Androcentrismo
La palabra Androcentrismo proviene del griego Andros (Hombre) y define la mirada masculina en el centro del Universo, como medida de todas las cosas y representación global de la humanidad. Su oponente es el ginocentrismo.
La mirada androcéntrica provocó que en la Francia del siglo XVIII, durante la Revolución francesa, se defendiera la libertad y el derecho de ciudadanía para los hombres olvidando la defensa de los mismos derechos para las mujeres. Una mujer, Olympia de Gouges, se atrevió entonces a alzar la voz y reclamar a través de su texto: Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana los mismos derechos para las mujeres. El precio que pagó por su osadía fue la decapitación.
Todavía hoy la mirada androcéntrica invade los múltiples espacios públicos y privados en nuestra sociedad. El lenguaje que se utiliza de manera habitual -es frecuente que se considere el masculino como genérico en detrimento del femenino a pesar de numerosos estudios que apuntan la necesidad de que se evolucione hacia un uso no sexista del lenguaje- es uno de los ejemplos más evidentes de ello.
No va a ser fácil desprendernos de ello ya que según recuerda Montserrat Moreno, profesora del Departamento de Psicología Básica de la Universidad de Barcelona (España) el androcentrismo «impregna el pensamiento científico, filosófico, religioso y político desde hace milenios».