Censura en la Unión Soviética

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda

La censura en la Unión Soviética fue un fenómeno persuasivo de presión ideológica estatal que tuvo vigencia a lo largo de toda la historia de ese país (1922-1991), aunque con ciertos altibajos. Hubo dos períodos de relajamiento: el primero, luego de la muerte del dictador Iósif Stalin en 1953, y el segundo durante la política glásnost o (“transparencia”) lanzada por Mijaíl Gorbachov en 1986.

En general[editar]

La censura se realizaba de dos maneras principales:

  • La protección de los secretos estatales eran manejados por la Administración Principal para la Salvaguarda de los Secretos de Estado en la Prensa (más conocida por su sigloide Glavlit), la cual era la responsable de censurar cualquier intento de publicación o transmisión de secretos sensibles.

Destrucción de material impreso “peligroso”[editar]

Una vez asentado el nuevo régimen soviético, se implementó la destrucción en masa de los libros y periódicos pre-revolucionarios y extranjeros, los cuales prácticamente desaparecieron de las bibliotecas.

Las viejas “colecciones especiales” (en ruso transliterado spetsjrán o spetskhran), las cuales contenían material prohibido y políticamente incorrecto, solamente eran accesibles a través de un permiso especial otorgado por los organismos de seguridad (como el KGB).

Los libros y periódicos eran retirados de la bibliotecas, según los cambios oficiales -a veces contradictorios- que solían tener lugar dentro de la historiografía oficial. Por ejemplo, luego del cisma ideológico chino-soviético, la bibliografía oficial que había sabido ensalzar la alianza de Iósif Stalin con el líder chino Mao Zedong comenzó a desaparecer “misteriosamente” de las bibliotecas.

Incluso algunos ciudadanos llegaron a preferir destruir el material “políticamente incorrecto” que tenían en sus viviendas, ya que los que eran sospechados de posesión del mismo eran frecuentemente perseguidos.

Luego del arresto y posterior fusilamiento de quien fuese la “mano derecha” de Stalin, Lavrenti Beria, los suscriptores de la segunda edición de la ideologizada Gran Enciclopedia Soviética recibieron una página con una ampliación del vecino artículo sobre Vitus Bering, para que la pegasen sobre la biografía el entonces personaje caído en desgracia. Las nuevas reimpresiones de la GES directamente ni siquiera mencionaban a Beria, como si éste nunca hubiese existido.

Por su parte, la propia GES definía a la censura de la URSS en los siguientes términos:

“La Gran Revolución Socialista de Octubre” puso fin tanto al la censura zarista como a la burguesa... La censura en la Unión soviética es de un carácter totalmente diferente a la censura en los Estados burgueses [occidentales]”

”Es un órgano del Estado socialista, y su propósito es evitar la que los secretos militares y estatales aparezcan impresos y evitar la publicación de materiales sujetos a dañar los intereses del pueblo trabajador [comunista]”

Censura de imágenes[editar]

Antes
Después
En la versión original de esta foto (arriba), Nikolái Yezhov, comisario político y mano derecha de Iósif Stalin durante la Gran Purga de 1936-38 (a la que la daría su apodo, yezhóvschina), estaba posando junto al líder soviético (mientras que Viacheslav Mólotov y Kliment Voroshílov aparecían en segundo plano). Sin embargo, como éste cayó en desgracia y fue sumariamente ejecutado en 1940, su imagen fue luego eliminada de esa foto por los censores soviéticos. Este tipo de retoque o trucaje fotográfico era relativamente común durante la era estalinista.[1]

No sólo las referencias a las personas incluidas en las listas negras eran rutinariamente eliminadas de los textos, sino que también sus fotografías y retratos eran eliminados.

Traducciones[editar]

Las pocas traducciones de obras occidentales, salvo que proveniesen de autores comunistas extranjeros confiables, se habían de una manera truncada y con omisiones (resultando por lo tanto en un producto final sesgado), acompañadas en todo caso de eventuales notas al pie “correctivas” de la supuesta tendenciosidad de los autores “burgueses”.

Por ejemplo, la traducción soviética de 1976 de la “Historia de la Segunda Guerra Mundial” de Basil Liddell Hart, no hace mención a la purga estalinista de los oficiales del Ejército Rojo, al protocolo o anexo secreto del Pacto Molotov-Ribbentrop, la posterior invasión soviética de Polonia del 17 de septiembre de 1939, muchos de talles de la Guerra de Invierno de 1940 entre la URSS y Finlandia, la anexión soviética de los estados bálticos de Estonia, Letonia y Lituania, la ocupación soviética de Bukovina del norte y de Besarabia (ésta última básicamente corresponde al territorio de Moldavia, la actual Moldova). Se trata, no obstante de hechos históricos que efectivamente sucedieron y que están muy bien documentados.

En la traducción de ese libro también fueron eliminados (es decir, censurados) otros contenidos “ideológicamente comprometedores”: la ayuda aliada a la Unión Soviética durante la Gran Guerra Patria (el frente oriental de la Segunda Guerra Mundial), así como otros esfuerzos aliados (sobre todo en el teatro de operaciones europeo occidental), los fracasos y errores -algunos de los cuales fueron horrores- llevados a acabo por la dirigencia soviética, y las críticas en general hacia la URSS.[2]

Control sobre el flujo de información[editar]

Absolutamente todos los medios dentro de la Unión Soviética estaban estrictamente controlados por el Estado, ya se tratase de la radio, televisión, libros, revistas y periódicos. Esto se lograba mediante la exclusiva propiedad estatal de todas las instalaciones dedicadas a la producción, por lo que necesariamente sus miembros debían ser empleados del Estado. Esto se extendía también hacia las bellas artes, incluyendo el teatro, la ópera y el ballet. Los conciertos de música y las exhibiciones de arte sólo podían realizarse en lugares controlados y previamente autorizados por el Estado.

En algunas oportunidades, la censura hacia tal o cual autor que no contaba con la benevolencia del régimen soviético era apoyada por campañas contra su material “ofensivo” en los medios de comunicación (sobre todo, en los periódicos). Asimismo, se solían aplicar otras sanciones adicionales, como la expulsión de las organizaciones profesionales respectivas (por ejemplo, de los círculos de escritores oficiales). En el caso de la publicación de libros, los manuscritos o redacciones a máquina originales de los autores debían pasar por el filtro de la férrea censura ideológica. Usualmente las editoriales estatales sólo publicaban los de los autores plenamente identificados con el gobierno. Los libros que contaban con el visto bueno oficial (por ejemplo, la colección de discursos del líder Leonid Brézhnev) eran impresos en grandes cantidades, mientras que otra material no tan “importante” era publicado en números mucho menores y no era adecuadamente distribuido.

Por otro lado, la literatura popular “escapista”, como los principales éxitos editoriales (best sellers) occidentales, como novelas de romance y misterio eran virtualmente inexistentes dentro de la Unión Soviética.[3]

La posesión de máquinas de escribir y, como más razón, de imprentas era estrictamente controlada, para intentar prevenir la circulación de las ilegales copias samizdat, ya se tratase de revistas o libros. Por otro lado, las tecnologías “exóticas” como las de las fotocopiadoras y las computadoras virtualmente no existían dentro del país. Tan sólo unos pocos de esos aparatos electrónicos serían importados durante los años de Mijaíl Gorbachov (1985-1991). La posición de una simple copia samizdat manuscrita, como alguno de los libros de Andréi Siniavsky era considerada un delito “ideológico” serio, que incluso podía costarle a alguien una desagradable visita por parte de agentes del KGB.

Otra cosa que disgustaba bastante a las autoridades era la publicación de libros prohibidos en el extranjero. Tal fue el caso de Archipiélago Gulag, escrito por el célebre disidente Aleksandr Solzhenitsyn, el cual fue inicialmente publicado en Occidente en 1973.

Era una práctica relativamente común en las bibliotecas soviéticas restringir el acceso a los diarios y periódicos que tuviesen más de tres años de antigüedad.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. The Commissar vanishes (“El comisario desaparece”), The Newseum (“Museo de noticias”)
  2. Lewis, B. E. (1977). Soviet Taboo. Revisión de Vtoraya Mirovaya Voina, "Historia de la Segunda Guerra Mundial" por Basil Liddel Hart (Gart según la grafía rusa), Soviet Studies (actualmente Europe-Asia Studies), 29 (4), páginas 603-606.
  3. Villiers, Down with Volga (“Abajo con el Volga”), páginas 46-47

Enlaces externos[editar]