Bienaventurada Virgen María
| Bienaventurada Virgen María | |
|---|---|
Por Diego Velázquez |
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| Theotokos ("Madre de Dios") Bienaventurada Virgen María Santa María |
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| Nacimiento | tradicionalmente se usa el 8 de septiembre Israel |
| Fallecimiento | fecha desconocida; la tradición dice que fue asunta a los cielos un 15 de agosto (sin año, creencia dogmática.) Jerusalén, o Éfeso, según diversas tradiciones. |
| Venerado en | Iglesia Católica Romana Iglesia Ortodoxa Iglesia Copta, Iglesia Anglicana |
| Festividad |
1 de enero "Santa María, Madre de Dios" |
| Atributos | Variada. Anagrama con M y A. Azucena, Corona de doce estrellas, Luna, Espejo, Rosario, Rosa, vestidos blancos y azules, o azules y rojos, etc. |
| Patronazgo | de numeroso sitios, dependiendo de la advocación. |
La Bienaventurada Virgen María, o su abreviación de Bienaventurada Virgen, es el título tradicional específico usado por un gran número de cristianos (entre ellos los católicos, ortodoxos y otros) para nombrar a María la madre de Jesús. El título lleva con él no sólo la creencia en su virginidad sino un reconocimiento especial del papel de la figura de María en la iglesia católica y en la vida de todo católico. Dicho papel fue proclamado solemnemente en el capítulo VIII de la Constitución Dogmática Lumen Gentium del Concilio Vaticano II que explica la figura de María dentro de la Iglesia Católica.
Otros títulos más popular y piadoso es el de Santísima Virgen María, Santísima Virgen Madre de Dios o Nuestra Señora.
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Para los católicos, coptos y ortodoxos María es aquella mujer que tiene el privilegio de ser la madre de Jesús, por lo que se le da el título de Madre de Dios (Theotokos: ‘útero de Dios’), de este privilegio nacen las demás prerrogativas de su culto. La teología católica propone a María como modelo de obediencia (Lucas 1,38) en contraste con la desobediencia de Eva (Gn 3,6) idea que se encuentra desde los Padres de la Iglesia. Así mismo María fue redimida por Cristo en lo que se conoce como «redención preventiva», impidiendo que el pecado original la afecte.
En la teología católica, la mediación de María nace de la mediación única y principal de Jesucristo (1 Tim 2,5-6) de la cual depende; en ese sentido es una mediación secundaria pero especial por su singular papel en el plan de la salvación.
[editar] Maternidad divina
Para la Iglesia Católica, la Iglesia Copta, la Iglesia ortodoxa y otros credos, María es Madre de Dios en cuanto es verdadera madre de Jesús que es Dios. María no engendró al Verbo (segunda persona de la Trinidad) ya que, como Dios, es eterno, pero sí a Jesús que es el Verbo hecho hombre. El razonamiento que se sigue es común a todo ser: Una madre no engendra el alma sino sólo el cuerpo de su hijo pero aún con la unión de alma y cuerpo es llamada madre de él. Así María es llamada Madre de Dios ya que engendró el cuerpo de Cristo que está unido substancialmente a la segunda persona de la Trinidad.
Esta maternidad divina, dentro de la teología católica, es la base de todas las prerrogativas que tiene María, siendo la de más alta dignidad.
La divinidad de Jesucristo, según lo entiende la Iglesia Católica, se encuentra afirmada en los siguientes textos de la Biblia:
Y fue definida en el Concilio de Nicea, el cual declaró que Jesucristo es consustancial al Padre, es decir, verdadero Dios.
La doctrina de la maternidad divina se encuentra desde los inicios del cristianismo, por ejemplo San Ignacio de Antioquía a fines del siglo I en su epístola a los Efesios dice:
Pero también halló detractores desde esas épocas tempranas: el caso más claro es el de los gnósticos y el de Nestorio. Los primeros, al distinguir el alma y el cuerpo como contrarios, uno bueno y el otro malo, negaban que un Dios pueda hacerse hombre realmente. Sus doctrinas fueron combatidas por los primeros padres como Justino, Ireneo, Tertuliano.
El ataque más fuerte vino de parte de Nestorio, patriarca de Constantinopla, quien hacía de Jesús un simple alojamiento de la divinidad (Theophoron, ‘portador de dios’) y, por ende, predicando que María no podía ser llamada Madre de Dios a la cual llamaba Christotokos. Su mayor contrincante fue Cirilo de Alejandría quien defendió el título dado por los Padres de la Iglesia a María de Theotokos. Un sínodo en Roma en el año 430 condenó las enseñanzas de Nestorio. El Concilio de Éfeso en 431, luego de gran lucha por parte de los partidarios de Nestorio terminó condenando su doctrina y reafirmando oficialmente como dogma la doctrina de la maternidad divina, al mismo tiempo la personalidad única y divina de Jesucristo bajo las dos naturalezas humana y divina:
El Concilio de Calcedonia, en 451, siguió adelante en la profundización de la doctrina:
En el 553, el Segundo Concilio de Constantinopla tomó los doce anatemas contra Nestorio en fórmula dogmática. Estos dos dogmas de la doctrina católica van unidos en su concepción doctrinal: Cristo en sus dos naturalezas pero una sola persona y María como Madre de la persona de Jesús y por ende verdadera Madre de Dios.
[editar] Inmaculada Concepción
El dogma católico de la Inmaculada Concepción fue definido con las siguientes palabras:
María también necesitó de los méritos de la redención de Jesucristo pero que la preservaron del pecado original (es lo que en teología se conoce como redemptio praeservativa o praeredemptio) a diferencia de la redención que tiene el resto de los hombres que son liberados de un pecado original que ya existe en ellos (redemptio reparativa).
Aunque como dogma fue proclamado el 8 de diciembre de 1854 por el papa Pío IX en la bula Ineffabilis Deus arriba citada, la doctrina de la Inmaculada tuvo un desarrollo histórico: la idea ya estaba insinuada en los Padres de la Iglesia como San Efrén y aunque en el oriente ya existía la fiesta de la Concepción de Santa Ana desde el siglo VII es Eadmer, discípulo de San Anselmo de Canterbury, el primero en escribir una obra defendiendo la concepción inmaculada. En el siglo XII surge la controversia ya que no se lograba armonizar la doctrina de la universalidad del pecado original y la necesidad de la redención con la idea de una concepción inmaculada. La discusión tomó dos posturas representadas por los dominicos y los franciscanos, ésta última en defensa de la doctrina con Guillermo de Ware y Juan Duns Scoto como representantes, de éste último es famosa su frase que sirvió como prueba especulativa: «Potuit, decuit, ergo fecit» (‘pudo, quiso, lo hizo’). Después del medievo se hallan diversos rastros de declaraciones oficiales que no negaban la doctrina, como la condena de Bayo por el Papa San Pío V en 1567, Bayo afirmaba que nadie, sólo Cristo, había sido librado del pecado original, y que la muerte y dolores de María eran castigos de pecados actuales o del pecado original. La doctrina llega a su definición dogmática en 1854.
[editar] Perpetua Virginidad
El dogma católico de la Perpetua Virginidad de María señala que María fue virgen antes, durante y después del parto. El mismo, además de las citas del Segundo Concilio de Constantinopla referidas más arriba -en la sección referida a la maternidad divina- en las cuales se llama a María "siempre virgen", fue declarado con estas palabras:
La palabra Aeiparthenos señala tanto el aspecto físico de la virginidad como lo moral al no pecar nunca contra la castidad o la pureza. Los padres de la Iglesia como San Ignacio de Antioquía y San Justino resaltan tanto la concepción maravillosa de Jesucristo como la virginidad de su madre. La virginidad fue negada por, entre otros, judaizantes que por odio a la figura de Cristo decían que era nacido en adulterio. La virginidad en la concepción de Jesús nunca fue negada entre la comunidad cristiana, mientras que la virginidad durante el parto fue negada por Tertuliano y muchos años después por Joviniano quien junto a otros seguidores fue condenado por el Papa Siricio. Los protestantes siempre aceptaron la concepción virginal y en un inicio incluso algunos afirmaron la perpetua virginidad, pero con el tiempo fueron negando todo vestigio del credo católico respecto a María.
Existe una controversia relacionada con este dogma a propósito de que en los Evangelios se habla de "hermanos de Jesús". (Debe tenerse en cuenta que entre los antiguos hebreos no existía la palabra "primo"; se denominaba ‘hermanos’ a quienes provenían de un mismo clan. –Según 1ª Cró 15:6, Asaía tenía doscientos veinte hermanos-).
[editar] La Perpetua Virginidad en los Padres de la Iglesia
Ignacio de Antioquía fue segundo obispo de dicho lugar durante el reinado de Trajano (98-117) compuso siete epístolas dirigidas a Efeso, Magnesia, Tralia, Filadelfia y Esmirna , la más importante de todas en relación a este tema, es la que envió a la comunidad Cristiana de Roma antes de morir , 74 años después de la muerte de Jesucristo(107 d.C).[1]
Origenes Adamantius uno de los tres pilares de la teología cristiana expresó lo siguiente en el año 232 d.C.[3]
Efren el Sirio(306-373 d.C) ordenado como diacono y habiendo rechazado el sacerdocio y al episcopado por su carácter humilde declaro lo siguiente:
[editar] Asunción de María
El dogma católico de la Asunción de María, definido como tal en 1950, señala que María, en toda su persona: cuerpo y alma (sin ser dualista) y en toda su integridad goza de la glorificacion a la cual están llamados todos los seres humanos porque la forma dogmática no incluye el término "privilegio". María es modelo y paradigma de esperanza en la vida después de la vida.
Este dogma no encuentra relatos bíblicos que lo sustenten, sino que se basa en la tradición. Entre los Padres de la Iglesia, los primeros en referirse a la asunción son san Efrén y san Epifanio. A partir del siglo V se componen numerosos relatos apócrifos denominados Transitus Mariae u Obsequia Virginis, que narran la muerte de María y su posterior resurrección o asunción (según la tradición que sigan). A partir del siglo VI se celebra tanto en Oriente como en Occidente una fiesta mariana el 15 de agosto que bajo diversos nombres (Dormitio, Assumptio, Transitus, Pausatio, Dies natalis) celebra la muerte de María o su asunción. Del siglo VII al siglo X, los autores eclesiásticos se dividen. Unos aceptan la asunción de María; otros la muerte normal de María que espera la resurrección o consideran que no se sabe cuál fue el destino final de la Virgen. A partir del siglo X se asume la convicción piadosa de que María fue asunta al cielo tanto en Oriente como en Occidente. El hecho de que en el ámbito protestante se negara la asunción de María muestra que era considerada una doctrina cierta, a pesar de no haber sido definida dogmáticamente. La primera petición a Roma pidiendo la definición fue presentada por Cesáreo Shguanin en el siglo XVIII. A esta siguieron otras muchas, entre ellas la de Isabel II de España. En 1946, Pío XII envió la encíclica Deiparae Virginis a todos los obispos católicos, consultando si deseaban y veían posible esta definición. Dada la respuesta afirmativa mayoritaria definió el dogma el 1 de noviembre de 1950 en la Constitución Apostólica Munificentissimus Deus, citada más arriba. Al hacerlo, evitó pronunciarse sobre la cuestión de si la Virgen murió y fue inmediatamente resucitada, o si fue asunta al cielo sin pasar por la muerte, eligiendo cuidadosamente las palabras "terminado el curso de su vida terrena".
[editar] Algunas citas de los Santos sobre ella
Ved si lo que digo no es verdad. Cuando el Señor pasaba, seguido por la muchedumbre y haciendo milagros, una mujer se puso a decir: "¡Feliz y bienaventurado, el pecho qué te llevó!" ¿ Y qué le replicó el Señor, para evitar que se coloque la felicidad en la carne? "¡ Feliz más bien aquellos qué escuchan la palabra de Dios y la cumplen!". Pues, María es bienaventurada también porque oyó la palabra de Dios y la cumplió: su alma guardó la verdad más, que su pecho guardó la carne. La Verdad, es Cristo; la carne, es Cristo. La verdad, es Cristo en el corazón de María; la carne, es Cristo en el seno de María. Lo que está en el alma es más que lo que está en el seno. ¡Santa María, bienaventurada María!...
Pero vosotros, queridísimos, mirad: vosotros sois miembros Cristo, y sois el cuerpo del Cristo (1Co 12,27)... « El que escucha y hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, mi hermana, mi madre"... Porque sólo hay una herencia. Y es por eso que Cristo, aunque era el Hijo único, no quiso ser único; en su misericordia, quiso que fuéramos herederos del Padre, que fuéramos herederos con Él (Rm 8,17).Oíste, Virgen, que concebirás y darás a luz a un hijo; oíste que no será por obra de varón, sino por obra del Espíritu Santo. Mira que el Ángel aguarda tu respuesta, porque ya es tiempo que se vuelva al Señor que lo envió. También nosotros, los condenados infelizmente a muerte por la divina sentencia, esperamos, Señora, esta palabra de misericordia.
Se pone entre tus manos el precio de nuestra salvación; en seguida seremos librados si consientes. Por la Palabra eterna de Dios fuimos todos creados, y a pesar de eso morimos; mas por tu breve respuesta seremos ahora restablecidos para ser llamados de nuevo a la vida.
Esto te suplica, oh piadosa Virgen, el triste Adán, desterrado del paraíso con toda su miserable posteridad. Esto Abrahán, esto David, con todos los santos antecesores tuyos, que están detenidos en la región de la sombra de la muerte; esto mismo te pide el mundo todo, postrado a tus pies.
Y no sin motivo aguarda con ansia tu respuesta, porque de tu palabra depende el consuelo de los miserables, la redención de los cautivos, la libertad de los condenados, la salvación, finalmente, de todos los hijos de Adán, de todo tu linaje.
Da pronto tu respuesta. Responde presto al Ángel, o, por mejor decir, al Señor por medio del Ángel; responde una palabra y recibe al que es la Palabra; pronuncia tu palabra y concibe la divina; emite una palabra fugaz y acoge en tu seno a la Palabra eterna.
¿Por qué tardas? ¿Qué recelas? Cree, di que sí y recibe. Que tu humildad se revista de audacia, y tu modestia de confianza. De ningún modo conviene que tu sencillez virginal se olvide aquí de la prudencia. En este asunto no temas, Virgen prudente, la presunción; porque, aunque es buena la modestia en el silencio, más necesaria es ahora la piedad en las palabras.
Abre, Virgen dichosa, el corazón a la fe, los labios al consentimiento, las castas entrañas al Criador. Mira que el deseado de todas las gentes está llamando a tu puerta. Si te demoras en abrirle, pasará adelante, y después volverás con dolor a buscar al amado de tu alma. Levántate, corre, abre. Levántate por la fe, corre por la devoción, abre por el consentimiento.
Aquí está —dice la Virgen— la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.Dígnate alcanzarme de tu amable Hijo y Señor nuestro Jesucristo, gracias para resistir con vigor a las tentaciones del mundo, demonio y carne, y mantener el firme propósito de nunca más pecar, y de perseverar constante en tu servicio y en el de tu Hijo.
También te ruego, oh Santísima Señora mía, que me alcances verdadera obediencia y verdadera humildad de corazón, para que me reconozca sinceramente por miserable y frágil pecador, impotente no sólo para practicar una obra buena, sino aun para rechazar los continuos ataques del enemigo, sin la gracia y auxilio de mi Creador y sin el socorro de tus santas preces.
Consígueme también, oh dulcísima Señora mía, castidad perpetua de alma y cuerpo, para que con puro corazón y cuerpo casto, pueda servirte a ti y a tu Hijo en tu Religión.
Concédeme pobreza voluntaria, unida a la paciencia y tranquilidad de espíritu para sobrellevar los trabajos de mi Religión y ocuparme en la salvación propia y de mis prójimos.
Alcánzame, oh dulcísima Señora, caridad verdadera con la cual ame de todo corazón a tu Hijo Sacratísimo y Señor nuestro Jesucristo, y después de él a ti sobre todas las cosas, y al prójimo en Dios y para Dios: para que así me alegre con su bien y me contriste con su mal, a ninguno desprecie ni juzgue temerariamente, ni me anteponga a nadie en mi estima propia.
Haz, oh Reina del cielo, que junte en mi corazón el temor y el amor de tu Hijo dulcísimo, que le dé continuas gracias por los grandes beneficios que me ha concedido no por mis méritos, sino movido por su propia voluntad, y que haga pura y sincera confesión y verdadera penitencia por mis pecados, hasta alcanzar perdón y misericordia.
Finalmente te ruego que en el último momento de mi vida, tú, única madre mía, puerta del cielo y abogada de los pecadores, no consientas que yo, indigno siervo tuyo, me desvíe de la santa fe católica, antes usando de tu gran piedad y misericordia me socorras y me defiendas de los malos espíritus, para que, lleno de esperanza en la bendita y gloriosa pasión de tu Hijo y en el valimiento de tu intercesión, consiga de él por tu medio el perdón de mis pecados, y al morir en tu amor y en el amor de tu Hijo, me encamines por el sendero de la salvación y salud eterna. Amén.Confieso, con toda la Iglesia, que siendo María una simple criatura salida de las manos del Altísimo, comparada con tan infinita Majestad, es menos que un átomo, o, mejor, es nada, porque sólo El es EL QUE ES. Por consiguiente, este gran señor siempre independiente y suficiente a Sí mismo, no tiene ni ha tenido absoluta necesidad de la Santísima Virgen para realizar su voluntad y manifestar su gloria. Le basta querer para hacerlo todo. Afirmo, sin embargo, que dadas las cosas como son, habiendo querido Dios comenzar y acabar sus mayores obras por medio de la Santísima Virgen desde que la formó, es de creer que no cambiará jamás de proceder: es Dios y no cambia ni en sus sentimientos ni en su manera de obrar.
La Iglesia, con el Espíritu Santo, bendice primero a la Santísima Virgen y después a Jesucristo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre, Jesús». Y esto, no porque la Virgen María sea mayor que Jesucristo o igual a El lo cual sería intolerable herejía sino porque para bendecir más perfectamente a Jesucristo hay que bendecir primero a María. Digamos, pues, con todos los verdaderos devotos de la Santísima Virgen y contra sus falsos devotos escrupulosos. «María, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús».No sólo María santísima es reina del cielo y de los santos, sino que también ella tiene imperio sobre el infierno y los demonios por haberlos derrotado valientemente con su poder. Ya desde el principio de la Humanidad, Dios predijo a la serpiente infernal la victoria y el dominio que había de ejercer sobre él nuestra reina al anunciar que vendría al mundo una mujer que lo vencería: “Pondré enemistades entre ti y la mujer... Ella quebrantará tu cabeza” (Gn 3, 15). ¿Y quién fue esta mujer su enemiga sino María, que con su preciosa humildad y vida santísima siempre venció y abatió su poder? “En aquella mujer fue prometida la Madre de nuestro Señor Jesucristo”, dice san Cipriano. Y por eso argumenta que Dios no dijo “pongo”, sino “pondré”, para que no se pensara que se refería a Eva. Dice pondré enemistad entre ti y la mujer para demostrar que esta triunfadora de Satán no era la Eva allí presente, sino que debía de ser otra mujer hija suya que había de proporcionar a nuestros primeros padres mayor bien, dice san Vicente Ferrer, que aquellos de que nos habían privado al cometer el pecado original. María es, pues, esa mujer grandiosa y fuerte que ha vencido al demonio y le ha aplastado la cabeza abatiendo su soberbia, como lo dijo Dios: “Ella quebrantará tu cabeza”. Cuestionan algunos si estas palabras se refieren a María o a Jesucristo, porque los Setenta traducen: “Él quebrantará tu cabeza...”
Pero en cualquier caso, sea el Hijo por medio de la Madre o la Madre por virtud del Hijo, han desbaratado a Lucifer y, con gran despecho suyo, ha quedado aplastado y abatido por esta Virgen bendita, como dice san Bernardo. Por lo cual vencido en la batalla, como esclavo, se ve forzado a obedecer las órdenes de esta reina. “Bajo los pies de María, aplastado y triturado, sufre absoluta servidumbre”. Dice san Bruno que Eva, al dejarse vencer de la serpiente nos acarreó tinieblas y muerte; pero la santísima Virgen, venciendo al demonio nos trajo la luz y la vida. Y lo amarró de modo que el enemigo no puede ni moverse ni hacer el menor mal a sus devotos.[editar] Oraciones marianas
Entre las más populares de las oraciones a María se encuentran:
- El Ave María.
- El Rosario, donde se meditan los principales misterios cristianos.
- Las tres avemarías dedicadas a María en su relación con la Trinidad: El poder que le concedió el Padre, la sabiduría que le concedió el Hijo y el amor que le concedió el Espíritu Santo (Véase el artículo Matilde de Hackeborn)
- La Salve o Salve Regina.
- El Angelus que se reza cotidianamente al mediodía.
- El Regina Coeli que sustituye al Angelus en el tiempo litúrgico de la Pascua católica.
- El Acordaos, oración Mariana atribuida a San Bernardo de Claraval, conocida por su primera palabra, "Acordaos" (en latín "Memorare").
- Las Letanías lauretanas, letanías dedicadas a la virgen María.
- El Magnificat, cántico de María aparecido en el Nuevo Testamento.
[editar] Apariciones marianas
El papel importante de María en la fe y práctica dentro del catolicismo se expresa en los templos dedicados a ella, algunas veces estos templos son llamados Santuarios que sirven de señal de una manifestación especial de María, un milagro o una aparición. Un ejemplo típico es el famoso santuario de la Virgen de Lourdes en Francia, la Virgen de Guadalupe en México o el de Nuestra Senõra de Fátima en Portugal.
[editar] Capítulo sobre María en el Qur'an (Corán)
En el Nombre de Dios, el Más Misericordioso, el Dispensador de Gracia:
(1) Kaf. Ha. Ia. Aain. Sad.
(2) Un recordatorio de la gracia que tu Sustentador concedió a Su siervo Zacarías:
(3) Cuando invocó a su Sustentador en la intimidad de su corazón, (4) diciendo: "¡Oh Sustentador mío! Mis huesos se han debilitado y mi cabello ha encanecido. Pero mis oraciones a Ti, Oh Sustentador mío, nunca han quedado sin respuesta.
(5) "Temo, en verdad, por [lo que será de] mis parientes cuando yo no esté, pues mi mujer siempre ha sido estéril. ¡Concédeme, pues, de Tu gracia, el regalo de un sucesor (6) que sea mi heredero y también heredero de la Casa de Jacob; y haz que sea, Oh Sustentador mío, grato a Ti!"
(7) [Entonces le llamaron los ángeles:] "¡Oh Zacarías! Te traemos la buena nueva [del nacimiento de un hijo cuyo nombre será Juan. [Y Dios dice,] ‘No hemos dado este nombre a nadie antes que a él.’"
(8) [Zacarías] exclamó: "¡Oh Sustentador mío! ¿Cómo podré tener un hijo si mi mujer siempre ha sido estéril y yo he llegado ya a la vejez extrema?"
(9) [El ángel] respondió: "Así ha de ser; [pues] tu Sustentador dice; ‘Eso es fácil para Mí --tal como antes te creé de la nada.’"
(10) [Zacarías] oró: "¡Oh Sustentador mío! ¡Dame un signo!"
[El ángel] dijo: "Tu signo será que no hablarás a la gente durante tres [días y] noches completos."
(11) Entonces, saliendo del santuario, se presentó ante su gente y les significó [por señas]: "¡Alabad Su infinita gloria, de día y de noche!"
(12) [Y cuando el hijo hubo nacido y creció, le fue dicho:] "¡Oh Juan! Aférrate a la escritura divina con [toda tu] fuerza!" --pues le dimos sabiduría siendo un muchacho, (13) y también, por Nuestra gracia, [el don de la] compasión y pureza; y fue [siempre] consciente de Nosotros (14) y bondadoso con sus padres; y nunca fue arrogante ni rebelde.
(15) Y la paz [de Dios] fue con él el día en que nació, y el día de su muerte, y [será con él] el día en que sea devuelto [de nuevo] a la vida.
(16) Y recuerda, por medio de esta escritura divina, a María. He ahí que se retiró de su familia a un lugar en el este (17) y se recluyó apartada de ellos, y entonces le enviamos a Nuestro ángel de la revelación, que se apareció a ella en la forma perfecta de un ser humano.
(18) Ella exclamó: "¡En verdad, me refugio de ti en el Más Misericordioso! ¡[No te acerques a mí] si eres consciente de Él!"
(19) [El ángel] respondió: "Soy sólo un emisario de tu Sustentador, [quien dice,] ‘Te concederé el regalo de un hijo puro.’"
(20) Ella dijo: "¿Cómo voy a tener un hijo si ningún hombre me ha tocado? --pues, no he sido una mujer licenciosa."
(21) [El ángel] dijo: "Así ha de ser; [pues] tu Sustentador dice, ‘Eso es fácil para Mí; y [tendrás un hijo,] para que hagamos de él un signo para la humanidad y una gracia venida de Nosotros.’"
Y era un asunto ya decretado [por Dios]: (22) y lo concibió, y luego se retiró con él a un lugar lejano.
(23) Y [cuando] los dolores del parto la llevaron al tronco de una palmera, exclamó: "¡Ojalá hubiera muerto antes de esto, y hubiera desaparecido por completo en el olvido!"
(24) Entonces [una voz] la llamó desde el pie [de la palmera]: "¡No te aflijas! Tu Sustentador ha puesto a tus pies un arroyo; (25) sacude hacia ti el tronco de la palmera: caerán sobre ti dátiles maduros. (26) ¡Come, pues, y bebe, y que se alegren tus ojos! Y si ves a algún ser humano, hazle saber: ‘He hecho voto de silencio al Más Misericordioso y no puedo, por ello, hablar hoy con nadie.’"
(27) Después regresó a su familia, llevando consigo al niño.
Dijeron: ¡Oh María! ¡En verdad, has hecho algo inaudito! (28) ¡Oh hermana de Aarón! ¡Tu padre no fue un hombre malvado, ni fue tu madre una mujer licenciosa!"
(29) Entonces ella señaló hacia él.
Dijeron: "¿Cómo vamos a hablar con quien es [todavía] un niño en la cuna?"
[El niño] dijo: "En verdad, soy un siervo de Dios. Él me ha entregado la revelación y ha hecho de mí un profeta, y me ha hecho bendito dondequiera que esté; y me ha prescrito la oración y la limosna mientras viva, (32) y que sea bondadoso con mi madre; y no me ha hecho arrogante ni falto de compasión.
(33) "¡Y la paz fue conmigo el día en que nací, y [será conmigo] el día en que muera, y el día en que sea devuelto [de nuevo] a la vida!"
(34) Así fue, en palabras veraces, Jesús, hijo de María, sobre cuya naturaleza discrepan tan profundamente.
(35) Es inconcebible que Dios tome para Sí un hijo: ¡infinito es Él en Su gloria! ¡Cuando dispone algo, le dice tan sólo: "Sé" --y es!
(36) Y [así fue que Jesús dijo siempre]: "En verdad, Dios es mi Sustentador y también vuestro Sustentador; adoradle [pues, sólo]a Él: [sólo] este es un camino recto."
(37) ¡Y aun así, las sectas [que siguen la Biblia] discrepan entre sí [sobre la naturaleza de Jesús]!
Pero, ¡ay de aquellos que niegan la verdad cuando llegue ese Día terrible! (38) ¡Qué bien oirán y verán [la verdad] el Día que vengan a Nosotros!
Pero hoy esos malhechores están claramente hundidos en el error: (39) así pues, adviérteles [de la venida] del Día de la Lamentación, cuando todo habrá sido decidido --pues ahora viven despreocupados, y no creen [en él].
(40) Ciertamente, sólo Nosotros permaneceremos una vez que la tierra y todos los que viven en ella hayan desaparecido, y [cuando] todos hayan sido devueltos a Nosotros.
(41) Y recuerda, por medio de esta escritura divina, a Abraham. Ciertamente, fue un hombre veraz y [era ya] profeta (42) cuando habló [así] a su padre: "¡Oh padre mío! ¿Por qué adoras a algo que no oye, ni ve, ni te sirve de nada?
(43) "¡Oh padre mío! Ciertamente, me ha llegado en verdad [un rayo] de conocimiento como no te ha llegado a ti: sígueme, pues, y yo te guiaré a un camino perfecto.
(44) "¡Oh padre mío! No adores a Satán --pues, en verdad, Satán está en rebeldía contra el Más Misericordioso! (45) ¡Oh padre mío! ¡Temo, en verdad, que caiga sobre ti un castigo del Más Misericordioso, y entonces te harás [consciente de haber sido] prójimo de Satán!"
(46) Respondió: "¿Acaso te disgustan mis dioses, Oh Abraham? ¡Ciertamente, si no desistes, haré que seas lapidado! ¡Aléjate de mí para siempre!"
(47) [Abraham] respondió: "¡La paz sea contigo! Pediré a mi Sustentador perdón por ti: pues, ciertamente, Él siempre ha sido benigno conmigo. (48) Pero me apartaré de todos vosotros y de lo que invocáis en vez de Dios, e invocaré [sólo] a mi Sustentador: pudiera ser que mi oración [por ti] a mi Sustentador no quede sin contestar."
(49) Y cuando se hubo apartado de ellos y de todo lo que adoraban en vez de Dios, le concedimos a Isaac y a Jacob, e hicimos de ambos profetas; (50) y les concedimos [numerosos] regalos de Nuestra gracia, y les dimos un magnífico poder para transmitir la verdad [a otros].
(51) Y recuerda, por medio de esta escritura divina, a Moisés. Ciertamente, fue un elegido, y fue un enviado [de Dios], un profeta.
(52) Y [recuerda cómo] le llamamos desde la ladera derecha del monte Sinaí y le atrajimos [a Nosotros] en comunión mística, (53) y [cómo], por Nuestra gracia, le concedimos [como auxiliar] a su hermano Aarón, [también] profeta.
(54) Y recuerda, por medio de esta escritura divina, a Ismael. Ciertamente, fue fiel a su promesa y fue un enviado [de Dios], un profeta, (55) que ordenó a su gente la oración y la limosna, y fue grato a los ojos de su Sustentador.
(56) Y recuerda, por medio de esta escritura divina, a Idrís. Ciertamente, fue un hombre veraz, un profeta, (57) a quien ensalzamos a una posición eminente.
(58) Estos fueron algunos de los profetas a los que Dios concedió Sus bendiciones --[profetas] descendientes de Adán y de los que transportamos con Noé [en el arca], y descendientes de Abraham y de Israel: y [todos eran] de aquellos a los que habíamos guiado y escogido; [y] cuando les eran transmitidos los mensajes del Más Misericordioso, caían [ante Él] postrados llorando.
(59) Pero fueron sucedidos por generaciones [de gentes] que abandonaron la oración y siguieron [únicamente] sus pasiones; y estos se encontrarán, llegado el momento, con una desilusión total.
(60) Exceptuando, sin embargo, a aquellos que se arrepientan, lleguen a creer y hagan buenas obras: pues esos entrarán en el paraíso y no serán tratados injustamente en nada: (61) [tendrán] jardines de felicidad perpetua que el Más Misericordioso ha prometido a Sus siervos, en un ámbito que está fuera del alcance de la percepción humana: [y] ¡ciertamente, Su promesa es de seguro cumplimiento!
(62) No oirán allí conversaciones vanas --sólo [nuevas de] de paz y firmeza interiores; y tendrán allí su sustento de día y de noche: (63) ese es el paraíso que damos por herencia a aquellos siervos Nuestros que son conscientes de Dios.
(64) Y [los ángeles dicen]: "No descendemos [con la revelación], una y otra vez, sino por mandato de tu Sustentador: Suyo es cuanto está expuesto ante nosotros y cuanto nos está oculto y cuanto hay entre ambos. Y tu Sustentador no olvida [nada] --(65) ¡el Sustentador de los cielos y la tierra, y de cuanto hay entre ambos! ¡Adórale, pues, sólo a Él, y manténte firme en Su adoración! ¿Conoces algo cuyo nombre sea digno de mencionarse junto al Suyo?"
(66) A pesar de todo, el hombre dice [a menudo]: "¿Es que una vez que esté muerto, voy a ser resucitado?"
(67) Pero, ¿no se da cuenta el hombre que ya una vez le creamos de la nada?
(68) Pues, por tu Sustentador, que hemos de reunirles [en el Día del Juicio, a ellos] y a las fuerzas satánicas [que les impulsaron en vida], y luego, ciertamente, les haremos comparecer, de rodillas, alrededor del infierno; (69) y entonces extraeremos de cada grupo [de pecadores] a aquellos que más se obstinaron en su rebeldía contra el Más Misericordioso: (70) pues, en verdad, Nosotros sabemos bien quienes de ellos son más merecedores del fuego del infierno.
(71) Y de vosotros ninguno dejará de aproximarse a él: esto es, para tu Sustentador, algo decretado, irrevocable.
(72) Y una vez más: salvaremos [del infierno] a aquellos que han sido conscientes de Dios; pero dejaremos en él, de rodillas, a los malhechores.
(73) Pues ahora, cada vez que les son transmitidos Nuestros mensajes con total claridad, quienes se empeñan en negar la verdad dicen a los que han llegado a creer: "¿Cual de los dos tipos de hombre está en mejor posición y es superior como comunidad?"
(74) Pero, ¡cuantas generaciones anteriores a ellos hemos destruido --[gentes] que les superaban en poder material y en despliegue de medios!
(75) Di: "¡Qué el Más Misericordioso prolongue la vida de quien vive en el extravío!" [Y que sigan diciendo lo que dicen] hasta que cuando vean esa [fatalidad] de la que habían sido advertidos --ya sea el castigo [en esta vida] o [con la llegada de] la Última Hora-- : ¡pues entonces comprenderán cual [de los dos tipos de hombre] estaba en peor situación y era más débil en recursos!
(76) Y Dios dota a aquellos que se benefician de [Su] guía de una consciencia cada vez más profunda del camino recto; y las buenas obras, cuyo fruto perdura siempre, tienen, a los ojos de tu Sustentador, mucho mayor mérito [que cualquier bien terrenal], y dan beneficios mucho mayores.
(77) ¿Has considerado alguna vez a ese [tipo de hombre] que se empeña en negar la verdad de Nuestros mensajes y dice: "Sin duda me serán dados riqueza e hijos"?
(78) ¿Es que ha alcanzado, quizá, un nivel que está fuera del alcance de la percepción de los seres creados?--o ¿es que ha hecho un pacto con el Más Misericordioso?
(79) ¡Qué va! Tomaremos nota de lo que dice, y prolongaremos la duración de su castigo [en el más allá], (80) y le despojaremos de todo lo que [ahora] dice: pues [en el Día del Juicio] comparecerá ante Nosotros solo.
(81) Porque esos [tales] han dado en adorar deidades aparte de Dios, en la esperanza de que fueran para ellos una [fuente de] fortaleza. (82) Pero, ¡qué va! ¡[En el Día del Juicio] esos [mismos objetos de adoración] se desentenderán del culto que les fue dado, y se volverán en contra de esos [que les han adorado]!
(83) ¿No ves que hemos lanzado toda [clase de] fuerzas satánicas contra aquellos que niegan la verdad --[fuerzas] que les empujan [al pecado] con gran ímpetu?
(84) Así pues, no te apresures [a invocar el castigo de Dios] contra ellos: pues sólo estamos contando sus días.
(85) El Día en que reunamos ante el Más Misericordioso a los que son conscientes de Dios, como invitados de honor, (86) y conduzcamos al infierno a los que estaban hundidos en el pecado como un rebaño sediento es conducido el abrevadero --(87) [en ese Día] nadie obtendrá [el beneficio de la] intercesión a menos que haya hecho [en vida] una alianza con el Más Misericordioso.
(88) Pero ahora, algunos afirman: "¡El Más Misericordioso ha tomado para Sí un hijo!"
(89) ¡Ciertamente, [al decir eso] habéis proferido algo monstruoso, (90) ante lo cual están a punto de rasgarse en pedazos los cielos, de henderse la tierra, y de derrumbarse las montañas! (91) De que los hombres atribuyan un hijo al Más Misericordioso, (92) cuando es inconcebible que el Más Misericordioso tome para Sí un hijo!
(93) No hay nadie en los cielos ni en la tierra que no comparezca ante el Más Misericordioso sino como siervo: (94) en verdad, Él tiene pleno conocimiento de ellos, y los ha contado en su número [exacto]; (95) y todos comparecerán ante Él en el Día de la Resurrección, individualmente.
(96) En verdad, a quienes llegan a creer y hacen buenas obras el Más Misericordioso les dará amor: (97) y con este único fin hemos hecho esta [escritura divina] fácil de entender, en tu propia lengua, [Oh Profeta,] para que transmitas por medio de ella la buena nueva a los conscientes de Dios, y adviertas a aquellos que son dados a disputar [vanamente]: (98) pues, cuantas generaciones anteriores a ellos hemos destruido --[y], ¿puedes percibir [ahora] a alguno de ellos, u oír un susurro suyo?
[editar] Otros versículos sobre la Virgen María en el Qur'an
- Sura 4:
(155) Y [les castigamos] por violar su compromiso, por negarse a aceptar los mensajes de Dios, por matar a los profetas contra todo derecho y por alardear diciendo: "Nuestros corazones están ya rebosantes de conocimiento" ‑-¡No!, sino que Dios ha sellado sus corazones por haber negado la verdad, y [ahora] creen sólo en unas pocas cosas-‑; (156) y por negarse a aceptar la verdad y por la enorme calumnia que profieren contra María, (157) y por alardear diciendo: "¡Ciertamente, hemos matado al Ungido Jesús, hijo de María, [que decía ser] el enviado de Dios!"
Sin embargo, no le mataron ni le crucificaron, sino que les pareció [que había ocurrido] así; y, en verdad, quienes discrepan acerca de esto están ciertamente confusos, carecen de [verdadero] conocimiento de ello y siguen meras conjeturas. Pues, con toda certeza, no le mataron: (158) sino al contrario, Dios lo exaltó hacia Sí --y Dios es en verdad poderoso, sabio. (159) Sin embargo, ninguno de los seguidores de anteriores revelaciones dejará de comprender, en el momento de su muerte, la verdad acerca de Jesús; y el Día de la Resurrección, él dará testimonio de la verdad en contra de ellos.
(171) ¡Oh seguidores del Evangelio! No excedáis los límites [de la verdad] en vuestras creencias religiosas, y no digáis acerca de Dios sino la verdad. El Ungido Jesús, hijo de María, fue sólo un enviado de Dios ‑-[el cumplimiento de] Su promesa, que Él había hecho llegar a María-‑ y un espíritu creado por Él. Creed, pues, en Dios y en Sus enviados, y no digáis: "[Dios es] una trinidad". Desistid [de esa afirmación] por vuestro propio bien. Dios es sólo un Dios Único; muy distante está, en Su gloria, de tener un hijo: Suyo es todo cuanto hay en los cielos y todo cuanto hay en la tierra; y nadie es tan digno de confianza como Dios.
- Sura 21:
(91) Y [recuerda a] la que guardó su castidad, y luego insuflamos en ella [algo] de Nuestro espíritu e hicimos de ella, y de su hijo un símbolo [de Nuestra gracia] para toda la humanidad.
[editar] Véase también
[editar] Enlaces externos
Wikiquote alberga frases célebres de o sobre Virgen María. Wikiquote- Lumen Gentium
- Virgen María en la Enciclopedia Católica
- Legión de María
- Bienaventurada Virgen Maria
- Capítulo del Qur'an
- Escuela de Mariología
- Carta Encíclica Redemptoris Mater del Siervo de Dios Juan Pablo II
- Regnum Mariae
[editar] Referencias
- ↑ El cristianismo primitivo en la sociedad romana Escrito por Ramón Teja
- ↑ Ignacio de Antioquía, Ephes. 19,1: PG 5,660A, SC 10,88Nuevo Testamento Escrito por Manuel Iglesias González
- ↑ Les fins dernières selon Origène Escrito por Henri Crouzel
- ↑ Orígenes, In Mt. comm 10,17: GCS 10,21
- ↑ San Efrén, Diatessaron, 2,6: SC 121,69-70; cf. ID., Himni de Nativitate, 19,6-9: CSCO 187,59 María: un itinerario dogmático Escrito por Dominique Cerbelaud
[editar] Bibliografía
- Royo Marín, Antonio: La Virgen María, teología y espiritualidad marianas. B. A. C., 1968.
- Bojorge, Horacio S. J.: La figura de María a través de los evangelistas. Buenos Aires: Ediciones Paulinas (segunda edición), 1982.
- Bojorge, Horacio S. J.: La Virgen María en los Evangelios. Pamplona: Gratisdate, s/f.
- Carol, J. B.: Mariología. B. A. C., 1964.
- Larrañaga, Ignacio: El silencio de María.
- San Luis María Grignon de Monfort: Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen.