Areta de Cirene

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Areta de Cirene (en griego: Ἀρήτη; fl. siglo IV a.C.), hija de Arístipo de Cirene, fue una filósofa de la escuela cirenaica.

Aprendió filosofía de su padre, Arístipo, que fue alumno de Sócrates. A su vez, enseñó filosofía a su hijo, Arístipo el Joven, por lo que este fue apodado "Metrodidactos" ("educado por la madre", en griego: μητροδίδακτος).[1] Areta es a veces descrita como la sucesora de su padre en la dirección de la escuela cirenaica, aunque pudo haber sido su hijo el que fundó formalmente la escuela.

Entre las falsas epístolas socráticas (que datan probablemente del siglo I) hay una carta apócrifa dirigida a Areta.[2] En esta carta, Areta es representada viviendo una vida bastante próspera en Cirene. Arístipo le dice "aún tienes dos huertas, suficiente para una vida lujosa; la propiedad de Berenice, por sí sola, podría proporcionarte un nivel de vida muy alto".[3] Arístipo le sugiere que, tras su muerte, debería "ir a Atenas, después de haber dado a Arístipo [el Joven] la mejor educación posible".[3] Sugiere que debería vivir con Jantipa y Myrto, y que debería tratar a Lamprocles como si fuera su propio hijo, y adoptar a "la hija de Eubois, a la que solías tratar como si fuese libre".[3] Por encima de todo, le urge a "cuidar del pequeño Arístipo para que sea digno de nosotros y de la filosofía, que es la auténtica herencia que le dejo, ya que en otros aspectos tendrá a los funcionarios de Cirene como sus enemigos".[3]

John Augustine Zahm (escribiendo bajo el pseudónimo de Mozans), sostenía que el estudioso del siglo XIV Giovanni Boccaccio tenía acceso a los "primeros escritores griegos", lo que le permitió elogiar especialmente a Areta "por la variedad y amplitud de sus logros":[4]

Se dice de ella que enseñó filosofía natural y moral en las escuelas y academias de Ática durante treinta y cinco años, que escribió cuarenta libros, y que contó con ciento diez filósofos entre sus alumnos. Gozaba de tanta consideración por parte de sus compatriotas que inscribieron un epitafio en su tumba declarándola ser el esplendor de la Antigua Grecia y poseer la belleza de Helena, la virtud de Penélope, la pluma de Arístipo, el alma de Sócrates y la lengua de Homero.[4]

Referencias[editar]

  1. Diógenes Laercio, ii. 72, 83, 86; Eusebio, Preparatio Evangelica, xiv. 18. Cf. Clemente de Alejandría, Stromata, iv. 122; Estrabón, xvii. 3. 22; Eliano, Nat. Anim. iii. 40; Teodoreto, Therapeutike, xi. 1; Temistio, Orationes, xxi. 244
  2. Las falsas epístolas socráticas no pueden utilizarse directamente como una fuente histórica, aunque el autor anónimo de estas cartas tiene un "interés en el detalle histórico", y parece tener acceso a "un manual sobre filosofía griega" que es semejante en contenido al de Diógenes Laercio, pero más extenso". Abraham J. Malherbe, (1977), The Cynic Epistles: A Study Edition, página 28. SBL
  3. a b c d Socratic epistle 27 en Abraham J. Malherbe, (1977), The Cynic Epistles: A Study Edition, páginas 282-5. SBL
  4. a b H. J. Mozans, (1913), Woman in Science, páginas 197-9. Nueva York. Este fragmento, sin embargo, no parece estar presente en ninguna obra que haya sobrevivido de Boccaccio, y el candidato obvio para esta información sería De mulieribus claris (De mujeres famosas) de Boccaccio que no contiene menciones a Areta. La fuente de Zahm para esta información es el libro de de 1739 de Johann Christoph Wolf Mulierum Graecarum. Wolf cita el libro II de De laudibus mulierum (Elogio de la mujer) de "Bocatius". Sin embargo, no hay ninguna obra de Boccaccio titulada De laudibus mulierum, pero sí un oscuro libro de 1487 con éste título de Bartolommeo Goggio.

Enlaces externos[editar]