Autoimagen

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La autoimagen (conocida en inglés como self-image) es la imagen o representación mental que se obtiene de uno mismo, generalmente resistente al cambio, y que no representa solamente los detalles que pueden estar disponibles a la investigación u observación objetiva de otros (como la altura, peso, color del cabello, género, IQ, etc.), sino también los elementos propios que se han aprendido acerca de sí mismo, ya sea por experiencias personales o por la internalización de los juicios de los demás. Una definición simple de lo que representa la auto-imagen de una persona es la respuesta a esta pregunta - "¿Qué es lo que cree o piensa la gente de usted?".

La autoimagen se puede clasificar en tres tipos:

  • Autoimagen resultante de cómo el individuo se ve a sí mismo.
  • Autoimagen resultante de la forma en que otros ven a la persona.
  • Autoimagen resultante de la forma en que el individuo percibe lo que ven los demás de sí mismo.

Estos tres tipos pueden, o no, configurar una representación exacta de la persona. Aunque todos, algunos o ninguno de ellos puede ser cierto.

Un término más técnico que la autoimagen, utilizado comúnmente por los psicólogos sociales y cognitivos, es el llamado autoesquema. Como cualquier esquema, éstos almacenan información e influyen en la forma de pensar y recordar. Por ejemplo, la investigación indica que la información que se refiere a sí mismo es preferentemente codificada y evocada en las pruebas y tests de memoria, un fenómeno que se conoce como codificación autoreferencial.[1]

Pobre autoimagen[editar]

Una pobre imagen de sí mismo puede ser el resultado perjudicial del acumulo de críticas que una persona recoge desde niño. Los niños son particularmente vulnerables a la aceptación de críticas y juicios negativos por parte de figuras de autoridad, ya que todavía no tienen las competencias necesarias para evaluar críticamente las mismas.

La mala autoimagen de sí mismo no siempre es causada por otras personas. Una persona puede recibir halagos frecuentes sobre su aspecto o su personalidad pero ser incapaz de aceptarlo por sí mismo. La juicios negativos, o la carencia de juicios fecundos sobre uno mismo, pueden ser desastrosos si no se controlan adecuadamente.

Una autoimagen negativa pueden surgir por una amplia variedad de factores. Uno de los más importantes es el tipo de personalidad. Personas perfeccionistas, grandes triunfadores, y aquellos con un tipo de personalidad tipo A, parecen ser propensos a tener una pobre autoimagen. Esto se debe a que estas personas constantemente se exigen metas muy por encima de un nivel razonable o alcanzable.[2] Por lo tanto, están constantemente decepcionados y con una continua sensación de fracaso.

Mantenimiento de la autoimagen[editar]

Cuando las personas se encuentran en la posición de evaluar a los demás, los procesos propios de su autoimagen puede interferir negativamente en la evaluación. Es decir, los estereotipos y prejuicios puede ser una manera de mantener a salvo su autoimagen. Cuando los individuos evalúan a miembros de un grupo estereotipado, si su autoimagen había sido reforzada a través de un proceso de autoafirmación, eran menos propensos a evaluar negativamente a esas personas; en cambio si contaban con una autoimagen amenazada eran más propensos a evaluarlos negativamente.[3] Las personas pueden recuperar su autoestima mediante juicios derogativos hacia los miembros de un grupo estereotipado.[4]

Autoimagen residual[editar]

La autoimagen residual es el concepto que las personas tienden a conservar de sí mismas, como la apariencia física[5] [6] o ciertas condiciones de derecho o posición social, o la falta de ellas.[7] El término fue utilizado por primera vez en 1968,[8] pero se popularizó en la película de ficción "The Matrix", donde las personas creadas en un mundo digital tendían a mantener inconscientemente la apariencia física que habían acostumbrado a proyectar.[9]

Autoimagen de victimización[editar]

Las víctimas de abuso y manipulación psicológica a menudo quedan atrapados en una auto-imagen de victimización. El perfil psicológico de la victimización incluye una sensación generalizada de impotencia, pasividad, pérdida de control, pesimismo, pensamientos negativos, fuertes sentimientos de culpabilidad, auto-reproches, vergüenza y depresión que los encierra en un círculo de desesperación.[10]

Referencias[editar]

  1. Rogers et al. 1977
  2. Adler, Ronald B., Lawrence B. Rosenfeld, and Russell F. Proctor, II. Interplay: The Process of Interpersonal Communication, 25.
  3. Fein, S., & Spencer, S.J. (1997). Prejudice as self-image maintenance: Affirming the self through derogating others. Journal of Personality and Social Psychology 73(1), 31-44.
  4. Florack, A., Scarabis, M., & Gosejohann, S. (2005). The Effects of Self-Image Threat on the Judgment of Out-Group Targets. Swiss Journal of Psychology 64(2), 87-101.
  5. Literature and Psychology No. 4, Vol. 49; Pg. 43; ISSN 0024-4759.
  6. Stephen R. Lankton, Carol H. Lankton, Enchantment and Intervention in Family Therapy (1986), p. 57.
  7. Kum-Kum Bhavnani, Ann Phoenix, Shifting Identities, Shifting Racisms: A Feminism & Psychology Reader (1994), p. 31.
  8. Journal of the American Psychoanalytic Association: Volume 16, Issues 3-4 (1968), p. 594. (stating "Women remain 'depriving competitors,' and the residual self image is 'I don't have the equipment to attract men.'")
  9. Matt Lawrence, Like a Splinter in Your Mind: The Philosophy Behind the Matrix (2004), p. 212.
  10. Braiker, Harriet B., Who's Pulling Your Strings ? How to Break The Cycle of Manipulation (2006)
  • Rogers, T.B., Kuiper, N.A., Kirker, W.S. (1977) Self-Reference and the Encoding of Personal Information, Journal of Personality and Social Psychology, 35, 677-688.
  • Este artículo contiene material de la versión en inglés de la Wikipedia: Self-Image

Véase también[editar]