Batalla de Legnano

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Batalla de Legnano
Guerras entre güelfos y gibelinos
Battle of Legnano.png
La Batalla de Legnano obra de Massimo Taparelli d'Azeglio
Fecha 29 de mayo 1176
Lugar Legnano 25 km. al norte de Milán
Resultado Victoria decisiva de la Liga Lombarda[1]
Beligerantes
Lombard League arms.svg Liga Lombarda Armoiries empereurs Hohenstaufen.pngSacro Imperio Romano Germánico
Comandantes
Alberto da Giussano Federico I Barbarroja
Fuerzas en combate
3.500 hombres[2] 3.000 hombres[2]
Bajas
Desconocidas pero numerosas Desconocidas pero numerosas

La batalla de Legnano tuvo lugar el 29 de mayo de 1176, a las afueras de la ciudad de Legnano, en la actual Provincia de Milán, región histórica de la Lombardía, Italia. Tuvo una repercusión crucial en la guerra que mantenía el Sacro Imperio Romano Germánico, dirigido por Federico Barbarroja, contra las comunas del norte de Italia, que habían depuesto sus rivalidades para unirse en la Liga Lombarda bajo la dirección del Papa Alejandro III.

Este enfrentamiento no era propiamente una guerra entre Alemania e Italia, puesto que no existían como tales naciones y había alemanes e italianos interesados en la victoria de cada unos de los bandos. Más bien ha de entenderse como parte del prolongado conflicto interno entre güelfos y gibelinos, y del todavía más antiguo existente entre los dos poderes universales: Pontificado e Imperio.

El Emperador intentó el empleo de la fuerza para someter a las comunas, y fue vencido por las tropas lombardas, que hicieron buen uso de la topografía del terreno y de sus picas contra un ejército compuesto casi exclusivamente de caballería.

Preludio[editar]

A la muerte de Conrado III fue elegido Emperador su sobrino Federico I Barbarroja que se propuso volver a dar a la corona imperial la autoridad antigua del tiempo de Otón I. Empezó actuando en Alemania donde restituyo Baviera a Enrique el León tras lo que se enfrento a las disputas internas, hizo vasallos suyos a los príncipes de Polonia y Bohemia y recobró los derechos imperiales sobre Borgoña. Por último reafirmó su autoridad entregando ducados a sus hijos y parientes.[3]

Más dificultades encontró en Italia donde debió realizar seis expediciones. Las ciudades lombardas, a cuya cabeza se encontraba Milán, poseían un importante sentimiento de libertad y disponían de una milicia ciudadana belicosa dispuesta a defender su independencia. Con este deseo formaron una liga a semejanza de las ligas griegas.

En la primera expedición de Federico, el Emperador llamó a los príncipes y ciudades de Italia a prestarle vasallaje y al ver la rebeldía milanesa intentó atemorizarla destruyendo algunas ciudades menores antes de coronarse en Pavía con la corona lombarda y en Roma con la Imperial, ganada tras entregar al Papa Adriano IV a Arnoldo de Brescia que predicaba una vuelta de la Iglesia a su sencillez apostólica, contra los bienes temporales y la riqueza del clero.[4] A la llegada del emperador los romanos iniciaron una revuelta pero fue sofocada por el Emperador con la ayuda del Papa.

Federico volvió a Alemania, (no sin estar a punto de perecer en el camino de vuelta por un ataque de soldados de Verona en el que fue salvado por el arrojo del alférez imperial Oton Witelsbach) y los milaneses atacaron a ciudades adictas al Emperador (como Lodi).[5]

Sabedor de ello Federico volvió a Italia y tras proclamarse soberano sobre príncipes y ciudades como Milán comenzó una encarnizada guerra.

En mayo de 1161 tras la llegada de nuevos refuerzos procedentes de Alemania. Federico se acercó a Milán dando un rodeo. Tras un encuentro a pie de muro, en el que los milaneses llevaron la peor parte, las tropas imperiales cercaron la ciudad. Los milaneses pasaron hambre. El 1 de [marzo de 1162 se acordaron los términos de la rendición que supuso la entrega de los cónsules y de 400 caballeros en calidad de rehenes, la destrucción de las iglesias y murallas y el cegamiento de los fosos de la ciudad,[6] sus vecinos fueron dispersados en cuatro aldeas. Igual suerte tuvieron Crema, Brescia y Plasencia entre otras. Aterradas por este ejemplo las restantes ciudades lombardas reconocieron a Federico como Emperador.[7]

Sin embargo este éxito no fue suficiente para Federico y pretendió ejercer sobre Roma un poder similar al de Otón I y disputar al rey Guillermo de Sicilia el protectorado sobre la Ciudad Eterna. Cuando el monarca fallece en 1166 pareció presentarse la oportunidad[8] por lo que se puso en guerra con el Papa que hasta entonces había sido aliado suyo. Federico reunió un concilio y eligió un antipapa. El Papa Alejandro III declaró ilegítimo el concilio y excomulgó a Federico atrayendo a las ciudades lombardas a una nueva liga que unió además a Venecia, Verona, Vicenza, Padua, Treviso, Ferrara, Brescia, Bérgamo, Cremona, Plasencia, Parina, Módena, Bolonia y otras muchas ciudades.[9]

Alejandro III bendice al dogo Ziani que marcha a luchar contra Federico I Barbarroja obra de Paolo Fiammingo

Federico logro entrar en Roma y derrotar a los coaligados en la batalla de Tusculo obligando a Alejandro a huir a Francia pero el Emperador tuvo que abandonar Italia debido a una gran epidemia que estaba haciendo estragos en Alemania y que causo la muerte a muchos caballeros fieles al Emperador.[10] Al retirarse en desorden, perdió sus bagajes mientras cruzaba el río Po. El 1 de diciembre de 1167 se formó la Liga Lombarda y Federico se retiró al otro lado de los Alpes.[11]

Los lombardos aprovecharon esta retirada y pasaron a la ofensiva. Edificaron una nueva ciudad llamada Alessandria en honor del Pontífice. Los asuntos en Alemania impidieron a Federico realizar una nueva expedición para restablecer su autoridad durante un tiempo pero al fin lo hizo acompañado de Cristiano, arzobispo de Maguncia.[12]

En septiembre de 1174 hizo de Alessandría el blanco de sus ataques. Después de pasar el invierno ante la ciudad, los hombres de Federico excavaron un túnel bajo las murallas y atacaron el Sábado Santo. En una feroz batalla, el asalto fue rechazado. Tras el ataque tuvo que retirarse a Pavía al producirse la llegada de refuerzos lombardos (13 de abril de 1175).[13]

El 16 de abril de 1175, Federico se reunió con representantes de la Liga Lombarda en el castillo de Montebello para discutir la paz. Estas conversaciones resultaron infructuosas y ambas partes salieron decididos a continuar las hostilidades.

Tras el fracaso de las negociaciones, Federico sabia que la batalla era inminente y pidió el apoyo de Enrique el León quien rehusó ayudar a Federico[14] (aunque el Emperador se lo rogó de rodillas cerca del lago de Como[15] ) y el rey tuvo que reunir fuerzas principalmente italianas reclutadas entre los enemigos de la Liga.

Tras tantas decepciones Federico recibió al fin una buena noticia. A comienzos de 1176 el Emperador recibió refuerzos alemanes de Suabia y Renania. Se trataba de una fuerza de 2.000 soldados dirigidos por Philip, arzobispo de Colonia; Conrad, obispo electo de Worms y Berthold, duque de Zähtingen.[16] El grueso de las tropas imperiales se encontraban en Pavía y el Emperador se encontraba en Como por lo que debía rodear Milán sin levantar sospechas.[17]

Sin embargo los milaneses adivinaron las intenciones de Federico y se propusieron interceptarlo.

Fuerzas de los ejércitos[editar]

El 29 de mayo los dos ejércitos se encontraron en las afueras de Legnano a 24 km. al norte de Milán.

El ejército imperial estaba formado por 1.000 caballeros y 1.000 infantes. Como complemento a las fuerzas alemanas se reunieron 1.000 hombres de la región de Como.

La batalla de Legnano obra de Amos Cassioli

Alertados de la presencia de Federico, los líderes de la Liga Lombarda habían reunido 3.500 hombres para bloquear la ruta del emperador a Pavía. Constaban estas fuerzas de 1.450 caballeros y 2.050 de infantería, también se incluía un carro de guerra conocido como Carroccio (Carro arrastrado por bueyes donde las ciudades-estado italianas portaban su estandarte. Guarnecida por sacerdotes y soldados, se situaba en el centro del ejército, como punto de mando y reunión de tropa.[18] El carroccio representaba la identidad comunal de la ciudad estado y por eso infundía moral[19] )

Entre la caballería lombarda se encontraba una unidad de élite conocida como la "Compañía de la Muerte" dirigida por Alberto da Giussano. Se componía de 900 hombres de armas que vestían un traje oscuro con el que cubrían la armadura con el símbolo de una calavera, llevaban pequeños escudos puntiagudos y largas lanzas. Esta compañía estaba formada por hombres escogidos que luchaban en grandes caballos y juraban que nadie huiría del campo de batalla por temor a la muerte y no permitirían que nadie traicionase a la ciudad de Milán huyendo.

La batalla[editar]

La batalla comenzó con un ataque de la vanguardia lombarda a cargo de 700 jinetes que al hacer un reconocimiento del terreno se encontraron con 300 jinetes imperiales. Las tropas imperiales fueron sorprendidas y huyeron pero el Emperador reacciono con rapidez y un contraataque imperial quebró la resistencia lombarda.[20] La batalla había comenzado fortuitamente y ninguno de los dos bandos tenía un plan preestablecido. Los anales de Colonia dicen que el Emperador consideraba indigno de su majestad imperial dar la espalda a sus enemigos.[21] por lo que siguió adelante y atacó el Carroccio milanés.

Tan impetuoso fue el ataque imperial que se llevó por delante la selecta guardia del Carroccio.[22] Entonces las tropas alemanas llegaron hasta donde estaba situada la Compañía de la Muerte, dirigida por Alberto Da Giussano, que había prometido vencer o morir que atacaron con desesperación.[23] Este contraataque posibilito a la infantería lombarda reorganizarse.

El ímpetu de la carga de caballería ya se había desvanecido y los caballos alemanes se detuvieron incapaces de penetrar entre las picas de la infantería.[24]

El carroccio milanés en la batalla de Legnano obra de Amos Cassioli

La resistencia de la infantería lombarda permitió que su derrotada pero no destruida caballería se reagrupara y regresase al campo de batalla atacando el flanco de la caballería imperial.[25] Los jinetes imperiales, fatigados y hostigados por dos flancos, intentaron regresar a sus posiciones pero lo hicieron sin ninguna organización.[26]

En medio del caos, el estandarte imperial fue capturado, muerto su portador de un flechazo[27] y Federico Barbarroja se desplomó bajo su caballo muerto. La falsa noticia de la muerte de Emperador sembró el pánico entre las tropas imperiales que huyeron en desbandada y su campamento fue abandonado a los vencedores.

Los lombardos persiguieron a los imperiales y muchos fueron cazados en el río Tesino. El botín conseguido por la Liga Lombarda fue inmenso.[28] Pero Federico no había muerto. Tras varios días desaparecido, se presentó en Pavía solo. Pero el rumor de su muerte prevaleció durante muchos días, la emperatriz Beatriz I, condesa de Borgoña, que había permanecido en Como, se abandonó a la desesperación, y los vencedores buscaron incesantemente el cuerpo en medio de los montones de muertos.[29]

Consecuencias[editar]

La derrota convenció a Federico Barbarroja de la necesidad de una paz.

En una conferencia celebrada en Venecia, haciendo de mediador el arzobispo de Maguncia entre el Emperador, el Papa y los diputados de las ciudades, se firmó una suspensión de hostilidades de seis años, bajo las mismas condiciones que sirvieron más tarde de base a la paz de Constanza (1183). Alejandro fue reconocido Papa legítimo, el protectorado de Roma pasó del Emperador al Papa; y Federico fue absuelto de la excomunión. Los obispos y abades nombrados por Federico y el anti-papa, continuaron en la posesión de sus beneficios. Las regalías debían pertenecer en adelante, una parte al Emperador, otra a las ciudades; los ciudadanos y funcionarios debían hacer juramento al Emperador y las tropas imperiales debían ser mantenidas por las ciudades a su paso por ellas: la alta justicia seria ejercida en nombre del Emperador por jueces superiores. Con esto se restableció la paz en Italia, celebrándose solemnemente ante la Basílica de San Marcos (en Venecia), la reconciliación entre las cabezas espiritual y temporal. Pero habiendo concertado el Emperador el casamiento de su hijo mayor, Enrique de Hohenstaufen, con Constanza, hija de Rogelio II y heredera de Nápoles y Sicilia con lo que estos Estados, hasta allí feudatarios de San Pedro, pasaron a la casa de los Hohenstaufen quedó viva la semilla de nuevas y sangrientas guerras entre el Emperador y el Papa.[30]

Federico I no olvidó la falta de ayuda por parte de Enrique el León y aprovechó la hostilidad de otros príncipes alemanes hacia Enrique para juzgarle por insubordinación por un jurado de obispos y príncipes en 1180. Despojo a Enrique de sus tierras y lo declaro proscrito. Acto seguido invadió Sajonia por lo que Enrique tuvo que exiliarse a Normandía donde permaneció tres años con su suegro Enrique II de Inglaterra hasta que se le permitió regresar a Alemania en 1185.

Importancia de la batalla en la posteridad[editar]

Convertida en un precedente de la Unificación de Italia en el siglo XIX, Verdi la eligió como tema para una de sus óperas (La battaglia di Legnano).

En la actualidad, esta batalla suele ser utilizada como símbolo de las reivindicaciones políticas de la Liga Norte, un partido regional italiano.

Referencias[editar]

  1. Peter N. Stearns, William Leonard Langer; 2001. The Encyclopedia of World History, pp. 208
  2. a b Magill's Guide to Military History'
  3. Compendio de la Historia Universal: Historia de la Edad Media Pag.150
  4. Compendio de la Historia Universal: Historia de la Edad Media Pag.150-151
  5. Compendio de la Historia Universal: Historia de la Edad Media Pag.151
  6. Atlas ilustrado la guerra en la Edad Media Pag. 57
  7. Compendio de la Historia Universal: Historia de la Edad Media Pag.152
  8. Atlas ilustrado la guerra en la Edad Media Pag. 58
  9. Compendio de la Historia Universal: Historia de la Edad Media Pag.152
  10. Compendio de la Historia Universal: Historia de la Edad Media Pag.152
  11. Atlas ilustrado la guerra en la Edad Media Pag. 58
  12. Compendio de la Historia Universal: Historia de la Edad Media Pag.153
  13. Atlas ilustrado la guerra en la Edad Media Pag. 59
  14. Atlas ilustrado la guerra en la Edad Media Pag. 59
  15. Compendio de la Historia Universal: Historia de la Edad Media Pag.153
  16. Técnicas bélicas del mundo medieval Pag.105
  17. Técnicas bélicas del mundo medieval Pag.105
  18. Atlas ilustrado la guerra en la Edad Media Pag. 177
  19. Atlas ilustrado la guerra en la Edad Media Pag. 59
  20. Técnicas bélicas del mundo medieval Pag.105
  21. Técnicas bélicas del mundo medieval Pag.106
  22. The history of Italy: from the fall of the Western empire to the..., Volumen 1 Pag.115
  23. Die Geschichte des Mittelalters: 6 Bücher, Volumen 1 Pag. 384
  24. Técnicas bélicas del mundo medieval Pag.106
  25. Técnicas bélicas del mundo medieval Pag.106
  26. Técnicas bélicas del mundo medieval Pag.106
  27. Die Geschichte des Mittelalters: 6 Bücher, Volumen 1 Pag. 384
  28. Storia diplomatica della lega Lombardo con XXV documenti inediti Pag. 280
  29. The history of Italy: from the fall of the Western empire to the..., Volumen 1 Pag.116
  30. Compendio de la Historia Universal: Historia de la Edad Media Pag.153

Bibliografía[editar]

  • Nicholas Hooper, Matthew Bennett. Atlas ilustrado la guerra en la Edad Media: 768-1492. Ediciones AKAL, 2001

[1]

  • George Procter. The history of Italy: from the fall of the Western empire to the commencement of the wars of the French revolution, Volumen 1. Ed. G. B. Whittaker, 1825. Pagina en Inglés
  • Cesare Vignati. Storia diplomatica della lega Lombardo con XXV documenti inediti. Ed. Piet. Agnelli, 1867 Pagina en Italiano
  • Johann Friedrich Christoph Kortüm.Die Geschichte des Mittelalters: 6 Bücher, Volumen 1.Ed. Jenni, 1836Pagina en Alemán
  • Georg Weber.Compendio de la Historia Universal: Historia de la Edad Media. Imp. de Diaz y Compañía, 1853[2]
  • Bennet, M.-Bradbury, J.-De Vries, K.-Dickie, I.-Jestice, P.G. Técnicas Bélicas del Mundo Medieval. Editorial Libsa. Año 2007. ISBN 978-84-662-1373-1.

Véase también[editar]