Anámnesis

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El término anámnesis es utilizado por los teólogos y los liturgistas de la religión cristiana para indicar la parte del canon plegaria eucarística, que sigue al relato de la institución y manifiesta la intención de celebrar la eucaristía según la orden del Señor, en memoria suya.

Del griego anámnesis, que significa "memoria", "recuerdo". Este término se encuentra en Lc 22,19: "Haced esto en memoria mía". La Iglesia celebra en la eucaristía la memoria de Cristo, recordando pasión, resurrección y su ascensión a los cielos.

No se trata de un simple recuerdo subjetivo, sino de un acto litúrgico celebrado como memorial, delante del Padre, del sacrificio único del Hijo, haciéndolo presente en el signo sacramental en virtud del Espíritu Santo. Se da por tanto una presencia objetiva sacramental de la acción salvífica de Cristo.

El contexto para comprender el sentido de la anámnesis es el del culto de los hebreos: en la fiesta de los Tabernáculos o de las chozas (Lv 23,33ss), en la fiesta de los Purim (Est 9,28). y sobre todo en la de Pascua (Éx 12).

En el “hoy" de la celebración se hace por tanto memoria del pasado, y el signo celebrativo indica el futuro, anticipando la salvación final. Y así lo entendió siempre la Iglesia: al celebrar la eucaristía.

No se trata de una “nuda commemoratio", como especificó el Concilio de Trento.

El contenido del memorial es la acción salvífica de Cristo. La celebración litúrgica es anámnesis de la Pascua de Cristo, realizada históricamente una vez para siempre. No se repite, sino que se reactualiza en el signo litúrgico-sacramental. El culto eucarístico es esencialmente una anámnesis. Se refiere ante todo al pasado.

En la anámnesis propiamente dicha se pone el acento ante todo en los hechos salvíficos de Cristo, es decir, la memoria de la muerte y resurrección del Señor. La anámnesis indica que el sacrificio es el misterio pascual de Cristo. Pero el contenido de la anámnesis no es solamente la memoria de la Pascua; esta memoria se amplía a todos los misterios de Cristo. La anámnesis es substancialmente cristocéntrica y tiene una clara connotación escatológica. Jesús no exhortó simplemente a los discípulos para que repitieran el gesto de la fracción del pan, para mantener vivo el recuerdo de su persona y no olvidarse de ella. Se les proclama un nuevo pacto: el pacto nuevo y eterno, sellado por la sangre derramada por el Señor Jesús.