Arma biológica

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Símbolos internacionales de peligro de contaminación biológica.

Un arma biológica — también conocida como bioarma o arma bacteriológica — es cualquier patógeno (bacteria, virus u otro organismo que cause enfermedades) que se utiliza como arma de guerra. Utilizar productos tóxicos no vivientes, incluso si son producidos por organismos vivos (por ejemplo, toxinas), es considerado como una arma química bajo las provisiones de la Convención de armas químicas. Un arma biológica puede estar destinada a matar, discapacitar o impedir seriamente a un individuo como a ciudades o lugares enteros. También puede ser definida como el material o defensa contra tal empleo. La guerra biológica es una técnica militar que puede ser usada por Estados-nación o por grupos no nacionales. En el último caso, o si un Estado-Nación la usa clandestinamente, también puede ser considerado como bioterrorismo.

Descripción general[editar]

Clases de armas[editar]

  1. Bacterias. Las bacterias son organismos microscópicos que viven libremente y que se reproducen por división simple y son fáciles de cultivar. Las enfermedades que producen a menudo responden al tratamiento con antibióticos.
  2. Virus. Los virus requieren organismos vivientes para reproducirse ya que no son seres vivos, son sólo información genética. Son como una especie de "parásitos" que dependen íntimamente del cuerpo que infectan. Los virus producen enfermedades que por lo general no responden a los antibióticos. No obstante, las drogas antivirales a veces son eficaces. Han existido programas de investigación genética para producir las llamadas quimeras, virus recombinados que tienen las características de varios antecesores.
  3. Toxinas. Las toxinas son sustancias venenosas que se encuentran y se extraen de plantas, animales o microorganismos vivos; algunas toxinas pueden producirse o alterarse por medios químicos. Algunas toxinas pueden tratarse con antitoxinas específicas y drogas selectas

Función[editar]

Son utilizadas para causar daño a las personas, de igual manera son utilizadas para matar, incapacitar e impedir seriamente a un enemigo. Así como también pueden dañar a los animales y los alimentos que consumimos día a día. Son la respuesta lógica a la necesidad de destruir o incapacitar a un enemigo sin acabar con sus armas o la zona en la que se encuentra que puede ser la razón de la disputa.

Formas de dispersión[editar]

La mayoría de los agentes biológicos son difíciles de cultivar y mantener. Muchos se descomponen rápidamente cuando están expuestos a la luz solar y otros factores del medio ambiente, mientras que otros, tales como las esporas de Bacillus anthracis, tienen una vida larga. Pueden dispersarse rociándolos en el aire o infectando a los animales que transmiten la enfermedad a los humanos a través de la contaminación de los alimentos y el agua. La dispersión de este tipo de armas es también compleja, dada la fragilidad de los entes vivos que la componen, y suele realizarse de las siguientes formas:

  • Aerosoles – Agentes biológicos que se dispersan en el aire, formando un rocío fino que puede extenderse por millas, normalmente lanzados desde aviones o mediante bombas o misiles. Inhalar el agente puede causar enfermedades en las personas o los animales. Este es el método militar estándar.
  • Animales – Algunas enfermedades se propagan por medio de insectos y animales, tales como pulgas, ratas, moscas y mosquitos. Deliberadamente propagar enfermedades a través del ganado también se denomina agro-terrorismo.
  • Contaminación de los alimentos y el agua – Algunos organismos y toxinas patogénicas pueden persistir en los suministros de agua y alimentos, o ser arrojados deliberadamente a los mismos. La mayoría de los microbios pueden matarse y las toxinas pueden desactivarse cocinando los alimentos e hirviendo el agua.

En los Estados Unidos, a finales de 2001, esporas de B. anthracis, fueron enviadas por correo a personas del gobierno y los medios de comunicación. Estas esporas son elaboradas en forma de un polvo blanco. Las máquinas de clasificación de la correspondencia postal y el abrir las cartas dispersó las esporas en forma de aerosoles. Ocurrieron algunas muertes como resultado de esto. El efecto era interrumpir el servicio de correos y causar pánico general entre el público con respecto al manejo de la correspondencia entregada.

La propagación de persona a persona de algunos agentes infecciosos también es posible. Los humanos han sido la fuente de infecciones de viruela, peste bubónica y los virus Lassa.

Creadores[editar]

Los verdaderos inventores de la guerra química fueron los cazadores que empleando el humo producido por ramas verdes e hierbas húmedas obligaban a los animales salvajes a abandonar sus cuevas. Esto fue seguramente adoptado también en ataques contra otros hombres. Para volver más eficaces estos humos fueron agregando sobre las hogueras sustancias distintas como por ejemplo resinas vegetales, grasas animales etc.

Historia[editar]

Desde tiempos remotos el hombre ha utilizado humos, gases, vapores, nieblas artificiales para molestar al enemigo e inducirlo a la rendición o al abandono de los sitios por ellos ocupados, de forma tal de poderlos atacar a campo abierto.

Los primeros daños verdaderos en las vías respiratorias se produjeron cuando comenzó a ser empleado óxido sulfúrico, el cual que era obtenido por la simple combustión al aire libre de polvo de azufre. Sus vapores eran empleados tanto por defensores como por atacantes, pero no existiendo dispositivos para lanzar el gas en la dirección querida, era casi siempre el viento quien establecía quien iba a ser la víctima.

La prioridad en el empleo de los gases venenosos ha sido recientemente reivindicada por los chinos, quienes aseguran que en el siglo II a.C provocaban la ceguera de sus enemigos soplando nubes de pimiento en polvo y los primeros en experimentar durante las guerras de los llamados" vasos fétidos", que eran globos de terracota que al romperse dejaban libres vapores irritantes.

Los primeros ejemplos históricamente probados del empleo de sustancias irrespirables se remontan a la Guerra del Peloponeso, entre Esparta y Atenas en el año 431 a.C que duró 27 años. En el Libro II, capítulo 77 de la Guerra del Peloponeso de Tucídides se relata que los acres vapores de azufre impedían a los defensores atenienses acercarse a las defensas.

Eneas, célebre estratega griego del siglo IV a.C suministra la fórmula para preparar mezclas incendiarias, la cual es quizás la más antigua que ha llegado hasta nuestros días.

Arriano, el historiador de Alejandro Magno en su escrito Expediciones de Alejandro – Libro II narra que en el año 332 a.C durante el sitio de la ciudad fenicia de Tiro, los asediados recurrieron en varias oportunidades al empleo de humos de azufre para defender las muralla, asimismo describiendo el mismo sitio Quinto Curcio Rufo refiere que los Fenicios lograron incendiar una torre y otras construcciones defensivas de los macedonios construidas cerca de los muelles empujando hacia las mismas una embarcación llena de azufre y bitumen en llamas.

También en la historia romana es frecuente la mención de guerras libradas con la ayuda empleo de sustancias productoras de humos irritantes. Durante el asedio de la ciudad corintia de Ambracia en el año 189 a.C los sitiadores excavaron una galería por debajo de las murallas para entrar a la ciudad a retaguardia de los sitiados, los cuales habían hecho algo similar. Por casualidad ambos túneles se encontraron desarrollándose grandes combates. Los sitiados tuvieron entonces una nueva idea: llenaron un recipiente de terracota con plumas, incendiándolo. El humo nauseabundo producido obligó a los romanos a retirarse.

Plutarco cuenta que durante la campaña de España contra la actual Guadalajara, en el año 81 a. C. el cónsul romano ordenó preparar un cordón formada por una mezcla de tierra muy fina, cal viva y azufre. La misma fue movida por medio de caballos al galope de modo tal que la nube tóxica transportada por el viento logró que los enemigos enceguecidos y con accesos incontenibles de tos se rindieran.

En los libros redactados por Sexto Julio Frontino (alrededor del año 90 d.C) se mencionan acciones tales como el introducir nubes de abejas en los túneles, lanzar contra las naves enemigas recipientes llenos de serpientes venenosas, dejar libres fieras hambrientas contra los sitiados, lanzar dentro de las murallas carroña de animales en descomposición, etc.

Sexto Junio Africano hace referencia que en el siglo III d.C los ejércitos en guerra comenzaron a intoxicar la atmósfera con azufre, nitratos, sulfuro de antimonio y asfalto y los pozos de agua empleando vitriolo verde.

En el mismo período los griegos comenzaron a agregar arsénico y petróleo a sus mezclas inflamables obteniendo sustancias que quemaban más largamente y que desarrollaban una mayor cantidad de vapores. Con este objeto usaban realgar ( bisulfuro de arsénico) fácil de encontrar en la naturaleza.

El arma más eficaz durante el primer milenio después de Cristo fue el "fuego griego" formado por una mezcla de petróleo, azufre, cal viva y salitre que revelaba eficacia incendiaria muy superior a otras mezclas similares conocidas en aquellos tiempos, aunque no se sabe con precisión quien fue el primero en utilizarla

La mezcla incendiaria era lanzada en pequeñas botellas de terracota sin tapón que eran prendidas antes de ser lanzadas por medio de hondas contra las filas enemigas. Otra forma era incendiar la punta de las flechas con la punta revestida con estopa impregnada en este líquido. En muchos casos se robaban caballos enemigos, se cargaban los mismos con sustancias impregnadas en estas sustancias, se encendían las mismas al tiempo que se soltaban los caballos, que galopaban hacia sus campamentos con las consecuencias imaginables. La presencia de fuego griego en las batallas navales era casi siempre determinante: quien lograba lanzarlo primero, con mayor precisión y en mayor cantidad, tenía mayores probabilidades de ganar.

Hacia fines del primer milenio los árabes lograron conocer la fórmula del mismo y con la ayuda de sus alquimistas comenzaron a variar la composición para aumentar su poder destructivo. En su composición comenzaron a aparecer sustancias tale como la esencia de trementina, el alcanfor, el óxido arsenioso, y el ácido nítrico (estas dos últimas sustancias obtenidas por el árabe Geber en el 750 a.C). En los tratados árabes del siglo XI aparecen dos tipos de fuegos diferentes: los que solo servían a incendiar naves y fortificaciones y aquellos que desprendían durante un largo tiempo vapores venenosos. Durante las Cruzadas los caballeros cristianos estuvieron expuestos a la acción de las mismas, a menudo los proyectiles incendiarios eran lanzados mediante un cohete que los cristianos llamaron "sarasina".

En 1275 el alquimista árabe Hassan El Rammah escribió el "Tratado sobre la guerra" en el que describió los efectos de gases venenosos obtenidos por la combustión de sustancias que contenían opio y arsénico. Siglos después (XV y XVI) el mismo empleo fue aconsejado por alquimistas alemanes, los cuales elaboraron un gran número de fórmulas para obtener vapores aún más perniciosos para ser utilizados contra los turcos y los infieles

Durante la guerra que libró la Serenísima (Venecia) contra el Duque de Ferrara en 1482 a instancia del técnico del arsenal veneciano Alvise de Venecia fueron empleadas durante el sitio de la ciudad, bombardas inventadas por él capaces de lanzar bolas de metal que explotaban a su llegada para liberar humos venenosos que causaban la inmediata muerte de los presentes.

También Leonardo interesado con estos insólitos sistemas de guerra, sugirió su uso para eliminar o disminuir al enemigo, pero no se limitó a estudiar las modalidades de empleo sino que fue el primero en sugerir sistemas válidos de protección y de defensa.

En 1640 cuando los turcos invadieron Europa, el químico alemán John Rudolf Glauber invitó a su gobierno a preparar bombas lacrimógenas irritantes a base de esencia de trementina y ácido nítrico, aunque la ejecución del proyecto fracasó por no poderlo llevar a la práctica al no disponerse de la tecnología y de los conocimientos químicos necesarios para la realización práctica.

En la segunda mitad del siglo XVII muchos jefes de estado y comandantes militares invitaron a sus científicos a elaborar sustancias venenosas o irritantes

En 1670 G.W. Leibniz, el conocido filósofo y matemático alemán señalo a su gobierno que con el empleo de sustancias arsenicales era posible producir abundantes humos irritantes y suministró consejos prácticos para liberar nubes de humos irritantes o cortinas fumógenas tan densas como para esconder los movimientos de las propias tropas al enemigo y es justamente esta la estrategia empleada por Carlos XII de Suecia en 1701 durante la campaña contra los sajones para maniobrar su ejército sin que el enemigo se percatara de sus movimientos

Pero no todos los jefes de estado estaban dispuestos a usar estos métodos suministrados por la química. Muchos los retenían contrarios al espíritu de caballería tradicional, otros a los principios humanitarios. Luis XIV de Francia, por ejemplo, cuando el medico Dupré, en 1640, le expuso un método parar producir un líquido que además de ser asfixiante provocaba quemaduras ordenó la destrucción de todo documento relativos al mismo y le prohibió, bajo pena de muerte, la continuación de sus experimentos.

Si bien Napoleón se negó al empleo de proyectiles de artillería llenos de ácido cianhídrico e hizo detener a un químico inglés que le había propuesto el de modo tal que no pudiera ofrecerlo a sus adversarios, se supone que durante las últimas campañas napoleónica fueron empleadas, con fines experimentales, bombas que contenían sustancias arsenicales puesto que por mucho tiempo los animales que pastaban sobre esos campos de batallas morían presentando síntomas de envenenamiento con arsénico.

En 1865 los técnicos franceses probaron en un recinto llenos de perros. En la localidad de Chalons, un nuevo proyectil de obús que estallaba expandiendo vapores venenosos que causaron la muerte de numerosos animales. Durante el experimento estaba presente Napoleón III el cual muy impresionado por lo que veía consideró que el uso de sustancias venenosas era una acto de barbarie haciendo suspender los experimentos.

Es interesante remarcar que a pesar de las declaraciones humanitarias oficiales casi todos los gobiernos continuaron con la investigación de productos químicos en busca de un arma eficaz y segura.

Durante las siguientes décadas las condiciones generales cambiaron rápidamente. La química, luego de un largo período de incubación en el laboratorio, estaba lista para suministrar productos de gran importancia para el progreso. Muchas de estas sustancias si bien preparadas para ser empleadas con finalidades no bélicas, revelaron pronto sus propiedades tóxicas mucho más letales de las que hasta entonces eran empleadas como venenos. El fosgeno, por ejemplo, que hizo su siniestra aparición en los campos de batalla de la primera guerra mundial, había sido descubierto por Davy en 1812, el cuál lo había obtenido mientras observaba la acción de la luz sobre una mezcla de cloro y óxido de carbono,

Entre 1870 y 1880 éste gas fue producido en grandes cantidades en Inglaterra y en Alemania en cuanto era empleado en la producción de colores, especialmente los escarlatas ácidos sólidos empleados en Inglaterra para teñir los tejidos de algodón. Algunos accidentes mortales en las fábricas mostraron que el fosgeno era uno de las sustancias más tóxicas producida por el hombre.

Muy peligrosa también resultó el sulfuro de dicloroetileno (Yperita) obtenida en forma casual por el químico inglés Guthrie en 1860 el cual era vesicante.

Los Estados Mayores de las principales potencias se interesaron en la nueva descubrimiento y muchos luego de haber constatado la imposibilidad de destruir totalmente los refugios construidos con la nueva tecnología del cemento armado comenzaron a considerar con interés la posibilidad de empleo de gases con mayores densidades que la del aire capaces de penetrar en los sitios invulnerables a los proyectiles

El espectro de la guerra química comenzaba a perfilarse en toda su inmensa gravedad. La propuesta de prohibir tales sustancias inmediatamente encontró las necesarias adhesiones y es así como en el mes de julio de 1899 las principales potencias se reúnen en La Haya para la Conferencia Internacional de Paz

Cronología Histórica del Siglo XX[editar]

Veinticinco países firman la Conferencia de la Haya de 1899 que en una de sus cláusulas expresa que los estados firmantes se comprometen en no usar proyectiles cuyo único objetivo sea la de liberar gases asfixiantes o venenosos.

Guerra ruso-japonesa : las naves japonesas disparan contra las rusas granadas cargadas con gases venenosos Segunda Convención de La Haya (18 de octubre de 1907) Se renueva la prohibición de armas químicas y la utilización de aviones en la guerra. Cinco de las potencias que luego tomaran parte en la 1° Guerra mundial no firmaron.

  • 1914 – 18 Primera guerra mundial: se utilizan armas químicas: gases asfixiantes tales como cloro, bromo, perclorometilmercaptano, cloruro de carbonilo (fosgeno), ésteres cianofórmicos (Zyklon), etc., gases vesicantes tales como fenilcloroarsina (PD), di(2-cloroetil) sulfuro (mostaza) etilbromoarsina, etildicloroarsina (dick) entre otros, y gases lacrimógenos como bromoacetona, cloroacetona, gases invalidantes tales como acroleína (papite), ácido cianhídrico, bromuro de cianógeno, bromoacetato de etilo y muchos otros más. Véase Gas venenoso en la Primera Guerra Mundial.
  • 1925. Protocolo de Ginebra: se prohíbe el uso de armas químicas y biológicas en la guerra
  • 1936 En Alemania se descubre el gas neurotóxico tabún
  • 1932 – 1945 Se emplean armas químicas : mostaza y sulfuro de cloroetileno en Etiopía. Los ingleses experimentan con el Bacillus Anthracis diseminándolo en la isla de Gruinard, aún contaminada (principalmente peste). En 1944 los aliados ponen a punto un arma bacteriológica (aparentemente botulina) capaz de aniquilar la vida humana en una zona determinada pero dejando intacta las instalaciones.

Uso de bombas al fósforo blanco o constituidas por otros metales incendiarios son lanzadas por los aliados en 1943 sobre Alemania.

Los EUA comienzan a usar Napalm arrojándolo sobre Tokio convirtiendo la ciudad en un enorme horno crematorio. Luego, meses más tarde es usado en Okinawa.

  • 1952 Radio Corea anuncia que el ejército americano ha empleado armas bacteriológicas. Si bien las fuentes oficiales desmienten el hecho, hasta ahora se desconoce la verdad.
  • 1964 Guerra de Vietnam: los portavoces militares americanos admiten sin reticencias el uso de defoliantes conocidos como agentes "naranja" (2,4,5-T), "púrpura", "blanco" y "azul".
  • 1972 USA, URSS y más de 100 países firman la Convención de Armas Biológicas; USA y URSS firman el Tratado sobre Misiles Antibalísticos (ABM).
  • 1980 Se erradica oficialmente la viruela.
  • 1991 La ONU ordena a Iraq destruir todas sus armas y tecnología relacionada con ella.
  • La URSS se disuelve, USA inicia un programa de ayuda de no proliferación de la extinta Unión Soviética.
  • 1993 Se inicia la firma de la Convención de Armas Químicas. (El jefe de la Agencia Rusa de Municiones ha manifestado que tanto los Estados Unidos como Rusia están retrasados varios años para poder alcanzar la fecha límite del 2007, impuesta por la convención para destruir reservas químicas. Sólo en Rusia hay 40 mil toneladas de agentes químicos).
  • 1994 Miembros de la secta religiosa Aum Shinrikyō libera gas Sarín en el metro de Tokio.

Características de las armas biológicas[editar]

Armas biológicas anti-personales[editar]

Las características ideales de las armas biológicas que tienen como objetivos a los seres humanos son una infectividad alta, alta potencia, disponibilidad de vacunas y lanzamiento como un aerosol.

Las enfermedades que son más probables de ser consideradas para uso de armas biológicas compiten debido a su letalidad (si son lanzadas eficientemente) y robustez (al hacer factible el lanzamiento por aerosol). Por su parte, los agentes biológicos usados en armas biológicas pueden ser fabricados a menudo con rapidez y fácilmente. La dificultad principal no es la producción del agente biológico, sino el lanzamiento en una forma efectiva al objetivo vulnerable.

Por ejemplo, el Bacillus anthracis es considerado un agente efectivo por varias razones. En primer lugar, forma esporas fuertes, perfectas para su dispersión en aerosoles. En segundo lugar, las infecciones neumonales (de pulmón) producidas por el carbunco o ántrax usualmente no causan infecciones secundarias en otras personas. Luego, el efecto del agente queda usualmente confinado al objetivo. Una infección neumonal causada por el ántrax empieza con los síntomas de un resfrío ordinario y rápidamente se vuelve letal, con una tasa de mortalidad del 90% o mayor. Finalmente, el personal amigo puede ser protegido con antibióticos adecuados. Un ataque masivo que utilice esporas de esta bacteria requeriría la creación de partículas de aerosol de 1,5 a 5 micrometros. Si fuera muy grande el aerosol sería filtrado por el sistema respiratorio. Mientras que si fuera muy pequeño, el aerosol sería inhalado y exhalado. Asimismo, a este tamaño, los polvos no conductivos tienden a aglutinarse y adherirse debido a las cargas electrostáticas, lo cual impide la dispersión. Por ello, el material debe ser tratado para aislar y descargar las cargas. El aerosol debe ser lanzado de forma que ni la lluvia ni el sol lo descomponga y el pulmón humano pueda ser infectado. Estas son solo algunas de las dificultades tecnológicas que existen.

Las enfermedades consideradas para ser usadas como armas, o conocidas por ser utilizadas como tales, incluyen el carbunco (TR), ébola, virus de Marburgo, plaga (LE), cólera (HO), tularemia (SR & JT), brucelosis (US, AB & AM), fiebre Q (OU), fiebre hemorrágica boliviana, coccidioidomicosis (OC), muermo (LA), melioidosis (HI), shigella (Y), fiebre de las Montañas Rocosas(UY), tifus (YE), psitacosis(SI), fiebre amarilla (UT), encefalitis japonesa B (AN), fiebre del valle del Rift (FA) y la viruela (ZL).[1] Toxinas surgidas naturalmente que pueden ser usadas como armas, incluyen ricina (WA), SEB (UC), Toxina botulínica (XR), saxitoxina (TZ) y muchas micotoxinas. Los organismos que causan estas enfermedades son conocidos como agentes selectos. En Estados Unidos, su posesión, uso y transferencia son regulados por el Programa Agente Selecto del Centro de Control y Prevención de Enfermedades

Armas biológicas antiagrícolas[editar]

Las armas biológicas también pueden tener como objetivo plantas específicas para destruir cultivos o desfoliar vegetación. Estados Unidos y el Reino Unido descubrieron reguladores de crecimiento de las plantas (por ejemplo, herbicidas) durante la Segunda Guerra Mundial e iniciaron un programa de armas herbicidas que fue utilizado eventualmente en Malasia y Vietnam en la contrainsurgencia. Aunque los herbicidas son químicos, a menudo son agrupados con las armas biológicas como bioreguladores de manera similar a las biotoxinas.

Estados Unidos desarrolló su capacidad de destrucción de cultivos durante la Guerra Fría que usó bioherbicidas para enfermedades de plantas o micoherbicidas para destruir la agricultura del enemigo. Se creía que la destrucción de la agricultura del enemigo en una escala estratégica podía frustrar la agresión sino-soviética en una guerra general. Enfermedades tales como la ráfaga de trigo y la ráfaga de arroz pueden ser convertidas en armas cargando tanques con sprays aéreos y bombas de rácimo para lanzarlas a aguas enemigas que rieguen regiones agrícolas para iniciar epifitótica (epidemias entre las plantas). Cuando Estados Unidos abandonó su programa de armas biológicas ofensivas en 1969 y 1970, la vasta mayoría de su arsenal biológico estaba compuesto de estas enfermedades de plantas.

En la década de 1980, el ministerio soviético de Agricultura desarrolló exitosamente variantes de Glosopeda y Peste bovina contra vacas, fiebre porcina africana para cerdos y Psitacosis para matar pollos. Estos agentes eran preparados para ser rociados desde tanques acoplados a aviones desde cientos de kilómetros. El programa secreto fue nombrado "Ecología."[1]

Atacar animales es otra área de las armas biológicas que tiene como propósito eliminar recursos animales que podrían ser utilizados como transporte o comida. En la Primera Guerra Mundial, agentes alemanes fueron arrestados en un intento por inocular animales con anthrax y se creía que eran responsables de bortes de muermo en caballos y mulas. Los británicos contaminaron pasteles con anthrax en la Segunda Guerra Mundial como un medio potencial de atacar ganado alemán, pero nunca usaron esta arma.

Sin conexión con las guerras, los seres humanos han introducido deliberadamente la enfermedad de conejos Mixomatosis, originaria de Sudamérica, a Australia y Europa, con la intención de reducir la población de conejos, lo que ha tenido resultados devastadores pero temporales, con poblaciones de conejos salvajes reducidas a una fracción de su tamaño original, pero los sobrevivientes desarrollaron inmunidad y se incrementaron nuevamente.

Países observados[editar]

A pesar de creer que la principal amenaza biológica en la actualidad es la de los grupos terroristas, más que las de los poderes nacionales, la inteligencia estadounidense tiene una extensa lista de naciones en contra de poseer o fabricar armamento bacteriológico:

Véase también[editar]

Bibliografía[editar]

  • Diario "La Nación" de Costa Rica (27/07/2012). [2]

Referencias[editar]