Aves sin nido

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Aves sin nido (1889) fue la primera de tres novelas de la peruana Clorinda Matto de Turner (1852-1909). Es su obra máxima, reconocida como la novela precursora del Indigenismo, movimiento literario básicamente peruano, en el que brillaron las figuras de Ciro Alegría ("El Mundo es Ancho y Ajeno") y sobre todo su compatriota José María Arguedas, con novelas cumbres como "Los ríos profundos".

Clorinda Matto de Turner hubo de exiliarse del Perú, ya que la novela causó controversia y ella fue excomulgada por la Iglesia. El clero incitó a las turbas, que asaltaron su casa y la imprenta de su hermano, quemaron su efigie y varios de sus libros. Moriría en el exilio en Argentina.

Ediciones[editar]

Hay numerosas ediciones en el Perú (Peisa), en México y en Estados Unidos (Stockcero). Recientemente la novela fue publicada otra vez en inglés en dos versiones, una de Naomi Lindstrom (La Universidad de Texas) y la otra de Antonio Cornejo Polar (Oxford University).

Características[editar]

La novela se divide en dos partes, con 26 capítulos la primera y 32 la segunda. Fue traducida inmediatamente al inglés desde su publicación. La trama de novela consiste en un matrimonio criollo que va a la sierra peruana, a un pueblo ficticio Kíllac para invertir en una mina. Mientras se radican allí descubren las formas de control contra la gente quechua como la mita y la institución de los pongos. La novela es una denuncia de la subordinación de los naturales peruanos por parte de la vieja aristocracia.

La obra comienza hablando de Killac, un pueblito de los andes, donde transcurren los principales hechos de la novela. En Killac solo el paisaje fisico es bello, pero el aspecto social es horrible. En la trama de la novela aparece un joven de nombre Manuel, el cual se enamora de una joven llamada Margarita. él desea casarse con ella, pero pronto descubrirán que a su amor se interpone el estrecho vinculo que, sin saberlo, conllevan.

Personajes[editar]

Principales[editar]

  • Margarita: Muchacha sumisa, discreta y buena. Poseedora de una belleza incomparable. Hija de Marcela y el cura. Perdidamente enamorada de Manuel.
  • Manuel: Muchacho de alta clase social, simpático, de actitudes bastante maduras, caballero, decidido, estudioso. Desde un principio se fijó en la belleza de Margarita
  • Sebastián Pancorbo: Corrupto gobernador (en un principio) del pueblo, tan astuto como hipócrita y estafador. Sin embargo era bastante fácil de influenciar, como un títere para todo aquel quien se mostrase de su lado, ya que al parecer, esa era considerada una necesidad para él.
  • Lucía Marín: Mujer joven, ejemplar por su infinita solidaridad para con su prójimo, a quien le gustaba inmiscuirse en los asuntos de su marido, siempre para algo de buena intención. Jamás se dejaba llevar por actitudes machistas de otros personajes de la nobleza del pueblo. Tenía una constante conducta digna, femenina y madura.
  • Fernando Marín: Honorable hombre de bien y de la alta clase social del pueblo de Kíllac. Esposo de Lucía, quien defendía y velaba hasta donde podía, las condiciones en que vivían los indios en esa época.
  • Pascual Vargas: Inmoral, atrevido y lujurioso, cura de la provincia. Se aprovechaba de su autoridad para llevar a cabo los más denigrantes y provechosos (económicamente) objetivos

Secundarios[editar]

  • Estéfano Ben
  • Petronila Hinojosa
  • Pedro Esco
  • Coronel don Bruno de Paredes
  • Obispo Don Pedro de Miranda
  • Marcela Yupanqui
  • Hilarión Verdejo
  • Juan Yupanqui
  • Doña Melitona
  • Isidro Champi
  • Claudio Paz
  • Teodora Martina.
  • Juan Luis Arratia Colorado

Resumen[editar]

Comienza con la ayuda que le pide Marcela a la señora Lucía de Marín acerca de lo que tenían que pagar para que les devuelvan a sus hijas. Con la ayuda de Fernando Marín, Lucía ayuda a Marcela pagándole al gobernador Sebastián Pancorbo y al padre Pascual, devolviéndoles a sus hijas Margarita y Rosalía, que mientras tanto Estéfano Benítez, Pedro Escobedo, el gobernador, el padre Pascual y otros planeaban un ataque a los esposos Marín. Petronila Hinojosa, esposa del gobernador, recibe la grata visita de su hijo Manuel, que después va de visita a la casa de los Marín. El ataque había comenzado contra los Marín el campanero Isidro Champí comenzó a tocar las campanas, los Marín se protegían contra la gran turba de hombres armados y con antorchas que destruían la entrada de la casa de los Marín, Manuel y su madre fueron ahí para ayudar, que en el camino encontraron dos indios, uno muerto con un balazo que le rozó los pulmones y le destruyó el hígado y la otra tenía un balazo en el hombro y que le había comenzado la infección, eran Marcela y su esposo, detenido el ataque los Marín los auxiliaron pero Juan Yupanqui ya estaba muerto pero Marcela podía vivir, recogieron y adoptaron a sus hijas Rosalía de tres años y Margarita de 14, dándoles vestido, alimento y vivienda en su propia casa. Fernando Marín presentó un juicio contra los que habían organizado el ataque contra su casa que fue ayudado por Manuel el hijo del gobernador que estaba involucrado en este juicio, en el juicio se presentaba el padre Pascual cunado de pronto se desmayó y lo tuvieron que llevar de emergencia, por este embrollo Sebastián Pancorbo tuvo que dejar su cargo dejando de gobernador a un antiguo coronel del ejército, Don Bruno Paredes; por mientras, Marcela estaba agonizando y pronto a la muerte dejando a sus hijas a lado de Lucía que las acogió gratamente. En una reunión con Escobedo, Benítez, Pancorbo, el nuevo gobernador y otros idearon un plan para inculpar al campanero y meterlo a la cárcel, y sí, lo metieron preso. El padre pascual ya dado de alta después de tener la fiebre Tifoidea, fue a otro pueblo vecino para descansar pero haciendo maniobras con su caballo cae y se chanca la cabeza quedando desmayado siendo auxiliado por un convento cercano, pero lamentablemente muere. Martina, esposa de Isidro Champí, el campanero, fue a pedir ayuda a su compadre que era Pedro Escobedo, y este le pide sus vacas y algunos ganados para la liberación del campanero, pero que en realidad no le iba dar libertad sino hasta dentro de unos meses, Martina pensando esto fue a pedir ayuda a Don Fernando Marín. En la casa de Doña Petronila, estaba con su hijo Manuel conversando cuando de pronto entro Sebastián borracho y comenzó a golpear a su esposa, viendo esto Manuel va a su auxilio y relaja a Sebastián. El nuevo gobernador de Kíllac estaba en un pueblo vecino, Saucedo, en la casa de don Gaspar donde había una fiesta, el gobernador vio a la hija de don Gaspar y quería estar con ella, visto esto Gaspar planeó una idea para sacarla del lugar y llevarla a donde Petronila y le enseñe a ser una verdadera mujer, haciendo esto, Gaspar se llevó a su hija con un pretexto que iba a dejar un encargo en Kíllac, junto con su criado se la dejo a doña Petronila, el nuevo gobernador sabiendo esto salió de la fiesta y fue a buscarla, pero le llegó una carta que le hacía dejar su cargo, y con esto se desapareció y no se supo nada mas de él. Manuel había ido a visitar a Don Fernando (que en realidad buscaba a Margarita), habló con Margarita sobre el amor que sentía hacia ella, Margarita, tímida fue a llamar a su padrino. Lucía y su esposo planearon un viaje para salir fuera de Kíllac y nunca mas regresar, y se llevarían a sus ahijadas a Lima para que estudien y luego irse a Europa, Lucía habló esto con Margarita que le preguntó si iría también Manuel, pero lamentablemente tenía cosas que hacer en el pueblo y no podía salir. En la conversación entre Manuel y Fernando apareció Martina para pedirles ayuda, y Fernando siempre generoso prometió junto con Manuel ayudarla y liberar a su esposo. Después de que Martina se fue, bajaron Lucía y su ahijada, y en ese instante apareció Doña Petronila y la hija de Gaspar para que la conozcan. Manuel y Fernando luchaban por la libertad del campanero y a pocos días de su partida a Lima, ideó una fiesta para que convencer a las autoridades. Ya en la fiesta, el primero en llegar fue Manuel y su familia, que preguntó por Margarita, pero ella estaba en el cementerio, junto con su hermana para despedirse de sus padres para siempre; en la fiesta intentaron convencer a las autoridades de liberar a Isidro con noticias positivas. Ya en el día de su partida, estaba Manuel, Benítez, Escobedo, Verdejo y Pancorbo, se estaban despidiendo cuando llego un grupo de hombres junto con López, que tenía nuevas noticias: Sebastián Pancorbo iría directamente a la cárcel por el atentado contra los Marín, Pedro Escobedo, Estéfano Benítez e Hilarión Verdejo tendría el mismo destino. Enterados de esto, Fernando Marín se retrasó un poco para conversar con Manuel, para que se quede un tiempo más y arregle lo que pasaba en Kíllac: liberar al campanero y ver el juicio de los otros culpables. Ya en el tren Lucía, Fernando, Margarita y Rosalía partieron en tren. Petronila enterada que su esposo se iba a la cárcel le pidió a su hijo que intente liberarlo. El plan de Manuel era hacer todo lo necesario en Kíllac y luego ir tras su amada Margarita. Ya todo listo en Kíllac, Sebastián Pancorbo e Isidro Champí estaban libres gracias a Manuel, este partió tras su amada. Mientras tanto en el tren de los Marín se acercaba una catástrofe, en los rieles cerca al puente pasaba un ganado de lo que no se percataron los maquinistas, luego Mister Smith, se dio cuenta y en el acto quiso frenar, todos los vagones saltaron, mientras que algunas vacas eran trituradas por el inmenso tren toda la gente del tren gritaban, Mister Smith disparó contra la caldera poniendo en riesgo su vida para salvar a todos los pasajeros, gracias a el lograron detenerse, pero el tren se descarriló ya fuera del puente, solo con algunas personas heridas levemente, como Rosalía que se chancó el labio; ya todo listo volvieron avanzar. Los Marín ya estaban en la segunda ciudad del Perú (eso significa que era La Ciudad Blanca, Arequipa), se hospedaron en el hotel Imperial. Ahí Margarita sintió los pasos de su amado que atravesaban la puerta, era Manuel tras su amada, le pidió que sea su amada, pero una muy mala noticia le caería a esa relación, Lucía les confesó algo, Manuel no era el hijo de Sebastián, el era su padrastro como ya sabemos por la forma de hablar con él, en realidad su padre era el cura Pedro Miranda y Claro que abusó de doña Petronila, Marcela antes de morir le dijo un secreto a Lucía, Margarita era la hija de Marcela, pero no de Juan Yupanqui, el Cura Pedro Miranda Y Claro siguiendo con sus fechorías también abuso de Marcela, así que eso llegaba a una conclusión: MANUEL Y MARGARITA ERAN HERMANOS.

Primera parte[editar]

'Aves sin nido empieza con una descripción del pueblo situado en la sierra del Perú que se llama Kíllac—un lugar en que la naturaleza inspira a la gente a sentir mucho amor para su país. La autora usa los colores y los olores para describir la naturaleza y la belleza de la tierra peruana. El narrador continúa por describir a la gente del pueblo. Primero, se presenta a Marcela, una mujer india que lleva la ropa peruana tradicional. En contraste, hay otra mujer, se llama Lucía, que pertenece a la clase alta y acaba de mudarse a Kíllac con su esposo, don Fernando. Con su tiempo libre empieza a hablar con Marcela y aprende de su situación devastadora: Marcela tiene que pagar sus deudas al cura y al gobernador del pueblo pero no tiene bastante dinero. Por eso, Lucía decidió hablar con el cura Pascual y con el gobernador, don Sebastián. Cuando los dos oficiales del pueblo van a visitar a Lucía y se enteran de sus opiniones, se burlan de ella. Ellos piensan que Lucía tiene la intención de cambiar el ritmo y estilo de vida en el pueblo. Además, el cura dice que tiene que recolectar las deudas para que él pueda continuar con sus servicios al pueblo. En este momento Lucía empieza a darse cuenta de la corrupción en Kíllac en vez de estar de acuerdo con ellos. Marcela, después de conocer a Lucía, comienza a tener la esperanza de que alguien pueda tenerles compasión y tal vez cambiar el sistema corrupto de su pueblo.''''

'En la próxima parte, se descubre que el cura tomó a la hija de Marcela, que se llama Rosalía,que es la hija menor, con la intención de amenazar a Marcela. Entonces, Lucía decide que va a dar dinero a Marcela para que pueda recoger a su hija. Mientras tanto, el esposo de Lucía da un documento al gobernador en que se dice que pagarán las deudas de Marcela si ella puede recuperar a su hija.'

'Este es el comienzo de situaciones conflictivas. Cuando el cura se da cuenta que fue Lucía que le dio el dinero a Marcela, se reúne con el gobernador, y juntos hablan a su vez con la gente del pueblo. Todos deciden matar a esta nueva pareja (Lucía y Fernando) por sus intenciones de arruinar la felicidad del pueblo.'

'Al mismo tiempo que esto ocurre, se presenta a Doña Petronila (la esposa del gobernador) y su hijo (cuyo verdadero padre no es el gobernador) que se llama Manuel. Manuel es muy bien educado y tiene una mente clara y digna. También él tiene mucho respeto hacia Lucía y don Fernando y quiere ayudarlos de cualquier manera que sea posible. Cuando Lucía y don Fernando vuelven a su casa, tienen que escapar la brutalidad de la gente del pueblo cuando tratan de allanar su casa y matarlos. En medio del ataque, la gente del pueblo mata al esposo de Marcela y ella muere poco después por dificultades y el desconsuelo ante la muerte de su esposo. Las hijas de Marcela quedan sin hogar, son las “aves sin nido”, carentes de padres, casa y sostén. Lucía, por su empatía, decide ser la nueva madre de las huérfanas (Margarita y Rosalia).'

'Este parte termina con el retiro del cura del pueblo de Kíllac que se va, debido a que padece de la fiebre tifus, de la cual se recupera, quedando sin embargo con perturbaciones psicológicas. Se resalta también la persistencia y afán de Lucía, su esposo Fernando y Manuel por proveer justicia y borrar la corrupción al interior del pueblo.'

Segunda parte[editar]

Al principio de la segunda parte de la novela, el narrador cuenta que pasan “meses y meses” sin que haya progreso en la investigación del crimen de la noche del 5 de agosto. Ésta continúa “con la lentitud alentadora del reo, lentitud con que en el Perú se procede dejando impune el crimen y tal vez amenazada la inocencia” (79).

A pesar de haber tomado las declaraciones de muchos testigos, el juez de paz, don Hilarión Verdejo, no ha hecho un juicio y cita a don Fernando Marín para que éste dé su testimonio. Marín no ha querido “empeñarse en aquel juicio” (79), pero cumple con la citación y llega a la oficina de Verdejo para hacer su declaración. Después de que llega el plumario Estéfano Benites, el juez de paz comienza la entrevista con Marín. Cuando Marín declara que sí “sabe quiénes atacó la casa o conoce los autores del atentado”, Verdejo concluye la entrevista diciendo que está suficiente para hoy y que anda muy ocupado con otras cosas. Al salir Marín, Benites y Verdejo planean el embargo para poder quitarle al campanero Isidro Champí de sus vacas, ovejas y alpacas y deciden que su amigo Escobedo será el que exige la orden para la entrega del ganado de Champí.

“Encerrado en su cuarto por largas horas” (82), Manuel sufre por la contradicción entre la implicación de don Sebastián en el crimen y su deseo de ayudar a Lucía con los planes para el futuro de su nueva ahijada, Margarita. Después de largas vacilaciones, Manuel decide volver a la casa de don Fernando Marín y de su esposa la señora Lucía. Antes de llegar él coge una ramita de violetas del jardín de su mamá para dársela a Margarita, haciendo una comparación entre ellas y la modestia de la chica. Una vez en la casa de Marín, observa a Margarita estudiando una fichas grabadas con las letras del alfabeto. Lucía le pregunta a Manuel porque ha estado ausente por tanto tiempo, y él explica mencionando a sus preocupaciones recientes. Mientras estudia Margarita, Manuel expresa de manera disimulada su interés en la chica y Lucía se da cuenta de los sentimientos de Manuel.

Gracias a “la asistencia caritativa” (85), el cura Pascual no muere del ataque de tifoidea y se va para la ciudad de Lima para pasar el período de su convalecencia allí. Mientras tanto, llega a Kíllac el hombre que ha sido designado por el Supremo Gobierno como la nueva autoridad de la provincia serrana. El coronel Bruno de Paredes es conocido en el Perú “por gozar de influjos conquistados en torneos del estómago, o banquetes, como por sacar con frecuencia las manos del plato de Justicia” (85), y además es amigo antiguo de don Sebastián.

Don Sebastián y el coronel se reúnen en la casa de don Sebastián para hablar de los sucesos de los últimos meses. Paredes critica a don Sebastián por haber tomado en cuenta las sugerencias de Manuel, y le dice que a pesar de su resignación, nuevamente le va a nombrar gobernador a don Sebastián. Paredes declara su intención de aprovechar de su nueva posición para sacar beneficias, y dice que quiere incluir a don Sebastián en sus planes.

Nuevamente en la casa de don Fernando Marín, Manuel y Marín lamentan el estado de las autoridades en el pueblo. Marín revela sus planes para mandarlas a las chicas a educar en Lima. Manuel le da a Margarita el ramillete de violetas y ella lo acepta. Los hombres continúan hablando de la nueva autoridad, quien parece no querer la amistad de Manuel. Éste se va de la casa y se pierde en sus pensamientos de Margarita. Piensa que si puede revelar la verdad se su verdadero padre a don Fernando, podrá estar con Margarita. Se resuelva además a seguirla a Margarita cuando se vaya a Lima y estudiar para hacerse abogado.

Mientras Manuel está en la casa de Marín, los vecinos notables de Kíllac se reúnen en la casa de don Sebastián para conocer al nuevo subprefecto, coronel Paredes. Paredes declara su esperanza de poder apoyar a los vecinos y de recibir su apoyo también. Avisa que “debemos aprovechar de la estación para hacer nuestro reparto moderado”, pues dice que no le gustan los abusos (91). También Paredes les hace una recomendación en cuanto al juicio todavía irresuelto. Les dice que tengan “prudencia” con don Marín y que capturen y encarcelen a Isidro Champí. Entonces Paredes parte de la casa entre la multitud voces gritando “¡viva el subprefecto, coronel Paredes!” (93) y poco después se va Benites a ejecutar la orden para la captura de Champí. Don Sebastián queda sólo en su casa y comienza a tomar caña de azúcar, pues teme que su esposa y Manuel arruinarán su ambición de llegar a un puesto más alto por medio de conspirar con Paredes. Doña Petronila oye los gritos locos de su esposo borracho y luego de vacilar entre esperar a que llegue Manuel e intervenir por su propia cuenta, entra en el cuarto donde don Sebastián está tomando. Éste sigue gritando y se pone violento con su mujer. Mientras tanto, Manuel llega a la casa y encuentra el conflicto entre su padrastro borracho y su madre. Manuel termina la escena por tomar a su padrastro por la cintura y llevarlo a su dormitorio.

Benites rápidamente cumple la tarea de llevarlo preso a Champí. El campanero se está alistando para ir a la iglesia cuando llega Benites. Delante de la esposa y los siete hijos de Champí, Benites sale para la cárcel con su prisionero. Antes de irse dice que no tengan miedo, que les va a ayudar a resolver el asunto. La esposa Martina está muy preocupada y decide acudir a su amigo Escobedo, pues cree que “él puede hablar por nosotros” (97).

Don Fernando se preocupa cada día más por el estado de las cosas en Kíllac y toma la decisión de que partir del pueblo. Le revela su decisión de volver a Lima a Lucía, quien está embarazada. Rosalía y Margarita acompañarán a la pareja en el viaje para entonces estudiar en la capital.

El cura Pascual, que está en el camino para Lima, pasa unos días sin tomar alcohol ni estar con mujeres. Su intención de llevar una vida más sana fracasa cuando llega a un posado y ve a la bella posadera. Se emborracha en el posado y la posadera y su esposo lo ponen nuevamente en su caballo fino para que termine el viaje a Lima. Cuando llega a Lima se cae de su caballo y está salvado por los frailes de un convento. Le dan un cuartito en que descansar, y una vez allí el cura piensa en la contradicción entre el deseo natural del hombre y la vida que tiene que llevar en el servicio de Dios y la Iglesia. De repente cae muerto el cura, y lo encuentran unos frailes que después hablan de su temor a la muerte repentina, pues una muerte repentina no les daría la oportunidad de prepararse para el más allá.

Manuel, que ha sufrido internamente por el tumulto de los sucesos domésticos, habla con su mamá sobre su deseo de estudiar para hacerse abogado. Doña Petronila le asegura que ha ahorrado dinero para estos fines. También le acuerda de que es su deber respetar a Don Sebastián y de tratarlo como si fuera su padre verdadero.

En la casa de Escobedo, Martina aplica al vecino para que la ayude a liberar a su esposo. Escobedo le avisa que le entrega cuatro de sus vacas, pues así podrá liberar a Champí “mañana, pasado, dentro de tres días” (110). Ella sale de la casa rumbo a la cárcel y Escobedo se dice riendo, “Ratón, caíste en la ratonera” (110).

El subprefecto coronel Paredes visita a los pueblos vecindarios de Kíllac y en uno de ellos escoge a una joven muy linda para ser su próxima conquista. Teodora está prometido a otro, y sabe que las intenciones del subprefecto son malas. Mientras Paredes pasa cinco días en la casa de Teodora bebiendo y festejando con sus amigos, ella se preocupa por su reputación y por su novio. Su papá le aconseja que sea amable con el subprefecto en la noche de la última cena, y que luego buscará una salida para su hija.

Manuel va a la casa de don Marín y la halla sola a Margarita. Aprovecha de la circunstancia para declararle su amor y su deseo de casarse con ella. Margarita, que todavía está muy joven, sin embargo “sabía desde este momento que era mujer. Sabía que amaba” (115).

Después Lucía le informa a Margarita que toda la familia se irá para Lima. Cuando Margarita le cuenta de lo ocurrido con Manuel, Lucía le aconseja que no se enamore de Manuel, pues él es “el hijo del sacrificador de tus padres” (116). Margarita se siente muy triste por el conflicto. Lucía decide que va a hablar con su esposo acerca de la situación de Manuel y Margarita.

Mientras tanto, Teodora y su padre don Gaspar huyen de su casa y del coronel Paredes. Teodora continúa en el camino para la casa de doña Petronila, quien la esconderá del subprefecto. Su padre regresa a la casa para encontrarse en el camino con los amigos de Paredes que han salido en busca de Teodora. Mientras tanto, Paredes recibe una carta avisándole de “una tempestad política” (123) que le obliga a salir rápidamente de la casa de don Gaspar para esconderse en la ciudad.

Después de la declaración de amor de Manuel, éste se reúne con don Fernando y los hombres hablan de sus planes para ir a Lima. También Manuel insinúe que don Sebastián no es su padre verdadero. Don Fernando dice que le va a ayudar a Manuel con el arreglo de sus financias para el viaje a Lima, y luego los hombres cierran su conversación lamentando nuevamente la situación de la política y de las indígenas en los pueblos del Perú, pues la huida de Teodora a la casa de Manuel ha destapado otra prueba de la corrupción de las autoridades regionales.

Martina lo visita a su esposo en la cárcel y le cuenta de la entrega de las cuatro vacas a Escobedo. Mientras toma lugar la triste reunión de la pareja, Escobedo y Benites planean dar una vaca al subprefecto y quedar con las otras tres, y también arreglan cómo proceder con el embargo. Champí permanecerá en la cárcel, pues “Ahora no conviene que salga; lo embromaremos unos dos meses, y después la sentencia hablará” (132).

La familia de doña Petronila llega a la casa de don Fernando para presentar a Teodora. El grupo está platicando amablemente cuando aparece Martina. Ella está desesperada porque las justicias han llevado sus vacas y porque teme que don Sebastián los esté persiguiendo a ella y su esposo. Don Fernando dice que los protegerá y salvará de las autoridades corruptas y Martina sale “llena de esperanzas” (137) para comunicarle la noticia a su esposo encarcelado.

Gracias a la situación inestable de las políticas nacionales, también cambia el autoridad local en Kíllac. Nadie sabe dónde se ha escondido Paredes.

Manuel continúa pensando en Margarita y declara que les revelará a don Fernando, Lucía y Margarita el secreto de su nacimiento.

Doña Petronila también fue a la casa de don Fernando para pedirle cartas de recomendación al nuevo subprefecto para Teodora y su padre. Don Fernando dice que pedirá las cartas a la vez que aplica a su amigo para ayuda en respecto a la situación de Champí. Después de que se van doña Petronila y Manuel, Lucía habla con su esposo acerca del amor que ha observado entre los jóvenes. Don Fernando le asegura que el de Manuel y Margarita sería un muy buen matrimonio, y Lucía piensa en la educación de las virtudes domésticas de Margarita. Don Fernando prepara la carta con el doble propósito a su amigo don Federico Guzmán.

Mientras Martina le cuenta las noticias a su esposo, Escobedo, Benites y otros amigos hablan de la intervención de don Fernando y de Manuel. Deciden que no es una gran amenaza a sus planes debido a la pronta partida de Marín.

Don Fernando y Lucía deciden invitar a los vecinos para un desayuno en la mañana de su viaje para Lima. Así don Fernando podrá hablar a favor de la causa de Champí. También se han concretizado los planes de Manuel para estudiar en la ciudad capital.

En la mañana de la partida de la familia Marín, llegan todos los vecinos, inclusive Escobedo, cuya esposa ha dicho que está de viaje. Margarita y Rosalía van a despedirse de la tumba de sus padres. Durante el desayuno, don Fernando habla por la causa del campanero Champí. Mientras la familia se está tomando las últimas preparaciones para salir rumbo a la estación del tren, un grupo de hombres armados llega a la casa con el propósito de llevarlos preso a don Sebastián, don Verdejo, Escobedo y Benites. Como su padrastro ha sido encarcelado, Manuel sabe que va a tener que postergar sus planes. Intenta calmar a su madre y comienza a trabajar en las defensas de Champí y de don Sebastián.

Don Fernando y su familia viajan por caballo hasta llegar a la estación de tren. Manuel está muy triste por la postergación de sus planes y extraña mucho a Margarita. Su madre le anima por decirle que vaya a alcanzar a don Fernando para que declare su intención de casarse con Margarita.

Lucía y su esposo suben al tren con las dos chicas. El tren sigue sale de la estación y todo va bien hasta que el tren choca con una tropa de vacas que está en el centro de un puente.

Manuel cumple su deber con respecto a su padrastro, pues don Sebastián sale de la cárcel. Él explica a don Sebastián su deseo de salir la próxima mañana diciendo que además de pedir la mano de Margarita hará los pasos necesarios para conseguir de don Fernando “el recurso de transacción y desistimiento, para que este juicio quede fenecido y no nos vuelvan a molestar” (168).

Debido a los esfuerzos de Manuel, también sale de la cárcel Isidro Champí. Nuevamente reunidos, él y su esposa lamentan su triste existencia: “Nacimos indios, esclavos del cura, esclavos del gobernador, esclavos del cacique, esclavos de todos los que agarran la vara del mandón” (170). La pareja dice que moriría dichosa si no fuera por sus hijos; para los indios, “¡La muerte es nuestra dulce esperanza de libertad!” (170).

Don Fernando y su familia salen del choque de tren sin mayores heridas. Por fin el tren reanuda la marcha y llegan a una hermosa ciudad. Una tranvía tirado por caballos los conduce al Gran Hotel Imperial. La familia llega al hotel lujoso mientras Manuel está en el camino para alcanzarla.

Cuando Manuel llega al hotel, se reúne con la familia para contarles del estado de las cosas en Kíllac. Hablan de la salida de don Sebastián y de los pasos que debe tomar don Fernando para asegurar la libertad de Champí y de don Sebastián. Don Fernando sale a arreglar el asunto y Manuel queda con la familia por la noche, cuando espera pedir la mano de Margarita.

Esa noche, Manuel aparece en el hotel lleno de esperanzas. Otra vez declara su amor a Margarita, y cuando llegan don Fernando y Lucía, les pide su mano con un plazo de tres años. Entonces revela que su verdadero padre es el obispo Claro, y Lucía, quien sabe la identidad del verdadero padre de Margarita, comienza a temblar y a llorar. Por fin, se entiende que Margarita y Manuel son hermanos. Margarita cae en los brazos de Lucía, “cuyos sollozos acompañaban el dolor de aquellas tiernas aves sin nido” (183).