Sistema de castas colonial

De Wikipedia, la enciclopedia libre
(Redirigido desde «Casta (colonial)»)
Saltar a: navegación, búsqueda
Las dieciséis combinaciones principales:

1. Europeo con india: mestizo

2. Mestizo con española: castizo

3. Mestizo con indígena: cholo

4. Español con negra africana: mulato

5. Mulato con española: morisca

6. Negro africano con indígena: zambo

7. Hijos de españoles nacidos en América: criollos

De español y mulata, morisca. Miguel Cabrera, 1763, óleo sobre lienzo, 136x105 cm, colección privada.

Los términos sistema de castas colonial y sistema de castas indiano son denominaciones historiográficas del sistema social estratificado que pretendía imponer en las posesiones españolas de América ("las Indias" o el "Nuevo Mundo") un orden basado en la desigualdad étnica. Se formó una jerarquía social dominada en la cúspide por los "españoles" (peninsulares y criollos, una minoría de potentados cada vez más exclusiva que se conformó como aristocracia colonial de origen europeo y "raza blanca", sometidos a los estatutos de limpieza de sangre), y bajo ellos, a gran distancia en poder político, económico y prestigio, los "indios" (o "naturales", indígenas americanos) y los "negros" (provenientes de África mediante el comercio de esclavos de "raza negra"). En posiciones intermedias, una abigarrada multiplicidad de situaciones de mestizaje. Cada categoría, teóricamente cerrada al ascenso social, se caracterizaba por una posición socioeconómica especializada, vinculada a su identidad racial reconocida socialmente y que incluso tuvo su representación en un género pictórico (pintura de castas). La agrupación en castas existe también en otras sociedades. Las similitudes con el sistema de castas de la India no son muy estrictas.

El primer estrato de esta sociedad discriminatoria por la piel está ocupado, como ha quedado expuesto, por el sector blanco de la población. Lo constituye una minoría de españoles peninsulares ricos y muy influyentes (los llamados "gachupines" en Nueva España y "chapetones" en Perú) y de criollos que les siguen por prestigio socioeconómico. Es un hecho manifiesto que a medida que la sociedad colonial se había ido estructurando durante la anterior centuria, se fue dando mayor importancia a la pureza de sangre, derivando en la adopción de un sentido jerárquico y aristocrático, perfectamente conformado a principios del siglo XVIII. Tal fue la importancia atribuida a la limpieza de sangre (que en muchos casos no era limpieza absoluta de sangre blanca) que con frecuencia los individuos de este sector recurrieron en este período a la Audiencia para certificarla.[1]

Limitaciones[editar]

Sin embargo, el sistema de castas jamás fue infalible, existiendo un permanente entrecruzamiento y una masiva mezcla en la sociedad colonial. Y así, ya en el año 1753 se afirmaba[cita requerida] de las castas que "no habrá quién se atreva a distinguirlas", o su distinción "nunca tendría fin", de tal manera las castas resultaban en términos comunes pero con un significado propio para cada lugar, y distinto para la ciudad o el medio rural, inclusive que cambia para un mismo sujeto, y referida a aspectos sobre privilegios, fundamentalmente en pugnas de la aristocracia colonial.

La discriminación y el prejuicio socio-racial en la sociedad colonial impulsó las uniones de españoles, indígenas y esclavos originarios del África negra -en donde fueron secuestrados y llevados cautivos a América-, y sus descendientes, principalmente mediante relaciones matrimoniales cuando se trataba de indígenas y esclavos y sus descendientes, o de relaciones sexuales ilegítimas, cuando involucraba a españoles:

Con frecuencia, estos matrimonios mixtos vincularon miembros de castas próximas como los castizos, mestizos-mulatos, etc. La unión matrimonial entre el español peninsular o americano con las castas inferiores continuó siendo infrecuente, no así la unión ilegítima".[2]

Rasgos propios del siglo XVIII fueron: el aumento del prejuicio socio-racial de la élite blanca y la frecuencia creciente de matrimonios mixtos... La situación marginal del individuo de color, provocada por el rechazo de una sociedad ideológicamente blanca, pero minoritaria numéricamente, impulsó hacia una mayor unión entre los grupos discriminados o mayoría cuantitativa.[3]

Sin embargo, los descendientes de matrimonios mixtos, en muchos casos no fueron registrados en la casta que le había atribuido la legislación indiana porque ella pretendía "limitar las aspiraciones de poder de los estratos inferiores".[3] La movilidad social alcanzada mediante los matrimonios mixtos y las uniones ilegítimas, no impidió un modo de vida propio, peor valorado que los roles atribuidos a los de sangre limpia (blancos o indios dependiendo de la mayoría racial), y a su vez, de parte de los mestizos, donde ellos eran mayoría, del rechazo de las regulaciones del sistema de castas. De este modo la sociedad colonial se caracterizó por una fuerte discriminación de la mayoría de la población, categorizada como castas -entre ellas los mestizos-, dominada por la minoría española (peninsulares y americanos), que se definía como blanca:

Desde luego el desdén de los blancos, españoles o criollos, hacia los mestizos y a las castas, fue un fenómeno generalizado... A mitad de la centuria (1750) el mestizo había logrado, pese a las trabas, un modo de vida propio y una actitud sólida frente a una sociedad cuyos rasgos fundamentales eran el acrecentamiento del prejuicio racial y el reforzamiento de la jerarquización social fundada en la pureza de sangre, con el consiguiente rechazo de los grupos inferiores.[3]

Finalmente, el desmoronamiento del sistema de castas se produjo por la gran movilidad social, producto del mismo mestizaje que había contribuido a crearlas.[4]

De este modo se produjo un proceso de amalgamación de castas, integrada por tipos humanos relativamente uniformes en costumbres, ideas y estatus social, que se aceleraría más durante las Guerras de Independencia Hispanoamericana, hasta concluir con el colapso del sistema de castas colonial por efecto de la guerra sobre la aristocracia blanca, y terminarse más tarde con la esclavitud del negro africano, abolida en los primeros años de existencia de los nuevos países hispanoamericanos. Por último contra el indio americano, último "sangre limpia", se arrojarían las nuevas ideas del racismo biológico seudocientífico traído por la nueva ola de migración europea del siglo XIX en los países independizados, dando lugar a la marginación, cuando no un deliberado exterminio racial, denominado limpieza étnica.

En relación a la población local la corona empezó por promover matrimonios como preferible para la estabilidad social que el concubinato que en los hechos estaba sucediendo,[5] así, por ejemplo, Francisco González Paniagua nos informa que en Paraguay "algunos españoles tienen setenta mujeres, a menos que sean muy pobres ninguno tenía menos que cinco o seis, la mayoría de quince a veinte y de veinte a cuarenta". Frente a situaciones como esa, la corona decretó -en 1528- que se daría preferencia para puestos oficiales a los españoles casados y, en 1538, que la misma preferencia se observaría para las "reparticiones de indios". En la práctica esto llevó a muchos matrimonios mixtos. No solo no habían las suficientes mujeres hispanas para casarse con todos los conquistadores que existían, sino que además las hijas de caciques y nobles indígenas traían con ellas unas dotes considerables para los conquistadores. Así, por ejemplo, fray Bartolomé de Las Casas escribe que la mayoría de los vecinos de Vera Paz, Guatemala, estaban casados con indígenas. Adicionalmente, la mayoría de los fundadores de Santa Fe de Bogotá, Colombia, se casaron con indígenas chibchas. (op cit)

Sin embargo esta situación cambio en un plazo relativamente corto, con el descubrimiento por parte de la Corona que tales uniones estaban teniendo un efecto contrario a los intereses regios, transformándose en una política de separación de las razas, lo que dio origen a un complicado sistema de clasificación (ver más abajo). Estos nuevos estatutos siguieron en vigencia hasta la época de la Independencia de América. Los que querían ingresar en las filas del ejército al servicio de España, durante el virreinato, debían probar su limpieza de sangre.[6] Requerimientos similares se aplicaban para acceder a la educación superior[7] y a los altas dignidades en la iglesia, aun cuando, en esa última area, al menos para acceder al sacerdocio, se hicieron excepciones a favor de la " la nobleza indígena o (los) hijos de caciques." Aun así, y de acuerdo a la misma fuente: "la inmensa mayoría de los sacerdotes indígenas en Hispanoamérica sirvieron de clérigos auxiliares bajo la supervisión de un cura criollo o como curas en pueblos muy periféricos. Aún hacia fines de la era colonial, el número de sacerdotes indígenas probablemente nunca superó el cinco por ciento del clero en las diócesis hispanoamericanas y en varias de ellas la presencia de sacerdotes indígenas nunca superó al uno por ciento."[8]

Aún más exigentes eran las consideraciones para acceder a la docencia: "Todo sacerdote tenía derecho a enseñar. A los laicos, en cambio, se les exigía una licencia del Cabildo y de la autoridad eclesiástica. Debían cumplir una cantidad de requisitos como limpieza de sangre, es decir, no ser hijos de uniones ilegítimas; no tener cuentas pendientes con la justicia ordinaria ni con el tribunal del Santo Oficio, ni haber ejercido "oficio servil", o sea labores manuales que se consideraban propias de indios, negros, mulatos o zambos.[9]

Estas regulaciones no sólo perduraron sino que incluso se acentuaron hacia el fin del periodo colonial, extendiéndose incluso a la prohibición de matrimonio entre cualquiera nombrado a posición de autoridad por el rey con incluso damas criollas y entre los sectores más altos de la casta hispana (los dones y doñas) y cualquiera otra. Las consecuencia de desobedecer o ignorar tales ordenanzas podían ser severas, dado que se estaba violando tanto la ley civil como eclesiástica. Sanciones civiles incluían la pérdida del derecho a la herencia, la confiscación de bienes y el destierro, aparte o en adición a encarcelamiento. Sanciones eclesiásticas incluían la anulación del matrimonio y penanza obligatorias. Así por ejemplo, en un caso bien documentado en Mérida -Venezuela- (tan tarde como 1809) el dictamen eclesiástico, en adición a anular el matrimonio, obligó a "los reos" a asistir a misa con velas en la mano de rodillas en la última grada del presbiterio en días festivos. Adicionalmente, el varón debió ayunar —por un mes— cuatro días de la semana (dos a pan y agua) y la mujer, por el mismo tiempo, dos días a la semana. Adicionalmente, durante ese periodo estuvieron aislados de todos amigos y conocidos. Al término de esto, debieron confesar sus pecados (y presumiblemente, arrepentirse a fin de evitar caer en obstinación)[10]

El sistema de estratificación colonial clasificaba a las habitantes de Hispanoamérica en tres «razas»: blanca o española, indígena y negra. La sangre de las personas de cada grupo era «limpia», pero si un hombre y una mujer de diferentes «razas» engendraban un hijo, la sangre de este se vería «manchada», hecho que lo haría pertenecer a una casta. Debido a ello, en el sistema colonial español el término «cruzas» o «castas» designaba a los grupos e individuos con «sangre manchada» a consecuencia del sexo interracial.

A su vez, los individuos con «sangre manchada» eran clasificados en diversos tipos de «castas», definidas según las «cruzas» que se le atribuían a sus antepasados. Los derechos que le correspondían a cada persona estaban estrictamente determinados por su clasificación en tales categorías, considerándose superior al español peninsular (nacido en la península ibérica) y en el lugar más «bajo», al esclavo secuestrado en África.

Denominación de las castas[editar]

Muchos y muy variados nombres se utilizaban en el lenguaje popular, y en particular en las "pinturas de castas" novohispanas, para otras mezclas más complejas. No había consenso sobre sus definiciones, y se pueden encontrar diferentes listas. Pero en lo que sí había acuerdo era en que las mezclas de indígena y español eventualmente produciría un español, si se seguía introduciendo "sangre blanca" en cada generación. Tal blanqueamiento no se aceptaba para la «raza» negra. Por ejemplo, un torna atrás era una persona nacida de la unión sexual de dos «blancos», pero que tenía características fenotípicas de «negro». Esto era porque la sociedad hispanoamericana colonial asociaba un atavismo (es decir, la tendencia a reproducir tipos originales) a los negros. No importaba diluir entre numerosas generaciones de blancos un sólo antepasado negro, se temía que los rasgos de esa raza volvieran a manifestarse en sus descendientes. Existían varias decenas de nombres para todo tipo de posible mezcla de negros con las otras dos razas, a veces con definiciones múltiples. Por ejemplo, «chino» era a veces definido como morisco con española. Sin embargo, también se definía como hijo de torna atrás y de india, y el término «china» también se utilizaba para denominar a la mujer «gaucha». Este «chino», por su parte, daba nacimiento al lobo, si se emparejaba con una mulata. El lobo y otra mulata engendraban al jíbaro. Adicionalmente, se denominaba cuarterones o quinterones a aquellas personas que tenían una cuarta o quinta parte de sangre africana o indígena, pero con aspecto bastante «blanco».

  • De puro español pero nacido en América - criollo
  • De español e indio - mestizo
  • De español con mestizo - castizo
  • De castizo con español - español
  • De indio con negro - zambo
  • De negro con zambo - zambo prieto
  • De español con negro - mulato
  • De mulato con español - morisco (no debe confundirse con los moriscos peninsulares)
  • De español con morisco - albino
  • De albino con español - salta atrás o saltapatrás
  • De mestizo con mulato - apiñonado
  • De indio con mestizo - cholo o coyote
  • De mulato con indio - chino
  • De español con cholo o coyote - harnizo
  • De castizo con mestizo - harnizo
  • De coyote con indio - chamizo
  • De chino con indio - cambujo
  • De salta atrás con mulato - lobo
  • De lobo con china - gíbaro o jíbaro (no debe confundirse con la tribu amazónica de los jíbaros)
  • De gíbaro con mulata - albarazado
  • De albarazado con negra - cambujo
  • De cambujo con india - sambaigo
  • De sambaigo con loba - campamulato
  • De campamulato con cambuja - tente en el aire[11]

Esta última denominación, «tente en el aire», representaba con claridad la inutilidad práctica del sistema de castas incluso pocas décadas después de la conquista. Significaba la falta o negación de identidad. En términos metafóricos, una persona perteneciente a esta casta «flotaba» como en el limbo, incapaz de echar raíces, sin identidad propia.

  • De español peninsular e india nace mestizo
  • De mestizo y español peninsular, castizo
  • De castiza y español peninsular, español
  • De española peninsular y negro, mulato
  • De español peninsular y mulato, morisco
  • De español peninsular y morisca, albino
  • De español peninsular y albino, torna atrás
  • De indio y torna atrás, lobo
  • De lobo e indio, zambazo
  • De zambazo e indio, cambujo
  • De cambujo y mulata, albarazado
  • De albarazado y mulata, barcino
  • De barcino y mulata, coyote
  • De coyote e indio, chamizo
  • De chamizo y mestiza, coyote mestizo[cita requerida]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Navarro García, Luis (1989). El sistema de castas. Historia general de España y América: los primeros Borbones. Ediciones Rialp. p. 246. ISBN 9788432121074. Consultado el 23 de mayo de 2009. 
  2. Navarro García, Luis (1989). El sistema de castas. Historia general de España y América: los primeros Borbones. Ediciones Rialp. ISBN 9788432121074. Consultado el 23 de mayo de 2009. 
  3. a b c Navarro García, Luis (1989). El sistema de castas. Historia general de España y América: los primeros Borbones. Ediciones Rialp. p. 254. ISBN 9788432121074. Consultado el 23 de mayo de 2009. 
  4. Navarro García, Luis (1989). El sistema de castas. Historia general de España y América: los primeros Borbones. Ediciones Rialp. ISBN 9788432121074. Consultado el 23 de mayo de 2009. 
  5. Lyle N. McAlister Spain and Portugal in the New World, 1492-1700 (en inglés)
  6. Pablo A. Chami. op cit.
  7. Ver, por ejemplo: Margarita Menegus Bornemann: Universidad y sociedad en Hispanoamérica
  8. Magnus lundberg El clero indígena en hispanoamerica: de la legislación a la implementación y práctica eclesiástica pp 62
  9. Darío Oses Historia de la educación en Chile
  10. Edda O. Samudio A: Un matrimonio clandestino en Mérida en el ocaso del periodo colonial..
  11. Negros, mulatos y trigueños, Juan Carlos Coria, EDUCAR

Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]