Cío

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Cío (latín Cius, griego Kίος) fue una ciudad de Bitinia, en la Propóntide, en el golfo de Cío (Cianos Sinus). Mencionada a menudo como Cío de Misia.

La leyenda dice que fue fundada por Cío, compañero de Heracles, a su regreso de Cólquida. Fue más probablemente una colonia milesia establecida al pie del monte Argantonio, fundada en torno al año 627 a. C.[1]

En 553 a. C. pasó a los lidios, pero como ciudad autónoma. Los persas la ocuparon en 499 a. C., pero pagando un tributo mantuvo independencia virtual Quedó dentro de la satrapía de Frigia Helespóntica o Dascilio y tuvo un gobierno local.

En 466 a. C. fue ocupada por los atenienses y entró en la confederación de Delos, donde permaneció hasta el 412 a. C., en que fue ocupada por los persas después de la derrota ateniense en la expedición a Sicilia, unos meses antes (413 a. C.).

Cayó en manos de Alejandro Magno en 334 a. C., y a su muerte quedó en poder de Antígono I Monoftalmos (332 a. C.), que fue rey de Sardes desde el 305 a. C. hasta el 301 a. C., año en el que Seleuco I Nicátor ganó la batalla que le dio el poder.

En aquellos años, Cío comenzó emitir monedas de oro. Cío, fue en lo sucesivo una ciudad griega independiente y más tarde se alió con la Liga Etolia.

Filipo V de Macedonia la ocupó, masacró a los ciudadanos, los deportó o los vendió como esclavos, y en 202 a. C., la entregó, junto con la ciudad de Mirlea, a Prusias rey de Bitinia (aliado suyo en la guerra contra Pérgamo), que la restauró y repobló con bitinios y le dio su propio nombre (fue conocida como Prusias o Prusias Talasa (Prusias Marítima), para distinguirla de otras ciudades con igual nombre.[2] [3] No se sabe si Cío permaneció como un simple barrio o recobró su antiguo nombre, pero una Cío en el mismo lugar aparece mencionada después por Plinio el Viejo, Pomponio Mela, Zósimo y otros autores posteriores.

La matanza de Cío fue rechaza por muchas polis griegas y Rodas y Pérgamo pidieron ayuda a la romanos contra Macedonia, y eso sirvió de excusa para iniciar la Segunda Guerra Macedónica, que acabó con la batalla de Cinoscéfalas en 197 a. C. La ciudad, sin embargo, permaneció en manos del rey de Bitinia hasta el 74 a. C.

Bajo los romanos, Cío tuvo su propia constitución, supervisada por el correspondiente cónsul romano, y recobró su carácter griego. Muchos líderes romanos eligieron la ciudad como residencia de verano. La ciudad recuperó el nombre de Cío, latinizado en Cius.

A partir del siglo II el cristianismo se difundió por la región y la ciudad recibió la visita del apóstol San Pablo. Plinio el Viejo, gobernador de Cío, solicitó instrucciones contra el cristianismo, al que se le aplicó unos impuestos especiales.

En el siglo IV, fue sede de un arzobispo, el primero fue Cirilo, que tomó parte en el Concilio de Nicea en 325.

Justiniano, fundó una escuela militar, que funcionó durante 37 años.

En 1205, el [Patriarca de Constantinopla] se estableció en Nicea y el Patriarca de Nicea fue enviado a Cío; el obispo de Nicea ganó en influencia. Los latinos ocuparon Cío en 1207, y fue entregada a los Caballeros de San Juan, en cuyos manos estuvo hasta 1261.

Los primeros ataques de los selyúcidas están datados en 1092, pero hasta el 1300, los turcos (osmanlíes) representaron una seria amenaza: destruyeron todas las ciudades de la costa, ocupando Brusa en 1326 y Cío en 1336, tras un asedio. La ciudad resultó destruida y sus habitantes buscaron refugio en las montañas.

Pudieron regresar tres años después y vivieron bajo las murallas en la zona conocida como Kastrina, próxima a la iglesia de Theomana; restauraron la iglesia de Koimisis o Theotokou, conocida como Pasariotissa, y se reorganizaron, pero tuvieron que adoptar la lengua turca. Los impuestos aumentaron y se vieron obligados a vender a sus hijos como esclavos, y muchos ciudadanos se marcharon de allí.

Esta penosa situación continuó hasta finales del siglo XVII, cuando Murad IV (1612-1640) mejoró las condiciones de vida, y el establecimiento de una astillero militar en la ciudad proporcionó trabajo a mucha gente.

Durante el siglo XIX, la situación de los griegos cristianos mejoró y se restableció el sistema educativo.

Al final de la Primera Guerra Mundial, los griegos de la región del Ponto se rebelaron. En las montañas se formaron grupos armados. Muchos griegos fueron llevados a campos de trabajo (unos 300.000). Cuando los aliados entraron en la zona, les guerrillas turcas, los tzetes, aún estaban combatiendo, pero fueron sometidos por la marina inglesa.

El ejército griego bajo el general Samartzis, restableció la soberanía griega en Cío el 25 de julio de 1920. El patriarca de Nicea, Basilio II, y el alcalde griego de Cío, Pinatsis, asistieron a la ceremonia.

La retirada aliada, que dejó a los griegos mal equipados, cambió la situación. Se intentó formar un Estado Autónomo del Ponto]] para evitar el éxodo de la población griega y la pérdida de las propiedades.

El 22 de agosto de 1922, el ejército griego de Cío aguantó el ataque turco, pero evacuó la ciudad al día siguiente. Treinta mil personas de Cío y de los alrededores tuvieron que huir a Grecia en barco el 25 de agosto de 1922.

En Cío nacieron los filósofos Asclepíades y Arquipo Flabio.

Es la actual ciudad de Gemlik.

Referencias[editar]

  1. Adolfo J. Domínguez Monedero, La polis y la expansión colonial griega. Siglos VIII-VI, p.18, Madrid: Síntesis (1993), ISBN 84-7738-108-9.
  2. Estrabón XII,4,3.
  3. Estrabón, Geografía, libros XI-XIV, p. 269, nota 219 de Mª Paz de Hoz García-Bellido, Madrid: Gredos (2003), ISBN 84-249-2373-1.