Batalla de Alcazarquivir

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Batalla de Alcazarquivir
Lagos46 kopie.jpg
Batalla de Alcazarquivir
Fecha 4 de agosto de 1578
Lugar Alcazarquivir, Marruecos
Coordenadas 35°01′00″N 5°54′00″O / 35.0167, -5.9


Coordenadas: 35°01′00″N 5°54′00″O / 35.0167, -5.9
Resultado Victoria decisiva de Marruecos
Beligerantes
Bandera de Portugal Portugal
Flag of Morocco 1258 1659.svg Pretendiente Saadí al trono de Marruecos
Flag of Morocco 1258 1659.svg Dinastía Saadí de Marruecos
Comandantes
Sebastián I de Portugal
Muhammad Al-Mutawakil, ex sultán saadita†
Abd el-Malik, sultán saadita †
Fuerzas en combate
23 000 europeos
3000 a 6000 aliados moros
40 000
Bajas
9.000 muertos.[1]
16.000 prisioneros
1.500 muertos.[1]

La batalla de Alcazarquivir fue una batalla que tuvo lugar el 4 de agosto de 1578, y enfrentó a las fuerzas portuguesas y a las de los pretendientes al trono de Marruecos.

Esta batalla fue trascendental para el reino de Portugal por muchos conceptos. Originó el mito del Sebastianismo, o la idea de que el romántico rey don Sebastián, fallecido en dicha batalla, había de volver algún día a regir la nación portuguesa; pero también lo fue para el reino de Marruecos, ya que también falleció su rey en dicha batalla. Por ello, la figura de don Sebastián, rey de Portugal, quizá sea una de las más míticas de la historia de ese país.

El rey Sebastián[editar]

Retrato de Sebastián de Portugal

Don Sebastián era hijo del príncipe Juan de Portugal y Juana de Austria y sucedió a su abuelo Juan III de Portugal en 1557, cuando contaba con tres años de edad. La regencia quedó a cargo de la reina viuda, doña Catalina, hasta 1562, y después el regente fue su tío, el cardenal don Enrique, hasta que en 1568 fue declarado mayor de edad.

Débil y enfermizo, don Sebastián fue influido desde pequeño por sus educadores jesuitas, que le imbuyeron un ferviente espíritu de cruzada y un gran fanatismo religioso.

Las Cortes habían estado altercando en varias ocasiones sobre la necesidad de intervenir en Marruecos y contrarrestar el aumento de la presencia militar otomana porque los turcos serían una amenaza contra la seguridad de las costas portuguesas, como ya lo eran en las españolas y otras cristianas en el Mediterráneo. También para su comercio y colonias del Atlántico, desde Brasil a Guinea y otras islas al alcance desde Marruecos. Esta política no sólo había sido bien vista por la clase mercantil burguesa de Portugal, a la que apoyaron, para beneficiarse de los recursos del área (principalmente oro, ganado, cereales y azúcares), sino también por la nobleza. Hasta la fecha, las acciones militares portuguesas en África se habían limitado a algunas expediciones de castigos y razias. Portugal había construido su vasto imperio marítimo desde Brasil a las Indias Orientales gracias a una certera combinación de comercio, exploración y recursos técnicos superiores. La conversión de los pobladores y vecinos sería un fin, pero no el ulterior motivo. El rey don Sebastián se vio aconsejado a cambiar las estrategias.

Se fraguaba pues el proyecto de conquistar el norte de África y esta idea pasó a convertirse casi en su única obsesión. Pero solo se encontró el momento idóneo de invadir Marruecos cuando el depuesto rey marroquí Muley Ahmed (Muhammad Al-Mutaxakkil) le invitó a participar en la recuperación de su trono. Pese a múltiples consejos contrarios a embarcarse en tal empresa, entre ellos los del gran poeta y militar Francisco de Aldana, a quien había puesto como asesor suyo Felipe II, don Sebastián acudió en auxilio del depuesto sultán saadí, tras asegurarse en 1576 el apoyo económico de su tío español, el rey Felipe II, aportó al proyecto numerosas tropas, jinetes y carruajes y consiguió además apoyo de otros países europeos como el Sacro Imperio y estados itálicos, gastándose en ello gran parte del tesoro portugués.

La batalla[editar]

Desembarcó en Arcila, entonces plaza fuerte portuguesa, donde descansó unos días, ordenó sus diecisiete mil soldados y se dirigió hacia Alcazarquivir, plaza en el camino de Fez.

El 4 de agosto de 1578 tuvo finalmente lugar, a orillas del río (wed) de la Podredumbre (Makhazín) la batalla llamada de Alcazarquivir por los portugueses y de Wed al Makhazín por los marroquíes, denominada también Batalla de los Tres Reyes porque en ella murieron el rey de Portugal y los dos sultanes que disputaban el trono en Marruecos. Allí fue derrotado don Sebastián, muriendo no sólo él sino muchos de sus familiares, el gran poeta español Francisco de Aldana y lo más granado de la nobleza portuguesa. También murieron allí su aliado Muley al-Mutawakil y su adversario, el sultán Abd el-Malik.

Gracias a un renegado cordobés, Sulayman del Pozo, que ocultó la muerte de Abd el-Malik, no se difundió la noticia de la defunción del sultán hasta terminar la guerra, para no desmoralizar a las tropas; la muerte de tres reyes en un mismo campo de batalla causó gran asombro en la época.

Una leyenda afirma que don Sebastián dijo a sus tropas que ellos no serían quienes tendrían que luchar, sino la misma cruz contra la media luna; los soldados se fueron de Alcazarquivir y, al regresar, encontraron la batalla ya resuelta y ganada por sus adversarios y al rey don Sebastián desaparecido.

Consecuencias[editar]

Cuando llegó la noticia de la derrota militar a Portugal, el pueblo entero se vistió de luto porque toda familia tenía algún miembro suyo en el ejército aniquilado. Corría el mes de agosto de 1578, sin que jamás apareciera el cuerpo del monarca portugués, quizá porque robaron sus ropas y su cuerpo quedó desfigurado y descompuesto rápidamente por las altas temperaturas y las alimañas. Los descendientes de los judíos expulsados de Portugal vieron en esta derrota un castigo divino contra la dinastía real portuguesa; según esta interpretación judía la extinción de su último descendiente acaeció en el mismo sitio donde se refugió la mayor parte de los judíos expulsados del reino portugués y, por eso, sus prisioneros fueron vendidos como esclavos precisamente en los lugares de residencia de los judíos de Fez.

La desaparición motivó la creación de un mito alrededor del rey, el llamado Sebastianismo, alrededor de las profecías de un tal Bandarra, surgiendo en diversas épocas personajes que se hacían pasar por don Sebastián. Una de las más curiosas fue la protagonizada por un pastelero de Madrigal, que dio tema a la pieza dramática de José Zorrilla y a una novela histórica de Manuel Fernández y González.

La muerte de don Sebastián dejó al país portugués inmerso en un gran desconcierto, en bancarrota y con un vacío político que su sucesor, su tío el cardenal don Enrique, intentó llenar sin conseguirlo, con lo que aconteció la crisis dinástica que solucionó Felipe II al ocupar el país como nuevo rey de Portugal, creándose así nuevamente la unión ibérica en la historia -después de los romanos y visigodos- y dentro de la Monarquía Hispánica. Las tropas de esta unión fueron dirigidas por el III Duque de Alba, Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel.

Importancia de este acontecimiento para la comunidad judía[editar]

La comunidad judía de Fez, Tetuán, Tánger y otras ciudades del norte de Marruecos conmemoró aquel día de salvación, el segundo día de rosh jodesh de elul, designándolo día de purim (llamado Purim Sebastiano, si bien otros lo llaman Purim de Cristianos o Purim de los Cristianos) para ellos y sus descendientes,[2] [3] puesto que, según la tradición, cuando el ejército portugués llegó a las inmediaciones de Alcazarquivir (en árabe, القصر الكبير, Al-Qar Al-Kabīr; lit. Gran fortaleza), dos anusim (judíos convertidos violentamente al cristianismo) que hacían parte del ejército portugués, se dirigieron en secreto a los judíos de la ciudad, y les revelaron que el rey cristiano, antes de embarcar para África, fue a una iglesia de Lisboa, e hizo el solemne juramento de que, si venciese la batalla, obligaría a todos los judíos de aquellas tierras a convertirse al cristianismo, o «pasaría a cuchillo a todo judío que no aceptara la conversión», tal como su bisabuelo, D. Manuel I, había hecho con toda la población judía de Portugal.

Los judíos de Alcazarquivir entraron en pánico, pero los rabinos les pidieron que, tal como hiciera la Reina Ester en su tiempo, hicieran un día de ayuno y de oración, implorando a Dios que los salvase de aquella crueldad. Finalmente las tropas portuguesas fueron derrotadas y su joven rey, D. Sebastián, desapareció misteriosamente, en la batalla que quedó conocida en la historiografía como la "Batalla de los tres reyes", que allí perecieron.

Fue entonces, que los rabinos de Marruecos determinaron que, a partir de ese año, y para siempre, de generación en generación, aquelas comunidades harían, en el segundo día de Rosh Jodesh Elul, una fiesta de Purim, con mucha alegría, descanso de todo trabajo, y entrega de caridad para los pobres (Mishloaj manot laEvionim) para recordar las maravillas de Dios.

Todo esto fue escrito en una Meguilá, rollo en pergamino manuscrito, del que aun existen algunos ejemplares en Israel, y probablemente en otros países. Son leídas en las sinagogas y en los hogares en el día que llaman como “Purim Sebastiano”, o “Purim de Sebastian YSV” (abreviatura de “Que desaparezca su nombre y su memoria”).

En el templo de la Tefilá Pintada o de Kalilia de Tetuán solían tirarse monedas al suelo, después de la lectura del séfer torá, para que los niños las recogieran y se alegrasen; además se daban regalos a los niños y se hacía una comida; algunos solían comer chumbos al mediodía porque, según la leyenda, don Sebastián habría muerto en una chumbera.

También se solía leer la Meguilá de los Reyes en hebreo (hay varias versiones), en la que se cuenta la historia del milagro y se alaba a Dios por Su gran merced; también se solía contar en judeoespañol el relato de la milagrosa salvación en la sinagoga. Todos los años, el día primero de Elul, se lee en las sinagogas de Tánger y de otras ciudades de la zona española (y ahora también en algunas sinagogas de la diáspora judeomarroquí, como en Caracas, Venezuela) la meguilá o relación del grandioso milagro sucedido a los israelitas el día 1 de Elul del año 5388 de la era judaica:

Los hechos son como siguen: El poderoso rey de Portugal, don Sebastián, se propuso la conquista de Marruecos. Una importante escuadra lusitana se presentó días antes en aguas de Tánger, desembarcando un considerable ejército de infantería, caballería y artillería, a cuyo frente venía nada menos que el mismo rey, don Sebastián, secundado por lo más granado de la nobleza lusitana y lo más lucido de la oficialidad de aquel país. El cuerpo expedicionario, después de descansar unos días en la playa de Tánger, se organizó en fuertes columnas y se dirigió hacia Alcazarquivir, que en aquella época era la plaza más importante de la región. El plan decidido por el rey y su Estado Mayor fue el de presentar batalla al sultán de Marruecos y a sus numerosas huestes, en la ribera del río Oued-Mjazén, 'río de la podredumbre', por haberse llenado de cadáveres de ambos bandos y por despedir un hedor inaguantable, que duró mucho tiempo y dio lugar a epidemias. D. Sebastián, confiado en los elementos de que disponía, tenía por segura la victoria de sus armas, pero dominado por su fanatismo, oró ante el altar la víspera y prometió que si vencía, pasaría a cuchillo a todo judío que no aceptara la conversión a las creencias del ejército invasor. Dos judíos, prisioneros de los portugueses, pusieron el hecho en conocimiento de sus correligionarios de Tánger y Alcazarquivir los que, consternados por tan fatal noticia, se concentraron en sus templos, para orar e implorar la protección de Dios. Entretanto, una encarnizada batalla se desarrollaba al margen del río, sucumbiendo muchos miles de hombres de uno y otro lado, hasta la una de la tarde del uno de Elul en que quedó completamente derrotado el ejército portugués, contándose entre las víctimas a don Sebastián, muchos de sus familiares y los más distinguidos próceres de la nación portuguesa. La derrota de los portugueses evitó el degüello de miles de judíos que, seguramente, preferirían ser inmolados, a abjurar de su religión. Una vez más la Providencia salvó a los judíos de una muerte segura. Los jefes de las comunidades declararon día festivo el uno de Elul, dedicándolo a la práctica de la caridad y a entonar himnos de alabanza al Todopoderoso por su divina protección.

Enlaces externos[editar]

1990 film "La batalla de los Tres Reyes"


Referencias[editar]

  1. a b Fray Luis Nieto, en la Relación de las guerras de Berbería, y del suceso y muerte del Rey D. Sebastián, recopilada en la Colección de documentos inéditos para la historia de España, vol. 100, pags. 411-458.
  2. El calendario y el ciclo anual de festividades. Uriel Macías Kapón. pág. 98
  3. Judíos magrebíes en la edad moderna. Mercedes García Arenal. pág. 173-174