuestionamiento al grupo y negarán una y otra vez que se trate de una secta, el diccionario de la Real Academia Española es claro en este sentido, pues define secta como a un conjunto de seguidores de una determinada ideología o parcialidad religiosa. Pero las cabezas astutas que están detrás del gran negocio del coaching coercitivo no han dejado pasar ningún detalle, pues conscientes de que el dinero es el principal impedimento para muchos de quienes están interesados en beneficiarse de los “milagros” que ofrece este entrenamiento, han diseñado un programa de “apoyo” financiero, mediante el cual pueden ofrecer descuentos, becas, o incluso préstamos en efectivo que el alumno deberá pagar en cómodas mensualidades. Tienen amplios formularios de ingreso , se hace una serie de cuestionamientos sobre la salud física del interesado con especial énfasis en si existen antecedentes de problemas cardiacos, o episodios de alteraciones mentales. Además se libera a la empresa de cualquier responsabilidad por episodios o complicaciones no previstas que pudieran suscitarse durante el curso, y se advierte que en caso de que una vez inscrito el aspirante decida cancelar, se le hará una penalización de mil pesos. Respecto a estos programas de coaching coercitivo o coaching ontológico, el sicólogo empresarial y de motivación Carlos Albornoz explica: “El coaching no tiene base científica. Base científica significaría que alguien probó el método en aproximaciones experimentales sucesivas y reportó ese trabajo en revistas científicas, donde otros experimentados consultores y pensadores opinaron si los experimentos eras consistentes con las conclusiones reportadas. Nada de ello ha ocurrido nunca con la ontología, al menos hasta donde yo conozco del tema”. Además, Albornoz advierte a quienes están interesados en tomar los cursos que no olviden que se trata de un negocio y que la mayoría de los coach tiene problemas en su vida privada, por lo que deciden abrir una empresa de este tipo para hacer dinero. “Yo creo que con los precios que se cobran hoy día por el coaching, la relación costo beneficio es mucho mejor con un buen psicoterapeuta local y un par de mentores jubilados que te regalen una hora por mes para hablar de la vida”, señala el especialista chileno. En resumen, y según lo explicado por Albornoz, recurrir al coaching ontológico : no tiene bases científicas y pueden o no servir, dependiendo de las circunstancias específicas de las personas. La decisión la tiene usted. Lo cierto es que las sectas formadas en torno a este entrenamiento proliferan de manera cada vez más alarmante en el país, generando ganancias nada despreciables para los dueños de estos entrenamientos que aprovechan la necesidad de espiritualidad y el deseo de éxito de las personas, para lucrar con ello y hacer el negocio de su vida.

Véase también[editar]


otras fuentes:

http://victimasectas.com/TiposTecnicas.html http://viveentrenamiento.wordpress.com/2011/06/19/directorio-de-sectas/