Brocal

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Episodio bíblico de Rebeca en el pozo. Iluminación de 1389 en una Biblia de Wenceslao de Luxemburgo. Universidad de Leipzig (Alemania).

Se llama brocal al pretil o parapeto sólido que, por seguridad y utilidad, rodea un pozo a nivel de superficie. Es habitual que sobre él se instale una polea o un cigüeño, para subir el recipiente que contenga el agua extraída.[1] También se suele colocar sobre el brocal una tapadera para evitar que caiga suciedad al interior del pozo.[2]

Desde los primitivos brocales de mampostería, cerámica o madera, hasta los más recientes de obra y cemento, la historia de este humilde y sencillo antepecho en la boca de los pozos se ha vestido de los más ricos materiales: mármol, bronce, hierro. Como hermano menor del aljibe, durante siglos, el brocal se fabricó en barro cocido (ladrillo), en muchas ocasiones vidriado.[3]

Etimologías y metonimias[editar]

Por trasnominación metonímica,[4] se identifican "pozo" y "brocal"; la mente ve un pozo donde sólo hay un brocal. Como experimento pedagógico, se ha comprobado que ante la solicitud de que 'pinten un pozo', tanto los niños como muchos adultos han dibujado un brocal (y cuando se les ha explicado que lo que habían dibujado era un brocal, muchos han respondido que no conocían esa palabra). Son palabras con referencia indirecta que permiten comprender perfectamente el sentido de traslación metonímico.[5] [6]

En arqueología, se acepta el término latino puteal para denominar un "brocal de pozo" (en la casa romana, el brocal de mármol o cerámica que cubría el agujero que comunicaba con la cisterna).[7]

El origen del término "brocal" es incierto. Para algunos: del latín buccula (mejilla) y bucculare (taza), que por vía del italiano primitivo llegaría a significar, por extensión: antepecho o alrededor de la boca del pozo.[8] Para otros, siguiendo a Joan Corominas, proviene del latín vulgar brochus (broccus, puntiagudo) y éste del catalán broc (vasija) siguiendo una voz céltica.[9]

Iconografía histórica[editar]

Diversos trabajos arqueológicos han documentado la existencia de brocales cerámicos en Grecia a partir del siglo V a. C.[3] En España, varios museos e instituciones conservan puteales de origen romano, árabe, mudéjar y de periodos más recientes. Entre los centros oficiales pueden citarse: Museo Arqueológico de Córdoba, Museo de Santa Cruz en Toledo, Museo Arqueológico de Sevilla, Museo Arqueológico Nacional (España), Museo de Cerámica de Barcelona. Y entre las colecciones privadas, la de brocales árabes del Palacio de la Condesa de Lebrija.[10]

Brocales literarios: de los hermanos Bécquer a Carmen Conde[editar]

Brocal de Toledo, hoy en el Victoria y Albert Museo. Dibujo de Valeriano Bécquer en 1856.

"Este hermoso brocal es de tierra roja cocida y bañada, y su adorno lo forman dos grecas, por entre las cuales corre rodeándole una magnífica inscripción en caracteres cúficos ornamentales..."

Gustavo Adolfo Becquer (Toledo, 1856)

En Toledo, en una casa del callejón de San Ildefonso en que habitaron los hermanos Bécquer en 1856, hubo en el jardín un brocal árabe, a cuyo pie plantaron los Bécquer su famoso laurel.[11] Valeriano lo dibujó, y acompañado de un texto de Gustavo llegó a ser publicado en La Ilustración nº 4, en febrero de 1870.[12] Algunos estudiosos, como Jesús Cobo, aventuran que la joven que aparece en el dibujo era Alejandra González Esteban, la amante toledana de Gustavo Adolfo Bécquer.[13]

El dibujo de Valeriano confirma que se trata del mismo brocal expuesto en el Victoria & Albert Museum de Londres; brocal que se encontraba en el Museo Provincial de Toledo, y que habiendo desaparecido, reapareció en el Museo de South Kensington (antecesor del Victoria & Albert Museum).[14] Al parecer, el valioso brocal pasó del Museo Provincial de Toledo a las manos de Juan Facundo Riaño, que por poco más de tres libras esterlinas lo vendió a la colección británica.[15]

Otro curioso brocal literario es el puesto en verso por Félix María de Samaniego en su obra El jardín de Venus:

Brocal de 'rinconera' en el Palacio de Mengíbar, en Jaén (España).
Detalle de la cantería.

"El pozo de los padres trinitarios

tuvo brocales varios:
ya de mampostería,
ya de piedra de buena sillería,
en fin de berroqueño le pusieron,
el último que eterno ellos creyeron;
pero tal faena de sacar agua
en el convento había,
que al año ya tenía
el brocal una brecha grande y buena.
- ¡Virgen!, el superior
dijo al saberlo,
que no sé ya de qué materia hacerlo
para que no se roce o desmorone.
Llamar al albañil en el momento
a ver de qué dispone
se haga el brocal al pozo del convento.
El albañil llamado
al punto fue enterado,
y dijo: - Aquí lo que conviene
es hacer un brocal como el que
tiene mi mujer,
que ha veinte años cabalmente
que echo por él la soga de frecuente
con dos cubos que al par le han golpeado,

y ni una pizca se ha desmoronado."
Félix María de Samaniego.[16]

Por su parte, la cartagenera Carmen Conde, primera mujer admitida en la Real Academia Española, tituló Brocal su primer poemario, escrito en prosa, publicado en 1929.[17]

Tipos de brocal[editar]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. VVAA (1969). Enciclopedia Universal Sopena Tomo II. Barcelona: Ramón Sopena. Depósito legal B 12.873. 
  2. Pezuela, Jacobo de la (1863, digitalizado 2008). Diccionario geográfic estadístico, histórico de la Isla de Cuba. Imprenta del Establecimiento de Méllado. p. 113, artículo 429. 
  3. a b Diccionario de términos cerámicos y de alfarería, Antonio Caro. Agrija Ediciones. Cádiz, 2008. ISBN 84-96191-07-9
  4. Fenómeno de cambio semántico por el cual se designa una cosa o idea con el nombre de otra; en este caso, del tipo todo-parte, o la parte por el todo.
  5. Uría Varela, Javier (1997). Tabú y eufemismo en latín. Hakkert. p. 303. ISBN 9789025606381. 
  6. Véase también Roman Jakobson y Kerbrat-Orecchioni, Catherine. La enunciación. De la subjetividad del lenguaje.
  7. El Diccionario de términos de arte de los profesores Fatás y Borrás, ISBN 84-206-3657-6, define el puteal como el muro bajo que rodea un lugar fulminado por el rayo, o en general cualquier lugar sagrado menor.
  8. Cuatro siglos de alfarería tinajera en Villarrobledo, María Dolores García Gómez. Instituto de Estudios Albacetenses. Diputación de Albacete, 1993; p. 179. ISBN 84-87136-43-5.
  9. Diccionario enciclopédico Abreviado Espasa-Calpe (tomo II) Madrid, 1957.
  10. Turismo en Sevilla y provincia (ed.): «Palacio de la Condesa de Lebrija». Consultado el 14 de abril de 2012.
  11. Benito Revuelta, Vidal: "El pozo árabe de Toledo", de G. A. Bécquer. Madrid: Sucesores de Rivadeneyra, 1971.
  12. Más tarde, volvería a editarse en el Álbum Béquer. Dibujos de Valeriano, comentarios de Gustavo Adolfo. Arte Hispánico. Madrid, 1925.
  13. Alejandra, la amante de Bécquer. Referencia en ABC de Toledo. Consultado 02.04.2012
  14. Así lo denunció Rodrigo Amador de los Ríos (vigilante del patrimonio arqueológico como su padre Amador de los Ríos), en el artículo Antigüedades salvadas, perdidas y en peligro, publicado en la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos (julio-agosto de 1915, números 7 y 8, pág. 3).
  15. Juan Facundo Riaño (1829-1901), fue un estudioso español, administrador y político. Nombrado asesor del Museo de South Kensington para la adquisición de obras de arte españolas en 1870, facilitó informes mensuales a las autoridades del Museo londinense desde 1871 hasta 1877, sobre los artículos en venta en Madrid y en otras ciudades españolas. Entre los muchos objetos 'recomendados' (moldes de yeso, fotografías, textiles, cerámica y vidrio), se encuentran algunas joyas de la capilla de Zaragoza, y un importante ataúd de marfil del siglo X, originalmente en Córdoba. Estudio y documentación de Eduardo Sánchez Butragueño y Pedro Liñán de Riaza. Referencia en ABC de Toledo. Consultado 02.04.2012
  16. Texto cortado en verso en la muestra virtual del Instituto Cervantes
  17. Para más brocales literarios, visitar Biblioteca Virtual Cervantes.

Enlaces externos[editar]