Cepillo de dientes

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Cepillos de dientes

El cepillo de dientes es un instrumento de higiene oral utilizado para limpiar los dientes y las encías que consiste en un cuerpo o mango aproximadamente recto en cuyo uno de sus extremos (o cabeza del cepillo) se encuentra un denso conjunto de cerdas perpendiculares al cuerpo que facilita la limpieza de áreas de la boca difíciles de alcanzar. Suele utilizarse en combinación con pasta de dientes o dentífrico, que típicamente contiene flúor para aumentar la eficacia del cepillado.

Los cepillos de dientes se encuentran disponibles en el mercado en diferentes tamaños, formas y texturas de cerdas. La mayoría de los dentistas recomiendan utilizar cepillos de cerdas suaves para evitar el daño a la capa de esmalte dental o la irritación de las encías que unas cerdas más duras podrían provocar.

Los cepillos de dientes se suelen comercializar con la mención suave, medio o duro en función de su dureza. Si bien en la actualidad no está en vigor la norma que establece los umbrales de dureza para diferenciar dichas menciones.[1]

Actualmente la mayoría de los cepillos dentales son fabricados con cuerpos de plástico y cerdas de fibras sintéticas.

Historia[editar]

Diversas formas de higiene dental han sido practicadas desde la prehistoria por el hombre. Esto ha sido verificado a través de excavaciones realizadas en distintos lugares del mundo. En las mismas se han encontrado instrumentos como ramas masticadas en un extremo hasta volverlas suaves y aptas para la remoción de restos y sedimentos bucales (en general provenientes de árboles con cualidades antisépticas), plumas de aves, huesos de animales o púas de puerco espín.

El cepillo de dientes lo creó, según la Asociación Dental Estadounidense, un emperador chino en 1498; que puso cerdas de cerdo en un mango de hueso. Los mercaderes que visitaban China introdujeron el cepillo entre los europeos si bien, no fueron muy comunes en occidente hasta el siglo XVII. Sin embargo, en aquellos tiempos los europeos preferían cepillos dentales más blandos confeccionados con pelos de caballo. También era común mondarse los dientes tras la comida con una pluma de ave o utilizar mondadientes de bronce o plata. Existió no obstante, un método más antiguo de cepillarse los dientes con un trozo de tela que se utilizaba en Europa desde tiempos de los romanos. Pero el cepillo de dientes tal y como hoy lo conocemos fue un invento del siglo XVII. Sin embargo, no todos podían permitirse el lujo de tener uno: a principios del siglo XX tener un cepillo de dientes estaba reservado sólo para los muy ricos pues el mango era de marfil y las cerdas naturales, lo que encarecía de manera significativa su coste. Fue en 1930 cuando hicieron su aparición los primeros cepillos de plástico, mucho más económicos y antecesores directos de los que hoy hay en nuestros cuartos de baño.

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Referencias[editar]