Arnoldo Janssen

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Arnoldo Janssen
Arnoldjanssen.jpg
Fundador de la Congregación del Verbo Divino
Nacimiento 5 de noviembre de 1837
Goch Alemania
Fallecimiento 15 de enero de 1909
Steyl Holanda
Venerado en Iglesia católica
Beatificación 19 de octubre, 1975 por el Papa Pablo VI
Canonización 5 de octubre, 2003 por el Papa Juan Pablo II
Festividad 15 de enero.
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San Arnoldo Janssen (5 de noviembre de 183715 de enero de 1909) fue un presbítero católico mayormente conocido por ser el fundador de la Congregación del Verbo Divino, donde sus miembros son llamados de Misioneros del Verbo Divino o Verbitas, y dos congregaciones de mujeres.

Infancia y juventud[editar]

Arnoldo Janssen, segundo entre los once hijos del matrimonio Gerardo Janssen y Ana Catalina Wellesen, nació en Goch, pequeña ciudad alemana en la Baja Renania, cerca de la frontera holandesa, el 5 de noviembre de 1837. “Aparte de una mínima propiedad, mi padre cultivaba principalmente tierras arrendadas y disponía de dos caballos. Además de la agricultura, tenía un negocio de transportes que le hacía viajar, por lo común cada semana, a Nimega. Al llegar el momento en que debía regresar a casa, nuestra madre nos mandaba salir a su encuentro”, así describe el mismo Arnoldo Janssen la vida de familia. En esta familia numerosa aprende desde la infancia a colaborar y a ser diligente y modesto.

La vida de la familia Janssen está marcada y sostenida por una profunda fe y alimentada por la frecuente oración y la fidelidad a la Iglesia católica. En este sentido cabe destacar su profunda veneración a la Santísima Trinidad y su devoción al Espíritu Santo. En su lecho de muerte en 1870, Gerardo Janssen inculca esta piedad familiar a sus hijos como su testamento espiritual: “Participen cada domingo en la misa solemne para agradecer a Dios Uno y Trino por las gracias recibidas durante la semana que termina y hagan celebrar cada lunes una santa misa en honor del Espíritu Santo para implorar las gracias de Dios para la semana que comienza”. De su madre Arnoldo dice sencillamente “fue una gran amante de la oración”.

El vicario Enrique Ruiter logró que los padres de Arnoldo, entonces con diez años, le enviaran a la escuela media, primero en Goch y después al seminario diocesano en Gaesdonck. Ya entonces sus materias preferidas fueron las matemáticas y las ciencias naturales. En 1855, antes de cumplir los 18 años, superó con éxito el bachillerato en Münster.

ÉPOCA DE ESTUDIOS LA META: SACERDOTE Y MAESTRO

Terminado el bachillerato fue a Münster para estudiar teología. Al final del segundo semestre escribe: “Llegado el momento de decidir si estudiar ahora teología o más tarde, mi determinación es totalmente firme: estudiar matemáticas y ciencias naturales dos o tres años más, para así adquirir la habilitación para la enseñanza de estas materias y luego pasar a la teología”. El ingreso en el colegio diocesano le ayuda a ir clarificando su meta. Desea convertirse en profesor de bachillerato, lo que concuerda con el sentir del obispo. Por tanto, con el esmero y seriedad que le caracterizan, a partir del otoño de 1855 estudia matemáticas, ciencias naturales y filosofía, primero en Münster y luego en Bonn. En 1859 obtiene la habilitación para la enseñanza de las mencionadas asignaturas en el bachillerato. Regresa a Münster y en el seminario se entrega de lleno al estudio de la teología. El 15 de agosto de 1861 es ordenado sacerdote.

Durante la época de los estudios la vida de Arnoldo Janssen transcurre sin acontecimientos dignos de destacar. En 1858 en un concurso de matemáticas en la universidad de Bonn, obtiene el primer premio que le será reconocido para el examen de aptitud para la enseñanza. Invita a su anciano padre a la entrega del premio: “Se alegró mucho por el éxito en este trabajo”. La educación y formación recibidas en la casa paterna y en el seminario menor le ayudan a vencer los “peligros de la vida estudiantil”. Lo que escribe al Rector del seminario menor en 1857 podrá parecer a algunos demasiado espiritual: “Mi vida en la universidad es extraordinariamente sencilla y monótona. Cada mañana voy a la iglesia, luego estudio casi hasta las 9; seguidamente por una hermosa avenida voy al colegio a Poppelsdorf y regreso dos horas después. Por la tarde a las 4 hay un seminario donde tenemos controversias o conferencias. No frecuento las cervecerías ni las reuniones de corporaciones de estudiantes; nuestra única diversión en este sentido consiste en un paseo a un pueblo vecino los domingos por la tarde, cuando hace buen tiempo, donde tomamos un café y jugamos una partida a dominó. Con alegría recuerdo al querido Gaesdonck; en medio de la total libertad académica su recuerdo se me hace incluso aún más precioso y querido”.

Maestro de bachillerato en Bocholt (1861-1873)[editar]

Arnoldo Jansen, ordenado sacerdote a los 24 años, comenzó en octubre de 1861 su actividad como maestro en la escuela municipal superior de Bocholt que en esa época reiniciaba las actividades escolares. En los primeros años en Bocholt se entrega totalmente a la enseñanza con el esmero y la escrupulosidad que le caracterizan. Se responsabiliza también de la biblioteca de maestros y del laboratorio de física que organiza y amplía con total ejemplaridad. Además colabora en la pastoral en Bocholt.

Arnoldo Janssen estaba habilitado para la docencia de matemáticas y ciencias naturales en todos los cursos de bachillerato, algo no común entre los sacerdotes de la diócesis de Münster. Llama la atención entonces que en sus doce años de enseñanza nunca fuese llamado por ninguna de las escuelas más importantes. Asimismo, nunca fue director o encargado de curso, si bien impartiese con frecuencia la mitad de las clases en los cursos superiores.

Él es el “pequeño Señor”, como le llama la gente en Bocholt. Es delgado y tiene apenas un metro sesenta y cinco de estatura. En la revisión para el servicio militar, fue declarado “inepto por ser demasiado débil de cuerpo y estrecho de pecho”. En general, no destacaba por su figura imponente. A todo esto hay que añadir lo que cuenta el Director de la escuela de Bocholt: “Preparaba sus clases a conciencia, mantenía el laboratorio de física en orden y buen estado, hacía experimentos, corregía con esmero los trabajos escritos. Sin embargo, no sabía ganarse los corazones de sus alumnos, que, sobre todo, rechazaban su manera de castigar”. Por otro lado, Arnoldo Janssen era conocido como hombre de ferviente oración. “El Rector Janssen fue siempre un hombre de oración. Con todo, poco tratable y accesible. Por lo general llegaba tarde a la comida, pues entre clase y comida rezaba el vía crucis”. Un alumno recuerda: “Nosotros, alumnos, sabíamos que pasaba noches enteras en oración. Pero luego sucedía que durante la clase de francés le vencía el sueño y nosotros decíamos: ‘Anoche Janssen no se acostó’. No se cansaba de repetirnos: rezad, rezad siempre mucho. Diariamente se le veía rezar dos veces el vía crucis, antes y después de la comida. Creo que de ahí le venía su espíritu apostólico”.

No es de extrañar, por tanto, que le viniesen serias dudas de estar en el lugar adecuado. Arnoldo Janssen mismo, echando una mirada retrospectiva al tiempo pasado en Bocholt, dice –y con esto nos da una clara idea de su actitud fundamental- “Estando en Bocholt solía pensar ¿por qué precisamente maestro? ¿Por qué no en otro lugar donde puedes hacer mayor bien? Mi obispo, sin embargo, me decía: Usted está dentro del plan de la Providencia divina. Yo no me rompía la cabeza, sino hacía lo que me incumbía. Más tarde, al abrir el seminario misionero me quedó claro que estuve en el lugar exacto y me sirvió de preparación”.

Durante su permanencia en Bocholt Arnoldo Janssen llevó una vida sencilla también en el aspecto material. De su sueldo debía reembolsar los gastos de sus estudios en Bonn y Münster. Luego, desde 1865, tuvo que costear los estudios de su hermano Juan, 16 años más joven que él, que ascendían a más del 10 % de su sueldo. A partir de 1866, se añadieron además los considerables gastos de viajes y publicidad para el Apostolado de la Oración al que dedicaba todo el tiempo que le permitían sus compromisos como maestro y que dio a su vida un inesperado giro.

Hombre de oración[editar]

La oración tuvo en la vida de Arnoldo Janssen una importancia fundamental, tanto al principio por el ejemplo de sus padres como más tarde en el seminario menor y durante sus estudios. También como maestro y sacerdote fue persona de perseverante oración. La oración le permitía ver más allá de sus deficiencias humanas y le daba fuerzas y orientación cuando se trataba de encajar reveses, aceptar incomprensiones, abandonar seguridades y entregarse a algo nuevo. Aquel “no yo, sino el Señor fue…” era el punto crucial de su vida y acción, y no sólo en relación con los éxitos, sino incluso también en la aceptación de los que, según el criterio humano, eran fracasos.

l “Apostolado de la Oración” fue fundado en el sur de Francia en 1844 por un grupo de jesuitas, profesores y estudiantes. Su objetivo era inducir al pueblo sencillo a la oración como escuela y entrenamiento de fe vivida. Los miembros recibían el boletín “Mensajero del divino Corazón de Jesús”. La primera edición del boletín apareció en 1861, poco antes de la ordenación sacerdotal de Arnoldo Janssen. Él se asocia formalmente a este movimiento en abril de 1866. “Arnoldo Janssen es admitido entre los promotores de la veneración del Sagrado Corazón de Jesús y del Apostolado de la Oración” reza el diploma que se le entregó.

Esto, sin embargo, no le bastaba. Él mismo narra: “al celebrarse en 1867 la asamblea general de las asociaciones católicas de Alemania en Innsbruck (Austria) realicé un viaje más largo de vacaciones para ir allí. En esta ocasión conocí al P. Malfatti SJ, Director del Apostolado de la Oración para Alemania y Austria. Éste me pidió asumir la dirección de la Asociación en la diócesis de Münster, y acepté. Ese mismo otoño fui a la tumba del beato Cura de Ars y visité también la exposición industrial en París. A partir de ahí me dediqué con especial atención al Apostolado de la Oración… Desde entonces siempre dediqué fielmente mis vacaciones a la propagación del Apostolado en la diócesis de Münster. También de las autoridades diocesanas obtuve la confirmación en mi cargo de Director Diocesano. Me empeñé especialmente en la difusión de la oración de intercesión y, además, para que también las oraciones ordinarias, como, por ejemplo el rosario, se ofreciese por las intenciones de Jesús. …El Apostolado de la Oración se extendió casi en toda la diócesis de Münster. Son pocos los párrocos que no he visitado con esta finalidad”. La promoción de la oración, que Arnoldo Janssen vivió con perseverancia, lo convirtió en un “apóstol itinerante”. Desde entonces y no bien llegan las vacaciones, viaja continuamente, muchas veces también a pie. Hasta 1873 visita 300 de las 350 parroquias de la diócesis de Münster. En otoño de 1872 escribe a su imprenta en Paderborn: “Durante estas vacaciones viajé cinco semanas para propagar el rezo del santo rosario según el método que figura en la hoja de oraciones u otro que tenga la aprobación correspondiente. Estuve en las diócesis de Colonia, Tréveris, Luxemburgo, Metz, Estrasburgo, en la Suiza alemana, Ausburgo, Munich, Salzburgo, Passau, Regensburg, Maguncia, etc.”

Este peregrinar de parroquia en parroquia puso la base de una nueva actividad de Arnoldo Janssen, la que irá madurando en el ámbito de su entrega al Apostolado de la Oración: su actividad literaria y periodística. Poco después de ser admitido en el Apostolado de la Oración, publicó en Düsseldorf un folleto titulado “Asociación del Apostolado de la Oración para el ejercicio de la oración de intercesión al amabilísimo Corazón de nuestro Salvador Jesucristo”. El folleto se publicó al mismo tiempo en el Sur de Alemania y en Austria. Envió también un ejemplar a su familia y escribe: “Hacía tiempo que os quería escribir, pero siempre fui postergándolo… Leed y rezad asiduamente según el querido librito. Y leed y rezad de nuevo hasta que comprendáis todo bien”. Un año más tarde sacó una nueva edición (15.000), esta vez con el título: “Folleto-admisión del Apostolado de la Oración y de la Fraternidad del amabilísimo Corazón de nuestro Salvador Jesucristo”. Hasta 1880 aparecieron otras cuatro ediciones con un total de 90.000 ejemplares. Además publicó una serie de pequeños escritos y oraciones entre los que cabe destacar una introducción al rezo de Rosario que tuvo buena acogida y difusión.

La idea fundamental de Arnoldo Janssen fue siempre esta: Por el rezo de las oraciones comunes, como el Rosario, la persona adquiere una actitud orante, de tal manera que, a través de las grandes y pequeñas vicisitudes de la vida y de la Iglesia, entra en diálogo con Dios y recibe de Él orientación para hallar el recto camino de encuentro con el prójimo. Es comprensible que Arnoldo Janssen, en estos escritos se exprese con el lenguaje y teología de su tiempo. Por ejemplo, la “devoción al Sagrado Corazón de Jesús”, entonces muy en boga, lo lleva cada vez con mayor fuerza, a la reflexión sobre la Santísima Trinidad. Su gran preocupación por aquel tiempo –muy acorde con su época- era la “vuelta de los pueblos separados en la fe” que él considera –adelantándose mucho a su tiempo- fruto de la acción y de la gracia de Dios que nosotros debemos impetrar con humildad.

En septiembre de 1869 Arnoldo Janssen participa en la Asamblea General de Asociaciones Católicas (Katholikentag) en Düsseldorf. Como Director del Apostolado de la Oración de la diócesis de Münster, propone que el Apostolado de la Oración se recomiende a todos los católicos de Alemania, lo cual es aceptado por unanimidad, debido sin duda a su empeño personal y periodístico. La feliz noticia se comunicó en la revista del Apostolado de la Oración: “El Apostolado de la Oración, por recomendación de la Asamblea General, sale al gran público dejando las moradas internas de la ascesis a que se vio limitado en muchas regiones”. Esto vale naturalmente también para la vida del mismo Arnoldo Janssen. A partir de este momento se nos revela un Arnoldo Janssen distinto. Quien en la escuela de Bocholt era reconocido como “un hombre de oración, si bien poco tratable y accesible”, que hablaba solamente en las aulas y de vez en cuando en iglesias medianas, se ha convertido en una persona de gran actividad y que sabe presentar sus inquietudes en público. Si antes no era capaz de comunicarse con los otros, ahora no tiene dificultades para golpear a la puerta de las parroquias y ganar adeptos para el Apostolado de la Oración; no se siente cohibido al presentar sus ideas y proyectos ante obispos y autoridades. Sus largos viajes, sus múltiples contactos y encuentros, han ampliado su visión y lo han proyectado a él mismo mucho más allá del limitado horizonte de Bocholt.

Se puede comprender que la situación personal de Arnoldo Janssen en estos años era bastante complicada: por una parte, su vida limitada y pautada, tal vez hasta frustrante, como maestro de matemáticas no demasiado dotado ni reconocido; por la otra, el desafío sentido, el impulso y la fuerte motivación de su vida al servicio del Apostolado de la Oración. Por un lado la seguridad de su puesto como maestro, que evidentemente no le satisface. Por el otro, la inseguridad de su existencia al servicio de un cometido que percibe, cada vez más, como “lo suyo”.

La decisión provocó en 1873 un conflicto con el consejo de administración de la escuela en Bocholt. El motivo fue una estatua de la Virgen María que Arnoldo había adquirido en 1868 y que deseaba colocar en el salón de la escuela. La escuela ciertamente era católica, pero también habían alumnos protestantes y judíos. De este modo se produjo un tira y afloja entre la dirección de la escuela y Janssen en relación con la colocación de la estatua de María. En este contexto, pide en 1870 al obispo de Münster que lo libere del compromiso con la escuela para poder dedicarse enteramente a trabajos pastorales. El obispo rechaza. Sin embargo, accede en 1873. Mientras tanto se desencadenó con toda su fuerza el “Kulturkampf”. Bajo el nuevo imperio alemán, de dominio prusiano, a finales de 1871 se limitan drásticamente las actividades de la Iglesia católica en las escuelas. Definitivamente no hay lugar para la estatua de María. Arnoldo Janssen permaneció firme en su deseo hasta que presenta su renuncia en marzo de 1873.

De la revista misionera al seminario misionero[editar]

Arnoldo Janssen siguió en su cargo docente hasta el final del año escolar 1872-73. A los 36 años es un hombre libre de compromisos e inicia una nueva etapa en su vida. En octubre de 1873 se compromete como capellán de las Ursulinas de Kempis, que atienden una residencia de ancianos. Este compromiso, sin embargo, le deja suficiente libertad como para dedicarse con mayor empeño al Apostolado de la Oración. Así describe sus sentimientos en julio de 1873: “Estaría dispuesto a asumir aún mayores compromisos, incluso, a dedicar todas mis fuerzas y talentos a esta santa causa; hasta mi vida pondría a disposición, con tal de conseguir que el buen Dios, tres veces santo, derramase más copiosamente sobre la tierra el espíritu de gracia y de oración”. En este tiempo trata de hacer realidad la idea que nació en Bocholt: “publicar una revista mensual de carácter popular para promover la oración y la participación en las grandes aspiraciones del divino Salvador, ante todo en la propagación de la fe”. Con la entrega y meticulosidad que le eran propias, puso manos a la obra. Dos actividades de su vida le fueron de gran utilidad para tal fin: su experiencia periodística, y los muchos contactos y relaciones conseguidos a través de su trabajo en favor del Apostolado de la Oración, que le ayudan para la distribución de la revista. En enero de 1874 aparece el primer número de su revista “Pequeño Mensajero del Corazón de Jesús”. El nombre de la revista lo tomó del boletín del Apostolado de la Oración añadiéndole el calificativo de “Pequeño”. Para financiar la publicación, Arnoldo Janssen echó mano a sus ahorros. Así describe la finalidad de la revista: “La finalidad principal de la revista, si bien no la única, es informar de manera comprensible y entusiasta sobre las misiones católicas tanto del interior como del exterior. Desde los primeros números, sin embargo, quedó claro que se trataba de una revista dedicada ante todo, a las “Misiones en el exterior” designadas entonces, como es natural, “Misión entre paganos”. El número de junio de 1874 trae por primera vez en la portada la frase que para Arnoldo Janssen se convertirá en programática: “Viva el Corazón Divino de Jesús en nuestros corazones”.

Encuentro fundamental:Janssen y la misión universal[editar]

Una noticia periodística de mayo de 1874 hace que Arnoldo Janssen agudice el oído. Mons. Giovanni T. Raimondi, Prefecto Apostólico de Hong Kong visita al Dr. von Essen, párroco de Neuwerk. Así describe Janssen la entrevista: “Fui a verle para informarme algo más sobre las misiones, etc. Era mi intención despertar y promover el interés por las misiones a través del Mensajero del Corazón de Jesús. Le expresé mi pesar por la falta de un seminario de misiones para la formación de misioneros en Alemania, mientras que Francia, Italia, Bélgica e incluso Inglaterra lo tenían, donde el catolicismo florecía poco, mientras que en Alemania era tan vivo. Yo mismo no podré ir a las misiones, soy demasiado viejo. ‘Tampoco es necesario’, respondió Mons. Raimondi, ‘debe haber también sacerdotes en Alemania que trabajen por la causa. Pensaba solamente en ponerme a disposición de quien iniciara una obra tal y dedicarle todas mis cualidades. Visité una segunda vez a Mons. Raimondi y nuestra conversación versó sobre el mismo tema. Al final dijo Mons. Raimondi, si no hay otro sacerdote alemán que quiera tomar el asunto en sus manos y al que yo pudiera asociarme, que yo mismo, confiando en la ayuda de arriba, iniciara la obra y que a tal fin me pusiese en contacto con el Señor párroco Dr. von Essen. Nunca me había pasado por la mente iniciar yo mismo una tal obra, y rechacé totalmente esa osadía, ya que no me consideraba capaz. Mons. Raimondi me visitó más tarde en Kempis y me insistió aún más a poner manos a la obra. Yo, como anteriormente, me resistí; pero creí oportuno llevar el proyecto a la opinión pública mediante el Mensajero del Corazón de Jesús y despertar así el interés por el mismo”.

Caminante infatigable[editar]

Arnoldo Janssen en los siguientes meses, además de su actividad como redactor del Pequeño Mensajero del Corazón de Jesús y capellán de las Ursulinas en Kempis, será un caminante infatigable; o bien, estará ocupado día y noche con la correspondencia. Como es propio en él, emprende la acción con intrepidez, con todos sus medios, aptitudes y relaciones. Al mismo tiempo se entrega a la búsqueda de una casa apropiada y de los medios y colaboradores y a idear la estructura interna de la casa misionera y la formación de los futuros misioneros. Sucesivamente (y después de largos viajes) obtiene los permisos y recomendaciones de los Obispos holandeses, alemanes y austriacos, consulta con otras casas misioneras y congregaciones dentro o fuera del país: (Benedictinos de Beuron; Misioneros Picpus; Congregación misionera Scheutvelder; Mill Hill-Londres).

Contradicciones y dudas[editar]

El entusiasmo de Arnoldo Janssen, sin embargo, es compartido por muy pocos. Reconocen que la idea es buena, pero no ven en Arnoldo Janssen la persona adecuada para realizarla con éxito. Cómo se pensaba y hablaba del plan y proyectos, lo refleja la frase sarcástica dicha, al parecer, por el vicario Fugmann en Kempis, a Arnoldo Janssen: “Sí, hazlo, tienes capacidad para ello: primero tienes la necesaria testarudez; segundo la necesaria piedad; tercero eres lo suficiente impráctico”. Se dice que el Obispo Paredis de Roermond (diócesis a la que pertenece Steyl) hizo este comentario ante la pretensión de Janssen: “Me ha visitado el P. Janssen, Rector de las Ursulinas en Kempis. Quiere fundar una casa misionera. ¡Imagínese! Y no tiene nada. O está loco o es un santo”. Significativa también la reacción del Arzobispo Melchers de Colonia. Cuando Arnoldo Janssen le “presentó su proyecto de abrir una casa para las misiones extranjeras, su Excelencia le miró muy serio y dijo: ‘vivimos en una época donde todo se tambalea y parece hundirse y ¿usted se presenta deseando comenzar algo nuevo?’ ‘Vivimos, ciertamente, en una época donde muchas cosas se hunden y, por lo tanto, otras nuevas deber surgir’” fue la sabia respuesta del P. Janssen.

Entrega total a Dios[editar]

Por la noche, después de la primera visita, el obispo dijo a los que le rodeaban: “Hoy estuvo conmigo el P. Janssen. Quiere fundar una casa para misioneros. Desea convertir a los paganos. Aquí en Colonia hay suficientes paganos, esos debe convertir en primer lugar”. En una carta describe Arnoldo Janssen, con palabras impresionante, su estado de ánimo en esos meses: “También yo tuve mi período de duras luchas en que me sentía como si debiera dejarme crucificar. A esto hay que añadir tribulaciones corporales y diversas adversidades. Sin embargo, si desistía se me hacía que actuaba contra la santa voluntad de Dios. Por eso me mantuve firme, continué trabajando y no dudo que el buen Dios quiere la obra y que Él es el verdadero autor y se digna solamente usar nuestras pobres fuerzas para tal fin”.

COMPRA DE LA CASA EN STEYL Y CONSAGRACIÓN AL CORAZÓN DE JESÚS

Se va adelante con tenacidad. Algunos donativos sustanciosos hicieron posible la compra en Steyl, Holanda, de una taberna abandonada y venida a menos, con su terreno. En esa época no se podía ni pensar en la fundación en Alemania de una casa religiosa debido al Kulturkampf. Arnoldo Janssen firmó el contrato de compra el 16 de junio de 1875, una fecha muy simbólica para él. Ese día se celebraba solemnemente en toda la Iglesia católica el bicentenario de las apariciones del Corazón de Jesús a María Alacoque. Varios Obispos y numerosos fieles, con sus iglesias, se consagran al Corazón de Jesús. Arnoldo Janssen narra: Se decidió declarar también esa fecha como el día de la fundación de la nueva comunidad misionera todavía por fundar. […] Habíamos decidido comunitariamente que cada uno de nosotros, allí donde se encontrase, se consagrase ese día en forma privada al Sagrado Corazón de Jesús por la causa de la casa misionera. Lo hicimos todos. Por la tarde del mismo día, pensando en la casa de misiones, fui a Steyl, cerca de Venlo, para concretar definitivamente la compra, planificada con anterioridad.”

En aquel entonces la “Comunidad” la componían Arnoldo Janssen y los tres únicos interesados hasta el momento en la casa de misiones: el Párroco Peter Bill en Luxemburgo, Juan Bautista Anzer, seminarista de Ratisbona y Francisco Javier Reichart, seminarista de Vorarlberg que estudiaba en Lovaina. Este último, por consejo de su confesor, no participó en la consagración…

Arnoldo Janssen describe así este día memorable a sus lectores en el número de agosto del Mensajero del Corazón de Jesús: “La casa de misiones nunca olvidará este su origen. Y si por su finalidad está dedicada a trabajar por el cumplimiento de las gloriosas intenciones del Sagrado Corazón de Jesús, por su origen debe empeñarse más aún en expresar dicha finalidad más claramente invocando al Sagrado Corazón de Jesús y en prueba de esto establece como su lema y divisa la siguiente hermosa expresión: Vivat Cor Jesu in cordibus hominum! ¡Viva el Corazón de Jesús en los corazones de los hombres! Así sea, Amén.”

Además de esta base espiritual, Arnoldo Janssen trata incansablemente de hallar la estructura interna para la “casa misionera”. A principios de febrero de 1875 –es decir, sólo un par de meses después de tomar la decisión de llevar adelante él mismo el proyecto y todavía antes de que se presentaran interesados- escribe una carta a la Congregación de Propaganda Fide en Roma, en la que expone su plan de abrir una escuela apostólica para misioneros. En ella aparece claramente que su pensamiento va mucho más allá de la idea común de una “casa misionera alemana”. “Creo que no podemos prescindir del fundamento de una congregación religiosa”. Más adelante dice: “Desearía, por tanto, que el centro de esta institución estuviese, en cuanto posible, en Roma”. Sin tener todavía algo concreto, abandona la idea, entonces corriente, de Institutos “nacionales” de Misiones. Evidentemente tiene ante sí la visión de una comunidad religiosa “internacional” con firmes lazos de unión y que trasciende el mundo de habla alemana.

A mediados de julio de 1875 Enrique Erlemann se instala en la deteriorada taberna en Steyl como su primer habitante. El carpintero y primer “alumno misionero” de Arnoldo Janssen, se ocupa durante los primeros días en el arreglo y acondicionamiento de la casa. Seguidamente llega Francisco Javier Reichart. El 5 de agosto de 1875 Arnoldo Janssen, el párroco Bill y Francisco Reichart se reúnen por primera vez en Steyl como comunidad inicial. Se estudian tres puntos: los futuros estatutos de la casa, el borrador de una carta a aquellos Obispos de quienes todavía no se había solicitado el apoyo y la elección de un Rector provisional. Se fija el 8 de septiembre de 1875 como fecha de inauguración.

El 27 de agosto Arnoldo Janssen deja a las Ursulinas de Kempis y se traslada a Steyl. Con él llega también su hermano Junípero, proveniente de un convento de los capuchinos que había sido suprimido. Fue de gran ayuda para Arnoldo durante los siguientes años.

Inauguracíon de la casa misionera s. Miguel en Steyl

l 8 de septiembre, durante la eucaristía de inauguración, Arnoldo Janssen dijo en su sermón: “Sólo Dios sabe si de este inicio resultará algo. Agradezcamos, en primer lugar, al dador de todo bien por el apoyo que nos ha dado para este comienzo y esperemos que el mismo prospere. La pequeñez de este comienzo no nos debe desalentar. También el árbol más imponente es al principio una pequeña semilla y el gigante más fuerte un débil niño llorón. Somos conscientes que con los elementos que actualmente disponemos, no nos será posible cumplir con nuestra tarea, pero esperamos que el buen Dios nos otorgue cuanto necesitamos. Que Dios haga con nosotros lo que le agrade. Si de nuestra casa resulta algo bueno, lo consideraremos gracia de Dios, si fracasa nos golpearemos humildemente el pecho y confesaremos que no fuimos dignos de su gracia. Ciertamente no sería bueno que nuestros esfuerzos fracasaran. Quién sabe si se intentaría una segunda vez. Por lo tanto, a cada uno de los aquí reunidos se dirige esta exhortación: ¿Qué podemos hacer? Primero, oración: Pedid al Señor de la mies. Segundo, sacrificio”.


Founding Generation

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▪ La generación de fundación ▪ Área reservada ▪ Mapa del sitio ▪ Inicio EL FUNDADOR DE LAS CONGREGACIONES RELIGIOSAS MISIONERAS DE STEYL Arnoldo Janssen Una vida al servicio de la Iglesia Universal

Arnoldo Janssen

(1837–1909) Fundador:

de los Misioneros del Verbo Divino; de las Misioneras Siervas del Espíritu Santo; de las Misioneras Siervas del Espíritu Santo de Adoración Perpetua Fue canonizado el 5 de octubre de 2003.


El anuncio del Evangelio es la primera y más sublime obra de amor al prójimo.

Arnoldo Janssen

A.J.

Fechas importantes de su vida

5.11.1837 Arnoldo Janssen nace en Goch, Alemania. 1848-1855 Escuela Parroquial en Goch y Seminario menor en Gaesdonck. 11.7.1855 Bachillerato en Münster. 1855-1859 Matemáticas, Ciencias Naturales, Filosofía en Münster y Bonn. 1859-1861 Teología en Bonn y Münster. 16-6-1859 Habilitación para enseñar en el bachillerato. 15-8-1861 Ordenación Sacerdotal en la Catedral de Münster. 1861-1873 Profesor en la escuela municipal de Bocholt. 1866 Miembro del Apostolado de la Oración. Comienza su intensa actividad propagandista y viajera y de publicaciones para el Apostolado de la Oración en los países de habla alemana. 1873-1875 Capellán de las Ursulinas en Kempis. 1874 Revista misional “Pequeño Mensajero del Corazón de Jesús”. 3-12-1874 Permiso para abrir un Seminario Misionero en la Diócesis de Roermond (Holanda). 8-9-1875 Inauguración del Seminario Misionero S. Miguel en Steyl. 27-1-1876 Inauguración de la Imprenta Misionera en Steyl. 1878 Revista “Die heilige Stadt Gottes” (La Ciudad Santa de Dios). 1878 Acepta el primer candidato a Hermano. 2-3-1878 Envía los primeros misioneros a China: José Freinademetz y Juan Bautista Anzer. 1884-1886 Primer Capítulo General y erección de la Sociedad del Verbo Divino (Misioneros del Verbo Divino). Arnoldo Janssen Superior General de por vida. Desde entonces se comienzan a aceptar territorios de misión en todos los continentes. 8-12-1889 Fundación de las Siervas del Espíritu Santo. 8-12-1896 Fundación de las Siervas del Espíritu Santo de Adoración Perpetua. 15-1-1909 Arnoldo Janssen fallece en Steyl. 19-10-1975 Pablo VI beatifica a Arnoldo Janssen y José Freinademetz. 05-10-2003 Juan Pablo II canoniza A. Janssen y J. Freinademetz en Roma Los Santos – Presencia y Rostro de Dios

n la vida de los santos “Dios manifiesta al vivo ante los hombres su presencia y su rostro. En ellos Él mismo nos habla y nos ofrece un signo de su reino, hacia el cual somos atraídos poderosamente con tan gran nube de testigos que nos envuelve y con tan gran testimonio de la verdad del Evangelio. Veneramos la memoria de los santos del cielo por su ejemplaridad, pero más aún con el fin de que la unión de toda la Iglesia en el Espíritu se vigorice por el ejercicio de la caridad fraterna (cf. Ef 4, 1-6). Porque así como la comunión cristiana entre los viadores nos acerca más a Cristo, así el consorcio con los santos nos une a Cristo, de quien, como de Fuente y Cabeza, dimana toda la gracia y la vida del mismo Pueblo de Dios”, afirma el Concilio Vaticano II (LG 50).

La Iglesia al declarar santa a una persona, destaca la presencia de Dios en nuestra vida, la comunión con Jesucristo, la unidad de toda la Iglesia en el Espíritu de Dios como signo de su señorío en el mundo.

Sin este presupuesto, los santos, al tenerlos como modelos, fácilmente se los juzga muy a la ligera como “superhombres inmaculados” y al tenerlos como intercesores, se les atribuye un casi “mágico poder de intercesión” para cualquier necesidad. La primera “tarea” de los santos, considerados como personas concretas, en su vida y obras, con sus virtudes y defectos, es ser una viva referencia de la presencia liberadora y salvadora de Dios, que quiere que seamos su Pueblo y su Familia, en nuestra vida de cada día.

Dios, al comunicarse con nosotros en la vida de los santos, lo hace de mil maneras y, con frecuencia, de forma inusitada. Así sucede con san Arnoldo quien, llevando una vida sencilla, realiza obras extraordinarias.

¿Qué es, entonces, lo que caracteriza como santo a este hombre, Arnoldo Janssen, más bien de poca importancia y a veces hasta severo? El cardenal Rossi, ponente en la beatificación de Arnoldo Janssen en 1975, dio una certera, breve y sorprendente razón: “Él hizo las cosas ordinarias de forma extraordinaria”.

Así el profesor de bachillerato, Arnoldo Janssen, carismático, pero carente de cualidades especiales, se convirtió en el fundador de la familia religiosa de Steyl, a la que hoy pertenecen más de 10.000 mujeres y hombres de todos los continentes y culturas.

En la vida y obra de san Arnoldo, Dios se muestra a todos como el Dios de la vida, como el Dios que es “Buena Noticia” para todos. El afán de Arnoldo Janssen fue proclamar esta verdad con su palabra y sus obras y constituye, además, el legado que nos dejó.

No yo, sino que fue el Señor

Cómo se vio Arnoldo Janssen a sí mismo y a su obra

“Esta viña, queridos cohermanos, es nuestra Congregación y todos los territorios a ella encomendados. La mano de Dios plantó y cuidó esta viña; el Señor le da el sol, la lluvia y el crecimiento. Personalmente no me puedo atribuir nada, sino solamente una débil colaboración, y ni siquiera esto por mi propia capacidad. Tampoco la idea proviene de mí, ni la firme constancia en medio de grandes dificultades, ni la poderosa ayuda en la realización, el ánimo en medio de la general desconfianza. No yo, sino el Señor fue quien despertó las vocaciones y ayudó a cada uno a perseverar en el compromiso asumido. Y si el Señor no hubiese intervenido, ¿quién habría aportado el dinero necesario, y esto en medio de necesidades que crecían de día en día? Esta debe ser, por cierto, nuestra firme convicción: la fundación, consolidación y extensión de nuestra Congregación no tienen otro autor que Aquel, que habita en el cielo y dirige y gobierna todas las cosas en la tierra”.

Informe de Arnoldo Janssen a “sus” misioneros en China en el año 1886

Arnoldo Janssen y su época

“¡Vivimos en una época en que todo vacila y parece que se hunde, y usted viene queriendo comenzar algo nuevo!” De esta manera respondió el Arzobispo Melchers (de Colonia, Alemania), a Arnoldo Janssen cuando en 1875 éste le pidió su apoyo para la fundación de un Instituto Misionero alemán. Y añadía que en Colonia había suficientes paganos, “esos debe convertir en primer lugar”.

La segunda mitad del siglo XIX fue una época bastante agitada: el auge del nacionalismo, colonialismo e imperialismo europeo; el período de los grandes avances culturales, la desenfrenada fe en el progreso, la revolución industrial impulsada por inventos, descubrimientos e innovaciones en la técnica, la producción, la medicina, la agricultura, los medios de transporte y las comunicaciones. Al mismo tiempo el surgir de los movimientos obreros produjo grandes revoluciones sociales. Las potencias europeas llegaron a ejercer su dominio casi sobre el mundo entero. Fue la época en que vivieron Carlos Marx, Federico Nietzsche y Carlos Darwin.

Todo esto sumió a la Iglesia católica en Alemania en una gran confusión. A partir de 1871 el nuevo imperio alemán de Bismark y el así llamado “Kulturkampf” (revolución cultural), emitieron continuamente leyes excepcionales que limitaban drásticamente la actividad pública de sacerdotes, congregaciones y asociaciones católicas, especialmente en las escuelas.

Por otra parte era una época de creciente “entusiasmo misionero” en Europa. Varias congregaciones e iniciativas misioneras surgieron en esta época. La Iglesia del continente se convirtió, pensando geográficamente, en Iglesia universal. Arnoldo Janssen supo ver los “signos de los tiempos” en esta situación de cambios dramáticos y, en búsqueda perseverante de la voluntad de Dios, dio con su obra una concreta y adecuada respuesta.



¿Quién es Arnoldo Janssen?

INFANCIA Y JUVENTUD

Arnoldo Janssen, segundo entre los once hijos del matrimonio Gerardo Janssen y Ana Catalina Wellesen, nació en Goch, pequeña ciudad alemana en la Baja Renania, cerca de la frontera holandesa, el 5 de noviembre de 1837. “Aparte de una mínima propiedad, mi padre cultivaba principalmente tierras arrendadas y disponía de dos caballos. Además de la agricultura, tenía un negocio de transportes que le hacía viajar, por lo común cada semana, a Nimega. Al llegar el momento en que debía regresar a casa, nuestra madre nos mandaba salir a su encuentro”, así describe el mismo Arnoldo Janssen la vida de familia. En esta familia numerosa aprende desde la infancia a colaborar y a ser diligente y modesto.

La vida de la familia Janssen está marcada y sostenida por una profunda fe y alimentada por la frecuente oración y la fidelidad a la Iglesia católica. En este sentido cabe destacar su profunda veneración a la Santísima Trinidad y su devoción al Espíritu Santo. En su lecho de muerte en 1870, Gerardo Janssen inculca esta piedad familiar a sus hijos como su testamento espiritual: “Participen cada domingo en la misa solemne para agradecer a Dios Uno y Trino por las gracias recibidas durante la semana que termina y hagan celebrar cada lunes una santa misa en honor del Espíritu Santo para implorar las gracias de Dios para la semana que comienza”. De su madre Arnoldo dice sencillamente “fue una gran amante de la oración”.

El vicario Enrique Ruiter logró que los padres de Arnoldo, entonces con diez años, le enviaran a la escuela media, primero en Goch y después al seminario diocesano en Gaesdonck. Ya entonces sus materias preferidas fueron las matemáticas y las ciencias naturales. En 1855, antes de cumplir los 18 años, superó con éxito el bachillerato en Münster.

1837 Arnoldo Janssen nace en Goch. Su madre Ana Catalina es una “amante de la oración”.



Arnoldus Janssen… Inscripción en el libro de bautismos de Goch.

ÉPOCA DE ESTUDIOS LA META: SACERDOTE Y MAESTRO

1857 Arnoldo Janssen (centro) como estudiante con sus compañeros. Estudia Ciencias Naturales, Filosofía y Teología en Münster y Bonn Terminado el bachillerato fue a Münster para estudiar teología. Al final del segundo semestre escribe: “Llegado el momento de decidir si estudiar ahora teología o más tarde, mi determinación es totalmente firme: estudiar matemáticas y ciencias naturales dos o tres años más, para así adquirir la habilitación para la enseñanza de estas materias y luego pasar a la teología”. El ingreso en el colegio diocesano le ayuda a ir clarificando su meta. Desea convertirse en profesor de bachillerato, lo que concuerda con el sentir del obispo. Por tanto, con el esmero y seriedad que le caracterizan, a partir del otoño de 1855 estudia matemáticas, ciencias naturales y filosofía, primero en Münster y luego en Bonn. En 1859 obtiene la habilitación para la enseñanza de las mencionadas asignaturas en el bachillerato. Regresa a Münster y en el seminario se entrega de lleno al estudio de la teología. El 15 de agosto de 1861 es ordenado sacerdote.

Quien da lo que tiene, merece vivir

Durante la época de los estudios la vida de Arnoldo Janssen transcurre sin acontecimientos dignos de destacar. En 1858 en un concurso de matemáticas en la universidad de Bonn, obtiene el primer premio que le será reconocido para el examen de aptitud para la enseñanza. Invita a su anciano padre a la entrega del premio: “Se alegró mucho por el éxito en este trabajo”. La educación y formación recibidas en la casa paterna y en el seminario menor le ayudan a vencer los “peligros de la vida estudiantil”. Lo que escribe al Rector del seminario menor en 1857 podrá parecer a algunos demasiado espiritual: “Mi vida en la universidad es extraordinariamente sencilla y monótona. Cada mañana voy a la iglesia, luego estudio casi hasta las 9; seguidamente por una hermosa avenida voy al colegio a Poppelsdorf y regreso dos horas después. Por la tarde a las 4 hay un seminario donde tenemos controversias o conferencias. No frecuento las cervecerías ni las reuniones de corporaciones de estudiantes; nuestra única diversión en este sentido consiste en un paseo a un pueblo vecino los domingos por la tarde, cuando hace buen tiempo, donde tomamos un café y jugamos una partida a dominó. Con alegría recuerdo al querido Gaesdonck; en medio de la total libertad académica su recuerdo se me hace incluso aún más precioso y querido”.

MAESTRO DE BACHILLERATO EN BOCHOLT (1861-1873)

1865 Arnoldo Janssen como joven maestro de bachillerato en Bocholt Arnoldo Janssen, ordenado sacerdote a los 24 años, comenzó en octubre de 1861 su actividad como maestro en la escuela municipal superior de Bocholt que en esa época reiniciaba las actividades escolares. En los primeros años en Bocholt se entrega totalmente a la enseñanza con el esmero y la escrupulosidad que le caracterizan. Se responsabiliza también de la biblioteca de maestros y del laboratorio de física que organiza y amplía con total ejemplaridad. Además colabora en la pastoral en Bocholt.

Arnoldo Janssen estaba habilitado para la docencia de matemáticas y ciencias naturales en todos los cursos de bachillerato, algo no común entre los sacerdotes de la diócesis de Münster. Llama la atención entonces que en sus doce años de enseñanza nunca fuese llamado por ninguna de las escuelas más importantes. Asimismo, nunca fue director o encargado de curso, si bien impartiese con frecuencia la mitad de las clases en los cursos superiores.

Él es el “pequeño Señor”, como le llama la gente en Bocholt. Es delgado y tiene apenas un metro sesenta y cinco de estatura. En la revisión para el servicio militar, fue declarado “inepto por ser demasiado débil de cuerpo y estrecho de pecho”. En general, no destacaba por su figura imponente. A todo esto hay que añadir lo que cuenta el Director de la escuela de Bocholt: “Preparaba sus clases a conciencia, mantenía el laboratorio de física en orden y buen estado, hacía experimentos, corregía con esmero los trabajos escritos. Sin embargo, no sabía ganarse los corazones de sus alumnos, que, sobre todo, rechazaban su manera de castigar”. Por otro lado, Arnoldo Janssen era conocido como hombre de ferviente oración. “El Rector Janssen fue siempre un hombre de oración. Con todo, poco tratable y accesible. Por lo general llegaba tarde a la comida, pues entre clase y comida rezaba el vía crucis”. Un alumno recuerda: “Nosotros, alumnos, sabíamos que pasaba noches enteras en oración. Pero luego sucedía que durante la clase de francés le vencía el sueño y nosotros decíamos: ‘Anoche Janssen no se acostó’. No se cansaba de repetirnos: rezad, rezad siempre mucho. Diariamente se le veía rezar dos veces el vía crucis, antes y después de la comida. Creo que de ahí le venía su espíritu apostólico”.

No es de extrañar, por tanto, que le viniesen serias dudas de estar en el lugar adecuado. Arnoldo Janssen mismo, echando una mirada retrospectiva al tiempo pasado en Bocholt, dice –y con esto nos da una clara idea de su actitud fundamental- “Estando en Bocholt solía pensar ¿por qué precisamente maestro? ¿Por qué no en otro lugar donde puedes hacer mayor bien? Mi obispo, sin embargo, me decía: Usted está dentro del plan de la Providencia divina. Yo no me rompía la cabeza, sino hacía lo que me incumbía. Más tarde, al abrir el seminario misionero me quedó claro que estuve en el lugar exacto y me sirvió de preparación”.

Durante su permanencia en Bocholt Arnoldo Janssen llevó una vida sencilla también en el aspecto material. De su sueldo debía reembolsar los gastos de sus estudios en Bonn y Münster. Luego, desde 1865, tuvo que costear los estudios de su hermano Juan, 16 años más joven que él, que ascendían a más del 10 % de su sueldo. A partir de 1866, se añadieron además los considerables gastos de viajes y publicidad para el Apostolado de la Oración al que dedicaba todo el tiempo que le permitían sus compromisos como maestro y que dio a su vida un inesperado giro.

HOMRE DE ORACIÓN Y APOSTOL ITINERANTE DEL APOSTOLADO DE LA ORACIÓN

La oración tuvo en la vida de Arnoldo Janssen una importancia fundamental, tanto al principio por el ejemplo de sus padres como más tarde en el seminario menor y durante sus estudios. También como maestro y sacerdote fue persona de perseverante oración. La oración le permitía ver más allá de sus deficiencias humanas y le daba fuerzas y orientación cuando se trataba de encajar reveses, aceptar incomprensiones, abandonar seguridades y entregarse a algo nuevo. Aquel “no yo, sino el Señor fue…” era el punto crucial de su vida y acción, y no sólo en relación con los éxitos, sino incluso también en la aceptación de los que, según el criterio humano, eran fracasos.

l “Apostolado de la Oración” fue fundado en el sur de Francia en 1844 por un grupo de jesuitas, profesores y estudiantes. Su objetivo era inducir al pueblo sencillo a la oración como escuela y entrenamiento de fe vivida. Los miembros recibían el boletín “Mensajero del divino Corazón de Jesús”. La primera edición del boletín apareció en 1861, poco antes de la ordenación sacerdotal de Arnoldo Janssen. Él se asocia formalmente a este movimiento en abril de 1866. “Arnoldo Janssen es admitido entre los promotores de la veneración del Sagrado Corazón de Jesús y del Apostolado de la Oración” reza el diploma que se le entregó.

Esto, sin embargo, no le bastaba. Él mismo narra: “al celebrarse en 1867 la asamblea general de las asociaciones católicas de Alemania en Innsbruck (Austria) realicé un viaje más largo de vacaciones para ir allí. En esta ocasión conocí al P. Malfatti SJ, Director del Apostolado de la Oración para Alemania y Austria. Éste me pidió asumir la dirección de la Asociación en la diócesis de Münster, y acepté. Ese mismo otoño fui a la tumba del beato Cura de Ars y visité también la exposición industrial en París. A partir de ahí me dediqué con especial atención al Apostolado de la Oración… Desde entonces siempre dediqué fielmente mis vacaciones a la propagación del Apostolado en la diócesis de Münster. También de las autoridades diocesanas obtuve la confirmación en mi cargo de Director Diocesano. Me empeñé especialmente en la difusión de la oración de intercesión y, además, para que también las oraciones ordinarias, como, por ejemplo el rosario, se ofreciese por las intenciones de Jesús. …El Apostolado de la Oración se extendió casi en toda la diócesi de Münster. Son pocos los párrocos que no he visitado con esta finalidad”.


Todo es posible con la gracia y fuerza del Espíritu Santo

La promoción de la oración, que Arnoldo Janssen vivió con perseverancia, lo convirtió en un “apóstol itinerante”. Desde entonces y no bien llegan las vacaciones, viaja continuamente, muchas veces también a pie. Hasta 1873 visita 300 de las 350 parroquias de la diócesis de Münster. En otoño de 1872 escribe a su imprenta en Paderborn: “Durante estas vacaciones viajé cinco semanas para propagar el rezo del santo rosario según el método que figura en la hoja de oraciones u otro que tenga la aprobación correspondiente. Estuve en las diócesis de Colonia, Tréveris, Luxemburgo, Metz, Estrasburgo, en la Suiza alemana, Ausburgo, Munich, Salzburgo, Passau, Regensburg, Maguncia, etc.”

Este peregrinar de parroquia en parroquia puso la base de una nueva actividad de Arnoldo Janssen, la que irá madurando en el ámbito de su entrega al Apostolado de la Oración: su actividad literaria y periodística. Poco después de ser admitido en el Apostolado de la Oración, publicó en Düsseldorf un folleto titulado “Asociación del Apostolado de la Oración para el ejercicio de la oración de intercesión al amabilísimo Corazón de nuestro Salvador Jesucristo”. El folleto se publicó al mismo tiempo en el Sur de Alemania y en Austria. Envió también un ejemplar a su familia y escribe: “Hacía tiempo que os quería escribir, pero siempre fui postergándolo… Leed y rezad asiduamente según el querido librito. Y leed y rezad de nuevo hasta que comprendáis todo bien”. Un año más tarde sacó una nueva edición (15.000), esta vez con el título: “Folleto-admisión del Apostolado de la Oración y de la Fraternidad del amabilísimo Corazón de nuestro Salvador Jesucristo”. Hasta 1880 aparecieron otras cuatro ediciones con un total de 90.000 ejemplares. Además publicó una serie de pequeños escritos y oraciones entre los que cabe destacar una introducción al rezo de Rosario que tuvo buena acogida y difusión.

La idea fundamental de Arnoldo Janssen fue siempre esta: Por el rezo de las oraciones comunes, como el Rosario, la persona adquiere una actitud orante, de tal manera que, a través de las grandes y pequeñas vicisitudes de la vida y de la Iglesia, entra en diálogo con Dios y recibe de Él orientación para hallar el recto camino de encuentro con el prójimo. Es comprensible que Arnoldo Janssen, en estos escritos se exprese con el lenguaje y teología de su tiempo. Por ejemplo, la “devoción al Sagrado Corazón de Jesús”, entonces muy en boga, lo lleva cada vez con mayor fuerza, a la reflexión sobre la Santísima Trinidad. Su gran preocupación por aquel tiempo –muy acorde con su época- era la “vuelta de los pueblos separados en la fe” que él considera –adelantándose mucho a su tiempo- fruto de la acción y de la gracia de Dios que nosotros debemos impetrar con humildad.

En septiembre de 1869 Arnoldo Janssen participa en la Asamblea General de Asociaciones Católicas (Katholikentag) en Düsseldorf. Como Director del Apostolado de la Oración de la diócesis de Münster, propone que el Apostolado de la Oración se recomiende a todos los católicos de Alemania, lo cual es aceptado por unanimidad, debido sin duda a su empeño personal y periodístico. La feliz noticia se comunicó en la revista del Apostolado de la Oración: “El Apostolado de la Oración, por recomendación de la Asamblea General, sale al gran público dejando las moradas internas de la ascesis a que se vio limitado en muchas regiones”. Esto vale naturalmente también para la vida del mismo Arnoldo Janssen.

Que todas las personas conozcan, amen y veneren al Dios Uno y Trino: El poder del Padre, la sabiduría del Hijo y el amor del Espíritu Santo.

A partir de este momento se nos revela un Arnoldo Janssen distinto. Quien en la escuela de Bocholt era reconocido como “un hombre de oración, si bien poco tratable y accesible”, que hablaba solamente en las aulas y de vez en cuando en iglesias medianas, se ha convertido en una persona de gran actividad y que sabe presentar sus inquietudes en público. Si antes no era capaz de comunicarse con los otros, ahora no tiene dificultades para golpear a la puerta de las parroquias y ganar adeptos para el Apostolado de la Oración; no se siente cohibido al presentar sus ideas y proyectos ante obispos y autoridades. Sus largos viajes, sus múltiples contactos y encuentros, han ampliado su visión y lo han proyectado a él mismo mucho más allá del limitado horizonte de Bocholt.

Se puede comprender que la situación personal de Arnoldo Janssen en estos años era bastante complicada: por una parte, su vida limitada y pautada, tal vez hasta frustrante, como maestro de matemáticas no demasiado dotado ni reconocido; por la otra, el desafío sentido, el impulso y la fuerte motivación de su vida al servicio del Apostolado de la Oración. Por un lado la seguridad de su puesto como maestro, que evidentemente no le satisface. Por el otro, la inseguridad de su existencia al servicio de un cometido que percibe, cada vez más, como “lo suyo”.

La decisión provocó en 1873 un conflicto con el consejo de administración de la escuela en Bocholt. El motivo fue una estatua de la Virgen María que Arnoldo había adquirido en 1868 y que deseaba colocar en el salón de la escuela. La escuela ciertamente era católica, pero también habían alumnos protestantes y judíos. De este modo se produjo un tira y afloja entre la dirección de la escuela y Janssen en relación con la colocación de la estatua de María. En este contexto, pide en 1870 al obispo de Münster que lo libere del compromiso con la escuela para poder dedicarse enteramente a trabajos pastorales. El obispo rechaza. Sin embargo, accede en 1873. Mientras tanto se desencadenó con toda su fuerza el “Kulturkampf”. Bajo el nuevo imperio alemán, de dominio prusiano, a finales de 1871 se limitan drásticamente las actividades de la Iglesia católica en las escuelas. Definitivamente no hay lugar para la estatua de María. Arnoldo Janssen permaneció firme en su deseo hasta que presenta su renuncia en marzo de 1873.

DE LA REVISTA MISIONERA AL SEMINARIO MISIONERO

1874 “Pequeño Mensajero del Corazón de Jesús” primera revista misionera de Arnoldo Janssen


Arnoldo Janssen siguió en su cargo docente hasta el final del año escolar 1872-73. A los 36 años es un hombre libre de compromisos e inicia una nueva etapa en su vida. En octubre de 1873 se compromete como capellán de las Ursulinas de Kempis, que atienden una residencia de ancianos. Este compromiso, sin embargo, le deja suficiente libertad como para dedicarse con mayor empeño al Apostolado de la Oración. Así describe sus sentimientos en julio de 1873: “Estaría dispuesto a asumir aún mayores compromisos, incluso, a dedicar todas mis fuerzas y talentos a esta santa causa; hasta mi vida pondría a disposición, con tal de conseguir que el buen Dios, tres veces santo, derramase más copiosamente sobre la tierra el espíritu de gracia y de oración”. En este tiempo trata de hacer realidad la idea que nació en Bocholt: “publicar una revista mensual de carácter popular para promover la oración y la participación en las grandes aspiraciones del divino Salvador, ante todo en la propagación de la fe”. Con la entrega y meticulosidad que le eran propias, puso manos a la obra. Dos actividades de su vida le fueron de gran utilidad para tal fin: su experiencia periodística, y los muchos contactos y relaciones conseguidos a través de su trabajo en favor del Apostolado de la Oración, que le ayudan para la distribución de la revista. En enero de 1874 aparece el primer número de su revista “Pequeño Mensajero del Corazón de Jesús”. El nombre de la revista lo tomó del boletín del Apostolado de la Oración añadiéndole el calificativo de “Pequeño”. Para financiar la publicación, Arnoldo Janssen echó mano a sus ahorros. Así describe la finalidad de la revista: “La finalidad principal de la revista, si bien no la única, es informar de manera comprensible y entusiasta sobre las misiones católicas tanto del interior como del exterior. Desde los primeros números, sin embargo, quedó claro que se trataba de una revista dedicada ante todo, a las “Misiones en el exterior” designadas entonces, como es natural, “Misión entre paganos”. El número de junio de 1874 trae por primera vez en la portada la frase que para Arnoldo Janssen se convertirá en programática: “Viva el Corazón Divino de Jesús en nuestros corazones”.

Encuentro fundamental: Janssen y la misíon universal

na noticia periodística de mayo de 1874 hace que Arnoldo Janssen agudice el oído. Mons. Giovanni T. Raimondi, Prefecto Apostólico de Hong Kong visita al Dr. von Essen, párroco de Neuwerk. Así describe Janssen la entrevista: “Fui a verle para informarme algo más sobre las misiones, etc. Era mi intención despertar y promover el interés por las misiones a través del Mensajero del Corazón de Jesús. Le expresé mi pesar por la falta de un seminario de misiones para la formación de misioneros en Alemania, mientras que Francia, Italia, Bélgica e incluso Inglaterra lo tenían, donde el catolicismo florecía poco, mientras que en Alemania era tan vivo. Yo mismo no podré ir a las misiones, soy demasiado viejo. ‘Tampoco es necesario’, respondió Mons. Raimondi, ‘debe haber también sacerdotes en Alemania que trabajen por la causa. Pensaba solamente en ponerme a disposición de quien iniciara una obra tal y dedicarle todas mis cualidades. Visité una segunda vez a Mons. Raimondi y nuestra conversación versó sobre el mismo tema. Al final dijo Mons. Raimondi, si no hay otro sacerdote alemán que quiera tomar el asunto en sus manos y al que yo pudiera asociarme, que yo mismo, confiando en la ayuda de arriba, iniciara la obra y que a tal fin me pusiese en contacto con el Señor párroco Dr. von Essen. Nunca me había pasado por la mente iniciar yo mismo una tal obra, y rechacé totalmente esa osadía, ya que no me consideraba capaz. Mons. Raimondi me visitó más tarde en Kempis y me insistió aún más a poner manos a la obra. Yo, como anteriormente, me resistí; pero creí oportuno llevar el proyecto a la opinión pública mediante el Mensajero del Corazón de Jesús y despertar así el interés por el mismo”.


Giovanni T. Raimondi, Prefecto Apostólico de Hong Kong.

HACIA EL SEMINARIO DE MISIONES ALEMÁN

La idea, no obstante todo, seguía persiguiendo a Arnoldo Janssen. Insiste siempre de nuevo sobre el proyecto en los números de su “Pequeño Mensajero del Corazón de Jesús”. Por cierto, la colaboración sugerida por Mons. Raimondi con el Dr. von Essen, quien hacía un año había recibido del Papa el permiso para abrir un seminario de misiones alemán, se perfilaba desde el principio más que difícil. La “química” simplemente no funciona entre von Essen y Janssen. Por tanto, Janssen se puso en camino. En el número de noviembre del Mensajero del Corazón de Jesús se dirige así a sus lectores: “La fundación de una casa alemana para las Misiones exteriores se evidencia cada vez más como una necesidad ineludible. Actualmente muchos sacerdotes deben salir del país. Por lo mismo, la fundación de un seminario de misiones en un lugar seguro y bien ubicado, se ha convertido ahora en una ineludible necesidad. Muchas personas ricas en experiencia nos ayudan con sus consejos y orientaciones. La santa obra, emprendida con arrojo, parece relativamente fácil de realizar. La mayor y más próxima dificultad es el dinero. Parece que se ofrece una casa bien ubicada y con jardín. Pero ¿con qué comprarla y acondicionarla? Cuanto más santa es una obra, tanto mayores suelen ser las dificultades que se deben enfrentar. Así sucederá ahora. Fácil se dice ser piadoso, rezar con fervor, trabajar también con entusiasmo con los talentos recibidos y dar con fervor en cuanto lo permitan las circunstancias”.

CAMINANTE INFATIGABLE

Arnoldo Janssen en los siguientes meses, además de su actividad como redactor del Pequeño Mensajero del Corazón de Jesús y capellán de las Ursulinas en Kempis, será un caminante infatigable; o bien, estará ocupado día y noche con la correspondencia. Como es propio en él, emprende la acción con intrepidez, con todos sus medios, aptitudes y relaciones. Al mismo tiempo se entrega a la búsqueda de una casa apropiada y de los medios y colaboradores y a idear la estructura interna de la casa misionera y la formación de los futuros misioneros. Sucesivamente (y después de largos viajes) obtiene los permisos y recomendaciones de los Obispos holandeses, alemanes y austriacos, consulta con otras casas misioneras y congregaciones dentro o fuera del país: (Benedictinos de Beuron; Misioneros Picpus; Congregación misionera Scheutvelder; Mill Hill-Londres).

CONTRADICCIONES Y DUDAS

El entusiasmo de Arnoldo Janssen, sin embargo, es compartido por muy pocos. Reconocen que la idea es buena, pero no ven en Arnoldo Janssen la persona adecuada para realizarla con éxito. Cómo se pensaba y hablaba del plan y proyectos, lo refleja la frase sarcástica dicha, al parecer, por el vicario Fugmann en Kempis, a Arnoldo Janssen: “Sí, hazlo, tienes capacidad para ello: primero tienes la necesaria testarudez; segundo la necesaria piedad; tercero eres lo suficiente impráctico”. Se dice que el Obispo Paredis de Roermond (diócesis a la que pertenece Steyl) hizo este comentario ante la pretensión de Janssen: “Me ha visitado el P. Janssen, Rector de las Ursulinas en Kempis. Quiere fundar una casa misionera. ¡Imagínese! Y no tiene nada. O está loco o es un santo”. Significativa también la reacción del Arzobispo Melchers de Colonia. Cuando Arnoldo Janssen le “presentó su proyecto de abrir una casa para las misiones extranjeras, su Excelencia le miró muy serio y dijo: ‘vivimos en una época donde todo se tambalea y parece hundirse y ¿usted se presenta deseando comenzar algo nuevo?’ ‘Vivimos, ciertamente, en una época donde muchas cosas se hunden y, por lo tanto, otras nuevas deber surgir’” fue la sabia respuesta del P. Janssen.

Entrega total a Dios, esta es la finalidad de nuestra vida.

Por la noche, después de la primera visita, el obispo dijo a los que le rodeaban: “Hoy estuvo conmigo el P. Janssen. Quiere fundar una casa para misioneros. Desea convertir a los paganos. Aquí en Colonia hay suficientes paganos, esos debe convertir en primer lugar”. En una carta describe Arnoldo Janssen, con palabras impresionante, su estado de ánimo en esos meses: “También yo tuve mi período de duras luchas en que me sentía como si debiera dejarme crucificar. A esto hay que añadir tribulaciones corporales y diversas adversidades. Sin embargo, si desistía se me hacía que actuaba contra la santa voluntad de Dios. Por eso me mantuve firme, continué trabajando y no dudo que el buen Dios quiere la obra y que Él es el verdadero autor y se digna solamente usar nuestras pobres fuerzas para tal fin”.

COMPRA DE LA CASA EN STEYL Y CONSAGRACIÓN AL CORAZÓN DE JESÚS

Se va adelante con tenacidad. Algunos donativos sustanciosos hicieron posible la compra en Steyl, Holanda, de una taberna abandonada y venida a menos, con su terreno. En esa época no se podía ni pensar en la fundación en Alemania de una casa religiosa debido al Kulturkampf. Arnoldo Janssen firmó el contrato de compra el 16 de junio de 1875, una fecha muy simbólica para él. Ese día se celebraba solemnemente en toda la Iglesia católica el bicentenario de las apariciones del Corazón de Jesús a María Alacoque. Varios Obispos y numerosos fieles, con sus iglesias, se consagran al Corazón de Jesús. Arnoldo Janssen narra: Se decidió declarar también esa fecha como el día de la fundación de la nueva comunidad misionera todavía por fundar. […] Habíamos decidido comunitariamente que cada uno de nosotros, allí donde se encontrase, se consagrase ese día en forma privada al Sagrado Corazón de Jesús por la causa de la casa misionera. Lo hicimos todos. Por la tarde del mismo día, pensando en la casa de misiones, fui a Steyl, cerca de Venlo, para concretar definitivamente la compra, planificada con anterioridad.”

En aquel entonces la “Comunidad” la componían Arnoldo Janssen y los tres únicos interesados hasta el momento en la casa de misiones: el Párroco Peter Bill en Luxemburgo, Juan Bautista Anzer, seminarista de Ratisbona y Francisco Javier Reichart, seminarista de Vorarlberg que estudiaba en Lovaina. Este último, por consejo de su confesor, no participó en la consagración…

Arnoldo Janssen describe así este día memorable a sus lectores en el número de agosto del Mensajero del Corazón de Jesús: “La casa de misiones nunca olvidará este su origen. Y si por su finalidad está dedicada a trabajar por el cumplimiento de las gloriosas intenciones del Sagrado Corazón de Jesús, por su origen debe empeñarse más aún en expresar dicha finalidad más claramente invocando al Sagrado Corazón de Jesús y en prueba de esto establece como su lema y divisa la siguiente hermosa expresión: Vivat Cor Jesu in cordibus hominum! ¡Viva el Corazón de Jesús en los corazones de los hombres! Así sea, Amén.”

Además de esta base espiritual, Arnoldo Janssen trata incansablemente de hallar la estructura interna para la “casa misionera”. A principios de febrero de 1875 –es decir, sólo un par de meses después de tomar la decisión de llevar adelante él mismo el proyecto y todavía antes de que se presentaran interesados- escribe una carta a la Congregación de Propaganda Fide en Roma, en la que expone su plan de abrir una escuela apostólica para misioneros. En ella aparece claramente que su pensamiento va mucho más allá de la idea común de una “casa misionera alemana”. “Creo que no podemos prescindir del fundamento de una congregación religiosa”. Más adelante dice: “Desearía, por tanto, que el centro de esta institución estuviese, en cuanto posible, en Roma”. Sin tener todavía algo concreto, abandona la idea, entonces corriente, de Institutos “nacionales” de Misiones. Evidentemente tiene ante sí la visión de una comunidad religiosa “internacional” con firmes lazos de unión y que trasciende el mundo de habla alemana.

A mediados de julio de 1875 Enrique Erlemann se instala en la deteriorada taberna en Steyl como su primer habitante. El carpintero y primer “alumno misionero” de Arnoldo Janssen, se ocupa durante los primeros días en el arreglo y acondicionamiento de la casa. Seguidamente llega Francisco Javier Reichart. El 5 de agosto de 1875 Arnoldo Janssen, el párroco Bill y Francisco Reichart se reúnen por primera vez en Steyl como comunidad inicial. Se estudian tres puntos: los futuros estatutos de la casa, el borrador de una carta a aquellos Obispos de quienes todavía no se había solicitado el apoyo y la elección de un Rector provisional. Se fija el 8 de septiembre de 1875 como fecha de inauguración.

El 27 de agosto Arnoldo Janssen deja a las Ursulinas de Kempis y se traslada a Steyl. Con él llega también su hermano Junípero, proveniente de un convento de los capuchinos que había sido suprimido. Fue de gran ayuda para Arnoldo durante los siguientes años.

Inauguracíon de la casa misionera s. Miguel en Steyl

l 8 de septiembre, durante la eucaristía de inauguración, Arnoldo Janssen dijo en su sermón: “Sólo Dios sabe si de este inicio resultará algo. Agradezcamos, en primer lugar, al dador de todo bien por el apoyo que nos ha dado para este comienzo y esperemos que el mismo prospere. La pequeñez de este comienzo no nos debe desalentar. También el árbol más imponente es al principio una pequeña semilla y el gigante más fuerte un débil niño llorón. Somos conscientes que con los elementos que actualmente disponemos, no nos será posible cumplir con nuestra tarea, pero esperamos que el buen Dios nos otorgue cuanto necesitamos. Que Dios haga con nosotros lo que le agrade. Si de nuestra casa resulta algo bueno, lo consideraremos gracia de Dios, si fracasa nos golpearemos humildemente el pecho y confesaremos que no fuimos dignos de su gracia. Ciertamente no sería bueno que nuestros esfuerzos fracasaran. Quién sabe si se intentaría una segunda vez. Por lo tanto, a cada uno de los aquí reunidos se dirige esta exhortación: ¿Qué podemos hacer? Primero, oración: Pedid al Señor de la mies. Segundo, sacrificio”.

HUMILDE COMIENZO

1875 8 de setiembre: Inauguración del humilde comienzo de la casa misionera S. Miguel en Steyl.


El P. Erlemann así describe el panorama de la inauguración: “En los rostros de los asistentes, no sólo holandeses, sino principalmente alemanes, se dibujaba una clara expresión de duda y escepticismo. ‘¿Qué será de este niño?’ Esto saltaba a la vista ya que todos desaparecieron, no bien terminó la celebración litúrgica, en elocuente silencio, sin expresiones de aliento, casi sin despedirse de quienes habitaban la mísera casa de los Ronck. Durante toda la fiesta reinó un ambiente deprimido que se manifestaba en la serie de preguntas dirigidas al P. Rector Janssen y a los pocos ocupantes de la casa. Tal comienzo, sin duda, justificaba las dudas de los señores. ¿Qué se podía ver allí entonces? Un flaco y débil sacerdote como superior, un joven carpintero con su delantal azul (el mismo Erlemann), un Hermano capuchino expulsado (el Hno. Junípero) y algunos trabajadores contratados como organizadores de la fiesta; una vieja y ruinosa casa con muebles prestados para la fiesta, una mesa festiva con cubiertos prestados y un revuelto campo de donde provenían las patatas de la mesa festiva. Y nada, nada más. Así se presentaba la “casa misionera” alemana-holandesa de cuya solemne apertura informaron los diarios”.

Arnoldo Janssen escribe refiriéndose a los primeros meses en Steyl: “Casi por todas partes se oía comentar que este humilde comienzo no podrá prosperar, será imposible que vaya adelante. Yo mismo percibía que donde llegaba me miraban con gran compasión, como alguien que sufre de ideas extravagantes…”

CRISIS Y NUEVO COMIENZO

Por desgracia, no sólo los sentimientos de la gente de afuera movían al desánimo. Oscuras sombras se cernían sobre la vida dentro de la casa misma en los primeros meses del año 1876, y no únicamente a causa de la pobreza material y las vocaciones que no llegaban como se esperaba, sino también por dramáticas discrepancias al interior de la pequeña comunidad. Causa de estas sombras eran las diferentes opiniones respecto a la finalidad general de la casa misionera. Pero, ante todo, las ideas de severa ascética de Arnoldo Janssen sobre la vida comunitaria en la casa y su actitud como Superior. A consecuencia de esto, el párroco Bill y el estudiante de teología Reichart abandonan Steyl a finales de abril de 1876. Arnoldo Janssen y Juan Bautista Anzer, puestos hasta cierto punto de acuerdo sobre la finalidad y los estatutos, en mayo proyectan una especie de nuevo comienzo. En el acuerdo se dice: “Finalidad de nuestra comunidad es la difusión de la Palabra de Dios en el mundo, sobre todo por la evangelización entre los pueblos no católicos y donde la evangelización, al parecer, pueda dar mejores resultados; en primer lugar, pensamos en los pueblos paganos y concretamente en los países del Extremo Oriente”. Y continúa: “Nuestra casa se llama Casa Misionera San Miguel Arcángel en Steyl”, “La comunidad misma se denomina (…) ‘Congregación del Verbo Divino al Servicio del Rey y de la Reina de los Ángeles’ (…) más breve, ‘Congregación del Verbo Divino’, ‘Societas divini Verbi’”.

No podemos agradar a Dios si nosotros no nos hacemos también pequeños; esta es la gran enseñanza de la noche de navidad.

Pudieron sellar también compromisos sobre el horario de la casa y el ordenamiento de la vida comunitaria, acorde al ritmo de una comunidad religiosa, y sobre el cultivo de las ciencias en la formación de los futuros misioneros. El 16 de junio de 1876, un año después de su consagración personal al Corazón de Jesús, Janssen y Anzer hacen una especie de profesión perpetua según esos estatutos. Los estatutos serán válidos hasta el primer Capítulo General de la Comunidad de 1884 hasta 1886, donde se elaboraron las primeras Constituciones que fueron aprobadas por Roma. Arnoldo Janssen en el número de mayo del “Mensajero del Corazón de Jesús” describe las ideas dominantes en la casa misionera: “Tal vez más de uno consideraría óptimo que, cuanto antes, aumente el número de los adeptos a la obra y que ésta se extienda hacia fuera. Pero esta no es en absoluto nuestra manera de pensar. Nuestra opinión es que nuestra casa debe crecer, ante todo, en virtudes y en espíritu interior. Un misionero en un país pagano podrá realizar algo provechoso solamente si está bien inspirado, es piadoso y santo. Por eso nuestra casa debe construirse sobre el afán de perfección y ese debe ser el fundamento que debe colocarse ante todo y en primer lugar. La Madre de la santidad nos sea propicia y nos ayude y mande personas que, por sobre todas las cosas, aspiren a la santidad”.


Juan B. Anzer y José Freinademetz parten el 2 de mayo de 1879 hacia China como los primeros misioneros de Steyl.

El nuevo comienzo se “salva” en estos meses por la llegada de alumnos, estudiantes de teología y neosacerdotes, entre ellos también Juan, el hermano más joven de Arnoldo, a quien éste había financiado los estudios. El 15 de agosto Juan Bautista Anzer es ordenado sacerdote. En enero se había comenzado además con una pequeña imprenta propia en Steyl y en agosto se iniciaba la construcción de un edificio más amplio. A pesar de las turbulencias y fatigas iniciales, la creciente comunidad en Steyl, ya suficientemente consolidada, celebra el 8 de setiembre el primer aniversario de la fundación de la casa misionera. Poco después Arnoldo Janssen participa del “Katholikentag” (Congreso Eucarístico) en Múnich y recomienda vivamente la nueva casa misionera “al interés y apoyo de los católicos”. En Múnich se encuentra también con Juan Bautista Jordan, más tarde fundador de los Salvatorianos, quien pronto manifiesta interés por asociarse a Arnoldo Janssen.

La pequeña simiente comienza a crecer y a ser conocida. Un año más tarde visita Steyl el entonces Vicario Apostólico de África Central, Daniel Comboni, fundador de los misioneros Combonianos (será canonizado el 5 de octubre 2003 con Arnoldo Janssen y José Freinademetz). Medio año más tarde, el Obispo de la diócesis, Mons. Paredis, se digna visitar Steyl.

En agosto de 1878 ingresa en Steyl José Freinademetz, sacerdote diocesano de Tirol del Sur. Menos de año después, el 2 de marzo de 1879, es enviado a China junto con Juan Bautista Anzer, como primeros misioneros de Steyl. Por de pronto van a Hong Kong, junto al Obispo Raimondi. Con gran alivio y también orgullo Arnoldo Janssen afirmó en su sermón: “¡La casa misionera, respondiendo a su destino, ha enviado sus primeros misioneros. Esperamos que sean muchos los que les sigan!… La divina Providencia ha dispuesto que él (Mons. Raimondi) que con tanto entusiasmo participó en la fundación de la casa, reciba ahora sus dos primeros misioneros”.

Los misioneros son mensajeros del amor divino. Deben anunciar las maravillas de Dios y erigir el Reino del amor de Dios.

Los pilares de la casa de misiones de Steyl

ESCUELA Y FORMACIÓN

A partir de febrero de 1875 Arnoldo Janssen publicó en el Mensajero del Corazón de Jesús una serie de artículos en los que describe el sistema escolar de una futura casa misionera “para la preparación de las vocaciones misioneras en el extranjero”. En noviembre de 1875 informa de la llegada de los tres primeros alumnos de latín. Pronto se evidencia que la escuela es de capital importancia para el futuro de la casa misionera, pues no se da la esperada “oleada de entrada” de sacerdotes y estudiantes de teología que, a raíz de las leyes excepcionales del “Kulturkampf”, habían quedado “sin patria y sin trabajo”. El “Mensajero del Corazón de Jesús” y los contactos que Arnoldo Janssen consiguió por el Apostolado de la Oración, funcionan como “reclutadores” y llegan a Steyl un número siempre creciente de alumnos. En el verano de 1876 son ya 60 alumnos; en 1881 son 100 y en 1886 cerca de 200. Al igual que el comienzo de la casa misionera, el inicio de la escuela está marcado por la pobreza y el arte de improvisar. El mismo Arnoldo Janssen y sus primeros cohermanos son los maestros y educadores. Su propia (y dolorosa) experiencia como maestro al igual que su experiencia, siendo aún alumno, en la construcción de una escuela le sirven como “capital de entrada”. Cabe recordar que la escuela en Goch y luego el colegio, estaban en construcción cuando ingresó él. Asimismo la escuela municipal de Bocholt, donde en 1861 se estrenó como maestro. Para hacer frente al número creciente de alumnos, poco a poco fue necesario contratar a maestros de fuera. Recién a mediados de los años 80 se pudo contar con suficiente personal propio.

La afluencia de numerosos alumnos requiere, todavía en medio de la crisis comunitaria inicial de 1876, la ampliación de la casa y más tarde, pensando en el futuro, una nueva construcción que se iniciará en agosto. Como era propio de Arnoldo Janssen, comienza la ampliación y la nueva construcción, despertando serias dudas en su entorno, pero totalmente confiado en la Providencia divina. En marzo de 1876 se dirige a los lectores de su “Mensajero del Corazón de Jesús”: “Y aunque no tengamos ni siquiera la vigésima parte de lo que necesitamos para la construcción, osamos, teniendo presente la necesidad y posibilidad, comenzarla ahora con coraje y confiados en la ayuda del Señor. (…) Comenzamos con plena confianza en Él, y ¿cómo no nos dará, a través de personas que Él inspire, el dinero suficiente para levantar los edificios necesarios? Ya pueden allá afuera rugir las tormentas, y muchos incluso perder el ánimo: nosotros no nos amilanamos. Vivimos en una época en la que muchas cosas se hunden y por eso deben surgir otras, y no cejaremos, por temores intempestivos, de llevar adelante una obra reconocida como buena y necesaria”.


Steyl: La mísera casa del comienzo se convierte en un imponente seminario misionero.

IMPRENTA Y APOSTOLADO DE LA PRENSA

1876 La imprenta propia y el apostolado de la prensa hacen que el seminario misionero sea rápidamente conocido. Aún antes de la ampliación de la casa, en enero de 1876 estableció en Steyl una imprenta propia para el Mensajero del Corazón de Jesús, informando del hecho a los lectores en la contratapa del número de diciembre de 1875: “Con la ayuda de muchos bienhechores, el seminario misionero al que sirve esta revista está en condiciones de instalar su propia imprenta. Con su ayuda será posible que la revista aparezca regularmente en los primeros días de cada mes, dado que la editorial, redacción, expedición e imprenta se encuentran en el mismo lugar”. Uno de los bienhechores más importantes y casi la solución para el buen funcionamiento de la imprenta en Steyl, fue el técnico de composición Josef Stute quien hasta 1882 dirigió el taller de composición.

Arnoldo Janssen, animado desde fuera, se aventura con la publicación de una nueva revista. Con el número del Mensajero del Corazón de Jesús de enero 1878 se envía el primer número de “Stadt Gottes” (Ciudad de Dios) exponiendo también el programa: “Quien desee propagar algo bueno debe ser capaz de influir sobre su prójimo. Para esto debe servirse de aquellos medios que las circunstancias nos ofrecen como adecuados. Actualmente la prensa es un medio apropiado a tal fin. La efímera palabra pasa, la impresa permanece y puede ser leída y releída. (…) Al mismo tiempo reconocemos con agrado que la sugerencia para la publicación de esta revista no ha surgido de nosotros, sino que vino de fuera y acompañada de una oportuna oferta relativa a las ilustraciones. Al principio nos mostramos bastante reacios a asumir esta obra”. Sin embargo, como justificando la nueva empresa, continúa: “Entre nosotros misioneros, ¿puede justificarse la falta de coraje y confianza en Dios? ¿No sería un doble pecado para nosotros después de tantas pruebas de la ayuda divina que hasta el presente hemos recibido?”.

1878 La “Stadt Gottes” sigue siendo hoy, la mayor revista familiar de los misioneros de Steyl entre el pueblo de habla alemana. En 1880 nace el “Michaelskalender” (Calendario de S. Miguel). También esta publicación es fruto de una sugerencia externa, concretamente del Señor Kolbe, un convertido de Berlín, que también tuvo importante participación en la redacción de la primera edición. “El calendario de S. Miguel, ya desde el principio, resultó ser un verdadero “éxito editorial”. Fue el que llevó más lejos el pensamiento misionero y la noticia de la fundación de los misioneros de Steyl entre el pueblo católico y consiguió cada año nuevos amigos y nuevas vocaciones”, afirma el P. Nikolaus Blum, primer sucesor de Arnoldo Janssen como Superior General. El éxito de las revistas de Steyl se debe esencialmente al sistema de divulgación, ideado por el Hno. Clemente Lanze a partir de 1883. En 1900 la “Stadt Gottes” tenía una tirada de 200.000 ejemplares y el “Michaelskalender” 700.000. El Apostolado de la prensa contribuye en modo eficaz, tanto a la formación de la conciencia misionera como a la promoción de las vocaciones, aportando también la base material para la rápida extensión de la obra misionera de Arnoldo Janssen.

El ser humano debe mantener un espíritu alegre en el amor de Dios.

EJERCICIOS ESPIRITUALES

Arnoldo Janssen con la formación de misioneros no olvida su pasión que nació durante su compromiso con el Apostolado de la Oración: fortalecer la fe del pueblo. Los cohermanos y alumnos no son los primeros en beneficiarse del nuevo edificio en Steyl, sino que siguieron “viviendo algunas semanas más en las limitaciones para dar la primacía de la casa al uso más santo que pudimos encontrar, es decir, los santos ejercicios espirituales para laicos que en Alemania, desde hacía años, estaban privados de este precioso don espiritual”. Así se expresaba Arnoldo Janssen en el Mensajero del Corazón de Jesús en setiembre de 1877. En ese mismo año participaron de los ejercicios espirituales más de 100 sacerdotes y laicos. En 1884 serán más de 500. En adelante será tradicional en Steyl que cada nueva sección que se construya se dedique en primer lugar a ejercicios espirituales. Arnoldo Janssen se convierte así en importante promotor del movimiento de los ejercicios y de la renovación espiritual. Muchas de las sucesivas fundaciones de los misioneros de Steyl se dedicarán, por principio, a la formación y a los ejercicios. El tercer Capítulo General de 1898 declaró para Europa la siguiente prioridad: “dirigir ejercicios espirituales y, en cuanto posible, en nuestras propias casas”.

La familia religiosa de Steyl

LOS HERMANOS RELIGIOSOS


Obreros y Hermanos en la construcción en Steyl.

a instalación de la propia imprenta y la incesante actividad constructiva en el seminario misionero a partir del verano de 1876 y en años sucesivos, así como las necesidades cotidianas de la vida en la siempre creciente comunidad, hacen necesaria la contratación de obreros. Arnoldo Janssen conoce los Hermanos Religiosos o Hermanos Laicos de otras Congregaciones. Además, directamente desde África, el Obispo Comboni le solicita Hermanos misioneros, y en el verano de 1875 se presenta el primer candidato.

Ante esta situación, en mayo de 1877 Arnoldo Janssen comienza a aceptar los primeros candidatos. Todavía no se trata de miembros de la naciente comunidad misionera. Una carta a Anzer y Freinademetz en China de noviembre de 1879 aclara la situación entonces reinante: Tenemos unos 25 obreros. En la imprenta hemos recibido a tres muchachos en calidad de aprendices y se defienden bien. Deben seguir el ritmo de los postulantes. … Prediqué el retiro a los obreros y el último día les animé a elegir un bedel, un vice-bedel y un tesorero e imponer una multa (5, 10 y 15 céntimos) por llegar tarde a la misa. Ahora todo va bien”. Hasta el verano de 1880 ocho obreros deciden solicitar ser aceptados como Hermanos. Comienzan viviendo según la Regla de la Tercera Orden de Santo Domingo. Seguidamente se comienza en las revistas a promocionar la vocación de Hermano misionero. Su función y posición –según el concepto de Iglesia de entonces- se la describe así: “Al lado de los misioneros están los Hermanos que sirven de apoyo a los mismos en Europa y, según la conveniencia, también en las misiones. Se obligan igualmente por los votos”. En 1883 parten para China los dos primeros Hermanos. El primer Capítulo General (1884-1886) en el que se trata de la creación formal de la “Congregación del Verbo Divino” regulariza también la “cuestión de los Hermanos”. Por un lado, pertenecen totalmente a la Congregación, emiten los votos como los clérigos, por otro, sin embargo, no están representados en los niveles directivos. Esta situación cambiará recién a la luz del Concilio Vaticano II. La afluencia de vocaciones para Hermanos desde todos los sectores profesionales, supera todas las expectativas más optimistas. A la muerte de Arnoldo Janssen, en 1909, la SVD cuenta con 600 Hermanos en votos perpetuos, frente a 430 sacerdotes.

El rápido crecimiento de la Congregación, la consolidación de su base material y la creación y expansión de las fundaciones de la Congregación en Europa y ultramar, hubieran sido totalmente impensables sin la abnegada labor y servicio de los Hermanos. Hasta mucho después de la segunda guerra mundial el número de Hermanos y sacerdotes en la SVD era casi igual. En algunos años, incluso, los Hermanos superaban con mucho a los sacerdotes. Luego la balanza se inclina decididamente hacia los sacerdotes. Hoy (2002) son 670 Hermanos frente a 3.830 sacerdotes.

LAS HERMANAS MISIONERAS Y LAS HERMANAS DE ADORACIÓN PERPETUA


Madre María, Elena Stollenwerk Madre Josefa, Hendrina Stenmanns a en los primeros números de su “Pequeño Mensajero del Corazón de Jesús”, Arnoldo Janssen escribe sobre las Hermanas misioneras. Cuando en otoño de 1874 anuncia públicamente su intención de fundar una casa misionera, se presenta una mujer. En sus cavilaciones sobre el futuro de su fundación, emerge siempre de nuevo la idea de las Hermanas misioneras. Pero, como en todas sus decisiones, también aquí, para Arnoldo Janssen, será decisivo “el dedo de arriba”. La señal de arriba llegará en 1882 en la forma de algunas mujeres que desean asociarse a la obra de Arnoldo Janssen. Entre las primeras está Elena Stollenwerk, una joven de 28 años, hija de campesinos. Llega a Steyl en marzo de 1882 para enterarse que Arnoldo Janssen, por de pronto, no puede prometerle una fundación de Hermanas. Sí puede ayudar en la cocina del seminario misionero como segunda empleada de las “Hermanas de la Providencia”. Las Hermanas de la Providencia Divina trabajaron en la cocina y lavandería de Steyl de 1877 a 1888. Estas perspectivas despiertan una fuerte indignación entre los familiares de Elena y el sacerdote del pueblo. Arnoldo Janssen, sin embargo, permanece en sus trece y escribe a Elena: “Usted puede entrar en nuestra casa como empleada… el ulterior desarrollo debemos dejarlo en las manos de Dios”. Al párroco escribe: “En el asunto en cuestión no puedo seguir adelante mientras no conozca la clara y patente voluntad de Dios. Ante todo, un proyecto tal no se puede construir sobre la esperanza de que lleguen piedras espirituales, sino que es necesario tener tantas que se pueda garantizar un buen comienzo”. Elena sigue firme en su decisión y llega a Steyl definitivamente el 30 de diciembre de 1882. En una carta de bienvenida antes de Navidad, Arnoldo Janssen la prepara a su futura vida como empleada en Steyl, que durará siete largos años: “De todo corazón le deseo felicidad y que alcance finalmente su meta. Si bien se amontonan las dificultades, siempre pensé que así sucedería. En estas fiestas del Hijo de Dios hecho Hombre la encomiendo mucho a Él. ¡Ánimo! Usted camina de la mano del buen Padre del cielo, y Él orientará todo según su santa voluntad. Con usted entrará también como empleada la hermana de un alumno. Serán tres y podrán rezar juntas, trabajar juntas, hacer lectura espiritual juntas y dar mutuamente buen ejemplo…” En febrero de 1884 llegará también Hendrina Stenmanns como nueva empleada.

Hoy en día sería impensable la paciencia y perseverancia de las mujeres que llegaron a Steyl para ser Hermanas misioneras y que permanecieron por largos años como empleadas en la cocina y lavandería.

Son años marcados por un impresionante desarrollo del seminario misionero de Steyl. El primer Capítulo General (1884-1886) le da una estructura jurídica a la fundación; en 1888 se abre en Roma la casa S. Rafael para estudiantes; en 1889 se establece en Austria el seminario misionero S. Gabriel como casa de formación central. El mismo año parten los primeros misioneros para Argentina, el segundo territorio misional de la Congregación después de China.

También las empleadas en la cocina contribuyeron con su trabajo y su vida espiritual a este vertiginoso desarrollo. Durante el primer Capítulo General de 1885, se deliberó sobre la “fundación de una congregación femenina destinada a las misiones y a la adoración perpetua y, en principio, se acepta”. Luego, sin embargo, se adelanta poco. Recién después de retirarse las Hermanas de la Divina Providencia se llegó a una determinación. Arnoldo Janssen escribe en julio de 1887 a uno de sus más importantes consejeros, el Lazarista P. Medits en Viena: “Nos acercamos siempre más al momento de poder prescindir de la Hermanas (de la Divina Providencia) y de que nuestros Hermanos se hagan cargo de la cocina. Pero surge entonces el gran interrogante: ¿Qué hacer con las cuatro muchachas? Si permanecen aquí, habrá que instalarles una casa en las cercanías con cocina, etc. y encomendarles el arreglo de la ropa. En tal caso habría que aceptar alguna más y ya no se podría aplazar por más tiempo la decisión de formar, con ellas, una congregación femenina. Pero sólo el pensamiento me aterroriza. Esto comporta nuevas fatigas y preocupaciones, y, en verdad, no sé si respondo como se debe a las actuales obligaciones”.

Cuando en julio de 1888, las Hermanas de la Divina Providencia salieron se Steyl, las cuatro mujeres permanecieron allí y se instalaron en su propia casa con un horario conventual. Su tarea era “arreglar la ropa del seminario misionero, ante todo, calcetines deteriorados, camisas, etc., un trabajo que exigía manos diligentes y hábiles para no sucumbir ante los 400 a 500 moradores del seminario”

Un año más tarde el grupo llegó a seis y en ese tiempo quedó desocupado un convento de los Capuchinos franceses, cerca del seminario. Arnoldo Janssen lo arrendó y escribió a su madre en noviembre de 1889: “Nuestras Hermanas vivirán allí y, a partir de ahora, procederemos con la fundación de un convento femenino”. El 8 de diciembre de 1889 es el día de la fundación de las Hermanas misioneras de Steyl.


Hermanas misioneras y Hermanas adoratrices

Para Arnoldo Janssen el apostolado misionero sin el apoyo de la oración es simplemente una empresa sin sentido. Por tanto, la adoración juega un papel importante ya desde las primeras deliberaciones sobre la sección de las Hermanas. El segundo Capítulo General determinó formar un grupo de “Hermanas de clausura” para la “oración perpetua”. Tras muchas discusiones, el 8 de diciembre de 1896 se concretó la fundación de las Hermanas adoratrices de Steyl. Elena Stollenwerk, cuyo ideal era ir a China como misionera, por deseo de Arnoldo Janssen, pasó a las Hermanas de clausura.

Ambas Congregaciones se desarrollan tan rápidamente como la de los misioneros. A la muerte de Arnoldo Janssen, el 15 de enero 1909, con las novicias y postulantes en Steyl y en las otras fundaciones en todos los continentes, son ya más de 800 Hermanas.

La “pequeña semilla” del humilde comienzo, como se expresó Arnoldo Janssen en su sermón en 1875 en la inauguración del seminario misionero, se convirtió en 30 años en un “frondoso árbol”. Su inquebrantable y firme confianza “en que el buen Dios nos dará todo lo necesario” se cumplió y superó con creces todas las expectativas.

Véase también[editar]

Bibliografía[editar]

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Enlaces externos[editar]