Arado (agricultura)

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Para la ya desaparecida compañía alemana fabricante de aviones e hidroaviones, véase Arado Flugzeugwerke.
Arado tirado por caballos.
Esquema de la evolución del arado.

El arado es una herramienta de labranza utilizada en la agricultura para abrir surcos y remover el suelo antes de sembrar las semillas. Se puede considerar como la evolución del pico y de la azada. En un principio el arado era tirado por personas, luego por bueyes o mulas, y en algunas zonas por caballos, actualmente también los tractores tiran de ellos. Arar aumenta la porosidad, que favorece el crecimiento de las plantas, aunque al remover el suelo se pierde agua por evaporación y algo de suelo por erosión, y las eventuales lluvias lavan los nutrientes y abonos que puedan haberse aplicado al suelo, generando pérdidas.

El arado surgió posiblemente en Mesopotamia. El arado tradicional tirado por animales procede del arado romano, que consta de una esteva (para guiar) y reja (de hierro) que es la que rompe el terreno.

El arado Rotherham fue construido en Inglaterra en 1730. Su forma triangular hizo más fácil tirar de él y se adaptó para ser tirado por caballos. Fue construido por el holandés Joseph Foljambe y marca el comienzo de su fabricación industrial.

Arados tirados por animales[editar]

Los arados, según las diferentes costumbres locales, pueden ser tirados por caballos, bueyes o mulas. En los países de tierra arenosa y desmenuzable, los asnos tiran muchas veces de un arado ligero. Esta yunta era muy común en Calabria y Sicilia; ya que los asnos de aquellas tierras son tan fuertes como los buenos mulos de mediana talla: por otra parte, es tan fértil el terreno en estas comarcas,lkjhg poco cultivo para producir abundantes cosechas. Lo mismo podría decirse de los burros de las provincias meridionales de España.

Arado tirado por búfalos en Camboya

En muchos parajes de la campiña de Roma la mayor parte de las tierras se labraban con búfalos una vez domados y acostumbrados al yugo. No hay otra yunta que le iguale para dar un buen cultivo a las tierras. Jamás los desanima un trabajo penoso y difícil y jamás rehúsan tirar, a menos que sean superiores a sus fuerzas los obstáculos que tienen que vencer. Los manejaban con riendas atadas a un anillo que atraviesa la ternilla de sus narices y de este modo conducían también los bueyes, sea para el arado, sea para el tiro de las carretas.

Antiguamente, no se empleaban los caballos para el cultivo de las tierras: todas las labores y todos los trabajos relativos a la agricultura se hacían con bueyes.

Este método se usa todavía en una gran parte de Italia; pero en algunas de sus provincias apenas se halla una yunta de bueyes. Los caballos y mulos hacen la labor con más prontitud y por esto sin duda los han preferido para los trabajos del campo. El buey por el contrario, como tiene el paso más lento, no acaba tan pronto la labor pero en recompensa el cultivo hecho con ellos es más uniforme y esta ventaja indemniza del tiempo que gasta de más. La lentitud de su marcha permite al labrador manejar su arado como quiere sin fatigarse mucho; de modo que la reja penetra en la tierra a la profundidad que se desea, sin verse en la precisión de examinar continuamente si el surco va derecho o si prosigue en la misma profundidad, como debe atender cuando tiran del arado caballos o mulos porque la velocidad de su marcha, por lo común poco uniforme, da al juego trasero del arado unas sacudidas que descomponen la dirección de la reja, volviéndola de lado o levantándola, lo cual disminuye su introducción.

Arado tirado por caballos
Arado tirado por bueyes

En los terrenos fuertes, difíciles y desiguales es preferible una yunta de bueyes a otra de caballos, porque el buey está más dotado para resistir un trabajo penoso que el caballo y porque éste se fatigaría mucho antes. Es más fácil hacer con bueyes el cultivo que exigen estas tierras porque además de ser más fuertes para el tiro que los caballos, son también más sufridos en el trabajo por penoso que sea. Cuando es bien franca una tierra y uniformes, con corta diferencia las resistencias que opone, entonces tira el caballo bastante bien sin incomodarse pero si está es una tierra arcillosa, por poco resbaladiza que sea, sus pies no tienen firmeza y tira con negligencia y a empujones. Lo mismo sucede con los mulos, que no siempre se manejan como se quiere: especialmente cuando son falsos y reacios, como se verifica algunas veces.

En los países de cerros o de montañas, la dificultad de cultivar las tierras hace que los caballos no sean muy a propósito para el tiro de los arados; porque no resistirían un género de trabajo que apuraría sus fuerzas y los pondría bien pronto en el estado de no poder servir. Mejor resistirían la fatiga los mulos en semejantes países y durarían más tiempo. No obstante, los bueyes son mejores aún, porque hacen el cultivo más cómodamente y resisten más tiempo los diferentes trabajos.

Arado tirado por yaks

Los accidentes a que están expuestos los animales que se emplean en el cultivo de las tierras, la facilidad mayor o menor de sustentarlos y el provecho que se puede sacar de ellos cuando no están en estado de servir debe influir en la elección que se haga, porque pueden disminuir los gastos del cultivo. La yunta o canga de dos asnos es sin contradicción la menos dispendiosa porque su manutención cuesta menos al cultivador y tiene menos accidentes que temer, pero no se puede servir de ellos para labrar indiferentemente cualquier terreno, ni puede emplearlos en otras tierras que en las francas y arenosas, pues de lo contrario solo arañarían la superficie.

La yunta de bueyes es más ventajosa para un labrador que la canga de caballos o de mulos:

  • Primero, porque no están tan expuestos a ponerse malos, como los caballos o los mulos, quienes con un día de fuerte trabajo pueden quedar inservibles para el siguiente.
  • Segundo, su manutención cuesta menos al labrador, porque los mantiene la mayor parte del año con paja y heno mezclados; y aun más comúnmente con este último. En los países en que se siegan los prados muchas veces, rara vez se les da heno sin estar mezclado, a no ser en los tiempos en que trabajan mucho. Los caballos y los mulos no tendrían bastante con un alimento tan barato y sería preciso darles buen forraje, y de tiempo en tiempo avena o cebada
  • Tercero, cuando el buey no está ya en estado de servir, se engorda en una dehesa y se vende después en más de lo que costó de novillo: al contrario, ninguna utilidad se puede sacar del caballo y del mulo cuando se imposibilitan de servirnos.

Los arrendatarios que conocen bien sus intereses en esta parte, tienen cuidado de cambiar sus caballos o mulos cada tres o cuatro años para no perder totalmente el precio que costaron, conservándolos todo el tiempo que puedan servir para la labor.

Mejor modo de uncirlos[editar]

Arados de tracción animal

En cada país uncen los animales al arado de distinto modo: siguiendo la costumbre, sin considerar si es buena o es mala. En algunos ponen los caballos o mulos unos detrás de otros; en otros de dos en dos y cuando no hay más que tres animales de tiro, los colocan o uno detrás de otro o dos de frente, y el tercero de guía delante de los otros dos que están en el yugo.

Lo más común es uncir los bueyes de dos en dos, porque los hacen tirar con la cabeza y entonces el timón reposa sobre el yugo, que está atado a sus cuernos. En algunos parajes los colocan uno detrás de otro y entonces, siendo inútil el yugo, ponen una collera en el pescuezo del animal y atan a ella los tirantes del pértigo o del balancín. Aunque los hagan tirar dos a dos, no por esto los ponen siempre bajo el yugo. En Italia los hacían comúnmente tirar como a los caballos: esto es, poniéndoles al pescuezo una collera, para atar a ella los tirantes.

Arado tirado por cuatro animales.

Es preciso cuando se uncen los animales a los arados, disponerlos de modo que tiren todos igualmente en cuanto sea posible, porque cuando se reparte bien la fuerza que es preciso hacer, es menor para cada uno de los animales. Al contrario, si es mayor para uno que para otro, el que se convida más tiene por consiguiente mayor fatiga y no puede sostener el trabajo tanto tiempo. Cuando se uncen de dos en dos, es necesario que tiren con igualdad y al mismo tiempo, si son de la misma fuerza y aun cuando haya uno más débil, tira lo que puede y más que si estuviera detrás de otro porque está obligado a seguir a su compañero. Cuando están, por el contrario, unos detrás de otros, el del timón hace siempre mayor fuerza y se fatiga incesantemente: mientras los otros tiran con negligencia y hacen algún esfuerzo de tiempo en tiempo solamente, cuando el gañán los aviva con el látigo.

Cuando el tiro de un arado es de cuatro caballos, por ejemplo, se debe cuidar de poner al timón después de medio día los que estuvieron por la mañana de guías; de este modo se dividirá el trabajo igualmente y no se cansarán los unos más que los otros. Para poder hacer esto, es preciso acostumbrarlos desde que se comienza a ponerlos al tiro a que estén tanto en el timón como en las guías a fin de que no contraigan el hábito de estar siempre dispuestos del mismo modo. Esta precaución es esencial, sobre todo en los mulos cuyo humor reacio no se presta siempre a lo que se exige de ellos. Si en un tiro de cuatro caballos, hay dos de poca edad y de mucho vigor, se deben poner al timón en el primer medio día para domarlos un poco pues si los pusiese de guías cuando entran de refresco y descansados por poco estimulados que fuesen se enardecerían: los del timón tendrían que hacer fuerza para sujetarlos y la labor no saldría igual porque el conductor no podría gobernar bien su arado.

Cuando los animales están bien acostumbrados a tirar del arado, se conducen fácilmente cuatro de ellos uncidos de dos en dos; en cuyo caso, los dos primeros, advertidos por un latigazo, avivan el paso y dan la vuelta sin dificultad cuando llegan al fin del surco. Si no estuviesen bien ejercitados serían indispensables dos hombres para conducir un arado: el uno en las esteras para gobernarlo y el otro al lado de los dos primeros, para arrearlos y hacerlos volver a tiempo.

En un tiro numeroso, no estando todos los animales igualmente ejercitados en tirar del arado y habiendo entre ellos algunos nuevos y muy vivos, sería arriesgado uncirlos solos. Es preciso cuidar mucho de no poner al tiro de un arado únicamente animales muy nuevos pues sin que los aguijoneasen mucho se dejarían arrebatar de un ardor fogoso: costaría mucha dificultad gobernar el arado como es debido y la labor hecha con precipitación saldría desigual. Para acostumbrar a la labor los caballos, mulos o bueyes nuevos, se uncirán con otros que estén bien acostumbrados a tirar del arado, los cuales moderarán con su paso arreglado la excesiva vivacidad de los primeros, que sería difícil refrenar si estuvieran uncidos con otros del mismo humor. A esto llaman los labradores ponerles una buena madrina.[1]

Arados tirados por tractores[editar]

Los arados más modernos están acoplados a un chasis que es enganchado a un tractor. Son íntegramente de metal. En la parte inferior, cada arado tiene una pieza reemplazable (pues se desgasta con el uso) habitualmente llamada golondrina (por su forma).

Arados de tipo específico[editar]

Roturador o topo.
Vertedera.

También hay arados especiales para diversas tareas:

  • Cultivador, hace una labor superficial para realizar la siembra de semillas.
  • Roturador o topo: se utiliza para labores profundas (más de 50 cm). También se denomina subsolador. Se le llama arado topo cuando va acompañado de un cono metálico que, en suelos arcillosos, crea un pequeño túnel o conducto para facilitar el drenaje.
  • Vertedera: con una gran hoja lateral que desplaza la tierra a un lado y la voltea.
  • Vertedera doble: similar al anterior, pero con dos hojas, permite cavar surcos al desplazar la tierra a ambos lados.
  • Cuchillas: un solo arado con una hoja horizontal de más de 1 m. Para labores superficiales.
  • Arado de discos: corta y voltea la tierra con sus discos así como también los restos vegetales que se encuentren.
  • Rotocultor o fresadora. Consta de un eje (o varios) con cuchillas metálicas. Accionado por la toma de fuerza del tractor, realiza una labor de desmenuzado a poca profundidad.
  • Rastra de púas. Labor superficial, consta de un bastidor con púas metálicas verticales.

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]

Referencias[editar]