Batalla de Curalaba

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Batalla de Curalaba
Guerra de Arauco
Fecha 23 de diciembre de 1598
Lugar Curalaba, Lumaco
Coordenadas 37°55′00″S 72°53′00″O / -37.91666667, -72.88333333Coordenadas: 37°55′00″S 72°53′00″O / -37.91666667, -72.88333333
Resultado Victoria mapuche decisiva, se inicia una rebelión indígena generalizada que da paso a la guerra defensiva.
Beligerantes
Flag of Cross of Burgundy.svg Imperio español Ancient mapuche flag.svg Mapuches
Comandantes
Martín Óñez de Loyola Pelantaro
Anganamón
Guaquimilla
Fuerzas en combate
50 españoles[1] [2]
300 indios auxiliares[2] [3]
300[3] -600[4] guerreros
Bajas
2 sobrevivientes Desconocidas
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La Batalla de Curalaba, (coordenadas: 37°55′S 72°53′O / -37.917, -72.883) conocida también como Desastre o Victoria de Curalaba, según las fuentes sean cercanas a españoles o mapuches, fue una importante derrota militar de las fuerzas españolas frente a los mapuches ocurrida en 1598. Es considerada una de las principales acciones bélicas de la Guerra de Arauco. Consistió en la casi total aniquilación de una columna comandada por el gobernador de Chile Martín Óñez de Loyola a manos de las huestes dirigidas por el toqui Pelantaro. Esta derrota y la muerte del gobernador desencadenó el abandono masivo de varias ciudades y fuertes españoles del sur de Chile (la Destrucción de las siete ciudades). En el contexto general de la guerra, esta batalla abrió la Rebelión mapuche de 1598, terminó con la estrategia española de conquistar totalmente el territorio mapuche, abriendo paso a los períodos de Guerra defensiva y, posteriormente, a la implementación de una política diplomática basada en los llamados parlamentos mapuches. La importancia de la batalla reside más en su efecto desmoralizador sobre los españoles, que en su magnitud material o el número de hombres involucrados.

Antecedentes[editar]

El gobernador Martín García Óñez de Loyola, quien murió en la batalla.

Pelantaru[editar]

Según los cronistas, los mapuches de la zona se encontraban molestos por el establecimiento de nuevas fundaciones, recientemente edificadas por Óñez de Loyola. Veían esas nuevas poblaciones como una evidencia de que para los españoles no bastaba con el terreno ya conquistado. Pero la principal causa es atribuida a la indignación por el trato dado a los indígenas, a los "servicios personales" impuestos en lavaderos de oro y plantaciones.

Alarmados, diversos grupos ungieron como toqui general de la próxima guerra a Pelantaro, quien tendría ocasión de destacarse en los siguientes años.

Acciones previas del gobernador[editar]

A mediados de diciembre del año 1598, el gobernador Óñez de Loyola se encontraba en la ciudad de La Imperial. Venía de recorrer las fundaciones más australes del reino; Valdivia, Osorno y Villarrica, en visita de inspección y tratando de enganchar algunos soldados que engrosaran sus filas para la campaña que se proponía llevar a cabo a la brevedad contra los mapuches no sometidos.

Entonces el capitán Hernando Vallejo, jefe de la ciudad de Angol, le envió un mensajero indígena, solicitando urgentes socorro, pues creía que sería atacado de un momento a otro. Los clanes de Purén estaban evidentemente sublevados. Dos españoles, que habían osado alejarse del fortín de Longotoro, que resguardaban, habían sido asesinados, y habían fuertes señales de concentraciones de guerreros.

Sin tardanza, el 21 de diciembre, partió el gobernador al mando de una fuerza de auxilio.

Acción[editar]

Óñez de Loyola avanza[editar]

El gobernador Martín Óñez de Loyola emprendió, acompañado de 50 soldados y 300 indios auxiliares, el viaje entre las ciudades de La Imperial y Angol, en la zona habitualmente disputada durante la Guerra de Arauco. La travesía obligaba a su columna a adentrarse en los intrincados pantanos de Lumaco y Tucapel, habitual refugio de los mapuches en pie de guerra. Pero Óñez, confiado en la superioridad de sus fuerzas, avanzó aparentemente sin cuestionarse la peligrosidad del movimiento.

En la noche del 21 la fuerza acampó en un lugar denominado Paillachaca, a una legua de La Imperial. Al día siguiente la columna avanzó sin novedad 9 leguas (37,2 km.). Tras esta segunda jornada acamparon en un paraje llamado Curalaba, junto al Río Lumaco, cercado por cerros abruptos.

La sorpresa[editar]

La imprevisión de la tropa y sus jefes fue entonces notoria. Soltaron sus cabalgaduras para que pastaran, y acamparon sin despachar partidas de exploradores. Simplemente se establecieron turnos de vigías que, producto del relajamiento de la disciplina militar que imperaba en las tropas españolas, posiblemente no fueron cumplidos a cabalidad.

Los españoles después supusieron que el mismo mensajero indígena que llevó el mensaje de Angol a La Imperial previno a las fuerzas mapuches del camino que debía tomar la caravana de Óñez de Loyola. Como sea, Pelantaro había concentrado sus fuerzas en las cercanías. Reunió allí entre 300 y 600 hombres, según las distintas versiones, que dividió en tres cuadrillas. Se reservó el mando de una de ellas y entregó las otras dos a los caciques Anganamón y Guaquimilla.

El ataque, tras un sigiloso avance nocturno, se desató en los primeros momentos del alba del día 23 de diciembre. El ímpetu de los mapuche sorprendió a los españoles en el mayor descuido y desorganización. Muchos soldados castellanos trataron de huir despeñándose en un barranco cercano. Sólo un arcabucero alcanzó a disparar un tiro solitario, antes de ser muerto de un macanazo. El gobernador no alcanzó a vestir su armadura, pero logró tomar su escudo y espada y empeñar la lucha por breves momentos.

Los españoles murieron casi en su totalidad. El gobernador pereció, al igual que el corregidor de Angol, capitán Juan Guirao; el capitán Don Antonio de Galleguillos y Villegas y algunos frailes franciscanos que acompañaban a la comitiva; Juan de Tovar y Miguel Rosillo. El primero de estos últimos fue durante un tiempo venerado en Chile como mártir. Murieron también muchos indios auxiliares. Según la tradición, sobrevivieron sólo dos españoles, el clérigo Bartolomé Pérez y el soldado Bernardo de Pereda. El primero fue canjeado por los indios dos años después y este último quedo en el campo de batalla con 23 heridas por lo que fue dado por muerto pero sobrevivió.[5]

Pelantaro, que ya guardaba el cráneo de Pedro de Valdivia, sumó a su botín el de Óñez de Loyola.

Presagios[editar]

Diversos autores españoles contemporáneos, como el capitán Fernando Álvarez de Toledo, autor del poema épico Purén Indómito, y el cronista Diego de Rosales refieren apariciones agoreras en el cielo de Chile, supuestamente vistas el día de Santo Tomás, 21 de diciembre, cuando Óñez de Loyola, partía de La Imperial rumbo a su derrota.

Estos relatos, bastante difundidos, hablan de que en el cielo las nubes se abrieron extrañamente, dejando ver combatientes, aves enigmáticas y otras figuras.

Es un ejemplo curioso, pero no aislado, de la pervivencia de este tipo de relatos folclóricos en la Guerra de Arauco, asociados desde la Antigüedad Clásica con batallas funestas y campañas mal dadas. Siendo sabido que desde la Antigua Roma, el vuelo de las aves es considerado un presagio antes del combate.

Por otro lado, la mitología mapuche concedía a la forma y movimiento de las nubes un significado simbólico asociado a la guerra. Por lo que es posible que estos relatos representen una forma de sincretismo entre dos tradiciones culturales.

Efectos[editar]

La batalla de Curalaba se convirtió en el inicio efectivo de la rebelión mapuche de 1598, que terminó finalmente con todas las ciudades al sur del río Biobío; excepto Castro, que sobrevivió al alzamiento gracias a la condición Insular de Chiloé. De ahí en adelante los españoles dejarían de realizar la expansión por el territorio mapuche de la misma manera que se realizó a lo largo del siglo XVI; y quedaría dividido el territorio controlado por los españoles en Chile:

  • El territorio sur (conformado por Chiloé) tendría como frontera norte la costa continental del canal de Chacao (El territorio Huilliche); exceptuando por el posterior territorio recuperado con la refundación de la ciudad de Valdivia, en 1645. Así, solo a fines de la colonia (a fines del siglo XVIII), los territorios comprendidos entre Valdivia y Chiloé, serían unidos a partir de la refundación de la ciudad de Osorno y la creación del camino real.

La Corona, por otro lado, comprende que deberá incurrir en gastos para mantener sus posiciones chilenas, por lo que terminará por instituir el cuantioso subsidio denominado Real Situado, que comenzó a remitirse desde el Perú a Chile, en 1600.

Posterior a estos hechos se considera que se da fin al periodo de la Conquista de Chile, y es el inicio al periodo de la Colonia de Chile.

Presencia española en la zona de arauco (entre el Bio-bio y Valdivia)[editar]

El revés militar hizo que Felipe III de España decidiera, en 1599, enviar un oficial veterano de las campañas europeas a dirigir la Guerra de Arauco: Alonso de Ribera. Este gobernador terminará por sentar las bases de la estrategia española en la frontera mapuche, sobre la base de la profesionalización de un ejército permanente y la consolidación de una frontera defendible.

Presencia española en la zona huilliche (entre Valdivia y el Seno de Reloncaví)[editar]

Respecto al territorio sur perdido, (entre Valdivia y Chiloé), que antes había sido el de la jurisdicción de Osorno, pertenecerían ahora a las gobernaciones de Valdivia (que sería refundada) y de Chiloé, teniendo el río Bueno como límite divisorio; sin embargo, al igual que la zona de arauco, ningunos de ellos tenían presencia real en él, salvo los fuertes chilotes en la tierra firme de esa provincia (los puestos o enclaves militares de San Antonio de la Ribera de Carelmapu, San Miguel de Calbuco y, desde mediados del XVII, San Francisco Javier de Maullin), en el borde meridional de dicha frontera.[6]

Referente a la presencia esporádica de los españoles en la zona entre Valdivia y Chiloé, a pesar de que desde la Plaza de Valdivia era más fácil el acceso hacia esa zona, fueron los españoles de Chiloé los que en el siglo XVII mantuvieron mayor contacto con este territorio por medio de malocas esclavistas, manteniendo en una época una frontera “de guerra viva”. Los vecinos de Chiloé siempre vieron su extensa frontera norte continental como una tierra por “pacificar” y recuperar, por estar dentro de sujurisdicción. Era una guerra a la manera de malocas, entradas y trasnochadas, con salidas de Chacao, Carelmapu y Calbuco, apoyados por los indios canas (que también eran Huilliches descendientes de los de Osorno) pero que habían huido a Chiloé junto con sus encomenderos. Las malocas españolas posteriormente dejaron de realizarse sólo porque la Capitanía General lo ordenó; poniéndose fin así a las campeadas chilotas que buscaban venganza y esclavos para restaurar el honor del revés sufrido por el abandono de la ciudad de Osorno.[7]

Referencias[editar]

  1. Ricardo Cruz-Coke Madrid (1995). Historia de La Medicina Chilena. Santiago de Chile: Editorial Andrés Bello, pp. 50. ISBN 978-9-56131-303-3.
  2. a b Francisco Antonio Encina (1940). Historia de Chile. Tomo III. Santiago de Chile: Editorial Ercilla, pp. 107.
  3. a b Luis Suárez Fernández (1984). Historia General de España y América: América en el Siglo XVII. Tomo IX. Madrid: Ediciones Rialp, pp. 418. ISBN 978-8-43212-104-3.
  4. Diego de Ocaña (1987). A través de la América del Sur. Madrid: Historia 16, pp. 105. Edición de Arturo Álvarez.
  5. Encina, 1940: 108
  6. María Ximena Urbina Carrasco. La Frontera “De Arriba” Chilena y el camino de Chiloé a Valdivia. Temas Americanistas N° 18. Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.
  7. María Ximena Urbina Carrasco. La Frontera “De Arriba” Chilena y el camino de Chiloé a Valdivia. Temas Americanistas N° 18. Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.

Fuentes[editar]