Cólico del lactante

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Cólico del lactante
Crying newborn.jpg
Lactante llorando
Clasificación y recursos externos
CIE-10 R10.4
CIE-9 789.0
CIAP-2 D01
MedlinePlus 000978
eMedicine ped/434
MeSH C23.888.646.100.600
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El cólico del lactante es un trastorno típico de los primeros meses de vida que se caracteriza por un llanto intenso y prolongado sin causa aparente. También se le conoce como cólico de los tres meses, cólico vespertino o del anochecer, alboroto paroxístico del lactante o cólico de gases. Últimamente se ha propuesto llamarlo Llanto excesivo primario, haciendo hincapié en el síntoma principal (el llanto excesivo) y quitándole la connotación de dolor abdominal, ya que no está demostrado que tenga su origen en el aparato digestivo; el llanto excesivo secundario se refiere a los casos en los que el llanto está causado por otro problema o enfermedad (hambre, traumatismo, hernia, etc.).

La definición más extendida de los cólicos del lactante los describe como episodios de llanto intenso y vigoroso al menos 3 horas al día, 3 días a la semana durante al menos tres semanas en un bebé sano y bien alimentado.[1]

Epidemiología[editar]

Se han hecho muchos estudios para calcular su frecuencia, con resultados muy dispares debido a los diferentes métodos y definiciones empleados. Los trabajos más rigurosos muestran una incidencia acumulada del 5-19% de los lactantes. La máxima incidencia se encuentra hacia las 6 semanas de vida. Se considera más frecuente en el primer hijo y en hijos de fumadores. No se han encontrado diferencias en cuanto al sexo del bebé, el tipo de alimentación (lactancia materna o artificial) o el nivel socioeconómico familiar.[2]

Etiología[editar]

La causa exacta de los cólicos del lactante todavía se desconoce, aunque se piensa que podría tratarse de una alergia a las proteínas de la vaca (leche de vaca, ternera o leche de vaca consumida por el lactante o por la madre. Existen múltiples factores implicados que podrían provenir de los trastornos domésticos asociados con dicha alergia y causados por ella o por factores hasta ahora deconocidos.

Es una de las cosas que padecen una gran parte de los bebés que más preocupa a los padres, sobre todo si son primerizos. Se manifiesta en un llanto desconsolado y repentino mientras se retuercen de dolor. Esto provoca una gran angustia al ver que aparentemente nada puede calmarlos. A aparecen de repente tanto de día como de noche, sin avisar. Se trata principalmente de la inmadurez del sistema digestivo que se manifiesta con molestias y dolores en el abdomen.

Se han propuesto diversas hipótesis:[3]

Factores psicológicos y sociales[editar]

Según este modelo, existen factores que generan una relación difícil entre los progenitores y el hijo, como una excesiva estimulación sonora o luminosa, una respuesta exagerada y ansiosa de los padres ante cualquier malestar del bebé o cambios constantes en la rutina diaria. De esta manera podría explicarse la mayor ocurrencia en los primogénitos, ya que hay más inexperiencia y ansiedad familiar.

Para prevenirlo hay que intentar facilitar la digestión del bebe, por ejemplo, evitando que le entre el menor aire posible durante la toma con el biberón y lograr un buen eructo al final. Un buen remedio es un masaje en la barrigita con el bebé boca abajo o también colocarlo encima del hombro con el abdomen apoyado. Otra es con el bebe echado, estirando y encogiéndole las piernas hacia el abdomen, para tratar de que salgan los gases.

También podría existir una predisposición temperamental en algunos niños con umbral sensorial bajo, más sensibles a estímulos ambientales. El desequilibrio entre el comportamiento del bebé y la respuesta de los padres desencadenaría el cólico. El hecho de que sean más frecuentes en la tarde y la noche, es interpretado por algunos autores como relacionado con un mayor cansancio de los padres al final del día, con menos capacidad de respuesta.[cita requerida]

Otro factor con el que se ha encontrado asociación es el tabaquismo, aunque hay discusión sobre si se debería a una mayor ansiedad en los padres fumadores o a un estímulo sensorial por el humo del tabaco.[cita requerida]

Problemas digestivos y dietéticos[editar]

Para muchos, los cólicos se deben a contracciones espasmódicas del músculo liso del intestino, favorecidas por la inmadurez del aparato digestivo de los lactantes. También podría influir la dificultad para expulsar los gases o alteraciones de la flora intestinal.

Dentro de los factores dietéticos, una de las causas implicadas en algunos niños es la alergia a las proteínas de la leche de vaca. Eso explica que los lactantes afectados a veces mejoren al usar una fórmula láctea especial o al retirar los lácteos de la dieta de la madre si recibe leche materna. También se ha propuesto la intolerancia a la lactosa como causa de estos cólicos, pero es muy poco frecuente a esas edades y el uso de leches sin lactosa no se ha mostrado eficaz.

De todos modos, es algo normal y pasajero, que suele durar unas semanas, como mucho 4 meses.

Es importante acudir al pediatra al detectar los primeros síntomas, para poder descartar cualquier otra enfermedad que presente síntomas parecidos.

Cuadro clínico[editar]

Las crisis de llanto son descritas como ataques abruptos, de gran intensidad, que aparecen al final del día. Los bebés adoptan una posición característica, flexionando los muslos sobre el abdomen, apretando los puños, con la cara enrojecida y el abdomen tenso. Estos episodios pueden durar minutos u horas. En los períodos entre las crisis están completamente asintomáticos y sonrientes, y durante su seguimiento los afectados comen y suben de peso normalmente.

Diagnóstico[editar]

El primer paso en un lactante con un llanto excesivo en el que se ha comprobado que se no debe a las causas normales por las que llora un bebé (hambre, calor o frío, pañal sucio) es explorarlo en busca de otras causas de llanto (traumatismos, hernias, infecciones, etc.). Normalmente no es necesaria ninguna prueba diagnóstica, pues el diagnóstico viene dado por el llanto característico unido a una exploración normal del bebé. Si el niño se encuentra muy decaído o con fiebre pueden ser necesarias pruebas complementarias para descartar problemas más graves.

Tratamiento[editar]

El tratamiento consiste en tranquilizar a los padres y enseñarles a manejar la ansiedad cuando el bebé se pone a llorar. En niños con cólicos severos algunos pediatras utilizan una fórmula de alto grado de hidrólisis. De ninguna manera hay que interrumpir el amamantamiento. La madre tendrá que revisar cual de los alimentos que está consumiendo podría producirle alergia al bebé. En el caso de la intolerancia a la leche de vaca habrá que buscar leches vegetales alternativas.[4]

Pese a que se trata de un trastorno benigno y transitorio, los cólicos de lactante suelen generar mucha preocupación y frustración en la familia, por lo que se han intentado múltiples tratamientos farmacológicos y dietéticos, la mayoría con escasa eficacia real. La razón de esta falta de tratamiento efectivo es que en realidad bajo la calificación de cólico del lactante se agrupan varias patologías diferentes. Existen tratamientos, pero debe averiguarse en primer lugar la causa o combinación de causas que en ese niño provocan el cólico.

Intervenciones sobre la conducta de los padres[editar]

Está demostrado que si se producen modificaciones en la conducta de la madre y del padre puede reducirse el llanto de los niños.[4]

La consulta al pediatra es la base del tratamiento, buscando mejorar la respuesta de los padres para tranquilizar mejor a su hijo y sobrellevar el problema hasta su desaparición. Resulta fundamental que la familia comprenda la naturaleza benigna de los cólicos y reaccione con tranquilidad, para poder transmitírsela a su hijo. Se evita la estimulación excesiva y se enseñan formas de acompañar al bebé con contacto físico, caricias, masajes, contacto piel con piel, mochilas portabebés, o de otra manera con música o canciones de cuna. Algunos niños se calman con movimientos rítmicos suaves, acunándolo, paseándolo o incluso viajando en automóvil. Osteópatas coinciden en recomendar el uso del Chupete para prevenirlo. Al parecer el uso del chupete podría ayudar a aliviar el dolor peristáltico al hacer el movimiento de succión.

También se suele revisar la técnica alimentaria, especialmente para disminuir la ingesta de gases y facilitar su expulsión tras las tomas. Cuando los cólicos persisten, se recomienda que la familia se turne en su cuidado y se organice para conseguir un adecuado descanso, ya que el cansancio acumulado por los cuidadores puede pasar factura y desencadenar problemas de convivencia.

Intervenciones Farmacológicas[editar]

La mayoría de remedios comercializados carece de eficacia real, y los beneficios apreciados suelen corresponderse a la mejoría natural que suelen tener los cólicos a partir de las 6 semanas de vida. Algunos pueden ser incluso perjudiciales.[5]

  • Anticolinérgicos(diciclomina, dicicloverina): aunque disminuyen los cólicos por su efecto relajante sobre el músculo de la pared intestinal, también producen efectos secundarios, algunos potencialmente graves, por lo que han dejado de emplearse.
  • Metilescopolamina: otro relajante muscular que se ha mostrado ineficaz e incluso puede empeorar los síntomas.
  • Dimeticona o Simeticona: facilita la eliminación del gas intestinal y no produce efectos secundarios, pero los estudios realizados tampoco han demostrado que disminuya los síntomas de los cólicos del lactante.

Intervenciones dietéticas[editar]

Los casos más intensos de cólicos del lactante pueden deberse a una alergia a las proteínas de la leche de vaca, por lo que a veces se plantean dietas especiales mediante el uso de fórmulas lácteas hipoalergénicas o excluyendo los lácteos de la dieta de la madre si el bebé toma leche materna. Existe pruebas de que esta medida puede ser eficaz en una pequeña parte de los casos.[6]

El uso de infusiones de hierbas no suele recomendarse. Existe algún estudio que muestra cierta eficacia con algunas hierbas, pero existe la preocupación de que el consumo de infusiones reduzca la ingesta de leche en el lactante, con riesgo de desnutrición. Algunas plantas como el anís estrellado pueden causar intoxicaciones graves consumidas en exceso.

Pronóstico[editar]

Pese a los trastornos y preocupaciones que generan estos cólicos, lo cierto es que se acaban resolviendo por sí solos hacia los tres o cuatro meses de edad, sin afectar al crecimiento y al desarrollo del bebé.[7] Los problemas más importantes que pueden surgir son los debidos a la desestabilización familiar cuando la familia no se adapta adecuadamente, con riesgo de conflictos de pareja o maltrato infantil secundario.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

Enlaces externos[editar]