Calavera literaria

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Calavera garbancera, escrita por José Guadalupe Posada.

La calavera literaria es una composición en verso tradicional en México. Suelen escribirse en vísperas del Día de los muertos.[1] [2]

Historia[editar]

Antiguamente conocidos como panteones, estos versos nacieron en el siglo XIX a modo de epitafio burlesco y como modo de expresar ideas o sentimientos que en otras oportunidades sería difícil decir.[3] [2] Fueron frecuentemente censurados o destruidos por la como los muertos y antecedentes que murieron hace mucho tiempo hacía en la época colonial, ya que, por lo dicho anteriormente, también servían como medio para expresar descontento con los políticos de la época.[3] [2]

Las primeras calaveras impresas fueron publicadas en 1849, en el periódico El Socialista, de Guadalajara.[4] , figura creada por José Guadalupe Posada y bautizada por el muralista Diego Rivera.[5]

Características[editar]

  • Son versos irreverentes, escritos a modo de epitafios, retratando a las personas como si estuvieran muertas.
  • Se utilizan para canalizar sentimientos que en otro contexto sería difícil expresar.
  • Suelen acompañarse de dibujos de calaveras.[2]

Gerardo Murillo —cuyo alias es Dr. Atl— en su libro Las artes populares en México[6] describe la calavera como de «intención aguda, eminentemente popular, que tiene su fuerza y su eficacia en el arte de decir».[1]

A modo de ejemplo de su uso prístino puede citarse la calavera escrita por José Guadalupe Posada, llamada Revumbio de calaveras:[1]

Quien quiera gozar de veras
y divertirse un ratón,
venga con las calaveras
a gozar en el panteón.

Literatos distinguidos
en la hediondez encontré
en gusanos confundidos,
sin ellos saber porqué.

Y en gran tropel apiñados
Los vendedores corrían
contentos y entusiasmados
por el negocio que hacían.

Cereros de sacristía
que roban la cera al rato,
que con mucha sangre fría
se echan el sufragio al plato.


En Calaveras de las elecciones presidenciales, escrita por Vanegas Arroyo en 1919, se observa una connotación más política:[1]

Yo os propongo al nunca bien
ponderado y grande mico,
ilustre Chónforo Vico,
escapado de Belén.

Prófugo de las Marías,
gran maestro en la ganzúa,
instruido en San Juan de Ulúa
y en la Penitenciaría.

Sabe abrir las cajas fuertes
y extraer una cartera.
Ha sido gran calavera
y debe catorce muertes.

Elegid pues pueblo amado
sin dudar y a tapahocico
al muy ilustre y nombrado
y noble Chónforo Vico.

Después de discursos tales
llenos de frases sinceras
se fueron las calaveras
a las urnas sepulcrales.

Salió electo presidente
por su real y hermoso pico
el notable, el prominente,
ilustre Chónforo Vico.

Véase también[editar]

Notas y referencias[editar]

  1. a b c d Argüelles, Juan Domingo (2 de noviembre de 2003). «La adulteración de las calaveras». La Jornada en línea. Consultado el 10 de octubre de 2012.
  2. a b c d González, Carmen (16 de octubre de 2008). «Son las calaveras literarias una manifestación de la cultura popular». El Sol de Tlaxcala. Consultado el 10 de octubre de 2012.
  3. a b Marroquín, Fausto Martínez. «“Calaveritas”, una hermosa y casi desaparecida tradición». México desconocido. Consultado el 10 de octubre de 2012.
  4. presidencia.gob.mx (2009). «Fue Diego Rivera quien bautizó a "La Catrina", no Posada» (en español). Archivado desde el original el 21 de julio de 2009. Consultado el 18 de septiembre de 2011.
  5. proa.org. «Diego Rivera - Sueño de una tarde dominical en Alameda Central» (en español). Consultado el 18 de septiembre de 1914.
  6. Dr. Atl (1980). Las artes populares en México. México: Librería Cultura. ISBN 9688220124.