Al romper el alba

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Al romper el alba
Autor Ernest Hemingway
Género Novela
Subgénero Memorias
Edición original en Inglés
Título original True at First Light
Editorial Scribner
Ciudad Nueva York
País Bandera de los Estados Unidos Estados Unidos
Fecha de publicación 1999
Páginas 319
ISBN 0684849216
Edición traducida al español
Traductor Fernando González Corugedo
Editorial Planeta
Ciudad Barcelona
País Bandera de España España
Fecha de publicación 1999
Páginas 319
ISBN 8408031198
OCLC 40543980

Al romper el alba (en inglés: True at First Light) es un libro comenzado por el novelista estadounidense Ernest Hemingway y terminado por su hijo Patrick Hemingway, que se encargó de publicarlo de manera póstuma en el centenario del nacimiento de su padre, en 1999. La trama aborda las vivencias del autor en su safari llevado a cabo en África oriental en 1953-1954, al cual fue acompañado por su cuarta esposa, Mary. En general, la obra recibió críticas negativas o poco entusiastas de la prensa y provocó una controversia literaria en cuanto a si era correcto reelaborar o publicar una obra tras la muerte de su autor. Contrariamente, los especialistas en el legado de Hemingway consideran que Al romper el alba es una valiosa y compleja adición a su canon.

En enero de 1954, Ernest y Mary Hemingway estuvieron en dos accidentes aéreos sucesivos en la sabana africana, en un período de dos días. El escritor fue dado por muerto por los medios internacionales por lo que, una vez en Entebbe, debió hacer frente a las preguntas de los periodistas.[1] La gravedad de sus lesiones no fue completamente determinada hasta meses después, cuando regresó a Europa.[2] Pasó gran parte de los siguientes dos años en Cuba, donde se recuperó y escribió el manuscrito del que llamó «libro de África»,[3] el cual quedó inacabado al momento de su muerte, en julio de 1961. En los años 1970, Mary donó los manuscritos de su esposo a la Biblioteca John F. Kennedy, incluyendo el libro de África.[4] El hijo de Hemingway, Patrick, publicó el manuscrito a finales de los años 1990, tras haber editado y reducido la obra hasta la mitad de su longitud original, con objeto de fortalecer la trama subyacente y enfatizar los aspectos ficticios.[5] El resultado es una mezcla de memorias y de ficción.

En el libro, Hemingway explora un conflicto matrimonial, así como las disputas entre las culturas nativas y europeas en África, además del temor que un escritor siente cuando su trabajo se vuelve imposible de acabar. La obra incluye descripciones de sus amistades iniciales con otros escritores y reflexiones sobre la naturaleza de la escritura.

Antecedentes[editar]

Al fondo aparece el Kilimanjaro, fotografiado desde el parque nacional de Amboseli, en Kenia. El autor y su esposa vivieron por dos meses en la ladera norte de esta montaña, período que sirvió de inspiración para el primero para escribir un libro sobre sus anécdotas en ese lugar.[1]

Hemingway realizó un safari a África en 1933, acompañado por su segunda esposa Pauline Pfeiffer. Posteriormente, expresaría su interés en regresar al continente africano. Su visita lo inspiró para redactar «Las nieves del Kilimanjaro», publicado en Las verdes colinas de África, y que constituye una parte bien conocida del canon de Hemingway.[6] Dos décadas después, en 1953, después de haber terminado de escribir El viejo y el mar, previó volver a África para visitar a su hijo Patrick, que vivía en Tanganica. En ese tiempo, aceptó la propuesta de la revista estadounidense Look, que le ofreció patrocinar su viaje al continente africano: la publicación destinaría 15 000 USD en concepto de gastos, 10 000 USD adicionales por los derechos de un artículo de 3500 palabras sobre el recorrido, y eligió a Earl Theisen para que actuase como fotógrafo oficial de la travesía. Junto con su cuarta esposa Mary, Ernest dejó Cuba en junio y llegó a realizar una escala temporal en Europa. Unos meses después, arribó a Tanganica proveniente de Venecia.[2] Su llegada se produjo en agosto. Según escribió en una carta, se emocionó al ser nombrado guardabosques honorario poco después.[7] Philip Percival, guía del recorrido de Hemingway en 1933, se encontró con la pareja poco después para tomar parte en la expedición que duraría en total cuatro meses. Partieron de las orillas del Salengai, donde Theisen fotografió a Ernest con una manada de elefantes, y atravesaron la Ciénaga de Kimana, Valle del Rift, hasta llegar con Patrick, cuyo hogar estaba asentado en la región central de Tanganica.[8] Tras visitar a Patrick en su granja, la pareja se estableció en la ladera norte del Kilimanjaro, donde pasarían dos meses. En ese período, Percival abandonó el campamento para regresar a la granja de Patrick, con lo que dejó a Ernest como guarda de coto con algunos exploradores de la zona. Esto último hizo que Ernest se sintiera orgulloso de sí mismo, y consideró que podría redactar un libro a partir de sus anécdotas como guarda de coto.[1]

El 21 de enero, Hemingway alquiló un vuelo turístico con destino a la cuenca del Congo, a manera de regalo tardío de Navidad para Mary; dos días más tarde, cuando se dirigía a las cascadas Murchison para tomar algunas fotografías aéreas, el avión que los transportaba chocó tras golpear un poste eléctrico. Los pasajeros resultaron con lesiones menores. Esa noche, acamparon en el monte mientras esperaban alguna respuesta a su llamada de auxilio. Un avión que sobrevoló brevemente el sitio del accidente informó de que no había supervivientes. Ante esto, circuló la noticia sobre la aparente muerte de Hemingway en todo el mundo.[1] Al día siguiente, un piloto de avioneta los encontró y recogió, pero su de Havilland se incendió en el despegue y explotó, lo cual le provocó a Ernest una conmoción cerebral, una herida en el cuero cabelludo, visión doble, un ruido intermitente en su oído izquierdo, una vértebra aplastada, rotura de hígado, bazo y riñón, y quemaduras. Este diagnóstico médico no sería dado sino hasta tiempo después, en Venecia. Además, se quemaron sus pasaportes, «treinta rollos de cinta de grabación, tres pares de lentes bifocales de Ernest, todo nuestro dinero, y la carta de 15 000 USD de crédito». El grupo viajó a Entebbe por carretera, donde periodistas provenientes de varios países estaban reunidos para informar de la trágica muerte del escritor.[1] El 26 de enero, Ernest apareció en el lugar y bromeó con la prensa sobre la noticia difundida. Las siguientes cuatro semanas las pasó en Nairobi para convalecer de sus heridas, y leer algunos de sus obituarios publicados.[2] [9] En ese proceso de recuperación física, escribió el artículo para Look, que le pagó 20 000 USD adicionales por material exclusivo sobre el accidente del avión. El biógrafo Michael Reynolds comentó que el escrito de Hemingway «[se extendió] a veinte páginas de la revista, separado en dos ejemplares»; el primer reportaje tenía como fecha de publicación el 26 de enero.[1] [10]

Hemingway en un campamento de pesca en febrero de 1954. Su mano y brazos lucen quemadas debido a un incendio forestal que se había suscitado poco antes, y su cabello también se aprecia calcinado, producto del choque de su avión unas cuantas semanas atrás.

A pesar de sus heridas, Ernest acompañó en febrero a Patrick y a su esposa en un recorrido para pescar que ya se había contemplado anteriormente. Durante el mismo, el escritor estuvo irascible con ellos.[2] Tras desatarse un incendio forestal, Hemingway quedó atrapado entre las llamas mientras ayudaba a extinguirlas, por lo que resultó con quemaduras en sus piernas, el torso frontal, los labios, la mano izquierda y el antebrazo derecho.[11] Meses más tarde, en Venecia, los médicos le diagnosticaron un par de discos agrietados, rotura del riñón y el hígado, un hombro dislocado y fractura de cráneo (algunos de estos suscitados tras el accidente de la avioneta).[2]

Tan pronto como Hemingway regresó a Finca Vigía, en Cuba, comenzó a trabajar en un libro sobre el safari, ya que quería escribirlo cuando todavía tenía los recuerdos «frescos». Rápidamente escribió 10 000 palabras, a pesar de su dolor (con el transcurso del tiempo el manuscrito llegó a extenderse a casi 800 páginas).[3] [12] En septiembre de 1954, redactó una carta con la siguiente afirmación: «Actualmente, trabajo a la mitad de la capacidad que debería tener, pero todo está mejorando con el tiempo».[13] Tres meses después, a finales de diciembre, apuntó algo totalmente contradictorio: «Esto ha sido una especie de año difícil... A esto le llamamos "actitud pesimista" y nadie debería tenerla. Pero me canso del dolor en ocasiones, incluso si se trata de un sentimiento innoble».[14]

Casi un año después, en octubre de 1955, declaró: «He acabado 650 páginas del libro. Ahora intento escribir como un aprendiz [...] siempre comienzo así. Para el final del libro ya eres un maestro pero, si comienzas a redactar como tal, acabas como un puñetero aburrido».[15] Un par de meses después, se hallaba postrado en su cama con una enfermedad renal.[16] En enero de 1956, en una carta escrita en el segundo aniversario de los accidentes, reconoció que tenía problemas para recordar el viaje.[17] Ese año, accedió a trabajar en el rodaje de El viejo y el mar (1958), por lo que dejó de redactar el libro sobre África.[4] Le escribió a su editor: «Me es imposible retomar la escritura de esa obra».[18] Puso entonces el manuscrito en una caja de seguridad en La Habana. En 1959, expresó su temor a que el escrito se extraviara durante la revolución cubana.[19]

Sinopsis[editar]

La trama de Al romper el alba se ambienta en la colonia de Kenia de mediados del siglo XX, durante la rebelión del Mau Mau. En la introducción, Patrick Hemingway describe a las tribus kĩkũyũ y kamba durante este período de inestabilidad social. Explica que si los kamba se hubiesen unido a la rebelión, Ernest Hemingway y Mary «se hubiesen visto en una buena oportunidad de ser asesinados a machetazos mientras dormían en sus camas, por los mismos sirvientes en quienes tanto confiaban y a los que creían comprender».[20] La obra se sitúa en diciembre mientras el narrador, Ernest, y su esposa, Mary, se hallan en un safari en la ladera del Kilimanjaro, donde se encuentran temporalmente en peligro, debido a la huida de prisión de un grupo de rebeldes del Mau-Mau.

Fotografía de Ernest y Mary Hemingway en su campamento, en 1953. Ambos sirvieron de inspiración para crear a los protagonistas de Al romper el alba.

La combinación de las memorias de los viajes y la ficción comienza cuando el cazador blanco Philip Percival abandona al grupo para visitar su granja, entregándole el mando del campamento a Ernest, que se muestra preocupado de que los ataquen y les roben sus pertenencias (entre ellas, armas de fuego, alcohol y comida). Obtiene el nombramiento de guardabosques auxiliar, por lo que parte de su responsabilidad radica en realizar rondas diarias en la reserva de caza y mantener contacto con las tribus de la región. Es acompañado por dos exploradores africanos, Chungo y Arap Meina y, temporalmente, por el guardabosques del distrito Gin Crazed. Otros personajes son Keiti, el jefe del campamento, el cocinero Mbebia y los mozos Nguili y Msembi.

Durante seis meses, Mary ha tenido en seguimiento a un gran león de melena negra, que prevé cazar para cuando llegue Navidad. En los capítulos siguientes, Ernest se muestra preocupado ya que considera que Mary es incapaz de matar al león por diversas razones: es demasiado baja para ver a la presa en la hierba alta, falla sus disparos, y es demasiado blanda para matar al animal. En eso, Ernest se enamora de Debba, una mujer de una aldea de la zona, a quien los demás del campamento se refieren en broma como su segunda esposa. Ella le enseña, junto a los demás aldeanos, las prácticas y costumbres tribales.

Hacia la mitad del libro, el león es finalmente abatido, por lo que un aldeano shamba realiza una ngoma (danza). Debido a que tiene disentería, Mary abandona el campamento y se dirige rumbo a Nairobi, donde espera encontrar a un médico; mientras está fuera, Ernest mata a un leopardo, y los miembros de la tribu llevan a cabo otra ngoma, aunque esta vez más prolongada. Al regresar, Mary le pide a Ernest que realicen una visita aérea guiada a la cuenca del Congo, como regalo de Navidad.

Posteriormente, Ernest describe sus estrechas relaciones con los hombres de la tribu, y relata anécdotas de previas relaciones con escritores como George Orwell y D. H. Lawrence. Más adelante satiriza el rol de la religión organizada, para luego abordar temas como el aroma de los bosques de pino en Míchigan, la naturaleza de los cafés parisinos y la calidad de la escritura de Georges Simenon.

La parte final del libro incluye una sección titulada «Índice de personajes», un glosario suajili y los reconocimientos del editor.

Publicación[editar]

Ernest Hemingway en Cuba, con sus hijos Patrick y Gregory, en 1946. En los años 1990, Patrick editó el manuscrito del viaje a África de su padre, edición que se imprimiría como Al romper el alba.

Es complicado esclarecer la propiedad de los manuscritos de Hemingway. Se han publicado dos libros basados en el texto original: Al romper el alba, editado por Patrick Hemingway, y Under Kilimanjaro, por los académicos Robert Lewis y Robert Fleming. En 1965, Mary Hemingway creó la Fundación Hemingway, y en la década de 1970 donó los bocetos de su esposo a la Biblioteca John F. Kennedy. Un grupo de estudiosos de las obras de Hemingway se reunió en 1980 para evaluar los documentos donados; como resultado, establecieron la Sociedad Hemingway, «cuyo compromiso es apoyar y fomentar el estudio académico acerca de Hemingway». A partir del fallecimiento de Mary, en 1986, John y Patrick Hemingway le pidieron a la Sociedad que asumiera las funciones de la Fundación. En 1997, el Hemingway Estate y la Hemingway Society/Foundation acordaron publicar, en dos partes, un libro sobre los manuscritos del safari africano de Ernest. En este acuerdo, se llegó a la conclusión de que en 1999 se lanzaría Al romper el alba, una publicación comercial editada por Patrick, mientras que la Fundación se encargaría de otra obra titulada Under Kilimanjaro.[4] En esta última novela, los editores comentan: «en lo posible, este libro es digno de una publicación completa y fiel, sin que existan distorsiones o especulaciones editoriales, o intentos de correcciones textuales no aprobadas».[21]

A principios de los años 1970, algunos segmentos del manuscrito aparecieron serializados en la revista Sports Illustrated, donde formaron parte de una antología.[22] La propia Mary dio su aprobación a los anteriores, mientras que Patrick los catalogó como «un relato objetivo de un safari de caza». En una charla de 1999, durante la cena anual de la Oak Park Hemingway Society, Patrick admitió que la propiedad de los manuscritos de Ernest tenía «una historia muy tortuosa». Para acceder al texto original, así como a cualquier otro escrito de Hemingway, es necesario tomar acciones legales y llegar a un acuerdo con la Sociedad Hemingway.[5]

La editorial estadounidense Scribner's pidió que el libro tuviera menos de 100 000 palabras. Patrick trabajó por dos años con el manuscrito de 200 000 palabras, el cual trasladó desde el comienzo a un formato electrónico, para luego editar el material superfluo. Se enfocó más bien en la historia y eliminó largos pasajes descriptivos con comentarios despectivos acerca de familiares y otras personas vivas. Añadió que el texto de su padre consistía en un boceto que carecía de «los elementos típicos» como los nombres de los personajes. Las omisiones que realizó, según explicó, mantienen la integridad de la trama y «el lector no se ve privado de la calidad esencial del libro».[5]

Al romper el alba se publicó el 7 de julio de 1999, con un tiraje inicial de 200 000 ejemplares. Para promocionarlo, Patrick apareció en el programa Today ese mismo día.[23] La obra pasó a ser la selección principal de la compañía Book of the Month Club (BOMC), además de ser serializada en la revista New Yorker. Eventualmente, se vendieron los derechos de publicación para su traducción al danés, francés, alemán, islandés, italiano, noruego, polaco, español y sueco.[24] El libro fue traducido al español por Fernando González Corugedo, y publicado por la editorial Planeta en 1999.[25] En 2007 se puso a la venta una grabación de audio.[26]

Género[editar]

En África, una cosa es cierta al amanecer, y una mentira para cuando llega el mediodía, y no tienes más respeto por ella que por el lago bello y perfectamente libre de malezas que ves a través de la llanura bañada por el sol. Has caminado por ahí en la mañana y sabes que no existe ese lago. Pero ahora está ahí, absolutamente verdadero, bello y creíble.
——Epígrafe de Al romper el alba, escrito por Ernest Hemingway.[27]

James Woods, de The New York Times describió Al romper el alba como un diario de viaje que se convirtió en una «memoria imaginaria», y luego en una novela.[28] Patrick Hemingway creía firmemente que el manuscrito era más que un diario.[20] Hizo hincapié en la historia porque, en su opinión, «la calidad esencial del libro es una acción con un interés romántico». Sintetizó las escenas de caza y, para honrar la declaración de su padre al lector de que «a donde yo voy, tú vas», se enfocó en las escenas del África de mediados del siglo XX y «la verdadera relación entre la gente... en ese continente». Si bien le añadió elementos ficticios a la trama, Patrick dijo que «conocí muy bien a cada uno [de los personajes]...».[5] El estudioso de Hemingway, Robert Fleming (que colaboró en Under Kilimanjaro), consideró que la edición de Patrick había sido, esencialmente, correcta ya que creía que el texto evidenciaba a un autor incapaz de «apagar el mecanismo que produce la ficción». La parte en donde Fleming comentó que el libro toma un «giro metaficcional» es aquella donde se relata el conflicto matrimonial.[29] De hecho, la publicación aparece enlistada como una obra de ficción.[20]

Fleming dijo que es similar a Las verdes colinas de África y París era una fiesta, del mismo autor, en cuanto a que se trata de un libro que presenta un asunto primario como fondo salpicado por diálogos internos. A diferencia de aquellos, Al romper el alba es una obra que, sin el prefacio, «indica las intenciones del autor o cómo quiso que fuese leído el libro». Subrayó que seguramente Hemingway había considerado a Las verdes colinas de África como experimental, y París era una fiesta como ficción.[29] Rose Marie Burwell, autora de Hemingway: The Postwar Years and the Posthumous Novels, dijo que Hemingway debió disfrutar escribiendo la «extraña combinación de recuerdos y de ficción». También opinó que, en los aspectos ficticios del libro, el escritor fue libre para inventarse a una segunda esposa y echar por la borda su bagaje protestante.[30]

Temáticas[editar]

Robert Fleming argumentó que Hemingway «definitivamente está de vacaciones» en Al romper el alba,[29] mientras que Burwell percibió a un autor que disfruta felizmente, y de manera voluntaria, unas vacaciones, que se comporta de forma infantil y es inconsciente del efecto que tiene su comportamiento en los demás miembros del campamento. En su perspectiva, Hemingway buscó ahondar en los conflictos culturales de África, para luego dar un giro novelado a partir de la historia ficticia de Debba. Mary es caracterizada como una «regañona», mientras que el álter ego del autor aparece como alguien «plácido, amoroso y maduro», que se adentra por cuenta propia en la cultura nativa.[30]

Burwell y Fleming coinciden en que el subtexto del libro es acerca del envejecimiento, tal cual se simboliza en la atracción que tiene el escritor por una mujer fértil más joven; Hemingway usó la fertilidad para simbolizar «la ansiedad del escritor anciano sobre su habilidad para escribir».[29] [30] Las imágenes del viejo elefante simbolizan la edad e improductividad del escritor. Burwell celebró la decisión de Patrick de mantener esas partes del manuscrito en la novela.[30] La estudiosa de Hemingway, Hilary Justice, comentó que la obra muestra un énfasis en «el escritor, no en la redacción», lo cual para Hemingway hubiese sido un destino peor que el envejecimiento. Por lo tanto, según argumentó, invoca una paradoja con «un escritor envejecido para el que la escritura cada vez es más difícil al momento de escribir sobre el autor que no escribe».[31] La escritura siempre resultó complicada para Hemingway, que revisaba sus textos sin cesar y tenía la costumbre de redactar «una oración verdadera» y detenerse en cada sesión de escritura, cuando todavía tenía más que escribir.

Tom Jenks, editor de El jardín del Edén (publicado póstumamente), señaló que Hemingway muestra lo peor de su redacción en Al romper el alba: se presenta asimismo como un individuo «que siente lástima de sí mismo, es autoindulgente y se magnifica», en una novela que no es más que un conjunto de material fragmentario. A su parecer, Hemingway escribió simplemente sin rumbo, y la trama carece de la notable tensión de otros trabajos previos, como Fiesta. A pesar de lo anterior, concluyó que Hemingway tenía un buen material con el cual trabajar, y algunas estructuras temáticas resultaban prometedoras.[32]

A grandes rasgos, el libro habla sobre la naturaleza del conflicto suscitado en África a mediados del siglo XX. El colonialismo e imperialismo ejercían presión tanto sobre las tribus como sobre la vida silvestre africanas.[5] Hemingway se muestra consciente del futuro político y de la agitación en África, según Patrick quien, aunque vivió en Tanzania (anteriormente Tanganica) por décadas, se sintió sorprendido ante el grado de percepción aparente que refleja el escrito de mediados de siglo de su padre.[5] Anders Hallengree, otro analista del legado de Hemingway, percibió las similitudes temáticas en la ficción póstuma del escritor, en particular en sus últimos trabajos. El origen de Al romper el alba había sido una insurrección africana, algo que también es descrito simbólicamente en El jardín de Edén: «La convicción y determinación de los Maji-Maji en El jardín de Edén se vincula con el contexto Mau-Mau keniano de la novela Al romper el alba».[33] En su reseña publicada en The Hemingway Review, Robert Gadjusek dijo que el choque de culturas se halla «masivamente activo» en el libro a partir de la exploración de las prácticas tribales; el cristianismo y el Islam son yuxtapuestos a las religiones nativas.[34]

Al igual que en su primer libro sobre el continente, Las verdes colinas de África, Hemingway incorpora en Al romper el alba una serie de digresiones y reflexiones sobre la naturaleza que conlleva el escribir, prestando especial atención a James Joyce y a D. H. Lawrence.[29] Patrick explicó que su padre estaba interesado en la creencia de Lawrence de que cada región del mundo «debía tener su propia religión», algo que es evidente en el pasaje donde el protagonista inventa su propia ideología religiosa.[5] La intención de Mary de decorar un árbol de Navidad desconcierta a los nativos del campamento, por lo que Hemingway pareció dar por hecho de que África era un sitio sin una religión influyente y bien consolidada, es decir un lugar donde la religión podía redefinirse.[34]

Recepción[editar]

Hemingway posa junto a un búfalo cafre en África, en 1953. Tras la publicación del libro, las críticas dejaron de enfocarse en el concepto del «hombre blanco con un arma» que asociaban con sus trabajos.[35]

Aunque llegó a ser incluido en la lista de superventas de The New York Times,[36] el libro obtuvo malas críticas por parte de la prensa, si bien las de los estudiosos de Hemingway fueron mejores. En una reseña previa a la publicación del libro, Ralph Blumenthal, de The New York Times, dijo que Al romper el alba no era tan bueno como la anterior ficción autobiográfica de Hemingway, llegándose a preguntar si el escritor hubiese querido que «su reputación y últimas palabras impresas fueran confiadas a cualquier editor, incluso a su propio hijo». También reflexionó sobre los aspectos biográficos como la relación entre Hemingway y Debba, el trasfondo de la sesión fotográfica de la revista Look y los accidentes de avión.[22] En la reseña de James Wood publicada en el mismo diario, aunque en 1999, afirma que Hemingway ni siquiera contemplaba la obra como una novela, aún cuando los editores la catalogaran como tal. En su opinión, el legado final del escritor se convirtió en una parodia de sus anteriores obras.[28] De acuerdo al diario británico The Guardian, se trata del peor trabajo jamás escrito por Hemingway.[37]

Christopher Ondaatje, de The Independent, observó que la existencia de una industria en torno a Hemingway tiende a eclipsar su obra póstuma. Consideró que los relatos africanos de su autoría estaban entre sus mejores trabajos, sin embargo se los ha ignorado o pasado por alto.[38] Por otra parte, Brenda Wineapple, de Nation, calificó al libro como «conmovedor, pero no particularmente bueno». No obstante, habló de que «nos recuerda a la escritura de Hemingway en su momento más emotivo, agudo y hermoso» de redacción.[39] De forma similar, Publishers Weekly detalló que «la magia del viejo Hemingway parpadea esporádicamente, como un relámpago, aunque no lo suficiente».[24]

Los estudiosos de Hemingway creen que este libro resulta más complejo e importante de lo que sugiere una lectura superficial. Con la publicación de Al romper el alba, la crítica vio a un Hemingway más humano y comprensivo, por lo que dejaron de verlo como el «hombre blanco con un arma».[35] Fleming enlistó este material como parte del canon de Hemingway al declarar que «este es un libro más complejo de lo que aparenta ser, y el autor merece mucho mayor crédito por eso del que la crítica popular le ha dado. Los críticos serios que evalúen los últimos trabajos de Hemingway no deberían ignorar esto».[29] Gadjusek elogió la prosa, al decir que toma una nueva dirección en el estilo de escritura de Hemingway. También subrayó que las ediciones hechas al manuscrito estaban bien, en términos generales, aunque se lamentó de que algunas omisiones pudieron haber contribuido a algunos subtextos del texto final.[30] Contrariamente, el biógrafo Kennet Lynn criticó a los hijos de Hemingway por haber editado el manuscrito, pues en su parecer «[el autor] está siendo totalmente honesto» en sus recuerdos,[40] algo en lo que coincidió Gray al decir que el libro «enfatiza la valentía de Hemingway como escritor».[41] Aunque consideró que la ejecución del libro dejaba qué desear, Wood señaló que Hemingway, aún en su peor trabajo, sobresalía como un escritor irresistible. Añadió que el compilatorio de obras debía dejar de ser criticado para preservar la influencia literaria de los mismos.[28]

Controversia[editar]

Varios analistas y escritores criticaron la edición realizada por Patrick al manuscrito original. Paul Gray, en su reseña titulada «Where's Papa?» («¿Dónde está papá?»), comenta desde el inicio (a modo de respuesta a la pregunta del título): «Es difícil hallarlo en su quinta obra póstuma», en relación a la edición de Patrick.[41] Lynn opinó que Hemingway se hubiese sentido «indignado» por la negativa de sus hijos a honrar su concepción, ya que él consideraba que el escrito no era digno de publicarse, mostrándose sorprendido por la declaración de Patrick, en donde dijo que «tanto él como sus dos hermanos, Jack y Gregory, coincidían en que "este trabajo era digno de hacerse"».[40] Burwell también se cuestionó en cuanto a si el autor quería que su manuscrito fuese publicado, y citó una de sus frases: «Creo que sería mejor esperar a que esté muerto para publicarlo». No obstante, se refirió a otros trabajos póstumos que no habían sido terminados pero que aun así llegaron a publicarse, como el caso de Chaucer, Shakespeare y Kafka.[30] En las últimas dos décadas de su vida, Ernest publicó dos novelas y, tras su fallecimiento, su legado continúa publicándose. En 1998, Joan Didion, de The New Yorker, realizó una fuerte crítica a la familia y a las organizaciones Hemingway por comercializar y buscar beneficios económicos, a partir de la reputación y obras de Ernest, en vez de proteger su legado. En sus palabras: «La publicación de un trabajo no finalizado es una negación de la idea de que el rol del escritor en su obra es completarla», y añadió que para ella Al romper el alba no debió haber sido ni editado ni publicado.[42]

Al romper el alba se publicó justo en el año en que se conmemoró el primer centenario del nacimiento de Hemingway, tras una campaña de mercadeo que provocó críticas. Ese año, los hijos de Hemingway registraron el apellido familiar como marca comercial, Hemingway Ltd., y comenzaron a distribuir artículos como el mueble Thomasville, el sofá Pamplona y la cama Kilimanjaro.[41] Al respecto, Lynn sugirió que debían incluir también «cañas de pescar de buen ver, vestimenta de safari y (sin duda, el triunfo final de la codicia) escopetas».[Nota 1] [40] [41]

Notas[editar]

  1. El 2 de julio de 1961, Hemingway se suicidó tras dispararse en la cabeza con su escopeta (Meyers, 1985, p. 580).

Referencias[editar]

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Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]