Anexo:Personajes de De todas maneras Rosa

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Rosa María Bermúdez[editar]

Rosa tuvo que huir de sí y de su circunstancia para poder vivir el presente tapando el dolor del pasado. Acaba de cumplir veinticinco años, pero, por su manera de reír, cualquiera diría que acaba de cumplir quince. Y es que su risa la precede y la acompaña a todas partes: Rosa es esa persona que ríe más fuerte que todos los demás y que sigue riendo cuando todos callan, hasta que los demás empiezan a preguntarse qué tornillo suelto tiene la loca simpática. Sólo alguno demasiado perspicaz llegará a intuir que debajo de la fiesta hay una tristeza que Rosa prefiere callar hasta sepultarla en el olvido. Y es que en su pasado hay traumas que se asoman en fragmentos cuyos filos rotos son demasiado hirientes: el vacío de un hijo perdido, la trágica muerte de su primer amor, la lucha contra la invalidez de su madre y la enfermedad psiquiátrica por la que supuestamente tendría vedada la libertad, el amor, la plenitud de una vida propia. Hija de un obrero constructor que murió al caerse de un andamio estando ella muy niña, y de una madre que quedó sin habla y sin movimiento en sus extremidades debido a una demoledora trombosis, Rosa vive a la sombra de dos hermanas mayores que la adoran, al punto de internarla en una institución pensando que era lo mejor para ella. Sólo que Rosa se ha hecho el propósito de probarle al mundo que ella es suficientemente fuerte para trazarse un camino de éxito y recorrerlo, y, sobre todo, para encontrar los medios que le permitan pagar en el primer mundo el tratamiento milagroso que levante a su madre de la cama en la que está postrada. Pero hay más en su interior que la anima a ser grande, algo que la ha hecho graduarse y recibirse summa cum laude como licenciada en matemáticas financieras con mención en sistemas informáticos; y es la esperanza, cada vez mejor fundamentada, de que el hijo que supuestamente perdió trágicamente, sigue vivo. Así que Rosa se fija como meta conseguir quinientos mil dólares para llevar a su madre a Houston, de donde la piensa sacar bailando merengue, y dándole las pistas que sabe que tiene, como testigo de excepción, de lo que realmente pasó con su hijo perdido. Porque Rosa sabe que su madre vio a quien plagió la criatura, está convencida de que su hijo no murió en aquel fatídico suceso y, al contrario del resto del mundo, no considera un delirio de su mente afiebrada el creer que lo conseguirá. Entretanto, sueña sin aprensiones con el galán protagonista que la descubra, más allá de su belleza deslumbrante, de su inteligencia y de su simpatía, como la heroína de una historia con final feliz: el final feliz de que la acepten, aun con su mente trastocada por los sufrimientos, pero ya en proceso de recuperación, como un ser humano con derecho a la ilusión.[1]

=== Leonardo Alfonso Macho Vergara === / Leonardo Alfonso Barreto Estevez

Leonardo Alfonso se graduó de ingeniero a pesar de que no era su verdadera vocación. Siendo el mujeriego que es, convenientemente quería ser cirujano plástico, profesión que traería consigo un desfile de mujeres que saldrían, desnudas y bellas, de sus manos, para luego llevarlas a su boca. Pero, como la nobleza obliga, y ser hijo de Anselmo Macho-Vergara acarrea ciertas obligaciones, terminó estudiando ingeniería, carrera que tampoco le disgusta, para ayudar a papá en sus negocios inmobiliarios. Leonardo Alfonso es un eterno enamorado de la mujer en todas sus expresiones y posibilidades. Le gustan grandes, bajitas, planas, voluptuosas, rapadas y melenudas. Y a cada una la convence de que es la mujer más bella del mundo, hasta que éstas, derretidas por un hombre tan galante y bello, caen rendidas a sus pies, suyas para siempre. Pero el “para siempre” es puro entusiasmo de ellas, porque él no les pide más que una noche y un sencillo recuerdo de su cuerpo: un vello púbico que recorta, ceremonial, y guarda, a ese sí, para siempre, con un amor inmutable. Y, cumplido este ritual, aprendido de un ilustre romántico de nuestra historia, sigue adelante para enamorarse de la próxima y continuar su singular colección. Pero esto también conlleva esfuerzo, por lo que a menudo sueña con encontrar una mujer de misterio inagotable, que lo haga arder en el deseo continuo de seguir explorándola por dentro y por fuera. Quizás sea eso que la gente llama “el verdadero amor”, y que a Leonardo Alfonso lo seduce tanto, aunque dude seriamente de su posibilidad. Hasta que conozca a Rosa, y, deslumbrado frente a su acrobática sentimentalidad, deba probar si está dispuesto a vivir en el huracán de la locura, para saborear la inquieta paz de su felicidad.

Andreína Vallejo[editar]

Andreína está muy consciente de su encantadora belleza, la cual administra muy bien con la gracia y coquetería aprendidas en las academias de modelaje desde muy niña. Es extremadamente cuidadosa de su apariencia, no se permite un cabello fuera de lugar ni tampoco pasar desapercibida; por donde camina deja una estela de asombro en las miradas. Ni siquiera cuando va a las obras de construcción, como ingeniero residente de la Constructora Macho-Vergara, Andreína se permite un trastorno en su impecable aspecto. El casco de seguridad lo lleva como si fuera la corona de Miss Universo. Y no es una impostura por mera vanidad, lo que pasa es que ella en el fondo es una reina. Andreína es conocida como la “Reina por un día”, porque fue electa Miss Latina Internacional y tuvo que claudicar por “amor”. Pero, este amor entrecomillado no es tan novelesco ni romántico como se cree. En realidad, Andreína hubo de renunciar a la corona porque estaba embarazada. De esta manera, su gran meta en la vida terminó por convertirla en una gran resentida, cuando alcanzó su sueño de niña se le llenó el corazón de rencor y rabia consigo misma, y con todo aquel que tuvo que ver con el bochornoso hecho que hoy termina siendo un secreto. Unos pocos allegados conocieron la razón de su renuncia a la corona y sólo dos personas supieron que abandonó a su hijo en manos del hombre que la embarazó: un mafioso que hoy cumple una larga condena en una cárcel de Estados Unidos. El destino de su hijo es absolutamente desconocido y a ella no le importa. Es una huella de su pasado que el tiempo borró en la memoria, pero no en su psique. Aparentemente, Andreína es una muchacha transparente y dulce; así como es de cuidadosa por fuera, también lo es en su interior. Está llena de secretos y fines ocultos. Nadie imagina que tras esa vitrina de belleza femenina y seducción se esconde una mujer taimada, astuta y manipuladora que no conoce límites. Habiendo regalado su hijo en un arrebato de ira de adolescente, Andreína ya pasó la línea hace tiempo y ningún mal proceder le cuesta ni le genera culpas. Andreína es la novia de Leonardo Alfonso Macho-Vergara, el hombre por quien supuestamente despreció el trono de la belleza por amor. Se conocieron en la universidad y estudiaron la misma carrera de ingeniería. Hoy en día está muy bien posicionada en las arcas y en el corazón de Anselmo. Ella es la única que sabe de las irregularidades con las que él maneja el consorcio como si fueran políticas empresariales, y no sólo sabe, sino que coopera para que nada se sepa, ganándose así el aprecio del patriarca de la familia. Su relación con Leonardo Alfonso ha sido un huracán de idas y venidas. Aunque para todos es una relación consolidada, en el historial de su romance con Leonardo Alfonso no figura la petición de mano ni el anillo de compromiso, pero es un hecho tácito que la boda viene, al menos para ella; porque para él, Andreína en el fondo es lo más parecido a una tradición, ya es parte de su paisaje doméstico. Andreína se hace la vista gorda con las conquistas de Leonardo Alfonso, pero esta conveniente distracción le dura hasta que mira el brillo en sus ojos cuando él ve a Rosita la loca, la orate, la demente, la esquizofrénica. A Andreína no le faltarán calificativos, ni fuerza, ni maldad para combatir el amor entre Leonardo Alfonso y Rosa. Con Andreína Vallejo quedará demostrado que bastaría un diagnóstico médico para calificar su vida y su proceder como una locura; pero, las convenciones sociales no consideran a las muchachas bonitas, vanidosas y de buena familia como candidatas a la demencia. Pobre de Andreína en su “desamor”, pero peor aún, pobre de Rosita en las fauces de este lobo disfrazado de Caperucita.

=== Felisberto Macho Vergara Estevez === Felisberto Barreto Estevez

Estudió ingeniería para complacer a Anselmo, pero ejerce el derecho a tiempo completo, carrera que estudió en simultáneo, como escape a una vida que más bien parece un huracán. Es difícil saber en qué tiempo Felisberto, siendo tan joven, se enredó tanto la vida. En parte tiene que ver con que cumple con la ley del viejo Anselmo de que ser un Macho-Vergara significa ser un mujeriego a tiempo completo, pero lo que no ha podido entender es la conveniencia de la técnica de su hermano Leonardo Alfonso de no prometerle nada a ninguna. Felisberto se enreda y después no sabe cómo desenredarse. Por nada del mundo desea partirles el corazón, por eso siempre pospone el momento de dejarlas y, posponiendo y posponiendo, ya tiene hijos con tres mujeres distintas, y no encuentra la forma de ganar dinero para mantener sus tres hogares. Esta situación lo estresa y, girando en su círculo vicioso, tiene que descargar el estrés con otras mujeres, de modo que entre el whisky, los hoteles, los pañales y las listas de útiles se está volviendo loco. Sin embargo, como buen hijo de Anselmo, él trata de engañarse y llevar la vida como una fiesta, esperanzado en el día en que su fortuna se multiplique y pueda mantener tres o seis familias más. Eso, o encontrar una mujer que no le pida real, lo cual parecerá imposible, hasta que se tope con Inocencia, la ingenua pero sensual hermana de Rosita, quien está destinada a poner su vida en orden de manera dramática y definitiva.

=== Anselmo Macho Vergara === Braulio Arteaga

Nacido en un barrio pobre capitalino, e hijo de un padre comerciante, de quien aprendió sanas habilidades para multiplicar el dinero y las destiló hasta convertirlas en trampas. Fue así como llegó a hacer fortuna a punta de influencias y vivezas. Porque no sólo ha ganado siempre en la lotería y los caballos, sino que además se mete en los mejores negocios del mundo y los pone a valer rápidamente con decisiones que al principio lucen disparatadas y caprichosas, pero luego resultan oportunas y rentables. Su método como inversionista parece ser el de la irresponsabilidad absoluta y el de la extravagante generosidad que no se cansa de ostentar. Porque él es así: un lord inculto, echón y desabrochado, pero también sibarita hospitalario. Él vive de fiesta y todo el mundo está invitado. Sobre todo sus hijos: Luis Enrique, Leonardo Alfonso, Felisberto, Patricia y Pedrito Antonio, a quienes ha querido educar en su festiva escuela de su machismo orgulloso y desenfadado. Todos (hasta Patricia, a quien intenta sembrarle la desconfianza por los hombres) han escuchado hasta el cansancio que “hombre es hombre y su apellido es calle”, y llevan impresos en los huesos sus mil historias de vivezas y picardías. Pero hay historias que se reserva para sí. Porque Anselmo maneja el “Consorcio Constructor Macho-Vergara y Asociados” borrando los límites entre lo correcto y lo incorrecto. La costumbre de detentar un poder por el que la gente se enriquece o se arruina (o a veces hasta muere) ha llevado su vida por derroteros en los que sus enemigos, incluida la madre de sus primeros hijos, se han enterado con horror de lo que significa agraviar a un Macho-Vergara. Esos son los únicos pensamientos que le oscurecen la sonrisa. Pero él los hace un lado, y levanta la copa, decidido a continuar la fiesta.

Santa Bermúdez[editar]

Santa es una de esas personas que si diera una limosna lo haría en público para que todos vean lo generosa que es. Pero, ella no da limosnas sino que las toma como la mesada que Dios le da por cuenta de su matrimonio con Él. Porque para ella lo importante es lo que los demás vean y no lo que ella es. Por eso en su vida hay dos íconos de adoración, pilares de su fachada de buena mujer: su mamá, postrada sin movimiento y sin palabras en una cama del hospital, y su hermana menor, Rosita, de la que se muestra responsable desde que su padre se murió y la dejó huérfana a los 14 años. Santa le pide todos los días a Dios por su hermana, que es loca pero es buena, porque al fin y al cabo es hermana de ella que es excelente, y, según su opinión, Rosa sacó todo de ella, menos la cordura. Aunque lo de la cordura de Santa está por verse, porque tampoco es normal que alguien sea una persona por dentro y otra por fuera. El caso es que Santa se siente con autoridad moral sobre todos los seres humanos del planeta, y basada en esa autoridad va haciendo y deshaciendo a su antojo y sacando provecho de esa imagen de buena mujer que sabe proyectar.

Carlos Arturo Ruiz[editar]

Si la reencarnación existe, muchos dirían que Carlos Arturo es José Gregorio Hernández reencarnado, porque ese médico es más bueno que el pan caliente. Gracias a Dios, porque la fragilidad de la salud mental de Rosa depende de la meticulosidad, la vocación y el cariño de este doctor que, por fortuna, no es devoto de los psicofármacos. Más que médico, Carlos Arturo es un ser humano que se involucra con el paciente, especialmente cuando se llama Rosa Bermúdez. Cuando la perturbada Rosa llegó a sus manos, Carlos Arturo tendió puentes afectivos con ella que le permitieron entrar en su mente y, en cierta forma, en su corazón. Porque Rosa lo adora, pero eso sí, como se quiere a un hermano. Entretanto, Carlos Arturo ama a Rosa en silencio, y no se permite decírselo porque su ética profesional es su principal enemiga, sin darse cuenta de que ya su relación con Rosa va más allá de los parámetros de esa virtud. Lo cierto es que, si hoy en día Rosa no está deambulando a orillas de una carretera con un perro callejero, es porque la Virgen Santísima puso a Carlos Arturo Ruiz en su destino. Quizás no como destino final, pero sí como el camino hacia un lugar más seguro.

=== Luis Enrique Macho Vergara === Luis Enrique Barreto Estevez

Un amigo de Luis Enrique le dijo que para ser abiertamente gay en Latinoamérica hacía falta ser un macho de verdad. Luis Enrique celebró la ocurrencia de su amigo y de inmediato borró su sonrisa pensando en lo cobarde que él mismo se sentía. Luis Enrique no se atreve a ser quien es. Quiere demasiado a su padre y sabe cómo destrozaría a Don Anselmo saber que el mayor de sus hijos amanece en los amorosos brazos de otro hombre sin hacer honor a su apellido. El hijo mayor de los Macho-Vergara (el mejor estudiante de los cinco, el más noble y dedicado a la familia, el que resuelve los problemas de todos y no pide nada para él) tiene que ser un digno heredero de su padre, y algún día conseguir una mujer para darle un nuevo heredero. Por eso Anselmo se exaspera con la timidez del primogénito, que teniéndolo todo, todavía no consigue a la madre de su nieto. Luis Enrique inventa excusas, hace promesas al respecto, pero las sospechas sobre su verdad comienzan a surgir, y el mayor de los cuatro hermanos espera en pánico el día en que reviente, en la cara de todos, el hecho de que él es incapaz de hacerle el amor a una mujer.

Ada Luz Campanero[editar]

Es el ama de llaves de la casa de los Macho-Vergara, única figura materna que ha existido y perdurado en la casa, no porque Anselmo así lo quiera, sino porque su permanencia es casi obligada. Ada luz es testigo mudo de las muchas acciones que oscurecen el corazón de Anselmo, pero aún así lo ama como si fuera el único hombre en el mundo. Pero, aunque profesa mucho amor, Ada Luz tiene su lado oculto en el corazón por culpa de Anselmo. Hace diez años el patriarca de la tribu la echó de la casa, y ella, un poco en venganza y otro poco buscando un retorno digno, le hizo creer que se había ido embarazada de él. Así, Ada Luz se robó un niño, al tiempo en que le robó las ilusiones y la cordura a Rosa, sin saber que ella misma padece la locura de no tener amor propio.

Helena de Macho Vergara[editar]

Helena se casó con Anselmo Macho-Vergara cuando éste todavía era un “pata en el suelo”. De manera que es testigo de excepción de cómo se edificó la fortuna de Anselmo y de todos los intersticios de su pasado y su presente. Ella sabe que él no es ingeniero, que ni siquiera llega a albañil, que no se llama Anselmo, y que hace un montón de años estafó a la mitad de la oligarquía nacional para volverse millonario. Ella sabe que su cara no es su cara, sino la que se mandó a hacer cuando la ley lo buscaba, y que el origen de su prosperidad no está en el “Consorcio Constructor Macho-Vergara y Asociados”, sino en la red de corrupción y estafa que estableció con el dinero robado a pobres y burgueses, por igual. En pocas palabras, Helena sabe todo lo malo que ha hecho Anselmo en este mundo, pero su gran pecado ha sido el reproche. Hace años, tras una áspera (y muy justificada) disputa de celos con su marido, a Helena se le ocurrió amenazar a Anselmo con decirle a sus hijos todas las verdades relativas a su falsa identidad, y él, temeroso más que por ir preso, porque se derrumbara el mundo ficticio que ha armado alrededor de sus muchachos, le hizo creer a todos que ella murió en un accidente, y la encerró en un manicomio. Pero, en realidad, visto desde cierto ángulo, Anselmo fue, al cabo, generoso con ella. Porque Helena, en medio de un acalorado enfrentamiento con una de las amantes de él, la mató por accidente, y, de no ser porque alegaron su enajenación, hubiera sido condenada a treinta años. Desde entonces, y a punta de compartir con los pacientes psiquiátricos su día a día, Helena sabe más de la locura que de sí misma, pero debe hacer el ejercicio diario de contradecir su rutina, para convencerse de que ella misma no está loca. Sin embargo, ese recurso truculento no le servirá de nada, cuando el tiempo y la tristeza de no estar con sus hijos la vayan acercando a los límites de la insania mental. Hasta que la llegada de Rosita, quien contará los mismos cuentos por los cuales a ella le dicen que está loca (los cuentos de la familia Macho-Vergara), la convencerán no sólo de que no está chiflada, sino, además, de que en el mundo de los cuerdos ella tiene mucho que hacer para enderezar los entuertos de la mentira y del egoísmo.

Alma Blanca[editar]

A la muerte accidental de Gerardo Bermúdez, su amantísimo esposo, la salud de Alma Blanca comenzó a menguar por tanta lágrima derramada y tanto dolor. De ser una mujer sana y activa pasó a padecer de la presión arterial. El médico le advirtió que debía cuidarse y cambiar su rutina de vida, pero la realidad puede más que las ajenas palabras de un médico. Cuando ocurrió el accidente en el que perdieron la vida su yerno Asdrúbal y (supuestamente) su nieto recién nacido, sufrió una trombosis que la dejó postrada y sin palabras, y en condición de demostrar que la idolatría que le profesa su hija Santa es puro cuento. Porque, aunque ella no puede hablar, sí entiende perfectamente todo lo que ocurre a su alrededor, de manera que ha podido experimentar en carne propia lo que es el olvido de los que ya no sirven para nada. No obstante, los años de silencio le han servido para especular sobre los aciertos y desaciertos de su vida y de su familia. Pero, también le han servido para sufrir por la imposibilidad de comunicarse, de decir verdades que cambiarían la vida de Rosa y quizás le devolverían la cordura perdida. Vive sólo para algún día levantarse de donde está y ayudar a su hija a conseguir al hijo, que ya debió cumplir los nueve años, y que ella sabe quien lo robó, porque fue la única que vio a aquella mujer.

Inocencia Bermúdez[editar]

Inocencia es la otra hermana de Rosa y Santa. Fiel discípula de su hermana mayor, de cuyo yugo no sabe cómo zafarse. Inocencia le hace creer a Santa que tiene la razón en todo, por eso repite lo mejor que puede la lección de que Dios está con ellas y que por tanto no pueden irse con el primer diablo que se les aparezca, sino con un hombre bueno y adinerado. Pero, esta lección no entra en el manual de uso de Inocencia, porque hombre es hombre, limpio o con real. Si un hombre es afectuoso, pues que le haga un cariñito. Total, para eso tiene un cuerpazo que sabe exhibir muy bien desde su candidez e ingenuidad, rayana en el retraso mental, pero que invita a pensar en sexo con sus eternos shorts, sus zapatos altos y su natural sexapeal.

=== Patricia Macho Vergara === Patricia Barreto Estevez

Patty es la consentida del clan Macho-Vergara, la única hembra, la que se supone que escoja las cortinas, los tapices, el arbolito de navidad, pero siendo hija de Anselmo es un tren sin frenos, “su machita”, como el mismo le dice. Ella es una muchacha actual: desinhibida, atrevida, desafiante y libre, pero todo eso multiplicado por cien por ser una Macho-Vergara. Patty es algo así como el terror de la urbanización con su moto de alta cilindrada y sus amistades, que para la mayoría es una vulgar pandilla de vagos y maleantes. Es la única de los hijos de Anselmo que se permite desobedecerle una orden sin más argumento que darle la espalda en el momento más álgido de la discusión. A pesar del amor y la consideración de sus hermanos y del mismo Anselmo, Patty es víctima de las carencias afectivas, porque no es igual un áspero beso de Anselmo que el dulce beso que una madre pudiera darle. Lo mismo se aplica a los hermanos, a quienes, con excepción de Luis Enrique, no puede confesar sus intimidades por la barrera de la diferencia de géneros y, más aún, la que establece “el género Macho-Vergara”. A estas alturas de su vida de adolescente, todo lo que sintió Patty cuando la sangre de su primera regla le anunció que se hizo mujer, sólo le fue confiado a un diario en el que anota lo más relevante de su vida, que no es otra cosa que mucho amor para dar y grandes ganas de ser correspondida. Nadie ha leído esas líneas, como tampoco nadie las interpreta para saber que la moto, la pandilla y su comportamiento antisocial son avisos de que algo no está bien en su alma. Será Rosita, desde su locuacidad y su desmedida curiosidad, quien pose sus ojos y su entendimiento a aquellas sagradas líneas para identificarse con ella y tratar de ayudarla.

Reinaldo Bermúdez[editar]

Hermano menor de Rosa, Santa e Inocencia. Muchacho de barrio pobre y simple, cosa de la que está muy consciente y se avergüenza, por eso miente y fanfarronea buscando dar la impresión de hombre de mundo, conocedor de todo lo descubierto y por descubrir. Reinaldo exacerba la necesidad que tiene todo ser humano de hacer soportable la realidad, de manera que la disfraza y la adorna con las mentiras más bonitas para seguir sonriendo y ser percibido como un tipazo. Pero, también como todo ser humano, con frecuencia falla en su misión y termina siendo lo más parecido a un mitómano. En Reinaldo se cumple aquello de que una mentira repetida mil veces sigue siendo mentira. Tardará en darse cuenta de que puede ser ese tipazo que quiere ser, sin mentiras ni fanfarronerías, y de que estudiando y cultivando el intelecto no necesita construir una realidad falsa sino modificar la que tiene. Eso sí, en cuanto a sus afectos Reinaldo es lo más honesto, adora a su mamá, y cuida de sus hermanas. Pero, la pureza de sus sentimientos chocará con un muro y se estrellará como una bicicleta contra un camión cuando se enamore de Patricia Macho-Vergara, la niña consentida de Anselmo.

=== Pedro Antonio Macho Vergara === Asdrubal Bermudez

Pedrito Antonio vive simplemente para hacer lo que se le antoje las veinticuatro horas del día. Total, nunca nadie le ha exigido lo contrario. Si su papá hace el intento, él sólo tiene que recurrir a la triste verdad de que nunca conoció a su madre, para que su padre lo interrumpa para reanudar el eterno jolgorio en el que viven. Y aunque Ada Luz, la señora que trabaja en su casa, se las da de dura, esta tecla también sirve para ablandarla. De modo que Pedrito lleva aplazadas todas las materias del colegio, pero eso lo tiene sin el menor cuidado. Desde su precoz adultez, sabe que está destinado a cosas mucho más importantes que resolver una suma de fracciones o conocer las capitales de los estados del país. Algún día será el hombre más rico del mundo, y explorará las selvas y los ríos de todos los continentes, y saldrá en los periódicos con las mujeres más bellas. Eso es lo que no entiende la fastidiosa de Rosa cuando se empecine en hacerlo estudiar y en acusarlo de malcriado. La malcriada, para Pedrito, es Rosa, que quiere pasarle por encima a todo el mundo, pero él se hace el firme propósito de no dejarse. Si Rosa se convierte en una pesadilla que se mudó a su casa, él se propone convertirse en una pesadilla para ella. Y no dará un paso atrás, ni siquiera cuando debajo de esta lucha empiecen a moverse los lazos del más profundo afecto.

Genaro Barreto[editar]

Hombre de confianza de Anselmo hace más de 25 años y, más recientemente, de Leonardo Alfonso, Luis Enrique, Felisberto y Patricia. Es un sujeto humilde, trabajador, honesto y buena persona. Trabajó como chofer de Helena desde mucho antes de que naciera el primer vástago Macho-Vergara, el tiempo lo fue acercando a la familia hasta que a Anselmo se le metió en la cabeza que Barreto se fijaba en Helena. Una vez que Anselmo perdió el interés por Helena, Barreto dejó de ser una amenaza potencial. Sin embargo, quedó un resentimiento cimentado en los ardores de los celos, cuestión que dejó la duda a la factible traición. Los muchachos de la casa Macho-Vergara crecieron viéndolo como un miembro más de la familia, porque Barreto era como el tío lejano que llegaba cargado de juguetes. Hoy en día trabaja como capataz de obra con Leonardo Alfonso, con quien mejor se la llevó siempre. Sin la presencia de Barreto en la vida los jóvenes Macho-Vergara, los defectos por la maltrecha crianza de Anselmo a su prole, serían peores. Porque Barreto siempre ha estado dispuesto a escucharlos, a aconsejarlos y a encariñarse con ellos. Para los muchachos, Barreto más que un amigo, un cómplice en sus tremenduras y un tío bonachón, es un segundo padre. Lo que ellos no saben es que Barreto es su primer padre, el verdadero, como producto de las legítimas y justificadas infidelidades que Helena cometió en contra de Anselmo. Más de una vez Barreto defendió como un caballero a Helena de los maltratos de Anselmo, las ofensas y los golpes, de allí los celos de éste. Y de esa defensa de Barreto, el origen de la cercanía con Helena, quien llegó a quererlo por agradecimiento, por evasión al horror y por amor. Barreto juró en la tumba de Helena que nunca dejaría solos a los muchachos y velaría por destilarles las impurezas de Anselmo hasta minimizar su efecto nocivo.

Rafael Chirinos (El Turco)[editar]

Rafael nació en Charallave y se crio con su abuela en una populosa barriada caraqueña. De tanta venta de empanadas, arepitas dulces y heladitos que vio en la casa que lo acogió desde muy niño, terminó siendo un hábil, pero honesto comerciante. En el colegio, vendía la merienda que su abuela le preparaba y cobraba por hacer las tareas de sus compañeritos. Es un hombre que se privó de muchas cosas en su niñez y juventud para ahorrar, porque creció con la idea fija de un negocio propio y, de buhonero los fines de semana mientras sacaba el bachillerato, saltó a tendero con lo que había guardado desde niño y con lo que la abuela dejó al morir. Es un excelente negociante, por lo que se ganó muy a pulso el remoquete de El Turco. Es un personaje muy querido en su parroquia, pero no tanto por quien él quisiera. El Turco es el jefe de Inocencia en la tienda que tiene en el Boulevard de Catia, quisiera significar en su vida mucho más que un jefe complaciente, pero no se atreve a decírselo. La ve tan bella que la cree inalcanzable. Expresa su amor haciendo lo que ella le pide, creyendo que ella leerá su amor entre líneas de tanta complacencia. Cuando se atreva a expresarle lo que siente, será muy tarde para él porque, aunque llegará a Inocencia, no le llegará a su corazón. El Turco será un caballero más en defensa de una bella dama de las manos de un bribón, que, por supuesto, es Felisberto Macho-Vergara, un rival difícil en todos los sentidos.

Luisa "Lucha" Evarista Martínez González[editar]

Luisa es una joven bonita, pero convencional, algo desarreglada y descuidada, entre sus prioridades no está la apariencia. Sería una muchacha como cualquier otra si no fuera por el nombre de vieja que, como ella misma dice, tiene que arrastrar como una pesada capa durante toda su vida. Por fortuna, sus amistades tienen una forma cariñosa y menos “ofensiva” de llamarla: Luisa es Lucha para todos cuando están de buenas, porque basta que surja un inconveniente para agraviarla llamándola Luisa Evarista. Entre esas amistades se cuenta Patricia, compañera de clases desde bachillerato y ahora en la universidad y en la banda de rock, un experimento que les ha traído muchas satisfacciones. Lucha y Paty son las mejores amigas, se conocen casi todos los secretos… porque hay algunos que no. Por ejemplo, Lucha no le dice a Paty que siente una profunda atracción por Nicolás. Como tampoco Lucha conoce algunas intimidades de la familia Macho-Vergara, pero que, en la medida en que su amistad se fortalezca (o se debilite) irán saliendo a la superficie.

Tomás Arnaldo Robles[editar]

Tomás es el secretario privado de Anselmo, lleva su agenda de manera impecable, arregla que sus caprichos sean cumplidos, y, como una sombra, está siempre detrás de Anselmo, presto para escribir en su libreta todo cuanto su jefe dice o grita. El comportamiento de Tomás precisa rescatar del olvido el calificativo “sigüi”, para no decirle adulante o arrastrado. Más allá de su naturaleza rastrera, con este proceder, Tomás obtiene ciertos beneficios que se traducen en dinero, influencia y estatus dentro del consorcio, porque su palabra, como portavoz de Anselmo, se respeta como si fuera un Macho-Vergara. Pero, lo que más cuida Tomás con su abnegada devoción por su trabajo al servicio del jefe, es el secreto, no sólo de su homosexualidad, sino el de su condición de pareja de Luis Enrique, el mayor de los Macho-Vergara. Ese es el enigma que tardará mucho en saberse, porque el mismo amenaza su cabeza, ya no como espada de Damocles, sino como una bala con su nombre en la pistola de Anselmo.

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