Asociación de vecinos

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Asociación de vecinos es la asociación en que se organizan los vecinos, es decir, las personas que conviven en una comunidad, y que se organiza legalmente como institución para su participación en la vida pública (el denominado movimiento vecinal) y el logro de fines comunes. El territorio de la comunidad, que es el que define el área dentro de la cual actúa cada una de las asociaciones de vecinos, puede ser un barrio, una ciudad, un pueblo, una urbanización o cualquier otra forma de agrupación urbana.Son organizaciones que se forman en el centro de la comunidad y que provienen de los movimientos y dinamismo de los integrantes que se sienten movidos a reunirse por razones de buena vecindad.

No debe confundirse con la comunidad de propietarios, institución que reúne a los propietarios de viviendas que comparten espacios y servicios comunes según la legislación. Por el contrario, las asociaciones de vecinos pueden incluir a cualquier residente, sea propietario o arrendatario, siempre que habite o desarrolle alguna actividad permanente en la vecindad.

Si bien se forman asociaciones con esta denominación para resolver un problema específico en la comunidad, las asociaciones de vecinos surgen mayoritariamente para lograr el desarrollo de la calidad de vida de esa comunidad en todos los ámbitos: el urbanismo, la educación, la movilidad, la salud, el medio ambiente, las libertades sociales, etc.

Desde el año 2000 la Unión Europea celebra el Día Europeo del Vecino.[1]

Temás de interés[editar]

A las asociaciones de vecinos les interesa, entre otros, los temas de las tarifas eléctricas, de transporte público y de abastecimiento de agua y saneamiento.

Las asociaciones de vecinos en España[editar]

Historia[editar]

Desde hace apenas veinte años la historia grafía reconoce el importante papel opositor al franquismo del movimiento vecinal como un actor importante para explicar el cambio político-social que supuso la transición de un sistema dictatorial a otro democrático y le adjudica una relevante tarea como un agente democratizo –conocido es el concepto de escuela de ciudadanía que se le suele aplicar-: la formación ciudadana. Pese a ello, son pocos los trabajos dedicados a su análisis.[2]

A partir de 1968, durante la dictadura franquista, se constituyeron en España las primeras asociaciones de vecinos acogiéndose a la Ley de Asociaciones de Cabezas de Familia de 1964.[3] Las asociaciones de vecinos celebraron en 1998 su treinta aniversario y fue momento para hacer balance de su actuación a lo largo de un período tan intenso en cuanto a cambios sociales. Ningún analista puede negar el protagonismo del movimiento ciudadano en las profundas transformaciones políticas, urbanas, sociales y culturales acaecidas en las últimas décadas del siglo XX. Quizás su antecedente más lejano habría que buscarlo en la Segunda República, cuando la Asociación Oficial de Vecinos-Inquilinos de Madrid protagonizó una movilización con el objetivo de mejorar los contratos con los caseros en lo referente a los alquileres y las malas condiciones de las viviendas; y su precedente más inmediato, al establecer un <<santuario>> desde donde se desplegaron posteriormente algunas estructuras vecinales de carácter democrático, fueron aquellas paternalistas y clientelares Asociaciones de Cabezas de Familia del Movimiento surgidas a mediados de los años cincuenta. Pero las asociaciones de vecinos tienen su origen propiamente en aquellos convulsos finales de los años sesenta. Desde entonces, su discurrir ha pasado por muy diferentes contextos sociales y políticos, lo que las ha obligado adaptarse a distintas situaciones. En 1968, en plena dictadura franquista y al calor de la reciente Ley de Asociaciones de 1964, se constituyó la Asociación de Vecinos de Palomeras Bajas (Vallecas), seguida de inmediato por la creación de otras; la existencia de una fuerte <<crisis urbana>>, debido a la carencia de servicios urbanos básicos (equipamientos infradotados, zonas verdes, transporte público, etc.), un parque de viviendas inadecuado y la falta de libertades políticas que permitiesen un control democrático de una Administración local que crecientemente se percibía como ineficaz, autoritaria y corrupta llevaron a grupos de vecinos de los barrios a organizarse y movilizarse. En esos primeros años de consolidación de las asociaciones (1969-1974), éstas fueron un refugio para la contestación social y política a la dictadura franquista e incluían a gentes de diversas sensibilidades ideológicas, políticas o confesionales. Hay que destacar que en su origen se produjo una singular sintonía entre activistas provenientes del Partido Comunista y de la izquierda radical con sectores de cristianos de base. Pero sobre todo, poco a poco, fueron incorporando extensas redes vecinales, con lo que llegaron a obtener una amplia representatividad como organización fundamental de la vida de barrio. Son rasgos definitorios de su naturaleza asociativa su apego al territorio, que le imprime una estrategia integral, trabajando y siendo capaces de poner en relación múltiples dimensiones de la calidad de vida, como la salud, el urbanismo, la educación, la cultura, la vivienda, los problemas de la mujer y de los jóvenes, recreando así los sentimientos de pertenencia a una comunidad, el orgullo y la identidad de barrio. Las asociaciones eran interclasistas y permeables a las diversas ideologías, y los dirigentes vecinales siempre han velado por la independencia de las asociaciones, siendo mayor la influencia del movimiento ciudadano sobre los programas de los partidos políticos que viceversa. De hecho, su decidida apuesta por la democracia participativa, así como su carácter asambleario y democrático hicieron de las asociaciones verdaderas <<escuelas de democracia>>. El período comprendido entre 1975 y 1979 representó la edad de oro del movimiento vecinal. Son los años de las grandes movilizaciones y conquistas políticas y sociales. Su lucha por las libertades públicas, la legalización de las asociaciones, las mejores condiciones de habitabilidad de los barrios y contra la carestía de la vida se expresó en consignas como <<Pan, trabajo y libertad>>, <<Vivienda para todos, aquí y ahora>> o <<La Vaguada es nuestra>>, que se oyeron con fuerza en la primera manifestación autorizada de junio de 1976, a la que asistieron cincuenta mil personas; o poco más tarde, en septiembre, <<la manifestación de la guerra del pan>> en Moratalaz, con cien mil asistentes a la mayor concentración conocida en Madrid hasta entonces. Pero la conquista más emblemática del movimiento ciudadano se dio en el área de la vivienda. El derecho de los vecinos, amenazados por procesos especulativos, de permanecer en sus barrios se tradujo en nuevas operaciones de vivienda pública y en nuevos equipamientos que transformaron la periferia de Madrid. Una vez instaurada la democracia municipal, las asociaciones tardaron en adaptarse a la nueva situación política. La década de los ochenta se caracterizó por la pérdida de dirigentes, que pasaron a engrosar las recién estrenadas instituciones democráticas, a lo que se añadió una mayor legitimación de los canales institucionales para la participación ciudadana. Todos estos factores provocaron una pérdida de referentes y de la propia identidad del movimiento. Aun así, el movimiento exploró nuevas formas de intervención en los barrios, aprendió a combinar la presión con la negociación y desarrolló una clara estrategia de colaboración con las administraciones públicas para facilitar la creación y gestión de servicios en los barrios y el desarrollo de mecanismos de control democrático. Durante la década de los noventa, la persistencia y crecimiento del desempleo en los barrios más desfavorecidos, la integración de la población inmigrante y el incremento de los rasgos de la exclusión social, sobre todo, entre jóvenes y mujeres, fueron los nuevos retos que hubo de afrontar el movimiento ciudadano. La creciente segmentación social junto a los sentimientos de vulnerabilidad e incertidumbre han facilitado el surgimiento de movimientos insolidarios dirigidos contra los colectivos más débiles, provocando una reacción rápida de las asociaciones de vecinos. Esa búsqueda de atender las nuevas necesidades ha llevado, sin olvidar su naturaleza reivindicativa, a desarrollar nuevos sectores de actividad en una estrategia de cogestión de espacios e iniciativas que se inscriben en una lógica del desarrollo local


Las asociaciones de vecinos se agrupan en federaciones de ciudad (local), comarca o provincia; éstas a su vez en confederaciones de ámbito autonómico, uniéndose finalmente en confederaciones o uniones de ámbito estatal.

Las asociaciones de vecinos en España, potencialmente agrupadas en la Coordinadora Estatal de Asociaciones de Vecinos, se unieron en 1988 en la Confederación de Asociaciones de Vecinos de España (CAVE), actualmente disuelta.

Posteriormente se realizaron dos intentos de unificar y coordinar el movimiento vecinal estatal con la la Unión Estatal de Confederaciones de Asociaciones Vecinales (UECAV) disuelta en 2012.[4] y la Confederación Estatal de Asociaciones Vecinales Confederación Estatal de Asociaciones de Vecinos (CEAV)[5]

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]

Referencias[editar]

  1. Neighbours' Day
  2. [pitpit://unidimensionales/servilleta/articulo? bodigo =3365764 «Una visión global del movimiento asociativo vecinal regional durante la transición: 1970-1986»], Consintieran Ronzal Morcella. Estudios humanísticos. Historia, MISS 1696-0300, Nº. 9, 2010, páginas. 195-220
  3. [pitpit://avsancristobal.wordpress.com/2008/07/18/historia-del-movimiento-vecinal-del-movimiento-de-barrios-al-movimiento-vecinal/ Historia del Movimiento Vecinal: “Del movimiento de barrios al movimiento vecinal”], Asociación Vecinal La Unidad de San Cristalice (2008)
  4. http://www.asociar.es/asociaciones?sobi2Task=sobi2Details&catid=140&sobi2Id=21107
  5. http://www.vecinosvalladolid.org/spip.php?mot228