Garabito (rey)

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Garabito
Rey del Reino Huetar de Occidente.
Garabito.JPG
Monumento a Garabito en la Plaza de los Beneméritos, San José de Costa Rica. Obra de Óscar Bákit Padilla.
Información personal
Reinado Siglo XVI

Garabito fue un rey indígena costarricense durante el siglo XVI, monarca del Reino Huetar de Occidente. En la época de la expedición del Alcalde Mayor de Nuevo Cartago y Costa Rica Juan de Cavallón y Arboleda (1561-1562), sus dominios estaban ubicados en la región occidental del Valle Central de Costa Rica, extendiéndose hacia el Pacífico en la cuenca de los ríos Jesús María y Gamalotal. Según un documento de 1569, los dominios de Garabito se extendían hacia el interior y comprendían los lugares llamados valle de Coyoche, real de Pereira, Barba, Yuruste, Coboboci, Abacara y Chucasque; los principales o caciques vasallos de Garabito se llamaban Cobobia, Abaçara, Barba y Yuruste. Otras fuentes añaden más comunidades, como las de los botos, ubicados en las llanuras de San Carlos, los tises y los catapas, ubicados en los actuales cantones de Grecia y Alajuela. Su asentamiento principal habría estado en el Valle de Coyoche, en San Mateo, a orillas del río Surubres.

En algunas publicaciones del siglo XX se confunde al rey Garabito con Coyoche, otro monarca indígena que a pesar de ser contemporáneo suyo, pertenecía a otra etnia, de cultura mesoamericana.

El rey Garabito fue el más importante caudillo de la resistencia indígena frente al Alcalde Mayor Juan de Cavallón y Arboleda (1560-1562), y tampoco quiso someterse a la autoridad de Juan Vázquez de Coronado (1562-1565), sucesor de aquel. Garabito es quizá, junto con Pablo Presbere, el más conocido de los reyes indígenas de Costa Rica, principalmente porque fue el que mayor resistencia opuso a la conquista del país por parte de los españoles en el siglo XVI. Alrededor de su figura se han tejido muchas leyendas en donde se resalta su carácter fiero e indómito.

Etimología[editar]

La primera mención de Garabito en los documentos españoles data de una entrevista realizada entre el capitán español Andrés Garavito, quien gobernó entre 1526-1527 la Villa de Bruselas, primera población española en Costa Rica, y un poderoso cacique local, realizada en algún lugar cercano a la actual ciudad de San Mateo, que en tiempos de la conquista de Costa Rica fue denominado por los españoles como el Valle del Coyoche (del nahuatl coyochi, «lugar de coyotes»). Según las crónicas españolas, el capitán español trató de convencer a este cacique de someterse a la autoridad española, enterándose de que este rey indígena era señor de vastos territorios. De esta entrevista provienen algunas de las hipótesis que decían que este cacique había tomado el nombre del capitán Andrés Garavito para sí mismo. Sin embargo, no parece verosímil que un jefe poderoso y rebelde que dominase tantos y tan vastos territorios adoptase el nombre del enemigo. De esta entrevista también se desprende la confusión de asumir que el rey Garabito y el rey Coyoche son la misma persona, siendo ambos individuos distintos que pertenecieron a etnias y culturas diferentes.

El escritor e historiador Carlos Gagini propuso a principios del siglo XX, que el nombre Garabito era en realidad el tarahúmar garabee o garabi, palabra huetar que es el superlativo de la palabra gara. Gara se traduce por bueno, y garabee sería el superlativo de bueno: el mejor. Garabito sería el mejor entre los suyos.

El más extenso y documentado estudio sobre este monarca es la obra de Oscar Bákit Padilla Garavito, nuestra raíz perdida (1981), en la que se plantea la hipótesis de que la voz Garavito o Garabito no era el nombre personal del rey indígena, sino su título, y que posiblemente su forma correcta era el Guaravito, el centinela de Avito, del mismo modo que el rey de los huetares de Oriente a la llegada de los españoles recibía la denominación de El Guarco.

Vida[editar]

Estatua del rey Garabito en el parque José Martí de Orotina. Costa Rica.

La conquista de Costa Rica por los españoles fue lenta y tardía, y se realizó en distintas etapas, debido principalmente a la dificultad de la topografía, el torrencial clima y la fiera resistencia de los aborígenes. La región de Nicoya, localizada en un lugar más llano y de clima más benévolo, fue la que más tempranamente fue dominada por las huestes conquistadoras. Esta región estaba habitada por los chorotegas, que desde 800 de nuestra la habían ocupado desplazando a sus habitantes originales, probablemente aborígenes de lengua rama emparentados con las culturas del Área Intermedia. Los chorotegas, de cultura mesoamericana, tuvieron constantes conflictos bélicos con los huetares, que dominaban el centro del país, así que es probable que la conquista de los chorotegas por parte de los españoles pusiera a los reyes como Garabito en alerta sobre la presencia de un tercer actor en el escenario de la época. También se puede contar como antecedente la expedición de Diego Gutiérrez y Toledo en la región de Suerre, en el Atlántico costarricense, que terminó en desastre luego de que Gutiérrez capturara y torturara a los reyes de Suerre Camaquiri y Cocorí, lo que motivó luego un sorpresivo ataque de los caciques huetares orientales que habitaban el Valle del Guarco, que terminó con la muerte de Gutiérrez y el desastre de la expedición. Es probable que Garabito estuviera al tanto de todos estos antecedentes y que considerase a los españoles como un rival de cuidado.

En el Señorío de Garabito o Reino Huetar de Occidente, también llamado por los españoles Provincia de Garabito, se llevaron a cabo varios enfrentamientos bélicos entre los huetares de Garabito y los españoles. En 1561, Juan de Cavallón y Arboleda, joven abogado español, en sociedad con el clérigo Juan de Estrada Rávago y Añez, penetró en los dominios de Garabito por el lado del Pacífico, en las cercanías del actual río Ciruelas, al mando de noventa soldados españoles, caballos, ganado, cerdos y bastimentos. Estableció el puerto de Landecho en Tivives, entre las desembocaduras de los ríos Jesús María y Grande de Tárcoles y luego levantó la Villa de los Reyes posiblemente en donde se ubica actualmente la ciudad de Santo Domingo de Orotina. Luego fundó en el Valle de Aserri la ciudad de Garcimuñoz, probablemente donde se ubica San Antonio de Desamparados en la actualidad.

Durante esta travesía, Cavallón logró hacer prisionero a un jefe indígena que se ha identificado como Garabito. Este jefe, tras fingir someterse a la autoridad española, fue dejado sin vigilancia, logrando escapar. Más tarde, enterado de la llegada de refuerzos españoles, Garabito se colocó al mando de 2 000 guerreros huetares, atacando por sorpresa y derrotando a este contingente, que venía de Nicaragua vía Nicoya. Tras este descalabro, Juan de Cavallón asignó al capitán Ignacio Cota marchar con algunos soldados al Valle del Coyoche para dar con el paradero de Garabito y someterlo por la fuerza.

Los huetares, el pueblo de Garabito, alcanzaron un alto avance en la escultura en piedra, sobre todo de figuras de guerreros con cabezas-trofeo.

Cota arribó al poblado donde se suponía que habitaba el rey. Garabito, sin embargo, ya no estaba en Coyoche, sino que había marchado con sus fuerzas hacia el puerto de Landecho. Cota, entonces, procedió a interrogar a las mujeres, entre ellas a una de las esposas de Garabito, y así seguir sus huellas. El batallón español dio alcance a Garabito, al mando de unos trescientos guerreros, y entabló un combate donde, por la calidad de las armas españolas, los huetares fueron vencidos, pero Garabito logró huir a las montañas.

Con el objetivo de capturarlo, Cota decidió secuestrar a la mujer de Garabito (a la que, erróneamente en algunos textos se identifica con el nombre de Biriteca, una clase de mujeres indígenas guerreras del sur de Costa Rica), misión a la que envió al capitán portugués Antonio Álvarez Pereyra, quien la sorprendió durante una cacería y la llevó a Garcimuñoz. Garabito, sin embargo, se tardaba en procurar su rescate, por lo que Cavallón mandó a otra misión en su búsqueda. Un nuevo combate se produjo entre huetares y españoles en las cercanías del monte del Aguacate, donde un jefe indígena, que dijo ser Garabito, fue capturado y llevado a Garcimuñoz, pero resultó ser un ardid del propio Garabito, quien convenció a uno de sus subalternos para hacerse pasar por él.

En Garcimuñoz, los españoles mantuvieron a la esposa de Garabito prisionera. Enterado el rey indígena de una nueva misión en su contra, decidió atacar la propia Garcimuñoz por sorpresa. Cavallón logró ubicar sus defensas para repeler el ataque, pero en la refriega, Garabito logró liberar a su mujer.

De nuevo en sus dominios, Garabito capturó a un soldado español, al cual interrogó, enterándose de que Cavallón planeaba abandonar Costa Rica. Fue así como Garabito le tendió una emboscada a su paso por el Valle de la Cruz (llanos de Orotina, San Mateo y Esparza), con fuertes bajas en ambos bandos, pero aún así, los españoles lograron salir del trance y marchar hacia Guatemala.

En 1562, el adelantado Juan Vázquez de Coronado ingresó al territorio costarricense siguiendo la ruta trazada por Juan de Cavallón. Con cincuenta soldados, reforzó las precarias posiciones de los españoles en los sitiados asentamientos de Garcimuñoz y Los Reyes, pues los huetares que Cavallón había logrado someter, a instancias de Garabito, se habían rebelado. La tarea prioritaria de Vázquez de Coronado fue sofocar la rebelión dirigida por Garabito. Vázquez de Coronado instruyó un proceso donde se declaró a Garabito culpable de la muerte de uno de los soldados de Cavallón, se le declaró la guerra y se le condenó a muerte.

Según algunos documentos, Garabito se retiró a la zona montañosa habitada por los indígenas botos, sus tributarios, para continuar allí la resistencia. Dos oficiales de Vázquez de Coronado, Francisco de Marmolejo y Juan del Valle, salieron en su búsqueda al mando de un contingente, internándose en el territorio de los botos, donde se entrevistaron con su reina, que decidió ayudar a los españoles a dar con el paradero del rey huetar, algo que no consiguieron. Garabito, cuando lo consideró necesario, procedió a realizar sorpresivos ataques tipo guerrilla a los españoles, causándoles varias bajas y obligándoles a volver a Garcimuñoz para no perder muchos hombres. Vázquez de Coronado decidió continuar adelante con su proyecto de conquista y, tras pacificar a los huetares orientales con el sometimiento de El Guarco, se dirigió hacia la región del Pacífico sur, hacia los reinos de Quepo y Coctú, dejando al capitán Álvarez Pereyra a cargo de Garcimuñoz.

Álvarez intentó nuevamente capturar a Garabito, para lo cual volvió a internarse en el Cacicazgo de los Botos. Un jefe indio fue capturado e identificado como Garabito, pero la reina de los Botos, que lo conocía personalmente, descubrió que era un nuevo ardid del rey huetar, quien nuevamente utilizó a un señuelo para escapar de los españoles.

En 1569, el gobernador Perafán de Ribera y Gómez repartió a los súbditos de Garabito, cuyo número se calculaba en 25.000 personas (2.500 familias según interpretaciones recientes), entre varios encomenderos: Juan Romo (400), la heredera de Miguel Sánchez de Guido (400), Diego de Trejo (400), Juan Mejía Valladares (400), Esteban de Mena (400), Pero Alonso (400) y Juan Solano y Díaz de Tapia (250). El propio Garabito, no obstante, continuó indómito y oculto, pero ya afectado por la edad y sin suficientes hombres con qué oponerse al avance español.

Finalmente, durante el gobierno del Alcalde Mayor interino Alonso Anguciana de Gamboa (1574-1577), el capitán Luis González de Estrada, al frente de una compañía de soldados, logró sacar a Garabito de un lugar donde se hallaba en el valle de Coyoche, entre los actuales ríos Barranca y Grande de Tárcoles. El viejo rey se bautizó junto con tres mil de sus súbditos, que se poblaron en una reducción llamada Santa Catalina de Garabito, en cuyas vecindades se fundó poco después la ciudad del Espíritu Santo. Su desaparición significó para los españoles el control del Valle Central Occidental y parte del Pacífico central, sus dominios tradicionales.

Se ignoran la fecha y las circunstancias de la muerte del rey Garabito. Se cree que vivió hasta su muerte en el valle de Coyoche.

Monumentos[editar]

Estatua del rey Garabito frente a la Municipalidad del cantón de Garabito, Puntarenas, Costa Rica.

En 1970, el escultor y escritor costarricense Óscar Bákit Padilla esculpió un busto en bronce del rey Garabito, el cual fue instalado en la Plaza Indoamérica de la ciudad de Quito, Ecuador, la cual está dedicada a los caciques y héroes amerindios. En 1974, este mismo escultor realizó una réplica de dicho busto, moldeada en piedra artificial, de 90 cm de alto, la cual fue colocada, primeramente, en el Parque Central de San José, y luego trasladada al Parque de los Beneméritos, frente a la Iglesia María Auxiliadora, donde se encuentra actualmente.

El busto muestra la ifigie de Garabito en actitud desafiante, con la frente en alto y el puño cerrado, cerca del corazón. En general, se encuentra en muy buen estado, salvo una ligera fisura superficial en la zona de la frente, a lo que se suma la extracción de las placas informativas. La escultura descansa sobre un jardín con arbustos y flores, y se mantiene bastante higiénica.

En el 2008, la municipalidad del cantón de Garabito, provincia de Puntarenas, colocó frente a sus instalaciones otro monumento al rey huetar, obra del escultor Gibran Jalil Tabash González. Otra escultura de Garabito hecha en piedra, en la cual el rey huetar parece emerger de una roca, se levanta en el parque de la ciudad de Orotina.

Referencias[editar]

  • Bákit, Oscar, Garavito, nuestra raíz perdida, San José, Jiménez & Tanzi, 1981.