Batalla de Siffin

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Batalla de Siffin
Primera Fitna
ReenactorKharjites.jpg
Jariyíes
Fecha 26 de julio al 28 de julio de 657
Lugar Siria
Coordenadas 35°57′00″N 39°01′00″E / 35.95, 39.0167Coordenadas: 35°57′00″N 39°01′00″E / 35.95, 39.0167
Resultado Indefinido
Beligerantes
Muawiya
Amr ibn al-As
Alí ibn Abi Talib
Califato Ortodoxo
Comandantes
Amr ibn al-As Malik al-Ashtar
Fuerzas en combate
120.000 hombres 90.000 hombres
Bajas
45.000 25.000

La batalla de Siffin fue la que enfrentó a los partidarios del cuarto califa del Islam, Ali ibn Abi Talib con los del gobernador de Siria Muawiya ibn Abi Sufyan, y a consecuencia de la cual los musulmanes quedaron divididos en tres grupos: sunníes, chiíes y jariyíes. La batalla tuvo lugar en Siffin, en el Éufrates medio (actualmente Siria) en el año 657, en el marco de lo que en árabe se llama Al-Fitna Al-Kubra o «gran guerra civil».

Antecedentes[editar]

El año anterior había sido asesinado el califa precedente, Uthman ibn Affan. El vacío de poder fue aprovechado por los alíes o partidarios de Ali ibn Abi Talib para nombrarle califa. Ali era primo y yerno de Mahoma y desde la muerte de éste había reclamado su derecho a sucederle, organizando en torno a sí una facción, llamada en árabe shi`at `ali, «partido o facción de Ali» (de donde viene el término shi`i o «chií»).

La elección de Ali fue contestada por varios grupos y se opuso a ella con especial fuerza Muawiya ibn Abi Sufyan, gobernador de Siria y miembro del clan de los omeyas como el califa asesinado. Muawiya acusó a Ali de complicidad en la muerte de su predecesor por haberse negado a castigar a los autores del crimen, y reclamó que su sangre fuera vengada, de acuerdo con la costumbre árabe. Por el lado contrario se insistía en la supuesta impiedad de Uthman, lo que justificaría el proceder de los asesinos. Bajo estas consideraciones formales latía también un conflicto territorial, pues estaba en juego la preeminencia de Siria o de Irak (bastión de los alíes) en la dirección del Estado islámico.

Durante varios meses Ali y Muawiya intercambiaron emisarios y entablaron intentos de negociación sin resultados, en los que se llegaron a proponer soluciones como la división del Estado islámico en dos califatos (Muawiya) o dirimir la cuestión con un duelo entre ambos contendientes para evitar la guerra (Ali). Todo esto no hizo sino aumentar la tensión, y la guerra parecía cada vez más inevitable.

La batalla[editar]

Raqqa
Raqqa
Raqqa
Localización de Raqqa en Siria
Ubicación 35°57′00″N 39°01′00″E / 35.95, 39.0167Coordenadas: 35°57′00″N 39°01′00″E / 35.95, 39.0167{{#coordinates:}}: no puede tener más de una etiqueta principal por página
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Ali tomó la iniciativa y se dirigió a Siria con sus tropas, de donde salió el ejército sirio para hacerle frente. Unos y otros se encontraron y acamparon en el verano del 657 en Siffin, una llanura junto al Éufrates cercana a la localidad de Raqqa, en el norte de la actual Siria. Durante una semana unos y otros se resistieron a entrar en batalla abierta: un destacamento de cada lado se enfrentaba y regresaba al campamento respectivo al caer la noche. Finalmente, unos y otros se prepararon para el choque frontal.

Éste empezó el día 8 del mes de safar del año 37 de la Hégira, 26 de julio de la era cristiana. Según las crónicas, los heraldos Ali se presentaron ante las tropas de Muawiya exhortándolas a abrazar la verdad y reconocer el califato de Ali, a lo que los de Muawiya respondieron: «Queremos venganza por la sangre de Uthman. Entregadnos a sus asesinos si defendéis la verdad». La tradición afirma que, para evitar la batalla, Ali volvió a retar a Muawiya, y tras el rechazo de éste, a su general Amr ibn al-As, a un combate personal que zanjara el asunto.

Durante tres días los dos ejércitos combatieron con fuerza. La batalla estaba en su apogeo cuando los guerreros sirios, es decir, de Muawiya, dejaron la lucha y, colocando hojas del Corán en la punta de sus lanzas, dijeron que debía cesar la lucha fratricida y someterse el disenso al juicio de Dios, es decir, al dictamen de un árbitro justo y piadoso. Se trataba de dirimir la cuestión de si podía admitirse el asesinato de Uthman y, por tanto, si el gobernador de Siria tenía o no derecho a tomar venganza. La tradición chií afirma que hicieron esto porque su derrota militar era inminente y que Ali exhortó a sus tropas a seguir combatiendo.

Sea como fuere, gran parte de los alíes estuvieron de acuerdo con la propuesta y forzaron a Ali a aceptar el arbitraje, entre ellos Malik Ashtar, el principal general de Ali. Otra parte, sin embargo, un grupo de combatientes se rebeló diciendo que el juicio de Alá no podían dirimirlo los hombres y que había que continuar combatiendo hasta que Alá diera la razón a unos u otros. Este grupo disidente se situó al margen de uno y otro bando y abandonó la batalla, y de ahí el nombre de jāriy («saliente») que se le dio.

El árbitro, Ashas ibn Qays, dio la razón a Muawiya, cuyas tropas le proclamaron califa al año siguiente. Los alíes y los jariyíes continuaron combartiendo a Muawiya, pero se desgastaron también en una cruenta lucha entre ellos que a la larga cimentaría el futuro califato omeya, establecido definitivamente, con capital en Damasco, a la muerte de Ali en el año 661.

Consecuencias[editar]

Bataille de Siffîn.gif

La batalla de Siffín dividió a los musulmanes en tres grupos que convivirán y se enfrentarán a lo largo de toda la historia del Islam. Los partidarios de Ali o alíes, también llamados chiíes, los jariyíes y finalmente el resto, que por ser el grupo dominante y más numeroso se dará a sí mismo el nombre de sunní, que podría traducirse por «tradicionalista» u «ortodoxo». La división es, en principio, política, aunque después cada uno de los grupos desarrollará importantes diferencias doctrinales respecto a los demás, especialmente los chiíes. Por ello, se suele utilizar el nombre de alíes para referirse a ellos en estos primeros momentos en que no se diferencian desde el punto de vista doctrinal de los demás musulmanes.

En cuanto al conflicto territorial subyacente, la lucha entre Siria e Iraq marca, en primer lugar, la práctica desaparición de Arabia de la escena histórica. La península había permanecido durante siglos casi al margen de los acontecimientos de la zona, para irrumpir de repente y con fuerza debido al Islam y su expansión, y volver a desaparecer con la consolidación del califato omeya y el traslado del centro político del imperio islámico de Medina a Damasco. Quedará La Meca como centro espiritual. Por otro lado, la lucha entre Siria e Iraq continuará, y a la vuelta de un siglo será una revuelta iraquí la que acabe con el poder omeya y traslade la capital a Mesopotamia.

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