Agua y Saneamientos Argentinos

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Agua y Saneamientos Argentinos (AySA)
Aysa logo.svg
Logo de la empresa.
Aguas Corrientes-full-HDR.jpg
Fachada del edificio
Tipo Pública
Industria Saneamiento
Fundación 2006
Sede Bandera de ArgentinaBuenos Aires, Argentina
Productos Agua
Cloacas
Empleados 4.500
Sitio web www.aysa.com.ar

Agua y Saneamientos Argentinos (AySA) es una empresa pública argentina dedicada a la prestación de servicio de agua corriente, cloacas y desagües pluviales. Fundada oficialmente como Obras Sanitarias de la Nación (OSN), el 18 de julio de 1912, la actual Agua y Saneamientos Argentinos brinda servicios a la población de Capital Federal y de varios partidos de la Provincia de Buenos Aires.

La empresa tuvo diversas denominaciones durante su historia y fue privatizada durante la presidencia de Carlos Menem, quedando la mayor parte del control en manos del grupo francés Suez, de la empresa española Aguas de Barcelona y de otros grupos privados nacionales, como el Banco Galicia. Tras varios años en poder del capital privado, sin que esto mejorara la calidad del servicio, Agua y Saneamientos Argentinos fue reestatizada el El 21 de marzo de 2006 por el entonces presidente Néstor Kirchner, que rescindió los contratos con los privados. De esta forma, el 90% de la compañía quedó en manos del Estado nacional y el 10% restante siguió en poder de los trabajadores, mientras el control operativo quedó a cargo de la Federación Nacional de Trabajadores de Obras Sanitarias.

Historia[editar]

Antecedentes[editar]

En 1824 las autoridades de Buenos Aires contrajeron un préstamo internacional para la construcción del puerto de la ciudad, la promoción de la colonización rural y la instalación de un sistema de aguas corrientes en la ciudad. Dicho episodio formó parte del famoso empréstito de la Baring Brothers, el primer hito de una serie de deudas que contrajo el Estado para realizar obras que finalmente nunca se concretaron.

Tuvo que suceder en 1867 la epidemia de fiebre amarilla, que diezmó la población, para definir la urgente realización de una infraestructura olvidada: la del saneamiento. El Gobierno, entonces, le encomendó al ingeniero irlandés John Coghlan el proyecto del sistema de saneamiento de la ciudad (agua, cloacas y desagües pluviales). Aquel primitivo sistema se iniciaba en el Bajo de la Recoleta y consistía en dos caños de hierro fundido que se internaban 600 metros en el río para captar y transportar el agua que, luego de ser purificada, era enviada por máquinas de impulsión a la red de provisión de la ciudad.[1]

Entrada principal al edificio de Obras Sanitarias de la Nación, llamado Palacio de las Aguas Corrientes, en Buenos Aires.

Los trabajos se iniciaron en 1868 y el 4 de abril de 1869 se libró el servicio público de abastecimiento. De este modo, Buenos Aires se convertía en la primera ciudad de América con instalaciones de filtros para agua purificada (las ciudades de Estados Unidos, por ejemplo, recién gozaron de este adelanto a partir de 1872). Por aquella época, Buenos Aires tenía 177.000 habitantes.[1]

Estas obras proyectadas por Coghlan en pocos años resultaron insuficientes para cubrir las necesidades de la ciudad más poblada del país: Buenos Aires exigía, consecuentemente, una escala de emprendimientos cada vez mayor.[1]

A fines de 1870, durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento, se resolvió encargar un nuevo proyecto de saneamiento para el cual se convocó a John Frederick Bateman, un ingeniero inglés especialista en hidráulica. El objetivo de este nuevo plan era ampliar la provisión de agua, estimando que la ciudad en 20 años duplicaría su población (cálculo que resultó conservador).[1]

Los terrenos iniciales de la primera casa de bombas, proyectada por Coghlan, se fueron ampliando y allí se ubicaron filtros y depósitos. La piedra fundamental de este nuevo establecimiento —que alcanzaría una escala inusitada para aquella zona de la ciudad— se colocó el 15 de mayo de 1874: nacía la Planta Recoleta (hoy Museo Nacional de Bellas Artes).[1]

En 1887, durante el gobierno de Miguel Juárez Celman, la operación de los servicios fue privatizada mediante la concesión a una empresa británica, la Buenos Aires Water Supply. La privatización dio lugar a debates parlamentarios protagonizados, sobre todo, por Aristóbulo del Valle, rechazándola. Sin embargo, a raíz de la crisis económica de 1890, el contrato fue rescindido un año después.

Uno de los principales cuestionamientos en torno a la privatización fue la compra de caños importados del Reino Unido. Se trataba de cañerías construidas de barro que bien podían haberse producido en el país.

En 1892 asumió el Estado nacional la responsabilidad del saneamiento urbano, mediante la promulgación de la Ley N°. 2927 del 30 de diciembre de ese mismo año y se creó la Comisión de Obras de Salubridad. Poco después, en la primera década del siglo XX, se llevaron los mismos servicios a las capitales de provincias y a la mayor parte de las ciudades del interior del país.

Por aquellos años, el consumo de agua se cobraba a los usuarios mediante medidores domiciliarios. Esa metodología tuvo que ser modificada a partir de la agitación desatada por un joven candidato a diputado por la Capital Federal que, una vez electo, transformó en ley esa modificación. Se trataba del socialista Alfredo L. Palacios.

En 1904, uno de los puntos de la campaña de Palacios incluía la eliminación de los medidores que afectaban a los sectores de menores ingresos, motivo por el cual recorría los conventillos del barrio de La Boca y rompía esos aparatos a patadas.

En 1905, el proyecto de Bateman para el Radio Antiguo estaba concluido. Se habían terminado el Establecimiento de Aguas Corrientes de Recoleta, el Gran Depósito de Avenida Córdoba (popularmente conocido como Palacio de las Aguas Corrientes), las redes de cañerías maestras y distribuidoras de agua potable, las cloacas externas de la mayor parte de los distritos, el sifón de la cloaca máxima bajo el Riachuelo y cinco de los grandes conductos de desagüe pluvial.[1]

Cuando se habían proyectado estas obras, Buenos Aires tenía 180.000 habitantes y se consideraba más que improbable que pudiese superar los 400.000 en menos de 40 años. Sin embargo, en 1908 la población superó el millón de habitantes. Buenos Aires se había transformado en una de las capitales centrales de América, era la principal plaza de comercio del país y una de las más importantes ciudades sobre el Atlántico a raíz del fluido intercambio que mantenía con Europa. Estos factores, sumados a un explosivo crecimiento demográfico, hicieron que alcanzara un auge y una concentración urbana no prevista.[1]

Creación de la Empresa[editar]

Finalmente, la empresa Obras Sanitarias de la Nación (OSN) fue creada el 18 de julio de 1912 mediante la promulgación de la Ley 8.889, en el marco del primer Plan Nacional de Saneamiento, de 1909. Ésta empresa pública de saneamiento apareció, por un lado, por los serios problemas de dimensionamiento del sistema, pero por otro, como una manifestación del modelo de país que impulsaban los gobernantes de la época, basado en la trilogía «civilización, modernidad y progreso».[1] [2]

Otra vista del edificio.

Según su ley constitutiva, la finalidad de Obras Sanitarias de la Nación era el estudio, construcción y administración de obras que permitieran la provisión de agua corriente «en las ciudades, pueblos y colonias de la Nación». OSN empezó a desarrollar sus tareas, manteniendo y expandiendo la red de agua corriente y desagües de la Ciudad de Buenos Aires y asesorando a ciudades del interior del país para el desarrollo de sus propias redes. En 1910, 14 capitales de provincia tenían una red de agua corriente y cuatro de ellas contaban con un sistema de cloacas.

OSN heredó los bienes y asumió las funciones que hasta entonces desempeñaba la Dirección General de Obras de Salubridad. Entre estos bienes, se hallaba la Planta Recoleta, siempre al límite de producción, y un legado importante de obras realizadas. Sin iniciar se hallaba un nuevo proyecto coordinado por el ingeniero Agustín González.

Concebido para toda la extensión de la Capital, este plan de saneamiento comprendía la construcción de una nueva torre y túnel de toma en el Río de la Plata (realizados en 1913), la formación de un nuevo establecimiento potabilizador en Palermo (inaugurado en 1928), dos nuevos depósitos de gravitación (Caballito y Devoto, habilitados en 1915 y 1917, respectivamente), la ampliación de las redes de cañerías maestras y distribuidoras de agua potable, la ampliación de las redes colectoras cloacales con estaciones de bombeo en los distritos bajos, la construcción de una segunda cloaca máxima con sus ramales y sifón bajo el Riachuelo, la ampliación de las instalaciones de bombeo en el trayecto de dicho emisario, una nueva casa de bombas elevadoras en la planta de tratamiento de Wilde y toda la red de colectoras del Radio Nuevo de la ciudad.[1]

Al estallar la Primera Guerra Mundial (1914-1918), OSN ya había contratado e iniciado muchas de estas grandes obras para la Capital y otras en el interior. Los efectos de este acontecimiento provocarían la restricción de la importación de materiales y la toma de empréstitos en el exterior, lo que hizo disminuir la capacidad de trabajo de los contratistas en 50%. La ejecución de este ambicioso programa se vio entonces afectada. Sin embargo, pese a la alteración que se produjo, los trabajos solo se suspendieron parcialmente y las obras continuaron desarrollándose. Muchas de las carencias que se generaron a partir del conflicto bélico fueron resueltas por la naciente industria nacional y por el excelente trabajo de los talleres que OSN poseía en el establecimiento Recoleta.[1]

Junto a la creación de OSN, se estableció una escuela de ingeniería sanitaria que alcanzó su máximo desarrollo en el año 1940, convirtiéndose en líder en América Latina.

La guerra hizo que las principales metas del plan no se concluyeran en 1918, sino en 1922, año en que la población beneficiada llegó a 1.700.000 habitantes. Sin embargo, el crecimiento demográfico y edilicio de Buenos Aires no se detenía.

Crecimiento[editar]

La continua tensión entre lo previsto y lo realizado se procuró resolver, en 1923, con un proyecto de ampliación aún más ambicioso: alcanzar los 500 litros diarios por habitante, con instalaciones que permitiesen servir durante los siguientes 40 años a una población de seis millones de personas. Este trabajo, elaborado bajo la dirección del ingeniero Antonio Paitoví, constituyó el núcleo en torno al cual giró la acción de OSN en la Capital durante los 30 años venideros, con obras de provisión de agua potable, cloacas y desagües pluviales para todo su territorio y localidades vecinas, y la ampliación de la capacidad del establecimiento de Palermo.[1]

Torre de Reserva de Agua Potable de Mar del Plata, construido por OSN en 1943.

El impulso que tomaron los trabajos en los años 1927 y 1928 permitió desafectar definitivamente al primitivo establecimiento Recoleta. Sin embargo, hasta avanzada la década de 1940, continuó agrupando una variedad de depósitos, talleres y otras instalaciones de carácter industrial.[1]

A esta altura, la modernización tecnológica ya era evidente en los distintos establecimientos de OSN. En Palermo, se habían sustituido los filtros lentos por rápidos, se habilitó una central eléctrica y se inauguró un laboratorio, considerado entonces el más importante del país.[1]

A la vez que ampliaba sus prestaciones a nuevas zonas de la Capital y del país, OSN creaba servicios auxiliares: industrias de elaboración, de transporte, laboratorios, talleres de construcción y reparaciones, servicio médico, etcétera.[1]

En este período, las obras de ampliación del Radio Nuevo monopolizaron gran parte de la acción de OSN, orientadas fundamentalmente a eliminar el uso de pozos semisurgentes y evitar peligros de contaminación.[1]

La crisis de los años 1930 provocó una dura recesión económica que, nuevamente, afectó el ritmo de las obras, aunque no las detuvo. En este periodo adquirió importancia el Aglomerado Bonaerense, por lo que se desarrollaron estudios tendientes a identificar con precisión sus límites y su problemática, para adoptar las medidas necesarias para un saneamiento adecuado. También se atendió la situación del interior del país.[1]

OSN llegó así a la década de los años 1940 «después de haber realizado importantes construcciones, de contar entre sus servicios con una de las plantas de provisión central de agua potable más grandes del mundo; con un personal de más de 10 mil funcionarios, empleados y obreros de toda categoría; con una obra realizada en pro de la salubridad, que se traduce en la notable reducción de los índices de mortalidad relativa, en el progreso de la higiene, de la salubridad y del confort, que alejan cada vez más el peligro de cruentas epidemias; con un prestigio que surge de esa obra, de la propia magnitud de los servicios que atiende, del patrimonio que posee y con un auspicioso porvenir (...) con todo ello como bagaje material y espiritual, Obras Sanitarias de la Nación es una entidad que tiene un lugar destacado entre las instituciones que sirven a la Nación y al pueblo argentino».[1]

En este contexto de creciente actividad, en 1939 se creó el Área Sanitaria Metropolitana, que aglomeraba a la Ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires en una sola unidad administrativa. En 1940 se empezaron a prestar servicios en 14 partidos de la Provincia de Buenos Aires, marcando por un lado la máxima expansión de la red en el área metropolitana y por otro la época de mayor actividad de Obras Sanitarias de la Nación.

En 1943 la empresa fue renombrada a Administración General de Obras Sanitarias de la Nación. Al año siguiente el Poder Ejecutivo institucionalizó el Área Sanitaria Metropolitana, que existió en tal carácter hasta la disolución de OSN, hecho que tendría lugar casi cinco décadas más tarde.

Auge y decadencia[editar]

En 1946, se presentó al gobierno de Juan Domingo Perón el Plan Quinquenal, un programa de obras para el periodo 1947-1951 que preveía la construcción de grandes diques, el regadío de extensas zonas, la provisión de agua y la ejecución de desagües cloacales y pluviales para numerosas ciudades y pueblos del territorio nacional. Para la Capital, contemplaba la construcción del Gran Depósito Constitución, con su estación elevadora y un conducto alimentador a la zona de Avellaneda.[1]

En aquella época, el explosivo crecimiento de asentamientos poblacionales en torno al cordón industrial que había surgido en la Capital obligó a modificar los planes de saneamiento, que habían sido elaborados durante las décadas pasadas.[1]

Antiguo logo de Obras Sanitarias de la Nación.

Para abastecer estas poblaciones, comenzaron a construirse ríos subterráneos, que facilitaban la provisión de agua al Gran Buenos Aires. Estos ríos eran un sistema de canalizaciones profundas, construidas en túnel de entre 25 y 30 metros por debajo de la superficie, con diámetros que alcanzaban los cinco metros.[1]

En forma paralela al crecimiento de las poblaciones atendidas en todo el país y al mejoramiento de las condiciones sanitarias del Aglomerado Bonaerense, OSN destinó grandes esfuerzos al mejoramiento de las condiciones sociales de su personal promoviendo la mejora salarial, procurándole asistencia médica y farmacéutica, construyendo comedores para los operarios en sus talleres y fábricas, y atendiendo necesidades de descanso y recreación.

En 1949, la Ley 13.577 redefinió los objetivos de la Administración General de Obras Sanitarias de la Nación, descritos como «el estudio, proyecto, construcción, renovación, ampliación y explotación de obras de provisión de agua, saneamiento urbano en la Capital Federal y ciudades y pueblos de la República y la exploración, alumbramiento y utilización de aguas subterráneas». Para ese momento, OSN abarcaba aproximadamente el 85% del sector, desarrollando actividades en todo el territorio argentino. Sin embargo, el crecimiento de la empresa se desaceleró, por los vaivenes que comenzó a sufrir la economía, afectada a partir de allí por problemas inflacionarios y políticos.

Durante las dos décadas siguientes se siguieron desacelerando los índices de expansión y comenzó un paulatino deterioro de la calidad del servicio. Se dejó de lado el mantenimiento preventivo, reparándose sólo el equipamiento que sufría averías. Por otro lado, cayó la inversión y la compra de equipamiento nuevo fue prácticamente nula. OSN intentó mejorar su situación económica implantando un sistema «comunitario», por el que la propia población se hacía cargo de buena parte del costo de expansión de la red. Por otro lado, en 1959 existió la iniciativa de pasar a las provincias las responsabilidades de Obras Sanitarias, lo que finalmente no prosperó.

La Ley 20.324 del 27 de abril de 1973 cambió el tipo societario de la entonces Administración de Obras Sanitarias de la Nación, que pasó a llamarse oficialmente Empresa Obras Sanitarias de la Nación. Al año siguiente pasó a conformar, junto con todas las empresas públicas, la Corporación de Empresas Nacionales, que sería disuelta cuatro años más tarde por la dictadura militar. La situación no sufrió grandes cambios hasta que en 1980 pasaron a la órbita de las provincias los servicios de agua corriente y desagües, a excepción del Área Sanitaria Metropolitana, que teóricamente debía pasar a manos de un ente tripartito pero, la falta de acuerdo entre la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, la Provincia de Buenos Aires y el Estado Nacional llevó a que su operación siguiera a cargo de Obras Sanitarias.

En 1982 se creó el Consejo Federal de Entidades de Saneamiento, que reunía a OSN y todas las nuevas empresas provinciales con el fin de organizar un sistema de información, estandarización y desarrollo de tecnología. Por otra parte, la inversión en OSN continuó siendo cada vez menor, mientras que el ritmo de incorporación de nuevos usuarios no se detuvo. Esto llevó a un virtual colapso del sistema sanitario, llegando a lo largo de los años 1980 a tener que verter efluentes sin tratar por saturación de la de capacidad de procesamiento instalada.

Privatización[editar]

Ante esta situación, el gobierno de Carlos Saúl Menem optó por la solución propugnada por el neoliberalismo y organismos internacionales como el FMI: privatizar totalmente Obras Sanitarias de la Nación y dejar en manos de una empresa privada todos los servicios prestados por ésta. Es así que en 1991 se creó la Comisión Técnica de Privatización de Obras Sanitarias de la Nación con el objeto de evaluar la situación y preparar la privatización de los servicios de provisión de agua potable y desagües.

Finalmente, el 18 de abril de 1993 se dieron todos los servicios en concesión por 30 años a la empresa Aguas Argentinas S.A. El pasivo y las deudas de Obras Sanitarias no fueron asumidos por la empresa, quedando en manos del Estado. La Empresa Obras Sanitarias de la Nación atravesó desde ese momento una etapa residual a fin de poder culminar sus operaciones hasta que en agosto del mismo año fue declarada en disolución y liquidación.

La prestación del servicio quedó en manos de la empresa Aguas Argentinas, propiedad en su mayor parte del grupo francés Suez, la española Aguas de Barcelona y grupos privados locales como el Banco Galicia.

Tapa de Aguas Argentinas

La mayor obra encabezada durante la gestión de Aguas Argentinas S.A. fue la construcción de un río subterráneo entre la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano Oeste, una suerte de afluente del Plata, pero al revés. El nuevo túnel de 3,5 metros de diámetro, conformado por placas de hormigón premoldeado, se extendía a lo largo de 15,3 kilómetros, a 35 metros de profundidad, desde el barrio porteño de Saavedra, para desembocar en dos bombas elevadoras en los partidos de Tres de Febrero y Morón. Fue la primera vez en el país que una obra de semejante envergadura no obligaba a romper calles ni veredas: la excavación se había realizado por medio de dos tuneleras con guía láser, una tecnología similar a la utilizada para construir el viaducto bajo el Canal de la Mancha. El trabajo para el túnel requirió dos años, a razón de seis días por semana y jornadas de 24 horas, avanzando a un promedio de 1,20 metro por hora, lo que permitió cavar unos 600 metros por mes.

El agua para el nuevo túnel provenía, en rigor, del Río de la Plata, previo tratamiento en la planta potabilizadora General San Martín (Palermo) y desde allí el agua se trasladaba por un río subterráneo ya existente, hasta la estación elevadora del barrio de Saavedra, donde empezaba la nueva obra.

Hasta ese momento, los habitantes del Conurbano Oeste recibían agua proveniente del Acuífero Puelche, extraída por bombas y también a través de un antiguo río subterráneo que llega hasta La Matanza. Esta nueva obra permitía la centralización del suministro en una planta potabilizadora lo que garantizaba un control mucho más eficiente de la calidad del agua distribuida.

Esta obra se inscribía en un proyecto integral denominado Sistema Oeste, que incluía el tendido de caños maestros y red domiciliaria con una inversión total de 300 millones de dólares, financiados en parte por un crédito del Banco Interamericano de Desarrollo que había sido concedido a Obras Sanitarias de la Nación. Para extender el suministro de agua desde su planta de Palermo, Aguas Argentinas también tuvo que ampliar la capacidad de producción de 3 a 3,5 millones de metros cúbicos diarios.

Sin embargo, la expansión de las redes de agua potable no fue bien recibida por todos, ya que llevó al cierre de numerosos pozos de bombeo en todo el Conurbano y provocó el ascenso de las napas inundando sótanos de casas y edificios, por lo que algunos municipios se vieron obligados a introducir bombas de achique para controlar el nivel de las napas.

Aguas Argentinas, al igual que otras concesionarias de servicios públicos, había financiado en moneda extranjera la mayor parte de sus inversiones ya que, a su vez, las tarifas estaban contractualmente ligadas al dólar. La devaluación de 2002 que siguió al colapso económico y financiero del país, llevó a que el nuevo Gobierno congelara y convirtiera las tarifas a su equivalente en moneda nacional, lo que provocó un rompimiento de hecho de los contratos firmados originalmente. La empresa se encontró de esa manera con un descalce entre su deuda y sus ingresos, incurriendo en suspensión de pagos (o «default») y en incumplimiento.

Desde entonces, la empresa inició un complejo proceso de renegociación del contrato de concesión. A diferencia de otros servicios públicos como el transporte de pasajeros y la distribución eléctrica, Aguas Argentinas no recibía subsidios, por lo que sin una recomposición de tarifas era difícil sostener la operación de la compañía, haciendo frente a la deuda contraída en moneda extranjera y garantizando un buen servicio.

Se realizaron intentos de transferir la titularidad de la compañía a otros grupos empresarios. El propio Gobierno alentó a esos grupos a considerar tal alternativa, sin embargo, la falta de perspectivas sobre una recuperación tarifaria impidió que nuevos inversores pudieran quedarse con el control de Aguas Argentinas, aún a un precio nulo.[cita requerida]

El gobierno de Néstor Kirchner acusó a la empresa de realizar exageradas erogaciones a firmas vinculadas (consultoras, empresas constructoras, proveedores de repuestos, entre otras) y de incumplir el contrato de concesión y las obras proyectadas: varias napas de las que se extraía agua estaban contaminadas con nitrato y la mayor parte de los efluentes seguían vertiéndose en el Río de la Plata sin tratar[cita requerida]. La empresa, por su parte, inició una demanda por unos 1.700 millones de dólares en contra del Estado ante el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI) y destacó que durante su operación se incorporaron dos millones de personas al servicio de agua potable y un millón a los de cloacas. La multinacional Suez anticipó a fines de 2005 su intención de abandonar la concesión de la empresa aduciendo falta de rentabilidad[cita requerida]. Si bien la empresa no dejó la concesión, la misma sería revocada por el Gobierno poco tiempo después.

Reestatización[editar]

El 21 de marzo de 2006, el presidente Néstor Kirchner rescindió en contrato que mantenía el Estado argentino con la multinacional Suez y creó una empresa estatal, Agua y Saneamientos Argentinos (AySA), para el suministro de agua potable y servicio de cloacas. El 90 por ciento de la nueva compañía quedó en manos del Estado nacional y el 10 por ciento restante siguió en poder de los trabajadores, mientras el control operativo quedó a cargo de la Federación Nacional de Trabajadores de Obras Sanitarias.[3]

Facturas de Aguas y Saneamientos Argentinos

Las razones esgrimidas por el Gobierno para estatizar Aguas Argentinas fueron, de acuerdo con el ministro de Planificación Federal Julio de Vido, «El incumplimiento de la concesionaria que afecta garantías primarias de los usuarios». De Vido se refería a la falta de inversión y expansión del servicio por parte de Suez, además de un mal manejo que puso en riesgo la salud de población, por el nivel de nitrato encontrado en algunas localidades como Llavallol.[3]

Si bien la estatización de Aguas Argentinas se realizó mediante un decreto de necesidad y urgencia del presidente Néstor Kirchner,[4] la misma fue ratificada por el Congreso pocos días después, dándole al decreto carácter y fuerza de ley.[5] [6] A partir de la recuperación, AySA llevó el suministro de agua potable a 2 millones de habitantes y el servicio de cloacas a 1 millón y medio de ciudadanos, en el marco del plan de la empresa que incluye llegar al 100% de alcance del servicio de agua potable y de cloacas en el año 2015 y 2018, respectivamente.[7] [8]

En los primeros siete años tras su creación, Agua y Saneamientos Argentinos (AySA) invirtió 11.560 millones de pesos en el mantenimiento y en la expansión de los servicios al público en general. Estos servicios incluyeron la instalación de 302.645 conexiones de agua y 221.130 conexiones de cloacas en el período 2006-2012. La empresa también inauguró el primer módulo de la planta potabilizadora Juan Manuel de Rosas en Tigre, sobre el Río Paraná, y la Depuradora de Líquidos Cloacales del Bicentenario, en Berazategui. Ambas obras demandan una inversión de 3.300 millones de pesos, permitirán ampliar los servicios de agua a otros 2.000.000 de personas y tratar los líquidos cloacales producidos por 4.000.000 de habitantes, respectivamente. Las obras de ampliación de las plantas depuradoras El Jagüel, Norte y Sudoeste, que en conjunto sumarán 750.000 personas más a los servicios de desagües cloacales.[8] [9]

De las empresas estatizadas en el periodo 2003-2013, AySA es la que presenta con más claridad el aumento en la calidad del servicio brindado con relación a la anterior gestión privada. La gestión estatal también ocasionó un cambio radical en el nivel de inversión en nuevas obras y renovación de instalaciones. Aunque la multinacional Suez sostenía que con el precio de las tarifas no podía realizar las inversiones a las que estaba comprometida por contrato, el Estado nacional pudo hacerlo sin aumentar las tarifas al consumidor final.[8] Quedó demostrado, de esta forma, que la privatización no es adecuada para solucionar la problemática social de los servicios.[1]

En el año 2013 empezó a construirse la planta potablizadora Del Bicentenario, en el Partido de Berazategui, en el Gran Buenos Aires, que se estima beneficiará a unos 4 millones de habitantes. Con una inversión de 482 millones de pesos y el empleo de 400 trabajadores directos, la obra se destina a mejorar la calidad de las aguas de la Ciudad de Buenos Aires y del conurbano bonaerense, aportando mayor flexibilidad al sistema de saneamiento existente y continuando con la expansión de la red de desagües cloacales.[10]

Referencias[editar]

  1. a b c d e f g h i j k l m n ñ o p q r s t «Celebración de la fundación de la primera empresa estatal de saneamiento». Agua y Saneamientos Argentinos. Consultado el 3 de junio de 2012.
  2. «Edificio Ex Obras Sanitarias de la Nación y Aguas Argentinas, declarado edificio histórico.». Consultado el 18 de julio de 2013.
  3. a b «Kirchner le rescindió el contrato a Aguas Argentinas». Diario La Nación (22 de marzo de 2006). Consultado el 31 de mayo de 2013.
  4. «Decreto 304/2006». Ministerio de Economía y Finanzas Públicas (21 de marzo de 2006). Consultado el 31 de mayo de 2013.
  5. «Avala hoy Diputados la estatización de Aguas». Rio Negro On Line (29 de marzo de 2006). Consultado el 31 de mayo de 2013.
  6. «Ley 26.100». Ministerio de Economía y Finanzas Públicas (17 de mayo de 2006). Consultado el 31 de mayo de 2013.
  7. «Se cumplen 7 años de la estatización de la mayor empresa de agua». Diario Jornada (21 de marzo de 2013). Consultado el 31 de mayo de 2013.
  8. a b c «El regreso del Estado empresario». Revista Miradas al Sur (13 de mayo de 2012). Consultado el 3 de junio de 2012.
  9. «Más de dos millones de personas accedieron al servicio de agua y cloacas en los últimos años». Agencia de Noticias Télam (18 de mayo de 2013). Consultado el 3 de junio de 2012.
  10. «Construcción de la Planta en el partido de Berazategui». Agua y Saneamientos Argentinos. Consultado el 6 de noviembre de 2013.

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]