Cabaña pasiega

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Cabaña pasiega con añadido lateral en el paraje de Los Bellacos, Puerto de La Sia (Soba).
Cabañas en los Yagos (Puerto de La Sia).

La cabaña pasiega es una tipología de arquitectura popular mixta (vivienda-establo-pajar), propio de la montaña oriental de Cantabria; sobre todo, de las cuencas altas de los valles del Pas y del Miera, así como los colindantes valles del Asón y de Carriedo. Su origen contrastado se remonta al siglo XVI.[1]

Tipología[editar]

Usualmente se trata de edificios de una nave, divididas en dos plantas, con apoyo en los muros perimetrales y en uno o dos pilares que sustentan la divisoria de aguas de la cubierta. Se construyen en mampuesto de buen tamaño, con roca caliza del lugar, con cubiertas de lastras pizarrosas. El acceso a la planta baja, usada como establo para animales, se realiza directamente desde el nivel de campo, mediante una puerta con dintel de piedra o madera. La planta superior, usualmente habilitada para vivienda o almacén, suele tener acceso a través de un patín, consistente, en los ejemplos más arcaicos, en una escalera de peldaños de losa, con una solana o descansillo, que suele cubrirse con una prolongación del alero de cubierta. En ocasiones, cuando la cabaña se encuentra en fuerte desnivel, se realiza el acceso desde un lateral situado en la cota alta, aunque no es lo usual.[2] Los huecos en los muros son escasos y de reducido tamaño, como defensa contra el frío.

Carácter[editar]

Estas cabañas estaban siempre vinculadas a una explotación ganadera, y al sistema pasiego de trasterminancia, denominado la muda, entre las zonas bajas de los valles, y las praderas altas.[3] En la temporada cálida, los ganados eran llevados a estos prados frescos de altura, llamados branizas, para pasar el verano, trasladándose la familia a la cabaña durante ese período. Al llegar el otoño, regresaban a las tierras bajas. Muy raramente, las cabañas estaban habitadas todo el año, en cuyo caso podía darse la coexistencia de dos o más edificios en un mismo pago, y en época reciente (siglo XIX y comienzos del XX), solamente se desplazaban a ellas los miembros más jóvenes de las casas.[4]

Este carácter vinculado a una explotación ganadera hace que, usualmente, tengan anexo un cercado, con cierre mediante murete de piedra, denominado fincas o llave.

Referencias[editar]

  1. Ruiz de la Riva, E: Casa y aldea en Cantabria: Un estudio sobre la arquitectura en los valles de Saja-Nansa, Santander, 1991, pags. 248 a 257
  2. García Alonso, Manuel & Bohigas Roldán, Ramón: El valle de Soba: Arqueología y etnografía, Edt. Tres, Santander, 1995
  3. El número de cabañas pasiegas asociadas a una misma explotación familiar solía variar y dependía de la cantidad de mudas que realizaba al año.
  4. García Alonso & Bohigas Roldán: op. cit., pag.60

Véase también[editar]