Calle del Pez

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Pez
MadridEspaña
Calle del Pez (Madrid) 01.jpg
Calle del Pez
Datos de la ruta
Nombre anterior Fuente del Cura (hasta siglo XVII)
Numeración 1-2 al 33-40
Longitud 400 m
Otros datos
Distrito Centro
Barrio Universidad
líneas de autobús EMT M2
Orientación
 • sureste Corredera Baja de San Pablo
 • noroeste Calle de San Bernardo
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La calle del Pez es una calle de Madrid (España), ubicada en el barrio de Universidad (código postal 28004). Baja desde la Corredera Baja de San Pablo hasta la calle San Bernardo. Es perpendicular, además, a la calle de la Madera. Ante ella, se levanta el iglesia de San Antonio de los Alemanes, en él cada día cientos de personas hacen cola para recibir de la caridad una ración de comida. En sus treinta y tres portales, vive gente de todas las etnias y religiones.

Historia[editar]

Calle del Pez.

Su nombre, se remonta al siglo XVII. Ya aparece en los planos de Teixeira, aunque en otros tiempos se llamara Calle de la Fuente del Cura, siendo la fuente regalo del párroco de Colmenar Viejo. Pues bien, don Juan Coronel poseía aquí una casa con una pecera con dos peces. Un día, la pecera se secó accidentalmente, y la hija de don Juan, recogió a los peces, que al rato murieron. Ella entonces, profesó en el convento de San Plácido, en la misma calle. Su padre, al reedificar la casa, grabó dos peces en el dintel de piedra, que dieron el nombre a la calle.[cita requerida]

El nombre[editar]

La denominación de Pez data al menos del siglo XVII (así aparece en el plano de Texeira y en otros primos suyos) y la leyenda que da origen a la nomenclatura de la calle es una de las más naif de nuestro callejero. Se dice que a principios del XVII había por allí una finca con un estanque en el que vivían dos peces. El estanque se secó para cambiar el destino de la finca y los pececitos fueron recogidos por la hija del dueño que los tuvo un tiempo en una pecera hasta que murieron. Posteriormente la niña, llamada doña Blanca, ingresó en el convento de San Plácido. Su padre levantó luego en el lugar casa, en lo que es el número 24 de la calle, y en su fachada se esculpieron dos peces que dieron nombre a la calle. Aún hoy, en la casa que ocupa el lugar de la anterior, se pueden ver los famosos pececillos.

Muros con historias[editar]

Existen en la calle del Pez algunos inmuebles más nobles que otros. Nada más entrar por San Bernardo encontramos el Palacio de los Bauer, caserón del siglo XVII en cuyo interior en tiempos se celebraron sonadas fiestas y que en la actualidad es la Escuela Superior de Canto. En sus muros se apoya la estudiante más guapa del barrio, una chica en piedra que recuerda los tiempos en los que la calle del Pez era terreno de estudiantes de la cercana universidad y las librerías – como la hoy desaparecida La Cervantina – poblaban los locales comerciales de la zona.

Los otros palacetes de la calle son el Palacio del Duque de Baena, en la esquina con la calle Pozas, y el de Bornos, haciendo esquina con la calle de la Madera, una bella muestra de arquitectura isabelina que estuvo a punto de ser derruido y que se salvó en los ochenta merced de una rehabilitación que lo convirtó en viviendas.

Mención especial merecen los muros del convento de San Plácido, con comercios inusualmente incrustados en él. Aunque el actual convento es una reconstrucción de 1912 con el sencillo estilo castellano del XVII, este convento fue el centro de la vida y la leyenda del Madrid de su tiempo, con historias de correrías reales y posesiones infernales que contaremos próximamente.

Calle de las artes[editar]

“Lo que se pudo comprobar por quien quisiera hacerlo fue lo de la calle Pez: en efecto, había un socavón que atravesaba la calle en línea quebrada, de sur a norte; en un principio, al parecer, salían de la grieta (de la sima según los primeros testigos, desconocidos) gases sulfurosos, por lo que todo el mundo pensó, y con razón, que en el fondo de la grieta empezaba el infierno…”

El párrafo que antecede pertenece a la Crónica del rey pasmado, en la que Torrente Ballester recoge de alguna manera el pasado canallesco del barrio en tiempos de un innombrado Felipe IV, una divertida novelilla picaresca en la que putas y clérigos, nobleza y canalla, se mezcan al caer la noche. Más o menos como ahora.

Pero no es esta la única ocasión en la que la calle ha servido de escenario para historias fabuladas, así fue para la antología de cuentos de 2004 Cuentos de la calle Pez, cuando el videoclip de Manu Chao Me llaman calle en el mítico Palentino que antes inmortalizaran Siniestro Total en una canción, o cuando se usó para el rodaje de una parte de Abre los ojos, de Alejandro Amenabar.

La calle Pez es un buen sitio sin duda para imaginar historias, como las que continuamente suceden en el Teatro Alfil, como las que sin duda hacían las delicias de las gentes del barrio en aquel primigeno cinematógrafo de Pez esquina con San Bernardo – el Coliseo Ena Victoria – a principios del siglo XX. El cine ardió y el incendio sirvió de acicate para que se diseñaran normas que vigilaran aquellas proyecciones que hasta entonces se hacían “de aquella manera”.

Calle de contrastes[editar]

En Pez se libra una pelea constante entre la zona emergente que es y el barrio con manchas al que pertenece. Pez es lugar de tascas y bares con pose, camino obligatorio para sibaritas de la moda y de los amantes de la santería, lugar de reunión de modernos con gafas de pasta y de habituales de los albergues de los alrededores , es Triball (o casi) y es el nuevo Patio Maravillas, lienzo de pintadas que ensucian y de noble arte urbano. En definitiva, el contraste es su sino.