Anexo:Incidente de las adolescentes en la biografía de Sade

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Castillo de La Coste en la actualidad.

Este es un acontecimiento que no viene reflejado en ninguna biografía del Marqués de Sade hasta bien entrado el siglo XX. Es entonces cuando aparecen numerosos documentos, algunos referidos a la época en la que se refieren estos sucesos.

Es finales de 1774, Sade está huido en Italia después del caso de Marsella. Pero, también podría haber pasado algunas temporadas con su esposa Renèe en La Coste. El matrimonio Sade (o bien Renèe, como afirma en una carta que más adelante se reproduce) contrata los servicios de seis sirvientes (adolescentes entre quince años y dieciocho. Cinco chicas y un chico). Pasadas seis semanas una de las chicas acusa haber recibido malos tratos y Renèe, para acallar las acusaciones, la envía a casa del abad de Sade (tío del Marqués de Sade) pidiéndole que la retenga allí el tiempo que le sea posible; también despide al resto de los sirvientes. La madre de Renèe, Mme. Montreuil, tiene noticias del suceso y recomienda que se la ingrese en un convento para que no continúe propagando infundios. En Lyon han podido llegar los ecos del suceso y puede haberse abierto diligencias, aunque no llega a instruirse ningún tipo de proceso.

Se conservan cartas de Renèe, de su madre y del administrador del matrimonio Sade por las que se deducen estos hechos, pero sin que se sepa con certeza lo que pudiera haber ocurrido.

La mayoría de los actuales biógrafos de Sade dan por hecho que tras los muros del castillo de La Coste Donatien Sade utilizó a los adolescentes en prácticas sexuales. Incluso han llegado a insinuar la colaboración de su esposa Renèe; quizá, única posibilidad de haberse producido los hechos.

Maurice Lever comienza el capítulo: "De lo que pasó durante el invierno de 1774-1775 tras los altos muros de La Coste, sólo sabemos lo que dicen los rumores, pero no es difícil de imaginar", dando por hecho que las muchachas fueron víctimas de Sade. Jean Jacques Pauvert llega a la misma conclusión, admitiendo que "hasta hoy ninguna información precisa ha venido a arrojar algo de luz sobre lo que tan bien ocultaron las murallas del castillo de Donatien".[1] Y en la biografía de Francine Du Plessix podemos leer:

Al hacer cábalas sobre las bacanales celebradas en La Coste durante esas semanas de invierno, sólo cabe remitirse a las coreografías realizadas en primeras fiestas del marqués, así como a las proezas realizadas en los burdeles y preferencias de los nobles de la época: Flagelación con látigo y azotes de tiras; una buena dosis de sodomía, tanto homosexual como heterosexual; unas cuantas penetraciones en cadena (por primera vez hay muchas participantes lo bastante jóvenes para obedecer sin ofrecer resistencia). Hay que añadir otro elemento fundamental del erotismo que todavía no había quedado registrado en el repertorio sexual de Sade: el desfloramiento de cinco vírgenes
Du plessix. Pg.: 175

Al parecer, únicamente Gilbert Lely cuestiona estas interpretaciones: "Semejante teoría no nos parece aceptable. Si se considera la amplitud del escándalo suscitado por los simples delitos de Arcueil y de Marsella y los aterradores relatos a los que dieron lugar, es difícil creer que ninguna auténtica fechoría hubiese podido quedar sin eco en la leyenda del marqués".[2]

Por una carta de Renèe enviada al abad de Sade, contamos con su versión de los hechos:

Vista de La Coste presidida por su castillo.
El año pasado, cuando la Provenza resonaba con la voz de una niña que vos ocultabais en vuestro castillo de Saumane, criatura, se decía, robada a sus padres, a cuya reclamación se oponía, pistola en mano, vuestro secretario; cuando más recientemente, dos lioneses vinieron a buscarme a Lyon para quejarse ante mí de los malísimos tratos recibidos, decían, en el castillo de Saumane, yo lo calmé todo, lo hice acallar y destruí con todo mi poder esas odiosas calumnias. Espero que vos tendréis a bien hacer lo mismo en este caso, aniquilar los propósitos de esta chiquilla, y sobre todo impedirle que regrese a Vienne, como pareciera que es vuestro proyecto, lo que sería peligroso porque dice por todas partes mil horrores, y guardarla en vuestra casa donde será más feliz porque tendrá su libertad, cosa que yo estaba obligada a rehusarle por razones políticas que convierten mi casa en una especie de prisión, pero que son muy distintas de las que parecéis suponer y con las que este sobrino que os complacéis tanto en denostar, tratar de loco, etc., no tiene nada que ver.

Perdón si abro viejas llagas, pero ¿cómo no desesperar ante el encarnizamiento que parecéis mostrar siempre contra vuestro sobrino, cuando es el más inocente? No tengo nada que temer de la muchacha evadida de mi casa; todo lo que dice es mentira y calumnia. Puedo dar las mayores pruebas de que salió intacta de mi casa: basta con que la visiten. Es verdad que ya no respondo de ello desde que ella recorre las casas de carmelitas y otras... ¡Qué horrores puede decir sobre mí esta criatura! ¿Y cómo podéis haber dado crédito a lo que me hacéis saber? Me tratáis muy mal en vuestra carta, y de creer en lo que decís, ¿sería yo entonces la directora de los placeres de mi marido? No, señor, esto no es así ni lo ha sido jamás y, en esta circunstancia, ¿cómo podría serlo, puesto que es muy cierto que mi marido no ha puesto los pies en La Coste desde hace un año? Pueden venir a hacer todas las investigaciones que se quieran: no encontrarán nada, ni a él ni ninguna traza de lo que queréis decir. No tengo nada que temer acerca de esto.

Sólo el aburrimiento ha provocado la evasión de esta chiquilla; le gustaba más guardar los rebaños que hilar en su habitación. Estará muy contenta en Saumane, si queréis hacerme el favor de retenerla allí. Que, pese a su reserva, haya tenido queja de algún ataque o de algunas palabras de mis criados, es lo que, a pesar de mis cuidados, tal vez no he podido evitar. Pero que sea M. de Sade y que yo haya compartido estas infamias, ésa es la calumnia, en primer lugar porque soy incapaz de ello, y debéis concederme el honor de creerlo, y en segundo lugar porque mi marido no está ni puede estar aquí, lo que disminuye mucho el miedo que queréis inspirarme con la justicia. Por lo demás, os quedo muy agradecida por haber enviado a buscar esta muchacha, y os ruego que continuéis con vuestras bondades acerca de esta cuestión, manteniéndola con vos, ahogando sus malos propósitos y, sobre todo, concediéndome el honor de no creer una palabra de lo que os dice.

Desde el día siguiente de la evasión de esta criatura, eché a sus compañeras y ya no tengo ninguna conmigo. Es muy cierto que estaban aquí, pero creo que nadie tiene nada que reprocharme porque tome criadas a mi servicio, y la servidumbre femenina es, me parece, siempre más natural en la casa de una mujer que en la de un hombre.

Tened mucho cuidado en todo esto, os lo suplico, mi querido tío, de que esta chiquilla que habla con tanta franqueza e ingenuidad no esté influida por algún enemigo secreto y que no resida allí el nudo de toda la cuestión. Las estadías que ha hecho en las Carmelitas (que jamás han perdonado el asunto del padre Brunet) podrían servir aquí de explicación a todo. Os pido la gracia de esclarecerlo y de creerme con respecto.
Correspondencia familiar. En Pauvert. Pg.: 370

[editar] Referencias

  1. Rauvert. Pg.: 360
  2. Gilbert Lely. En Pauvert. Pg.: 360

[editar] Bibliografía

  • Du Plessix Gray, Francine. Marqués de Sade. Javier Vergara Editor. Barcelona 2000. ISBN 950-15-2154-0
  • Lely, Gilbert. Sade. Éditions Gallimard. 1967
  • Lever, Maurice. Donatien Alphonse François, marqués de Sade. Seix Barral S. A. Barcelona 1994. ISBN 84-322-4726-X
  • Pauvert, Jean Jacques. Sade. Una inicencia salvaje. Tusquets Editores. Barcelona 1989. ISBN 84-7223-105-4
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