Alfonso Enríquez de Castilla

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Alfonso Enríquez
Conde de Gijón y de Noreña
Arms of Henry II of Castile before his accession.svg
Las armas de Alfonso Enríquez, heredadas de su padre[1]
Información personal
Nacimiento 1355
Fallecimiento ca. 1400
Marans
Familia
Casa real Casa de Trastámara
Padre Enrique II de Castilla
Madre Elvira Íñiguez

Alfonso Enríquez de Castilla (Gijón, 1355 - Marans, ca. 1400),[1] conde de Noreña y de Gijón y señor de varios lugares, fue el hijo primogénito, aunque natural y tenido antes de su matrimonio, del rey de Castilla Enrique II de Trastámara y de Elvira Íñiguez.[2] [a]

Poseyó amplios territorios en Asturias y León; de su padre, recibió en herencia todas sus posesiones en Asturias, entre las que destacan por su posición estratégica los condados de Noreña y Gijón, pero que también incluían Ribadesella, Villaviciosa, Nava o Laviana, entre otros, en el oriente de la provincia, y Cudillero, Luarca, o Pravia en el occidente. En tierras leonesas, poseyó las dos Babias, así como la tierra de Argüellos, territorios ambos colindantes con Asturias y que le permitían una posición muy cómoda, al poder moverse entre Asturias y León sin salir de su territorio.

Infancia y juventud[editar]

Durante los primeros años de su vida, Alfonso permaneció bajo la atenta vigilancia de su padre, que había colocado en puestos de responsabilidad a varios miembros de su familia para tratar de gobernar con cierta tranquilidad.

Un año antes de llegar al trono de Castilla, su padre le donó el señorio de Noreña y, como señor de este lugar, Alfonso Enríquez confirmó un documento en noviembre de 1368. En la primavera de 1372, fue armado caballero por su padre estando en Santiago de Compostela y fue, posiblemente en esa fecha, cuando también recibió los títulos de conde de Noreña y de Gijón.[6] [b] También heredó de su padrino y ayo, el noble Rodrigo Álvarez de las Asturias bienes en Asturias y otros lugares, como Paredes de Nava, Sahagún, Valencia de Don Juan y el señorío de Cabrera y Ribera en El Bierzo.[9]

Hizo sus primeras armas durante la segunda Guerra Fernandina, sometiendo las plazas de Viana del Bollo y Cascais, antes que el Tratado de Santarém, firmado el 19 de marzo de 1373, pusiese final a la contienda. Para sellar el tratado, se acordó el matrimonio del conde de Noreña con la infanta Isabel, hija del rey Fernando I de Portugal, que en esas fechas tenía solamente unos ocho años de edad. Los esponsorios tuvieron lugar en abril de ese mismo año en Santarém.[10] Alfonso Enríquez huyó a Aviñón para tratar de que el papa Gregorio XI interviniese y anulase el compromiso,[11] pero tuvo que ceder ante la confiscación de todos sus bienes que ordenó Enrique II.

Castillo de Noreña en grabado del siglo XIX.

Una vez celebrado el enlace, Alfonso se unió a las tropas castellanas para la guerra contra Navarra. Para afrontar los gastos derivados de la expedición, decretó un servicio extraordinario en los concejos de su propiedad, así como en algunos que no lo eran, lo que provocó una reacción inmediata, tanto de la Iglesia de Oviedo como de muchos de los miembros de la nobleza laica. Ante esto, tuvo que intervenir el mismo Enrique II prohibiendo a su hijo recaudar en los concejos que no le eran propios, y devolver lo tomado indebidamente.

El reinado de Juan I[editar]

En mayo de 1379 falleció Enrique II de Trastámara y le sucedió en el trono de Castillo su primogénito, que reinaría como Juan I de Castilla. Los problemas internos surgirían en seguida. Al comienzo de su reinado, Enrique II había creado un círculo de parientes adictos (al menos en teoría) a la Corona para reforzar su posición. Pero a lo largo de los años, había aparecido una nueva clase de nobleza funcionaria, que enseguida iba a empezar a desplazar a los parientes del rey en el ejercicio de los puestos de responsabilidad, y que sería el principal apoyo de los nuevos Trastámara.

Esta situación no agradó lo más mínimo a la alta nobleza, y Alfonso Enríquez, como parte de ella, enseguida empezó a demostrarlo. Ya en las cortes de Burgos del año 1379, obtiene las rentas del alfolí de Avilés, y el 12 de diciembre de ese mismo año, la anulación de su matrimonio por sentencia del obispo de Oviedo Gutierre de Toledo, aunque no surtió efecto dado que al final se consumió el matrimonio. En 1380, Juan I dictó una serie de normas destinadas a evitar el atropello de la nobleza sobre los señoríos y encomiendas a su cargo; entre los damnificados, el conde Alfonso, que se ve obligado a devolver tierras arrebatadas indebidamente a los monasterios de Cornellana, los señoríos de la la catedral de Oviedo[12] y Sahagún.

Juan I de Castilla.

En la primavera de 1381, el rey castellano estaba preparando la guerra con Portugal y su medio hermano, Alfonso Enríquez, sabiendo que toda la «gente de guerra» de Asturias se encontran fuera de la región, ofreció a Inglaterra, aliadado de Portugal, el puerto de la ciudad de Gijón. Su hermano Juan I lo encarceló en Gijón cuando se enteró de estos planes pero otra vez, gracias a la intercesión del obispo de Oviedo, recuperó sus territorios en Asturias y León, incluyendo el condado de Noreña, después de haber hecho juramento, pleito y homenaje a su hermano el rey en la Catedral de Oviedo. [13] [14]

Sin embargo, el conde de Noreña persistió en su planes y preparó una nueva sublevación. Su hermano el rey le encomendó una misión para unas negociaciones con Portugal y, a principios de 1382, Alfonso Enríquez, con el permiso de su hermano, fue a Braganza pero, en vez de defender la causa de Castilla, ocultó sus intenciones e intentó obtener el apoyo de Inglaterra a Portugal para sus propias reinvidicaciones.[15] Estando en Zamora, el 23 de junio de 1382, el monarca castellano confiscó todos los bienes del conde de Noreña en Asturias y en las montañas de León.

En 1383 Juan I descubrió nuevos tratados del conde de Noreña con el rey de Portugal y se vio obligado a acudir a Asturias con urgencia. No obstante, el rey actuó con prontitud y pronto rinde toda la región, a excepción de Gijón, donde se refugió el rebelde, que acabaría acogiéndose nuevamente al perdón de su hermano el 18 de julio de 1383 después de haber sido hecho prisionero en La Puebla de Montalban bajo la custodia del arzobispo de Toledo Pedro Tenorio.[16] En septiembre del mismo año, después de celebrar las cortes de Segovia, el rey donó todos los bienes del conde en Asturias al obispo de Oviedo, Gutierre de Toledo, incluyendo el condado de Noreña,[17] [18] [19] [c] aunque para compensarle, el rey le concedió a cambio el título de conde de Valencia de don Juan[21] en tierras mucho más accesibles y controlables. Además, concedió a su hijo Enrique, el título de Príncipe de Asturias, con todos sus señoríos; de esta forma, se vinculan a la corona una serie de territorios de difícil acceso que constituían un entorno ideal para conspiraciones y rebeliones, dado su aislamiento y orografía.

Poco después, y a raíz de la muerte Fernando I de Portugal en octubre de 1383, Juan I decidió encarcelar a Alfonso en el castillo de Almonacid ya que, al estar casado con una hija del difunto rey lusitano, era su rival y podía mermar sus derechos, como esposo de Beatriz de Portugal, al trono de Portugal. En julio de 1386, fueron confiscado todos sus bienes.[22] Su encarcelamiento se prolongó durante ocho años y, sólo a la muerte del rey, en el año 1390, pudo Alfonso Enríquez recuperar su libertad y posesiones.[23]

El reinado de Enrique III[editar]

Tras el fallecimiento de Juan I, y aprovechando la inestabilidad de la situaciòn, Alfonso logró que se le devolvieran sus posesiones. Junto con otros miembros de la alta nobleza, trató de entrar en el Consejo de Regencia que gobernó durante la minoría de edad de Enrique III. Los enfrentamientos entre la alta nobleza creada por Enrique II y la nobleza funcionaria continuaron, imponiéndose finalmente esta última.

Ante esta situación, el conde Alfonso, junto con el conde de Trastamara, su hermano Fadrique, duque de Benavente y la reina Leonor de Navarra comenzó a trazar nuevos planes para hacerse con el poder desde su fortaleza de Lillo, pero la unión se rompió pronto y Alfonso se vio nuevamente solo frente al rey.

Castillo de San Martín en Soto del Barco

En agosto de 1394, Enrique III partió de Valladolid hacia Asturias para someter nuevamente a Alfonso. Para ello, organizó una flota que debería cercar Gijón por mar, mientras que él entraría desde León atravesando el puerto de Pajares. Por su parte, el conde centró su defensa en las plazas fuertes de Gijón y el Castillo de San Martín (en Soto del Barco). Trató también de tomar Oviedo, pero fracasó estrepitosamente ante la oposición de la burguesía y el obispado. Gijón era una auténtica fortaleza natural; amurallada desde tiempos romanos y situada sobre una península, la única entrada a la ciudad era a través de un pasillo de arena que se borraba en la pleamar, con lo que un ejército sitiador tenía muy pocos puntos por los que acceder a la ciudad. El rey puso sitio a Gijón durante varios meses, pero como el asedio se prolongaba y el invierno se les echaba encima, Alfonso Enríquez y Enrique III decidieron firmar una tregua de seis meses, durante la que someterían sus diferencias al juicio de Carlos VI de Francia, que, a petición del conde Alfonso, prorrogaría la tregua otros seis meses. Transcurrido el tiempo, Carlos VI no dio un dictamen definitivo, aunque recomendó al conde que depusiera su actitud y se sometiera al rey de Castilla.[24]

Vistos los resultados, el rey organizó el cerco a la ciudad, ya en la segunda quincena de julio de 1395 y Alfonso se preparó para un nuevo sitio, aprovisionándose de alimentos y armas, tras lo que partió hacia Bayona en busca de ayuda inglesa, dejando el cerco en manos de su esposa Isabel. El sitio se prolongó durante más de un mes, tiempo en el que los castellanos ensayaron el uso de la artillería contra las murallas de Gijón, cuyos defensores aguantaron el duro asedio. Finalmente, y como no acababan de llegar los refuerzos, Isabel, la esposa del conde, rindió la ciudad tras asegurar su vida y la de su familia. El rey entregó a Isabel a su hijo Enrique de Noroña, que había mantenido como rehén, y «le mandó que se saliese del Reyno, y le fuesse a buscar a su marido que a la saçon se hallava en tierra de Sanctonge, como lo hizo...»[25]

Por su parte, Enrique III, una vez firmado el acuerdo, ordenó la destrucción de la villa, poniendo fin a las revueltas trastamaristas en general y a las del conde Alfonso en particular.

Matrimonio y descendencia[editar]

Contrajo matrimonio en 1375 en Burgos con Isabel de Portugal, señora de Viseu,[26] hija natural del rey Fernando I de Portugal,[1] [27] quien en esa fecha tenía unos once años y, por eso, el matrimonio no se consumó hasta unos años después. De este enlace nacieron:[28]

Fuera de matrimonio tuvo los siguientes hijos:

En Inés de Soto de los Infantes, del linaje asturiano de los Miranda, tuvo a:

También fue padre de:

  • Juan Enríquez de Noroña (n. 1390), contrajo matrimonio con Beatriz, señora de Mirabel.
  • Beatriz de Noroña (n. 1395), casada con Rui Vaz Pereira.[36]
  • Diego Enríquez de Noroña, casado con María Beatriz de Guzmán, hija (posiblemente bastarda) de Enrique Pérez de Guzmán y Castilla, II conde de Niebla.

Últimos años[editar]

Poco se conoce de los últimos años del conde Alfonso, salvo que fue preso por orden del rey en San Juan de Luz, aunque liberado poco después, y que se rumoreó estaba implicado en una conspiración del rey de Portugal contra Enrique III en 1397, aunque nunca se supo con certeza. Falleció posiblemente en Portugal o en Marans[37] en fecha desconocida, alrededor de 1400.[1]

Las armas de sus descendientes en España[editar]

«Los descendientes en España de los condes de Gijón y Noreña se apellidaron Enríquez y traían un cuartelado de las armas de don Alfonso sin la bordura, sólo el mantelado, con las de Portugal, completas con su bordura de Castilla.»[38]

Notas[editar]

  1. Francisco de Rades y Andrada, en su Crónica de las tres Órdenes y Cauallerias de Sanctiago, Calatraua y Alcántara la llama Inés Díaz de la Vega. Era hija de Diego Lasso de la Vega y de Elvira de Salcedo.[3] En su testamento, otorgado el 29 de mayo de 1374, el rey Enrique la llama Elvira Íñiguez [4] También aparece como Elvira Íñiguez el 22 de febrero de 1375: «Traslado autorizado de una sentencia dada por los oidores del rey Enrique II a favor de Ruy Díaz de Terrazas (..) en una demanda presentada por doña Elvira Íñiguez de la Vega, madre de Alfonso, conde de Gijón, hijo bastardo del rey».[5]
  2. El genealogista portugués del siglo XVIII, Antonio Caetano de Sousa, afirmó que Alfonso había sido nombrado conde en 1373.[7] Sin embarhgo, en 1372 en un documento de la colección diplomática del Monasterio de San Vicente de Oviedo, Alfonso ya confirmaba como conde de Noreña y señor de Cabrera y Ribera.[8]
  3. «Preuilegio de commo el my noble rey don Iohan dio la casa e sennorío de Norenna con todos sus cotos e aldeas e iuguerías e yantares e comiendas e pertenencias e con todos los otros sus derechos a don Gutierre, obispo de Ouiedo, e a su Iglesia», Segovia, 20 de septiembre de la era 1421 (año 1383). Entre los que firmaron este privilegio se encontraban: El infante Enrique, Alfonso, conde de Gijón y Noreña, así como Juan de Portugal, hijo del rey Pedro I de Portugal e Inés de Castro, que firma como vasallo del rey. [20]
  4. En 1489 el monasterio traspasa a Diego de Miranda bienes en Soto de los Infantes, Miranda, Salas, Grado, Navia, Cangas, Tineo, Allande y Babia, bienes que había llevado al convento Juana de Lodeña. Margarita Cuartas Rivero cita como fuente el Archivo de Valdecarzana, I.D.E.A., 16 de mayo de 1489. La historiadora Balbina Martínez Caviró erróneamente afirmó que Juana era hija del almirante Alonso Enríquez y de Juana de Mendoza.[33] Margarita Cuartas Rivero y J.A. González Calle, sin embargo, han demostrado que la abadesa en realidad fue hija del conde de Noreña,[34] dato confirmado también por Faustino Menéndez Pidal de Navascués quien señaló que el escudo colocado sobre la tumba de Juana es idéntico al de su verdadero padre, Alfonso Enríquez de Castilla.[35]

Referencias[editar]

  1. a b c d Menéndez Pidal de Navascués, 1982, p. 168.
  2. Uría Maqua, 1975, p. 179.
  3. Rades y Andrada, 1572, p. 31.
  4. López de Ayala, 1572, p. 106-121.
  5. Blanco García, 1971, p. 743.
  6. Uría Maqua, 1975, p. 182.
  7. Sousa, 1755, p. 182.
  8. Uría Maqua, 1975, p. 182-183.
  9. Uría Maqua, 1975, p. 178-179.
  10. Lopes, 1895-1896, pp. 80 y siguientes, Tomo II, caps. LXXXIII y LXXXIV.
  11. Braamcamp Freire, 1921, p. 47.
  12. Carvallo, 1988, p. 406.
  13. Fernández Conde, 1978, p. 114-115.
  14. Carvallo, 1988, p. 407.
  15. Fernández Conde, 1978, p. 115.
  16. Fernández Conde, 1978, p. 122, n. 103.
  17. Fernández Conde, 1978, p. 114–115.
  18. Lopes, 1897, p. 155-156, Vol. I, Cap. LIII.
  19. Carvallo, 1988, p. 408.
  20. Rodríguez Díaz, 1995, p. 540-545, documento 103.
  21. Carvallo, 1988, p. 413.
  22. Fernández Conde, 1978, p. 124.
  23. Carvallo, 1988, p. 421.
  24. Carvallo, 1988, pp. 422-424.
  25. Carvallo, 1988, p. 424.
  26. Lopes, 1895-1896, pp. 120 y siguientes, Tomo II, caps. XCIV a XCVI.
  27. a b Sousa, 1755, p. 84.
  28. Braamcamp Freire, 1921, p. 47-48.
  29. a b Menéndez Pidal de Navascués, 1982, p. 169.
  30. a b c d e f Braamcamp Freire, 1921, p. 48.
  31. Sousa, 1755, p. 98.
  32. Sousa, 1755, p. 656.
  33. Martínez Caviró, 1980, pp. 316-317 y 334.
  34. González Calle, 2011, pp. 143-144.
  35. Menéndez Pidal de Navascués, 1983, p. 313.
  36. Sousa, 1755, p. 586.
  37. López de Ayala, 1780, pp. 106-121, Tomo II.
  38. Menéndez Pidal de Navascués, 1982, p. 170.

Bibliografía[editar]

  • Cuartas Rivero, Margarita (1983). Oviedo y el Principado de Asturias a fines de la edad media. Oviedo: Instituto de Estudios Asturianos (C.S.I.C.). ISBN 84-00-05447-4. 
  • Fernández Conde, F. Javier (1978). Gutierre de Toledo, obispo de Oviedo (1377-1389). Oviedo: Universidad de Oviedo. Departamento de Historia Medieval. ISBN 84-7009-063-1. 
  • Martínez Caviró, Balbina (1980). Mudéjar toledano: palacios y conventos (1ª edición). Madrid: Artes Gráficas VOCAL. ISBN 84-300-2910-9. 
  • Rodríguez Díaz, Elena E. (1995). El Libro de la Regla Colorada de la Catedral de Oviedo. Estudio y edición. Oviedo: Real Instituto de Estudios Asturianos. ISBN 84-920049-1-6. 
  • Sousa, António Caetano de (1946). História Genealógica da Casa Real Portuguesa (en portugués) I. Coimbra: Atlântida-Livraria Editora, Lda. OCLC 829426236. 
  • Uría Maqua, Juan (1978). «Las Rebeliones del conde don Alfonso en Asturias (1368-1396)». En Silverio Cañada. Historia General de Asturias II. Gijón. ISBN 8472860493.