Batalla de Cúcuta

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Batalla de Cúcuta
Independencia de Colombia
Fecha 28 de febrero de 1813
Lugar Cúcuta, Colombia
Resultado Victoria patriota
Beligerantes
Bandera de Colombia Nueva Granada
Bandera de Venezuela Patriotas venezolanos
Flag of Spain (1785-1873 and 1875-1931).svg Imperio español
Comandantes
Simón Bolívar
Manuel del Castillo y Rada
Ramón Correa
Fuerzas en combate
400[1] -600[2] tropas 800[1] -1.000[2] tropas
Bajas
2 muertos y 14 heridos 20 muertos y 40 heridos

La Batalla de Cúcuta fue un enfrentamiento bélico entre Simón Bolívar y las tropas españolas, donde ganó el Libertador y se logró la independencia de la ciudad colombiana de Cúcuta y se dio inicio a la Campaña Admirable,[3] [4] con la cual el occidente de Venezuela fue liberado.[5]

La batalla comenzó a las 6 de la mañana del 28 de febrero de 1813 y terminó al medio día. Los combatientes fueron 400 hombres al mando de Simón Bolívar y 800 a órdenes del general español Ramón Correa.[1]

Para 1812, Cedeño se une a Bolívar en Curazao, de donde pasó a Nueva Granada, asistiendo a la Batalla de Cúcuta, así como a las de Tenerife, Mompos y Cúcuta.

El coronel Simón Bolívar emprende una gran ofensiva contra las fuerzas españolas de la margen oriental del Río Magdalena, y, rápidamente logra resonantes triunfos que le llevaron a realizar una feliz jornada para liberar los Valles de Cúcuta en poder de los realistas al mando del coronel Ramón Correa.

La batalla[editar]

El 28 de febrero de 1813, domingo de bar y bailes sensuales, Correa asiste a misa muy temprano, mientras las tropas de Bolívar, desde el alba de este histórico día, se movilizaban por las colinas occidentales que dominan la Villa de San José de Cúcuta. Avisado Correa parte al encuentro de los patriotas con más de 800 hombres bien provistos. Se sitúa a tiro de fusil de las colinas que ocupan los insurgentes y comienza la acción guerrera. Una partida de 100 fusileros del Rey intenta dominar el flanco derecho del ejército de Bolívar, pero un cambio rápido de posición deja sin efecto el movimiento. La lucha es encarnizada y reñida. Lleva cuatro horas sin decidirse, pues el combate ha comenzado a las nueve de la mañana y solo a la una de la tarde de aquel día, 28 de febrero de 1813, una carga a la bayoneta ordenada por Bolívar dio la victoria a los patriotas.

Monumento a la Batalla de Cúcuta.

Correa con sus diezmadas tropas emprende la retirada hacia San Antonio del Táchira y luego a La Grita. Bolívar y sus tropas entran a Cúcuta vencedores y en el cuartel general de Cúcuta liberada, a las tres de la tarde del mismo día triunfal 28 de febrero de 1813, el caudillo de la Independencia da el parte de la victoria.

Tras el conflicto[editar]

Monumento a la Batalla de Cúcuta.

Los patriotas y simpatizantes de la causa independentista llenos de regocijo, celebran entusiasmados y felices la liberación de Cúcuta, cooperando abiertamente con Bolívar. Mercedes Ábrego de Reyes, decidida partidaria de la libertad de su patria, al tener noticias del triunfo de Bolívar, se apresura a manifestarle su complacencia por tan señalada victoria. Como habitualmente residía en su predio de Urimaco, prontamente se traslada a la Villa y ofrece al coronel Bolívar bordarle una casaca para lucirla en sus acciones guerreras de la Campaña Admirable, por lo cual fue fusilada más adelante por los españoles.[6]

Parte de Bolívar[editar]

El coronel Simón Bolívar narró así aquella acción:[7]

“Después de haber llegado a mi cuartel general de San Cayetano los pertrechos y retaguardia y ciento veintiséis hombres de la Unión, al mando de los Capitanes Uscátegui y Ramírez, pasamos ayer tarde el río Zulia, y al amanecer de este día nos pusimos en marcha hacia esta Villa Capital de Cúcuta, y cuartel general del enemigo.

Aún no eran las nueve de la mañana cuando nos encontramos posesionados de la altura que dominaba el Valle, desde donde empezamos a batir al enemigo acampado fuera de la Villa, a tiro de fusil de la cima del monte. Inmediatamente que nos presentamos, una partida de 100 hombres quiso tomarnos la espalda por nuestra derecha, pero en vano porque nuestros movimientos los hicieron desistir de su proyecto. Entonces varió su tentativa y se apoderó de las alturas que estaban a nuestra izquierda de donde fue desalojado violentamente y bien a su costa.

Mientras tanto mi centro, al mando del coronel Francisco José Ribas, sostenía un fuego horrible contra el enemigo que se defendía con una ciega obstinación, ganándole palmo a palmo el terreno y obligándolo a tomar cada instante nuevas posiciones que él sostenía con el grueso de sus tropas y toda su artillería y caballería. Viendo que nuestros soldados se llenaban de tanto más ardor cuando era mayor el peligro, di orden al coronel Rivas y al resto de las tropas que tomasen al asalto la Villa y el campo.

Así lo ejecutaron a pesar del vivo fuego que por todas partes nos llovía, así de artillería como de fusilería, avanzando paso a paso; y cansado ya de 4 horas de combate, entramos a la bayoneta, por habérsenos casi acabado las municiones de caballería.

El enemigo sobrecogido en este momento de un terror pánico, se escapó precipitadamente, dejando a nuestro poder plaza, artillería, pertrechos, fusiles, víveres y cuantos efectos pertenecían al gobierno español y sus cómplices.

Hemos alcanzado la más completa victoria, apoderándonos de sus fuertes posiciones y de estos floridos valles que ellos oprimían matándoles o hiriéndoles una multitud de soldados y oficiales, inclusive el mismo comandante Correa, que lo han recogido del campo de batalla gravemente herido en la cabeza, siendo por nuestra parte la pérdida tan desproporcionada que solo tenemos que deplorar dos hombres muertos y 14 heridos, entre ellos el valeroso teniente de las tropas de la Unión, ciudadano Concha.

Todos nuestros soldados, oficiales se han cubierto de gloria pero muy particularmente el coronel Rivas, que mandaba todas las tropas de vanguardia y a quien la patria debe en este día una gran parte de su triunfo; como igualmente se señalaron el mayor Narvárez, el capitán Vidal, comandante de la retaguardia; el capitán Lino Ramírez, comandante de las tropas de Pamplona; el comandante de vanguardia, el bizarro ciudadano Pedro Guillen; el ayudante Ribón; y por no hacer una larga enumeración diré en una palabra que todos, hasta los últimos soldados, han llenado honrosamente su deber. Jamás el enemigo logró hacernos retroceder un solo paso, no obstante sus ventajas en artillería y caballería y posiciones dentro de la Villa”.
Simón Bolívar.

Referencias[editar]

Enlaces externos[editar]