Casa de la Contratación de Indias

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Principales rutas comerciales del Imperio Español con Las Indias.
Sevilla en la segunda mitad del siglo XVI, por Alonso Sánchez Coello. Museo de América de Madrid.

La Real Casa de la Contratación de Indias fue una institución que se estableció en 1503, creada para fomentar y regular el comercio y la navegación con los territorios españoles en Ultramar.

Estableció un asiento que dio como fruto un monopolio de comercio español con las Indias. Algunos períodos entre el siglo XVI y el XVIII llegaba a recibir 270.000 kilos de plata y 40.000 kilos de oro al año.[1]

Creación y funciones[editar]

En noviembre de 1552 se dio autorización a Andrés de Carvajal para imprimir las Ordenanzas a cambio de que entregara 50 a la Casa de la Contratación y a sus subalternos. En 1553 el sevillano Martín de Montesdoca realizó una tirada muy elevada de la que se conservan pocos ejemplares. Esta es la portada de la edición de 1553.[1]

Desde el segundo viaje de Colón en 1493 todos los asuntos concernientes al Nuevo Mundo habían estado en manos de Juan Rodríguez Fonseca, arcediano de la Catedral de Sevilla, capellán y hombre de confianza de Isabel la Católica. Este clérigo más tarde sería promovido a las sedes episcopales de Badajoz, Palencia y Burgos. Sin embargo, diez años después se hacía patente que no podían estar en manos de una sola persona todos estos asuntos, por lo que se decide crear una institución colegiada que es la Casa de Contratación. Aunque Fonseca perdería ese poder unipersonal como superintendente se mantendría en la corte con un cargo equivalente al de "Ministro de las colonias", como dice el historiador Clarence H. Haring, hasta que se crea el Consejo de Indias en 1524.[2]

Desde mediados de 1502 existe constancia documental del proceso de creación de una Casa de Contratación y el historiador Ernesto Schaffër cree que pudo ser promovida en origen por el genovés Francisco Pinelo, por ser un vecino de Sevilla muy conocedor de los asuntos indianos.[2]

El 20 de enero de 1503 Don Fernando y Doña Isabel firman una Real Provisión en Alcalá de Henares por la que se aprueban las primeras 20 Ordenanzas para la Casa de Contratación de Sevilla, para las Indias, las Islas Canarias y el África atlántica.[3] Entre sus finalidades se especifica:

recoger y tener en ella, todo el tiempo necesario, cuantas mercaderías, mantenimientos y otros aparejos fuesen menester para proveer todas las cosas necesarias para la contratación de las Indias; para enviar allá todo lo que conviniera; para recibir todas las mercaderías y otras cosas que de allí se vendiese, de ello todo lo que hubiese que vender o se enviase a vender e contratar a otras partes donde fuese necesario.

El gobierno de la Casa estaría a cargo de tres oficiales reales: el Factor, el Tesorero y el Contador-Escribano, que fueron nombrados por Isabel la Católica por Real Cédula el 14 de febrero de 1503, firmada también en Alcalá de Henares. Tenían la misión saber cuántas mercancías y barcos enviar a las Indias, y para ello debían mantener comunicación con otros oficiales reales que ya se econtraban allí y conocer las necesidades de los colonos, elegir a los capitanes y escribanos para los viajes, entregarles instrucciones por escrito y decidir qué mercancías comprar para llevar allí.[3]

Para el cargo de tesorero fue nombrado el doctor Sancho de Matienzo, letrado, buen jurista, canónigo de la Catedral de Sevilla y que fue primer abad de Jamaica desde 1512 a propuesta de Fernando el Católico y que ejerció de su labor en la Casa hasta diciembre de 1521. El Contador-Escribano fue Jimeno de Briviesca, que era gran conocedor de los asuntos indianos por haber participado en los preparativos de los viajes de Colón, y que ocupó el cargo durante 7 años. El primer Factor sería Francisco Pinelo, amigo personal de Colón y colaborador suyo y que ocupó el cargo hasta su muerte en 1509.[2]

Se decide que, aunque se pueden utilizar también barcos de la Corona, estos se pueden obtener también mediante requisa y arriendo a particulares. La Casa de Contratación tenía también una labor fiscalizadora, porque debía comprobar que las mercancía que llegaban a Sevilla eran las mismas que se habían embarcado en las Indias. A esos tres oficiales reales se les conocería posteriormente como Jueces Oficiales, para diferenciarse de los llamados Jueces Letrados que entrarían posteriormente. En 1508 se crea la figura del Piloto Mayor de las Indias, nombrándo Fernando el Católico como primero con este cargo a Américo Vespucio.[3] El piloto mayor debía ser un auténtico experto en navegación, ya que su misión consistía en la preparación y resultado de las expediciones, examinar y graduar a los pilotos y censurar las cartas e instrumentos de navegación. Para realizar sus funciones contraba con la ayuda de otros pilotos así como del Cosmógrafo de la Casa. Américo Vespucio fue sucedido más tarde por Juan Díaz De Solís y Sebastián Cabot.

En 1509 Fernando el Católico pide un informe detallado de todas las Ordenanzas, instrucciones especiales, aranceles, etcétera, que operaban en la Casa para disponer de la redacción de unas nuevas ordenanzas. Las nuevas ordenanzas, de 36 capítulos, fueron expedidas en Monzón el 15 de junio de 1510 y se completaron en 1511 con 17 artículos más.[3]

Las Ordenanzas de 1510 son más extensas y minuciosas que las de 1503. Se especifican las horas de trabajo; se determinan los libros de registro que hay que llevar; se regula la emigración; se trata de las relaciones con mercaderes y navegantes; se dispone lo relativo a los bienes de los muertos en Indias, y se le incorpora el matiz científico al incluirse dentro de la Casa de la Contratación al Piloto Mayor -creado en 1508-, encargado de examinar a los pilotos que desean hacer la carrera, y de trazar los mapas o cartas de navegación y el Padrón Real o mapa-modelo del Nuevo Mundo donde se iban registrado todos los descubrimientos, hasta 1519 en que se crea el puesto de Cartógrafo. La Casa custodiaba la información náutica y la cartografía de manera secreta para evitar que la información cayera en manos de potencias extranjeras.[1]

A mediados del siglo la Casa del Océano -como gustaba de llamarla Mártir de Anglería- era un organismo bien reglamentado, con capilla y cárcel propia. En 1557 se creó el cargo de presidente, al que estuvieron subordinados el contable, el factor y el tesorero.

El cronista oficial de la Casa escribía la historia de la América española y de su desarrollo tecnológico y científico. Los que violaban el reglamento de la Casa, caían bajo su jurisdicción y para ello se creó un tribunal especial en 1583.

Además de estos cargos, la Casa de la Contratación fue aumentando el número de sus funcionarios, a medida que fue incrementándose también la importancia del tráfico americano. Los oficiales de contaduría, numerosos escribanos, hicieron de esta institución una de las más complejas de todas las existentes.

Por la estructura que se da a la Casa se adivina una estrecha relación con la Hacienda Real. Difícilmente hubiera podido ser de otra forma ya que el tesoro de la Corona ocupaba una parte esencial de los asuntos indianos. Por una parte, servía para financiar la compra y transporte de la mayoría de los bastimentos y pertrechos que eran llevados a Indias. Muchos de los colonizadores gozaban de salario a cargo del tesoro. Por la otra, los asientos para la formación de toda nueva expedición incluían expresamente cláusulas mediante las cuales se aseguraba el interés de la Hacienda Real en los beneficios económicos del viaje. Al efecto, eran comisionados funcionarios que acompañarían a los descubridores en sus andanzas y velarían por la adecuada satisfacción de los derechos reales.

En 1539 y 1552 se volvieron a reunir todas las leyes y disposiciones existentes en relación con la Casa de Contratación para ser publicadas. De la misma forma se volvieron a imprimir en 1585 y se convirtieron en la base del Libro Noveno de las Leyes de Indias.[3]

Sede[editar]

Plano con los elementos mencionados sobre la Casa de la Contratación en Sevilla

La elección de Sevilla como primera sede de la Casa de la Contratación durante 214 años no fue casual. Huelva tenía malas comunicaciones por tierra con el resto de España y era una ciudad que poseía abundantes tierras de señoríos y la Corona no estaba dispuesta a compartir su riqueza con nadie.[4] Cádiz era prácticamente una ciudad-isla, que entonces estaba demasiado poco desarrollada y, además, era extremadamente insegura por dar al mar.[4] De hecho Cádiz sería atacada repetidas veces: en 1587, 1596, 1625 y 1797. Llegar a Sevilla en barco, sin embargo, era un recorrido a través del Guadalquivir y la ciudad podía guardarse mejor, y tenía mejores comunicaciones por tierra, además de ciertas infraestructuras. La elección de Sevilla como ciudad con monopolio en el comercio con las Indias posibilitó que en torno a 1540 Sevilla desbancara a Amberes como centro financiero de Europa.[4] Sevilla, además, ya desde el siglo XIII era un foco comercial y financiero de gran importancia, que encauzaba los flujos mercantiles que venían del Norte de África, recibiendo parte del oro de Sudán que salía al Mediterráneo, comerciaba con plazas italianas y del Atlántico Norte y disponía de focos financieros que respaldaban ese comercio.[1]

Su primera sede fueron las Atarazanas Reales de Sevilla, pero como era un lugar expuesto a las arriadas y dañino para las mercancías, pronto fue trasladada a las dependencias del Real Alcázar, donde quedó instalada, al oeste del palacio de Pedro I, en la zona denominada de los Almirantes, local "sano, y alegre", con buen patio y una puerta orientada hacia el río. Entre 1503 y 1506 se derribó la parte del Cuarto del Almirante y se volvió a levantar, con una fachada principal hacia el río. Posteriormente se construyeron almacenes y casas en la zona de la actual plaza de la Contratación.

La primera fase de las obras, que tuvo lugar entre 1503 y 1506, fue realizada por el maestro mayor de obras y carpintería del Alcázar Juan de Limpias, y se creó una portada de piedra labrada por Alonso Rozas, maestro mayor de la Catedral.

Detalle de un plano de Sevilla de 1771 mandado a realizar por el asistente de la ciudad, Pablo de Olavide, en el que se muestra el entorno urbano de donde estuvo la Casa de la Contratación

Cuando se realizó la obra la Corona pidió que se realizara una edificación simple, sin gran suntuosidad, porque ya daría tiempo de ampliarla o mejorarla en el futuro. Tras la primera fase hubo una segunda, entre 1506 y 1515 donde se creó una segunda planta y se ampliaron las instalaciones hacia una zona que era conocida como Cuarto de los Cuatro Palacios.[5] En 1553 se amplió la superficie disponible comprando un edificio contiguo llamado Hospital de Santa Isabel.

Lo cierto es que, desde el comienzo el edificio se quedó pequeño, y aunque la intalación completa tenía una extensión de 600 metros cuadrados, Américo Vespucio, cuando fue nombrado Piloto Mayor en 1508, tuvo que dar clases en su domicilio particular y cuando se creó en la institución la cátedra de Cosmografía tuvo que asignarse como aula la capilla.[2]

Además, existió otra razón para llevar la Casa al Alcázar. Hasta entonces el Cuarto del Almirante había albergado una institución de gran tradición histórica en la Andalucía bajomedieval: el Almirantazgo de Castilla y su Tribunal, establecido en Sevilla desde el siglo XIII, que tenía competencia jurisdiccional en asuntos marítimos.[2]

Anexo al Alcázar existe un patio almohade que era parte del complejo de la Casa de la Contratación, sin embargo los inmuebles de ese entorno fueron derribados en la segunda mitad del siglo XX y fue levantado un edificio historicista en 1973 que respetaba el patio y algunas partes de los muros. Se realizaron excavaciones y obras de restauración del patio en 1992.[6] El inmueble ahora sirve de oficinas de la Delegación del Gobierno de la Junta de Andalucía, por lo que no se encuentra abierto al público salvo visitas concertadas. Sin embargo, el Cuarto del Almirante y la Capilla de la Casa de Contratación, así como el Patio de la Montería, sí están dentro del recorrido turístico del Real Alcázar y pueden visitarse.

La entrada al Cuarto del Almirante, en el Patio de la Montería del Alcázar sevillano, es de los pocos vestigios que quedan de lo que fue la Casa de la Contratación de Sevilla. El Cuarto es una habitación rectangular que actualmente alberga varios cuadros en las paredes y que sirve para realizar algunos actos protocolarios.[7]

Como una habitación abierta al Cuarto del Almirante se encuentra la Sala de Audiencias, que fue reconvertida en Capilla de la Casa de la Contratación en 1526. Para adornarla, se colocó una imagen de la Virgen de los Navegantes, que hoy constituye un importante documento gráfico, ya que en una parte del retablo existe un cuadro de Colón del siglo XVI. Dicha sala está hoy adornada, además de con el valioso altar, con un techo dorado y unas paredes tapizadas que muestran varios escudos, los de los almirantes de la flota española con el de Cristóbal Colón en el centro.[7] A ambos lados del retablo se encuentran un arcón y una maqueta de un navío.

En 1680 se decide que los barcos que vengan de América se puedan despachar tanto en Cádiz como en Sevilla. La Casa de la Contratación permaneció en el mismo lugar hasta que fue trasladada oficialmente a Cádiz en 1717.

Tras el traslado de la institución, el edificio sufrió diversos incendios y se vio afectado por el Terremoto de Lisboa, siendo demolido en 1964, en la parte que hacía fachada a la Plaza de la Contratación.

El traslado a Cádiz[editar]

El 14 de septiembre de 1519 se promulga una Real Cédula que ordena a los oficiales de la Casa de la Contratación que pusieran a una persona en Cádiz que visitara a los barcos que quisieran ir a Indias. De 1519 a 1535 residió en Cádiz un visitador de la Casa de la Contratación. A partir de una Real Provisión del 17 de agosto de 1535 se situará en Cádiz a un Juez Oficial que actuará junto a los delegados de la Casa de la Contratación hasta 1556 y con exclusividad para la Casa a partir de esa fecha. De 1588 a 1610 se situó en Cádiz a un Juez independiente, aunque a partir de 1610, y aunque el juez de Cádiz quiso preservar su independencia, el Consejo de Indias no la renovó.[8]

El traslado de la institución fue caro. La institución se instaló en unas propiedades que pertenecían al conde de Alcudia y en las obras de reparación de esas casas se gastaron más de 20.000 reales. Sin embargo en 1765 el Conde intentó subir el alquiler por el uso de esos inmuebles y, ante la negativa de la Casa, este cesó en el mantenimiento del inmueble. Nunca existió un edificio construido ex-profeso para la institución, aunque en 1754 existió un proyecto al respecto. En 1772, como las propiedades del conde ya amenazaban ruina, la Casa se traslada al palacio del marqués de Torresoto.[9]

En el traslado de la Casa de Cádiz a Sevilla hubo importantes cambios en el funcionamiento. Entonces en Sevilla funcionaba con un presidente y dos Salas: la Sala de Justicia, formada por tres jueces letrados y un fiscal, y la Sala de Gobierno, formada por los tres Jueces Oficiales Reales (el tesorero, el contador y el factor). Una vez traslada a Cádiz se suprimirá la Sala de Gobierno y sus competencias pasarán al presidente de la Casa. Además cada sala tenía 3 oidores en Sevilla y en Cádiz la Sala de Justicia pasará a tener sólamente 2 oidores. El primer presidente de la Casa en Cádiz fue José Patiño. Entre 1717 y 1754 el presidente sería también Intendente de Marina, pero a partir de esa fecha el cargo de Intendente de Marina pasaría a otra persona. El Intendente de Marina se ocupaba de la inspección de las carenas y el apresto de los navíos y en materia criminal se ocupaba de los casos de indisciplina. Tras la supresión de la Sala de Gobierno y el paso de las competencias al presidente realmente esas competencias pasaron a ser ejercidas por dos oficinas: la de Contadurías y la Depositaria.[9]

El historiador Luis Navarro García dice que los cambios en la Casa de Contratación tras su traslado:[9]

implican una reforma tan radical que sin grave exageración se podría decir que la Casa, durante su permanencia en Cádiz, fue una institución distinta de la que había conocido Sevilla

La Casa estuvo en Cádiz durante 73 años, ya que en 1790 se suprime la institución.[10]

El decreto de libre comercio de 1765 supuso el primer paso hacia el la liberalización, autorizando el comercio interno entre las áreas caribeñas de Cuba, Santo Domingo, Puerto Rico, Trinidad y Margarita, con nueve puertos de la península (Cádiz, Sevilla, Málaga, Alicante, Barcelona, Cartagena, Santander, La Coruña y Gijón), eliminándose también los derechos de palmeo.

En 1768, las nuevas normas reservadas al Caribe se hicieron extensivas también a Luisiana y en 1770 a Yucatán y Campeche. A comienzos de 1778, se abrieron al comercio libre, el Pacífico sur (Perú y Chile) y el Río de la Plata; en España, Almería, Tortosa, Palma de Mallorca y Santa Cruz de Tenerife en Canarias.[11]

La supresión de la Casa se debe a que Carlos III implantará el Reglamento y aranceles reales para el comercio libre de España a Indias en 1778, que abrirá al comercio 13 puertos de España con 27 de América.

Esos trece puertos serían los de Sevilla, Cádiz, Málaga, Almería, Cartagena, Alicante, Alfaques de Tortosa (Tarragona), Barcelona, Santander, Gijón, Coruña, la Palma y Santa Cruz de Tenerife.

En América serían los puertos de San Juan de Puerto Rico; Santo Domingo y Monte-Christi en La Española; Santiago de Cuba, Trinidad, Batabano y La Habana en Cuba; las dos de Margarita, y Trinidad; Campeche, en la provincia de Yucatán; el Golfo de Santo Tomás de Castilla, y el Puerto de Omoa en el Reino de Guatemala; Cartagena, Santa Marta, Río de la Hacha, Portovelo y Chagre en el de Santa Fe, y en Tierra Firme (exceptuando por ahora los de Venezuela, Cumaná, Guayana, y Maracaibo, concedidos a la Compañía Guipuzcoana de Caracas sin privilegio exclusivo) Montevideo y Buenos Aires en el Río de la Plata; Valparaíso y de la Concepción en Chile; y los de Arica, Callao y Guayaquil en Perú y Costas de la Mar del Sur.

El Consulado de Mercaderes[editar]

Catedral y Lonja de Mercaderes, actualmente Archivo de Indias.
Cruz del Juramento, colocada en 1609 a la derecha de la puerta principal de la Casa Lonja. Recibe ese nombre por las promesas que hacían los mercaderes del Consulado entre sí para ganarse la confianza de otros mercaderes.[12] En 1760 fue trasladada a la parte septentrional del edificio.[13]

Paralelamente a la Casa de la Contratación, en 1543 se crea en Sevilla un Consulado de Mercaderes, que fue a ubicarse en un edificio, la Casa Lonja, como la llamaban en los antiguos documentos sevillanos, la Bolsa como la denominan los viajeros de los siglos XVI-XVIII, o el Consulado como se le llamará en el siglo XIX. Era una asociación comercial que protegía el comercio de la ciudad contra los "no burgueses", que mermó algunas de las facultades a la Casa de la Contratación.

El Consulado asumió una parte considerable de la jurisdicción civil sobre sus miembros, que antes ejercía la Casa de Contratación. Hasta esa fecha, los juicios y pleitos entre mercaderes se celebraban en la Casa, pero los mercaderes, deseosos que se les reconociera su jurisdicción, solicitaron permiso para constituir una asociación similar a las existentes en Burgos o Valencia. Sus principales ordenanzas son de 1556.

En el Consulado estaban representados todos los tratantes con Indias que no fueran extranjeros ni dependientes o subordinados suyos. Sus ingresos procedían de la avería o seguro marítimo, obligatoria para todo el que llevase más de un año negociando o el que cargase en una o dos veces mercancías por valor superior a 1.000 ducados (se fijó en una blanca al millar). Este impuesto o contribución permitía sufragar la organización de una Armada que defendiera los buques del ataque corsario, en particular de los franceses.

Como la piratería seguía siendo una continua amenaza para el comercio con América, el Consulado consiguió una ordenanza real obligando a todos los vasallos que marchaban o que venían de las Indias a que se uniesen a la flota oficialmente organizada a este efecto. Es decir, impuso el sistema de flotas, que sustituía al llamado de navío suelto. El uso de este recurso ya había sido experimentado por los navegantes mediterráneos de la antigüedad, y seguía siendo utilizado tanto ahí como en el Mar del Norte.

El Consulado carecía inicialmente de un local propio ya que el que utilizaban era parte de la Casa de Contratación. Por lo general, los tratos se realizaban en las Gradas, no dudando en usar el templo catedralicio si el tiempo se mostraba desapacible. Para evitar el ingreso de cabalgaduras en el mismo, el Cabildo eclesiástico acordó el 19 de enero de 1565 poner cadenas alrededor de la Catedral. Esto es una prueba de los abusos que solían cometer los mercaderes; abusos que consideró como una "indecencia y poca conveniencia" el arzobispo Cristóbal de Rojas y se lo comunicó a Felipe II quien, puesto en contacto con el Prior y Cónsules, exigió que se construyese una casa Lonja. Así se hizo, entre 1585 y 1598 se construyó un magnífico edificio, junto a la fachada sur de la Catedral, para alojar a esta institución de la Lonja de mercaderes. El Rey encomendó la traza de la edificación a Juan de Herrera, arquitecto que había dirigido pocos años antes la construcción del Monasterio de El Escorial.[14] Nos lo cuenta un contemporáneo, Ortiz de Zúñiga, en sus "Anales" (1677):

"Habíase puesto en perfección el gran edificio de la Lonja de los Mercaderes entre la Santa Iglesia y el Alcázar Real, que para lustre del comercio mandó hacer el Rey algunos años antes del presente, en el de 1585, a expensas de lo procedido de algunos arbitrios sobre las mismas mercaderías; y este año a 14 de agosto se comenzó a comerciar en ella, dícelo así este letrero sobre su puerta principal: "El católico y muy alto y poderoso don Felipe segundo, Rey de las Españas, mandó hacer esta Lonja a costa de la Universidad de los Mercaderes, de la cual hizo administradores perpetuos al Prior y Cónsules de la dicha Universidad, comenzándose a negociar en ella en 14 días del mes de agosto de 1598 años".

"Trazóla, a imitación de las obras Romanas, Juan de Herrera, Maestro Mayor de las obras del Escorial, sobre planta cuadrada, de iguales y conformes fachadas. Su materia de la cantería de Jerez de la Frontera, piedra que llaman Martelilla [...] Pretendióse en esto apartar de la Santa Iglesia y del ámbito de sus gradas y tránsitos de sus puertas los tratos y negociantes que allí se hacían, y no había bastado a impedirlo toda la autoridad eclesiástica."

No obstante, parece que los comerciantes continuaron con su inveterada costumbre de negociar en las gradas catedralicias según el mismo cronista: "Y levantada fábrica tan suntuosa aún se está en pie mucha parte del inconveniente. Tal es la propensión de los hombres a lo menos bueno".

A medida que la estructura del comercio fue cambiando y Sevilla se dedicó a exportar productos manufacturados, no fabricados en Andalucía, sino traídos en su mayor parte desde el extranjero, los miembros del Consulado sevillano fueron ejerciendo más que nada un negocio de representación y comisión, en representación de todas las casas mercantiles de Europa. No obstante la costumbre y los intereses creados, continuaron protegiendo el monopolio de Sevilla, mucho después que el volumen del comercio hubiese rebasado las posibilidades, siempre limitadas, que ofrecía el puerto interior del Guadalquivir.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. a b c d Universidad de Sevilla, ed. (2004). La Casa de la Contratación y la navegación entre España y las Indias. ISBN 8400082060.  Libro online
  2. a b c d e Serrera Contreras, Ramon María (2008). «La Casa de la Contratación en el Alcázar de Sevilla (1503-1717).». Boletín de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras. 36:  pp. 141-176. http://institucional.us.es/revistas/rasbl/36/art_7.pdf. Consultado el 24 de julio de 2014. 
  3. a b c d e Manuel Casado Arboniés. Universidad de Alcalá de Henares. «Alcalá de Henares. Ordenanzas para instituir una Casa de Contratación en Sevilla, para las Indias, las Islas Canarias y el África atlántica». Consultado el 24 de julio de 2014.
  4. a b c Universidad de Sevilla. «El Puerto de Sevilla en el Siglo XVI».
  5. Almagro, Antonio (2007). «Los Reales Alcázares de Sevilla». Artigrama (22):  pp. 155-185. http://digital.csic.es/bitstream/10261/10105/1/Reales_alcazares.pdf. Consultado el 24 de julio de 2014. 
  6. Blog Cultura de Sevilla (13 de abril de 2011). «Sevilla oculta: Casa de la Contratación».
  7. a b Junta de Andalucía. Consejería de Educación, ed. (2005). Geometría en los Reales Alcázares de Sevilla. ISBN 84-690-0788-2. 
  8. Díaz González, Francisco Javier (Enero-Junio 1997). «LAS COMPETENCIAS INSPECTORAS Y JUDICIALES DE LA CASA DE LA CONTRATACIÓN HASTA EL REINADO DE FELIPE II». EHSEA (14):  pp. 59-73. http://dspace.uah.es/dspace/bitstream/handle/10017/5976/Las%20Competencias%20Inspectoras%20y%20Judiciales%20de%20la%20Casa%20de%20la%20Contrataci%C3%B3n%20hasta%20el%20Reinado%20de%20Felipe%20II.pdf?sequence=1. Consultado el 15 de septiembre de 2014. 
  9. a b c Alsonso Díez, Carlos Simón (1996). «El Traslado de la Casa de Contratación a Cádiz. 1717». Revista da Facultade de Letras (13):  pp. 353-364. http://ler.letras.up.pt/uploads/ficheiros/2167.pdf. Consultado el 25 de julio de 2014. 
  10. Hispanidad.info. «La Casa de Contratación de Sevilla (1503-1790) y el premercantilismo».
  11. Garrido, Margarita. Universidad Andina Simón Bolivar, ed. Historia de América Andina: El sistema colonial tardío, Volumen 2. ISBN 9978-80-510-9. Consultado el 8 de marzo de 2014. 
  12. Sevilla y Andalucía occidental. Acento. 1995. 
  13. Heredia Herrera, Antonia (1989). Sevilla y Los Hombres Del Comercio (1700-1800). Editoriales Andaluzas Unidas. 
  14. Albardonedo Freire, Antonio José. El urbanismo de Sevilla durante el reinado de Felipe II. Guadalquivir ediciones. ISBN 84-8093-115-9. 

Bibliografía[editar]

  • CRESPO SOLANA, A. La Casa de Contratación y la Intendencia General de la Marina en Cádiz (1717-1730), Cádiz, 1996.
  • DONOSO ANES, R. Una contribución a la historia de la contabilidad: análisis de las prácticas contables desarrolladas por la tesorería de la Casa de Contratación de las Indias de Sevilla, Sevilla, 1996.
  • VVAA La Casa de Contratación y navegación entre España y las Indias. Universidad de Sevilla-CSIC, 2004.
  • MARTÍNEZ SHAW, C.: "La emigración española a América (1492-1824). Archivo de Indianos, Colombres, Asturias, 1994.

Enlaces externos[editar]