Cardenillo

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Cardenillo en el metro de Praga.
La Estatua de la Libertad está cubierta por una superficie de cardenillo. Al principio era de color cobre.

El cardenillo o verdín,[1] también conocido como verdigrís, es una pátina venenosa de color verdoso o azulado que se forma sobre superficies de cobre o de alguna de sus aleaciones, como bronce o latón. Esta pátina suele ser una mezcla de acetatos de cobre, principalmente acetato de cobre (II), Cu(CH3COO)2, con óxidos e hidróxidos de cobre.

Otras pátinas similares que también son llamadas en ocasiones cardenillos corresponden a carbonatos, mayoritariamente carbonato de cobre (II), también conocido como carbonato básico de cobre. Sin embargo, el Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española no recoge esta acepción de carbonatos.[2]

Propiedades químicas[editar]

El acetato de cobre (II) en las pátinas habitualmente es el producto de la acción del ácido acético sobre cobre, latón o bronce, especialmente sobre óxidos de cobre que aparecen por la corrosión de la superficie. El cobre, en presencia de luz y aire, puede oxidarse formando un óxido de cobre (II), estable y de color marrón.

El acetato de cobre (II) es soluble en alcohol y agua, y ligeramente soluble en éter y glicerol. Se derrite a 115 °C y se evapora a 240 °C. Puede ser preparado por reacción entre óxido de cobre(II), CuO, o carbonato de cobre (II), CuCO3, con ácido acético, CH3COOH y con óxidos de cobre.

2 CH3COOH + CuOCu(CH3COO)2 + H2O

Propiedades biológicas[editar]

El cardenillo es venenoso y también ha sido usado en medicina y como fungicida.

Aplicación en la pintura[editar]

Hasta el siglo XIX, el cardenillo fue el pigmento verde más 'vibrante' disponible y frecuentemente usado en el arte. El cardenillo es muy luminoso en la pintura al óleo, sin embargo, su luminosidad y resistencia al aire es muy baja en otros medios. En pintura se utilizan soluciones de cardenillo (acetato de cobre (II)) hidratado.

El cardenillo es un pigmento voluble que requiere una preparación especial, una cuidadosa aplicación y una inmediata impermeabilización con barniz para evitar la rápida descoloración (pero no en el caso de la pintura al óleo).[3] El cardenillo tiene la curiosa propiedad en la pintura al óleo de ser inicialmente verde-azulado y luego cambiar a un tono más verdoso en el transcurso de aproximadamente un mes, alcanzando una tonalidad verde estable. El verdigris cayó en desuso cuando los artistas comenzaron a optar por otros pigmentos verdes más estables que comenzaron a estar disponibles en el mercado.

Aplicación en la integración paisajística[editar]

Se ha reflejado en diversos escritos sobre integración de edificaciones y equipamientos en contexto rural la conveniencia de que las ordenanzas y normativas homologuen materiales meteorizables o biocompatibles, es decir, que adquieran texturas y pátinas variables en función de la meteorología y la edad de la obra.[4] La herrumbre y el verdín, de colores cambiantes según la estación del año, pueden ir recubriendo un tejado metálico, adecuadamente tratado, sin perturbar su misión de cobertura. En efecto, el color del entorno natural está en constante mutación, y una vía de adaptación preferible al camuflaje (elección de un color intermedio o abigarrado que permanece invariable) es la flotación cromática y textural que se consigue con las superficies meteorizables. Ésta es una característica inherente a muchos de los materiales de la arquitectura popular (tapias y tejados), pero es posible incorporarla voluntariamente en el diseño metalúrgico o sintético de los nuevos materiales. El cardenillo, así como otros metales oxidados o tratados (el acero corten, por ejemplo), presentan condiciones favorables para ello.[5] [4] [6]

Referencias[editar]

  1. «Verdín» en Diccionario de la lengua española. 22ª ed. RAE (2001)
  2. «Cardenillo» en Diccionario de la lengua española. 22ª ed. RAE (2001)
  3. Sancho, N.; Santos, S.; De La Roja, J. M.; San Andrés, M. (2004), Variación cromática del verdigrís en función de su método de obtención, en Óptica Pura y Aplicada, vol. 37, n.º 1, Facultad de Bellas Artes, Universidad Complutense de Madrid
  4. a b Riesco Chueca, Pascual (2000) “La interpretación de perturbaciones en el paisaje rural. Propuestas de atenuación”, Andalucía Geográfica, Nª VII, Diciembre, Sevilla, p. 27-36.
  5. Crespi, José (2009) Paisajes de transición, Cuadernos de arquitectura del paisaje, Nº. 10, pp. 80-87.
  6. Gómez Zotano, José y Riesco Chueca, Pascual (2011) Marco conceptual y metodológico para los paisajes españoles. Aplicación a tres escalas espaciales. Consejería de Obras Públicas y Vivienda, Junta de Andalucía. Centro de Estudios Paisaje y Territorio, Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino.

Enlaces externos[editar]