Cólico del lactante

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda
Cólico del lactante
Crying newborn.jpg
Lactante llorando
Clasificación y recursos externos
CIE-10 R10.4
CIE-9 789.0
CIAP-2 D01
MedlinePlus 000978
eMedicine ped/434
MeSH C23.888.646.100.600
Wikipedia no es un consultorio médico Aviso médico 

El cólico del lactante es un trastorno típico de los primeros meses de vida que se caracteriza por un llanto intenso y prolongado sin causa aparente. También se le conoce como cólico de los tres meses, cólico vespertino o del anochecer, alboroto paroxístico del lactante o cólico de gases. Últimamente se ha propuesto llamarlo Llanto excesivo primario, haciendo hincapié en el síntoma principal (el llanto excesivo) y quitándole la connotación de dolor abdominal, ya que no está demostrado que tenga su origen en el aparato digestivo; el llanto excesivo secundario se refiere a los casos en los que el llanto está causado por otro problema o enfermedad (hambre, traumatismo, hernia, etc.).

La definición más extendida de los cólicos del lactante los describe como episodios de llanto intenso y vigoroso al menos 3 horas al día, 3 días a la semana durante al menos tres semanas en un bebé sano y bien alimentado.[1]

Epidemiología[editar]

Se han hecho muchos estudios para calcular su frecuencia, con resultados muy dispares debido a los diferentes métodos y definiciones empleados. Los trabajos más rigurosos muestran una incidencia acumulada del 5-19% de los lactantes. La máxima incidencia se encuentra hacia las 6 semanas de vida. Se considera más frecuente en el primer hijo y en hijos de fumadores. No se han encontrado diferencias en cuanto al sexo del bebé, el tipo de alimentación (lactancia materna o artificial) o el nivel socioeconómico familiar.[2]

Etiología[editar]

La causa exacta de los cólicos del lactante todavía se desconoce, aunque se piensa que no es única la alergia a las proteínas de la vaca (leche de vaca, ternera o leche de vaca consumida por la madre lactante, etcétera) sino que existen múltiples factores implicados (que bien pueden provenir de los trastornos domésticos asociados con dicha alergia y causados por ella).

Otra posibilidad, que no se suele valorar, es la aparición de una Enfermedad Celíaca por exposición a gliadina no degradada en la leche materna, superior en el calostro, de madres con alimentación normal.[3]

Se han propuesto diversas hipótesis:[4]

Factores psicológicos y sociales[editar]

Según este modelo, existen factores que generan una relación difícil entre los progenitores y el hijo, como una excesiva estimulación (ruido, cambios de luz, etc.), una respuesta exagerada y ansiosa de los padres ante cualquier malestar del bebé o cambios constantes en la rutina diaria. De esta manera podría explicarse la mayor ocurrencia en los primogénitos, ya que hay más inexperiencia y ansiedad familiar.

También podría existir una predisposición temperamental en algunos niños con umbral sensorial bajo, más sensibles a estímulos ambientales. El desequilibrio entre el comportamiento del bebé y la respuesta de los padres desencadenaría el cólico. El hecho de que sean más frecuentes en la tarde y la noche, es interpretado por algunos autores como relacionado con un mayor cansancio de los padres al final del día, con menos capacidad de respuesta.

Otro factor con el que se ha encontrado asociación es el tabaquismo, aunque hay discusión sobre si se debería a una mayor ansiedad en los padres fumadores o a un estímulo sensorial por el humo del tabaco.

Problemas digestivos y dietéticos[editar]

Para muchos, los cólicos se deben a contracciones espasmódicas del músculo liso del intestino, favorecidas por la inmadurez del aparato digestivo de los lactantes. También podría influir la dificultad para expulsar los gases o alteraciones de la flora intestinal.

Dentro de los factores dietéticos, una de las causas implicadas en algunos niños es la alergia a las proteínas de la leche de vaca. Eso explica que los lactantes afectados a veces mejoren al usar una fórmula láctea especial o al retirar los lácteos de la dieta de la madre si recibe leche materna. También se ha propuesto la intolerancia a la lactosa como causa de estos cólicos, pero es muy poco frecuente a esas edades y el uso de leches sin lactosa no se ha mostrado eficaz.

Otra causa a valorar es la existencia de una Enfermedad Celíaca (EC), que puede debutar en los lactantes en los primeros 6 meses de la vida, provocada probablemente por la exposición a los niveles de gliadina no degradada presentes en la leche materna (superiores en el calostro) de mujeres que ingieren una dieta normal,[3] aunque el solapamiento de síntomas con el cólico del lactante y/o la intolerancia a la leche dificulta y retrasa su reconocimiento y diagnóstico correctos, así como las presentaciones atípicas que cursan con síntomas no clásicos, como el estreñimiento, que en muchas ocasiones llega a ser muy llamativo y llega a constituir el síntoma principal.

Si bien cuando la Enfermedad Celíaca aparece antes de los 2 años se presenta habitualmente en forma de intolerancia alimenticia, con náuseas y vómitos de repetición, acompañados por lo general de un cuadro de diarrea crónica, distensión abdominal, pérdida de peso y retraso de crecimiento (que constituyen la denominada “forma clásica” o “tríada” característica de la enfermedad), también se presenta con relativa frecuencia con síntomas atípicos y variados, tales como la falta de apetito, vómitos, irritabilidad e incluso estreñimiento pertinaz.[5]

Lo más habitual es que se manifieste de forma más evidente a partir de los 6 meses de vida, cuando comienzan a tomar los bebés las papillas de cereales en la alimentación, elaboradas habitualmente con harina de trigo.[6] Existe un debate muy prolongado, acerca de cuándo se debería de introducir el gluten en la dieta del bebé y ciertamente la opinión más generalizada y lo que parece más conveniente sería retrasarlo lo más posible, hasta que al menos hayan cumplido el primer año.[3]

Cuadro clínico[editar]

Las crisis de llanto son descritas como ataques abruptos, de gran intensidad, que aparecen al final del día. Los bebés adoptan una posición característica, flexionando los muslos sobre el abdomen, apretando los puños, con la cara enrojecida y el abdomen tenso. Estos episodios pueden durar minutos u horas. En los períodos entre las crisis están completamente asintomáticos y sonrientes, y durante su seguimiento los afectados comen y suben de peso normalmente.

Diagnóstico[editar]

El primer paso en un lactante con un llanto excesivo en el que se ha comprobado que se no debe a las causas normales por las que llora un bebé (hambre, calor o frío, pañal sucio) es explorarlo en busca de otras causas de llanto (traumatismos, hernias, infecciones, etc.). Normalmente no es necesaria ninguna prueba diagnóstica, pues el diagnóstico viene dado por el llanto característico unido a una exploración normal del bebé. Si el niño se encuentra muy decaído o con fiebre pueden ser necesarias pruebas complementarias para descartar problemas más graves.

Diagnóstico diferencial[editar]

La Enfermedad Celíaca (EC) puede debutar en los lactantes,[3] aunque el solapamiento de síntomas con el cólico del lactante y/o la intolerancia a la leche dificulta y retrasa su reconocimiento y diagnóstico correctos, así como las presentaciones atípicas que cursan con síntomas no clásicos, como el estreñimiento, que en muchas ocasiones llega a ser muy llamativo y llega a constituir el síntoma principal.[5]

La Enfermedad Celíaca es un trastorno autoinmune, caracterizado por la presencia de síntomas gastrointestinales y/o multi-sistémicos.

Contrariamente a lo que antes se pensaba, no se trata de una enfermedad únicamente digestiva, sino que presenta una frecuente afectación sistémica, en la que se asocian síntomas muy variados, ya que se combina con otros procesos patológicos que incluyen diversos órganos y sistemas. Estas múltiples enfermedades asociadas suelen preceder a la aparición de la Enfermedad Celíaca, aunque también pueden manifestarse simultáneamente e incluso después del diagnóstico.[7] ·[8] ·[9] ·[10]

No obstante, actualmente representa un importante obstáculo la dificultad para la identificación y el diagnóstico de la Enfermedad Celíaca.[5] Pese a que es una de las enfermedades con base genética más frecuentes, con una prevalencia media del 2% en la población general y que puede debutar a cualquier edad de la vida, está claramente subestimada e infradiagnosticada, con aproximadamente un 70-90 % de los casos sin diagnosticar en la actualidad.[11] ·[12] ·[13] ·[14] ·[15] La media estimada de tiempo que transcurre desde el comienzo de aparición de los síntomas hasta que el paciente consigue el diagnóstico es de unos 20 años. Esta situación se puede explicar teniendo en cuenta que, a pesar de los avances realizados en los últimos años en la identificación de las múltiples manifestaciones de la Enfermedad Celíaca y a la reforma de los protocolos diagnósticos, estos conocimientos aún no han llegado a la mayoría de profesionales a los que acude a consultar el paciente por las molestias variadas y diversas que presenta. Las presentaciones predominantes en niños mayores de 2-3 años, jóvenes y adultos, cursan con afectación digestiva menor y/o intermitente, síntomas atípicos y abundantes manifestaciones extra-digestivas, con ausencia de anticuerpos específicos en sangre (transglutaminasa tisular o TGt < 2-3 U/ml) y con biopsias duodenales que presentan cambios mínimos, sin atrofia vellositaria (Marsh 1). Los casos de presentación clásica, que incluyen manifestaciones de un síndrome de malabsorción grave con esteatorrea y signos de malnutrición, serología positiva (presencia de anticuerpos en sangre) y atrofia vellositaria, son prácticamente excepcionales, especialmente a partir de la edad de 2 años. Incluso una parte de enfermos celíacos son completamente asintomáticos a nivel digestivo, por períodos de tiempo prolongados.

Merece especial atención la situación en Pediatría, donde más casos pasan sin diagnosticar. Existe la creencia de que los especialistas en enfermedades de los niños son los profesionales que más casos detectan, si bien la realidad es que el anclaje en las ideas clásicas sobre la Enfermedad Celíaca, la aplicación sistemática de protocolos desfasados, la reticencia a someter a los niños a pruebas invasivas y el miedo a prescribir una dieta “de por vida”, dan como resultado que la mayoría de casos de celiaquía pasen desapercibidos durante la infancia.

Los familiares de primer y segundo grado de un celíaco son considerados “Grupos de riesgo” y deben ser sometidos a evaluación y seguimiento,[5] al tratarse de una de las enfermedades de base genética más frecuentes, con gran penetrancia, una prevalencia media del 2% en la población general y que puede debutar a cualquier edad de la vida.[6]

Sin embargo, la ausencia de antecedentes en la familia no es motivo de exclusión de la sospecha, entre otras razones por el gran infradiagnóstico que presenta esta enfermedad. La identificación de casos previamente ocultos en la familia puede resultar de mucha utilidad para orientar el diagnóstico.[16]

Es importante que los familiares conozcan esta problemática para que pueda participar de forma activa, utilizando las estrategias a su alcance, que pasan por la búsqueda de una atención médica especializada y el conocimiento del avance en la identificación de las variadas manifestaciones de la Enfermedad Celíaca y de las recientes modificaciones de los protocolos diagnósticos. El aumento de la capacidad de las personas para comprender y participar en su atención médica es una prioridad internacional.[17]

Importancia de la detección precoz de la Enfermedad Celíaca[editar]

Existen varias líneas de evidencia que atribuyen al papel que la Enfermedad Celíaca (EC) representa como principal factor causal para el desarrollo y aparición de diversas enfermedades autoinmunes. Estos datos sugieren que la prevalencia de enfermedades autoinmunes se relaciona con la duración de la exposición al gluten, ya que los niños diagnosticados de EC antes de los 2 años no suelen presentar una incidencia aumentada de procesos autoinmunes. Al contrario, cuando la enfermedad se diagnostica tardíamente en la infancia o en la juventud, se estima que el riesgo relativo de presentar algún proceso autoinmunitario asociado a lo largo de la vida es de unas 7 veces mayor.[18]

Los resultados de distintos estudios sugieren que diversas enfermedades autoinumnes, algunas irreversibles como la diabetes mellitus tipo 1 o el daño del esmalte dental por la presencia de anticuerpos antiesmalte,[19] podrían ser evitadas a través de una diagnóstico temprano de la Enfermedad Celíaca[20] y en aquellos pacientes con enfermedades autoinmunes establecidas, la instauración de una dieta sin gluten (DSG) puede ofrecer un mejor control y una mejoría de sus sintomatología.[21] ·[22]

Tratamiento[editar]

Pese a que se trata de un trastorno benigno y transitorio, los cólicos de lactante suelen generar mucha preocupación y frustración en la familia, por lo que se han intentado múltiples tratamientos farmacológicos y dietéticos, la mayoría con escasa eficacia real. La razón de esta falta de tratamiento efectivo es que en realidad bajo la calificación de cólico del lactante se agrupan varias patologías diferentes. Existen tratamientos, pero debe averiguarse en primer lugar la causa o combinación de causas que en ese niño provocan el cólico.

Intervenciones sobre la conducta de los padres[editar]

Son la base del tratamiento, buscando mejorar la respuesta de los padres para tranquilizar mejor a su hijo y sobrellevar el problema hasta su desaparición. Resulta fundamental que la familia comprenda la naturaleza benigna de los cólicos y reaccione con tranquilidad, para poder transmitírsela a su hijo. Se evita la estimulación excesiva y se enseñan formas de acompañar al bebé con contacto físico (caricias, masajes, contacto piel con piel, mochilas portabebés, etc.) o de otra manera (música, canciones de cuna, etc.). Algunos niños se calman con movimientos rítmicos suaves, acunándolo, paseándolo o incluso viajando en automóvil. Osteópatas coinciden en recomendar el uso del Chupete para prevenirlo. Al parecer el uso del chupete ayuda a aliviar el dolor peristáltico al hacer el movimiento de succión.

También se suele revisar la técnica alimentaria, especialmente para disminuir la ingesta de gases y facilitar su expulsión tras las tomas. Cuando los cólicos persisten, se recomienda que la familia se turne en su cuidado y se organice para conseguir un adecuado descanso, ya que el cansancio acumulado por los cuidadores puede pasar factura y desencadenar problemas de convivencia.

Intervenciones Farmacológicas[editar]

La mayoría de remedios comercializados carece de eficacia real, y los beneficios apreciados suelen corresponderse a la mejoría natural que suelen tener los cólicos a partir de las 6 semanas de vida. Algunos pueden ser incluso perjudiciales.[23]

  • Anticolinérgicos(diciclomina, dicicloverina): aunque disminuyen los cólicos por su efecto relajante sobre el músculo de la pared intestinal, también producen efectos secundarios, algunos potencialmente graves, por lo que han dejado de emplearse.
  • Metilescopolamina: otro relajante muscular que se ha mostrado ineficaz e incluso puede empeorar los síntomas.
  • Dimeticona o Simeticona: facilita la eliminación del gas intestinal y no produce efectos secundarios, pero los estudios realizados tampoco han demostrado que disminuya los síntomas de los cólicos del lactante.

Intervenciones dietéticas[editar]

Los casos más intensos de cólicos del lactante pueden deberse a una alergia a las proteínas de la leche de vaca, por lo que a veces se plantean dietas especiales mediante el uso de fórmulas lácteas hipoalergénicas o excluyendo los lácteos de la dieta de la madre si el bebé toma leche materna. Existe pruebas de que esta medida puede ser eficaz en una pequeña parte de los casos.[24]

Otra posibilidad es la aparición de una Enfermedad Celíaca (EC) del lactante, por la exposición a los niveles de gliadina no degradada presentes en la leche materna de mujeres con un alimentación normal.[3] (Véase el apartado Diagnóstico diferencial) Si el diagnóstico se confirma, se debe poner al bebé a tratamiento con la dieta sin gluten, que deberá ser estricta y de por vida.[5] Durante el tiempo que dure la lactancia, la madre tendrá igualmente que eliminar el gluten de su dieta.

El uso de infusiones de hierbas no suele recomendarse. Existe algún estudio que muestra cierta eficacia con algunas hierbas, pero existe la preocupación de que el consumo de infusiones reduzca la ingesta de leche en el lactante, con riesgo de desnutrición. Algunas plantas como el anís estrellado pueden causar intoxicaciones graves consumidas en exceso.

Pronóstico[editar]

Pese a los trastornos y preocupaciones que generan estos cólicos, lo cierto es que se acaban resolviendo por sí solos hacia los tres o cuatro meses de edad, sin afectar al crecimiento y al desarrollo del bebé.[25] Los problemas más importantes que pueden surgir son los debidos a la desestabilización familiar cuando la familia no se adapta adecuadamente, con riesgo de conflictos de pareja o maltrato infantil secundario.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Wessel, MA; Cobb, JC; Jackson, EB; Harris, GS Jr; Detwiler, AC (1954). «Paroxysmal fussing in infancy, sometimes called colic». Pediatrics. 14 (5). http://pediatrics.aappublications.org/cgi/content/abstract/14/5/421. 
  2. Lucassen, PL; Assendelft, WJ; van Eijk, JT; Gubbels, JW; Douwes, AC; van Geldrop, WJ (2001). «Systematic review of the occurrence of infantile colic in the community». Arch. Dis. Child. 84 (5). http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1718751/?tool=pubmed. 
  3. a b c d e Chirdo, FG; Rumbo, M; Añón, MC; Fossati, CA (1998). «Presence of high levels of non-degraded gliadin in breast milk from healthy mothers». Scand J Gastroenterol 33 (11):  p. 1186-92. 
  4. Alonso Álvarez, R; García Mozo, MA (2006). «Trastornos digestivos menores en el lactante». Bol. Pediatr. 46 (Supl.2). ISSN 0214-2597. http://www.sccalp.org/bulletin_articles/56. 
  5. a b c d e MINISTERIO DE SANIDAD Y CONSUMO (ed.): «Diagnóstico precoz de la enfermedad celíaca» (2008).
  6. a b Rodrigo, L; Garrote, JA; Vivas, S; et al. (2008). «Enfermedad Celíaca». Med Clin (Barc) 131:  p. 264-70. 
  7. Collin, P; Mäki, M (1994). «Associated disorders in celiac disease; clinical aspects». Scand J Gastroenterol 29:  p. 769-75. 
  8. Riestra, S; Fernández, E; Rodrigo, L (1999). «Afectación hepática en la enfermedad celíaca». Rev Esp Enferm Dig 91:  p. 846-52. 
  9. Hadjivassiliou, M; Grunewald, RA; Chattopadhyay, AK; Davies-Jones, GA; Gibson, A; Jarratt, JA; et al. (1998). «Clinical, radiological and neuro-physiological characteristics of gluten ataxia». Lancet 352:  p. 1582-5. 
  10. Mustalahti, H; Collin, P; Sievanen, H; Salmi, J; Mäki, M (1999). «Osteopenia in patients with clinically silent celiac disease.warrants screening». Lancet 354:  p. 744-5. 
  11. Mäki, M; Mustalahti, K; Kaikkonen, J; Kulmala, P; Haapalaliti, M; Karttunen, T; et al. (2003). «Prevalence of celiac disease among children in Finland». N Engl J Med 348:  p. 2517-24. 
  12. Fasano, A; Berti, I; Gerarduzzi, T; Not, T; Colletti, RB; Drago, S; et al. (2003). «Prevalence of celiac disease in at-risk and not-at-risk groups in the United States: a large multicenter study». Arch Intern Med 163:  p. 286-92. 
  13. West, J; Logan, RF; Hill, PG; Lloyd, A; Lewis, S; Hubbard, R; et al. (2003). «Seroprevalence, correlates, and characteristics of undetected coeliac disease in England». Gut 52:  p. 960-5. 
  14. Riestra, S; Fernández, E; Rodrigo, L; García, S; Ocio, G (2000). «Prevalence of coeliac disease in the general population in northern Spain. Strategies of serologic screening». Scand J Gastroenterol 35:  p. 398-402. 
  15. García Novo, MD; Garfia, C; Acuña Quirós, MD; Asensio, J; Zancada, G; Barrio Gutiérrez, S; et al. (2007). «Prevalencia de la enfermedad celíaca en donantes de sangre aparentemente sanos en la Comunidad Autónoma de Madrid». Rev Esp Enferm Dig 99:  p. 337-42. 
  16. Rodrigo, L (2010). «Enfermedad celiaca». IT Sistema Nacional Salud 34 (2):  p. 52. 
  17. Theo Raynor, D K (2012). «Health literacy». BMJ 344 (e2188). 
  18. Ventura, A; Magazzu, G; Greco, L (1999). «Duration of exposure to gluten and risk for autoimmune disorders in patients with celiac disease». Gastroenterology 117:  p. 297-303. 
  19. Debra Marcos Fonalleras, Ana Sánchez Garrido, Óscar González Bernardo, Luis Rodrigo Sáez. «Manual del Residente de Aparato Digestivo - Capítulo 29. Enfermedad celíaca».
  20. Sildorf, SM; Fredheim, S; Svensson, J; Buschard, K (2012 Jun 21). «Remission without insulin therapy on gluten-free diet in a 6-year old boy with type 1 diabetes mellitus». BMJ Case Rep. 
  21. Polanco Allué, Isabel. ICM (ed.): «Libro blanco de la ENFERMEDAD CELIACA». Lettergraf, S.L.
  22. Hansen, D; Brock-Jacobsen, B; Lund, E; Bjørn, C; Hansen, LP; Nielsen, C; et al. (2006). «Clinical benefit of a gluten-free diet in type 1 diabetic children with screening-detected celiac disease: a population-based screening study with 2 years’ follow-up». Diabetes Care 29:  p. 2452-6. 
  23. «La efectividad de las intervenciones en el colico del lactante». Best Practice 8 (2). 2004. ISSN 1329-1874. http://www.joannabriggs.edu.au/pdf/BPISEsp_8_2.pdf. 
  24. Christakis, Dimitri A. (2000). «A systematic review of treatments for infant colic». Pediatrics 106 (1 Pt 2). http://pediatrics.aappublications.org/cgi/content/abstract/106/1/S1/184. 
  25. Barr, RG (1998). «Crying in the first year of life: good news in the midst of distress». Child Care Health Dev. 24 (5). http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/9728286. 

Enlaces externos[editar]