Claretianos
| Claretianos | |
|---|---|
![]() Escudo Claretiano. |
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| Nombre latino | Cordis Mariæ Filius |
| Siglas | C.M.F. |
| Nombre común | Claretianos |
| Fundador | San Antonio María Claret |
| Fundación | 16 de julio de 1849 |
| Lugar de fundación | Vich, Barcelona |
| Superior General | Josep María Abella Batlle |
| Religiosos | 3.124 |
| Sacerdotes | 2.033, 17 obispos |
| Presencia | 60 países |
| Sitio web | www.claret.org |
La Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, popularmente conocidos como Claretianos (en latín: Cordis Mariæ Filius) (oficialmente y en italiano: Missionari Clarettiani - Congregazione dei Missionari Figli del Cuore Immacolato di Maria), fue fundada por San Antonio María Claret, el 16 de julio de 1849,[1] con el fin de buscar en todas las cosas la gloria de Dios, la santificación de sus miembros y la salvación de las almas de todo el mundo. Esta congregación religiosa, tiene colegios y liceos en España, América Latina y Filipinas.
Los miembros de la comunidad hacen votos de castidad, pobreza, obediencia y oración. La congregación se divide en provincias, delegaciones, casas y residencias.
Historia [editar]
1. Los Orígenes (1849-1870). [editar]
Todo comenzó la tarde del 16 de julio de 1849 en Vic, Barcelona. Cinco jóvenes sacerdotes apresuraban el paso camino del seminario diocesano. Eran Esteban Sala de 37 años, José Xifré de 32 años, Jaime Clotet de 26 años, Manuel Vilaró de 32 años y Domingo Fábregas de 32 años recién cumplidos. Algunos de ellos ni se conocían entre si. Les había convocado D. Antonio Claret, un emprendedor misionero apostólico de 42 años, que deseaba fundar una congregación de sacerdotes que fuesen y se llamasen “Hijos del Inmaculado Corazón de María”. A las tres de la tarde, una vez reunidos todos, dio comienzo el P. Claret a los Ejercicios Espirituales con las palabras: “Hoy comienza una grande obra”. Uno de ellos, el P. Vilaró, comentó con aire festivo y sonriéndose: “¿Qué podemos hacer siendo tan jóvenes y tan pocos?”. “Ya lo verán ustedes -repuso el P. Claret- si somos pocos y jóvenes resplandecerá más el poder y la misericordia de Dios”.
La razón fundamental que había llevado a Claret a decidirse por la fundación de una nueva congregación misionera se podía resumir en la situación en que las leyes de los gobiernos liberales de España habían dejado al pueblo cristiano. Habían desaparecido los evangelizadores natos, los verdaderos evangelizadores del pueblo. Y no fue una improvisación. Aquel hombre había sentido ya desde hacía tiempo la necesidad personal de dedicarse a misionar “el mundo entero”, pero había comprendido que no lo podía hacer solo, necesitaba unirse a otros dotados de “su mismo espíritu”. Los métodos que emplearían serían los más efectivos: las misiones populares, los ejercicios espirituales y la catequesis.
Nada le hacía pensar a aquel grupo de jóvenes misioneros apostólicos que a los 20 días de fundada la Congregación les llegaría la noticia de la propuesta del Fundador para la sede arzobispal de Santiago de Cuba. La aceptación suponía un duro golpe para la naciente Congregación. Esto le hizo presentar la renuncia a la nueva responsabilidad, pero de nada sirvieron sus razones. El día 4 de octubre aceptaba el nombramiento y un año más tarde, el 6 de octubre de 1850 era consagrado obispo en la catedral de Vic. Aquel año fue un verdadero noviciado para la Congregación, que intensificó bajo su diestra mano la vida comunitaria y la misión.
No tuvo muchas dudas el Fundador a la hora de nombrar su sustituto. Buscó la persona que para él cumplía a la perfección el prototipo de misionero “imbuido de su mismo espíritu”: Esteban Sala. A partir de entonces la Congregación entró en un período de incubación del que no saldría hasta la vuelta del Fundador y el nombramiento de un nuevo General, a la muerte del P. Sala. Se trataba de un hombre de figura escueta y temperamento firme: José Xifré. Era el año 1858 y la Congregación contaba solamente aún con una casa, la Merced de Vic, y 10 miembros.
El P. Claret se encontraba ya en Madrid desde mayo de 1857. Había sido nombrado confesor de Isabel II, pero su corazón no podía prescindir “de los suyos”. Todos los años hasta su muerte procuró estar cercano a los acontecimientos más importantes de la Congregación, muy especialmente asistiendo a los capítulos generales y colaborando espiritual y económicamente a sus necesidades. Y que conste que tanto los acontecimientos como las necesidades de la Congregación no fueron pocos. Entre otros la elaboración y aprobación de las Constituciones y el Directorio, el nacimiento de las primeras estructuras formativas como el noviciado y escolasticado de Vic y las primeras fundaciones: Gracia, Segovia, Huesca, Jaca, La Selva del Campo.
Pronto llegó la que podríamos llamar segunda gran prueba para la Congregación, la revolución de 1868, que supuso el exilio del Fundador y tras él del Instituto como tal al ser suprimido civilmente el 18 de octubre de ese mismo año. En aquella ocasión caía el primer mártir de la Congregación en la casa de La Selva del Campo, el P. Francisco Crusats. La Congregación se refugió en Francia, en la pequeña población de Prades, que se convirtió en el centro y corazón del Instituto en aquellos años. Desde allí se llevaron a cabo las primeras fundaciones de África y América, en Argel y Santiago de Chile respectivamente, así como la de Barbastro en España. Allí se recibió la noticia de la aprobación de las Constituciones el 11 de febrero de 1870. Y allí también llegó el Fundador, cansado y enfermo, desde Roma, donde se encontraba asistiendo al Concilio Vaticano I, huyendo de la persecución. Pero pronto tuvo que abandonar a los suyos para ir a refugiarse al monasterio cisterciense de Fontfroide, donde murió el 24 de octubre de 1870 después de haber conocido la aprobación definitiva de las Constituciones y hecho oficialmente la profesión religiosa rodeado de sus hermanos de Congregación, la cual contaba ya con cerca de 80 miembros.
La expansión de la Congregación (1870-1899) [editar]
Muerto el Fundador la barca de la Congregación no se tambaleó. El timón estaba en manos de un hombre de temperamento inalterable, el P. José Xifré. Ya había conocido de joven al P. Claret en Roma y sintió, como él, el deseo de dedicarse a la predicación misionera al estilo de los apóstoles, por eso se encontró tan a gusto entre el grupo fundador de la Congregación. Bajo apariencias severas se ocultaba un corazón grande y magnánimo, imperturbable en los peligros y ardiente emprendedor. A partir de su elección como General en 1858 se dedicó en cuerpo y alma a la Congregación. Poco antes de su muerte, ocurrida en 1899, escribió: “Mi querida Congregación: te he amado cuanto he podido hasta el fin y no te olvidaré en la eternidad”.
Ya hemos dicho que tomó la Congregación con una casa y 10 personas, al morir dejaba 61 casas y unas 1.300 personas. La primera decisión fue el traslado de Prades a Thuir, donde se funda el Colegio-seminario. Y una vez recuperadas las casas anteriores a la revolución tras la restauración de la monarquía en 1875, se inició un período irresistible de fundaciones por toda España. Y no sólo por España. Se abrieron misiones en Cuba (1880), en Guinea Ecuatorial (1883), en México (1884). La suerte de estas fundaciones fue muy diferente. Mientras que en Cuba fue una terrible tragedia, muriendo al poco tiempo y en pocos días casi todos los misioneros y quedando de 11 solamente 2 con vida, en México se ampliaba la fundación abriendo las puertas de los Estados Unidos a la Congregación.
De las misiones de Guinea se podrían llenar libros enteros. Durante años fue la misión de la Congregación por antonomasia. Allí sucumbirían gran cantidad de misioneros, víctimas de las inclemencias del clima y la dureza del apostolado. De allí saldría también el primer obispo de la Congregación después del P. Fundador, el P. Armengol Coll.
Otro de los motivos que exigieron nuevas fundaciones fue el número de estudiantes que crecía de año en año y que pedía lugares amplios y adecuados para la formación. Así nacieron los colegios de Santo Domingo de la Calzada y Cervera que tanto significaron para las generaciones de los primeros cien años de la Congregación en España. Pero la extensión de la Congregación también le exigía estar presente en los lugares de decisión donde se tramitaban los asuntos, por eso no se tardó en fundar en Madrid (1877) y en Roma (1884).
No podía el esqueleto congregacional sostener aquel cuerpo con un solo pie, necesitaba ampliar sus bases estructurales, por eso en 1895 llegó la inevitable división de la Congregación en dos Provincias: Cataluña y Castilla. Del mismo modo se crearon Visitadurías en Guinea, México, Chile y Brasil.
Durante esta primera etapa habría que destacar, por encima de todo, las grandes personalidades que llevaron a la Congregación hasta límites inverosímiles, tanto en santidad, como en arrojo misionero y sabiduría en el gobierno. Aunque es arriesgado señalar nombres concretos no haríamos ningún desprecio a los demás si destacáramos a Pablo Vallier, Donato Berenguer, Miguel Xancó, Mariano Avellana, Antonio Pueyo, Isaac Burgos, Ramón Genover, Diego Gavín, Manuel Giol, Félix A. Cepeda... Y tantos otros cuyos nombres e historias guardan nuestros archivos con sumo respeto y agradecimiento.
Los Misioneros Claretianos afrontan el siglo XX (1900-1906) [editar]
Con el siglo XX llegó la complejidad a la Congregación: nuevas disposiciones, nuevas Provincias, nuevos rostros en el gobierno, hasta se editó la primera historia de la Congregación, del P. Mariano Aguilar, en 1901. En el fondo la Congregación se estaba mirando a sí misma intentando reconocer en ella los rasgos característicos que deberían quedar fijados como sello de identidad propio. Pero con la abundancia y la complejidad llegaban también los problemas: desvalorización de la propia vocación, impaciencia misionera, división. Había que preservar la propia identidad carismática y mantener la fidelidad vocacional. Por eso el P. General, Clemente Serrat escribía la circular “La vocación religiosa” (1902).
Mientras se consolidaban los centros de formación propios para atender las nuevas vocaciones, iban creciendo los organismos creados fuera de España organizados en Visitadurías.
La Visitaduría de Guinea Ecuatorial era gobernada por el mismo Vicario Apostólico, entonces misionero claretiano, el cual representaba al Superior General con amplios poderes. Esta época la llenó con su actividad y energía particular el P. Armengol Coll. En 1904, a partir del Capítulo General, Guinea Ecuatorial pasaría a ser Cuasi-Provincia, siendo nombrado por elección capitular Superior el mismo Vicario Apostólico.
La Visitaduría de América Meridional había contado en los inicios únicamente con las comunidades de Chile, hasta que en 1895 se fundó la primera comunidad de Brasil, Sao Paulo, precisamente el año en que dicha Visitaduría, hasta entonces dependiente del Gobierno General, pasaba a depender de la recién creada Provincia de Castilla. En 1901 se sumaba Argentina a esta Visitaduría al fundarse la comunidad de Buenos Aires. En este tiempo se fundaba en Andacollo (1900), Temuco (1901), Coquimbo, Antofagasta y Talca (1903) en Chile; Tuccumán (1902), Catamarca (1903) y Rosario (1904) en Argentina; y Pouso Alegre (1901) en Brasil. La Visitaduría de América Septentrional, desde 1895 dependiente de la Provincia de Cataluña, adquirió un tono expansionista con el nombramiento en 1901 del P. Ramón Prat, especialmente en lo que se refiere a la presencia en Estados Unidos. Fruto de las misiones en Texas y California fue la fundación en San Antonio en 1902. Al mismo tiempo se comenzaban también a dar los primeros pasos para la fundación en San Marcos, pequeña población a unos 200 kilómetros de San Antonio. Al mismo tiempo en México se fundaba en Monterrey (1904) y Celeya (1905).
El ministerio principal en aquella época seguía siendo la predicación, pero sin tanto apego a las misiones populares y los ejercicios espirituales; y ya se habían comenzado a aceptar colegios de segunda enseñanza y parroquias. Andacollo, en Chile, era la primera ciudad donde se aceptaba la primera parroquia el año 1900. Y, sobre todo, se había expandido la actividad editorial. Siguiendo la inspiración claretiana se habían creado revistas como “Iris de Paz”, “Ave María”, “La Guinea Española”, “El Misionero”, “Ilustración del Clero”.
El Capítulo General de 1904 decidía la segregación de las Visitadurías dependientes de las Provincias de Cataluña y Castilla, creándose las Cuasi-Provincias de Chile y Brasil-Argentina. En ese mismo Capítulo se ordenaba la creación de una nueva Provincia, la de Bética.
El nuevo auge de la Congregación (1906-1922) [editar]
A la muerte del P. Clemente Serrat en 1906 le había sucedido en el generalato el subdirector del Instituto, el P. Martín Alsina. Había cambiado la cabeza, pero el cuerpo seguía su vigoroso crecimiento. Si hubiera que destacar algún aspecto particular en esta expansión habría que señalar el espíritu misionero. Las expediciones a África y América se incrementaron. Le fue asignado a la Congregación por Propaganda Fide el ejercicio misionero de la Baja California y se le ofrecieron los territorios de Río de Oro en África. Llegaban solicitudes de todas partes. Hubo que renunciar a la Prefectura de Arauca, al Vicariato Apostólico de Pará, a las islas de la Providencia y San Andrés.
Pero la Congregación se había comprometido con misiones de gran envergadura como las del Chocó, en Colombia. Un cúmulo de circunstancias decidieron al P. Martín Alsina a asumir estas misiones, con un Prefecto Apostólico a la cabeza, el P. Juan Gil. Era el año 1909. Se trataba de un extenso territorio con dos provincias, San Juan y Atrato, cuyas capitales eran Istmina y Quibdó. Las primeras dificultades fueron ingentes y sólo hombres de incansable celo pudieron superarlas, si bien algunos tuvieron que pagar con la vida el tremendo esfuerzo, entre ellos el mismo Prefecto Apostólico, que falleció poco después de redactar su primer informe.
No por eso se había frenado el crecimiento de la Congregación en el resto de América. La Cuasi-Provincia de Chile fundaba en Ovalle en 1907 y, siendo Provincial el P. Anselmo Santesteban, se internaba en dos nuevas naciones, Bolivia y Perú, con las fundaciones de Cochabamba (1910) y Lima (1910) y Cocharcas (1912). La Cuasi-Provincia argentino-brasileña fundaba en Córdoba (1906), Tránsito (1907) y Bahía Blanca (1908) en Argentina, Curitiva (1906), Rio de Janeiro y Porto Alegre (1907) en Brasil, y por primera vez en Uruguay (1908). Comprobado el febril crecimiento de estos organismos en 1908 se decidía la división de este organismo, creándose las Cuasi-Provincias de Argentina-Uruguay y Brasil. En estos años en la primera se fundaban las comunidades de Goya (1911) y Mendoza (1912) y en la segunda las de Bahía (1909), Belo Horizonte y Livramento (1911).
También la Vice-Provincia de América Septentrional fue extendiendo su actividad por Querétaro (1908) y Tépic (1910) en México y San Fernando (1907), San Marcos, San Gabriel (1908) y Los Ángeles (1910) en Estados Unidos.
Pero no por tanto mirar a África y América la Congregación se había olvidado de Europa. En Portugal, donde la Provincia de Castilla había fundado por primera vez en Aldeia da Ponte en 1898 y que había crecido a un ritmo considerable, la revolución expulsaba a los misioneros en 1910. Ya no volverían hasta 1920, esta vez en Freineda.
La nueva Provincia Bética no se quedó atrás en sus primeros años de vida. La primera de las numerosos fundaciones sería en Sevilla en 1906, obra fundamentalmente de un pionero que posteriormente abriría nuevos caminos a la Congregación en Inglaterra y Francia, siendo destinado finalmente a Colombia donde llegaría a ser obispo de Pasto.
El año 1912 supuso un paso adelante en la reestructuración de la Congregación, que contaba ya con 112 casas, 1.633 profesos y 120 novicios. En el Capítulo General celebrado en Vic aquel año salía de nuevo elegido como General el P. Martín Alsina y se tomaban importantes decisiones. Los centros de formación se habían estabilizado y se tenía un Plan de ordenación de Estudios. Se habían consolidado las estructuras provinciales. Se estaban traduciendo las Constituciones del latín al castellano y se había trasladado la sede del Gobierno General de Aranda de Duero a Madrid. También se había adoptado definitivamente el nombre de Misioneros y se había actualizado el escudo de la Congregación.
En aquellos años la iniciativa de algunos pioneros, como el P. Ramón Genover o Antonio Mª Pueyo, abrían los nuevos y difíciles caminos misioneros de Europa a la Congregación. En 1912 se fundaba en Londres. Ese mismo año se fundaba en Trieste, puerta de las fundaciones en Alemania. Y en 1913 en París.
Pero una sombra violenta se cernía sobre Europa y el mundo. En 1914 estallaba la primera Guerra Mundial. Si es cierto que no afectó a la Congregación en sus personas sí que le supuso un quebranto en muchos otros sentidos. Sin embargo sí afectaría la revolución carrancista en México, donde la Congregación sumaría su segundo mártir en la persona del H. Mariano González, fusilado en Toluca en 1914.
La recuperación de la Congregación en dos países como Cuba y Portugal supusieron un nuevo estímulo en aquellos sombríos años de posguerra. En Cuba se vuelve a fundar en Palma Soriano en 1918 en espera de la deseada fundación en Santiago de Cuba, que llegaría en 1921. La fundación de Freineda en 1920 supuso el inicio de numerosas fundaciones en Portugal.
Sorteando escollos (1922-1949) [editar]
En 1922 se elegía en el XII Capítulo General al P. Nicolás García, que gobernaría la Congregación hasta 1949 exceptuando los años del generalato del P. Felipe Maroto, de 1934 a 1937. Durante los primeros años de su mandato se hizo la revisión de las Constituciones para acomodarlas al nuevo Código de Derecho Canónico de 1917 y que se aprobarían en 1924, se recopilaron todas las ordenaciones y disposiciones anteriores en el Código de Derecho Adicional (CIA) y se hizo una nueva ordenación de los estudios en la Congregación (OSG).
La estructura de la Congregación se fue haciendo cada vez más compleja, creándose nuevos organismos mayores y ampliándose la presencia de la Congregación a nuevos países como Venezuela, República Dominicana (1923), Alemania (1924), Panamá, El Salvador, Sao Tomé y Principe (1927), China (1929), Polonia (1932). Algunas de estas fundaciones eran en territorio de misión. Si hubiera que destacar alguna en razón de su dificultad habría que citar la del Darién en Panamá, la de San José de Tocantins en Brasil y la de Tunki, en China. La aceptación de esta última supuso un gran impulso misionero. En 1928 la Santa Sede se la ofrecía a la Congregación con la finalidad específica de encargarse del seminario central de Kaiffeng. En octubre de 1929 embarcaban ya los primeros misioneros, y en 1933 se hacían cargo de parte del vicariato de Wuhu. En 1937 se creaba la Prefectura Apostólica de Tunki, que era encomendada a la Congregación y nombrado primer Prefecto Apostólico el P. José Fogued. No duraría mucho esta aventura, ya que los misioneros serían expulsados en 1949 por la revolución maoísta.
Aquellos fueron años en que mezclaron momentos de gozo, como la colocación de la primera piedra del Templo Internacional de Roma en 1924 o la Consagración al mundo del Corazón de María en 1925, y de tristeza, como la sangrienta persecución y expulsión posterior que sufrieron los misioneros en la revolución mexicana de 1926 que culminaría con la muerte del P. Andrés Solá en 1927.
Pero nada impedía a la Congregación llevar a cabo su compromiso misionero en extensas zonas del mundo. Y enfrascada en estas tareas misioneras le sorprendió la noticia de la beatificación de su Fundador. Fue el 24 de febrero de 1934. Muchos fueron los decretos, discursos y felicitaciones llegados de todas partes, pero lo más significativo fue, sin duda, la alocución del Papa Pío XI y sus palabras dirigidas en varias ocasiones al pueblo y a la Congregación con ocasión del acontecimiento. Estas fueron algunas de ellas: “Felicitaciones para España...por este héroe de santidad que tan bien conoció a su España, a la que consagró su vida entera bajo todas las modalidades, hasta en las turbulencias y peligros de los preludios de una revolución”.
El año 1934 se celebraba el XIII Capítulo General en Roma y era elegido nuevo Superior General el P. Felipe Maroto, tomándose la decisión de trasladar la Curia Generalicia a Roma y de crear un Colegio Internacional en la Ciudad Eterna. Los años del generalato del P. Maroto (1934-1937) estuvieron fundamentalmente marcados por la gravísima situación de la Congregación en España, que todavía era el pulmón desde donde respiraba la Congregación. Todo ocurrió a raíz del Alzamiento Nacional del 18 de julio de 1936. Se paralizó todo ministerio muriendo 271 profesos entre Padres, Estudiantes y Hermanos. Esto afectó a la Congregación también en otros aspectos, como el económico y el vocacional. Con este motivo el P. Maroto acudió a la solidaridad de todos por medio de la circular “Las Misiones de la Congregación” (1937) y el P. Nicolás García, de nuevo nombrado General de la Congregación tras la prematura muerte del P. Maroto en 1937, escribió en 1938 una Circular titulada “La Vocación Misionera” en la que invitaba a todas las Provincias a multiplicar sus postulantados y prepostulantados y a crear la figura del promotor vocacional.
El año 1937 sorprendía a todos la noticia de la repentina muerte del P. Felipe Maroto, lo que provocó un nuevo Capítulo General donde salió de nuevo elegido el P. Nicolás García. Tras la guerra civil comenzó en la Congregación en España un período de recuperación. Las casas incautadas eran devueltas, los seminarios se iban llenando de nuevo, se retomaban las publicaciones y se reanudaban las ayudas y nuevas expediciones a tierras de misión. Al mismo tiempo se recogían y trasladaban reverentemente los despojos de los numerosos mártires, la mayoría de ellos jóvenes.
Aún quedaba una nueva prueba, que esta vez afectaría a la Congregación en el resto de Europa, la Segunda Guerra Mundial. Especialmente le perjudicó por el aislamiento a que la sometió y también por algunas pérdidas del escaso personal de algún organismo como Alemania, donde fueron 12 los profesos entre muertos y desaparecidos, y 10 los postulantes.
Podemos decir que la Congregación comenzó a normalizarse en 1947 tras más de una década de tribulaciones y sufrimientos. Con el tiempo suficiente para prepararse a su primer centenario. Ese año se había dado un nuevo intento misionero importante con la fundación de la Misión Católica de Santa Bárbara en las Islas Filipinas, aunque de corta duración. La iniciativa se llevó a cabo desde Estados Unidos y se volvería a intentar, esta vez con éxito, en Zamboanga en 1951. Pero también aquel año de 1947 se recibía la luctuosa noticia de la muerte violenta del P. Modesto Arnaus en El Chocó, Colombia, y al año siguiente las trágicas consecuencias de la revolución maoísta en China, que acabaría pronto con las ilusiones misioneras de la Congregación en aquel inmenso país.
Un nuevo siglo para la Congregación (1949-1967) [editar]
16 de julio de 1949. Habían pasado 100 años desde que aquellos 6 jóvenes sacerdotes tomaran la decisión de fundar la Congregación de Misioneros Hijos del Corazón de María. Ésta contaba ya con 2.638 profesos y tenía 160 jóvenes novicios procedentes de 25 naciones diferentes. La mañana del Centenario inundaba de optimismo el corazón de todos los misioneros claretianos. Así describía un testigo la celebración en Vic, junto a la celda de la Fundación: “una mesa y una silla sencillas para el presidente, dos bancos sin respaldo para los Confundadores; un crucifijo sobre la mesa y presidiendo un cuadro de la Virgen del Divino Amor, propiedad del P. Esteban Sala. Este cuadro es auténticamente el mismo. Lo demás es también de la época centenaria. Se han colocado los retratos de los Fundadores. El del Beato Padre (aún lo era) en la presidencia debajo del Corazón de María y los cinco de los Confundadores en la pared, sobre los bancos sin respaldo. Con qué santo respeto penetrábamos en ese día en tan glorioso Cenáculo, como si pisáramos tierra sagrada!”. Para aquel entonces la Congregación había adquirido ya tintes universales. El P. General era Pedro Schweiger, un alemán. El lugar elegido por él para celebrar el Centenario de la Congregación fue Londres, un lugar fuera de las rutas habituales claretianas. La Eucaristía de aquel día la celebró en la iglesia de Hayes, aún provisional. Las cosas estaban cambiando.
Apenas se habían apagado los ecos de la celebración del Centenario cuando llegaba la noticia de la Canonización del P. Fundador. Ésta se llevó a cabo el 7 de mayo de 1950. Sin duda se trataba de otro hito histórico congregacional. No era sólo un reconocimiento público de la santidad de un hombre, sino un respaldo eclesial a sus obras, entre las que destacaba la Congregación de Misioneros.
Cualquiera diría que estos acontecimientos estaban haciendo olvidar a los superiores el verdadero objeto de la Congregación. Pero no era así. Ya estaba en la mente del P. General tener un gesto que recondujera la atención a lo fundamental a la misión. Se trataba de una nueva fundación, pero de una fundación que expresara el talante renovador de la Congregación, una misión en Oriente, en Japón. El 2 de enero de 1952 los Misioneros se establecían por primera vez en la parroquia de Imaichi, invitados por el obispo de Osaka, Mons. Pablo Taguchi. Aquella sería la primera de un buen número de fundaciones en nuevos países como Canadá (1953), Ecuador y Holanda (1955), El Salvador (1956), Suiza (1958), Nicaragua (1960), Zaire y Bélgica (1962). Pero las solicitudes que llegaban de nuevas fundaciones superaban con mucho las posibilidades de la Congregación. Veamos simplemente las fundaciones que se rechazaron por los años de 1958: uno o dos vicariatos en Nueva Guinea, Katanga en el Congo Belga, seminario de Ziguinchor en Senegal francés, Prefectura Apostólica de Kayes en el mismo Senegal francés, Colonia en Alemania, parroquia de Varsovia en Polonia, Milán, Quito, Madagascar, etc.
Por lo demás la Congregación seguía desarrollando su actividad y consolidándose entre momentos dolorosos como la persecución o expulsión de los misioneros en China (1952), Argentina (1955), Cuba (1959), República Dominicana (1960), y momentos de alegría fulgurante como el nombramiento del primer Cardenal de la Congregación en la persona del P. Arcadio Mª Larraona el año 1959, o de iniciativas de trascendencia universalista como la creación de los dos nuevos teologados internacionales de Roma y Salamanca en 1959 y 1960 respectivamente.
Cuando se celebró el Capítulo General de 1961 se indicaron los problemas más acuciantes de la Congregación en aquella época: la escasez cuantitativa y cualitativa de persona, la formación del personal en consonancia con las exigencias de la Iglesia y a tono con los tiempos y el espíritu religioso que se iba resintiendo debido a “la agitación del apostolado moderno”.
Y entonces, inesperadamente, llegó la noticia como un reguero de pólvora. Primero rumores, luego confirmaciones. El nuevo Papa, Juan XXIII, iba a cambiar el rostro de la Iglesia y con él el de la Congregación. Se anunciaba un nuevo Concilio Ecuménico.
Siguiendo las huellas del Fundador la Congregación participaría con 9 miembros en el Concilio Vaticano II. Estos son sus nombres: cardenal Arcadio Mª Larraona, arzobispo Abel Antezana, obispos Arturo Tabera, Francisco Prada, Geraldo Fernandes, Pedro Grau, Jesús Serrano, Francisco Gómez y el Superior General Pedro Schweiger.
Las responsabilidades de la Congregación en la iglesia se extendieron también a través de la asunción de cargos en Vicariatos y Prelaturas como los de Quibdó (Colombia) en 1952, Isabela (Filipinas) en 1963 y Río Muni (Guinea Ecuatorial) en 1965. Pero sobre todo de territorios de misión que exigían generosidad y entrega: Tlacoapa en México (1960), Kingandú en Zaire (1962), Formosa en Argentina (1963), Izabal y Santa María de Jesús en Guatemala (1966).
A punto de iniciarse la renovación exigida por el Concilio, la Congregación miraba de nuevo hacia sus orígenes a través de la publicación de la Historia de la Congregación, del P. Cristóbal Fernández, el año 1967.
La Congregación se renueva (1967-1985) [editar]
Fue el XVIII capítulo general de la Congregación (1967) el encargado de poner en marcha el motor de renovación congregacional. El cambio fue espectacular. Se acentuó el carácter misionero de la Congregación desde lo más urgente, oportuno y eficaz y se hizo una revisión profunda de la vida religiosa y apostólica, volviendo a las fuentes inspiradoras del carisma del Fundador. Una de las decisiones más importantes fue la de renovar las Constituciones y el Directorio, adaptándolos al nuevo espíritu conciliar, un trabajo que se concluiría en 1986 y en 1987 respectivamente con la aprobación definitiva.
La expansión misionera adquiere una nueva fórmula responsabilizando a las Provincias con más capacidad de las misiones más difíciles de la Congregación, lo cual llevó a nuevas presencias en nuevos países de escasa presencia misionera: Honduras (1967), Angola (1969), India y Camerún (1970), Eslovenia (1971), Nigeria (1973), Gabón (1975), Yugoslavia (1977), Paraguay (1979), Australia (1983) y Corea del Sur (1985). Todo esto llevó a una reorganización que aconsejó la creación de Conferencias Continentales e impulsó los Encuentros Misioneros Continentales.
El Capítulo General de 1979 supuso un nuevo impulso congregacional a través de su documento “La Misión del Claretiano hoy” (MCH) y la elección de un nuevo General, el P. Gustavo Alonso, argentino. La recuperación del espíritu claretiano y misionero llegaba por distintos cauces: cursos de espiritualidad claretiana, semanas sacerdotales, publicación de temas claretianos y del anuario “La Misión Claretiana”, simposios de la Familia Claretiana, etc. Pero uno de los mayores revulsivos los produjo la puesta en marcha de la revisión de posiciones en 1982, que consistía en una revisión y actualización de obras, estructuras y servicios. El objetivo fundamental era posibilitar la puesta en práctica de los objetivos y opciones de la MCH.
Pero en todo este tiempo no faltaron tampoco persecuciones y sufrimientos. En Guinea, donde a partir de la toma del poder por el Presidente Macías en 1969 se desata una persecución religiosa que supondría cárcel y torturas para los misioneros y que acabaría con su expulsión definitiva; la pesadilla no acabaría hasta 1979 con la caída del Presidente. En Sao Félix de Brasil también fueron perseguidos los misioneros claretianos por apoyar a los campesinos, apoyo que costaría la vida a uno de los sacerdotes del Obispo Pedro Casaldáliga en 1976. En Angola y Sao Tomé también quedó en entredicho la seguridad de los misioneros tras la independencia en 1975, teniendo que abandonar el puesto de misión casi todos, hasta normalizarse la situación en 1981. Y finalmente en Basilan, Filipinas, los rebeldes moros incendiaban el hospital regentado por el H. Torres, claretiano, en 1977, hecho que constituiría el comienzo de una larga pesadilla.
Todo por la Palabra (1985-2000) [editar]
A partir de 1985 los capítulos generales intentaron continuar desarrollando las semillas conciliares y congregacionales de renovación a través de nuevos documentos como “El claretiano en el proceso de renovación congregacional” (1985), “Servidores de la Palabra” (1991) y “En misión profética” (1997). También fueron particularmente significativas las circulares de los superiores generales Gustavo Alonso y Aquilino Bocos en esta etapa de renovación. Pero sobre todo fue la aprobación definitiva de las Constituciones en 1986 y del Directorio en 1987 lo que marcó un nuevo cauce de crecimiento y madurez para toda la Congregación. Un momento privilegiado fue la Beatificación el 25 de octubre de 1992 de los Mártires de Barbastro en la plaza de San Pedro de Roma. A partir de este momento Barbastro se convertiría en lugar de continua peregrinación y de recuperación del genuino espíritu claretiano.
La formación adquirió un nuevo impulso adaptándose a la nueva situación congregacional. Al mismo tiempo que se acentuaba la crisis vocacional en las zonas de más tradición, crecía en número de formandos en países de nueva implantación. Se publicó el Plan General de Formación en 1994 y el Directorio Vocacional Claretiano en 2000, y se impulsaron los encuentros de renovación claretiana, la Escuela de Formadores “Corazón de María”, la reflexión congregacional sobre la espiritualidad cordimariana, y otras experiencias más particulares como la de La Fragua, en la Provincia de Castilla. También colaboraron a este impulso formativo las publicaciones de los escritos del P. Fundador en diversas lenguas, de sus Epistolario activo y pasivo, de los comentarios a las Constituciones y de obras que acercaban a las raíces carismáticas de la Congregación como “Misioneros Claretianos” del P. Jesús Álvarez. Al mismo tiempo se amplió la presencia formativa entre las congregaciones religiosas de la Iglesia a través de los Institutos de Vida Religiosa de Madrid, Roma, Filipinas e India.
La animación misionera se fue programando por medio de los Encuentros Misioneros en los diversos continentes. Se impulsó la preparación en el servicio misionero a través del Proyecto congregacional Palabra-Misión, se organizaron desde el Gobierno General experiencias misioneras en diversos países, se potenciaron los encuentros de reflexión sobre las distintas áreas de actividad pastoral, se celebraron talleres de reflexión sobre campos específicos de pastoral, se siguió promoviendo la revisión de posiciones. Las nuevas perspectivas pastorales alcanzaron a las misiones populares, la emigración, las misiones de vanguardia, el trabajo con drogodependientes, la presencia en la marginación, el compromiso por la paz y la justicia, el diálogo interreligioso, los medios de comunicación social, la presencia en universidades, la promoción indígena... Nuevos campos para nuevas generaciones de misioneros.
La caída del muro de Berlín y la apertura del Este Europeo supuso para la Congregación, como para la Iglesia, un nuevo reto que supo aprovecharse. Pronto se iniciaron las incursiones misioneras a los distintos países cristalizando la mayoría de ella en fundaciones llenas de futuro: Bielorrusia (1991), Siberia (1992), República Checa (1994), Eslovaquia (1997), Rusia Europea (1998). Pero no menos importancia supuso el paso dado con la fundación en Taiwan en 1994, siempre con la mirada puesta en China, donde pronto comenzaron a colocarse los fundamentos de una misión en el lugar donde se desarrolló el primer germen congregacional en aquel inmenso país.
Al mismo tiempo se abrían nuevos caminos misioneros en distintas naciones donde nunca se había hecho presente la Congregación: Costa de Marfil e Indonesia (1990), Sri Lanka y Kenia (1991), Tanzania (1994), Uganda (1995), Ghana (1997), Haití (1999). Para apoyar el inmenso desgaste de personal y de recursos se fueron creando instrumentos, entre los que destacaron las Procuras misionales y las Organizaciones no-gubernamentales, que intentaban motivar y mantener vivo el espíritu misionero en el entorno claretiano.
Un signo de la vitalidad y de la entrega congregacional siguieron siendo las persecuciones, que no han faltado en ninguna de las etapas de su historia. En 1991 los tupamaros tomaban violentamente la misión de Juanjui en Perú; por aquellas mismas fechas se intensificaba la violencia en el Zaire donde los militares saqueaban el Instituto de Filosofía de Kinshasa; en 1992 se iniciaban los atentados en la misión de Basilan llegando a secuestrar en 1993 al P. Bernardo Blanco, no cesando desde entonces la persecución que finalmente acabaría con el martirio de unos de los misioneros filipinos, el P. Rhoel Gallardo en mayo de 2000; en El Estor, Guatemala, hubieron de sufrir los misioneros amenazas y persecuciones judiciales en 1994 por la defensa de los más pobres; en 1995 explotaba un bomba en la iglesia de Guadalupe, en Managua, Nicaragua, aunque se ignoran la autoría del atentado; la situación en Guinea Ecuatorial no cejaba en su acoso a los misioneros; en 1997 se agravaba la situación en el Zaire, afectando sobre todo a los estudiantes; en Quibdó, Colombia, seguía recrudeciéndose la situación y afectando a los misioneros siempre en defensa de los derechos de los campesinos; finalmente la tragedia se hizo sentir en Timor Oriental donde fueron perseguidos los misioneros y destruidas todas sus casas e iglesias. Este es un resumen de muchos días y años de sufrimientos de una Congregación que siempre ha disfrutado del privilegio del martirio. Durante este tiempo se fueron intensificado particularmente la relación de la Familia Claretiana (Misioneras Claretianas, Filiación Cordimariana y Seglares Claretianos) a través de los diversos Simposios a nivel general y particulares.
La comunicación en la Congregación fue adquiriendo cada vez mayor volumen a través del boletín congregación NUNC, del anuario “La Misión Claretiana” y de los boletines provinciales. Los nuevos medios técnicos hacían que esta comunicación fuera cada vez más densa y compleja, especialmente a través de Internet y las páginas Web.
El día 24 de octubre de 1998 se iniciaban en Bangalore las celebraciones del 150º aniversario de la fundación de la Congregación con la asistencia de todos los Provinciales, que representaban a todos los claretianos de los 56 países donde se hallaba presente la Congregación. Los actos jubilares se clausuraron el 7 de mayo de 2000, cincuentenario de la canonización del P. Fundador. El momento culminante de la celebración jubilar se tuvo el 16 de julio de 1999 en torno a la celda de la fundación en Vic y junto al sepulcro del P. Fundador, con la presencia de gran número de claretianos de todo el mundo.
En el momento de celebrar la clausura del Año Jubilar ésta era la situación numérica de la Congregación: 3.075 miembros, 34 organismos mayores y presencia en 56 naciones. En las estadísticas del año 2000 se publicaba el número de los que constituyen la mayor riqueza de la Congregación: los fallecidos hasta aquel momento, la llamada Congregación celeste. A fecha del 31 de diciembre alcanzaban la cifra de 3.708, de los cuales 21 obispos, 2.019 presbíteros, 1 diácono, 968 hermanos, 419 estudiantes y 19 novicios.
La congregación en el siglo XXI (2000-2013) [editar]
Dos Capítulos Generales se han celebrado en esta última etapa: 2003 y 2009. El interés fundamental de la Congregación se ha centrado “anunciar con firmeza y amor a los hombres de nuestro tiempo el Evangelio de la vida” y reforzar la identidad claretiana a partir de la definición del Misionero dada por el fundador que nos definió como “hombres que arden en caridad”.
Dos direcciones podemos decir que ha ido tomando la Congregación en esta etapa. Una cuidando el crecimiento y la expansión en zonas de joven cristiandad (Asia y África) y la otra reorganizando los Organismos en las zonas de antigua cristiandad (Europa y América). Con respecto a la primera han continuado las fundaciones en nuevos países: Zimbabwe (2002), Vietnam (2002), Mozambique (2006), China Continental (2006), Sudán (2008), Malasia (2012) y Sudáfrica en ciernes. En cuanto a las reunificaciones internas de organismos se encuentran hasta ahora España, Brasil, USA, Colombia-Venezuela, Bolivia-Perú, Argentina-Chile-Paraguay-Uruguay.
La Congregación ha continuado con su servicio a la Iglesia también a través de su participación en la Jerarquía sumando a los anteriores prelados un cardenal de Curia, Mons. Jose Saraiva Martins y los obispos de Caguas (Puerto Rico), Medellín y Valledupar (Colombia), Trujillo (Perú), San Pedro Sula y Tegucigalpa (Honduras), Bata y Ebibeyin (Guinea Ecuatorial), Darién (Panamá) y Sao Tomé y Principe.
Poco a poco y al ritmo de la sociedad se ha ido incrementando en la Congregación la presencia en los MCS. En cuanto a la publicación de libros hay que destacar la traducción de sendas Biblias pastorales al chino en caracteres tradicionales y con caracteres simplificados, impresas en China por iniciativa de Claretian Publication de Filipinas. Gran eco internacional tuvo también la Agenda Latinoamericana y el Diario Bíblico, iniciativas de CICLA. En Manila comenzó a publicarse también la revista Religious Life. No menos importancia han tenido las distintas iniciativas que se han ido desarrollando a través de Internet, con numerosas páginas Web en todo el mundo. Desde 1998 las editoriales claretianas (Claretian Communications de Filipinas, Editorial Claret de Cataluña, Ave Maria de Brasil, Editorial Claretiana de Argentina, Ediurcla de Roma, Publicaciones Claretianas de Madrid, Publicaciones Claretianas de Polonia y Claretian Publications de Bangalore) participan regularmente en la Feria Internacional del Libro de Frankfurt. Ha seguido ampliándose el servicio a la Vida Religiosa con la creación de un Instituto de Vida Consagrada en Bangalore (India), con el nombre de Sanyasa Jnana Kendra, que comenzaría a funcionar en 2002. Con éste sumaban cuatro los Institutos de Vida Consagrada en la Congregación: Bangalore, Madrid, Manila y Roma.
Hay que significar aquí varios acontecimientos gozosos de primera magnitud para la Congregación en estos años. El año 2005 se celebraba la beatificación del misionero claretiano Andrés Solà, mártir de la revolución mexicana de 1927. La ceremonia, que tuvo lugar en el estadio Jalisco de la ciudad de Guadalajara, fue presidida por el cardenal claretiano José Saraiva, y a ella asistió un gran número de claretianos. Junto al P. Solá fueron beatificados sus dos compañeros de martirio del Rancho de San Joaquín, el sacerdote Trinidad Rangel y el laico Leonardo Pérez. El año 2007 concurría le celebración del Bicentenario del nacimiento del P. Fundador, San Antonio Mª Claret. Con este motivo se inauguraba en Sallent, su pueblo natal, un nuevo museo congregacional. El año 2013 se estrenaba la película “Un Dios Prohibido”, sobre el martirio de los Beatos Mártires Claretianos de Barbastro. Y finalmente el mismo año se recibía el anuncio de la beatificación el 13 de octubre de 2013 de otros 24 misioneros claretianos mártires de Tarragona, Sigüenza y Fernán Caballero.
BIBLIOGRAFÍA GENERAL [editar]
Aguilar, M.: "Historia de la Congregación". Barcelona, 1901.
Alonso, G: “Misioneros Claretianos” (III), Buenos Aires, 2007.
Álvarez, J.: “Misioneros Claretianos” (I-II). Madrid, 1993-97.
Álvarez, J.: “Claves para leer la Historia de la Congregación”. Madrid, 2001.
Amadi, Ch.: “Misioneros Claretianos. Cronología esencial 1807-2000.
Castillo, Z.: “Catecismo de la Congregación”. Bogotá 1949.
Fernández, C.: "Compendio histórico de la Congregación de los Hijos del I. Corazón de María" (2 T), Madrid, 1967.
Izquierdo, M.: "Historia sucinta de la Congregación de Misioneros Hijos del I. Corazón de María", 1975.
Sanz, V.: Huellas de Claret, 1997.
Santos y beatos claretianos [editar]
Esta congregación contó con los siguientes personajes:
- Beato Andrés Solá y Molist, religioso español martirizado en México el 25 de abril de 1927.
- Beatos Mártires Españoles de Barbastro, seminaristas de la orden, quienes murieron fusilados en la Guerra Civil Española.[2]
- Venerable Mariano Avellana Lasierra, religioso claretiano español, misionero en el norte de Chile.
- Venerable José María Ruiz Cano, misionero Claretiano martirizado en la Guerra Civil Española de 1936, se cuenta entre los mártires de Fernan Caballero y Siguenza. El reconocimiento de su martirio y su beatificación fue anunciada el primero de julio del 2010 por el papa Benedicto XVI junto a otros 15 mártires de la congregación.
Organización [editar]
- España
- Colegio Claret Segovia.
- Colegio Claret Benimaclet (Valencia)
- Colegio Claret Madrid.
- Colegio del Corazón de María (Gijón).
- Colegio Mayor Universitario Jaime del Amo.
- Colegio Mayor Universitario Alcalá.
- Colegio Claret de Las Palmas de Gran Canaria
- Colegio Claret de Sevilla
- Colegio Claret de Don Benito, Badajoz
- Colegio Askartza-Claret de Lejona, Vizcaya
- Colegio Claret de Valls, Tarragona
- Colegio Claret de Barcelona
- Colegio Claret de Cornellá de Llobregat, Barcelona
- Colegio Claret de Sabadell, Barcelona
Colegio Padre Claret Córdoba, Argentina.
Santos y beatos claretianos [editar]
Esta congregación contó con los siguientes personajes:
- Beato Andrés Solá y Molist, religioso español martirizado en México el 25 de abril de 1927.
- Beatos Mártires Españoles de Barbastro, seminaristas de la orden, quienes murieron fusilados en la Guerra Civil Española.[3]
- Venerable Mariano Avellana Lasierra, religioso claretiano español, misionero en el norte de Chile.
- Venerable José María Ruiz Cano, misionero Claretiano martirizado en la Guerra Civil Española de 1936, se cuenta entre los mártires de Fernan Caballero y Siguenza. El reconocimiento de su martirio y su beatificación fue anunciada el primero de julio del 2010 por el papa Benedicto XVI junto a otros 15 mártires de la congregación.
Organización [editar]
- España
- Colegio Claret Segovia.
- Colegio Claret Benimaclet (Valencia)
- Colegio Claret Madrid.
- Colegio del Corazón de María (Gijón).
- Colegio Mayor Universitario Jaime del Amo.
- Colegio Mayor Universitario Alcalá.
- Colegio Claret de Las Palmas de Gran Canaria
- Colegio Claret de Sevilla
- Colegio Claret de Don Benito, Badajoz
- Colegio Askartza-Claret de Lejona, Vizcaya
- Colegio Claret de Valls, Tarragona
- Colegio Claret de Barcelona
- Colegio Claret de Cornellá de Llobregat, Barcelona
- Colegio Claret de Sabadell, Barcelona
Colegio Padre Claret Córdoba, Argentina.
Referencias [editar]
Véase también [editar]
- Antonio María Claret
- Hno. Sennen (1861-1937), destacado botánico francés
- Pedro Casaldaliga (1928),Religioso,escritor y poeta
Enlaces externos [editar]
Wikimedia Commons alberga contenido multimedia sobre Claretianos. Commons- Página Oficial
- Biografía de San Antonio María Claret
- Página del Colegio Claret de Sevilla
- Página del Colegio Claret de Las Palmas de Gran Canaria
- Página del Colegio Claret de Don Benito
- Seglares Claretianos de Buenos Aires
- Educadores Claretianos en Perú
- Claretianos en Chile
- Claretianos Provincia de Santiago
- Página del Colegio Claretiano de Santiago de Chile
- Colegio Claretiano Heredia, Costa Rica
- Ciudad Redonda
- Claretianos en México
- Claretiano Bogotá-Colombia
