Ciudad de los Césares

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La Ciudad de los Césares, también conocida como Ciudad encantada de la Patagonia, Ciudad errante, Trapalanda, Trapananda, Lin Lin o Elelín, es una ciudad mítica de América del Sur, que se supone ubicada en algún lugar del Cono Sur (preferentemente en algún valle cordillerano de la Patagonia entre Chile y la Argentina).

La ciudad se caracterizó por ser buscada intensamente durante la época colonial, pues se suponía que había sido fundada según las diferentes versiones, por españoles (náufragos, o exiliados), y/o por mitimaes incas; y que estaba llena de riquezas, principalmente oro y plata.

Ubicación[editar]

La amplitud del territorio original que fue descrito donde posiblemente se encontraría ubicada esta ciudad, se debe a que en los tiempos de la colonización Española, históricamente el término de "los Césares" fue utilizado para describir a cualquier ciudad de "ubicación desconocida" de la que se creía su existencia en el cono sur de Sudamérica, en el actual territorio de Chile o parte del territorio de Argentina vecino al de Chile.

Ello se habría producido posiblemente por el desconocimiento de la existencia de otros antecedentes que presentaban una ubicación diferente para quienes conocían una posible ubicación de la mítica ciudad; esto ya que aproximadamente en la misma época se realizaron diferentes expediciones "oficiales" a territorios que eran tan distantes entre ellos.

Origen[editar]

Debido a lo anteriormente mencionado, el origen principal de la actual leyenda de la mítica Ciudad de los Césares, está basada principalmente en cuatro historias independientes. Estas historias fueron las siguientes:

El viaje de Francisco César[editar]

La primera referencia a una ciudad perdida que se relacionaría con la Ciudad de los Césares, data de 1528; durante la expedición de Sebastián Gaboto al río de la Plata. El capitán Francisco César y catorce hombres más partieron a explorar el territorio hacia el oeste, y se especula que llegaron hasta los Andes o solo hasta las sierras de Córdoba.

César y seis de sus soldados volvieron tres meses más tarde relatando que habían visto una tierra muy rica que tenía "ovejas del Perú" (llamas) y gran abundancia de joyas y metales preciosos. Durante el siglo XVI se empezó a conocer a este misterioso lugar con el nombre de lo de César, a veces con intención burlesca. Cuando las historias comenzaron a hablar de la existencia de una ciudad inca, sus habitantes empezaron a ser llamados Césares.

Como su ubicación era incierta y al no encontrársela, empezó a sugerirse que esta misteriosa ciudad se hallaba mucho más al sur. Postulándose diferentes ubicaciones. Así, según el investigador Ricardo E. Latcham, de haber sido las Sierras de Córdoba, tendría explicación la presencia de llamas y de metalurgia, pues en esa zona habitaban los diaguitas y los comechingones, ambos influidos por el Imperio inca; aunque estas características también se reflejaban en las otras zonas mencionadas del norte de Chile y Argentina.

Los mitimaes incas[editar]

En aquella época también circulaban otras historias de un rico asentamiento en el sur del continente, pues un grupo de mitimaes (colonos incas) se movilizaron a la zona de Santiago del Estero en 1535 después de fracasar en un intento de rescatar al noble inca Pablo Inga, guía de Diego de Almagro y medio hermano de Atahualpa. Se creía que ellos llevaban consigo muchas riquezas y que habían fundado una ciudad inca en alguna parte del sur de Argentina. Los rumores e informes de indios que decían haber visitado este asentamiento se sucedieron durante el resto del siglo XVI.

Además, el cronista y maestre de campo Miguel de Olaverria indica que los súbditos incas que habitaban cerca al río Maule, al recibir el asedio de los mapuches y al enterarse que su rey estaba capturado por los españoles, resolvieron no volver a sus tierras, sino migrar a "lo de Cesares". En su informe escribe que ...y pasaron la gran cordillera por el río Putagán que está cerca del dicho rio Maule y hay opiniones que no vinieron al Perú a causa de estar los españoles apoderados de sus tierras y que están poblados en lo que llaman de Cesares sobre la mar del Norte de que hay noticia y muchas señales.[1]

Los exiliados de Osorno, de Valdivia y Villarrica[editar]

Igualmente circuló también la leyenda que indicaban que eran ciudades opulentas que la habían formado un grupo de pobladores exiliados de las ciudades sur-australes de Chile, principalmente de Osorno, y en menor medida de algunas ciudades cercanas de más al norte (como Valdivia y Villarrica); los cuales al escapar se salvaron del ataque sufrido a la destrucción de las siete ciudades, cuando estas ciudades fueron destruidas por los mapuches y huilliches (hecho sucedido luego del desastre de Curalaba, a fines del siglo XVI). Este grupo de exiliados habría estado compuesto por un grupo de los pobladores españoles acompañaron por los indígenas que los servían y que no se habían rebelado hacia ellos[2]

A partir de este hecho posteriormente se originó la creencia de que probablemente en la región cordillerana, al sur de Valdivia y al este de la actual ciudad de Osorno (en la zona norte de la actual Región de Los Lagos de Chile y zona sur de Región de Los Rios ), se encontraba la ciudad principal de los césares, (puesto que se contaban hasta tres); la que se creía que estaba ubicada en medio de una laguna de nombre Payegué o Puyequé (haciendo referencia al Lago Puyehue), cerca de un estero llamado Llanquecó, al este de la cercanas "ruinas de la antigua ciudad de Osorno".[3] [4] A partir de la destrucción de estas ciudades, también se crearía la versión de que un grupo de los sobrevivientes fueron a asilarse a las pampas del este, donde fundaron la ciudad.[5]

Este mito prospero en la región principalmente producto de que del territorio Huilliche se decía incluso hasta 1790 que “eratan ignoto el país del lado sur de Bueno (Río Bueno) que sólo uno u otro le habían reconocido y visto”; siendo este territorio una frontera cerrada en torno a la cual circulaban las leyendas sobre la ciudad de los Césares, llamados en la zona “osornenses”. Por ello durante la segunda mitad del siglo XVIII, desde el gobierno de Valdivia se hablan realizado algunas exploraciones internándose en el territorio para buscar la mítica Ciudad.[6]

Los náufragos españoles de la Patagonia[editar]

Producto de la existencia de varias expediciones españolas a la zona del estrecho de Magallanes, las cuales fracasaron; entre los españoles igualmente empezaron a circular historias sobre la fundación de ciudades por parte de sus sobrevivientes, sobre todo a partir de la suerte que corrieron los amotinados de la expedición de Simón de Alcazaba y los náufragos de la expedición armada por el Obispo de Plasencia.

El naufragio de la expedición del Obispo de Plasencia (Gutierre de Vargas y Carvajal) durante la travesía que tenía como fin tomar posesión de la gobernación del Estrecho de Magallanes ocurrió en 1540, cuando ya estaban llegando a su destino. Cerca de 200 personas lograron refugiarse en tierra y se internaron en ella para establecerse hasta que los rescataran. No se tuvo noticias de ellos hasta unos 20 años después, cuando dos de los náufragos lograron llegar a Concepción, en la Capitanía de Chile, y contaron que otros sobrevivientes habían fundado una ciudad en la Patagonia y que las riquezas de los incas estaban en ella.

La historia de dos de los náufragos[editar]

En 1563, veintitrés años después del naufragio de una de las naves del Obispo de Plasencia, llegaron a Concepción (Chile) dos hombres que habían estado en el barco. Se llamaban Pedro de Oviedo y Antonio de Cobos; y narraron cómo se habían salvado junto con la mayor parte de la tripulación y se habían internado tierra adentro al mando de Sebastián de Argüello, hasta encontrarse con un poblado de indios. Según ellos, después de algunas escaramuzas y un periodo de desconfianza, los españoles lograron asentarse en esa tierra en paz con los aborígenes y tomaron a indias como esposas. En su relato hablaban de un poblado inca ubicado más al norte que estaba en guerra con ellos. Pero más tarde estos dos hombres asesinaron a un amigo del capitán y debieron huir a refugiarse entre aquellos "incas". El escribiente que anotó la declaración de Oviedo señaló que:

...La tierra era muy fértil y por la parte más principal que los fueron llevando caminaron dos días poco a poco y vieron multitud de oficiales plateros con obras de vasijas de plata gruesas y sutiles y algunas piedras azules y verdes toscas que las engastaban. La gente era lucida y aguilena y al fin de la del Perú sin mezcla de otras. Dizen que les enbidaban con plata y ellos se excusaron, pidiendo solo de comer y pasaje el cual se lo dieron y para el camino veinte indios que los pusieron en lo alto de la cordillera en derecho a la Villa Rica y entregados con rehenes a los pulchez pasaron y vinieron a la ciudad de Concepción donde estuvieron por huespedes el maestro del campo el general Juan gutierrez de Altamirano.[7]

La fusión de las cuatro historias[editar]

Con el paso de los años estas historias diferentes llegaron a fundirse en una sola, que contenía también elementos fantásticos de la tradición europea. En ella, el poblado mítico de los españoles tomaba características de una rica ciudad en la cual sus habitantes (que eran llamados los Césares) estaban compuestos por decendientes de españoles y de los indígenas (que acompañaron a sus ancestros españoles); los cuales juntos fundaron esta mítica ciudad de ubicación desconocida.

Así, la fusión de las diferentes historias sobre una mitica ciudad produjo que la leyenda definitiva de la mítica ciudad se ubicara en algún lugar indefinido del Cono Sur, de preferencia, en algún valle cordillerano de la Patagonia entre Chile y Argentina; siendo así como la leyenda de mítica Ciudad de los Césares llegaría a formar parte de la Mitología de América del Sur, así como otras ciudades con riquezas como "El Dorado" y "El gran Paititi".

Búsqueda[editar]

Producto de las riquezas que se decía existirían en esta mítica ciudad, se produjeron varias expediciones a sus diferentes posibles ubicaciones para lograr encontrarla, y así lograr contactarse con sus habitantes. Estas expediciones fueron las siguientes:

Diego de Rojas[editar]

El primer viaje de exploración que puede considerarse que tenía como uno de sus objetivos hallar la ciudad lo realizó Diego de Rojas en 1543,[8] cuando entró desde el Perú al territorio de la actual Provincia de Santiago del Estero, en busca de una rica región ubicada entre Chile y el Río de la Plata. El virrey del Perú Cristóbal Vaca de Castro escribió al Rey en 1542:

Asimismo hay noticia que entre la provincia de Chile y el nasçimiento del río grande que llaman de La Plata, ay una provincia que se llama [ ], hazia la parte del mar del Norte, de aquel cabo de las sierras nevadas, que diz que es muy poblada y rica; por manera, que la cordillera de las sierras nevadas que atraviesa estas provinçias hacia el Estrecho, queda entre las provinçias de Chili y esta tierra: tengo proveído para ello capitán Diego de Rojas.[9]

Diego de Rojas logró recorrer gran parte del área que se le había encomendado explorar pero no encontró rastros de la ciudad que contaba César, aunque sí halló algunas gallinas europeas que éste había dejado entre los indios. Rojas murió sin completar su misión en 1544, durante un enfrentamiento con los juríes.

Alderete y Villagra[editar]

Cuando Francisco de Villagra volvió de Perú con refuerzos para Pedro de Valdivia en 1551, envió un destacamento desde el valle de Cuyo hacia el sur a buscar lo de César. No encontraron la región, pero sí recibieron informes de la presencia de españoles refugiados en las pampas. En la misma época, el adelantado Jerónimo de Alderete cruzó al lado oriental de los Andes a fundar una ciudad y reconocer el terreno. Él también oyó a los indígenas relatar las historias de los sobrevivientes españoles viviendo en paz con los indios y las del asentamiento inca.

Nicolás Mascardi[editar]

En el "Índice Chronologico Peruano", el padre Manuel Rodríguez escribe que el padre Nicolás Mascardi llegó en 1670 a evangelizar a los Poyas en la Capitanía general de Chile, para luego de allí pasar a la Ciudad de los Cesares. Esto último no lo logra porque sería muerto por los nativos en 1673.[10]

Menciones históricas[editar]

El 4 de noviembre de 1780 se inicia el movimiento de José Gabriel Condorcanqui contra la dominación española, adoptando el nombre de Túpac Amaru II, en honor de su antepasado el último Inca de Vilcabamba. Túpac Amaru se autodeclara "Inca, Señor de los Césares y Amazonas",[11] y jura con el siguiente bando su coronación: "...Don José Primero, por la gracia de Dios, Inca rey del Perú, Santa Fe, Quito, Chile, Buenos Aires y Continentes de los Mares del Sur, Duque de la Superlativa, Señor de los Césares y Amazonas con dominio en el Gran Paititi, Comisario Distribuidor de la Piedad Divina, etc...".[12]

La Ciudad de los Césares en la literatura[editar]

El mito de la Ciudad de los Césares, de manera similar al de El Dorado, ha sido tema de inspiración para obras literarias.

Se puede destacar la novela juvenil del chileno Manuel Rojas titulada La Ciudad de los Césares en que un grupo de viajeros encuentra la ciudad, mientras siguen las huellas de un minero desaparecido. En esta versión, los descendientes de los españoles viven junto con patagones y se encuentran al borde de una guerra civil.

Por otro lado, la novela del también chileno Luis Enrique Délano, titulada "En la Ciudad de Los Césares" (1939), donde se relata la historia de la "Expedición Lawrence", que buscó comprobar la existencia de esta mítica ciudad en el sur de Chile. Tras varios días de viajes por los interiores de Los Andes, el grupo de expedicionarios logró divisar en un valle una metrópolis cubierta por densas nubes cordilleranas. Al ingresar a la ciudad y contemplar el sinfín de riquezas que allí residían, los expedicionarios se dividieron en torno al destino de ellas. Los unos que buscan mantener el secreto de esta ciudad, los otros que buscan el saqueo y el beneficio propio. El fatal desenlance de la historia se resume en boca de uno de los protagonistas, Armando Green: "Todo por el maldito oro".

Además, aunque es una adaptación más libre del mito, se puede mencionar la obra de Hugo Silva Pacha Pulai, en la que se relata una versión ficticia del desenlace del Teniente Bello que, luego de perder el rumbo, llega a una ciudad perdida llamada Pacha Pulai, fundada por exploradores españoles perdidos y en que el metal más usado es el oro, al punto de no tener ningún valor. En esta historia, también había estallado una guerra civil entre indígenas y europeos, pero esta vez la ciudad se encontraría en algún lugar de la zona centro-norte de la Cordillera de los Andes en el límite entre Chile y Argentina, a diferencia de las versiones legendarias tardías, que la ubican mucho más al sur.

Martínez Estrada, en su Radiografía de La Pampa, hace referencia a Trapalanda cuando trabaja el conflicto entre ilusión y ficción que se produce en los conquistadores cuando llegan al continente Americano. Trapalanda ejemplifica, en el texto de Estrada, el sinfín de riquezas que no son, y la apuesta a un futuro que nunca se cumple.

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]

Bibliografía[editar]

Notas[editar]

  1. Informe de Miguel de Olaverría
  2. Historia de Osorno, de Víctor Sánchez Olivera, sección: La ciudad fabulosa de los Césares y primitivo origen de la misión y fuerte de Río Bueno
  3. Derroteros y viajes a la Ciudad Encantada, o de los Césares, que se creía existiese en la cordillera, al sud de Valdivia Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2003
  4. La isla posible, sección: Una isla para la Ciudad de los Césares Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2001
  5. Ciro Bayo Los Césares de la Patagonia. Leyenda áurea del Nuevo mundo Capítulo VI. Los césares Osorneses.
  6. María Ximena Urbina Carrasco. La Frontera “De Arriba” Chilena y el camino de Chiloé a Valdivia. Temas Americanistas N° 18. Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.
  7. Medina, Documentos inéditos para la Historia de Chile, Tomo III
  8. Memoria chilena, 2004
  9. Cartas de Indias, 1974
  10. [http://books.google.com.pe/books?id=HAEBAAAAMAAJ&dq=%22ciudad%20de%20los%20cesares%22&pg=RA2-PA185&ci=89,428,745,253&source=bookclip Teatro critico universal Ó discursos varios en todo género de materias, para desengaño de errores comunes Escrito por Benito Jerónimo Feijoo
  11. El lago español. O. H. K. Spatesares
  12. Un mundo aparte. Por Antonio Núñez Jiménez

Referencias[editar]

  • Cartas de Indias. II. Madrid, Atlas. 1974. p. 470. 
  • Mancilla Pérez, Juan (2006). Magia y brujería en Chiloé. Secretos de Mitología. Medicina Popular. 74 p..