Autorretrato de Durero (Alte Pinakothek)

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Albrecht Dürer 104.jpg
Autorretrato
(Selbstbildnis)
Alberto Durero, 1500
Óleo sobre tabla • Renacimiento
67 cm × 49 cm
Alte Pinakothek, Múnich

El Autorretrato de Durero es una obra del pintor alemán Alberto Durero hecha en 1500, cuando tenía 29 años. Se conserva en el Alte Pinakothek de Múnich. Aunque existen otros autorretratos, el más famoso de ellos el que se conserva en el Museo del Prado de Madrid de 1498, (Autorretrato de Durero (Prado)). Mide 67 cm. de alto por 49 cm. de ancho. También se le conoce como Autorretrato con traje de piel.[1]

Descripción[editar]

Esta obra fue realizada en 1498, cuando Durero tenía 27 años, como figura en la inscripción a la parte derecha superior del cuadro.[1] Sin embargo, este hombre que vemos aquí parece mayor. Se le ve frontalmente, vestido de pelliza, con largos cabellos y una expresión seria y serena, recordando un «Ecce homo». Si alguien que lo viese no supiera que es un autorretrato de Durero, pensaría que es Cristo, con los cabellos dorados enmarcando un rostro alargado y sereno, recordando la iconografía de Jesucristo.

Las facciones, la cara, pero sobre todo la mirada son cautivadoramente profundas. Son ojos verdes que están un poco hundidos, con la mirada «sincera, noble y honesta».[1] Muy pocos cuadros han llegado a transmitir tal efecto y Durero lo ha logrado con su propio rostro.

Primero, está el fondo oscuro que da un efecto de silencio. Todo parece quietud. La cara de Durero sobresale dramáticamente. Todo, desde su cabello dorado hasta sus manos son calma. Está vestido con una bata color café, de terciopelo y lana la cual ya está muy usada y rota como se puede ver en el brazo derecho, del cual se deja ver una parte del traje que Durero porta en el autorretrato de 1493.

Su mano acaricia la bata con suavidad y él solo nos ve a nosotros. La luz es poca, pero llega del lado izquierdo del cuadro y es el único foco que alumbra la escena. Esta postura de la mano tocando el pecho recuerda igualmente a las representaciones de Cristo, reflejando a un tiempo la bondad del artista.[1]

El detalle es sorprendente. Nuevamente, Durero trabaja arduamente en su cabello del cual está obsesionado y le confiere todo el realismo y detallismo que le es posible. La minuciosidad en el tratamiento del cabello es típica de Durero.[1]

Este cuadro

Es más inquietante y su misterio no se aclarará probablemente jamás. Durero se representa frontalmente como una especie de Cristo surgido de las tinieblas, en un despojamiento monumental, con largas tranzas doradas que provocaban el sarcasmo de los venecianos. ¿Identificación del genio del artista con el genio creador divino, profesión de fe en el clasicismo del Renacimiento, monumento idealizado de su propia gloria? El problema sigue sin ser resuelto. B. Zumthor

Este cuadro no es simétrico y esto se sabe gracias a la luz que le llega de un lado solo y solo pone una mano en el abrigo.

Otros autorretratos[editar]

Referencias[editar]

  • Zumthor, B., «Durero», en el Diccionario Larousse de la Pintura, Planeta-Agostini, 1987. ISBN 84-395-0649-X

Notas[editar]

  1. a b c d e L. Cirlot (dir.), Alte Pinakothek, Col. «Museos del Mundo», Tomo 21, Espasa, 2007. ISBN 978-84-674-3825-3, págs. 38-39