Celiaquía

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Celiaquía
Coeliac path.jpg
Biopsia de intestino delgado en la que se aprecia atrofia de las vellosidades intestinales, hiperplasia de las criptas y linfocitosis intraepitelial.
Clasificación y recursos externos
CIE-10 K90.0
CIE-9 579.0
CIAP-2 D99
OMIM 212750
DiseasesDB 2922
MedlinePlus 000233
eMedicine med/308
MeSH D002446
Sinónimos
  • Enfermedad celíaca
  • Intolerancia al gluten
  • Enteritis linfocítica
  • Enteropatía sensible al gluten
  • Esprúe celíaco
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La celiaquía o enfermedad celíaca (EC) es un proceso frecuente de naturaleza autoinmune y con afectación sistémica. Es la única enfermedad dentro de un amplio grupo de procesos autoimunitarios que presenta un origen bien definido y conocido, producido por una intolerancia permanente al gluten, que aparece en individuos genéticamente susceptibles.[1]

Es inducido por la ingesta de gluten, un conjunto de proteínas contenidas en la harina de diversos cereales, fundamentalmente el trigo, pero también el centeno, la cebada y la avena, o cualquiera de sus variedades e híbridos (espelta, escanda, kamut, triticale...).[2] Además, el 80 % de los alimentos procesados industrialmente contiene gluten.

Su sustrato morfológico se sustenta en la presencia de una inflamación crónica y difusa de la mucosa del intestino delgado y, contrariamente a lo que antes se pensaba, no se trata de una enfermedad únicamente digestiva, sino que presenta una frecuente afectación sistémica, en la que se asocian síntomas muy variados, ya que se combina con otros procesos patológicos que incluyen diversos órganos y sistemas.[1]

Un error frecuente es el de pretender encajar a los enfermos en un perfil típico, ya que no existe un patrón único definido, ni una clínica común para todos los pacientes, puesto que las presentaciones de la enfermedad son múltiples y muy variadas. Puede cursar con diarrea o estreñimiento, con clínica digestiva florida o sin síntomas digestivos, con pérdida de peso u obesidad, con retraso del crecimiento o crecimiento normal, con o sin abdomen abultado, con o sin procesos autoinmunes asociados, etc.

Los casos de presentación clásica de la enfermedad, que incluyen manifestaciones de un síndrome de malabsorción grave con esteatorrea y signos de malnutrición, son prácticamente excepcionales, especialmente en niños mayores de 2-3 años y adultos. Incluso una parte de enfermos celíacos son completamente asintomáticos a nivel digestivo, por períodos de tiempo prolongados.[1]

El espectro de los cambios patológicos que se observa en el intestino delgado de un celíaco es muy amplio y no se limita, como tradicionalmente se pensaba, a la presencia de atrofia de las vellosidades intestinales, sino que comprende desde cambios mínimos, con cambios inflamatorios discretos o moderados, especialmente en los adultos.[1] ·[3]

También contrariamente a lo que se pensaba, cursa frecuentemente con serología negativa (ausencia de anticuerpos específicos en sangre), especialmente la anti-transglutaminasa,[1] ·[3] ya que está elevada en relación con la presencia de atrofia de vellosidades y como es un hecho bien conocido, no se encuentra en jóvenes ni en adultos por lo general.

Clásicamente se creía que se trataba de una enfermedad poco frecuente y que afectaba fundamentalmente a niños. Actualmente se conoce como un proceso con una elevada prevalencia mundial, que afecta aproximadamente al 2% de la población general. Aunque tiene una base genética bien definida, puede aparecer en cualquier edad de la vida, tanto en niños como en adultos, siendo un 20% de los casos diagnosticados en individuos mayores de 60 años.[4] ·[5] ·[6]

Algunas circunstancias pueden ser el detonante del debut de la enfermedad, como una infección intestinal, una intervención quirúrgica abdominal, el embarazo, cambios de alimentación, viajes al extranjero, etc.[1]

La situación merece especial atención en Pediatría, donde más casos pasan sin diagnosticar. Existe la creencia de que los especialistas en enfermedades de los niños son los profesionales que más casos detectan, si bien la realidad es que el anclaje en las ideas clásicas sobre la enfermedad celíaca, la aplicación sistemática de protocolos desfasados, la reticencia a someter a los niños a pruebas invasivas y el miedo a prescribir una dieta “de por vida”, dan como resultado que la mayoría de casos de celiaquía pasen desapercibidos durante la infancia.

El diagnóstico es más difícil en el adulto y niño mayor de 2-3 años, por tratarse en general de casos con una menor afectación digestiva, que con mayor frecuencia se asocian a síntomas no clásicos y pueden acompañarse de diversos procesos autoinmunitarios.[7]

El retraso medio entre el comienzo de los síntomas y el momento del diagnóstico es, por término medio, de unos veinte años, período en el que los pacientes deambulan por repetidas consultas con distintos especialistas, los cuales por lo general, no piensan que la celiaquía pueda ser la enfermedad que causa sus diversas molestias, en un periplo interminable, costoso y muy penoso.

Junto con la EC se presentan frecuentes situaciones, como puede ser la ferropenia crónica, anemia crónica refractaria, osteopenia u osteoporosis, dermatitis herpetiforme y otros tipos de dermatitis, diversas enfermedades neurológicas, hipertransaminasemia de origen no aclarado, procesos autoinmunes y alérgicos, cansancio excesivo, dolores musculoesqueléticos, etc. y como complicaciones más frecuentes la situación de refractariedad y la presencia de tumores malignos del intestino delgado tales como el linfoma de células T y el adenocarcinoma. También se han descrito tumores orofaríngeos y esofágicos, y cánceres de colon, hepatobiliares y de páncreas, con un riesgo ligeramente superior al de población general para la mayoría de ellos.[7]

En el año 2008, el Ministerio de Sanidad y Consumo y la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) presentaron el Nuevo Protocolo de Detección Precoz de la Celiaquía,[3] con una guía detallada sobre el Diagnóstico Precoz de la Enfermedad Celíaca,[1] con el objetivo de que los profesionales sanitarios accedan a estos nuevos conocimientos sobre la enfermedad celíaca, los distintos patrones de presentación y la reforma de los criterios diagnósticos, especialmente de las formas no clásicas o atípicas, y así avanzar en un mejor y más temprano reconocimiento de las personas con celiaquía. Su aplicación permitirá un diagnóstico y tratamiento precoces, con las consiguientes ventajas sanitarias, sociales, laborales y económicas. Otro ejemplo de estas iniciativas es la Guía Práctica Clínica Sobre Diagnóstico y Tratamiento de la Enfermedad Celíaca,[8] elaborada por la Secretaría de Políticas, Regulación y Relaciones Sanitarias, en el Marco del Programa Nacional de Garantía de Calidad del Ministerio de Salud de la Nación (MSAL) de Argentina.

El único tratamiento actualmente disponible consiste en el seguimiento de una dieta sin gluten que debe ser mantenida de forma estricta y de por vida, cuya adherencia continuada produce una remisión clínica sostenida, evitando y/o disminuyendo notablemente la aparición de enfermedades y complicaciones asociadas.[1]

Índice

Historia[editar]

Conocida antiguamente como la «enfermedad irlandesa» por la gran frecuencia de casos afectando a individuos procedentes de dicho país, la celiaquía ha pasado por distintas fases a lo largo de la Historia, hasta hoy.

La primeras descripciones sobre celíacos fueron realizadas en la segunda mitad del siglo I d. C. por Areteo de Capadocia, un médico helenístico-romano, coetáneo de Galeno, residente en Asia Menor. En su descripción original, hizo una clara referencia a la existencia de una enfermedad caracterizada por aparecer en sujetos desnutridos, con deposiciones abundantes y malolientes, que empeoraban cuando ingerían harina de cereales, fundamentalmente derivados del trigo.

Este cereal viene siendo cultivado por la Humanidad desde hace unos 15.000 años, que es el momento que se estima de la introducción de la agricultura en el mundo, con el paso de la vida nómada a los asentamientos en tribus y poblados. Todo ello tuvo lugar en la zona denominada del “creciente fértil” ubicada en Mesopotamia y situada entre los ríos Tigris y Éufrates en el Oriente Próximo, en la actual Irak.

La palabra griega que empleó Areteo para identificar a los pacientes fue “koiliakós”, que originariamente significa ‘los que sufren del intestino’ y de la cual deriva el término de ‘celíaco’.

En 1884, Louis Dühring describió por primera vez la dermatitis herpetiforme (denominada en su honor, como “enfermedad de During Brocq”), con todo tipo de detalles esta afectación cutánea, sin relacionarla con la enfermedad celíaca ni con la intolerancia al gluten, por aquel entonces una entidad no bien conocida.

En 1888, Samuel Gee en Gran Bretaña, hizo la primera descripción clínica de la enfermedad realizada con gran rigor y mucho detalle, sugiriendo que “la regulación de la alimentación constituía la parte más importante del tratamiento”. Entre 1921 y 1938 las investigaciones sobre la intolerancia celíaca se orientaron hacia una intolerancia a los hidratos de carbono.

En 1950, el pediatra holandés Willem-Karel Dicke fue quien demostró, en su tesis doctoral, que si se excluía el trigo, la avena y el centeno, la enfermedad celíaca mejoraba drásticamente. Si se sustituían estos cereales por arroz y maíz, el apetito volvía, la absorción de grasas mejoraba y la diarrea grasa desaparecía. Se percató de este hecho durante la II Guerra Mundial, ante la falta de disponibilidad de productos derivados del trigo. Tras la guerra, al volver la disponibilidad de estos productos, el índice de afectados por la enfermedad retornó al mismo nivel que había antes de la guerra.

En 1954, Paully describió por primera vez la lesión intestinal más característica, como es la presencia de atrofia vellositaria, analizando piezas quirúrgicas procedentes de pacientes celíacos en los que se efectuaba una resección de intestino delgado por diferentes motivos.

En 1958, Cyrus L. Rubin y colaboradores confirmaron que la clínica de la enfermedad celíaca en el niño y en el adulto eran dos aspectos de la misma enfermedad, no idénticos, pero muy similares en su conjunto.

En 1960, diversos médicos especialistas en Dermatología comenzaron a relacionar la dermatitis herpetiforme con la enfermedad celíaca, ya que observaron cómo con la simple retirada del gluten de la dieta se conseguía una notable mejoría clínica, junto con la desaparición completa de las lesiones cutáneas, en la gran mayoría de los pacientes, confirmando la existencia de una relación causal entre ambos procesos.

En 1992, Michael Marsh de Oxford y colaboradores describieron la clasificación histológica de las lesiones duodenales, señalando por vez primera que la atrofia vellositaria no es un hallazgo tan habitual como se pensaba anteriormente y que, por el contrario, predominan los hallazgos con vellosidades conservadas, acompañadas de infiltración inflamatoria tanto intraepitelial como submucosa, clasificando las lesiones en tres estadios (I a III) según su intensidad.

Epidemiología[editar]

Infradiagnóstico de la enfermedad celíaca

Hasta hace unos años se consideraba una enfermedad rara, pero actualmente se ha demostrado ampliamente, confirmando que presenta una distribución universal bastante uniforme y que afecta casi por igual a todas las razas. Representa un importante problema de Salud Pública a nivel mundial y es fundamental que exista un mayor conocimiento de las características clínicas de la enfermedad, para que los médicos, tanto generales como de digestivo, pediatras y de otras muchas especialidades, piensen en ella y la diagnostiquen con una mayor frecuencia y lo más precozmente posible.[1]

Es una de las enfermedades con base genética bien conocida y una de las más frecuentes, pues su prevalencia media es del 2% en la población general, estando aún claramente subestimada y por tanto, insuficientemente diagnosticada.[9] ·[10] ·[11] ·[12] ·[13]

Se han descrito frecuencias similares en áreas geográficas muy distantes, como pueden ser Australia, Argentina e Israel, si bien es objeto de debate si el empleo de un único método serológico (cuantificación de los niveles sanguíneos del anticuerpo específico de la EC anti-transglutaminasa tisular) puede llevar a infraestimar los resultados obtenidos.[14] ·[15] ·[16]

En España se han realizado diversos estudios epidemiológicos que encuentran hallazgos similares tanto en población general como en donantes de sangre.[17] ·[18] En una estimación aproximada, podría haber entre 3´5-4´5 millones de personas afectadas por EC en toda Europa y entre 500.000-900.000 en España, de las que se calcula que en la actualidad sólo en torno a un 10-20% de los casos están realmente diagnosticados.

Etiología[editar]

El agente responsable es bien conocido desde los años 1940, a partir de la observación clínica del pediatra holandés Dr. W.K. Dicke, quien después de la Segunda Guerra Mundial, comprobó que los niños ingresados en un hospital de Utrecht con diarrea crónica y desnutrición, mejoraban al retirarles el gluten de la dieta, que es un conjunto de proteínas contenidas exclusivamente en la harina de la mayor parte de los cereales de secano, fundamentalmente el trigo, pero también la cebada, el centeno, la avena y el triticale (híbrido de trigo y centeno).

La enfermedad aparece en individuos genéticamente predispuestos. Su base hereditaria mejor conocida se relaciona con el sistema de antígenos leucocitarios de histocompatibilidad (HLA) de clase II y sus marcadores más habituales son el HLA-DQ2, que es el principal, apareciendo en el 85-95% de los casos, y el HLA-DQ8 en una menor proporción (5-10% de los casos), muy lejana del anterior.[7]

Un pequeño porcentaje de casos, generalmente inferior al 5%, carece de estos dos marcadores conocidos de riesgo para desarrollar la enfermedad celíaca, por lo que es bastante probable que puedan encontrarse otros marcadores genéticos secundarios, preferentemente de clase HLA-I, y también otros más localizados del complejo principal de histocompatibilidad.[7]

El único tratamiento disponible en la actualidad es la dieta sin gluten (DSG), que debe realizarse de manera estricta y mantenida de por vida.[1]

Patogenia[editar]

Mecanismos patogénicos de la enfermedad celíaca

La enfermedad celíaca se desencadena en personas genéticamente predispuestas como consecuencia de la interacción entre el gluten y otros factores ambientales exógenos, y la respuesta inmunológica. Se induce por la ingesta de gluten, a través de una fracción denominada gliadina.[7]

La gliadina es la fracción soluble en alcohol del gluten. Es una proteína rica en residuos de glutamina y prolina, y contiene la mayor parte de los productos tóxicos. Las moléculas de gliadina no digeridas, tales como la fracción alfa (que contiene 33 aminoácidos), son resistentes a la degradación por las secreciones gástrica, intestinal y pancreática. La existencia de un aumento de la permeabilidad en la barrera epitelial del intestino delgado permite que estos péptidos la atraviesen y reaccionen con las células presentes en la submucosa o lámina propia, lo cual desencadena una respuesta inflamatoria mediada por linfocitos T colaboradores tipo 1. Esta respuesta se caracteriza por la producción de un proceso inflamatorio, desencadenado por linfocitos CD4+ a nivel de la lámina propia o submucosa, que reconocen a los péptidos de la gliadina que son presentados por las células dendríticas ayudadas por moléculas HLA de clase II, del tipo DQ2 y DQ8. A continuación, se libera una serie de citoquinas pro-inflamatorias tales como el interferón gamma (IFN- ) y el factor de necrosis tumoral alfa (TNF- ), entre otras, que favorecen la producción de la hiperplasia de criptas y la aparición de la lesión epitelial.[7]

Los péptidos de gliadina también tienen la capacidad de activar la respuesta inmunitaria innata, caracterizada por una expresión aumentada de interleuquina 15 por parte de los enterocitos, lo que provoca la llegada y estimulación de los linfocitos intraepiteliales que expresan el receptor NK-G2D, un marcador natural de las células citolíticas (natural killer [NK]), las cuales son citotóxicas y destruyen las células del epitelio intestinal. El mecanismo de interacción entre los procesos que se producen en la submucosa y en el epitelio todavía no está del todo aclarado.[7]

Aparte del gluten, entre los factores ambientales que pueden desempeñar un cierto papel en el desencadenamiento y/o aparición de la enfermedad celíaca, se encuentran la lactancia materna, que en general retrasa (aunque no previene) la aparición de la enfermedad, la edad de introducción de los alimentos con gluten en la dieta del bebé, ciertas infecciones intestinales o los viajes a países tropicales o subdesarrollados, así como algunas intervenciones quirúrgicas abdominales en el adulto.[1] ·[7]

Cuadro clínico[editar]

Las manifestaciones clínicas de la enfermedad celíaca son muy diferentes, según la edad de presentación de la enfermedad y otros factores exógenos.[7]

Puede debutar en los lactantes en los primeros 6 meses de la vida, provocada probablemente por la exposición a los niveles de gliadina no degradada presentes en la leche materna (superiores en el calostro) de mujeres que ingieren una dieta no exenta de gluten, pero lo más habitual es que se manifieste de forma más evidente, a partir de los 6 meses de vida, cuando comienzan a tomar los bebés las papillas de cereales en la alimentación, elaboradas habitualmente con harina de trigo. Existe un debate muy prolongado, acerca de cuándo se debería de introducir el gluten en la dieta del bebé y ciertamente la opinión más generalizada y lo que parece más conveniente sería retrasarlo lo más posible, hasta que al menos hayan cumplido el primer año.[19]

En los niños, la EC suele debutar a partir de los 6 meses de edad y en las formas graves, aparece por lo general antes de los 2 años. Se presenta habitualmente en forma de intolerancia alimenticia, con náuseas y vómitos de repetición, acompañados por lo general de un cuadro de diarrea crónica, con distensión abdominal, pérdida de peso y retraso de crecimiento, que constituyen la denominada “forma clásica” o “tríada” característica de la enfermedad. Pero también se presenta con relativa frecuencia con síntomas variados tales como la falta de apetito, vómitos, irritabilidad e incluso estreñimiento pertinaz, que puede ser muy llamativo y en ocasiones se convierte en el síntoma principal.[7]

Cuando la enfermedad aparece más tardíamente, en niños mayores de 2-3 años, o en la adolescencia, pueden aparecer diversas manifestaciones extraintestinales, tales como anemia ferropénica, cefaleas migrañosas, artritis, pruebas hepáticas alteradas, síntomas neurológicos y afectación cutánea, entre otros.[20]

Las formas de presentación en el niño mayor (a partir de la edad de 2-3 años) y en el adulto son muy variadas y menos características, por lo que se denominan “formas atípicas” o “no clásicas”. La diarrea aparece en menos del 50% de los pacientes y la pérdida de peso es poco llamativa; de hecho, hasta un 30% de los pacientes presentan sobrepeso en el momento del diagnóstico.[21] [22]

En los adultos, la EC se presenta con una frecuencia 2-3 veces mayor en las mujeres que en los varones, igual que ocurre en la mayor parte de las enfermedades autoinmunes. También la anemia ferropénica y la osteoporosis son procesos frecuentemente asociados con la EC, especialmente en la mujer.[7]

Se ha descrito que la sintomatología de la EC podría compararse gráficamente como un “iceberg”, en el que la parte visible y clínicamente manifiesta corresponde a las denominadas “formas clásicas”, que predominan en la temprana infancia, mientras que las “formas no clásicas” u oligosintomáticas son las que aparecen de forma predominante en los niños mayores de 2-3 años, adolescentes y adultos en general, constituyendo su parte oculta muy importante, ya que representan más del 75% de los casos.[7]

Iceberg de la enfermedad celíaca. Más del 75% de los casos de enfermedad celíaca (parte oculta) corresponde a las formas no clásicas, que suelen pasar sin diagnosticar.

Las manifestaciones extra-digestivas pueden ser múltiples y de naturaleza muy variada, como son la anemia crónica, la osteoporosis, el estreñimiento, diversos síntomas y signos neurológicos, lesiones cutáneas del tipo de la dermatitis herpetiforme, hipoproteinemia, hipocalcemia y/o pruebas de función hepática persistentemente alteradas.[23] Muchas de ellas están en relación con la presencia de carencias crónicas de diversos oligoelementos, por su dificultad de absorción intestinal, y otras son de carácter autoinmune. En conjunto forman una «amalgama proteiforme» de enfermedades asociadas, todas ellas con un denominador común, que es la intolerancia al gluten (Tabla 1).

Muchos pacientes presentan una larga historia de la enfermedad, basada en diversas y reiteradas molestias digestivas y extra-digestivas asociadas, que han precisado múltiples hospitalizaciones, habiendo recibido diferentes diagnósticos no bien definidos llegando incluso a someterse a diversas intervenciones quirúrgicas innecesarias, con indicaciones poco claras, antes de llegar al diagnóstico definitivo de EC.[24] En ocasiones, ésta se diagnostica a través de una endoscopia digestiva alta indicada por otros motivos, como pueden ser síntomas de reflujo gastroesofágico o anemia crónica de origen no aclarado, y por esta razón se recomienda la toma de biopsias duodenales múltiples de forma rutinaria ante la menor duda o sospecha, para poder así confirmar su presencia, evitando tener que repetir la prueba, que resulta molesta por lo general.[25]

Los pacientes con dispepsia funcional o síndrome de intestino irritable, de acuerdo con los criterios clínicos de Roma III, pueden ser en realidad celíacos en un 30-60% de los casos, ya que presentan una sintomatología muy similar y el diagnóstico de estos procesos funcionales es en gran parte realizado por exclusión de otros procesos orgánicos digestivos, pero sin realizar, por lo general, ni pruebas funcionales ni toma de biopsias duodenales.[26]

Las lesiones cutáneas que se agrupan bajo la denominación de dermatitis herpetiforme (DH) son muy características en la EC. Se caracterizan por la aparición de múltiples vesículas, conteniendo un líquido de color claro o ambarino, que evolucionan con la aparición de costras y fisuras. Se distribuyen por cualquier parte del cuerpo, pero tienen especial predilección por la superficie extensora de las extremidades (codos y rodillas), así como por las palmas de las manos, planta de los pies, pudiendo afectar también al cuero cabelludo. Suelen tener un predominio por zonas de roces y presentan una distribución simétrica por lo general, afectando simultáneamente a ambos brazos o piernas. También pueden afectar al abdomen y ambos glúteos. Se acompañan de intenso picor, apareciendo con una frecuencia de uno por cada 4 pacientes celíacos (25%).[27]

Tanto la exposición a los rayos ultravioletas de la luz solar como los microtraumas son factores externos desencadenantes, que favorecen la aparición y mantenimiento de las lesiones cutáneas típicas de la dermatitis herpetiforme.[28]

Son tan características, que se consideran “la EC de la piel”, así como la «tarjeta de visita» del paciente celíaco, ya que su hallazgo aparece sólo en individuos celíacos y, por tanto, su presencia por sí sola es un pilar fundamental para el diagnóstico de la EC. Desaparecen por completo con la dieta sin gluten (DSG), que constituye su mejor y único tratamiento. Las lesiones cutáneas pueden reaparecer en pacientes que tienen en apariencia un buen seguimiento de la DSG, por transgresiones de la dieta tanto voluntarias como inadvertidas.

Las siguientes imágenes muestran el posible aspecto de las lesiones de la dermatitis herpetiforme (click para agrandar):

Dificultad para la identificación de los síntomas[editar]

Es difícil relacionar con la ingesta de gluten la aparición de los diversos y variados síntomas digestivos y extra-digestivos que presenta la enfermedad celíaca, por diversas razones que se exponen a continuación.

El gluten está presente en nuestra alimentación de manera continuada y de forma ininterrumpida, desde los primeros meses de la vida. Se ha confirmado la presencia en leche materna de altos niveles de gliadina no degradada (superiores en el calostro) en las mujeres que se alimentan de una dieta normal,[29] que el bebé ingiere durante la lactancia. Posteriormente, se introduce en la alimentación, generalmente a partir de los 6 meses de edad, en forma de cereales, papillas, panes, galletas, aditivos, etc.

En la práctica sucede que podemos estar comiendo gluten inadvertidamente en cualquiera de las comidas diarias en principio aparentemente libres de gluten, bien como aditivo o bien como consecuencia de la existencia de contaminaciones cruzadas. A ello hay que sumar que las reacciones que origina pueden ser retardadas, horas o incluso días, y que las lesiones causadas por el gluten en la mucosa duodenal tardan en desaparecer por completo del orden de dos años desde el comienzo de la supresión estricta del gluten en la alimentación.

Asimismo, el gluten ejerce un efecto anestésico sobre el tubo digestivo, adormeciendo y ocultando sus reacciones naturales. En ocasiones sucede que se pueden notar las intolerancias a otros alimentos (la más típica a la lactosa) pero pasan inadvertidas las reacciones al ingerir el gluten.

Además, hemos aprendido a convivir, aceptándolos como normales, con los numerosos síntomas digestivos difusos que alertan sobre la presencia de una posible enfermedad celíaca o de una sensibilidad al gluten no celíaca, que se suelen presentar de manera fluctuante e incluso con largos períodos de completa remisión, tales como malas digestiones, gases, distensión abdominal, heces deshechas, intolerancias a alimentos, etc.[30] ·[31] ·[32] ·[33] Una gran parte de estos pacientes nunca consulta con el médico y quienes lo hacen, a menudo presentan un alto grado de ansiedad debido a la persistencia de sus síntomas, lo que provoca que el médico emita un juicio preconcebido de neuroticismo, hipocondriasis o trastorno por somatización;[34] cerca del 60% han sido diagnosticados de uno o más trastornos funcionales digestivos; y más de la mitad han sido sometidos a diversos estudios radiológicos y/o endoscópicos, sin obtener resultados para el alivio de sus síntomas.[35] La enfermedad celíaca es un trastorno de base genética de elevada penetrancia y con un muy alto porcentaje de infradiagnósticos, pues se estima que aproximadamente el 70-90 % de los celíacos está sin diagnosticar en la actualidad.[9] ·[10] ·[11] ·[12] ·[13] La posibilidad de existencia de casos sin reconocer entre familiares es, por tanto, muy elevada, lo que contribuye a esa aceptación de síntomas en el seno de las familias y a que no sean reconocidos como señales de alarma.

Tabla de síntomas y signos[editar]

Se debe considerar que:

  • No existe un patrón común para poder encajar a todos los pacientes celíacos, ya que su sintomatología clínica es muy variada.
  • Las formas de presentación de la enfermedad celíaca más frecuentes son las denominadas "no clásicas", que predominan en los adultos, pero que también aparecen en niños por encima de los 2 años y en jóvenes a cualquier edad.
  • Las formas clásicas únicamente aparecen en niños menores de 2 años.
  • Las presentaciones clínicas son múltiples y variadas, con presencia de uno o varios síntomas, signos y/o enfermedades asociadas, y variaciones en el mismo sujeto dependiendo de la edad.
  • Es habitual presentar formas asintomáticas a pesar de estar activa la enfermedad, especialmente durante la adolescencia.
  • Es preciso realizar una historia clínica completa desde la infancia del paciente, con búsqueda activa de la presencia de cualquier síntoma, signo y/o enfermedades asociadas, teniendo en cuenta las distintas manifestaciones de la enfermedad en el mismo sujeto, dependiendo de la edad.
  • La presencia de otros casos en la familia, ayuda a orientar el diagnóstico. La enfermedad celíaca es una enfermedad autoinmune de base genética de elevada penetrancia y con un muy elevado porcentaje de infradiagnósticos (90% de celíacos sin diagnosticar). Se deber realizar un estudio familiar buscando casos potenciales o manifiestos, que estaban previamente desconocidos.
  • La enfermedad celíaca se puede presentar a cualquier edad de la vida y hasta un 20% de los casos se diagnostica en pacientes mayores de 60 años.
Tabla 1. MANIFESTACIONES DE LA ENFERMEDAD CELÍACA

No existe un patrón para encajar al enfermo celíaco.

Presentaciones que oscilan desde completamente asintomáticas a uno o varios de estos síntomas y/o signos,  de manera continuada o intermitente en el mismo sujeto, que pueden modificarse o evolucionar según la edad.

Es preciso realizar una historia clínica completa desde la infancia del paciente, con búsqueda activa de la presencia de  cualquier síntoma, signo y/o enfermedad asociada, pasados o presentes.

SÍNTOMAS SIGNOS
PRESENTACIÓN CLÁSICA

(MINORITARIA)


Predomina en niños pequeños

(<2 años)

Diarrea crónica.

Anorexia (falta de apetito).

Náuseas y/o Vómitos.

Dolor abdominal recurrente.

Pérdida de peso.

Estreñimiento, en ocasiones muy llamativo en la infancia.

Astenia (cansancio).

Irritabilidad.

Apatía.

Desinterés.

Desmotivación en general.

Depresión.

Trastornos del sueño.

Intolerancias alimenticias (lactosa, fructosa, sorbitol, caseína, horceínas, etc.).

Desnutrición leve, moderada e incluso intensa.

Distensión abdominal fluctuante.

Hipotrofia muscular.

Retraso estato-ponderal (retraso del crecimiento, retraso del desarrollo y/o pérdida de peso).

Palidez de piel y mucosas.

Edemas en tobillos.

Lesiones cutáneas recurrentes.

PRESENTACIÓN NO CLÁSICA

(MAYORITARIA)


Predomina en niños >2 años,

jóvenes y adultos

Frecuentemente asintomáticos.

Procesos recurrentes de vías respiratorias altas de naturaleza inmuno-alérgica:

  • Rinitis.
  • Faringitis.
  • Amigdalitis.
  • Otitis.
  • Sinusitis.
  • Bronquitis de repetición.
  • Crisis de Asma.

Síntomas digestivos intermitentes y/o alternantes, con períodos de remisión:

  • Dolor abdominal recidivante, generalmente de tipo cólico, de cualquier localización
  • Dolor lumbar.
  • Dispepsia (malas digestiones).
  • Reflujo gastro-esofágico (pirosis y regurgitación).
  • Vómitos de repetición, sin causa aparente.
  • Hábito intestinal irregular (diarrea, estreñimiento o alternancia de ambos).
  • Episodios de gastroenteritis agudas de repetición.
  • Intolerancias alimenticias (lactosa, fructosa, sorbitol, caseína, horceínas, etc.).

Síntomas que simulan un síndrome del intestino irritable.

Menarquía retrasada.

Irregularidades menstruales.

Trastornos reproductivos:

  • Amenorrea (ausencia de menstruación).
  • Hipermenorrea (sangrados menstruales muy abundantes).
  • Menopausia precoz.
  • Abortos espontáneos.
  • Infertilidad.
  • Impotencia.
  • Morbilidad neonatal aumentada.

Disnea de medianos esfuerzos.

Cefaleas recurrentes tipo jaquecas.

Crisis de tetania.

Calambres musculares.

Dolores musculares generalizados tipo fibromialgia.

Dolores óseos y/o articulares.

Antecedente de fracturas de repetición (ante traumatismos banales).

Parestesias, Hormigueos.

Caída del cabello.

Uñas frágiles.

Síntomas neuro-psiquiátricos:

  • Irritabilidad.
  • Apatía.
  • Introversión.
  • Tristeza.
  • Astenia.
  • Ansiedad.
  • Depresión.
  • Piernas inquietas.
  • Calambres musculares.
  • Trastornos del sueño (insomnio, hipersomnia).
  • Fibromialgia.
  • Hiperactividad.
  • Déficit de atención.
  • Autismo.
Palidez de piel y/o mucosas.

Talla baja.

Pérdida de peso.

Sobrepeso.

Hinchazón general fluctuante.

Distensión abdominal.

Erupciones cutáneas diversas:

  • Dermatitis herpetiforme.
  • Dermatitis atópica.
  • Queratosis folicular.

Diversas colagenosis.

Aftas bucales recurrentes.

Polineuropatía periférica.

Miopatía proximal.

Hipoplasia del esmalte dentario.

Debilidad muscular.

Dolores óseos generalizados.

Poliartritis localizada o difusa.

Edemas maleolares.

Crisis de tetania.

Hematomas espontáneos múltiples.

Grupos de riesgo y enfermedades asociadas[editar]

Los familiares de primer grado de un caso confirmado con biopsia duodenal presentan una prevalencia media en torno al 12%. Los de segundo grado también tienen mayor grado de afectación que la población general, como se pone de manifiesto al realizar estudios familiares, que son muy convenientes siempre que se diagnostique a un paciente de EC.[36] ·[37]

Los pacientes con síndrome de Down presentan EC asociada con una mayor frecuencia aumentada, del orden del 5-12%. También está también presente incrementada en otras alteraciones genéticas como el síndrome de Turner, el síndrome de Williams, el déficit de IgA y una gran variedad de procesos de naturaleza autoinmunitaria. Por ejemplo, los pacientes con Diabetes Mellitus tipo 1 presentan una elevada frecuencia de EC asociada, en un porcentaje que oscila entre el 3 y el 8%. El tratamiento de la EC con la dieta sin gluten (DSG) en la diabetes juvenil no es capaz de curarla, pero facilita enormemente la consecución de un mejor control metabólico, ayuda a prevenir ciertas complicaciones, mejora la calidad de vida de los pacientes y reduce notablemente las necesidades de insulina.[38]

Las enfermedades tiroideas se asocian con la EC con una frecuencia media en torno al 5%, pueden cursar con hiperfunción, hipofunción o normofunción y muestran una elevada prevalencia de anticuerpos antitiroideos positivos (en torno al 25% de los casos). Al igual que ocurre en los diabéticos, en la mayor parte de los casos la DSG ayuda a corregir la disfunción tiroidea asociada, permite disminuir la dosis del tratamiento hormonal sustitutivo, e incluso consigue que éste pueda retirarse.[39]

Además de la dermatitis herpetiforme, ejemplo claro de enfermedad cutánea inducida por el gluten, con manifestaciones extradigestivas asociadas,[27] la EC puede presentarse asociada a muchas otras enfermedades de diversos órganos y de diversa naturaleza, como hepáticas, neurológicas, óseas, reumatológicas, cardíacas y renales, así como con diversas colagenosis y otros procesos varios.[40] ·[41] ·[42] ·[43] (Tabla 2).

Algunos autores, como Ventura et al,[44] han relacionado la presencia de procesos autoinmunitarios en la EC con el tiempo de exposición al gluten. Así, cuando la enfermedad se diagnostica tardíamente en la infancia o en la juventud, se estima que el riesgo relativo de presentar algún proceso autoinmunitario asociado a lo largo de la vida es de unas 7 veces mayor.

Tabla 2. GRUPOS DE RIESGO Y ENFERMEDADES ASOCIADAS
 

Familiares de primero y segundo grado.

Síndrome de Down.

Síndrome de Williams.

Síndrome de Turner.


Enfermedades autoinmunes y otras inmunopatías:

  • Déficit selectivo de IgA.
  • Enfermedad inflamatoria intestinal.
  • Lupus eritematoso sistémico.
  • Nefropatía por depósito de IgA.


Enfermedades endocrinas:

  • Diabetes mellitus tipo I.
  • Hipotiroidismo.
  • Hipertiroidismo.
  • Tiroiditis autoinmune.
  • Síndrome de Addison.


Trastornos neurológicos y psiquiátricos:

  • Ataxia cerebelosa.
  • Epilepsia.
  • Polineuropatía.
  • Esclerosis múltiple.
  • Encefalopatía progresiva.
  • Síndromes cerebelosos.
  • Demencia con atrofia cerebral.
  • Leucoencefalopatía.
  • Epilepsia con o sin calcificaciones cerebrales.
  • Esquizofrenia.
  • Depresión.
  • Ansiedad.
 

Enfermedades hepáticas:

  • Cirrosis biliar primaria (CBP).
  • Hepatitis autoinmune (HAI).
  • Colangitis autoinmune (CAI).
  • Hipertransaminasemia crónica idiopática.


Enfermedades reumáticas:

  • Artritis reumatoide (AR).
  • Síndrome de Sjögren´s (SS).
  • Espondilitis anquilosante.
  • Otras artritis.


Enfermedades cardíacas:

  • Miocardiopatía dilatada.
  • Miocarditis recurrentes.
  • Pericarditis autoimmune.


Enfermedades dermatológicas:

  • Dermatitis herpetiforme.
  • Psoriasis.
  • Vitíligo.
  • Alopecia areata.


Otras asociaciones:

  • Defectos del esmalte dentario.
  • Anemia ferropénica.
  • Osteoporosis / Osteopenia.
  • Aumento de fracturas.
  • Infertilitidad.
  • Amenorrea.
  • Enfermedad de Hartnup.
  • Cistinuria.
  • Colitis microscópica.
  • Cardiomiopatía.
  • Fibromialgia.
  • Síndrome de fatiga crónica.
  • Esclerodermia
  • Otras…

Diagnóstico[editar]

Algoritmo diagnóstico de la enfermedad celíaca

Criterios diagnósticos[editar]

Círculo vicioso de demora en el diagnóstico de la enfermedad celíaca, por el desconomiento de sus múltiples manifestaciones y/o de los protocolos diagnósticos actuales. (Click para agrandar)

Lo principal para conseguir el diagnóstico de la enfermedad celíaca radica en que el médico piense en su posible existencia y la incluya en el diagnóstico diferencial, considerando la amplia variedad de rasgos clínicos que puede presentar la enfermedad, que es realmente muy polimorfa.[1] ·[45] ·[7]

Para realizar su diagnóstico, es imprescindible recoger una cuidadosa historia clínica del paciente, incluyendo sus antecedentes desde la temprana infancia, relacionando sus molestias con la ingestión de alimentos ricos en gluten, así como elaborar una completa historia familiar de enfermedad celíaca, problemas digestivos y una búsqueda activa de las enfermedades más frecuentemente asociadas a la celíaca, tales como trastornos autoinmunes, rinitis crónica recurrente, episodios de faringoamigdalitis, otitis, sinusitis, asma bronquial y otros procesos de naturaleza inmuno-alérgica.[45]

No existe ninguna prueba que por sí sola sea capaz de diagnosticar la enfermedad celíaca de manera concluyente o, por el contrario, excluirla definitivamente.[7]

Hay que reconocer la presencia de la EC ante una amplia variedad de síntomas en apariencia independientes y dispersos, en combinación con una serie de alteraciones de laboratorio e histopatológicas. Como se llega más fácilmente al diagnóstico es con la combinación de los datos clínicos, analíticos, de la biopsia duodenal y de la respuesta a la dieta sin gluten (DSG).[7]

Para el estudio de las biopsias duodenales, es fundamental recurrir a la utilización sistemática de la clasificación de Marsh en todos los servicios de Anatomía Patológica. Su utilización ayuda mucho al reconocimiento de casos ocultos y dudosos, permite emplear un lenguaje común, clasificar mejor los hallazgos y comprender que no es imprescindible la presencia de atrofia vellositaria para confirmar el diagnóstico, pues, como sucede con los síntomas, el espectro morfológico de las lesiones duodenales es muy amplio.[1] ·[7]

Marcadores serológicos[editar]

El primer paso ante la sospecha clínica de una enfermedad celíaca, consiste en la realización mediante un análisis de sangre de la determinación de la presencia de los denominados “marcadores serológicos” de la EC, que son los anticuerpos frente al gluten. No obstante, una serología negativa (ausencia de anticuerpos en sangre) no permite excluir por sí sola, el diagnóstico de enfermedad celíaca.[3] ·[1]

Existen muchos pacientes celíacos con serología negativa, especialmente frecuentes entre los adultos y niños mayores de 2-3 años con biopsia duodenal normal o con cambios mínimos, en los que el diagnóstico de EC resulta difícil. En general, la determinación de los anticuerpos funciona peor en la práctica clínica diaria que en los estudios de investigación, que se han realizado mayoritariamente en niños con presentación clásica, por lo que los hallazgos no son representativos ni extrapolables al total de enfermos. Se ha calculado que si se tuviese que hacer el diagnóstico de la EC basándose sólo en los llamados marcadores serológicos, se infraestimaría la verdadera prevalencia de la EC entre un 50-80 % de los casos.[46]

Actualmente se dispone de varios marcadores serológicos, que detallamos a continuación:

Anticuerpos anti-gliadina (AGA).[editar]

Son los más antiguos, ya que se vienen utilizando en clínica desde el año 1981.
Están dirigidos frente a la gliadina (fragmento del gluten).
Son los que tienen una menor sensibilidad y especificidad diagnósticas (en torno al 50%), por lo que se han dejado de utilizar para el diagnóstico y seguimiento de la EC en niños mayores de año y medio, adolescentes y adultos de cualquier edad.
Se siguen empleando únicamente en niños menores de 2 años, ya que los niveles de otros anticuerpos suelen ser negativos en dicho grupo de edad.
Son de utilidad para el seguimiento, puesto que se elevan pronto tras la ingesta de gluten. Los más informativos son los de la clase IgA.

Anticuerpos anti-endomisio (AEM).[editar]

Fueron los siguientes en aparecer, ya que se empezaron a emplear en clínica a partir de 1984.
Realmente son muy similares a los anticuerpos anti-transglutaminasa tisular ya que miden el mismo sustrato, pero tienen el gran inconveniente de que sólo se determinan mediante inmunofluorescencia indirecta, utilizando epitelio de esófago de mono, o cordón umbilical humano.
Son bastante específicos, pero algo menos sensibles. La técnica es laboriosa y la interpretación subjetiva. Los más informativos son los de la clase IgA.
Por todo ello, han quedado relegados de su uso rutinario en clínica y han sido ampliamente sustituidos por los anticuerpos anti-transglutaminasa.

Anticuerpos Anti-Transglutaminasa tisular del tipo 2 (anti-TGt ó TGt).[editar]

Utilizados desde 1997, fueron introducidos por Dieterich y colaboradores.
Dirigidos contra la transglutaminasa tisular (TG-t), que es una enzima presente en diversos órganos y responsable de la desamidación de la gliadina.
Se valoran mediante enzimo-inmuno-análisis comercial (ELISA). Son más sensibles, pero menos específicos que los anti-endomisio. Los más informativos son los de la clase IgA. Han desplazado por completo a los anticuerpos anti-endomisio, debido a su sencillez de determinación y bajo coste, además de mostrar una utilidad clínica similar.
Sin embargo, su sensibilidad diagnóstica es muy variable, ya que su positividad guarda una relación lineal con la presencia y grado de atrofia vellositaria en la mucosa duodenal, por lo que es muy frecuente el hecho de encontrar casos de EC con serología negativa (ausencia de anticuerpos en sangre), especialmente en adultos y niños mayores, pues a partir de la edad de tres años, las formas con atrofia de vellosidades disminuyen notablemente, hasta hacerse casi excepcionales, ya que dominan de forma mayoritaria las formas puramente inflamatorias (con infiltración de linfocitos a nivel epitelial, o enteritis linfocítica), que son las se acompañan de niveles normales o bajos de anticuerpos en sangre.
La sensibilidad diagnóstica de la TGt es muy elevada en niños menores de 2 años, alcanzando valores cercanos al 90%, mientras que desciende notablemente en niños mayores de 2 años, adolescentes y adultos de cualquier edad, alcanzando valores positivos del orden del 10-20%, por lo que está muy claro actualmente que la serología negativa no permite descartar la presencia de una enfermedad celíaca. Ante la sospecha clínica persistente de una posible EC, se debe completar el protocolo diagnóstico con la determinación de marcadores genéticos y realización de biopsias duodenales.
Cada laboratorio clínico establece los límites de positividad en función de sus resultados y controles previos, pero recientes estudios demuestran que las diferentes casas comerciales señalan valores límites de sensibilidad diagnóstica para la TGt que resultan muy elevados, por lo general. Las recomendaciones actuales de expertos en enfermedad celíaca, son rebajar el umbral y, en la mayor parte de los casos, considerar positiva una discreta elevación de la TGt (por encima de 2-3 U/ml).[47] ·[48] ·[49] ·[45]
El laboratorio debe expresar los resultados con cifras numéricas indicando la clase de inmunoglobulina, siendo insuficiente informar “positivo” o “negativo”, desperdiciando el potencial informativo de la cifra numérica.[50]

Anticuerpos Anti-Péptidos Deaminados de Gliadina (anti-DGP).[editar]

Utilizados desde el año 2000. Son, por tanto, los que han llegado más recientemente a la clínica de la EC.
Están también dirigidos contra fragmentos de gluten, una vez han sido deaminados por el enzima transglutaminasa tisular a nivel del intestino.
Se determinan por técnica de ELISA comercial. Presentan una especificidad similar a los anti-TGt. Los más empleados son los de la clase IgG, que se determinan especialmente en niños menores de 18 meses y en pacientes con deficiencia de IgA. Los de la clase IgA parecen ser los más indicados para el seguimiento de los pacientes con dieta sin gluten.

Conviene cuantificar previamente los niveles séricos de IgA del paciente, ya que si presenta una deficiencia marcada de IgA (menor de 0,05 g/l), hay que determinar los anticuerpos de la clase IgG, que en general son menos informativos, salvo los del tipo anti-DGP.

La deficiencia selectiva de IgA se presenta con una frecuencia 10 veces mayor en pacientes con EC (1/40) que en población general (1/400).

La pauta diagnóstica más habitualmente empleada consiste en solicitar únicamente los anti-TGt de clase IgA, ya que su determinación es sencilla, rápida y asequible, estando disponible por la mayor parte de laboratorios clínicos.

La TG-t es el antígeno principal frente al que reaccionan los AEM y es posible que haya otros antígenos menores localizados también en el endomisio. Posiblemente ésta sea la razón por la que los resultados de la determinación de los AEM y de la TG-t no sean del todo concordantes.

Los anti-TGt y los AEM presentan en general una elevada sensibilidad y especificidad (cercanas al 90%) en presencia de atrofia marcada de las vellosidades intestinales. Sin embargo, muestran ambos una notable disminución de la sensibilidad (del orden del 10-20%) en casos sin atrofia vellositaria, con inflamación leve o moderada, y/o con cambios mínimos, que son las presentaciones de la enfermedad habituales en niños mayores de 2-3 años y adultos, por lo que es muy frecuente el hecho de encontrar una gran mayoría de casos de EC con serología negativa. En contraposición, también es posible que estos marcadores sean positivos en casos con mucosa normal o con cambios mínimos.[51] ·[52]

Debido a la baja sensibilidad en general de las pruebas serológicas, se están estudiando otros sistemas de detección, a emplear en un futuro próximo.

Analíticas[editar]

Las analíticas necesarias ante todo paciente con sospecha de enfermedad celíaca, tanto al diagnóstico como al seguimiento, incluyen las siguientes determinaciones:

  • Hemograma completo con Velocidad de Sedimentación
  • Estudio de coagulación completo incluyendo TPA y Tasa de Protrombina
  • Bioquímica completa que debe incluir:
- Glucemia, Urea, Creatinina, Acido Úrico
- Calcio y Fósforo, Niveles de Hidroxi-Vitamina D3
- Proteínas totales, Albúmina, Colesterol total, HDL y Triglicéridos
- Sideremia, Transferrina, Indice de saturación y Ferritina
- PCR (Proteina C Reactiva)
- Pruebas hepáticas: FA, AST, ALT, GGT y Bilirrubina total y fraccionada
- Hormonas tiroideas: TSH, T3 y Anticuerpos anti-TPO
- Ácido Fólico y Vitamina B12
- Sistemático de orina y sedimento
- Cuantificación de inmunoglobulinas (IgG, IgA e IgM)
- Determinación de ANAs (Anticuerpos anti-nucleares)
- Serologia de anticuerpos de celíaca: Niveles de anti-transglutaminasa IgA
  • Marcadores genéticos: HLA-DQ2 y HLA-DQ8 (si fuesen negativos los anteriores)

Con esta amplia batería analítica, se pretende no sólo detectar la presencia o no de la EC, sino también valorar su repercusión en el funcionamiento global del organismo y la posible presencia de enfermedades asociadas.

El hemograma puede ser normal, o presentar alteraciones en alguno o varios de sus 3 componentes fundamentales:

1/ Serie roja, representada por los glóbulos rojos, que se cuantifican mediante la determinación del Hematocrito (Hcto.) y los niveles de Hemoglobina (Hb), así como por su tamaño, evaluado mediante el Volúmen corpuscular medio (VCM) y la Hemoglobina corpuscular media (HCM).

La anemia se determina cuando los valores de hemoglobina son inferiores a 12 g/dl. Si es ferropénica, los hematíes son pequeños e hipocromos (VCM y HCM descendidos). También puede haber anemia por deficiencia de ácido fólico y/o vit. B12, en cuyo caso los hematíes están aumentados de tamaño y de coloración (VCM y HCM aumentados).

2/ Serie blanca, determinada mediante la cuantificación de los leucocitos o glóbulos blancos, cuyos valores normales están comprendidos entre 4.500-9.000/mm3. Se denomina leucopenia cuando están descendidos por debajo de 4.500 y leucocitosis cuando están aumentados por encima de 9.000. Ambas situaciones se observan en los celíacos. La leucopenia en relación con hiperesplenismo y en presencia de leucocitosis hay que descartar la presencia de una infección asociada a cualquier nivel. La fórmula leucocitaria puede ser normal en su distribución, pero es relativamente frecuente, el detectar cambios porcentuales en el sentido de un aumento relativo de linfocitos (linfocitosis) que se acompaña de un descenso de neutrófilos (neutropenia) de significado no aclarado. Igualmente observamos con cierta frecuencia la presencia de un aumento de eosinófilos (eosinofilia) probablemente en relación con la presencia de diversos procesos alérgicos asociados, así como discreta elevación de mastocitos y/o basófilos.

3/ Recuento de plaquetas, puede ser normal (entre 200.000-400.000/ mm3), pero también puede haber descenso moderado, denominado trombopenia (< 200.000), en relación con hiperesplenismo, o por el contrario aumento global, que se denomina trombocitosis (>400.000) como consecuencia de procesos inflamatorios asociados. El estudio de coagulación, habitualmente es normal, pero puede presentar diversas alteraciones, tales como aumento del TPA (tiempo de tromboplastina), alargamiento del tiempo de protrombina (TP) con descenso de su actividad porcentual, que puede ser debido a una deficiencia parcial de los niveles de vit. K, por déficit de absorción intestinal, o bien en pacientes que toman anticoagulantes orales dicumarínicos. Los niveles de Fibrinógeno, pueden en ocasiones estar aumentados, ya que se trata de un reactante de fase aguda, que se eleva en presencia de procesos inflamatorios asociados, de cualquier localización.

Biopsias duodenales[editar]

La biopsia del intestino delgado sigue considerándose el procedimiento de referencia; es decir, la prueba más importante para confirmar el diagnóstico de EC, para el que se sigue considerando como “el patrón oro”. Debería realizarse siempre en caso de sospecha clínica, independientemente del resultado de los marcadores serológicos, pues los anticuerpos son habitualmente negativos en los celíacos.

Sin embargo, su interpretación es compleja y presenta a menudo limitaciones, por el frecuente hallazgo de cambios mínimos, tales como la linfocitosis intra-epitelial y cambios mínimos, especialmente en el adulto y niño mayor de 2-3 años. También hay que tener presente que las lesiones no son uniformes, sino que muestran una “distribución parcheada”, lo que limita su valor diagnóstico, por la posibilidad de que las muestras hayan sido tomadas de zonas sanas. Además, la atrofia de vellosidades es poco frecuente en los adultos y niños mayores de 2-3 años, ya que en ellos predominan las formas no clásicas.

Las biopsias duodenales deben obtenerse mediante fibroendoscopia, ya que ésta permite la exploración completa del esófago, estómago y duodeno, siendo este último el comienzo del intestino delgado y el lugar donde se realiza la toma de múltiples biopsias.

Mediante una endoscopia digestiva alta (a través de la boca) se accede con facilidad al duodeno, donde se toman las muestras de biopsias (porciones milimétricas de tejido), mediante una pinza introducida a través del endoscopio. Su duración media es aproximadamente de unos 5 minutos. No requiere anestesia ni sedantes, aunque se pueden emplear. Su preparación sólo precisa unas 7 horas de ayuno previo, pudiendo tomar líquidos hasta 2 horas antes.

Se deben tomar múltiples biopsias duodenales (entre 4-6), de suficiente tamaño, bien orientadas antes de enviarlas para analizar, de las distintas porciones del duodeno (proximales y distales) para evitar errores de muestra, debido a la existencia de lesiones parcheadas.

Las biopsias duodenales se analizan después al microscopio. Se deben realizar tinciones especiales de forma rutinaria, con anticuerpos monoclonales para marcadores de linfocitos T (CD3), con el fin de poder hacer con precisión el recuento de linfocitos intraepiteliales (LIEs).

Las indicaciones para llevar a cabo la toma de biopsias duodenales en el curso de una endoscopia digestiva alta son muy variadas, e incluyen no sólo a pacientes con serología positiva de EC para confirmar el diagnóstico, sino también a todos los que presentan diarrea crónica o recidivante, estreñimiento, anemia ferropénica de origen oscuro o refractaria al tratamiento sustitutivo por vía oral, osteoporosis prolongada, mala digestión continuada o dolor abdominal de repetición, ardores, anorexia (falta de apetito), intolerancia a la lactosa, pérdida de peso mantenida, dolores musculo-esqueléticos, afectaciones cutáneas, procesos auto-inmunitarios y/o alérgicos, trastornos neurológicos, etc., independientemente de que la serología sea o no, negativa (ausencia de anticuerpos en sangre).

Un error frecuente es prescindir de la toma de biopsias ante una mucosa de aspecto aparentemente normal. Las lesiones típicas de la celíaca, consistentes en cambios mínimos, sólo pueden ser localizadas a través de su estudio al microscopio. Únicamente cuando existe atrofia vellositaria avanzada, que es el hallazgo menos frecuente en adultos y niños mayores de 2-3 años, se observan signos macroscópicos apreciables a simple vista, tales como el “aspecto festoneado” de los pliegues mucosos, la disminución de su tamaño o la presencia de un “patrón en mosaico”.

La cápsula endoscópica resulta de gran utilidad para el estudio de la EC, ya que permite la visualización de todo el intestino, detectando algunos casos subclínicos, o no diagnosticados por otros medios, pero presenta el gran inconveniente de no poder tomar biopsias. Por ello, se debe completar con la realización de una gastroscopia rutinaria con la finalidad de poder disponer de biopsias duodenales.

Hallazgos en las biopsias duodenales[editar]

Tabla 3. OTRAS CAUSAS DE ATROFIA VELLOSITARIA

A PARTE DE LA ENFERMEDAD CELÍACA

Giardiasis

Inmunodeficiencia común variable

Enfermedad de Whipple

Enteritis post-radiación

Enteropatía asociada al virus de la inmunodeficiencia humana

Linfoma intestinal

Síndrome de Zollinger-Ellison

Enteropatía autoinmunitaria

Enfermedad de Crohn

Otras alergias alimentarias (leche, soja, pollo, atún)

El contacto del intestino con el gluten conduce a la aparición de un daño en la mucosa, desde casos en los que únicamente se aprecia un aumento de la población de linfocitos intraepiteliales (enteritis linfocítica) hasta formas avanzadas de atrofia vellositaria.[3] ·[1]

El espectro de los cambios patológicos que se observan en la EC es muy amplio y no se limita, como tradicionalmente se pensaba, a la atrofia de las vellosidades intestinales, sino de una serie de cambios inflamatorios que son mucho más frecuentes que aquélla.

A partir de la edad de tres años, las formas con atrofia de vellosidades disminuyen notablemente, ya que predominan las presentaciones con sólo inflamación (infiltración de linfocitos o enteritis linfocítica), que son las que producen bajos niveles de anticuerpos en sangre.

Cualquiera de las formas histológicas de la enfermedad, incluso las formas más leves, puede cursar con diversos estados carenciales, incluyendo anemia, osteopenia u osteoporosis y un amplio abanico de síntomas digestivos y extradigestivos.[3] ·[1]

Existe una relación directa entre la positividad de los anticuerpos anti-TGt y el grado de atrofia vellositaria presente en la mucosa duodenal, de tal manera que un mayor grado de atrofia, se corresponde con una mayor positividad de anticuerpos, como ocurre en las formas clásicas, predominantes en niños pequeños (menores de 2-3 años). Por el contrario, cuando la biopsia duodenal es normal, o bien muestra cambios mínimos o presenta un grado de atrofia leve, los anticuerpos anti-TGt pueden ser negativos, como ocurre con frecuencia en los niños mayores de 2-3 años y adultos, en quienes predominan las formas no clásicas.[53] ·[54]

En el celíaco tratado adecuadamente, la mucosa llega a normalizarse resultando indistinguible de la un individuo sano, al cabo de un período medio aproximado de dos años, tras el comienzo de la DSG.

Los hallazgos histopatológicos descritos son característicos de la EC, pero no específicos, y permiten realizar un diagnóstico de sospecha, ya que la atrofia vellositaria puede presentarse en otros procesos intestinales de diversas etiologías no relacionadas con la intolerancia al gluten (Tabla 3).

Escala de Marsh para la clasificación de los hallazgos en las biopsias duodenales[editar]

Relación entre serología positiva y atrofia vellositaria en los enfermos celíacos
Tabla 4. CLASIFICACIÓN DE MARSH DE LAS

LESIONES DUODENALES

estadio

CARACTERÍSTICAS HISTOLÓGICAS COMPATIBLE CON EC
0 (Preinfiltrativo) Biopsia duodenal normal o con cambios mínimos NO
1 (Infiltrativo) Aumento de linfocitos intraepiteliales

(> 20 ó 25 por cada 100 células epiteliales)

2 (Hiperplásico) Hiperplasia de criptas

Infiltrado inflamatorio crónico en la submucosa

3 (Atrófico)
     3a Atrofia vellositaria parcial o leve
     3b Atrofia vellositaria subtotal o moderada
     3c Atrofia vellositaria total o completa

Los hallazgos de la biopsia duodenal deben ser interpretados con detalle por un patólogo experto, e interesado en el diagnóstico de esta enfermedad, siguiendo los criterios de Marsh modificados, que clasifica esta enfermedad en 4 tipos o estadios. Se puede tener una enfermedad celíaca con biopsia duodenal con sólo un aumento en el porcentaje de linfocitos intraepiteliales o una duodenitis crónica (estadio 1 o infiltrativo, de dicha clasificación).

La observación al microscopio tras tinción de las muestras extraídas, mediante hematoxilina-eosina e inmunohistoquímica con marcadores específicos para teñir los linfocitos CD3, permite analizar la histología y el número y distribución de los linfocitos intraepiteliales.

Su cuantificación ayuda a conocer mejor el grado de lesión según el sistema más utilizado actualmente, como son los “criterios de Marsh” descritos en 1992[55] y revisados por Oberhüber en 1996.

Esta clasificación anatomopatológica de las biopsias duodenales debe emplearse de forma rutinaria para el estudio de las muestras. Se utiliza ampliamente en todo el mundo y ha demostrado de sobras su gran utilidad diagnóstica y el amplio espectro de alteraciones histológicas existentes en la EC, que van desde una mucosa normal o con cambios mínimos hasta la atrofia de las vellosidades intestinales (Tabla 4).

Según estos criterios, además de la atrofia de vellosidades, aparecen estas lesiones:

  • Lesión tipo Marsh 0. Cambios preinfiltrativos.
  • Lesión tipo Marsh 1. Se observan 20 ó 25 linfocitos intraepiteliales (depende de la técnica de tinción) por cada 100 enterocitos. Se expresa mediante porcentaje. Es decir, se considera Marsh 1 cuando la infiltración linfocitaria (LIES) es superior al 20% ó 25%. Esta enteritis linfocítica es el hallazgo histológico más habitual en la EC del adulto y niño mayor de 2-3 años.
  • Lesión tipo Marsh 2. Se observa el patrón anterior además de hiperplasia de criptas (están en la base de las vellosidades).
  • Lesión tipo Marsh 3. Se observa el patrón anterior y además existe acortamiento (atrofia) de vellosidades. Se subdivide en:
- Marsh 3a, si es parcial o leve;
- Marsh 3b, si es subtotal;
- Marsh 3c, si es total.

Errores frecuentes en la interpretación de las biopsias duodenales[editar]

Es importante reseñar que en la práctica se producen muchos falsos negativos por distintos motivos:

  • Se consideran negativas por no presentar atrofia vellositaria, cuando en realidad es la lesión menos frecuente en los celíacos a partir de los 2 años de edad.
  • No se toman suficientes muestras: las lesiones son parcheadas y se deben coger al menos 4-6 biopsias para minimizar el margen de error.
  • Informes patológicos incompletos:
- No se especifica la relación cripta/vellosidad.
- No figura ni se cuantifica por tanto, el infiltrado linfocitario (LIEs) hallado.
- No se clasifican los resultados según la escala Marsh.
- Se aplica el nivel de corte antiguo de recuento de LIEs del 40% (abandonado hace tiempo), en lugar del vigente del 25% para el Marsh 1.
- No figura el inmunofenotipo de linfocitos intraepiteliales.

Para evitar los frecuentes errores de diagnóstico ante informes patológicos incompletos, en los que únicamente figuran datos del tipo “sin alteraciones histológicas relevantes”, “inflamación inespecífica”, “duodenitis crónica”, etc., sin tener que someterse a una nueva gastroduodenoscopia, el paciente tiene derecho a reclamar sus muestras de biopsias duodenales, obtenidas tanto por el sistema sanitario público como por el privado, para su estudio por otro patólogo actualizado y experto en enfermedad celíaca.

Desde el punto de vista jurídico, las muestras deben considerarse como parte integrante de la historia clínica del paciente y en consecuencia, por analogía, se debe aplicar El Régimen de la Historia Clínica (Ley 41/2002 del 14 de noviembre básica reguladora de la autonomía del paciente y derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica). El paciente está legitimado para recoger la muestra o se le puede entregar quien él autorice. El responsable tanto de la custodia de la muestra biológica como de su conservación, es el Centro Hospitalario. En el momento que salga del hospital, el responsable será el receptor de la misma.[56]

Marcadores genéticos[editar]

Las evidencias apuntan a que la genética tiene una clara participación en la predisposición a la enfermedad celíaca, si bien el modo de herencia es aún desconocido. Actualmente, se estima que su heredabilidad ronda el 87%.[57]

Se conoce que está implicada la presencia de ciertos alelos del sistema HLA (antígenos linfocitarios humanos, ubicados en el brazo corto del cromosoma 6), el cual está encargado de vigilar que las células del organismo sean propias. Su presencia está relacionada con la aparición de diversas enfermedades autoinmunes y el análisis de histocompatibilidad imprescindible para la llevar a cabo ciertos trasplantes.

Explicado de un modo sencillo, el HLA-II presenta innumerables variaciones. De la misma forma que cada persona tiene una cara distinta, se podría decir que cada persona presenta un HLA diferente, aunque existe una serie de variaciones del HLA que predisponen a padecer ciertas enfermedades.

El HLA-DQ2 se presenta en un 90% de los celíacos. No obstante, tenerlo positivo no implica que se tenga que desarrollar la enfermedad celíaca. De hecho, los celíacos son sólo un 2-5% de los portadores del HLA-DQ2.

Alrededor del 5% de celíacos presenta el HLA DQ8.

Al menos el 5% restante de celíacos no presentan ni el heterodímero DQ2, ni el DQ8, o sólo tienen un alelo del DQ2, por lo que su presencia no es obligada para el diagnóstico. Hay en marcha estudios de nuevos marcadores genéticos relacionados con esta enfermedad.

Se han encontrado otros genes del sistema HLA-I, como el MICA y el MICB, asociados a diversos trastornos autoinmunitarios, entre ellos la enfermedad celíaca.[58]

La presencia de estos marcadores de susceptibilidad HLA-DQ2 y HLA-DQ8 es importante a la hora de realizar estudios familiares y de instaurar una dieta sin gluten (DSG) para analizar respuesta en pacientes cuyas pruebas diagnósticas no sean concluyentes. Véase apartado: Utilidad de la dieta sin gluten "de prueba" para confirmar el diagnóstico

Los gemelos monocigóticos tienen una alta concordancia para presentar EC en algún momento de su vida, en torno al 75%. En los dicigóticos, no se aprecian diferencias de riesgo respecto al resto de familiares de primer grado y la prevalencia media se sitúa alrededor del 25%.[59]

Diagnóstico de casos dudosos o difíciles[editar]

Ante casos dudosos de enfermedad celíaca o de difícil diagnóstico, existen diversas estrategias que se pueden aplicar de acuerdo con las preferencias del paciente y su familia. Entre ellas figuran las siguientes:

a) Repetir periódicamente la analítica y serología buscando cambios manifiestos (de escasa utilidad).

b) Realizar un estudio familiar buscando casos potenciales o manifiestos que eran previamente desconocidos.

c) Llevar a cabo una nueva endoscopia con tomas de biopsia múltiples duodenales al cabo de unas semanas, con o sin sobrecarga de gluten (menos aceptada).

d) Hacer un tratamiento de prueba con dieta sin gluten (DSG) durante 6 meses mínimo, preferiblemente un año, observando la respuesta clínica, así como los cambios analíticos y serológicos (la más aconsejable).

Actualmente, la prueba de la provocación con gluten no se considera necesaria para la confirmación del diagnóstico de la enfermedad celíaca. Incluso se estima como potencialmente peligrosa, ya que puede presentar serios inconvenientes por la aparición de reacciones importantes tras su reintroducción.[45]

En casos dudosos, está plenamente justificado el instaurar una dieta sin gluten estricta durante un plazo mínimo de seis meses, realizando seguimiento clínico y analítico adecuados, para analizar la respuesta (“diagnóstico ex-iuvantibus”).[45]

El diagnóstico de enfermedad celíaca se confirma cuando existe una respuesta positiva a la DSG, que se calcula en un plazo medio de 6 meses.[7]

Cuando no se produce la mejoría esperada con la dieta sin gluten o ésta se demora, hay que valorar muy cuidadosamente la presencia de otras intolerancias alimenticias asociadas (lactosa, fructosa, etc.) porque con la simple toma de leche sin lactosa puede mejorarse o la restricción de algún tipo de fruta. Otras causas de no mejoría son la presencia del llamado “gluten oculto” en algunos productos no bien etiquetados, así como las “contaminaciones cruzadas” comiendo en la mesa con otras personas que toman pan de trigo y desmigan con frecuencia de forma inadvertida, alimentos contaminados con migas o restos de harina durante su preparación o manipulación, etc.

Utilidad de la dieta sin gluten "de prueba" para confirmar el diagnóstico[editar]

Pese a la sospecha clínica fundada, en diversas ocasiones nos encontramos con casos con serología negativa, y/o marcadores genéticos negativos, y/o biopsias duodenales con cambios mínimos o enteritis linfocítica limítrofe < 25%.

En dichos casos, se debería proponer la realización de una dieta sin gluten (DSG) de prueba durante un mínimo de 6 meses, preferiblemente un año, con controles clínicos y analíticos antes y después de la retirada del gluten.[7] ·[45] Se aconseja probar la DSG durante unos 6 meses como mínimo, preferiblemente un año, ya que con menos tiempo los cambios no se producen de forma significativa, sobre todo en pacientes que llevan padecimientos clínicos prolongados.

La DSG debe ser estricta, eliminando de la alimentación todos los productos que contengan o se cocinen con harina de trigo, centeno, cebada y avena (dieta TACC), que son los cuatro cereales con gluten, y sustituyéndolos por harina de maíz y arroz sin trazas de gluten, evitando contaminaciones inadvertidas y todo tipo de transgresiones dietéticas.

Con dicha dieta de prueba, en la mayoría de los casos, se produce una mejoría clínica significativa, con desaparición prácticamente total de la mayoría de las molestias, que se confirma además con una mejoría o normalización de la mayor parte de las alteraciones analíticas, previamente existentes.

Gracias a la realización de esta DSG, se confirmará el diagnóstico de enfermedad celíaca en la mayor parte de los casos previamente etiquetados como dudosos.

Consideraciones importantes sobre la prueba con la dieta sin gluten[editar]

En caso de no mejoría, antes de abandonar la prueba con la dieta sin gluten, hay que hacer una valoración muy cuidadosa tanto clínica como analítica, para tratar de evitar posibles errores de interpretación.

Es habitual en pacientes celíacos y sensibles al gluten, especialmente niños mayores, jóvenes y adultos con largas demoras diagnósticas, no experimentar mejoría o incluso tener un aparente empeoramiento al comienzo de la DSG. Este fenómeno sólo se produce en enfermos celíacos o sensibles al gluten y se explica por diversas causas que.

El gluten ejerce un efecto anestésico sobre el tubo digestivo, adormeciendo y ocultando sus reacciones naturales. La supresión estricta del gluten de la dieta devuelve al aparato digestivo su capacidad de reacción, antes adormecida. Las posibles contaminaciones accidentales se suelen volver a manifestar, con síntomas fuertes.

Asimismo, a medida que el aparato digestivo se va recuperando, pueden hacerse patentes las intolerancias alimenticias típicamente asociadas a la enfermedad celíaca y la sensibilidad al gluten no celíaca (lactosa, fructosa, sorbitol, etc.), más frecuentes cuanto mayor haya sido el retraso en el diagnóstico, que previamente podían estar pasando inadvertidas. La simple toma de leche sin lactosa puede mejorar o la restricción de algún tipo de fruta. Otras causas de no mejoría son la presencia del llamado “gluten oculto” en algunos productos no bien etiquetados, así como las “contaminaciones cruzadas” comiendo en la mesa con otras personas que toman pan de trigo y desmigan con frecuencia de forma inadvertida, alimentos contaminados con migas o restos de harina durante su preparación o manipulación, etc.

Hay celíacos o sensibles al gluten que pueden tener intolerancia asociada a la proteína de la leche e incluso, más raramente, a la horceína del maíz, como se deduce de unos estudios recientes realizados en México, por la Dra. Ana Mª Calderón de la Barca y cols.[60] ·[61]

Finalmente, es importante excluir otras entidades clínicas asociadas a la propia enfermedad que por sí solas pueden explicar la persistencia de los síntomas (déficit secundario de disacaridasas, insuficiencia pancreática exocrina, sobrecrecimiento bacteriano y colitis microscópica).[1] El mejor tratamiento de la colitis microscópica es el seguimiento de una dieta sin gluten, ya que no sólo consigue la desaparición de la sintomatología (dolor abdominal y diarreas, fundamentalmente), sino que también ayuda a la remisión histológica de la enfermedad. Por ello, se considera que la colitis linfocítica es una manifestación más de la enfermedad celíaca, con una clara participación de la mucosa colónica asociada.

La dieta sin gluten debe basarse, fundamentalmente, en el consumo habitual de alimentos naturales y frescos que no contengan gluten: carnes, pescados, huevos, leche y derivados, frutas, verduras y hortalizas, legumbres y los cereales que no contienen gluten (maíz, arroz, mijo y sorgo), combinándolos entre sí de forma variada y equilibrada.[1] Los alimentos se deben adquirir, almacenar, preparar y manipular cuidadosamente para evitar las posibles contaminaciones cruzadas con gluten. Es importante, especialmente al comienzo de la DSG, minimizar el consumo de alimentos elaborados y de alimentos específicos para celíacos. Una opción muy cómoda y económica es la utilización de una panificadora casera para elaborar panes y bizcochos, con la amplia gama de harinas sin gluten existentes en el mercado. Las ventajas son la facilidad de preparación, el abaratamiento del producto y la posibilidad de seleccionar los ingredientes, evitando o disminuyendo considerablemente la gran cantidad de aditivos químicos presentes en los productos específicos de celíacos.

Es importante conocer que el gluten también está presente en muchos medicamentos, entre los excipientes con los que los elaboran.

Asimismo, el gluten figura entre los ingredientes de muchos productos cosméticos, bajo diferentes nombres difíciles de identificar. Es importante evitar el contacto con estos productos (pastas de dientes, barras de labios, geles, cremas, etc.), ya que aunque la cantidad de gluten suele ser pequeña, éste se puede ingerir por error, absorber a través de la piel o contaminar alimentos en su manipulación (cremas o restos de cremas en las manos, etc.).

Pruebas de provocación[editar]

Actualmente no se consideran necesarias ni las pruebas de provocación, ni la repetición de las biopsias para la confirmación diagnóstica.

La prueba de la provocación con gluten incluso se considera potencialmente peligrosa, ya que puede precipitar la aparición de reacciones importantes tras su reintroducción.[45]

Errores frecuentes[editar]

En el diagnóstico[editar]

Errores frecuentes en el diagnóstico de la enfermedad celíaca (EC)

Pese a que la enfermedad celíaca es una de las enfermedades con base genética más frecuentes, con una prevalencia media del 2% en la población general y que puede debutar a cualquier edad de la vida, está claramente subestimada e infradiagnosticada, con aproximadamente un 90% de los casos sin diagnosticar en la actualidad.[9] ·[10] ·[11] ·[12] ·[13]

La media estimada de tiempo que transcurre desde el comienzo de aparición de los síntomas, hasta que el paciente consigue el diagnóstico es de unos 20 años. Esta situación se puede explicar teniendo en cuenta que, a pesar de los avances realizados en los últimos años en la identificación de las múltiples manifestaciones de la EC y a la reforma de los protocolos diagnósticos, estos conocimientos aún no han llegado a la mayoría de profesionales a los que acude a consultar el paciente por molestias variadas y diversas que presenta.

Es importante que el paciente conozca esta problemática para que pueda participar de forma activa en la consecución de una mejor calidad de vida, utilizando las estrategias a su alcance, que pasan por la búsqueda de una atención médica especializada y el conocimiento del avance en la identificación de las variadas manifestaciones de la enfermedad celíaca y de las recientes modificaciones de los protocolos diagnósticos.

El aumento de la capacidad de las personas para comprender y participar en su atención médica es una prioridad internacional.[62]

Los errores más frecuentes radican en la dificultad de la identificación y diagnóstico de la enfermedad celíaca ante presentaciones no clásicas, que son las más frecuentes, en las que la afectación digestiva es menor y/o intermitente y abundan las manifestaciones extra-digestivas, con serología negativa (ausencia de anticuerpos en sangre) y con biopsias duodenales que presentan cambios mínimos, sin atrofia vellositaria (Marsh 1).

Como se recoge en la página 25 del protocolo de diagnóstico precoz de la enfermedad celíaca del Ministerio de Sanidad de España:[1]

Serología negativa y elevada sospecha clínica: Recientes evidencias sugieren que la serología negativa no permite excluir con seguridad el padecimiento de la enfermedad. Ello resulta particularmente cierto en pacientes con lesiones histológicas poco avanzadas (Marsh 1 y 2). Por otro lado, el hecho de presentar alteraciones morfológicas poco relevantes (enteritis linfocítica, sin atrofia vellositaria) no excluye que el enfermo presente síntomas y signos de enfermedad clínicamente relevante (astenia, flatulencia, anemia, osteopenia, etc.). Por este motivo, ante la presencia de síntomas sospechosos con serología negativa, especialmente en grupos de riesgo, debe considerarse la posibilidad de derivar el caso para proseguir su evaluación en un medio especializado.

En la valoración de la respuesta a la prueba con la dieta sin gluten[editar]

Cuando se utiliza la prueba con la dieta sin gluten (DSG) como método diagnóstico de los casos dudosos y no se produce ninguna mejoría, antes de abandonarla hay que hacer una valoración muy cuidadosa tanto clínica como analítica, para tratar de evitar posibles errores de interpretación.

Errores frecuentes en la valoración de la respuesta a la prueba con la dieta sin gluten (DSG) para casos dudosos o de difícil diagnóstico

En el diagnóstico en la infancia[editar]

Errores frecuentes en el diagnóstico de la enfermedad celíaca en la infancia

Existe la creencia de que los especialistas en enfermedades de los niños son los profesionales que más casos detectan, si bien la realidad es que el anclaje en las ideas clásicas sobre la enfermedad celíaca, la aplicación sistemática de protocolos desfasados, la reticencia a someter a los niños a pruebas invasivas y el miedo a prescribir una dieta “de por vida”, dan como resultado que la mayoría de casos de celiaquía pasen desapercibidos durante la infancia.

Sin embargo, resulta especialmente importante poder detectar y tratar los casos de enfermedad celíaca que debutan en la infancia, pues la instauración a tiempo de una dieta sin gluten estricta evita la aparición de complicaciones presentes y futuras, algunas de ellas totalmente irrecuperables tales como el retraso en el crecimiento, el daño del esmalte dental por la presencia de anticuerpos antiesmalte[63] o algunas enfermedades autoinmunes asociadas, tales como la diabetes mellitus tipo 1.[3] ·[1] ·[64] Los datos de diversos estudios sugieren que la prevalencia de enfermedades autoinmunes se relaciona con la duración de la exposición al gluten, ya que los niños diagnosticados de EC antes de los 2 años no suelen presentar una incidencia aumentada de procesos autoinmunes. Al contrario, cuando la enfermedad se diagnostica tardíamente en la infancia o en la juventud, se estima que el riesgo relativo de presentar algún proceso autoinmunitario asociado a lo largo de la vida es de unas 7 veces mayor.[44]

Si bien las presentaciones clásicas de la enfermedad celíaca (con clínica digestiva aguda en forma de diarreas y signos de malabsorción) son más frecuentes en la infancia en comparación con la edad adulta, en los niños también predominan las presentaciones consideradas no clásicas,[1] especialmente a partir de los 2 años de vida, en las que la afectación digestiva es menor y/o intermitente y abundan las manifestaciones extra-digestivas, con serología negativa (ausencia de anticuerpos en sangre) y con biopsias duodenales que presentan cambios mínimos, sin atrofia vellositaria (Marsh 1).

Actualmente, en Pediatría prácticamente sólo son derivados a los Servicios especializados de Gastroenterología los casos con síntomas clásicos y serología positiva, lo que está contribuyendo a privar a los gastroenterólogos de una visión de la enfermedad más ajustada a la realidad, perpetuar los errores en el reconocimiento y diagnóstico de la enfermedad celíaca y mantener las elevadas cifras de infradiagnóstico, con las consiguientes repercusiones en la salud de los enfermos a corto, medio y largo plazo.

Si bien la enfermedad celíaca puede debutar en cualquier momento de la vida, esta situación puede explicar una parte del creciente número de casos en los adultos, cuya enfermedad ha ido pasando sin diagnosticar desde su infancia o adolescencia. Actualmente, hay muchos más casos diagnosticados en adultos que en niños.

El diagnóstico de la enfermedad celíaca, debe basarse en la presencia de alguno o varios de los síntomas relacionados con la afectación intestinal o de cualquiera de los órganos o sistemas asociados, así como en la determinación de los marcadores serológicos, genéticos, los hallazgos en la biopsia intestinal y la respuesta a la dieta sin gluten, siendo esta última la prueba más informativa. Actualmente no se consideran necesarias ni las pruebas de provocación, ni la repetición de las biopsias para la confirmación diagnóstica.

El diagnóstico resulta mucho más sencillo en niños pequeños y es bastante más complicado en niños mayores de 2-3 años, por la frecuente negatividad de los marcadores serológicos.

La enfermedad celíaca puede debutar en los lactantes,[19] aunque el solapamiento de síntomas con el cólico del lactante y/o la intolerancia a la leche dificulta y retrasa su reconocimiento y diagnóstico correctos, así como las presentaciones "no clásicas" que cursan con síntomas no clásicos, como el estreñimiento, que en muchas ocasiones llega a ser muy llamativo y llega a constituir el síntoma principal.

Aunque no existe un perfil único para poder enmarcar a todos los celíacos, los cuadros con uno o varios de estos síntomas deberían alertar al pediatra de la presencia de una EC: dermatitis de distinta índole (atópica, urticaria, queratosis folicular, etc.), afectaciones recurrentes de vías respiratorias (catarros, otitis, rinitis, sinusitis, faringitis, bronquitis, asma, etc.), procesos alérgicos, cefaleas y/o alteraciones del comportamiento (irritabilidad, apatía, tristeza, introversión, hiperactividad, autismo, etc.).[45] ·[3] ·[1] ·[65] ·[66]

Retraso del crecimiento[editar]

El retraso del crecimiento y desarrollo constituye uno de los síntomas clásicos de la enfermedad celíaca. Si bien no se produce en todos los casos, su presencia debería alertar con interés a los pediatras acerca de la probable existencia de una enfermedad celíaca subyacente asociada.

El retraso del crecimiento es totalmente irrecuperable en un celíaco si no se instaura una dieta sin gluten (DSG) durante el período de desarrollo. Por el contrario, el desarrollo se normaliza cuando la enfermedad celíaca es detectada y tratada tempranamente, y con esto se consigue que el niño llegue a alcanzar la talla marcada por su genética.

Un error frecuente a la hora de valorar el crecimiento en los niños es tomar como referencia la talla de sus progenitores, sin investigar en ellos una posible enfermedad celíaca no diagnosticada. Una de las características que se presentan con relativa frecuencia en pacientes cuyos síntomas y signos de enfermedad celíaca han pasado desapercibidos desde la infancia y, por lo tanto, sin diagnosticar ni tratar con la dieta sin gluten, es la talla baja o, mejor entendido, la talla por debajo de lo que marca su información genética y percentil para su edad. Hay que tener en cuenta que la enfermedad celíaca es una de las enfermedades con base genética más frecuentes, con una prevalencia media del 2% en la población general y que puede debutar a cualquier edad de la vida, pero está claramente subestimada e infradiagnosticada, con aproximadamente un 70-90% de los casos sin diagnosticar.[9] ·[10] ·[11] ·[12] ·[13]

La media estimada de tiempo transcurrido hasta que el paciente consigue el diagnóstico es de unos 20 años, siendo un 20% de los casos diagnosticados en individuos mayores de 60 años.[67] ·[68] ·[69] Esto se traduce en que las posibilidades de existencia de casos sin reconocer entre los familiares de primer grado, sean muy altas.

Incluso en los casos graves de retraso de crecimiento, en los que se llega a recurrir a costosos y a menudo traumáticos tratamientos, pues consisten en la aplicación diaria de dosis subcutáneas de hormona sintética del crecimiento durante varios años, correspondientes a la fase de desarrollo del niño, no está contemplada la realización de todo el protocolo para buscar la presencia de una posible enfermedad celíaca, como base de la insuficiencia de producción de la hormona del crecimiento.

En los protocolos vigentes del Ministerio de Sanidad de España para administración y seguimiento del tratamiento (Criterios para la utilización racional de la hormona de crecimiento en niños,[70] aprobados el 30 de mayo de 2008, y Protocolo de seguimiento del tratamiento con hormona de crecimiento en niños[71] ) se solicitan los “marcadores de enfermedad celíaca” (serología o presencia de anticuerpos específicos en sangre), páginas 2, 4 y 5, para selección y seguimiento de pacientes candidatos al tratamiento:

Pero no se contempla en ningún punto la realización de un estudio completo, con biopsias duodenales, marcadores genéticos para enfermedad celíaca y búsqueda de enfermedades asociadas tanto en el niño como en sus familiares, pruebas imprescindibles para la correcta valoración de la presencia de una celiaquía y recogidas en el protocolo para el Diagnóstico precoz de la enfermedad celíaca.[1] En dicho protocolo, página 49, punto 9 del decálogo, figura claramente lo siguiente:

9. Los marcadores serológicos (AAtTG) resultan de elección para iniciar el despistaje de los pacientes con mayor probabilidad de presentar EC. Una serología negativa no permite excluir el diagnóstico de EC. De hecho, una proporción de pacientes con enfermedad celíaca, que presentan formas histológicas leves e incluso con atrofia de vellosidades, no expresan anticuerpos antitransglutaminasa en el suero.

En los niños, especialmente a partir de los 2 años de vida, al igual que en los adultos, predominan las presentaciones consideradas no clásicas, en las que la afectación digestiva es menor y/o intermitente y abundan las manifestaciones extra-digestivas, con serología negativa (ausencia de anticuerpos en sangre) y con biopsias duodenales que presentan cambios mínimos, sin atrofia vellositaria (Marsh 1), como figura en la página 18 del mencionado protocolo para el Diagnóstico precoz de la enfermedad celíaca:[1]

Enfermedad pauci o monosintomática: Actualmente es la forma más frecuente de EC, tanto de la edad adulta como de la pediátrica, y puede cursar con síntomas intestinales y/o extraintestinales. El espectro histológico es variable, desde enteritis linfocítica a la atrofia total y el porcentaje de positividad de autoanticuerpos séricos es variable

Diagnóstico diferencial[editar]

Las dos principales entidades clínicas que solapan síntomas con la enfermedad celíaca son la sensibilidad al gluten no celíaca (SGNC) y el síndrome del intestino irritable (SII).

En teoría, la separación entre un paciente celíaco de uno que presenta sensibilidad al gluten no celíaca es fácil, ya que el primero tiene la serología (los anticuerpos) positivos, los marcadores genéticos compatibles y cambios histológicos sugestivos de EC.

En la práctica clínica, especialmente en niños mayores de 2 años, adolescentes y adultos, con mucha frecuencia la serología en un paciente celíaco es normal[3] o está mínimamente elevada, con valores de transglutaminasa ligeramente superiores al límite actual recomendado de positividad de 2-3 U/ml,[45] ·[47] ·[48] pero que se consideran por muchos médicos como negativos, y la biopsia muestra con frecuencia lesiones de enteritis linfocítica con un aumento de la presencia de linfocitos intraepiteliales superior al 25% (Marsh 1).[1] Estos pacientes presentan por lo general unos síntomas intensos y prolongados, similares a los pacientes que tienen atrofia de vellosidades (Marsh 3), y mejoran claramente con una dieta sin gluten.[72]

Resulta de gran utilidad la realización de una cuidadosa historia clínica, incluyendo los antecedentes personales desde la temprana infancia del paciente, así como la elaboración de una completa historia familiar de enfermedad celíaca, trastornos digestivos y procesos autoinmunes, y una búsqueda de las enfermedades más frecuentemente asociadas a la celiaquía, tales como la rinitis crónica recurrente, episodios de faringo-amigdalitis, otitis, sinusitis, asma bronquial y otros procesos de naturaleza inmuno-alérgica.[73]

Los pacientes con sensibilidad al gluten no celíaca se parecen a los celíacos con enteritis linfocítica, pero en ellos la serología es normal por lo general, los marcadores genéticos (HLA-DQ2/DQ8) son heterocigotos o claramente negativos, y aunque pueden presentar un incremento de los linfocitos intraepiteliales, su proporción es generalmente inferior al 25%, por lo que no pueden ser catalogados como celíacos genuinos. Sin embargo, al igual que ellos, muestran una clara mejoría al ponerlos a dieta sin gluten (DSG), y se reproducen los síntomas cuando realizan transgresiones voluntarias o inadvertidas y empeoran definitivamente si retiran la DSG.

Más complicado es aún realizar un diagnóstico diferencial entre la sensibilidad al gluten no celíaca y el denominado síndrome del intestino irritable (SII), ya que ambas entidades presentan una sintomatología similar, siendo en ambas negativos los marcadores serológicos, genéticos de susceptibilidad, así como los hallazgos de la colonoscopia y gastroscopia, que igualmente son negativos.

Es difícil relacionar con la ingesta de gluten la aparición de los variados síntomas digestivos que provoca. El gluten está presente en nuestra alimentación de manera continuada e ininterrumpida desde los primeros meses de la vida, incluyendo la lactancia,[74] las reacciones pueden ser retardadas varias horas o incluso días y se suele estar ingiriendo gluten en cualquiera de las comidas diarias, en principio aparentemente libres de gluten, como aditivo y/o como consecuencia de contaminaciones cruzadas. Las lesiones inflamatorias causadas por el gluten en el intestino tardan en desaparecer por completo del orden de unos dos años, desde el momento de su supresión estricta en la alimentación. Además, el gluten ejerce un efecto anestésico sobre el tubo digestivo, que adormece y oculta sus reacciones naturales, lo que provoca que en ocasiones se noten las intolerancias a otros alimentos típicamente asociadas al daño del gluten (lactosa, sorbitol, fructosa, proteínas la leche y/o el maíz, etc.) pero pasen inadvertidas las reacciones al ingerirlo. A todo esto se suma que hemos aprendido a convivir, aceptándolos como normales, con los numerosos síntomas digestivos difusos que alertan sobre la presencia de una posible enfermedad celíaca o de una sensibilidad al gluten no celíaca, que se suelen presentar de manera fluctuante e incluso con largos períodos de completa remisión, tales como malas digestiones, gases, distensión abdominal, heces deshechas, intolerancias a alimentos, etc.[75] ·[76] ·[77] ·[78] por lo que no se suele acudir a consulta médica por estos motivos. Una parte de pacientes que sí consulta presenta un alto grado de ansiedad por la persistencia de sus síntomas, lo cual provoca que el médico emita un juicio preconcebido de hipocondriasis, neuroticismo o trastorno por somatización, catalogándolo como un trastorno funcional.[79] La posibilidad de existencia de casos sin reconocer entre familiares como consecuencia del elevado infradiagnóstico tanto de la enfermedad celíaca como de la sensbilidada al gluten no celíaca es muy alta, lo que contribuye a esa aceptación de síntomas en el seno de las familias y a que no sean reconocidos como señales de alarma.

La mejor forma de diferenciar el síndrome del intestino irritable (SII) de la sensibilidad al gluten no celíaca es hacer una retirada del gluten completa y mantenida (DSG) durante un mínimo de 6 meses, preferiblemente un año, y si con ella se produce una mejoría clínica evidente, con remisión o desaparición completa de la sintomatología, se cambiará el diagnóstico de SII por el de sensibilidad al gluten no celíaca. Para tener una mayor seguridad, se puede realizar una “prueba de provocación” reintroduciendo el gluten en la dieta durante unos días, que reproducirá las molestias previas que presentaba el paciente.

Especialmente en niños mayores, jóvenes y adultos con largas demoras diagnósticas, es habitual no experimentar mejoría o incluso tener un aparente empeoramiento al comienzo de la DSG. Este fenómeno sólo se produce en enfermos celíacos o sensibles al gluten. Antes de abandonar la prueba con la dieta sin gluten, hay que hacer una valoración muy cuidadosa tanto clínica como analítica, para tratar de evitar posibles errores de interpretación. Véase el apartado: Consideraciones importantes sobre la prueba con la dieta sin gluten

El tratamiento de la sensibilidad al gluten no celíaca es idéntico al de la enfermedad celíaca (EC), ya que en ambos casos existe una intolerancia permanente al gluten. Por ello, el único tratamiento realmente eficaz es el seguimiento de una dieta sin gluten (DSG) de forma estricta de por vida, sin efectuar transgresiones, para poder así conseguir una mejoría mantenida y eficaz, y prevenir la aparición de complicaciones asociadas.

Tabla 5. Diagnóstico diferencial entre Enfermedad Celíaca, Sensibilidad al Gluten y Síndrome del Intestino Irritable
Enfermedad Celíaca Sensibilidad al Gluten Síndrome del Intestino Irritable
Serología TGt frecuentemente negativa o valores positivos (>2-3 U/ml) TGt negativa (<2-3 U/ml) TGt negativa (<2-3 U/ml)
Hallazgos histológicos en biopsias duodenales Desde Marsh 1 (LIES>25%) hasta Marsh 4 Hallazgo típico: Marsh 1 Marsh 0 (LIES<25%) Marsh 0 (LIES<25%)
Marcadores genéticos de susceptibilidad HLA-DQ2/DQ8 ó algún alelo HLA-DQ2/DQ8 heterocigotos o claramente negativos No hay asociación
Respuesta a la dieta sin gluten NO
Síntomas extradigestivos
Enfermedades autoinmunes asociadas NO NO

TGt= Anticuerpos anti-transglutaminasa tisular

LIES= Linfocitos Intraepiteliales

Tratamiento[editar]

El único tratamiento es dietético. Consiste en la denominada dieta sin gluten (DSG), que se basa en suprimir de la dieta, estrictamente y durante toda la vida, los alimentos que en su composición, preparación o condimentación contengan harina procedente de cereales que poseen gluten, fundamentalmente el trigo, avena, centeno, cebada (dieta TACC).[1]

La enfermedad celíaca presenta una base genética y no existen, ni están disponibles, por el momento, tratamientos farmacológicos para poder combatirla, por lo que no cabe la posibilidad de interrumpir ni suspender la dieta bajo ningún concepto.

La mayoría de los alimentos que consumimos a diario no contiene gluten, por lo que, aunque se sustituyan los alimentos con gluten por alternativas sin él, la dieta resulta amplia y variada. El cambio principal es el sustituir la harina de trigo habitual por la de maíz seleccionado y sometido a mayores controles analíticos, y evitar el gluten no sólo de forma directa (no consumiendo lo que claramente lo contiene), sino en la llamada contaminación cruzada: existe la posibilidad de que alimentos en principio libres de gluten puedan entrar en contacto en algún momento con gluten, lo que los convertiría en no aptos para su consumo (presencia de “trazas” de gluten en el producto final). La correcta elección de los alimentos y la adopción de una serie de medidas básicas para evitar las contaminaciones cruzadas son imprescindibles para eliminar o minimizar este riesgo.

Una sola miga de pan de este tamaño contiene suficiente cantidad de gluten para que su ingestión pueda provocar una serie de molestias digestivas importantes en las personas celíacas o con sensibilidad al gluten no celíaca,[80] cuando están siguiendo una dieta sin gluten.

La DSG es una dieta sana para cualquier persona porque obliga a fijarse más en la composición y en la preparación de los alimentos, incrementando el consumo de todo tipo de verduras y frutas, así como de alimentos naturales, no congelados ni elaborados,[1] y emprenderla no entraña ningún riesgo.

Sólo los celíacos y las personas sensibles al gluten experimentan síntomas y diversos trastornos de salud si no mantienen la dieta sin gluten estrictamente y de por vida.

La DSG produce una mejoría clínica significativa, que por lo general se observa al cabo de unos días o de unas pocas semanas tras su instauración, aunque la recuperación histológica duodenal es más tardía, pues no se produce hasta pasados varios meses después, o incluso varios años más tarde, especialmente en los adultos.

Sin embargo, es habitual en pacientes celíacos y sensibles al gluten, especialmente niños mayores, jóvenes y adultos con largas demoras diagnósticas, no experimentar mejoría o incluso presentar un aparente empeoramiento al comienzo de la dieta sin gluten. Este fenómeno se explica por la paulatina recuperación del tubo digestivo, antes adormecido por el efecto anestésico del gluten. La dieta le devuelve su capacidad de reacción, con lo que las posibles contaminaciones accidentales se suelen volver a manifestar con síntomas intensos y pueden hacerse patentes otras intolerancias alimenticias, asociadas a la enfermedad celíaca y la sensibilidad al gluten no celíaca (lactosa, fructosa, sorbitol, etc.), tanto más frecuentes cuanto mayor haya sido el retraso diagnóstico, que previamente podían estar pasando inadvertidas. La simple toma de leche sin lactosa puede mejorar la situación, o también la restricción en el consumo de algún tipo de frutas.

Hay celíacos o sensibles al gluten que pueden tener intolerancia asociada a la proteína de la leche e incluso a la horceína del maíz, en cuyo caso tienen que restringir o suprimir su consumo.[60] ·[61]

Otras causas de no mejoría son la presencia del llamado “gluten oculto” en algunos productos no bien etiquetados, las contaminaciones cruzadas y la presencia de otras condiciones clínicas asociadas a la propia enfermedad, que por sí solas pueden explicar la persistencia de los síntomas (déficit secundario de disacaridasas, insuficiencia pancreática exocrina, sobrecrecimiento bacteriano y colitis microscópica).[1]

El consumo de gluten, sea voluntario o no, lleva consigo asumir riesgos potenciales de asociación de enfermedades, por lo que es importante la advertencia al respecto.[81]

Si en el momento del diagnóstico el paciente presenta deficiencias de vitaminas y minerales (hierro, calcio, etc.) puede tomar estos suplementos durante varias semanas o incluso meses, asegurándose que éstos no contengan gluten, ni trazas, hasta su completa recuperación.

Es importante conocer que el gluten también está presente en muchos medicamentos, entre los excipientes con los que los elaboran.

Asimismo, el gluten figura entre los ingredientes de muchos productos cosméticos, bajo diferentes nombres difíciles de identificar. Es importante evitar el contacto con estos productos (pastas de dientes, barras de labios, geles, cremas, etc.), ya que aunque la cantidad de gluten suele ser pequeña, éste se puede ingerir por error, absorber a través de la piel o contaminar alimentos en su manipulación (cremas o restos de cremas en las manos, etc.).

El seguimiento de los pacientes se realiza a través de revisiones periódicas, a ser posible en consultas especializadas, para controlar su estado nutricional, confirmar el seguimiento de la DSG y comprobar que se mantiene la respuesta clínica y analítica.

Los productos etiquetados «sin gluten» son particularmente caros y difíciles de encontrar en países en vías en desarrollo.

En varios países de la Comunidad Europea, tales como los Países Bajos, el Reino Unido, Italia, Suecia y Finlandia, los Gobiernos respectivos subvencionan parcialmente la adquisición de dichos productos sin gluten, para los pacientes celíacos.

Existe un considerable interés en desarrollar posibles tratamientos farmacológicos que contribuyan a hacer más llevadero este tipo de dieta. El enfoque más atractivo actualmente se basa en la utilización de enzimas recombinantes que son capaces de digerir la fracción tóxica del gluten en el estómago en la porción proximal del intestino delgado, o moléculas que actuarían disminuyendo la permeabilidad intestinal, pero todavía están en fase de investigación y se tardará aún cierto tiempo (probablemente varios años o décadas), antes de que se comercialicen.[82] ·[83]

Símbolo de la espiga barrada[editar]

El símbolo de la espiga barrada es el símbolo internacionalmente reconocido para los alimentos seguros para el consumo por personas con enfermedad celíaca.

En algunos países desarrollados y otros en vías de desarrollo, se ha elaborado un símbolo universal de “producto sin gluten”, representado por una espiga de trigo encapsulada en un círculo con una barra por delante, denominada "espiga barrada".

Se encuentra regulado por la AOECS (Association Of European Coeliac Societies - Asociación de Celíacos Europeos), quien delega en sus asociaciones miembros la concesión de su uso y control. Las industrias deben certificarse en el ELS (European Licensing Systems - Sistema de Licencias Europeo) para poder utilizarlo.

Para que la espiga barrada tenga validez, debe figurar el nº de registro concedido por la asociación y una de las siguientes expresiones: “OATS”, “100” ó “100/OATS”. Si no se acompaña de ninguna expresión, significa que el producto contiene menos de 20 mg/kg (20 ppm) de gluten y no contiene avena.

  • OATS - El producto contiene avena pura.
  • 100 - El producto contiene hasta 100 mg/kg (100 ppm) de gluten y no contiene avena pura.
  • 100/OATS - El producto contiene hasta 100 mg/kg (100 ppm) de gluten y avena pura.


Gluten en los medicamentos[editar]

Los productos farmacéuticos pueden contener entre sus excipientes gluten, harinas, almidones u otros.

En España, existe una Resolución por la que se regula la declaración obligatoria del gluten presente como excipiente, en el material de acondicionamiento de las especialidades farmacéuticas (Resolución de la Dirección General de Farmacia y Productos Sanitarios de 12 de julio de 1989 - BOE núm. 179[84] ) en la que se recoge lo siguiente:

Primero.- Las especialidades farmacéuticas de uso humano en las que figure como excipiente gluten, harinas, almidones u otros derivados de los anteriores, que procedan de trigo, triticale, avena, cebada o centeno, deberán indicar en su material de acondicionamiento y en el epígrafe “Composición” su presencia cuantitativamente.

Segundo.- Los prospectos de las especialidades afectadas deberán incluir la siguiente advertencia, además de las correspondientes a los principios activos que figuren en su composición:

“ADVERTENCIA:

Este preparado contiene (en cada especialidad se indicará el excipiente correspondiente según el punto primero). Los enfermos celíacos deben consultar con su médico antes de utilizarlo.”

Esta Resolución entró en vigor en el año 1991. Los medicamentos fabricados en el año 1992 ya se ajustan a esta norma. La lectura del prospecto aporta información para saber si entre los excipientes se ha incluido el gluten de manera intencionada.

En la Circular 2/2008, Información sobre los excipientes en el etiquetado, prospecto y ficha técnica de los medicamentos de uso humano[85] de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, dependiente del Ministerio de Sanidad, se detallan todas las sustancias que pueden utilizarse como excipientes en los medicamentos y que se conoce que pueden provocar algún tipo de alergia o intolerancia. Es obligada la advertencia en los prospectos, etiquetado y fichas técnicas de los fármacos que contengan alguna de ellas.

Esta circular actualiza el listado de excipientes que pueden provocar algún efecto o reacción que constituyan un riesgo en determinadas circunstancias o para poblaciones concretas. El texto establece la información que debe incluirse en el prospecto y en la ficha técnica del medicamento, para cada uno de esos compuestos. Se define y establece, para cada excipiente, el umbral o cantidad de sustancia a partir del cual puede mostrar un efecto adverso y la vía de administración por la que se puede producir. En los medicamentos debe quedar especificada la presencia de almidón de distintos cereales o gluten, que generan intolerancia a los celíacos. El umbral de esta sustancia queda fijado en 20 ppm.

Se considera que el excipiente es cualquier componente del medicamento tomado o administrado al paciente o usuario, distinto del principio activo.

Sin embargo, en el contexto de este documento, esta definición de excipientes no incluye residuos de sustancias originadas en el proceso de fabricación, las impurezas, los disolventes residuales, los productos de degradación o sustancias similares a las anteriores.

En caso de duda, realizar una consulta con el Laboratorio.

Pronóstico[editar]

El seguimiento continuado y correcto de la dieta sin gluten (DSG) produce una remisión clínica sostenida, y que tanto la esperanza de vida como el riesgo de mortalidad o de aparición de complicaciones relacionadas con la EC sean similares a los de la población general.[7]

La ingesta continuada de gluten y el retraso diagnóstico son los dos factores más relacionados con el desarrollo de complicaciones. La mayoría de las recaídas o recidivas que presentan los pacientes celíacos que siguen una DSG son debidas a consumos inadvertidos o intencionados de alimentos que contienen gluten o que se han contaminado con gluten en cualquiera de las fases de su elaboración o preparación culinaria.[7]

El riesgo de desarrollo de tumores es afortunadamente pequeño y se considera similar al de la población general. Sin embargo, las descripciones clínicas más frecuentes son las relacionadas con linfomas no Hodgkin de células B o T, bien sean intestinales o extraintestinales. También se han descrito tumores orofaríngeos y esofágicos, y cánceres tanto de intestino delgado como de colon, hepatobiliares y de páncreas con un riesgo bajo, ligeramente superior al de población general para la mayoría de ellos.[7]

Formas refractarias[editar]

Aproximadamente un 5% de los pacientes con EC pueden llegar a desarrollar una complicación local, en las formas denominadas «refractarias», que se caracterizan por la persistencia de los síntomas (dolor abdominal, hinchazón fluctuante, diarreas y pérdida de peso) junto con persistencia de la atrofia de las vellosidades intestinales, a pesar de seguir estrictamente una dieta sin gluten (DSG). Se acompaña de un claro empeoramiento del estado general.[7]

Estas formas refractarias se clasifican en 2 tipos de acuerdo con los hallazgos inmuno-histoquímicos observados en las biopsias duodenales. En el tipo 1 el fenotipo linfocitario intraepitelial es normal, constituido por linfocitos CD3 y CD8 positivos. En el tipo 2, la población linfocitaria intraepitelial se encuentra alterada, constituida por la expansión clonal de una sola estirpe linfocitaria, que expresa únicamente receptores CD3 en el citoplasma, sin que en la superficie haya receptores CD3 y CD8. Este tipo 2 precisa un seguimiento especial dado su elevado riesgo de progresión a linfoma intestinal primario de células T.[7]

El tratamiento de las formas refractarias consiste en un soporte nutricional adecuado, en el que la DSG estricta se complemente con suplementos de vitaminas y minerales. En la mayor parte de los casos es conveniente el tratamiento con glucocorticoides, que en muchos de ellos por lo general producen una mejoría clínica. En los casos resistentes a los glucocorticoides, se suelen emplear los inmunosupresores, que se deben administrar con precaución debido a la posible aparición de efectos secundarios. Entre estos agentes, se han empleado en casos aislados el infliximab y el alemtuzumab, con buena respuesta.[86] ·[87]

Se están desarrollando nuevos tratamientos, tales como los agentes bloqueadores de la interleucina 15 o el trasplante de médula ósea en las formas refractarias de tipo 2. No existe aún un tratamiento ideal y el pronóstico de estos pacientes continúa siendo grave, con una supervivencia de alrededor del 50% al cabo de 5 años, especialmente en las formas tipo 2. Las formas tipo 1 tienen mucho mejor pronóstico, consiguiéndose su recuperación total en el 80-90% de los casos.[88]

Sensibilidad al gluten no celíaca[editar]

Algoritmo diagnóstico para confirmación de sensibilidad al gluten no celíaca.

Desde hace una década aproximadamente, cada vez con mayor frecuencia se observan pacientes que tienen intensas y frecuentes molestias digestivas (idénticas a los celíacos) pero tienen serología y genética negativa y mínimas alteraciones en las biopsias duodenales.[89] ·[90]

Estos pacientes representan entre un 8-12% de la población general y se benefician claramente del seguimiento con una dieta sin gluten, (DSG) que puede iniciarse en cualquier momento por un período de prueba (de 6 meses como mínimo) y si resulta favorable y eficaz, de forma prolongada durante toda su vida, al igual que los pacientes celíacos.[91] ·[92] ·[93]

Esta entidad clínica se denomina sensibilidad al gluten no celíaca, sensibilidad al gluten, enteropatía sensible al gluten o enteritis linfocítica no celíaca. Suele acompañarse igualmente de manifestaciones extra-intestinales asociadas, entre las que se incluyen diversos síntomas neurológicos, tales como cefaleas, hormigueos en manos y pies, dolores músculo-esqueléticos, ataxia y cansancio aumentado sin motivo aparente. También se ha descrito su asociación con trastornos de índole psiquiátrica, como el autismo y algunos casos de esquizofrenia.[94] ·[95] ·[96] ·[97]

Como ocurre con la enfermedad celíaca, es difícil relacionar con la ingesta de gluten la aparición de los variados síntomas digestivos y extra-digestivos que presenta la sensibilidad al gluten no celíaca. (Véase el apartado Dificultad para la identificación de los síntomas)

Asimismo, es habitual no experimentar mejoría o incluso tener un aparente empeoramiento al comienzo de la dieta sin gluten. (Véase el apartado Consideraciones importantes sobre la prueba con la dieta sin gluten)

Contaminación de los alimentos para celíacos[editar]

Los pacientes celíacos se encuentran con importantes problemas de tipo socioeconómico ya que los productos sin gluten son más caros y existe menor variedad. Uno de los problemas existentes en el mercado es que las harinas sin gluten (de arroz o maíz) muchas veces están "contaminadas" ya que su fabricación se realiza fábricas donde se utiliza harina de trigo. Desde la Universidad de Valladolid (UVA) se trabaja con empresas harineras para que separen su producción y empiecen a ofertar al mercado variedad de harinas sin gluten para que se fabriquen productos sin gluten con calidad similar y precio asequible.[98]

Día de los celíacos[editar]

Logotipo del día internacional de los celíacos.

El día internacional de los celíacos se celebra el 5 de mayo.[99]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

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