Arte funerario

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Tumba de Felipe Pot, gobernador de Borgoña bajo el reinado de Luis XI de Francia.

El arte funerario es cualquier obra de arte que forma parte o está ubicada en un repositorio de los restos de muertos. Un término general para tal repositorio es tumba, mientras que el ajuar funerario son objetos —distintos a los restos humanos primarios— que han sido colocados en su interior.[1] Tales objetos pueden incluir las posesiones personales de los muertos, objetos creados especialmente para el entierro, versiones en miniaturas de objetos que se creían necesarios en el más allá.

El conocimiento de muchas culturas no letradas ha provenido en gran medida de estas fuentes. El arte funerario puede tener muchas funciones culturales. Así, puede desempeñar un rol en los ritos de enterramiento, servir como un artículo para ser usado por el muerto en el más allá y para celebrar la vida y los logros del muerto, ya sea como parte de prácticas de culto a los ancestros centradas en el parentesco o como una exhibición dinástica públicamente dirigida. También puede funcionar como un recordatorio de la mortalidad de la humanidad, como una expresión de valores y roles culturales y ayudar a propiciar los espíritus de los muertos, mantener su benevolencia y prevenir la intrusión no deseada en los asuntos de los vivos.

El depósito de objetos con una intención estética aparente puede remontarse al hombre de Neandertal hace 50.000 años[2] y es encontrado en casi todas las culturas posteriores: la cultura hindú es una excepción notable.[3] Muchas de las creaciones artísticas más conocidas de culturas pasadas —desde las Pirámides de Egipto y el tesoro de Tutankamón a los Guerreros de terracota que rodean la tumba del emperador Qin, el Mausoleo de Halicarnaso, el Sutton Hoo y el Taj Mahal— son tumbas u objetos hallados al interior o alrededor de ellas. En la mayoría de los casos, se produjo arte funerario especializado para la élite política y económica, aunque los entierros de personas ordinarias podían incluir monumentos y ajuares funerarios simples, usualmente de sus posesiones.

Un factor importante en el desarrollo de las tradiciones de arte funerario es la división entre lo que estaba destinado a ser visible para los visitantes o el público tras la finalización de las ceremonias funerarias.[4] El tesoro de Tutankamón, por ejemplo, si bien era excepcionalmente abundante, no tenía como intención ser visto otra vez por humanos después de haber sido depositado, mientras que el exterior de las pirámides fueron una demostración permanente y muy efectiva del poder de sus creadores. Una división similar puede ser observada en las tumbas del Lejano Oriente. En otras culturas, casi todo el arte relacionado con el enterramiento, con excepción de limitados ajuares funerarios, tenía como intención permanecer visible al público o, por lo menos, a aquellos admitidos como custodios. En estas culturas florecieron tradiciones tales como los sarcófagos esculpidos y las tumbas monumentales de los griegos y romanos y, más tarde, en el mundo cristiano. El mausoleo, con el objeto de ser visitado, fue el mayor tipo de tumba en el mundo clásico y, más tarde, fue común en la cultura islámica.

Términos comunes[editar]

Un túmulo, montículo, kurgan o túmulo alargado cubrieron importantes sepulturas en muchas culturas; el cadáver podía ser ubicado en un sarcófago, usualmente de piedra, o en un ataúd, usualmente de madera. Un mausoleo es un edificio erigido principalmente como una tumba y toma su nombre del Mausoleo de Halicarnaso, construido en honor de Mausolo. Una estela es un término designado para las piedras erectas que son a menudo lo que actualmente se denominan lápidas. Los barcos funerarios se encontraron en su mayoría en la costa europea, mientras que los entierros de carros de guerra son hallados más ampliamente a lo largo de Eurasia. Las catacumbas, de las cuales los ejemplos más famosos son las de Roma y de Alejandría, son cementerios subterráneos conectados por túneles. Un gran grupo de enterramientos con restos mantenidos en la superficie puede ser llamada una necrópolis; si no existen tales estructuras visibles, se trata de un campo de tumbas. Un cenotafio es una tumba conmemorativa vacía.[5]

Géneros relacionados de arte conmemorativo para los muertos toman muchas formas, como los moái de la isla de Pascua, supuestamente un tipo de retrato ancestral esculpido, aunque apenas individualizado.[6] Estos son comunes en culturas tan diversas como la Antigua Roma y China: en ambas, los muertos son conservados en las casas de sus descendientes, antes que enterrados.[7] Muchas culturas tienen figuras psicopompos, tales como el Hermes griego y el Charun etrusco, que ayudaban a conducir a los espíritus de los muertos al más allá.

Prehistoria[editar]

El dolmen de Poulnabrone en Irlanda alberga, por lo menos, 22 cuerpos del Neolítico.

La mayoría de los restos arqueológicos más antiguos de la humanidad se compone de tumbas;[8] sin embargo, la mayor parte de megalitos, cuyos primeros casos datan de unos cuantos siglos de diferencia entre ellos, muestra una gran diversidad de forma y finalidad. Unas tumbas en la península Ibérica han sido fechadas por medio de termoluminiscencia en c. 4510 a. C. y algunos enterramientos en los Alineamientos de Carnac en Bretaña también datan tan temprano como el V milenio a. C.[9] El valor conmemorativo de tales sitios de enterramientos es indicado por el hecho de que, en algún momento, fueron elevados y que las construcciones, casi desde las primeras, trataron de ser monumentales. Este efecto fue a menudo alcanzado a través del encapsulamiento de un cadáver en un pozo de base, rodeado por una zanja y drenaje elaborados. Se cree que la conmemoración sobre el terreno estaba relacionado con el concepto de memoria colectiva y estas tumbas tempranas fueron probablemente concebidas como una forma de culto a los ancestros, un desarrollo disponible solo para las comunidades que habían llegado a la etapa de ganadería establecida y habían formado roles y relaciones sociales y sectores especializados de actividad.[10]

De las sociedades del Neolítico y de la Edad de Bronce, se han hallado una gran variedad de tumbas, con montículos de túmulos, megalitos y cerámica como elementos recurrentes. En Eurasia, un dolmen es el marco de piedra expuesto para una cámara de tumba originalmente cubierta por tierra, para formar un montículo que no se mantuvo con el tiempo. Las piedras podían ser talladas con patrones geométricos (petroglifos). Se crearon grupos de tumbas, cuyo contexto social es difícil de comprender. Los entierros en urnas, donde los huesos eran ubicados en un recipiente de cerámica, bien en una tumba más elaborada o por sí mismos, estaban muy extendidos y no se restringieron a la Cultura de los Campos de Urnas que es nombrada así por ellas. Los menhires o "piedras erigidas", a menudo parecen marcar tumbas o servir como memoriales;[11] mientras que las estelas rúnicas y las piedras pintadas eran a menudo cenotafios o memoriales distintos de la propia tumba; esta disposición continuó hasta el período cristiano. Los círculos megalíticos de Senegambia son una forma tardía de marcadores de tumbas utilizado en África.[12]

Antiguo Egipto y Nubia[editar]

Máscara de cerámica egipcia de un ataúd.

El arte funerario egipcio estaba inseparablemente relacionado con la creencia religiosa que la vida continuaba después de la muerte, aún más, expresó una creencia en que la "muerte es una mera fase de la vida".[13] Los objetos e imágenes estéticas relacionadas con esta creencia tenían como objetivo parcial preservar los bienes materiales, la riqueza y el estatus para el viaje de esta vida a la próxima;[14] así como para "conmemorar la vida del dueño de la tumba [...] y, en general, presentar un ambiente que fuera favorable para el renacimiento del dueño de la tumba".[15] En este contexto, son famosas las momias egipcias, encerradas en uno o más capas de ataúdes decorados; con los vasos canopos como los recipientes destinados a preservar los órganos internos. Una categoría especial de textos funerarios del Antiguo Egipto aclaran los propósitos de las costumbres sepulcrales. El tipo de tumba previa, la mastaba, tenía una cámara de enterramiento subterránea sellada, aunque contaba con una cámara para ofrendas en la superficie que podía ser visitada por los vivos, un patrón que se repitió en posteriores tipos de tumbas. Una efigie del difunto podía ser emparedada en un serdab, conectado a la cámara de las ofrendas por respiraderos que permitían que el olor del incienso llegara a la efigie.[16] Las paredes de las cámaras-tumba y cámaras de ofrendas importantes estaban fuertemente adornadas con relieves en piedra o algunas veces en madera o con pinturas que representaban escenas religiosas, retratos del fallecido y, en algunas épocas, imágenes vívidas de la vida cotidiana que representaban la vida en el más allá. La decoración de la cámara solía estar centrada en una "falsa puerta", a través de la cual solo podía pasar el alma del difunto para recibir las ofrendas dejadas por los vivos.[17]

El arte representativo, tal como el retrato de los difuntos, ha sido encontrado extremadamente temprano y se mantuvo hasta el período romano en los retratos funerarios de El Fayum en encáustica, aplicados a las tumbas; sin embargo, es todavía muy debatido si existió o no el retrato realista en el Antiguo Egiptp.[18] La finalidad de las cabezas de tamaño real encontradas en sepulturas de nobles de la Cuarta Dinastía no está del todo determinada; pueden haber sido un método discreto de eludir un edicto emitido por el faraón Keops por el que prohibía a los nobles crear estatuas de sí mismos, o pueden haber servido para proteger al espíritu del difunto del peligro o eliminar mágicamente cualquier maldad en él, o quizás funcionaron como contenedores alternativos para el espíritu si el cuerpo era perjudicado de alguna manera.[19]

La realeza y la élite construyeron obras arquitectónicas, tales como la Gran Pirámide de Guiza y las dos menores construidas durante el Imperio Antiguo en la Necrópolis de Guiza y (mucho más tarde, alrededor de 1500 a. C.) las tumbas en el Valle de los Reyes. La Necrópolis tebana fue, más tarde, un sitio importante para la Casa del millón de años y las mastabas. Los reyes de Kush que conquistaron Egipto y gobernaron como faraones durante la Dinastía XXV fueron fuertemente influenciados por las costumbres fúnebres egipcias. Así, emplearon la momificación, vasos canopos y estatuillas funerarias ushebti. También construyeron las pirámides nubias, que tanto en tamaño como en diseño se parecen más a las más pequeñas pirámides de la Dinastía XVII en Tebas que a las del Imperio Antiguo cerca de Menfis.[20]

Los ciudadanos de clase baja usaban formas comunes de arte funerario, incluyendo figurinas ushebti (para realizar cualquier labor que pudiera ser requerida por el difundo en el más allá), modelos de escarabajos y libros de los muertos, que creían los protegería en la siguiente vida.[21] Durante el Imperio Medio, se hicieron populares los modelos en miniatura de madera o arcilla que representaban escenas de la vida cotidiana para añadir a las tumbas. En un intento de duplicar las actividades de los vivos en la próxima vida, estos modelos mostraban trabajadores, casas, botes e incluso formaciones militares que son representaciones a escala del más allá ideal para los antiguos egipcios.[22]

Antigua Grecia[editar]

Relieve tallado en un lecito funerario en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas: Hermes dirige a la difunta, Myrrhine, al Hades, c. 430-420 a. C..

Por lo general, los antiguos griegos no dejaban ajuares funerarios en las tumbas, excepto el óbolo para pagar a Caronte, el barquero del Hades, el inframundo griego, y cerámica; sin embargo, el epitaphios u oración funeraria, de donde proviene la palabra epitafio, era considerado de gran importancia y se realizaban sacrificios de animales. Quienes podían permitírselo erigían monumentos pétreos, que era una de las funciones de las estatuas kurós en la Época Arcaica antes del 500 a. C. Estas no fueron concebidas como retratos, pero durante el período helenístico, se introdujeron los retratos realistas de los difuntos y los grupos familiares fueron representados en bajorrelieve en los monumentos, usualmente, rodeados por un marco arquitectónico.[23] A menudo, las paredes de las cámaras funerarias eran decoradas con frescos, aunque pocos ejemplos han sobrevivido en buenas condiciones como la Tumba del nadador del sur de Italia o las tumbas en Vergina en Macedonia. Casi los únicos retratos pintados sobrevivientes de la tradición clásica griega son aquellos encontrados en Egipto más que en Grecia. Los retratos de El Fayum, de fines del período clásico, eran rostros pintados, en un estilo grecorromano, adheridos a las momias.[24]

Con frecuencia, los primeros entierros griegos fueron marcados por encima del suelo con un gran trozo de cerámica y los restos eran enterrados en urnas. La cerámica siguió siendo usada ampliamente al interior de tumbas y sepulturas a lo largo de todo el período clásico.[25] El larnax es un pequeño sarcófago o cofre de cenizas, usualmente de terracota decorada. El lutróforo, un vaso de cerámica de dos asas, estaba asociado principalmente con las bodas, dado que fueron utilizados para cargar agua para el baño nupcial; sin embargo, también fueron colocados en las tumbas de solteros, "presuntamente para compensar de alguna manera por lo que se habían perdido en la vida".[26] El lecito de una sola asa tenía muchos usos domésticos; pero, fuera de las casas, su uso principal era la decoración de tumbas.[27] A menudo, eran pintadas en las tumbas escenas de un descenso al inframundo del Hades, con los difuntos representados al lado de Hermes, Caronte o ambos, aunque usualmente solo con Caronte.[28] Frecuentemente, se han hallado pequeñas figurinas de cerámica, aunque es difícil determinar si estas fueron elaboradas especialmente para ubicarlas en tumbas; por ejemplo, no parece ser el caso de las figurinas de Tanagra helenísticas.[29] Pero es más usual encontrar piezas de plata en la periferia del mundo griego, como en las tumbas reales macedonias de Vergina, o en las culturas colindantes, como la tracia o la escita.[30]

Referencias[editar]

  1. Hammond (1999, pp. 58–59) define a los restos humanos de esqueletos desmembrados empacados en bolsas e incorporadas en los entierros masivos del Pre-clásico mesoamericano (junto con una serie de restos primeros) en Cuello, Belice, como "ajuares funerarios humanos".
  2. Dependiendo de la interpretación de sitios como Shanidar en Irak. Bogucki (1999, pp. 64–66) resume el debate. Gargett (1999, p. 29) toma una posición hostil, pero acepta que muchos o la mayoría de los académicos no opinan igual. Véase también Pettitt (2002).
  3. "La eliminación [hindú] de sus muertos por medio de la cremación y una creencia en la reencarnación tiende a obviar un interés inherente en los marcadores permanentes" (Groseclose (1995), p. 23).
  4. Véase por ejemplo el capítulo "Tombs for the Living and the Dead". En: Insoll (1999), pp. 176–187.
  5. Véase, Kleiner, Fred y Christin Mamiya (2004). Gardner's Art Through the Ages. Wadsworth Publishing; 12º edición. ISBN 0-15-505090-7; Fletcher, Banister; Cruickshank, Dan (1996) Sir Banister Fletcher's a History of Architecture, Architectural Press, 20º edición. ISBN 0-7506-2267-9
  6. Museo Británico. Hoa Hakananai'a
  7. Véase, Toynbee (1996), pp. 47–48, sobre Roma Antigua. Mientras que Stuart y Rawski (2001), cap. I) está enteramente dedicado a los retratos ancestrales chinos.
  8. Si bien el propósito de las estructuras megalíticas no siempre es claro; y de los más antiguos, Nevali Cori en Turquía contiene enterramientos, Göbekli Tepe no.
  9. Mohen (1990), p. 70.
  10. Mohen (1990), p. 87.
  11. Kipfer (2000), p. 348.
  12. Patrimonio de la Humanidad de la Unesco: Stone Circles of Senegambia
  13. Groenewegen-Frankfort (1987), p. 80.
  14. Stone (2003), p. 37
  15. Kampen et al. (1996), p. 31.
  16. Maspero (1887), pp. 111—127; con serdabs, pp. 124-125.
  17. Robins (2000), pp. 51–55, 66–71, 218–219; véase el índice para otros períodos. Los estilos de las tumbas cambiaron considerablemente en el transcurso de la historia del Antiguo Egipto.
  18. Spanel (1988), p. 23.
  19. Atiya y El-Shahawy (2005), p. 73.
  20. Boardman et al. (1992), pp. 688–689.
  21. James (2005), p. 122.
  22. Robins (2000), p. 74.
  23. Boardman (1993), pp. 212, 15.
  24. Oakes y Gahlin (2002), p. 236.
  25. Boardman (1993), p. 26.
  26. Richter (1928), p. 57.
  27. Henderson (1972), p. 135.
  28. Wright (1886), p. 391.
  29. Boardman (1993), pp. 212-213.
  30. Boardman (1993), pp. 149-150.

Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]