Ciudad de los Césares

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La Ciudad de los Césares, también conocida como Ciudad encantada de la Patagonia, Ciudad errante, Trapalanda, Trapananda, Lin Lin o Elelín, es una ciudad mítica de América del Sur, que se supone ubicada en algún lugar del Cono Sur (preferentemente en algún valle cordillerano de la Patagonia entre Chile y la Argentina).

La ciudad se caracterizó por ser buscada intensamente durante la época colonial, pues se suponía que había sido fundada según las diferentes versiones, por españoles (náufragos, o exiliados), y/o por mitimaes incas; y que estaba llena de riquezas, principalmente oro y plata.

Ubicación[editar]

La amplitud del territorio original que fue descrito donde posiblemente se encontraría ubicada esta ciudad, se debe a que en los tiempos de la colonización Española, históricamente el término de "los Césares" fue utilizado para describir a cualquier ciudad de "ubicación desconocida" de la que se creía su existencia en el cono sur de Sudamérica, en el actual territorio de Chile o parte del territorio de Argentina vecino al de Chile.

Ello se habría producido posiblemente por el desconocimiento de la existencia de otros antecedentes que presentaban una ubicación diferente para quienes conocían una posible ubicación de la mítica ciudad; esto ya que aproximadamente en la misma época se realizaron diferentes expediciones "oficiales" a territorios que eran tan distantes entre ellos.

Origen de la Leyenda[editar]

El viaje de Francisco César[editar]

Mapa del Atlas Miller (1519) donde se observa la costa de Brasil y la desembocadura de los ríos Amazonas y De la Plata.

Si bien la actual leyenda de la Ciudad de los Césares está basada principalmente en la fusión de cuatro historias independientes, la primera referencia sobre su existencia aparece con la expedición realizada por el capitán Francisco César en 1528, en el marco de una avanzada mayor dirigida por Sebastián Gaboto en busca de la legendaria Sierra de la Plata. Gaboto había partido desde España en 1526 con la misión original de alcanzar las Molucas, cruzando el estrecho de Magallanes. Sin embargo, durante su escala en Pernanbuco (Brasil), la expedición escuchó las primeras versiones sobre una rica tierra en el interior sudamericano a la cual se podría acceder a través de un gran estuario ubicado más al sur. En Santa Catarina, Gaboto tomó contacto con Melchor Ramírez y Enrique Montes, náufragos de la frustrada expedición de Juan Díaz de Solís al Río de la Plata de 1516, quienes confirmaron los rumores mostrándole algunos metales preciosos y relatándole la saga de Alejo García, otro naúfrago de la expedición de Solís que, confiado en el relato de los indios, se había internado en lo profundo del continente hasta las tierras del Rey Blanco (Imperio Inca), donde estaba la supuesta Sierra de la Plata (Cerro Rico de Potosí). Según esta versión, García había conseguido su objetivo hallando grandes riquezas en el actual altiplano boliviano, aunque finalmente terminó siendo asesinado por los indios payaguas en su camino de regreso hacia la costa atlántica. Todos estos testimonios convencieron a Gaboto para abandonar la misión original en busca de las prometedoras riquezas sudamericanas.[1] Cabe destacar que para ese entonces aún los españoles desconocían la existencia del Imperio Inca, que recién sería descubierto por Francisco Pizarro en 1528 descendiendo por la costa del Pacífico desde la ciudad de Panamá.[2]

Al ingresar al Río de la Plata, la expedición de Gaboto tomó contacto con el ex grumete Francisco del Puerto, único sobreviviente de los hombres que habían tocado tierra firme junto a Solís en 1516. Del Puerto, quien había entablado vínculo con los indios, ratificó los rumores sobre la Sierra de la Plata y se unió a la avanzada española como guía e intérprete.[3] Río arriba, en la confluencia del Paraná con el Carcaraña, Gaboto decidió establecer el fuerte de Sancti Spiritu (1527), primer asentamiento europeo en la cuenca del Río de la Plata que serviría como base para la conquista de la región.[4]

La expedición de Sebastian Gaboto hacia la Sierra de la Plata sufrió sus primeros tropiezos cuando a la altura del río Paraguay la fuerza de la corriente le impidió continuar viaje, por lo que se decidió enviar una avanzada al mando de Miguel de Rifos que resultó emboscada por los indígenas a la altura del río Pilcomayo con la posible complicidad de Francisco del Puerto. Ante este panorama Gaboto decidió retornar a Sacti Spiritu para reorganizar sus fuerzas.[5]

Mientras se realizaban los preparativos para remontar nuevamente el río Paraná hacia el norte,[6] el capitán Francisco César solicitó y obtuvo autorización para realizar su propia exploración, junto a unos pocos hombres, desde Sancti Spiritu hacia el oeste, viaje que marcaría el comienzo de la leyenda de la Ciudad de los Césares.[7] Sin embargo, poco después, los indios del lugar terminaron arrasando el fuerte español con lo cual Gaboto tuvo que aceptar su derrota y emprender el retorno a España.[8] Más allá de no haber obtenido resultados concretos, la expedición de Gaboto sirvió para consolidar en Europa la fama de la Sierra de la Plata y para asentar el rumor de que en algún lugar, cerca de allí, existía una gran ciudad llena de riquezas conocida como la Ciudad de los Césares, aunque existían dos versiones distintas sobre el alcance y la magnitud del viaje realizado por el capitán Francisco César: la primera versión, difundida por Ruy Díaz de Guzmán, tenía características épicas y datos fantasiosos, mientras que la segunda versión, basada en una investigación de José Toribio Medina, era mucho más simple, aunque más verídica y ajustada a la realidad.[9]

Versión de Ruy Díaz de Guzmán[editar]

La primera versión conocida surgió del conquistador y cronista asunceno, Ruy Díaz de Guzmán, quien dijo haberla escuchado de boca de Gonzalo Saénz Garzon, quien a su vez la habría escuchado del propio capitán Francisco César en la ciudad de Lima.[10] La versión de Ruy Díaz de Guzmán, difundida por Ciro Bayo y otros escritores, relata que Francisco César y su gente llegaron hasta la Cordillera de los Andes, donde encontraron una provincia rica y fértil, con ganado, metales preciosos y mucha gente al mando de un cacique que habría recibido gentilmente a la avanzada española obsequiándole regalos al capitán César tras su despedida. Sin embargo, al volver a Sancti Spiritu la expedición habría encontrado el fuerte quemado, sin rastros de Gaboto y sus hombres por lo que, bajo esas circunstancia, César y sus soldados habrían decidido encaminarse hacia el Perú donde ya tenían noticias de la llegada de Francisco Pizarro. Así, la avanzada de Francisco César habría atravesado la Cordillera de los Andes en un punto donde la altura les permitía ver mar a ambos lados, para luego continuar viaje surcando la costa del Pacífico pasando por Atacama, Lipez y Charcas hasta el Cuzco, en el momento en que Pizarro mantenia cautivo al emperador inca Atahualpa.[11] Según esta versión, el épico viaje de Francisco César a través de media Sudamérica habría durado siete años y tras ella, sus hombres habrían sido bautizados como Los Césares y la expedición en general habría sido conocida como la Conquista de los Césares,[12] que por su extensión podría haber llegado a lugares tan lejanos como el sudoeste de la Pampa o incluso la Patagonia.[13]

Versión de José Toribio Medina[editar]

Vista del lago Los Molinos en las sierras de Córdoba.

A comienzos del siglo XX, don José Toribio Medina publicó una obra criticando y aclarando diversos puntos ofrecidos por la versión original de Ruy Díaz de Guzmán. Según su investigación, Francisco César habría partido de Sancti Spiritu a medidados o fines de noviembre de 1528, acompañado por otros catorce hombres repartidos en tres columnas: una hacia donde habitaban los quirandíes, otra hacia donde estaban los curacuraes y la última por el río Curacuraz. César y siete compañeros más, supuestamente los hombres que componían su propia columna, habían regresado al fuerte español en febrero de 1529, con lo cual el viaje hacia el interior del territorio habría durado no más de dos meses y medio. De esta expedición solo consta en los documentos que los soldados de César "dijeron haber visto grandes riquezas de oro y plata y piedras preciosas.", sin conocerse cual había sido la suerte de los demás hombres o por que lugares exactos habían estado los sobrevivientes. Otro posible dato sobre el resultado de la expedición lo aportó Cieza de León en su obra Guerra de Chupas, quien dijo haber conocido a César y a Francisco Hogazón, otro de los primeros conquistadores de la región del Río de la Plata, y que a menudo les había escuchado hablar y afirmar bajo juramento que habían visto "mucho tesoro y grandes ganados de los que aquí llamamos obejas del Perú y que los indios eran bien vestidos y de buen trato". Con esta información y calculando la duración del viaje, resultaba casi imposible que César y su gente hubiesen llegado hasta el sudoeste de la Pampa o a la Patagonia, aunque sí podía conciderarse correcto suponer que la expedición habría llegado hasta las sierras de Córdoba, donde existían tribus, como los diaguitas y los comechingones, que estaban influenciados por la cultura de los incas y que podrían haber contado con llamas y metalurgia.[14]

Continuando con la investigación realizada por Toribio Medina, Sancti Spiritu habría sido atacada por los indios en septiembre de 1529 y en octubre de ese mismo año César se habría embarcado junto a Gaboto rumbo a España. Medina también encontró evidencia de que Francisco César ya estaba en Madrid en 1530 porque figuraba como testigo en el proceso de Catalina Vásquez y sus hijos contra Sebastian Gaboto. En 1532 César habría pasado a Venezuela y luego a territorio colombiano en busca del Darien, falleciendo durante dicha expedición en julio de 1538. Por lo tanto toda la historia de Ruy Díaz de Guzmán resultaría falsa, debido a que la saga de Francisco César no habría durado siete años, sino tan solo unos dos meses y medio, por lo que no habría tenido tiempo suficiente para llegar hasta la Cordillera de los Andes y, por el contrario de lo que afirmaba Ruy Díaz, César incluso habría estado en Sancti Spiritu antes de su destrucción para finalmente embarcarse junto a Gaboto rumbo a España. Si bien posteriormente César habría retornado sudámerica, solo estuvo en Venezuela y Colombia, pero nunca habría llegado al Perú, por lo tanto no solo no se habría encontrado allí cuando Pizarro tenía a Atahualpa como prisionero, sino que dificilmente podría haber estado en Lima años después para contar su historia a Gonzalo Saenz de Garzon. Otro dato transgiversado por Ciro Bayo, afirmaba que los soldados de la expedición original eran conocidos como los Césares y que la saga en general había sido llamada como la Conquista de los Césares, sin embargo, durante el Siglo XVI, aquella región incógnita, supuestamente rica en oro y plata ubicada al sur de la Pampa era conocida como lo de César, y los césares era el nombre que se utilizaba para llamar a los pobladores de aquel legendario lugar, mientras que el término Conquista de los Césares se utilizaba para nombrar a las expediciones que salían en su búsqueda.[15]

Versiones Posteriores[editar]

Los Mitimaes Incas[editar]

La Conquista del Perú[editar]

Vista de la ciudad de Panamá hacia el año 1850.

La segunda leyenda de la Ciudad de los Césares surgió con la expedición de Diego de Almagro hacia Chile de 1535. Almagro, hijo y nieto de labradores españoles había partido rumbo a América en busca de un destino mejor y fue allí donde conoció y trabó amistad con un muchacho más jóven que él, llamado Francisco Pizarro. La amistad que forjaron juntos llegó a tal punto que se consideraban como hermanos, por lo que decidieron unir todas sus pertenencias en una empresa común que resultó beneficiosa para ambos. Tiempo después, Almagro y Pizarro aceptaron incluir en la compañía a un tercer hombre: el clérigo Fernando de Luque, párroco de Panamá y cercano al gobernador Pedrarias. [16]

Diego de Almagro, Fernando de Luque y Francisco Pizarro llegaron a ser los hombres más acaudalados de Panamá, sin embargo este hecho no bastó para satisfacer su ambición y en 1524, estos tres hombres decidieron empeñar sus bienes para organizar la conquista de un territorio ubicado más al sur, sobre las costas del océano Pacífico, donde según los indígenas existía una opulenta comarca donde se comía y se bebía en platos y vasos de oro, que próntamente fue bautizada por los panameños con el nombre de Perú. Fernando de Luque interpuso su influencia para conseguir la licencia del gobernador Pedrarias y una vez obtenida la misma, Almagro y Pizarro se lanzaron a la exploración del mar del sur, en un viaje de unos catorce meses sin encontrar nada destacable más que pantanos, bosques impenetrables y poblaciones pobres con indios feroces. A pesar de este fracaso, Almagro y Pizarro estaban convencidos de la existencia del Perú y decidieron volver a embarcarse rumbo al sur y recién frente a las costas de Quito la expedición logró divisar los primeros signos de una civilización avanzada con cultivos, ciudades y numerosa población. Allí se produjo el primer entredicho entre los dos capitanes, ya que Pizarro sostenía de que era necesario reclutar más gente para continuar adelante, mientras que Almagro suponía que el regreso a Panamá podía poner en peligro toda la campaña. Finalmente, contrario al deseo de sus hombres de abandonar la búsqueda del Perú, ambos conquistadores acordaron que Pizarro se quedaría con el grueso de la expedición aguardando en la Isla del Gallo, mientras que Almagro volvería a Panamá en busca de más gente. Como temía Almagro, el nuevo gobernador de Panamá, Pedro de los Ríos, indignado por la actitud de los capitanos, no solo negó que más hombres fueran enviados al sur, sino que exigió el retorno inmediato de todos los que estaban retenidos contra su voluntad en la Isla del Gallo. Ante el riesgo de malograr toda la empresa, Pizarro marcó con su espada una línea en la arena y dijo: "camaradas y amigos, por aquí se va al Perú a ser ricos, por acá se va a Panamá a ser pobres, escoja el que sea buen castellano lo que más bien le estuviere". Junto a Pizarro permanecieron en la isla otros trece hombres más. El gobernador Pedro de los Ríos aceptó que Pizarro continuara buscando aquel reino de fantasía con la condición que en un plazo máximo de seis meses se presentara en Panamá a rendirle cuentas, fuese cual fuese el resultado de la expedición.[17]

Retrato de Atahualpa.

Finalmente, Pizarro regresó a Panamá dentro del plazo establecido por el gobernador, pero a diferencia de lo que éste esperaba, Pizarro no volvió con las manos vacías sino con la impactante noticia del descubrimiento del Perú, aquel rico y poderoso imperio con el que tanto habían soñado y que se encontraba un poco más al sur del golfo de Guayaquil. Rehusándose el gobernador a amparar la conquista de dicho territorio bajo el pretexto de no querer provocar el despoblamiento de Panamá y la muerte de más hombres, Francisco Pizarro se embarcó rumbo a España para entrevistarse con el rey Carlos V quien le otorgó el derecho de exploración y conquista de un territorio de doscientas leguas desde el río Santiago hacia el sur que a partir de entonces sería conocido como Perú o Nueva Castilla. Además el rey nombró a Pizarro gobernador, capitan general, adelantado y alguacil de éste nuevo territorio en detrimento de sus otros dos socios, principalmente de Diego de Almagro quién amenazó con disolver la empresa e ir en busca de nuevos socios para emprender la conquista del Perú por su cuenta.[18] Francisco Pizarro intentó enmendar la situación con Almagro comprometiéndose a cederle el título de adelantado y a solicitar ante la Corte la creación de una gobernación nueva y exclusiva para su usufructo. Con la situación relativamente normalizada Pizarro emprendió en 1531 su último viaje desde Panamá hacia el Perú fundando en esta tierra la ciudad de San Miguel, aunque temeroso sobre la lealtad de Almagro decidió salir inmediatamente en busca del soberano Inca al frente de ciento setenta y siete hombres antes de que otro contingente se le adelantase.[19]

Para aquel entonces, el Tahuantinsuyo no era un reino cualquiera de América, sino un imperio de casi cuatro siglos de antiguedad con una extensión de setecientas leguas en dirección Norte-Sur y unas tradiciones que se remontaban a la cultura Tiahuanaco, ubicada originalmente a orillas del lago Titicaca. La capital de éste imperio era la ciudad de Cuzco, donde habitaba el Inca, cuyo mandato era transmitido de generación en generación a un príncipe heredero, miembro de la familia real cuya pureza de sangre se mantenía gracias al entrecruzamiento de hermanos con hermandas. Durante el mandato de Huayna Cápac, muerto pocos años antes de la llegada de los españoles, el Imperio Inca había continuado su expansión logrando la incorporación del reino de Quito, sin embargo, Huayna Cápac decidió modificar la tradición diviendo el imperio en dos Estados: al mando del Cuzco quedaría su hijo legítimo Huascar, concebido con una princesa inca, mientras que al mando de Quito estaría uno de sus hijos bastardos llamado Atahualpa, que había sido concebido con la hija del cacique de Quito. Esta decisión resultaría fatal para el Imperio, ya que el mutuo recelo entre ambos hermanastros derivó en una guerra civil. Para cuando Pizarro y sus hombres emprendieron la campaña del Perú, Atahualpa acababa de vencer a las tropas de su Huascar y estaba a punto de consagrarse como señor de Quito y del Cuzco, sin embargo, la llegada de los españoles terminaría arruinando todos sus planes.[20]

Atahualpa estaba enterado de los movimientos españoles desde su arribo al Perú, sin embargo, cegado por sus triufos y su poder consideró que el contingente de extranjeros era tan reducido que no valía la pena enfrentarlo, por lo que el viaje de Pizarro y sus hombres fue algo más similar a una paseo que a una campaña conquistadora. Los españoles finalmente acamparon en Cajamarca, desde donde podían divisar, a una legua de distancia el extenso campamento del ejército incaico donde también se encontraba alojado Atahualpa. Pizarro envió a su hermando Hernando hasta el campamento inca para solicitar la visita del emperador a Cajamarca y finalmente éste aceptó la invitación. Acompañado por su ejército Atahualpa se apersonó en Cajamarca al día siguiente, 16 de noviembre de 1532, y ante él solo encontró al capellan y fraile dominico Vicente de Valdeverde, quien le exigió al Inca asumir la religión cristiana y reconocerse como tributario del rey español. Atahualpa reaccionó furioso ante tal insolencia y ordenó buscar y por su parte el fray exclamó socorro a Pizarro diciendo "Salid a él, que yo os absuelvo", tras lo cual los españoles respondieron con sus caballos y su artillería, aunque Pizarro aclaró que nadie debía herir a Atahualpa. La jornada finalizó con el triunfo español y el secuestro del emperador inca.[21]

Atahualpa ofreció, a cambio de su libertad, llenar toda una habitación con oro y otras dos habitaciones con plata hasta la altura de un brazo alzado. Pizarro, aunque algo escéptico aceptó la propuesta y durante las siguientes semanas los indios llevaron hasta Cajamarca cientos de objetos de plata y oro para cumplir con la promesa del emperador. Para acelerar la entrega del rescate tres españoles fueron enviados hasta Cuzco, donde pudieron observar las 700 placas de oro que recubrían las paredes del Coricancha (Templo del Sol), las cuales fueron arrancadas.[22] Mientras tanto Diego de Almagro llegó a San Miguel, uniéndose rápidamente a las tropas de Pizarro en Cajamarca. Poco después, cuando Atahualpa terminó de pagar su rescate y estaba en condiciones de exigir su libertad, los conquistadores, temerosos de la sublevación que podía organizar el Inca para recuperar su imperio, decidieron condenarlo a muerte acusándolo de diversos crímenes como el asesinato de su hermano Huascar y de otros actos como la idolatría, la poligamia, etc.[23]

Expedición de Almagro a Chile[editar]

"Expedición de Almagro a Chile", pintura de Fray Pedro Subercaseaux.

Mientras el Imperio Inca caía en manos de los conquistadores, llegó a Sudamérica la noticia de que el rey había accedido otorgar una gobernación a Diego de Almagro, llamada Nueva Toledo, que estaría ubicada exactamente al sur de la gobernación de Francisco Pizarro. Esta decisión generó nuevamente un enfrentamiento entre los antiguos socios de la conquista ya que la ciudad de Cuzco quedaba dentro de la jurisdicción de Almagro, con lo cual la gobernación del Perú o de la Nueva Castilla perdía su principal ciudad. Pizarro suplicó a Almagro que dejara al Cuzco bajo su jurisdicción, alentándolo a conquistar una comarca que se hallaba más al sur denominada Chile, que según los indios era muy rica en metales preciosos. Como garantía de su pedido Pizarro prometió a Almagro que si no encontraba riquezas en Chile podría regresar y ambos se repartirían el Perú como hermanos.[24]

Almagro era un aficionado a las aventuras y además estaba ancioso por conocer y conquistar su propia gobernación, la que tanto había anhelado, por lo que decidió aceptar el pedido de Pizarro y solicitó a Manco Inca, emperador títere designado por los españoles, que le asignara a dos señores principales con el objetivo de que éstos informaran a los distintos pueblos del sur por los iban pasando de que los europeos eran ahora los nuevos soberanos de la región. Manco comisionó para esta misión a su propio hermano Paullu Topa y al sumo sacerdote Villac Umu, quienes fueron enviados inmediatamente hacia el sur acompañados por tres castellanos a caballo. Luego Almagro despachó una primera expedición a las órdenes de Juan Saavedra, quien fundo el pueblo de Paria, primer asentamiento español de la gobernación de Nueva Toledo y finalmente el propio Diego de Almagro partió desde Cuzco el 3 de julio de 1535.[25]

La expedición de Almagro atravezó la meseta del collao, pasando por Paria y Topisa (hoy Tupiza), donde los aguardaban Paullu Topa y Villac Umu, aunque los tres españoles que debían acompañarlos habían desaparecido, supuestamente con el objetivo de adelantarse hasta Chile. Los indios hicieron saber a los europeos que la tierra ubicada más al sur era pobre y habitada por tribus belicosas y que las únicas dos vías de acceso a Chile eran igualmente peligrosas: la ruta del desierto de Atacama o el paso por la cordillera de los Andes. Los españoles optaron por la segunda opción y continuaron su avance hacia lo que actualmente es la provincia argentina de Jujuy. Mientras tanto, cuando Almagro aun estaba en Tupiza se produjo una noche la fuga de Villac Umu quien comenzó a estimular una sublevación de los indios contra los castellanos.[26]

Al llegar la expedición al valle de Quiriquirí (Santiago del Estero, Argentina) se cruzó con una colonia de mitimaes del Inca, establecidos allí para controlar a los naturales de la provincia. Estos mitimaes enterados de la situación, conspiraron para matar a los españoles, sin embargo la gente de Almagro venció en esta batalla y prosiguió su viaje hacia la cordillera andina, cuyo traspaso hacia los amenos valles chilenos de Copiapó resulto sumamente arduo y sacrificado.



En aquella época también circulaban otras historias de un rico asentamiento en el sur del continente, pues un grupo de mitimaes (colonos incas) se movilizaron a la zona de Santiago del Estero en 1535 después de fracasar en un intento de rescatar al noble inca Pablo Inga, guía de Diego de Almagro y medio hermano de Atahualpa. Se creía que ellos llevaban consigo muchas riquezas y que habían fundado una ciudad inca en alguna parte del sur de Argentina. Los rumores e informes de indios que decían haber visitado este asentamiento se sucedieron durante el resto del siglo XVI.

Además, el cronista y maestre de campo Miguel de Olaverria indica que los súbditos incas que habitaban cerca al río Maule, al recibir el asedio de los mapuches y al enterarse que su rey estaba capturado por los españoles, resolvieron no volver a sus tierras, sino migrar a "lo de Cesares". En su informe escribe que ...y pasaron la gran cordillera por el río Putagán que está cerca del dicho rio Maule y hay opiniones que no vinieron al Perú a causa de estar los españoles apoderados de sus tierras y que están poblados en lo que llaman de Cesares sobre la mar del Norte de que hay noticia y muchas señales.[27]

Los exiliados de Osorno, de Valdivia y Villarrica[editar]

Igualmente circuló también la leyenda que indicaban que eran ciudades opulentas que la habían formado un grupo de pobladores exiliados de las ciudades sur-australes de Chile, principalmente de Osorno, y en menor medida de algunas ciudades cercanas de más al norte (como Valdivia y Villarrica); los cuales al escapar se salvaron del ataque sufrido a la destrucción de las siete ciudades, cuando estas ciudades fueron destruidas por los mapuches y huilliches (hecho sucedido luego del desastre de Curalaba, a fines del siglo XVI). Este grupo de exiliados habría estado compuesto por un grupo de los pobladores españoles acompañaron por los indígenas que los servían y que no se habían rebelado hacia ellos[28]

A partir de este hecho posteriormente se originó la creencia de que probablemente en la región cordillerana, al sur de Valdivia y al este de la actual ciudad de Osorno (en la zona norte de la actual Región de Los Lagos de Chile y zona sur de Región de Los Rios ), se encontraba la ciudad principal de los césares, (puesto que se contaban hasta tres); la que se creía que estaba ubicada en medio de una laguna de nombre Payegué o Puyequé (haciendo referencia al Lago Puyehue), cerca de un estero llamado Llanquecó, al este de la cercanas "ruinas de la antigua ciudad de Osorno".[29] [30] A partir de la destrucción de estas ciudades, también se crearía la versión de que un grupo de los sobrevivientes fueron a asilarse a las pampas del este, donde fundaron la ciudad.[31]

Este mito prospero en la región principalmente producto de que del territorio Huilliche se decía incluso hasta 1790 que “eratan ignoto el país del lado sur de Bueno (Río Bueno) que sólo uno u otro le habían reconocido y visto”; siendo este territorio una frontera cerrada en torno a la cual circulaban las leyendas sobre la ciudad de los Césares, llamados en la zona “osornenses”. Por ello durante la segunda mitad del siglo XVIII, desde el gobierno de Valdivia se hablan realizado algunas exploraciones internándose en el territorio para buscar la mítica Ciudad.[32]

Los náufragos españoles de la Patagonia[editar]

Producto de la existencia de varias expediciones españolas a la zona del estrecho de Magallanes, las cuales fracasaron; entre los españoles igualmente empezaron a circular historias sobre la fundación de ciudades por parte de sus sobrevivientes, sobre todo a partir de la suerte que corrieron los amotinados de la expedición de Simón de Alcazaba y los náufragos de la expedición armada por el Obispo de Plasencia.

El naufragio de la expedición del Obispo de Plasencia (Gutierre de Vargas y Carvajal) durante la travesía que tenía como fin tomar posesión de la gobernación del Estrecho de Magallanes ocurrió en 1540, cuando ya estaban llegando a su destino. Cerca de 200 personas lograron refugiarse en tierra y se internaron en ella para establecerse hasta que los rescataran. No se tuvo noticias de ellos hasta unos 20 años después, cuando dos de los náufragos lograron llegar a Concepción, en la Capitanía de Chile, y contaron que otros sobrevivientes habían fundado una ciudad en la Patagonia y que las riquezas de los incas estaban en ella.

La historia de dos de los náufragos[editar]

En 1563, veintitrés años después del naufragio de una de las naves del Obispo de Plasencia, llegaron a Concepción (Chile) dos hombres que habían estado en el barco. Se llamaban Pedro de Oviedo y Antonio de Cobos; y narraron cómo se habían salvado junto con la mayor parte de la tripulación y se habían internado tierra adentro al mando de Sebastián de Argüello, hasta encontrarse con un poblado de indios. Según ellos, después de algunas escaramuzas y un periodo de desconfianza, los españoles lograron asentarse en esa tierra en paz con los aborígenes y tomaron a indias como esposas. En su relato hablaban de un poblado inca ubicado más al norte que estaba en guerra con ellos. Pero más tarde estos dos hombres asesinaron a un amigo del capitán y debieron huir a refugiarse entre aquellos "incas". El escribiente que anotó la declaración de Oviedo señaló que:

...La tierra era muy fértil y por la parte más principal que los fueron llevando caminaron dos días poco a poco y vieron multitud de oficiales plateros con obras de vasijas de plata gruesas y sutiles y algunas piedras azules y verdes toscas que las engastaban. La gente era lucida y aguilena y al fin de la del Perú sin mezcla de otras. Dizen que les enbidaban con plata y ellos se excusaron, pidiendo solo de comer y pasaje el cual se lo dieron y para el camino veinte indios que los pusieron en lo alto de la cordillera en derecho a la Villa Rica y entregados con rehenes a los pulchez pasaron y vinieron a la ciudad de Concepción donde estuvieron por huespedes el maestro del campo el general Juan gutierrez de Altamirano.[33]

La fusión de las cuatro historias[editar]

Con el paso de los años estas historias diferentes llegaron a fundirse en una sola, que contenía también elementos fantásticos de la tradición europea. En ella, el poblado mítico de los españoles tomaba características de una rica ciudad en la cual sus habitantes (que eran llamados los Césares) estaban compuestos por decendientes de españoles y de los indígenas (que acompañaron a sus ancestros españoles); los cuales juntos fundaron esta mítica ciudad de ubicación desconocida.

Así, la fusión de las diferentes historias sobre una mitica ciudad produjo que la leyenda definitiva de la mítica ciudad se ubicara en algún lugar indefinido del Cono Sur, de preferencia, en algún valle cordillerano de la Patagonia entre Chile y Argentina; siendo así como la leyenda de mítica Ciudad de los Césares llegaría a formar parte de la Mitología de América del Sur, así como otras ciudades con riquezas como "El Dorado" y "El gran Paititi".

Búsqueda[editar]

Producto de las riquezas que se decía existirían en esta mítica ciudad, se produjeron varias expediciones a sus diferentes posibles ubicaciones para lograr encontrarla, y así lograr contactarse con sus habitantes. Estas expediciones fueron las siguientes:

Diego de Rojas[editar]

El primer viaje de exploración que puede considerarse que tenía como uno de sus objetivos hallar la ciudad lo realizó Diego de Rojas en 1543,[34] cuando entró desde el Perú al territorio de la actual Provincia de Santiago del Estero, en busca de una rica región ubicada entre Chile y el Río de la Plata. El virrey del Perú Cristóbal Vaca de Castro escribió al Rey en 1542:

Asimismo hay noticia que entre la provincia de Chile y el nasçimiento del río grande que llaman de La Plata, ay una provincia que se llama [ ], hazia la parte del mar del Norte, de aquel cabo de las sierras nevadas, que diz que es muy poblada y rica; por manera, que la cordillera de las sierras nevadas que atraviesa estas provinçias hacia el Estrecho, queda entre las provinçias de Chili y esta tierra: tengo proveído para ello capitán Diego de Rojas.[35]

Diego de Rojas logró recorrer gran parte del área que se le había encomendado explorar pero no encontró rastros de la ciudad que contaba César, aunque sí halló algunas gallinas europeas que éste había dejado entre los indios. Rojas murió sin completar su misión en 1544, durante un enfrentamiento con los juríes.

Alderete y Villagra[editar]

Cuando Francisco de Villagra volvió de Perú con refuerzos para Pedro de Valdivia en 1551, envió un destacamento desde el valle de Cuyo hacia el sur a buscar lo de César. No encontraron la región, pero sí recibieron informes de la presencia de españoles refugiados en las pampas. En la misma época, el adelantado Jerónimo de Alderete cruzó al lado oriental de los Andes a fundar una ciudad y reconocer el terreno. Él también oyó a los indígenas relatar las historias de los sobrevivientes españoles viviendo en paz con los indios y las del asentamiento inca.

Nicolás Mascardi[editar]

En el "Índice Chronologico Peruano", el padre Manuel Rodríguez escribe que el padre Nicolás Mascardi llegó en 1670 a evangelizar a los Poyas en la Capitanía general de Chile, para luego de allí pasar a la Ciudad de los Cesares. Esto último no lo logra porque sería muerto por los nativos en 1673.[36]

Menciones históricas[editar]

El 4 de noviembre de 1780 se inicia el movimiento de José Gabriel Condorcanqui contra la dominación española, adoptando el nombre de Túpac Amaru II, en honor de su antepasado el último Inca de Vilcabamba. Túpac Amaru se autodeclara "Inca, Señor de los Césares y Amazonas",[37] y jura con el siguiente bando su coronación: "...Don José Primero, por la gracia de Dios, Inca rey del Perú, Santa Fe, Quito, Chile, Buenos Aires y Continentes de los Mares del Sur, Duque de la Superlativa, Señor de los Césares y Amazonas con dominio en el Gran Paititi, Comisario Distribuidor de la Piedad Divina, etc...".[38]

La Ciudad de los Césares en la literatura[editar]

El mito de la Ciudad de los Césares, de manera similar al de El Dorado, ha sido tema de inspiración para obras literarias.

Se puede destacar la novela juvenil del chileno Manuel Rojas titulada La Ciudad de los Césares en que un grupo de viajeros encuentra la ciudad, mientras siguen las huellas de un minero desaparecido. En esta versión, los descendientes de los españoles viven junto con patagones y se encuentran al borde de una guerra civil.

Por otro lado, la novela del también chileno Luis Enrique Délano, titulada "En la Ciudad de Los Césares" (1939), donde se relata la historia de la "Expedición Lawrence", que buscó comprobar la existencia de esta mítica ciudad en el sur de Chile. Tras varios días de viajes por los interiores de Los Andes, el grupo de expedicionarios logró divisar en un valle una metrópolis cubierta por densas nubes cordilleranas. Al ingresar a la ciudad y contemplar el sinfín de riquezas que allí residían, los expedicionarios se dividieron en torno al destino de ellas. Los unos que buscan mantener el secreto de esta ciudad, los otros que buscan el saqueo y el beneficio propio. El fatal desenlance de la historia se resume en boca de uno de los protagonistas, Armando Green: "Todo por el maldito oro".

Además, aunque es una adaptación más libre del mito, se puede mencionar la obra de Hugo Silva Pacha Pulai, en la que se relata una versión ficticia del desenlace del Teniente Bello que, luego de perder el rumbo, llega a una ciudad perdida llamada Pacha Pulai, fundada por exploradores españoles perdidos y en que el metal más usado es el oro, al punto de no tener ningún valor. En esta historia, también había estallado una guerra civil entre indígenas y europeos, pero esta vez la ciudad se encontraría en algún lugar de la zona centro-norte de la Cordillera de los Andes en el límite entre Chile y Argentina, a diferencia de las versiones legendarias tardías, que la ubican mucho más al sur.

Martínez Estrada, en su Radiografía de La Pampa, hace referencia a Trapalanda cuando trabaja el conflicto entre ilusión y ficción que se produce en los conquistadores cuando llegan al continente Americano. Trapalanda ejemplifica, en el texto de Estrada, el sinfín de riquezas que no son, y la apuesta a un futuro que nunca se cumple.

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]

Bibliografía[editar]

Notas[editar]

  1. "Historias del Río de la Plata - Roberto Hosne (Buenos Aires, 1998)."
  2. "Historia General de las Indias (libro virtual). Capítulo CIX. Francisco López de Gómara. Medina del Campo, 1553; Zaragoza, 1555."
  3. "Historias del Río de la Plata - Roberto Hosne (Buenos Aires, 1998)."
  4. "Historias del Río de la Plata - Roberto Hosne (Buenos Aires, 1998)."
  5. "Historias del Río de la Plata - Roberto Hosne (Buenos Aires, 1998)."
  6. "Historias del Río de la Plata - Roberto Hosne (Buenos Aires, 1998)."
  7. [1]"La leyenda de los Césares, su origen y evolución - Ricardo E. Latcham (1929)."
  8. "Historias del Río de la Plata - Roberto Hosne (Buenos Aires, 1998)."
  9. [2]"La leyenda de los Césares, su origen y evolución - Ricardo E. Latcham (1929)."
  10. [3]"La leyenda de los Césares, su origen y evolución - Ricardo E. Latcham (1929)."
  11. [4]"La leyenda de los Césares, su origen y evolución - Ricardo E. Latcham (1929)."
  12. [5]"La leyenda de los Césares, su origen y evolución - Ricardo E. Latcham (1929)."
  13. [6]"La leyenda de los Césares, su origen y evolución - Ricardo E. Latcham (1929)."
  14. [7]"La leyenda de los Césares, su origen y evolución - Ricardo E. Latcham (1929)."
  15. [8]"La leyenda de los Césares, su origen y evolución - Ricardo E. Latcham (1929)."
  16. [9] "Descubrimiento i Conquista de Chile" - Miguel Luis Amunátegui (1862)
  17. [10] "Descubrimiento i Conquista de Chile" - Miguel Luis Amunátegui (1862)
  18. [11] "Descubrimiento i Conquista de Chile" - Miguel Luis Amunátegui (1862)
  19. [12] "Descubrimiento i Conquista de Chile" - Miguel Luis Amunátegui (1862)
  20. [13] "Descubrimiento i Conquista de Chile" - Miguel Luis Amunátegui (1862)
  21. [14] "Descubrimiento i Conquista de Chile" - Miguel Luis Amunátegui (1862)
  22. "[15] El Dorado en el pantano - Massimo Livi Bacci (2012)."
  23. [16] "Descubrimiento i Conquista de Chile" - Miguel Luis Amunátegui (1862)
  24. [17] "Descubrimiento i Conquista de Chile" - Miguel Luis Amunátegui (1862)
  25. [18] "Descubrimiento i Conquista de Chile" - Miguel Luis Amunátegui (1862)
  26. [19] "Descubrimiento i Conquista de Chile" - Miguel Luis Amunátegui (1862)
  27. Informe de Miguel de Olaverría
  28. Historia de Osorno, de Víctor Sánchez Olivera, sección: La ciudad fabulosa de los Césares y primitivo origen de la misión y fuerte de Río Bueno
  29. Derroteros y viajes a la Ciudad Encantada, o de los Césares, que se creía existiese en la cordillera, al sud de Valdivia Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2003
  30. La isla posible, sección: Una isla para la Ciudad de los Césares Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2001
  31. Ciro Bayo Los Césares de la Patagonia. Leyenda áurea del Nuevo mundo Capítulo VI. Los césares Osorneses.
  32. María Ximena Urbina Carrasco. La Frontera “De Arriba” Chilena y el camino de Chiloé a Valdivia. Temas Americanistas N° 18. Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.
  33. Medina, Documentos inéditos para la Historia de Chile, Tomo III
  34. Memoria chilena, 2004
  35. Cartas de Indias, 1974
  36. [http://books.google.com.pe/books?id=HAEBAAAAMAAJ&dq=%22ciudad%20de%20los%20cesares%22&pg=RA2-PA185&ci=89,428,745,253&source=bookclip Teatro critico universal Ó discursos varios en todo género de materias, para desengaño de errores comunes Escrito por Benito Jerónimo Feijoo
  37. El lago español. O. H. K. Spatesares
  38. Un mundo aparte. Por Antonio Núñez Jiménez

Referencias[editar]

  • Cartas de Indias. II. Madrid, Atlas. 1974. p. 470. 
  • Mancilla Pérez, Juan (2006). Magia y brujería en Chiloé. Secretos de Mitología. Medicina Popular. 74 p..